Hola, hola, Luna de Acero reportándose. La continuación del fic, este capítulo espero que les aclare un poco la situación de Eren, sé que mucha gente está muy enojada con él, es cierto que no supo manejarse, pero estaría muy bueno verlo desde el punto de vista de él también. No pido que le perdonen su actitud, solo que sean un poco más comprensivos, pónganse en sus zapatos, ¿cómo se hubieran sentido ustedes? ¿Cómo habrían reaccionado?


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son de Isayama Hajime, pero la historia es completamente de mi invención.

Advertencias: Angustia, dolor, drama, tristeza, ya saben, lo habitual (?) Van a sobrevivir, ustedes solo lean. UNA DISCULPA MUY GRANDE, el capítulo debería haber salido el miércoles pero pasó lo de Wattpad y bueno, se atrasó, está sin corregir, sepan disculpar los errores, bye.-


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"Nunca podrás plantar un buen futuro si estás anclado en el pasado".

Edmund Burke

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Asombrosamente la cena aconteció sin problemas, Eren cocinó esta vez y Levi aprovechó para limpiar un poco. Con un ojo miraba qué hacía Eren y con el otro barría. Evan estaba encima del adulto dándole instrucciones como si fuera el jefe de cocina de un restaurante.

—Para mí le pusiste mucha sal. Mi papá dice que la sal no es buena para la salud.

—No le puse tanta, un poco de sabor también es necesario.

—Aprenderé eso para decírselo la próxima vez.

—Aunque es cierto que uno no debe abusar.

—¿Se puede o no? Decídase, profesor.

—Dije que sin abusar. Evan, puedes llamarme Eren si quieres.

—No, me gusta más como suena así "profesor", parece más importante. ¿Ya puedo contarles a mis compañeros de la escuerla que mi papá alpha es un importante profesor?

—Por mí está bien —Eren se detuvo y lo miró un momento, estaba sentado en un banco y los pies no le llegaban al suelo, los golpeaba entre si mientras lo miraba sonriendo. Era un hermoso, inteligente y saludable niño, Levi había hecho un gran trabajo.

Se acercó secándose las manos con un repasador y se agachó un poco para observarlo mejor, el poco tiempo que habían compartido había sido fantástico, y eso que apenas llevaban un día juntos. Constrataba tanto con la personalidad flemática y tranquila de Ciro que era un señorito inglés. Esperaba que en un futuro pudieran llevarse mejor.

—¿Tengo algo entre los dientes? —preguntó Evan curioso.

—No, solo... quería mirarte más de cerca. Eres un buen niño, Evan.

—¡Claro! Aunque a veces me porto mal, papá dice que soy muy taverso, traver, trevies-

—Travieso.

—¡Eso! Pero es inevitable, hacer traversuras es divertido. Oh, pero me portaré bien a partir de ahora, lo jurito, seré un buen hijo para ti —dijo mientras se sentaba más erguido.

Eren sonrió, era obvio que el niño se desvivía por caerle bien, giró su cabeza y se sorprendió de ver que Levi estaba en silencio observándolos.

—¿Qué haces ahí, papá? —preguntó Evan divertido—. Ven con nosotros, el profesor usa demasiada sal —dijo lo último en voz baja y tapándose la boca con los dedos como para que el alpha no lo escuchara.

—No, estoy terminando de barrer.

—Barre después, anda, ven aquí, hay un lugar libre —dijo señalando el otro banco a su lado, pero Levi retrocedió para volver al comedor—. El profesor no va a peliar contigo, ¿verdad que no? —le dijo al adulto con una mirada un poco acusatoria.

Eren se largó a reír ante la determinación de su hijo.

—No, prometo que ya no pelearé.

—¿Lo ves? —habló más fuerte mientras estiraba la cabeza para buscarlo con la mirada—. ¿Papá?

Levi suspiró mientras levantaba la basura recogida en una palita y volvía a la cocina para djar la escoba en su lugar y tirar el polvo. Miró de soslayo a su hijo como diciéndole que se comportara. La cocina era pequeña así que trató de hacer el menos lío posible casi pegándose a la pared para evitar la presencia de Eren.

—Mi papá es tímido, ya se lo había dicho la otra vez, ¿recuerda? —Eren asintió—. Y usted le gritó, eso no estuvo bien.

Ambos adultos lo miraron y Levi esta vez quiso irse a pasos rápidos pero Evan bajó del banco y se paró delante de la puerta.

—No te vayas, papá, los tres tenemos que hablar.

—Evan, no fuerces las cosas.

—No entiendo.

—Déjame pasar tengo que ir a doblar la ropa.

—Puedes hacerlo después.

Levi rodó los ojos y se apoyó contra la pared más cercana con los brazos cruzados sobre el pecho. Eren le bajó el fuego a la olla que estaba sobre la estufa con el guiso que había preparado y también se giró para mirarlos a ambos. Entonces Evan sonrió y sin quitarse del lugar les habló.

—Ahora está casi toda la familia junta, aunque falta mi hermano Ciro, yo quiero conocerlo, seré un buen hermano mayor para él —habló con orgullo mientras inflaba el pecho—, pero antes de que eso pase es mejor que todos nos llevemos bien.

