Recordatorio.
No olviden leer título de cada capítulo. Habrán saltos en el tiempo que ahí se especificará con un "pasado" o "presente".
¡Les amo!
Los ojos verdes se abrieron sobresaltados, mirando cada espacio que le rodeaba tratando de ubicarse al ver las cortinas rodeando su cama, cortinas roja... Se levantó en un salto y abrió dicha tela, dejándole ver otras cuatro camas colocadas en la misma habitación.
Hogwarts.
Sí, era claro que se encontraba ahí, pero... Se tensó cuando notó que sólo había sido un sueño, un estupefacto y realista sueño, ¿qué más podría ser? Claro que todo era una clara alucinación de su cerebro, una mala broma, ¿cómo él podría ser amigo de Tom Riddle? ¡Había asesinado a sus padres!
Negó con la cabeza. Todo estaba bien, se encontraba en el lugar más seguro del mundo, ¿no? Suspiró y decidió que era mejor arreglarse para ir al Gran Comedor y desayunar, tal vez así podría despejar con mejores resultados su mente.
Asintiendo con el plan, decidió emprender su camino hacia su baúl y agarrar lo necesario para ir a la ducha. No supo cuánto duró bañándose, pero cuando salió ninguno de sus compañeros habían despertado... o no había durado mucho o se había despertado demasiado temprano.
Salió de la Sala Común con tranquilidad para dirigirse a su siguiente destino mientras veía todo a su alrededor, era tan asombroso, como si viera Hogwarts con otros ojos, porque, joder, estaba seguro que la armadura cerca del Gran Comedor se había encontrado en el cuarto piso al lado del aula de rituales hace algunos años atrás.
Negó con la cabeza, ¿cómo habría de saber eso? Por alguna razón sabía que tenía algo que ver con los sueños, pero, exactamente, los sueños seguían siendo sueños.
Se sentó en la mesa de Gryffindor y miró todo el Gran Salón. Esa parte de Hogwarts seguía siendo igual que cuando le habían seleccionado en Sly... cuando Henry había sido seleccionado en Slytherin. Las velas, las mesas, las bancas; hasta podía apostar que los cubiertos seguían siendo los mismos.
Unos ligeros siseos habían entrado hasta colocarse en la mesa de Slytherin, por alguna rara razón eso había llamado su atención, desde los pequeños siseos, la cabellera plateada y el verde en las corbatas, había puesto su mirada rápidamente a la mesa más alejada de Gryffindor, notando a un grupito de serpientes sentándose en ésta mientras seguían su amena charla sobre Merlín-sepa-qué.
No fue hasta que el rubio platinado había decidido levantar la mirada y encararlo, frunciendo el ceño y lanzándole una mirada venenosa, cosa que no lo enojó. Se quedó mirando las diferencias que poseía esa persona con el Malfoy de su sueño, la cual era casi nula, sólo por la diferencia de pómulos -los cuales eran más como el de los Black- supo que no era la misma persona que su extraño sueño.
Aunque sí tenían la misma mirada envenenada.
Harry sonrió y rió por lo bajo detallando un poco más al rubio antes de volver su mirada a su comida, recibiendo varias miradas extrañas, tanto de los Slytherin que rodeaban a Draco Malfoy como algunos compañeros de casa que se encontraban desayunando.
Si le preguntaban: No, no sabía porqué carajo le había sonreído a su rival escolar. Aunque, por alguna extraña razón, ya no quería ser rival de aquel chico, tal vez también tuviera una peculiar relación con su... No, ya era demasiado. Debía dejar de pensar en esa extraña broma que le hizo su mente, los sueños no son reales. No le daría más vueltas al asunto.
Sintió que el ruido lo empezaba a rodear después de unos minutos de estar degustando sus alimentos, no que prestará atención a lo que sus compañeros decían, mucho menos al parloteo que empezaron a hacer sus amigos regañándole por no haber avisado que saldría de la Sala Común antes que ellos. Miró su plato mientras restaba importancia a las dramáticas acusaciones que hacía Ron sobre haberlo abandonado.
¿Cómo había terminado rodeado de Gryffindor?
Miró a su alrededor entrecerrando los ojos, analizando todo el lugar, hasta que, de nueva cuenta, reaccionó. No estaba en su sueño y él no era un Slytherin amigo de Tom Riddle. Él era Harry Potter, un orgulloso Gryffindor que nunca estaría al lado de aquel ser que sólo pensaba en sí... pero, si sólo pensaba en sí, ¿por qué la idea de que Lord Voldemort fuera amigable con un ser tan adorable como Henry parecía correcto? Algo completamente verídico dentro de su mente. Se negaba a idealizar que el asesino de sus padres no tuviera corazón. Algo no iba bien, ¡era una estúpida locura!
Se levantó de un sobresalto por segunda vez en el día, siendo detenido por las preguntas preocupadas de su compañeros.
—Estoy bien, sólo se me olvidó hacer el ensayo de Encantamientos —mintió mientras se alejaba—. Iré a terminarlo antes de las clases.
Y, sin dirigir la mirada a los chicos, se alejó de esa mesa que, años atrás, le había ocasionado dolor de cabeza.
Negó nuevamente. No, a él no. El dolor de cabeza era de Henry... ¿Quién era Henry Sant-Sayre? Seguramente nadie importante, no necesitaba ir investigando todo sobre alguien que dudaba de su existencia, pero, por primera vez en su vida, decidió que era mejor prevenir antes que lamentar.
