Tom Riddle se caracterizaba por ser una persona analizadora, casi nunca se distraía hasta alcanzar su meta. Y ése era el problema. Casi nunca. Esas dos palabras le ocasionaban un gran dolor de cabeza, algunas veces una extraña calidez y un sentimiento que no sabría descifrar dentro de su pecho.

Miró el libro y luego a su acompañante frunciendo el ceño. Ese "casi nunca" era sinónimo de Henry Sant-Sayre.

—Oh, joven Sant-Sayre —comentó el profesor de pociones entrando a la Sala Común de Slytherin—, he venido a invitarlo a la cena que haré esta noche.

—Gracias, señor, pero no creo...

—También está invitado el joven Riddle —interrumpió sin ponerle atención al menor—. Todos mis alumnos estrella estarán en la cena, sólo faltaban ustedes.

El profesor se fue con una sonrisa en el rostro, ignorando los comentarios que el menor hacía. Henry bufó ante eso, él no quería ir y no iría, nada le haría cambiar de opinión.

—Creo que deberíamos ir.

Henry mató con su mirada al mayor, quien se encogió de hombros mientras se sentaba en uno de los sillones de la Sala Común.

—No quiero ir.

—Henry...

—No quiero y no me vas a convenc...

—Te ayudo a hacerle una broma a Dumbledore.

—¿A qué hora dijo que era?

Tom siseó por lo bajo, aunque, para el menor, eso era más que nada una risa burlona que otra cosa.

—En la cena, anda, ve a arreglarte —comentó el ojiazul sonriendo con cariño—. No quiero verte con tus fachas de vagabundo.

—¿Disculpa? —preguntó indignado— Un Sant nunca se viste con fachas de vagabundo.

—Lo veremos en la cena —retó Tom con una sonrisa entre sus labios.

Henry sonrió ante el reto y, levantándose del sofá, se dirigió hacia las habitaciones. Pocos segundos pasaron cuando el menor regresó, mirando a Tom con los brazos cruzados.

»Tú me acompañas —dijo quitando el libro entre sus manos y, agarrando una de éstas, lo arrastró hacia su habitación.

El mayor no se quejó ante eso, claro, Tom se dejaría llevar a cualquier lugar mientras su pequeño fuera quien le guiara.

—Hey —se quejó Tom cuando Henry lo empujó para que se sentara en su cama y empezó a buscar entre su baúl—... ¿Qué es lo que haces?

—Ten —ignoró la pregunta lanzándole una túnica negra algo formal—. Tú también debes estar presentable.

El ojiazul simplemente suspiró y se dejó hacer. Después de tantos años, había aprendido a no darle la contra al pequeño Slytherin, Henry nunca daba su brazo a torcer cuando se trataba de regalarle cosas o, en su defecto, vestirlo de una forma que sólo un sangre pura vestiría.

A veces se sentía como una muñeca de trapo.

La puerta del baño se abrió dejando a un Abraxas Malfoy mirando a los otros dos adolescentes dentro de la habitación antes de levantar una de sus cejas.

—¿También irán a la cena de Slughorn? —preguntó dirigiéndose a su baúl para guardar sus cosas.

—Lamentablemente —susurró Henry mientras sacaba otra túnica, ésta un poco más modesta que la de Tom.

—Ser parte del grupo selecto del profesor Slughorn es un honor, Henry —comentó el rubio sentándose de forma elegante en su cama. Su mirada pasó por la vestimenta de ambos—. Buena túnica, Riddle, ¿de casualidad es de Fave?

El nombrado sólo miró a Henry, recibiendo un pequeño asentimiento discreto de su parte, pero, antes de poder contestar, Abraxas volvió a hablar.

»¿Qué digo? Claro que es de Fave —susurró sonriendo de medio lado—, a mi madre le encanta ir a Francia sólo para comprar con él —informó encogiéndose de hombros. Tom nunca había pensado que el heredero Malfoy sería tan... comunicador—, no la podemos sacar de la tienda una vez que entra, dice que es la mejor ropa de magos que se podrá encontrar en el mundo... Por cierto, ¿cómo están tus padres, Henry?

Henry sólo rió ante eso.

—Muy bien —contestó encogiéndose de hombros y, con un suave movimiento de varita, acomodó todo el desastre que había hecho en su baúl—, padre sigue escribiendo y madre empezó a trabajar en Francia —terminó, pero rápidamente volvió a tomar la palabra—. Es mejor que empecemos a ir al salón del profesor, no queremos llegar tarde.

Abraxas asintió mientras Tom solamente se levantó de la cama para encaminarse a la puerta, la cual fue abierta por Henry para dejarlo pasar primero. Siempre hacía eso, ¿la razón? Bueno, Tom luego se enteraría.

El heredero Malfoy simplemente salió después de que Henry pasará por el marco.

Al caminar por los pasillos, Tom notó cómo el rubio había decidido mantenerse alejado de él y ponerse al otro lado de Henry, colocando a éste en el medio de los dos.

Genial, ahora debía compartir a su amigo con un sangre limpia con humos de grandeza en su cabeza.


