Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Quinto capítulo. La verdad estoy bastante sorprendida con la repercusión de este fic, ha sido recibido con mucho entusiasmo y cariño y aún no lo puedo creer ja. Bueno, me alegro mucho, si ustedes disfrutan yo soy feliz. Con respecto al capítulo anterior, no pretendo que perdonen a Eren, ni quiero eximirlo de sus culpas pasadas, pero somos humanos, tenemos cosas buenas y malas y eso es lo que quiero reflejar aquí, no hay una persona enteramente virtuosa o defectuosa, somos una combinación de ambas cosas en menor o mayor medida y los errores son comunes a todos. Pero, podemos seguir errando o aprender de ellos y tratar de enderezar el camino.
El tercero en cuestión, Farlan, ya saben uno de mis personajes más queridos y preferidos, tampoco es bueno o malo, simplemente está ahí cumpliendo su rol, que será muy muy importante, ya verán a lo que me refiero. Sé que están aprendiendo a quererlo y espero terminen enamorados de él como yo lo estoy (?), bueno, por ahí, ja, ja. Espero disfruten esta nueva entrega, si es así ya saben ustedes como mimarme y como hacerme sentir única.
Una dedicatoria especial para Finsternis_eclipse que hoy es su cumpleaños y para TarajaeAlqamar que estaba haciendo una maratón de mis fics!
Muchísimas gracias a todas las personitas hermosas que le dieron una oportunidad a Fanfiction y me dejaron su amorrss en reviews: MsterEreri, Aby Rivera, Elledeblue ;), RivaiFem TA (shoro, volviste hermosa!), Scc Ccu, Nejiko Ka (aaaaamo tus biblias, me dan años de vida, nunca dejes de escribirme, corazón) y Valeskithalejandra.
También para aquellas personitas hermosas que me dejaron su cariño en AO3: Arien_Adriana (sé que también me lees en Wattpad, gracias!), Rattation (eres un amor), Mafferzap, HiperIrene. Muchas, muchas gracias!
Disclaimer: Los nombres de los personajes no me pertenecen, son del autor Isayama Hajime, el contexto, personalidades y situaciones si son de mi invención, prohibida su reproducción total o parcial sin el debido consentimiento.
Advertencias: Uso del OoC (personalidades diferentes a las canon), lenguaje adulto, palabras altisonantes, original character (personajes originales inventados por mi), sigue el aura sad y un poco de angustia.
.
.
"Entonces empezó el viento, tibio, incipiente, lleno de voces del pasado,
de murmullos de geranios antiguos, de suspiros
de desengaños anteriores a las nostalgias más tenaces."
Gabriel García Marquez
.
.
Farlan y Evan fueron a buscar a Eren a la planta baja, lo invitaron a desayunar churros calientes y chocolate en un conocido café del lugar, aunque más era como una especie de comedor local, bastante rupestre pero el sabor de los churros era de lo mejor.
—Farlan me compró rollos de canela —dijo Evan desde el asiento de atrás a su papá mientras lo miraba con los ojitos brillando.
—A mí también me gusta el sabor de la canela.
—Y claro, si son riquísimos, me comí cuatro.
—Vaya, ten cuidado con los churros entonces.
—Sí, sí, ya lo sé, mi papá me dijo eso también, ush.
Eren sonrió ante el desparpajo de su hijo y Farlan también estaba de visible buen humor. No le pasó desapercibido el hecho de que estaba usando la misma ropa del día anterior, con seguridad se había quedado a dormir.
—¿Y a qué te dedicas? —preguntó Farlan para iniciar conversación, el tráfico los fines de semana se ponía un poco pesado.
—Es profesor en la universidad de Paradis —contó Evan que nunca quería estar fuera de las conversaciones—. Es un profesor muy importante de matemáticas.
—En realidad estoy en la facultad de ingeniería civil, soy arquitecto. Y doy clases para materias relacionadas a mi profesión.
—¡Qué bien!
—¿Y tú?
—Soy abogado, hasta el año pasado trabajaba para un buffet de la ciudad vecina, me iba relativamente bien, pero la verdad tenía ganas de abrir mi propio estudio, en eso estoy. Vine a Puerto Olimpia porque hay poca competencia y bastante trabajo.
—¿A qué rama de la abogacía te dedicas? —Continuó Eren interesado en la información.
—Civil, en específico todo lo relacionado con litigios de familia, y a veces hago un poco de divorcio, mediaciones y eso.
—¿Disordio? —preguntó Evan.