Eren sonrió porque estaba gratamente sorprendido por la resolución del pequeño y tenía una leve idea de adonde se dirigían las cosas, sin embargo Levi tenía una expresión de incomodidad que parecía que se estaba por cagar en cualquier momento.

—Usted no lo sabe, profesor, pero mi papá siempre me dijo cosas muy buenas sobre usted, por eso yo quería conocerlo cuánto antes —Levi apretó los labios y bajó la mirada al piso evaluando qué hacer para correr al niño de ahí así podía irse—. Y yo sé que fue muy surpresivo cuando fui a visitarlo, pero bueno, yo no me aguanté las ganas y después usted se enojó, y bueno, yo no entiendo muy bien porqué, papá dice que cosas de adultos, no sé, pero yo creo que le debe una disculpa a mi papá porque usted le habló muy feo.

—Basta, Evan —lo interrumpió Levi notablemente molesto—. No necesito ninguna disculpa, no te metas en estas cosas.

—Sí me meto, porque te estoy defendiendo y eso está bien, además cuando Carmelo se comió mis galletas horneadas en la escuela y yo le jalé de los cabellos hiciste que me disculpara, entonces yo también voy a hacer lo mismo, porque me dijiste que la gente no debe gritarse ni hacer sentir mal a otros y-

—Ya —Intervino Eren para apaciguar las aguas—. Entiendo tu punto, Evan, y creo que tienes razón. Sí, estaba sorprendido, de hecho aún lo sigo estando, pero eso no me da derecho a haber actuado así. Levi —El omega sintió un escalofrío cuando se dirigieron a él y se puso rígido como una tabla—, lo siento, no debí hablarte de eso modo.

—S-sí, está bien —respondió Levi tratando de mantener la compostura.

—Ahora se dan la mano y ya —habló Evan muy contento.

Eren estiró la mano y a Levi le llevó unos segundos acercar la suya para estrecharla brevemente. Luego se giró a su hijo.

—Ya, déjame salir.

—Pero papá, tod-

—¡Ahora!

—Ufa... —Se corrió y se fue a sentar de nuevo al banquito, luego miró a Eren con algo de tristeza—. Yo creo que usted le da miedo, pero no le va a hacer nada a mi papá, ¿cierto?

—¿Qué? No, ¿por qué lo haría?

—¿Me lo promete, que no lo va a lastimar?

—Bueno si te sirve para quedarte más tranquilo, está bien, prometo que no voy a lastimarlo.

—Ni a gritarle de nuevo.

—Ni le voy a gritar, ¿algo más?

—Por la garrita —dijo mientras levantaba su mano derecha en un puño y estiraba su dedo meñique, el alpha sonrió se acercó y enganchó su meñique al del niño.

—Por la garrita.

—Ahora si. ¿Quiere que le cuente algo muy genial?

Esa noche Levi solo comió un poco de fruta cortada en trozos, dijo que no quería sobrecargar su estómago, aunque tuvo que aceptarle un par de cucharadas del plato de Evan para poder dar su opinión sobre si el guiso estaba salado o no, y lo estaba un poco. Luego que lavó los platos Levi les dijo que estaría abajo "tomando aire" un momento y se retiró. Evan se quedó mirando a la puerta un largo rato, se puso de pie y miró por la ventana, luego regresó y se sentó al lado de Eren con cara seria.

—¿Todo bien?

—Ahí vino "ese otro" de nuevo.

—¿Farlan?

—¿Usted lo conoce?

—No, pero escuché cuando hablaste con tu papá sobre eso.

—¿Sabe? No es taaaan malo, el le sonríe un montón a mi papá, y le habla suavecito, suavecito... yo también le hablo así a Mishi cuando lo quiero acariciar, ¡porque a veces el cabrón no se deja!

—¡Evan!

—Lo siento, no debí decir esa mala patraña.

—Palabra.

—Tal vez usted debería hablarle así a mi papá, suavecito.

—Tu papá ya tiene alguien que lo hace.

El ceño de Evan se frunció considerablemente y luego miró al alpha.

—Pero ahora usted está con nosotros.

Eren se giró y trató de hablarle con la mayor compresión posible.

—Escucha, campeón, nosotros dos nos estamos conociendo, me caes bien, y quiero que charlemos, salgamos y hagamos un montón de cosas juntos. También llegado su momento conocerás a tu otro hermano, con quien espero que puedas llevarte bien, a tus abuelos, a mis amigos, bueno, a todos allá en Paradis. Pero hay algo que debes entender, Evan, tu papá Levi y yo, estamos por nuestra cuenta cada uno. Sí, eres nuestro hijo y creo que es justo que tratemos de llevarnos bien nosotros como adultos, pero eso es todo. No quiero que te imagines cosas como que podemos estar juntos, como una pareja quiero decir, porque no quiero que salgas lastimado luego, no sé si entiendes algo de lo que te estoy explicando.

—¿Usted no lo quiere a mi papá?

—No como pareja.

Evan miró sus manos en silencio un buen rato, Eren se puso un poco nervioso.

—Mira, eso no significa que no seamos parte de una familia, y así como estamos todos ahora podemos llevarnos bien de igual manera.

—Bueno, pero... pero, ustedes alguna vez se quisieron ¿cierto?

Eren suspiró y se apoyó contra el respaldo del sofá.

—Sí, hace muuuucho, mucho tiempo.

