Tom miró cada uno de los movimientos de su amigo antes de dirigirse a la cama donde se encontraba su baúl y sacar su pijama, la cual no era nada extravagante ni costosa, no era más que uno de sus cambios que le daban en el orfanato, pero, antes de que fuera a ponérselo, algo fue lanzado a su cara con algo de rudeza.
El ojiazul notó que fue cuando su compañero rubio se dirigió a la segunda puerta del lugar, el baño, suponía.
—Ponte eso —habló Henry, poniéndose otro pijama -éste de color gris- que había sacado de su baúl—, lo que se valora en Slytherin es el estatus, lo que suele definir el dinero, si Malfoy te ve con algo como eso no dudes que tu estancia aquí será complicada.
Tom se quedó callado ante eso, pensando qué decir y, de paso, ponerse su nueva pijama que, como todas las ropas del menor, le quedaban a la medida.
—Así que... eres un mago —decidió intentar una vez que terminó de vestirse—. ¿Por qué no me dijiste?
—Me hubieras tomado como loco.
—Claro que no...
Henry lo miró y luego desvió su mirada al suelo, volviendo a ser el chico que él conocía.
—Quería saber cuánto confiabas en mí —respondió en un susurro bajo, demostrando lo lastimado que se encontraba en ese momento—... y vaya que me dolió lo que descubrí.
—Henry —llamó el mayor acercándose al nombrado y tocar su hombro con su mano—, yo sí confío en ti...
—¿Y por qué no me dijiste?
—Me hubieras tomado como loco —repitió con un toque de burla lo que dijo el menor, quien levantó su mirada con un puchero en sus labios.
—Yo te hubiera creído cualquier cosa, Tom.
El pelinegro simplemente suspiró y rodeó con sus brazos el pequeño cuerpo frente a él.
—No volverá a pasar —susurró apretando con cariño al menor—. Nunca te dejaría.
—Lo ibas a hacer.
—Y tú lo ibas a aceptar.
Verde y azul chocaron después de esa frase, Tom se arrepintió de haberla pronunciado al encontrarse con un ligero y pequeño puchero, eso bastó para que el mayor soltara el aire que había tomado mientras cerraba sus ojos con pesadez.
»Nunca te dejaré, Henry —susurró con sinceridad.
—¿Lo prometes?
—Lo juro.
El azabache levantó su meñique y estiró su brazo. Tom rió ante eso, juntando su meñique con el contrario.
—Pensé que ya no íbamos a vernos —balbuceó el menor bajando su mano y enterrando su nariz en el cuello de su amigo, recibiendo acaricias en el cabello.
—No dejaré que nada nos separé —siseó apretando más a Henry, quien empezaba a dar pequeño temblores mientras se aferraba a su mejor amigo—. Estaremos siempre juntos.
—Juntos —repitió el ojiverde sonriendo, recargando su frente en el hombro de Tom, dejando que sus lágrimas bajarán mientras una sonrisa surcaba su rostro, ¿por qué era tan débil cuando se trataba de Tom? Un supuesto nacido de muggles, aunque eso era imposible, si fuera así no hubiera quedado en Slytherin—... Tom.
—¿Hmm? —preguntó mientras hacía círculos en la espalda contraria con su pulgar, distraído con el suave, pero hogareño olor que desprendía su pequeño protegido.
—Te quiero.
Tom se separó ante eso, parpadeando sin saber qué palabras decir con exactitud, antes de sonreír y dejar un beso en la frente del menor, quien recibió gustoso el gesto, entendiendo lo que significaba. Adorando el simple hecho de que Tom haya sonreído por algo que había dicho... Sonreído por él.
—Mañana tenemos clases, —Tom terminó con el tranquilo y cariñoso momento cuando escuchó que su compañero empezaba a hacer ruido dentro del baño. Guardando sus cosas, suponía— debemos dormir.
—¿Puedo dormir contigo hoy?
—Puedes dormir conmigo cuando quieras —respondió agarrando su mano y jalándolo hacia su cama—. Lo mío es tuyo.
Esas simples palabras significaron mucho para Henry, tal vez Tom no le haya dicho algo sobre su familia o del lugar donde vive, pero algo sí sabía: Tom no tenía grandes recursos. Lo había notado con facilidad y, con lo orgulloso que era el mayor, nunca había tocado el tema, sin mencionar que notaba el celo con el que guardaba y cuidaba sus cosas, que dijera eso significaba más que mil 'te quiero'.