—Divorcio, es cuando, bueno, cuando dos personas que se han casado deciden separarse —Aclaró el rubio al niño.
—Oh. Profesor Yogurt, ¿usted se disordio de mi papá?
—Di-vor-cio. Y no, nosotros no llegamos a casarnos.
—¿Por qué?
De repente el clima ameno del vehículo se puso un poco tenso.
—Pasaron muchas cosas.
—Cuénteme, yo si puedo entender si me explican despacio —Insistió el niño.
—Creo que es algo que deberían hablar cuando esté tu papá Levi —sugirió Farlan mirándolo por el espejo retrovisor.
—Mmm, ¿ustedes se peliaron? Mi papá me dijo que se tuvo que ir, pero no me dijo porqué, él dice que cuando sea más grande me va a explicar, pero yo quiero saber ahora.
—Farlan tiene razón, deberíamos hablar cuando esté tu papá presente y así aclararemos las cosas todos.
—Ufa, bueno. ¿Puedo comer dos churros?
—De acuerdo, solo dos.
Llegaron al puesto de comidas y compraron los churros y las chocolatadas, se fueron hasta la costa para sentarse en una frazada sobre la arena y comer contemplando las olas. Evan estaba super emocionado, fue el primero en terminar, incluso se comió un churro que le dejó Farlan, hubiera comido otro de su papá pero a los adultos le pareció que no era buena idea sobrecargar tanto su estómago.
Salió saltando como cabrita mientras juntaba conchas y caracolas que había sobre la arena húmeda, gritando y mostrando sus descubrimientos.
—Siempre tiene mucha energía —dijo Farlan con una sonrisa tranquila.
—Me doy cuenta, bueno yo de niño también era así.
—Lo que se hereda no se hurta, dicen —Agregó el abogado.
Una vez que terminaron y tiraron los descartables en un tacho de basura, caminaron por la costa viendo como Evan gritaba divertido y correteaba la marea. Soplaba un viento bastante frío y el mar se notaba un tanto picado. En cierto momento se quedaron en silencio y se detuvieron a observar el horizonte. Farlan miró a Eren de reojo, no era un hombre inseguro ni mucho menos, sin embargo le hubiera gustado que Eren no fuera tan apuesto. Aunque se imaginaba que sería así, bastaba mirar la belleza indiscutible de Evan, que si bien tenía un par de rasgos de Levi, era notable que resaltaban mucho más los de su padre alpha.
Eren tenía un gran porte, altura, presencia, se imponía con sus gestos, se notaba que venía de una familia rica por sus ademanes, su vocabulario y su forma de vestir. Y justo había venido a enamorarse de un chico humilde que vendía verduras, pero bueno, ¿quién no se enamoraría de Levi? Era un ser maravilloso, él estaba loco por su novio. Quiso mencionarle algo sobre Evan pero se quedó mudo al contemplarlo. La brisa marina despeinaba los mechones de cabello castaño de Eren y su mirada, esa que brindaban esos dos ojos verdes aguamarina, era terrible. Había dolor y nostalgia, fue como un golpe al centro del pecho, porque esa misma mirada él la conocía más que bien, se había cansado de verla antes... en los ojos de Levi.
Prefirió quedarse en silencio. La expresión de Eren lo había afectado. Lo sabía bien, había muchas cosas inconclusas entre ellos que deberían ser cerradas apropiadamente. Levi no era el único que había estado sufriendo por lo visto. Se lamentó no haberle insistido un poco más para conocer la historia en mayor profundidad. Aunque ante todo él respetaba a su pareja, nunca lo había presionado, porque cada vez que salía el tema de la paternidad de Evan el dolor reflotaba y Levi evadía hablar al respecto. Se sintió inquieto, aunque no tenía porqué estarlo pero algo se removía dentro de él y se sacudía con preocupación. Pero Levi estaba con él ahora, aunque doliera era una historia que tenía casi una década de distancia. Solo tenía que ser razonable y actuar civilizadamente, tal como se había comportado hasta el momento.
Evan trajo dos conchas blancas y la más grande y reluciente se la regaló a Eren, la otra fue para Farlan.
—Es para que te lleves un recuerdio de aquí. Mire, profesor, este es el mejor mar del mundo, ¿alguna vez vio uno tan grande?
—Bueno, he viajado un poco, aunque sí, es un grandioso mar, sin dudas.
Evan sonrió con todos sus dientes ante la respuesta y corrió de nuevo para seguir escarbando y buscando más cosas interesantes.
—¿Hace mucho que conoces a Levi y Evan?
—Hace unos dos años más o menos.