—Y bueno, si se quisieron y todo y me tuvieron a mí, ¿entonces?

—A veces las personas dejan de quererse, esto es así.

—Pero mi papá dice que él siempre me va a amar, hasta el inginito, aunque se muera, ¡y mi papá no me mintió!

—No, no te mintió, es diferente el amor de familia, es algo que no se rompe, pero las parejas... ese es otro tema.

—Bueno... capaz y pueden aprender a quererse de nuevo ¿no? Mi papá es super lindo, mucha gente se lo ha dicho y, y, y cocina muy bien, usted ayer probó su comida, no cocina salado, capaz y le puede enseñar a cocinar a usted, él es muy limpio y sabe planchar, además mi papá tiene tres verdulerías, es muy inteligente mi papá —Lo miró de una manera que parecía que estaba a punto de largarse a llorar.

Eren pensó cuidadosamente qué decirle, tampoco era fácil afrontar las preguntas que a veces Ciro le hacía. Él no podía entenderlo porque creció junto a sus dos padres, pero entendía que para un niño no era fácil de digerir las separaciones.

—A veces no se puede volver a querer, es así.

—¿Puede intentarlo? ¿Un poquito?

—Ya veremos. Oye, ¿qué dices si vamos a tu habitación y te leo un cuento?

—Los cuentos me aburren, oh, pero no se lo diga a mi papá, porque yo siempre le digo que está bien. Además no tengo sueño, si quiere podemos hablar, tengo muchas preguntas.

—Bien, vamos a tu habitación, te pones el pijama y hablaremos.

—¿Tiene fotos de todos los parientes de Parados? —dijo con emoción mientras caminaban al cuarto.

Eren le contó algunas cosas de sus padres, le mostró fotos de Ciro, hablaron sobre constelaciones, extraterrestres y lo deliciosas que eran las manzanas acarameladas. Cuando se dio cuenta Evan estaba profundamente dormido. Lo arropó y buscó a Levi pero aún no había vuelto. Decidió bajar para avisarle y de paso irse a descansar, estaba agotado. Salió a la vereda y Levi estaba dentro de una camioneta hablando con alguien, se quedó de pie sin saber muy bien si acercarse o qué, pero los ocupantes del vehículo se dieron cuenta y descendieron. Así que ése era el famoso Farlan.

—Lo siento por interrumpir, solo quería avisarte que Evan se durmió y bueno... iré a descansar.

—Claro, oh, eh, él es Farlan, Farlan el padre de Evan, Eren.

—Mucho gusto —dijo el hombre alto y bien parecido ofreciéndo su mano con cordialidad.

—Igual —respondió Eren mientras se la estrechaba—. Casi lo olvido, ¿quieres que mañana me quede con Evan de nuevo?

—No, haré que venga conmigo al Mercado, está bien, descansa y recupérate.

—Mañana tienes mucho trabajo —dijo Farlan mirando a Levi—, si quieres puedo llevar a Evan y a Eren a dar una vuelta por la ciudad, si es que te parece bien, Eren.

Levi y el alpha lo miraron sorprendidos.

—Bueno, supongo que es una buena idea, no conozco mucho la ciudad y no he salido en todo el día. Nos hará bien salir un poco —aceptó el hombre de buena gana, Levi se estrujó los dedos nervioso—.

—¿Está bien para ti? —Le consultó Farlan mirándolo con un poco de miedo al darse cuenta que tal vez se había metido demasiado.

—S-sí, después de todo es sábado y es cierto, es un día de mucho trabajo. A Evan le gusta ir al parque y la costa, creo que estará bien, puedo arreglar todo y desocuparme luego del almuerzo. Gracias por ofrecerte a llevarlos.

—Bien, no se diga más, ¿a qué hora te parece que puedo buscarlos, Eren?

—Mmm, ¿a las diez?

—Perfecto.

—Bien, ahora si me despido, buenas noches —dijo para luego retirarse.

Una vez que ambos estuvieron seguros que se había ido, subieron a la casa. Levi verificó que Evan estaba dormido y volvió con Farlan que ya había puesto la tetera para preparar té para ambos.

—En la mesa dejé las masas que compré en la pastelería, están las de relleno de crema chantilly, tus favoritas —dijo el rubio mientras disponía todo en la cocina.

—Gracias, no te hubieras molestado.

Finalmente pudieron sentarse en el sofá, con tranquilidad, Farlan pasó un brazo por encima de los hombros de Levi quien se recostó ligeramente sobre su costado. Hablaron despacio para no molestar el sueño de Evan. Era una especie de costumbre, tomar té en el sofá mientras conversaban en voz baja de diversas cosas.

—Ayer te extrañé, tenía ganas de verte.

—Nos vemos a diario.

—Pero ayer no te vi.

—Fue solo un día, no dramatices.

—No quiero que me faltes, incluso si es un solo día.

—¿A qué viene tanto romance? Normalmente no eres así.

—¿Te molesta?

Levi no dijo nada bebió de su perfecta infusión y suspiró.

—¿Tomaste tu medicación?

—Sí.

—El lunes tienes control, ¿quieres que te acompañe?

—Pero estarás en el estudio a esa hora.

—Yo arreglaré mis pendientes, a menos que tú quieras ir por tu cuenta.