Sonrió mientras negaba mentalmente.
Tom siempre había sido el acertijo que él descubriría y, de paso, comprendería.
El mayor siseó al ver a varios alumnos patateando por el lugar, joder, ¡los pasillos eran demasiados grandes como para que se pararan justamente en el centro! ¿Qué no sabían que había gente que sí quería asistir a sus clases?
—Riddle —el siseo los hizo detenerse. Henry fue el primero en voltear, matando de hipotermia al joven que se había atrevido a decir ese hermoso apellido con displicencia—. Ah, hola, Henry.
Tom miró a su acompañante para luego mirar con neutralidad al prefecto de Slytherin, quien, después de mirar al menor, le lanzó una mirada llena de veneno.
—¿Se te ofrece algo? —preguntó con toda la cortesía que su odio le permitía.
El joven simple volvió a mirar a Henry antes de seguir su paso.
—Buenos días.
Después de eso, Tom miró a su amigo curioso. No era la primera vez que algo así pasaba, la mayoría de las disputas que tenía habían sido detenidas rápidamente por la presencia de Henry. Frunció el ceño.
—¿Ya me vas a explicar? —cuestionó mientras seguía su paso hacia su siguiente clase.
—¿Necesita que le explique algo, mi gran y honorable Lord? —se burló Henry sonriendo de lado.
Esa palabra se había hecho normal entre ellos dos, Henry solía burlarse mucho que parecía un pequeño Lord mandón y a Tom no le molestaba que el ojiverde le dijera eso. Esas palabras significaban dos cosas: respeto y, de alguna forma algo enfermiza que ni Tom sabía que podía sentir, posesión. Él era el Lord imaginario de su pequeño y nadie más, y adoraba ese simple hecho.
—¿Por qué todo parece apaciguarse cuando estás tú?
—Porque todos me aman, Ridls, no lo olvides.
Tom simplemente puso los ojos en blanco y, quitándole los libros que Henry cargaba para ayudarlo de alguna forma, siguió su camino con total elegancia que hizo sonreír al menor.
Puede que Tom Riddle no sea un sangre limpia, pero tenía más estilo que todos juntos.
—No vayas tan rápido —se quejó Henry una vez que su compañero y amigo estaba a más de dos metros de distancia.
—¿Por qué debería detenerme?
—Porque no te alcanzo, duh.
Tom rodó los ojos.
—Crece más rápido.
—¡Hey! —Henry soltó un chillido indignado— ¡En algún momento creceré!
—Espero que sea más pronto que tarde, a esta altura serás el más bajo de toda la generación —se burló causando el tierno y dulce puchero que tanto adoraba ver en los labios ajenos.
—No estoy tan pequeño —susurró casi en un balbuceo decaído—... sólo que ustedes tienen sangre de trol en sus venas.
—O tú tienes sangre de duende en las tuyas.
Cuando Henry iba a replicar, la suave y graciosa voz del profesor de Runas Antiguas interrumpió su discusión.
—¿Qué hay de malo ser pequeño? —se quejó en tono burlón. Tom se mordió la lengua ante eso— Ser pequeño ayuda a ver las cosas desde otra perspectiva, así que, señor Riddle, le recomiendo que deje la estatura a un lado y empiece a preocuparse por llegar temprano a sus clases.
—Pero acaban de dar el timbre...
—¡A sus clases!
Tom y Henry apuraron su paso para alejarse del ofendido maestro, quien parecía ser un niño en vez de un maestro, no ayudaba mucho el ser el maestro más joven de la escuela.
—¿Sí ves las cosas desde otra perspectiva? —cuestionó Tom recordando lo dicho por su maestro.
—Yo diría que "de otro ángulo" pareciera la mejor manera de decirlo —se burló mientras soltaba una pequeña risa después de ver la sonrisa que Tom le dedicaba.
Ambos llegaron rápido a su última clase del día, pociones. Una de las favoritas de Tom y Henry, más cuando el profesor pedía que hicieran parejas, cosa que siempre resultaba con un gran movedero de sillas, calderos y útiles, más cuando el número de alumnos era impar por cada casa y uno debía quedarse con un Hufflepuff.
Pero, para su desgracia, sus compañeros vieron la manera de molestarlo.
—Hagan binas —indicó el maestro anotando la poción que iban a realizar en el pizarrón—, el primero equipo que la haga bien se ganará diez puntos por cada uno.