No se arriesgó a dar más información de la necesaria, como abogado había aprendido a andarse con cautela, no que Eren fuera un enemigo, pero tampoco lo conocía tanto, prefería evaluar qué decir o no con Levi.
—Evan mencionó que tienes otro hijo.
—Sí, Ciro. Anoche hablé con él.
Eren sacó su celular y le mostró las fotos del niño. Un precioso varoncito de rizos rubios y ojos verdes como su padre, era evidente que tenía más rasgos de su madre omega o padre omega. Hablaron sobre la ciudad, negocios, incluso de política. No había ánimos de ninguna de las dos partes de confrontar o entrar en conflicto, todo lo contrario. Farlan se sorprendió de lo educado, bien instruido y amable que era Eren. Encima de guapo tenía muchísimas cualidades positivas. "Ya, corazón, cálmate un poco, todo estará bien", se dijo a sí mismo mientras le sonreía de vuelta al otro.
Levi le escribió cerca del almuerzo, ya se estaba desocupando. Quedaron en encontrarse en un restaurante cerca de la plaza central. Allí se especializaban en mariscos y luego de indagar con Eren si eran de su agrado, decidieron ir allí. Quería agasajar al invitado, que se sintiera a gusto y pudiera disfrutar de su tiempo con su hijo. Era probable que tuvieran que frecuentarse en el futuro y prefería comenzar entablando una relación cordial, además no tenía motivos para que fuera de otra manera.
Eren era atento y suave con Evan, le dio alegría ver al niño tan feliz, parlanchín, vibrante, como un rayito de electricidad moviéndose por todas partes y queriendo impresionar al adulto. Era una postal tierna y conmovedora.
A la hora acordada levantaron todo y volvieron a la camioneta. Farlan condujo hasta el restaurante "Las Dos Focas" y estacionó. Cuando ingresaron al local Levi ya los esperaba en una mesa para cuatro. Todos se saludaron con formalidad y Evan se le prendió del cuello en un fuerte abrazo para luego contarle aventura tras aventura de lo que habían echo en la costa, mientras Levi lo escuchaba atentamente.
—Tienes tarea pendiente, entiendo que estés contento y todo, pero cuando lleguemos a casa debes ponerte con eso —Le recordó su padre con voz tranquila.
—Sí, sí, el profesor Yogurt me va a ayudar.
—Es Jaeger —Le corrigió Levi—. ¿Pasaron una linda mañana?
—Sí, sobre todo Evan.
—La verdad esta ciudad tiene una costa maravillosa —Apreció Eren mientras miraba la carta.
—¿En Paradis tienen mar? —preguntó Evan.
Farlan notó que Levi se refregaba las manos debajo de la mesa, era notable que estaba un poco nervioso, tuvo el impulso de tomarle una mano y entrelazar sus dedos, como hacía normalmente cuando notaba que el omega estaba tenso, pero no lo creyó adecuado. No quería que Eren pensara que él estaba "marcando territorio" o algo como eso, porque no era su intención, solo quería confortar a Levi pero sería mejor esperar.
—No, pero tenemos un enorme lago que es muy bonito, allí se puede pescar, cuando vayas te llevaré ahí.
Una moza se acercó para tomar los pedidos y luego se retiró.
—Quiero ir a Paradis contigo —dijo Evan y Levi lo miró preocupado.
—Bueno, eventualmente lo harás. Ya te dijo tu papá que una vez que terminen las clases, no falta mucho.
—Falta un montón, oye, podría ir ahora contigo, unos días, ¿si?
—No —La respuesta tajante de Levi hizo que todos focalizaran su mirada en él—. Iremos cuando termines las clases y no se discutirá al respecto.
—Luego quiero que hablemos respecto a eso —Aprovechó Eren para tomar la palabra, Levi apretó sus dedos debajo de la mesa y asintió.
Farlan salió al rescate para distender el ambiente de nuevo.
—¿Sabes, Eren? Mañana por la noche hay un festival en el puerto, lo hacen cada tres o cuatro meses, es una especie de feria donde todos los artesanos locales salen a exhibir sus trabajos, también hay muchos puestos de comida y en general es muy divertido, a Evan le encanta ir, al final del evento hacen un desfile de máscaras y mascotas disfrazadas con sus dueños, es algo en verdad divertido, te invitamos a participar si quieres.
—Suena un buen plan, claro, me encantaría.
—Mishi participó la última vez. Papá, muéstrale las fotos al profesor.