—La verdad, sí me gustaría que me acompañaras.

—Entonces iré, ¿cómo te has sentido?

—Bien.

—Siempre dices bien, estás un poco tenso, ¿es por la visita inesperada?

—Tan inesperada no fue.

—¿Está todo bien? Ayer vine y estuve un rato estacionado afuera.

—¿Por qué no me dijiste?

—Porque me habías cancelado, pero no sé, estaba preocupado supongo, como me dijiste que el encuentro en Paradis fue un poco brusco, tenía miedo que el padre de Evan se descontrolara o algo así, por precaución digamos.

—Por celoso.

—También.

—Ya te dije que no hay nada que temer, a duras penas nos tratamos con cordialidad.

Farlan notó que esa tristeza que normalmente había en los ojos de Levi había crecido enormemente, sintió una punzada de angustia en su corazón. Siempre era así, se sentía completamente inútil para mitigar el dolor que escondía. Tenía poca información sobre todo el asunto, cuando conversaban obtenía respuestas cortas, parcas, era evidente la incomodidad que le generaba al omega hablar del tema. Estaba preocupado, por Evan y por Levi. El niño lo detestaba, era más que evidente, sin embargo él le tenía un cariño y un afecto enormes, llevaba meses y meses tratando de conquistárselo pero el infante no se lo dejaba fácil, no lo presionaba tampoco, durante mucho tiempo habían estado solos y aceptar un intruso en la familia no era sencillo. Además lo entendía, esa pasión con la que defendía a Levi lo llenaba de orgullo, era un excelente hijo.

Se acercó con tranquilidad y besó a Levi en la sien, refregó su frente contra su lindo cabello negro retinto y le susurró un "te amo" con toda la ternura que era capaz de albergar. Lo admiraba desde el primer día que se cruzaron sus caminos. Su mejor amiga Isabel le había pedido si podía asesorar a un conocido suyo sobre derechos de paternidad y herencia. Le llamó la atención en la primera reunión, pero no fue sino hasta la tercera que se dió cuenta que ese omega le atraía sobremanera. Reservado, tranquilo, misterioso, con sus silencios y sus ojos tristes, no pudo evitar querer protegerlo, abrazarlo, darse la oportunidad de conocerse mejor. Había sido todo un desafío cortejarlo, ya que Levi vivía para su trabajo y su hijo, descubrió que era increíblemente fuerte en un millón de sentidos, que lo había subestimado, Levi no necesitaba que lo protegieran, había aprendido a defenderse por su cuenta.

Aún a hoy no podía creer que tuviera el permiso para besarlo, para compartir con él de ese modo. Si por él fuera ya se hubieran casado, pero sabía que todo dependía de Evan, que Levi jamás haría algo que molestara a su hijo, así que había decidido esperar, valía la pena hacerlo. Sabía que tarde o temprano Evan bajaría la guardia, solo quería ser un padre para él, el padre que le había faltado, sin embargo ahora las cosas estaban cambiando y se sentía temeroso al respecto. Aunque no se lo dijo, la intención de él era estar a solas con Eren para conocerlo mejor, para ver qué intenciones tenía con ellos, para asegurarse que fuera una influencia sana y buena para el niño. Quería protegerlos, a su manera.

Sonrió al ver como Levi comía las masas, era notable su pérdida de peso en el último tiempo, los médicos habían dicho que eso era normal, que era producto de la medicación. La situación del omega era excelente si la comparaba a lo que había sucedido hacía casi dos años, no había motivos para creer que las cosas iban a empeorar, además sabía que los estudios que se había echo el mes pasado eran claramente optimistas en cuanto a su estado de salud.

—¿No vas a comer? —preguntó su novio y le sonrió para luego tomar una de las masas de coco y crema pastelera.

—No es tan guapo como yo —le dijo por lo bajo y el omega sonrió para mirarlo con cariño—. Aquí es donde dices: No, amor, nadie es más lindo que tú.

—No hace falta que te diga que eres guapo.

—Anda, dame algo que mi ego pueda asimilar, no seas así.

—Eres increíble —dijo acercándose y dejándole un beso en los labios—, gracias por consentirme.

Sabía que Levi no era muy demostrativo con las palabras pero si con las acciones.

—¿Y esa otra bolsa? —preguntó el omega notando otra sobre la mesa.

—Rollos de canela, se los compré a Evan, para que desayune mañana, como son sus favoritos.

—¿Quieres desayunar con nosotros mañana?

—Mmm, me encantaría pero te levantas a las cinco, hasta que vaya y vuelva de casa no dormiré ni-

—Quédate.

Farlan lo miró sorprendido.

—Puedes quedarte a dormir y mañana desayunamos los tres. Solo que debes estar aquí antes de que Evan se levante.

Farlan acarició el rostro de Levi y le dejó un beso en la mejilla, luego asintió. Claro que iba a quedarse.

Eren estaba sentado en la cama, ya se había fumado el tercer cigarrillo y aún no podía conciliar el sueño. Una suave brisa helada ingresaba por la ventana, el puerto de noche era bastante frío. Tenía muchas cosas en su cabeza, aún había momentos en que todo parecía un sueño. Aunque fueran simples fantasías de un niño desesperado por tener a sus padres juntos, las palabras de Evan lo habían afectado un poco.