Tras eso, el gran movimiento se hizo en el salón, pero algo no iba como las últimas tres semanas. Cuando volteó hacia su izquierda, lugar donde Henry se solía poner, una mano se coló de entre los dos y jaló a su niño lejos de él.
—Veo que el señor Riddle y el señor Boot estarán juntos. —La voz del profesor interrumpió la batalla que iba a detonar dentro de su salón— No se tarden, el tiempo corre.
Tom miró a su compañero de casa, Sallo Villin, quien solamente sonrió en victoria antes de estremecerse por la mirada y sonrisa torcida que el contrario le mandaba. Henry sonrió ante eso, Tom ya estaba aprendiendo a ser más atemorizante de lo que antes era, y eso le enorgullecía de sobremanera.
El Hufflepuff se acercó con tranquilidad a Tom y se colocó entre él y Henry, ganándose una mirada de molestia por parte del mayor, la cual simplemente fue ignorada por el castaño.
La molestia se fue de su cuerpo conforme iban trabajando, el joven no era tan patoso como sus otros compañeros, quienes siempre habían hecho un desastre en clases cuando les tocaba con un Slytherin. Parecían un gran equipo, no como lo eran Henry y él, pero sí se coordinaban de manera excepcional.
Al terminar la clase, Tom y el chico Hufflepuff -Boot, se recordó- habían ganado los puntos para sus casas y Henry mataba con la mirada a Sallo, quien se había encargado de meter todos los ingredientes al caldero sin algún orden en específico cuando notó que faltaban cinco minutos para terminar.
Henry y Tom salieron del salón justo a la par que el castaño de Hufflepuff. Algo que le enojaba al mayor ya que, por alguna extraña razón, el ojiverde no separaba sus ojos de él, ¿y si Henry decidía irse con el Hufflepuff y dejarlo solo? Ya habían pasado algunos años juntos, sería raro que se separaran así porque sí... ¿no?
—Webster —nombró Henry unos segundos después, cuando ya estaban dispuestos a irse a su Sala Común. El Hufflepuff lo miró y sonrió con cariño, asintiendo ante el nombre.
Ésa fue, después de varios días, la primera vez que vio a Henry sonreír con alegría y arrojarse contra el castaño, quien lo recibió con los brazos abiertos mientras le acariciaba su cabello con cariño mientras caían al suelo.
—¡Tom! ¡Tom! —llamó con su típico tono de voz, aquél que demostraba felicidad y ternura. Aquél que sólo le había mostrado a él— ¡Mira! ¡Es Webster!
—Henry, no sé quién es Webster.
—¡Es mi primo! —estalló repartiendo pequeños besos en la mejilla del de corbata amarilla con negro, ganando miradas escandalizadas por parte de sus compañeros de Slytherin y ojos saltones por parte de los Hufflepuff— Bueno, es un primo lejano —aclaró apretándolo con adoración—, hijo del asombroso Chadwick Boot, hijo adoptivo de la abuela de mi abuela...
Tom puso los ojos en blanco, ¿por qué le gustaba hacer trabalenguas ridículas?
»No compartimos sangre y hace... ¿tres años? —el castaño asintió— ¡Hace tres años que no nos vemos! ¡Por Merlín! ¿Qué iba a ser yo sin tu existencia? ¿Recuerdas la vez que fuimos a la cabaña de la tía Riocha y...?
—Henry, empiezas a divagar —cortó Tom en un siseo. No quería a ese Hufflepuff cerca de su niño, pero si era su primo no había mucho riesgo.
—Ah —susurró Henry sonrojándose y ladeando su cabeza para luego pararse y ayudar a su primo, quien era aún más alto que el mismo Tom, a levantarse—. Webster, él es el grandioso Ridls, mi mejor amigo, pero dile Riddle, sólo yo tengo derecho de decirle así —presentó guiñando un ojo a su primo—. Grandioso Ridls, él es el mejor primo del mundo, Webster Boot.
Slytherin y Hufflepuff se miraron fijamente.
—Si le haces algo a mi primo te parto la cara de niño bonito que tienes, ¿entendido? —gruñó Webster con recelo.
Tom sonrió de lado.
—Y yo te parto el trasero en hechizos.
—Me agrada —comentó Webster levantando su mano hacia Tom—. Es un trato.
Henry sólo pudo golpearse la frente cuando Tom selló el acuerdo con un apretón de manos.