Levi sacó su móvil y buscó en la galería para luego darle el aparato a Eren. El hombre sonrió al ver un gato grande, de pelaje lustroso atigrado y ojos color miel enfundado en un trajecito de rey o algo así, incluso tenía una pequeña corona sobre la cabeza. Evan estaba detrás sonriendo a más no poder, también llevaba una capa puesta y otra corona similar.
—¡Ese soy yo! —dijo el niño con entusiasmo.
—Ya veo, los dos están muy a tono.
—Mi papá le hizo el traje a Mishi.
Eren corrió a la segunda foto donde el gato parecía querer bajar del banco donde estaba y Evan lo quería retener, la siguiente era de Evan con la cara embarrada de helado de chocolate en esa misma feria y la siguiente... Eren cerró la galería y le devolvió el celular a Levi.
Comieron en abundancia y Farlan fue el que decidió llevar las riendas en cuanto a conversación, Evan también participaba y en general fue un encuentro ameno. Luego Levi se retiró porque tenía que ir a revisar el trabajo de las verdulerías, mientras que Farlan llevó a Eren y Evan a la casa. Luego los dejó porque tenía algunos pendientes y prometió volver a la noche para que hicieran las compras para la cena.
Evan estaba fulminado, luego de correr, gritar y andar de un lado a otro, hacía frío y el calorcito de la casa hizo que le diera sueño. Se durmió en el sofá al lado de su papá alpha, quien buscó una manta en su dormitorio y lo tapó. Aprovechó para ir la baño y luego fue a la cocina, abrió un pequeño ventiluz allí y prendió un cigarro. Se quedó pensando en esa foto que había visto sin querer. Una foto de Levi y Farlan, el alpha abrazándolo desde atrás mientras besaba su mejilla y el omega sonriendo levemente, con esa expresión que le quedaba tan bien, que él había provocado tantas veces en el pasado.
Había olvidado que Levi podía hacer una mueca así de genuina, atractiva, fascinante. Había sepultado todos esos dulces recuerdos, los había enclaustrado, pero no los podía eliminar, aunque intentó deshacerse de ellos ahí estaban. Sus emociones eran un lío. No se explicaba cómo era posible que estuviera sintiendo lo que sentía, porque ya habían pasado como nueve años, casi diez, para él era un asunto terminado. Él era un alpha, los alphas no se dejaban dominar por los sentimientos, lo había aprendido de su padre, aunque tal vez lo habían consentido demasiado y el creía que podía ser como su padre también. Firme, seguro, a veces distante y frío, evidentemente no.
No tenía porqué dolerle la situación actual. Seguramente era por toda la revolución que significaba descubrir que tenía un hijo, que se había perdido ocho años de su vida, sí, eso era difícil de procesar. Ya cuando volviera a Paradis volvería a retomar la terapia psicológica que había empezado después de su divorcio. Sin embargo ahí estaba esa sensación de desolación, de pérdida, ese vacío que se suponía estaba superado. Allí en esa casa todo estaba impregnado por las feromonas de Levi, todo parecía ahogarlo y agobiarlo. Él no tenía ni una mísera foto del ía borrado todo, las había eliminado con toda la bronca que vivía en ese momento. Ahora estaba un poco arrepentido.
Terminó su cigarro y volvió al comedor, había una especie de modular con copas y unos estantes con algunas cosas y retratos. Se acercó en silencio y los observó. En la mayoría estaba Evan recibiendo premios, con el uniforme de la escuela izando la bandera, en su clase de natación junto a sus compañeros y en una estaba con Levi, ambos abrazados y sonriendo. Sintió sus ojos llenándose de lágrimas y tomó el retrato entre sus dedos, sacó su móvil y le sacó una foto. ¿Por qué se sentía tan miserable? Tenía muchas dudas y esperaba poder encontrar un tiempo a solas con el omega para conversar al respecto, necesitaba explicaciones coherentes.
Recordó esa noche que Levi fue a buscarlo, estaba algo desabrigado y temblaba. No, probablemente estaba temblando de los nervios y de la forma agresiva cómo se dirigió a él, ¿pero qué esperaba? Estaba furioso, Levi se había ido sin mirar atrás, sin dejarle ningún indicio de nada, lo abandonó cruelmente, sin darle espacio a réplicas, sin siquiera una puta carta, un mensaje.
Pero...
¿Qué hubiera sucedido si lo hubiera escuchado? Si no se hubiera dejado llevar por su enojo. El chasquido del vidrio del retrato lo trajo de regreso, lo había quebrado al apretarlo tan fuerte.
—Joder.