Se recostó contra el respaldar de la cama y sacó aquella reliquia que tenía en el bolsillo de su pantalón, ni siquiera él sabía porque seguía guardando esa cosa. La tomó entre sus dedos y la giró mientras la observaba. Un anillo de plata, vulgar y corriente, tenía un grabado dentro, el símbolo del infinito. Muchas veces quiso deshacerse de eso, incluso una vez lo tiró por la ventana del balcón de su departamento y luego se pasó media noche buscándolo entre los arbustos de la calle hasta que finalmente pidió ayuda a un grupo de jóvenes que estaba bebiendo allí y por unos dólares lo ayudaron a buscarlo hasta que lo recuperó. No le había quedado nada, porque las fotos y todos los regalos los puso en una caja y se los llevó el camión de la basura. Sin embargo ese pequeño anillo... no quería deshacerse de él, aunque representara una promesa falsa, una mentira.

Lo retuvo en la palma de su mano y cerró los ojos, allí estaban todos esos recuerdos del pasado, incluso había olvidado detalles del día de su boda con Historia, pero esa noche que Levi le había propuesto casamiento estaba intacta como una película que uno puede retroceder y volver a ver. Grabado a fuego, cada expresión, cada palabra, cada rayo de la luna resbalando por sus pieles, cada sonido, respiración, mirada. Incluso si intentaba enterrarlo en lo más profundo de su psiquis esa noche siempre volvía a él, a veces en sueños, como una maldición que no tiene cura.

—¿Eso significa infinito?

—Sí, es un símbolo matemático.

—Es muy extraño —dijo Levi mientras repasaba con uno de sus dedos la forma en los apuntes de Eren encima de la mesa de roble.

—Bueno, es que si lo repasas, es como un lazo que no se detiene nunca, va y viene sin fin, ¿entiendes?

—Quisiera aprender sobre estas cosas, son como símbolos mágicos.

—Puedo enseñarte.

El omega se alejó mirándolo con incredulidad.

—No, son cosas muy complicadas y yo soy muy bruto.

—¿No viste esto en la secundaria?

—...

—¿Levi?

—Es que... no terminé mis estudios, mi madre enfermó y tuve que salir a trabajar, ella ya no podía.

—Claro, lo entiendo. Bueno, pero está el bachillerato nocturno, podrías intentarlo.

—No tendría tiempo de verte, la verdulería cierra a las nueve además.

Tiró de su mano y lo acercó para sentarlo en su falda.

—No hay apuro, cuando nos casemos podrás estudiar lo que quieras, no necesitarás trabajar.

—Oye, no, yo si quiero trabajar, me hace bien.

—Bueno, como quieras, solo dije que no sería necesario, o tal vez podrías dejar de trabajar un tiempo hasta que completes tus estudios.

—No quiero ser una carga.

—¡¿Qué dices?! No eres una carga, eres perfecto.

En ese tiempo era así, su amor lo consumía, lo volvía completamente ciego. Sin embargo ahora que veía cómo habían vivido este tiempo se preguntaba qué mierda era lo que Levi había ganado con todo lo que había hecho.

Cuando Levi aceptó, al fin, salir con él, parecía un niño en una juguetería, mirando a todas partes con los ojos brillando. Nunca había estado en un cine antes, a él eso le parecía adorable. Se enamoró completamente de esa expresión, quería sorprenderlo todo el tiempo, de manera que buscaba una gran cantidad de actividades que ambos pudieran disfrutar y cada vez que veía ese brillo en los ojos de su amado sentía que se ahogaba de felicidad.

Las primeras veces no pudo ni darle la mano, Levi se le escurría como arena entre los dedos, se tomó su tiempo, intuía que valdría la pena. Luego descubrió que no era que el omega no quisiera entrelazar sus dedos con él, sino que tenía mucha vergüenza de sus manos.

—Es que... son tan ásperas y toscas, tus manos son su-suaves, bonitas.

—Tienes manos de trabajador —le dijo mientras le agarraba una y besaba su dorso, Levi la quitó con rapidez y las metió a ambas en sus bolsillos mientras se sonrojaba hasta el cuello—. Yo me siento orgulloso de tus manos, no tienes porqué esconderlas, quiero que tomes la mía con confianza.

Extendió su mano al costado y esperó un largo rato, hasta que Levi con mucha timidez dejó que al fin pudieran tocarse. Nunca mintió, el realmente se sentía fascinado de la fuerza y la honestidad del omega, al menos así pensaba en ese tiempo. Era desconfiado, parco, y no fue sino después de su décima cita, cuando estaban caminando tranquilamente frente al lago Sina que al fin Levi lo miró son los ojos rebosantes de amor y pudieron darse su primer beso. El omega temblaba de pies a cabeza y decidió que un roce de labios sería más que suficiente o sino colapsaría.

Formalizaron su relación en la cita treinta. Se divertían tanto juntos que las horas se escurrían como agua. Fueron a parques de juegos, a ver películas, a caminar al lago, a hacer picnics en la gran plaza central, a pescar, andar a caballo, cada nueva ocupación venía cargada de risas y bromas. Podía pasar horas abrazando al omega mientras miraban el horizonte. Nunca se había sentido tan completo y a gusto.