Lo volvió a dejar en su sitio, mañana compraría uno nuevo para reponerlo. Al acomodarlo sobre la repisa se vio reflejado en el vidrio roto, se tocó el rostro, estaba llorando y no podía evitarlo. ¿Qué diablos pasaba con él? Fue a la cocina a buscar algunas servilletas y se secó la cara. Sentía una angustia creciente en su pecho, como un globo aerostático que se infla y va llenando y cubriendo cada rincón, necesitaba detener eso, Evan podía despertarse en cualquier momento y no quería que se asustara o tener que responder preguntas para las que no tenía respuestas. Apoyó la espalda en la pared de la cocina y se fue deslizando hasta que su trasero tocó el suelo. Parecía como si una bomba nuclear le hubiera caído encima, se estaba consumiendo en un desconsuelo gigantesco que como un demonio lo devoraba pedazo a pedazo. Se cubrió el rostro con las servilletas y apretó los labios para evitar que su llanto despertara a su hijo y dejó que brotara algo de lo que se venía aguantando.
Era como volver a esos desolados y afligidos días donde era difícil despertarse e intentar seguir viviendo. Estuvo un buen rato lagrimeando, hasta que al fin pudo recuperarse. Se lavó el rostro y las manos, desechó las servilletas y volvió con su hijo al sofá. Acomodó delicadamente la cabeza del niño en su regazo y suspiró largo y tendido. Susurró muy suave para no despertarlo.
—Lo siento, no tienes la culpa, te hemos hecho mucho daño. Prometo compensarte todo lo que pueda.
Luego de un rato se quedó dormido también. Las cargas emocionales tan intensas agotan a cualquiera. Cuando se despertó escuchó voces en la cocina. Él estaba cubierto con la manta que le había puesto a Evan y el niño ya no estaba a su lado.
Se estiró y miró la hora, era momento de un té. Se levantó fue al baño y luego se unió al movimiento en la cocina. Levi tenía puesto un delantal gris y Evan tenía uno exactamente igual pero en su tamaño y ambos estaban cocinando, ¿pero no era un poco temprano para la cena?
—¡Profesor Yugurt! —dijo Evan divertido mientras iba a recibirlo—. Sea usted bienvenido a la gran cocina de Olimpia. Mi papá, el gran chef Levi nos delita, dilat-, bueno que nos hará unas galletas que se va a chupar los dedos. Siéntese aquí, aquí —pidió mientras lo llevaba de la mano hasta los dos banquitos que estaban en un costado.
—No creo que al profesor le gusten tanto, no es fan de la avena, por eso te dije que deberíamos hacer estas otras —dijo Levi mientras sacaba un poco de masa que había reservado en otro bols.
—No puede ser, a todos les gusta la avena, ¿no come avena, profesor?
—La como, pero si puedo evitarla lo hago.
—La avena es buena para la salud, si usted tiene loterostol alto-
—Colesterol —Lo corrigió Levi mientras amasaba el resto de la tarta y sacaba unas pastillas de chocolate para colocarle.
—Eso, ¿usted tiene eso?
—No, no que yo sepa.
—Porque la avena ayuda para que eso no lo mate, me lo dijo el doctor, ¿cierto, papá?
—Sí.
—Así que no sea caprichoso y cómase un par de galletitas, además van a salir riiiiiquísimas,¿sabe por qué?
Eren sonrió y negó con la cabeza.
—Ah, no sabe entonces, yo le voy a decir, van a salir riquísimas porque mi papá y yo usamos una fórmula secreta.
—Ingrediente.
—Eso, un ingridiente mágico, mistrioso y muy, muy, eh... genial —Puso las manos en jarras y tanto Levi como Eren tuvieron que reírse, Evan tenía harina sobre la punta de la nariz y un poco en el pelo—. ¿Sabe cuál ingridiente es?
—In-gre-dien-te.
—Si, ya sé. Bueno,¿sabe o no?
—No, no lo sé, ¿será la avena?
—Nooooo, eso no es —Evan se rió fuerte y luego miró a su padre alpha con seriedad—. Piense, usted es inteligente, ¿qué ingrediente secreto se usa para que cualquier comida sea la más rica del universo? ¿Eh, eh? Mi papá no le va a decir usted tiene que adivinar.
Eren intentó pensar pero nada le venía a la cabeza, Evan lo miró con decepción.
—Y bueno, si no sabe, no sabe. No se puede saber todo, el ingrediente secreto es amor, ¿entiende? A-MOR. Porque cuando uno le pone amor a las cosas salen mejor, eso me lo enseñó mi papá. Es una buena frase, ¿cierto? Así que espere, va a probar las galletas de avena más ricas del mundo.
Volvió junto al adulto que solo rodó los ojos mientras sacaba los cortantes para las galletas sin avena.
—Venga profesor, usted también puede cortar galletas, ¿cierto, papá?
—Claro, solo que se lave las manos.
Le dieron un delantal azul que le quedaba algo chico, Evan estaba loco de contento.
—Yo haré las de árbol —dijo tomando un cortante en forma de pino.
—Bueno, supongo que yo haré las de mariposas —dijo Levi.
—Uh, le quedaron las de corazón, profesor —Y luego se rió como desquiciado contagiando a los adultos.
Levi puso las chispas de chocolate una vez que aplanó la masa y cuando se giró y regresó faltaban varias del lado donde estaban Eren y Evan, miró a su hijo acusadoramente y el niño señaló al adulto.
—Traidor —dijo Eren por lo bajo—, además tú también sacaste.
—Ya, tengo dos ladrones en la cocina, ¡Dios me libre!
Se giró para buscar la lata con las chispas y cuando regresó faltaban aún más.
—Fue él —delató Eren señalando a Evan.
—¡Profesor!
—Bueno, ya basta, dejen de comerse los chocolates —Los amenazo mientras agarraba una cuchara de madera y los señalaba.
En pocos minutos cortaron sus galletas entre juegos y risas.
—Bueno, papá Levi hizo ocho mariposas y yo hice ocho árboles, pero usted profesor solo hizo seis corazones, estuvo flojo.
Los adultos rieron mientras Levi acomodaba las galletas en la bandeja, el horno ya estaba prendido y sacó la primera con las galletas de avena ya cocidas. Eren tomó su cortante y le sacó tres corazones a dos pinos y a una mariposa y los acomodó a un costado.
—Listo, ya tengo ocho como ustedes.
—¡Oiga! Eso no se vale, papá, el profesor Yugurt le hizo dos agujeros a mis pinos y uno a tu mariposa, mira, mira.
—Bueno, solo digamos que ahora tienes dos árboles con corazones y ya —Arregló el adulto.
—Hizo trampa, pero quedaron lindos los árboles con los corazones.
Evan y Eren se lavaron las manos y se fueron a hacer dibujos a la habitación del niño mientras Levi se encargaba de hornear las galletas.
—No las quemes, papá.
—¿Cuándo he quemado galletas antes?
—Mi papá es genial ¿no? Nunca se le queman.
Cerca de la hora de la cena cayó Farlan, trajo unos filetes para todos y Levi se encargó de hacer un par de ensaladas. Las galletas quedaron como postre mientras los adultos tomaban café y hablaban sobre el país, la economía del puerto y temas relacionados a eso. Evan trajo cartas para jugar pero Eren tuvo que ayudarlo porque se le caían de las manos, así y todo les ganaron a los otros dos. Luego Evan se dió un baño, fue a la habitación con Eren quien le leyó un cuento, hablaron un largo rato y finalmente Evan cayó dormido.
Para cuando volvió al comedor era bastante tarde. Levi estaba terminando de barrer y no había rastros de Farlan. No sabía si ya se habría ido a dormir a la habitación de Levi o se había ido a su casa, prefirió no preguntar.
—¿Tienes... tienes unos minutos? —Le preguntó Levi y asintió.
Se sentaron en los sofás una vez que Levi terminó con la escoba y estuvieron en silencio unos minutos, esquivándose las miradas y sin saber quién podía empezar. Levi sabía que tenía que hablar, no podía seguir evadiendo la situación, además Eren parecía más sosegado, con seguridad no iban a terminar a los gritos. Apretó el borde de su buzo y se armó de valor para abrir la conversación.
—Supongo que es momento de contarte, bueno, lo que sucedió en aquel entonces —dijo Levi con voz bajita, se notaba que estaba nervioso e incómodo.
Eren no se sentía mejor. Había viajado para conseguir los fragmentos que le faltaban a su historia. Sin embargo estaba especialmente sensible ese día, y a medida que Levi hablaba sentía que sus sentimientos volvían a reflotar llevándolo a una encrucijada de dolor y pesar. Apenas podía escuchar lo que el omega le estaba diciendo, sentía que cada palabra lo empujaba a explotar en un mar de desconsuelo y solo como estaba en ese lugar no sabía si sería capaz de disimularlo o de controlarse, no quería que lo viera desmoronarse como un castillo de cartas que es soplado.
Se acomodó mejor en el asiento y carraspeó tratando de controlar lo que sentía, pero lo cierto es que no podía, no podía.