La primera vez que hicieron el amor fue en la casa del omega. Al principio a él lo cohibía que supiera que vivía en esa casucha tan precaria. A Eren no podía importarle menos el lugar, así fuera debajo de una tapera, le bastaba con su compañía. Ese día llovía a cántaros y se había cortado la luz, el auto de Eren estaba en el taller por lo que habían llegado empapados a la casa. Era tarde, Eren se dio una ducha y luego Levi, cenaron un ramen instantáneo a la luz de una vela mientras se reían a más no poder por todo lo que había sucedido esa noche. El celular de Eren estaba sin batería y estuvieron haciendo tiempo pero la tormenta solo parecía incrementarse.

—Oye, ¿por qué no te quedas a dormir? La cama es angosta pero creo que cabemos si nos ponemos de costado, no creo que puedas encontrar un taxi por los alrededores, el barrio es peligroso además.

—Me gusta cuando te preocupas por mí.

—¿Cómo no lo haría? Alguien debe cuidarte, grandulón.

Apagaron la vela y solo con la luz de los refucilos que ingresaban por la única ventana del único cuarto de aquella construcción , el ruido casi lacerante de los gotones de agua contra el techo de chapa y el frío subiendo por el piso de cemento, formaron el escenario menos romántico posible, sin embargo bastó iniciar con un solo beso para que todo alrededor eclipsara y los volcanes explotaran, los terremotos aparecieran y el caos se adueñara de ellos.

Levi era así, impredecible, podía ignorarte una semana completa y de pronto abrazarte y besarte como si no te hubiera visto en años. Una caja de pandora inexplorada y él solo quería adueñarse de ella. Se desnudaron sin prisa, la timidez habitual del omega parecía haberse esfumado, ¿desde cuándo podía mirar de esa manera que haría a un iceberg derretirse en segundos? Tal vez él lo había idealizado, sí, lo había vuelto su dios, su musa, sus ganas de respirar y vivir. Aspiró su exquisito aroma corporal y lo estrechó entre sus brazos eternizando ese momento.

Fue un aprendizaje mutuo, ambos explorando e invadiendo terrenos desconocidos, dejó que lo tocara y lo sintiera a su antojo, que se acostumbrara a su calor, a su cuerpo grande en comparación con el de Levi, que aunque era más bajo y delgado estaba lleno de músculos debido a todo el trabajo que realizaba a diario, levantar esas pesadas cajas llenas de verduras y frutas. Para él no podía volverse más hermoso, aunque Levi tenía ciertos prejuicios sobre eso, su madre le había dicho hasta el cansancio que el cuerpo de un omega debía ser delicado y blando, sedoso y agradable, él se consideraba feo. No pudo evitar reírse y luego le explicó que le parecía ridículo que pensara así.

—Eres perfecto, no pienses tonterías.

Dejaron las palabras un momento para decirse muchas otras cosas a través de caricias y roces. Donde un cuerpo se curvaba otro lo complementaba, donde faltaba un beso él lo ponía, estaban destinados a cumplir un guión invisible que relataba la historia de amor más estupenda que se hubiera escrito. Cada vez que Levi decía "te amo", sentía que todo su mundo temblaba, jamás experimentó el amor con esa fuerza, ni todo el poder de todos los universos podía menguarlo.

Había conocido diversos cuerpos, variadas bocas, había confesado sus sentimientos antes, pero comparado a lo que estaban viviendo, cualquier experiencia anterior quedaba opacada por completo. Levi era el inicio y él era el fin, juntos eran el infierno y los cielos, el caos más terrible y la calma más profunda. El alpha y el omega, la creación y la destrucción.

Se hundió en él queriendo con cada fibra de su cuerpo poder marcarlo, lograr que le perteneciera hasta el alma. Confió completamente, se enamoró como nunca lo había echo, al punto de ser capaz de entregarle su propia vida de ser necesario. Luego de amarse, acunó a Levi entre sus brazos, creando un refugio cálido y protector, si hubiera podido congelar ese momento...

Luego de este echo la relación entre ellos floreció con la fuerza de la primavera en las praderas del norte, esparciendo sus flores, sus aromas, su juventud y su belleza por todos los rincones de sus existencias. No supo cómo había sido vivir antes de conocerlo, ¿acaso se podía llamar vida a lo que había tenido antes? Lo supo, él era la persona con la que quería acabar sus días, tener muchos hijos, quería verlo sonriente y feliz cada segundo de cada día.

Sus padres notaron el cambio, además que casi todas las noches iba a casa de Levi. El omega no quería quedarse en casa de Eren, de alguna manera sentía que no era apropiado con sus padres presentes, por lo que decidió que era tiempo de presentarlo formalmente. Sus progenitores estaban muy curiosos respecto a la persona que había convertido a su querido y mimado hijo en una sinfonía de sonrisas y alegrías constantes. Claro que cuando les dijo que era el verdulero del barrio echaron a reír como zopencos, se enojó y los regañó. Después de todo solo había seguido los preceptos familiares: conseguir una persona que lo quisiera auténticamente por lo que él era como persona y no estuviera interesado en su riqueza material.