—No espero que puedas entenderme, pero al menos quiero que sepas los motivos. Cuando volví a buscarte esa vez... era para hablar sobre Evan, yo lo había llevado conmigo porque era apenas un bebé, pero lo dejé con Petra, esa tarde fuí a-
—Espera, espera un minuto —Lo detuvo con voz tranquila, inspiró y Levi lo observó con atención—. Yo necesito escucharte, necesito que me cuentes lo que sucedió en Paradis, porqué te fuiste así, pero justo en este preciso momento no... —Sintió un remolino de tristeza que le subió hasta el puente de la nariz y tuvo que callarse uno segundos para poder tragar y dominarse—. No puedo escucharte ahora, no estoy preparado. Solo te pido que cuando vayan con Evan a Paradis en las vacaciones, me des un momento para conversar a solas, entonces yo prometo que no voy a interrumpirte, prometo que no voy a gritar, no voy a enojarme, ni siquiera voy a reclamarte por nada, solo escucharé y aceptaré lo que tengas para decirme, probablemente haga una que otra pregunta, pero te garantizo que no habrá faltas de respeto ni... Creo que entiendes lo que quiero decir. Haré todo lo posible para que ambos se sientan a gusto mientras estén allá, entonces vamos a conversar sobre cómo haremos con Evan y todos esos detalles que tenemos que arreglar, porque yo... —Tenía que hacer breves pausas para no largarse a llorar, no quería mostrarse tan destruido—. Quiero ser parte de la vida de mi hijo, quiero formar lazos, quiero hacerme cargo de los gastos de su educación o de cualquier cosa que necesite, nunca más quiero volver a alejarme de él.
Se puso de pie y Levi hizo lo mismo, las emociones del alpha se podían percibir en el ambiente y sus tripas se retorcieron respondiendo a esa congoja contaminante. Eren inspiró y se dirigió a la puerta.
—Ahora, iré a descansar. Si te parece bien mañana subiré para cuidar a Evan, solo dime a qué horas irás al mercado y-
—Hoy compré lo suficiente para mañana, así que no iré al mercado. Los domingos dejo que pueda dormir un poco más, creo que a las nueve y media o diez estará bien.
—De acuerdo. Buenas noches, Levi.
—Sí, buenas noches... Eren.
Se quedó mirando la puerta un largo rato antes de reaccionar. Estaba triste y sabía que Eren también, a pesar de que habían pasado diez años el hombre no había cambiado gran cosa, estaba un poco más sosegado, pero era tan transparente como un vaso con agua. Cuando estaban juntos en un par de ocasiones cuando se sentía atribulado buscaba abrazarlo de la cintura y hundir su cabeza en su regazo mientras él peinaba las hebras de su revoltoso cabello hasta que se calmaba. Ya no era su trabajo, tal vez Eren tenía a alguien en Paradis que podía confortarlo como él no había podido.
Sacudió la cabeza y fue a acostarse. Notó que tenía un mensaje sin leer, era Farlan que le deseaba las buenas noches. El rubio siempre tenía detalles con él, detalles que le hacían sentir apreciado, querido, valorado, que aún lejos pensaba en él. Le respondió y se colocó el pijama para ir a dormir. Abrió la mesa de luz para sacar el frasco de calmantes, ya que le dolía bastante. Entonces lo vio allí en un rincón, brillando casi con timidez. Sacó la argolla de plata y la sostuvo entre sus dedos. Farlan había visto ese anillo cuando él lo usaba aún y le había preguntado porqué lo conservaba, no tenía una respuesta para eso. Tal vez porque era todo lo que le había quedado de Paradis, eso y un par de fotos.
Había estado tan nervioso ese día, creía que Eren le diría que no, que era demasiado pronto. Se suponía que los anillos solo serían una promesa de un futuro mejor, y luego frente al hombre que amaba tanto las palabras simplemente le surgieron. Cosas de gente enamorada, preguntarle con tanto fervor si quería casarse con él, ahora le parecía hasta cómico, y sin embargo Eren le respondió sin titubeos. Junto con le nacimiento de su hijo fue uno de los momentos más hermosos de su vida. Claro que luego se daría cuenta que no podían casarse en esos días, que debería esperar a que Eren regresara. No tenía tanto tiempo. La promesa nunca se cumpliría, lo supo el día que fue a la terminal a despedirlo.