Hubo un almuerzo, Levi estaba muy nervioso y abrumado, incluso cuando entró a la casa miraba a todas partes como un ciervo asustado. Llevó una ensalada para compartir que apenas si fue tocada. Lo sabía, que sería un gran shock para su familia, pero tenía la esperanza que una vez que lo conocieran como él las cosas iban a mejorar. No fue tan sencillo, por un tiempo sus padres le quitaron todo sustento, incluso su costoso auto, Eren ya había echo trabajos en fábricas y en una minera con lo cual tenía cierto respaldo. No le importaba de todas maneras y Levi le dijo que prefería que ellos ahorraran y consiguieran las cosas por su propio esfuerzo.

Se mudó junto con su lindo omega por un mes y medio hasta que su padre le pidió reunirse y hablaron largo y tendido. Terminaron aceptando la relación si él volvía a casa y hacía el posgrado de dos años con el que Eren había soñado por tanto tiempo. Quiso que Levi se viniera con él, pero eso implicaba que ambos dependerían de su familia económicamente por ese lapso tiempo, además de mudarse a un país desconocido, otro idioma, otro mundo, fue demasiado para Levi. Le juró que lo esperaría, además él podía regresar cada tres meses a la ciudad por una semana, solo era cuestión de estudiar duro, incluso pensó en la posibilidad de acelerar las cosas y tal vez en menos de un año podría lograr su cometido si estudiaba día y noche.

Un último sacrificio estaba dispuesto a hacerlo.

Aunque complicado, parecía que eran lo suficientemente fuertes como para poder afrontarlo. Los últimos dos meses quería aprovechar cada milésima junto a Levi antes de partir, sabía que sería una dura prueba para ambos que se necesitan más que el aire mismo.

Pero dos semanas antes notó el cambio en Levi, parecía nervioso, esquivo, tenso, quiso creer que todo se debía a su inminente partida, él también empezaba a sentirse ansioso, demasiado. Todos los días renovaban su promesa, una y otra vez.

—¿Vas a esperarme verdad?

—Hasta el fin de los tiempos.

—Te amo tanto, tanto.

—Y yo a ti, no me olvides.

—Jamás, ¿cómo se te ocurre que algo así podría pasar?

Era imposible que algo así sucediera.

Entonces unos días antes de irse Levi se lo propuso. Lo tomó por sorpresa, se le había adelantado ya que él quería ser quien se lo propusiera, claro que había pensado en casarse con él, pero luego del posgrado. Quería hacerle una fiesta de cumpleaños y buscar un anillo hermoso, uno adecuado para su precioso novio. Tantas horas hablando de cómo serían sus vidas una vez que pudieran hacerlo. Qué nombres les pondrían a sus hijos.

—¿Evan?

—Sí, porque empieza con E como mi nombre.

—De acuerdo, pero al segundo se lo elijo yo —dijo Levi mientras se acurrucaba en su pecho.

Sí, él había elegido ese nombre en ese momento, de alguna manera dolía muchísimo saber que Levi había respetado esa elección. ¿Por qué?

Ahora que rememoraba las cosas, tal vez no estuvo atento a las señales, ¿por qué le propuso casamiento? Parecía emocionado y al borde de las lágrimas cuando aceptó el ofrecimiento, sin embargo cuando el dijo que sería al regresar de sus estudios... ¿de qué servía recordarlo ahora? ¿Las cosas hubieran sido diferentes si ellos se hubieran casado antes? Pero Eren quería tener un trabajo estable, una casa, hacer las cosas bien, solo había que esperar un poco más.

El día que subió al autobús para viajar a la ciudad vecina y tomarse el avión fue la última vez que lo vio en ese entonces. Lo buscó incansablemente, aún sabiendo que había dicho que no iría, ya se habían despedido lo suficiente el día anterior. Sin embargo lo vio desde la ventanilla, de pie junto al hombre que vendía globos, levantó su mano, esa llena de callos, cicatrices y marcas, se estaba despidiendo, para siempre.

Tuvieron contacto virtual por llamadas y mensajes por otras dos semanas cuando mucho y entonces desapareció por completo. Estaba desesperado, el estrés no lo dejaba ni dormir, volvió locos a todos desde la distancia, a sus amigos, a sus padres, hasta que amenazó con volverse y tirar todo al diablo. Entonces su padre le dijo que Levi estaba bien, que no quería preocuparlo, que era mejor que no tuvieran contacto hasta que él regresara para no distraerlo de sus estudios, que se concentrara y todo estaría bien. Tenía sentido.

Fue una tortura completar ese trimestre, pero decidió dedicar hasta la más mínima brizna de energía en sus estudios. Mientras antes terminara el posgrado, antes podría estar en brazos de su amado. Él hizo su parte, él cumplió lo prometido. Y entonces regresó al fin.

Todo su mundo se desmoronó en un día. Levi ya no vivía en Paradis, se esfumó como una bocanada de vapor en el invierno. No dejó rastros ni pistas de su paradero, Eren pensó lo peor, puso una denuncia por secuestro, movió cielo y tierra, sin embargo sus padres se reunieron con él y le contaron lo que había sucedido. Esos días no los recuerda demasiado bien, era una masa deforme de dolor.

El omega había vendido su propiedad, esa pequeña casa que había heredado de su madre, esa casa que supuestamente amaba como nada, no solo eso, chantajeó a su familia, fue con el padre de Eren para hacer un trato, una enorme cantidad de dinero a cambio de desaparecer. Ellos habían comprado su ausencia solo para demostrarle a su hijo que todo el amor que decía tenerle había sido pisoteada por la avaricia.

—Perdóname, Eren —decía Grisha visiblemente afectado, mientras su madre lloraba en silencio a su lado—. Puedes enojarte conmigo, pero lo hice por tu bien. Te juro que yo no podía creer que viniera con una propuesta tan desagradable, estuve a un paso de abofetearlo... Pero sería capaz de entregar toda mi fortuna si con eso podía alejar a semejante alimaña. Aquí tienes los registros de la transferencia, puedes consultar con el banco, éste es su número de cuenta, está todo registrado, hijo. Sabes que jamás te mentiría. También me pidió ayuda para vender ese rancho que tenía a su nombre, moví mis influencias para conseguirle un comprador. Él solo quería tomar la mayor cantidad posible de dinero e irse, pregúntale a tu madre, estuvo cuando discutimos al respecto.

Estaba enojado con todos, con sus padres, sus amigos, con Levi, pero principalmente consigo mismo. Pensar que estuvo a punto de perder contacto con su familia por él, por creer en el supuesto amor que le había profesado.

Abandonó el posgrado, no tenía fuerzas, ni ganas de vivir. Cada día era más gris que el anterior, se encerraba por horas en su cuarto para llorar o dormir. Bajó casi veinte kilos, ni los intentos de sus amigos, ni la terapia con la psicóloga sosegaron la herida. Pensó en buscarlo, aunque más no fuera para que le explicara porqué. Pero sabía que aunque se lo explicara no serviría de nada. Solo quería morirse y de hecho lo intentó, tocó fondo.

Vió a su madre llorar desesperada, suplicándole que por favor reaccionara. y entonces un día se puso de pie, levantó los pedazos de sí mismo y volvió a crearse, de alguna milagrosa manera comenzó a salir de ese pozo depresivo que se lo tragó por más de seis meses negros. Su amiga Mikasa le ofreció unas suplencias como profesor en la ciudad, le venía bien activar su mente y concentrarse en otras actividades. Aceptó, comenzó una rutina que si bien no lo hacía feliz al menos lo mantenía ocupado. Mientras más se recuperaba más crecía el rencor en su interior, todo ese amor inconcluso, todas esas esperanzas e ilusiones se convirtieron en odio. Rompió todas sus fotos, borró todos los archivos donde estuvieran juntos, necesitaba extirparlo de su vida como se extirpa un tumor de un cuerpo.

No podía seguir viviendo con ese amor, pero con seguridad podía sobrevivir con el odio. Lo juzgó, lo sentenció y lo crucificó en su psiquis. Levi el maldito, el origen de todos sus males, el egoísta, aquel que lo había manejado a su antojo y se había aprovechado de su buena fe. Su lema para poder seguir adelante: Levi, te odio hasta el infinito, entonces ese símbolo en el anillo, la única prueba material de ese terrible episodio en su vida, cobró un significado oscuro y terrible, y lo conservaría como un recordatorio de todas sus penas y lágrimas.

Al poco tiempo aceptaría el matrimonio con Historia, la rica hija omega de un socio de su padre.

—¿Sabes, hijo? —decía su madre mientras le refregaba la espalda—, yo tampoco me casé enamorada. Pero cuando uno tiene cierto estatus y conoce una persona que está a la altura el amor viene solo. Ya verás, irán enamorándose, formarán una familia y podrás dejar todo tu doloroso pasado atrás.

Necesitaba creer en sus palabras, después de todo a ellos les había funcionado. Y entonces unos días antes de la boda volvió a aparecer el maldito, tenía tanta rabia buubujeándole dentro que no se explica hasta al fecha cómo no lo mató en el momento en que se le acercó. Veía rojo, no había ni un solo resquicio para el diálogo o para recibir una explicación. Él se había ido destruyéndole la vida, no iba a permitir que se le acercara siquiera. Lo aborrecía tanto como para desearle la peor de las muertes, ¿y encima tenía el coraje de venir a visitarlo?

El resto fue un derrotero que ya tenía un final trágico antes de comenzar. Un matrimonio infeliz, lleno de errores, equivocaciones, sin ganas de que las cosas mejoraran y sus padres insistiéndole hasta el cansancio que con un hijo todo iba a arreglarse. Pobre Ciro, no tuvo la culpa de que no pudieran ser capaces de darle un entorno adecuado para vivir. El divorcio fue un alivio para ambos, a partir de ello pudieron concentrarse en el pequeño y en lo que sería mejor para él a partir de ese momento.

Luego ya no quiso probar una relación seria con absolutamente nadie.

El amor era una mierda, con él o sin él la vida era una mierda. Ya no quería amar, no quería probar, solo quería trabajar y compartir con su pequeño. Pero entonces un día otro niño lo visita y todas esas heridas que había creído cerradas explotan y supuran su pus y su veneno sin parar.

Que injusto. Qué doloroso. Los paraísos no existen más que en los cuentos de religión para embaucara los tontos...

La alarma sonó y se despertó cansado, cuando se refregó los ojos el anillo cayó de sus manos al suelo y lo despabiló por completo, se sorprendió tener las manos mojadas, mojadas por las lágrimas que aún seguían brotando a pesar de haber estado dormido.

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By Luna de Acero.-