Cuando llegó a Puerto Olimpia no tenía nada, excepto el dinero de la venta de la propiedad de su madre, unos pocos ahorros y lo que Grisha le había dado. Con eso compró lo necesario para poder armar un pequeño hogar y dejó una parte en una cuenta para el futuro de su hijo. Eventualmente conoció a la señora Mercedes y pudo mudarse a esa casita, aunque era como un departamento en realidad. Perdió la cuenta de las noches que se despertó sobresaltado por el ruido de los barcos, las olas, la oscuridad de ese lugar nuevo y la soledad. Se sentaba en la cama y acariciaba su barriga que crecía sin parar. Después que nació Evan decidió abrir su primera verdulería, no conocía otra cosa, no tenía estudios, no tenía a quien recurrir, pero al sostener a su hijo en sus brazos nacían fuerzas de donde no creía que lo impulsaban a seguir luchando.
Dentro de todo había tenido suerte, aunque los primeros tiempos fueron duros. Levantarse de noche para ir a buscar la verdura en un carrito que tiraba con una bicicleta mientras llevaba a su bebé atado con un pañuelo contra su pecho. Pero era capaz de todo por Evan.
Dejó en anillo en la mesa de luz, tomó el calmante y se acostó al fin. Eren le dijo que no estaba listo, fue un alivio, tal vez él tampoco estaba listo para contarle toda la verdad. Cuando viajaran a Paradis podría hacerlo, estaba seguro de eso. Al menos sabía que iba a escucharlo y que no quería pelear más, el tampoco.
Eren partió al siguiente lunes, la convivencia entre los tres y a veces los cuatro fue muy armoniosa. Eren jugó mucho con Evan, conversaron a más no poder y prometieron encontrarse en las vacaciones, aunque seguirían en contacto por chat, videollamadas y mensajes. El niño tomó una foto de ellos dos en la terminal para poner en la pantalla de su celular y lagrimeó un poco al verlo partir. Si por él fuera se hubiera ido con Eren en ese mismo momento.
Levi estaba inquieto, sabía que una posibilidad había de que Evan quisiera quedarse con su padre y no podía oponerse a ello, pero de solo pensar en volver a Paradis, de solo imaginarse que Grisha podría poner sus manos sobre su hijo se sentía descompuesto. Tenía un mes para prepararse para el funesto encuentro, esta vez no dejaría que el detestable alpha se aprovechara de su ingenuidad o falta de experiencia. Defendería a su hijo con uñas y dientes, costara lo que costara, tal como hizo la primera vez.
Eren regresó, no le había contado a sus padres adonde había ido, la única que sabía era Mikasa, en quien confiaba como si fuera una hermana de sangre. Retomó las clases en la universidad, todos se estaban preparando para rendir los exámenes finales y eso lo tenía bastante ocupado. Sin embargo aceptó un almuerzo con sus progenitores al siguiente domingo.
—Te hemos extrañado, cariño —dijo su madre tomando su mano más cercana en la mesa mientras terminaban sus copas heladas.
—La verdad hace mucho no venía a almorzar, también los extrañé.
—¿Por qué no me trajiste a mi tesorito? —dijo su madre haciendo referencia a Ciro.
—Bueno, la verdad no lo traje porque necesitaba hablar con ustedes. Hay una noticia que debo comunicarles y quería estar a solas —Informó mientras los miraba serio.
—Bueno, ya dilo, hijo —ofreció Grisha mientas encendía un cigarro.
—No sé por donde empezar... ¿Recuerdan a Levi?
—¿Levi? —dijo su padre y realmente no recordaba ese nombre para nada, sin embargo Carla lo supo de inmediato y su semblante cambió drásticamente.
—¿El verdulero?
—Sí, él. Ya sabes, papá, el chico que trabaja en el supermercado de Petra, el que vino a chantajearte cuando yo me fui a estudiar.
—Oh, ése. Si bueno, lo recuerdo remotamente, no es un recuerdo agradable en verdad, así que los malos recuerdos no los tengo tan en cuenta.
—Ya veo, bueno, yo también había echo lo mismo, quiero decir, tratar de olvidarlo. ¿Pero adivinen qué? El mes pasado se apareció un niño en mi trabajo, una mañana en la facultad —Eren sacó su móvil y se lo pasó a su madre para que viera una foto.
—¿Un niño? —preguntó su padre mientras sacaba sus anteojos del bolsillo de su camisa y se acercaba a Carla para mirar la foto. La mujer se puso pálida, su barbilla tembló y luego miró a su hijo preocupada—. No entiendo, ¿quién es éste?
—Se llama Evan Ackerman, tiene ocho años, y es mi hijo.
.
By Luna de Acero.-