El primer año estaba pasando sin complicaciones, aunque lo más destacable fueron las vacaciones de navidad, donde Henry había tenido que irse de viaje con sus padres, dejándolo solo en Hogwarts.

Tuvo que estar metido todo el tiempo en la biblioteca porque, de alguna u otra forma, se encontraba con algún Slytherin que se encargaba de hacerle saber su estado en la jerarquía basándose en su sangre, aprovechando que no se encontraba Henry con él. Se llevaron una gran sorpresa cuando descubrieron la cantidad de magia que poseía el cuerpo de Tom y, de paso, la cantidad de daño que era capaz de hacer.

En sus viajes a la biblioteca encontró varios libros de etiquetas y de la educación básica que recibe un sangre pura. Los leyó todos, más uno que otro de política en la comunidad mágica.

Un libro cayó frente a él llamando su atención. Levantó su miraba con el ceño fruncido cuando notó al castaño. Un Slytherin de su año que, según su memoria -que era demasiado impecable-, su nombre era Avery.

—Tom Riddle —susurró el castaño abriendo su libro. El nombrado estaba seguro que no leería ni una sola palabra de éste—. El nuevo alumno favorito de los profesores y, sobre todo, amigo del Lord Sayre. —las últimas dos palabras le desconcertaron de sobremanera, pero sus pocas expresiones tenían un solo merecedor— ¿Sabes? Henry y yo hemos sido amigos desde siempre, ya sabes, es bueno hacer conexiones con otras familias y todo eso, su tío era amigo de mis padres.

—¿A qué quieres llegar, Avery? —preguntó con desinterés, cosa que no sentía en ese momento.

¿Henry tenía un tío? ¿Por qué no se los habría comentado? Él sólo sabía de su tía Louise... ¿Henry y Avery eran amigos desde la infancia? ¿Cuántos amigos tendrá su pequeño que él no sepa? Henry Sant-Sayre debía ser sólo suyo, no tenía dudas en eso.

Ignoró el hecho de que el chico frente a él llamó a su amigo como un Lord, luego investigaría y, si eso no funcionaba, le preguntaría directamente al menor.

—Es simple —contestó encogiéndose de hombros mientras cambiaba de página—: ¿Por qué Henry se juntaría con un chico como... ? —Antes de que Tom pudiera contestar, aunque no sabría qué decir, Avery siguió— ¿Sabías que Andrew McQuaid también era amigo de Henry? Curiosamente dejaron de hablarse después de que Drew decidiera enfrentarte el primer día. Todo Slytherin está curioso, pero son demasiado discretos como para preguntarte... o muy cobardes.

En ese momento Tom afirmó que no sólo Abraxas Malfoy tenía muchas cosas que decir, ¿será que así eran todos los Slytherin o era cosa de todos los sangre puras?

»Tal vez no parezca, pero Henry suele seleccionar muy bien a sus amistades —siguió cerrando su libro—, puede ser muy amable y gentil con todos, pero nunca los consideraría sus amigos... y tú eres un amigo muy especial para él.

Los dos se quedaron callados y, viendo que el castaño buscaba una contestación después del pequeño monólogo, decidió contestar.

—A lo que sé —empezó mirando con frialdad a su compañero de clase—, eres amigo de Henry. Si realmente quieres saber algo, ve y preguntáselo a él. Lo deberás conocer, suele ser muy... informativo a veces.

—No creo que me quiera decir porqué te trata con un Lord —replicó con tranquilidad. Tom casi pudo contener su sorpresa dentro de él después de eso—. Tal vez no lo sepas, es una vieja costumbre que se usaba hace ya varios años y se está perdiendo, pero, cuando un mago decide a quien seguir, simplemente lo demuestra con pequeñas acciones. Nada que sea muy notorio, pero, para las personas como yo, es demasiado curioso. —Tom levantó una ceja, invitándole a seguir— Abrir la puerta y pasar después de su elegido, permanecer siempre al lado izquierdo de éste y, el más destacable, fue cuando sirvió tu plato en la Cena de Selección, nos demostró a todos que no sólo eres una amistad que puede tirar en cualquier momento.

Tom se mantuvo callado todo el rato hasta que, con una simple sonrisa, decidió acabar con eso.

—Gracias por la información, Avery —contestó—, pero todo eso sólo podrá respondértelo una persona, y no seré yo —dijo con simpleza y, antes de poder dejar ir al Slytherin, prosiguió—: Recuerda, cualquier cosa que hagas o hables con Henry, yo lo sabré.

La magia se sentía alrededor de los dos, causando que una sonrisa invadiera la cara del castaño después de que un escalofrío decidiera acariciar su espalda. Avery se levantó y, haciendo una ligera reverencia, emprendió su viaje fuera de la Biblioteca.

—Por cierto, —se detuvo a unos metros— te regalo el libro, puede que te ayude.

Hasta ese momento el ojiazul notó que, el libro que anteriormente estaba en las manos de su compañero, ahora se encontraba en la fina mesa frente a él.

Tom no tuvo tiempo de replicar cuando el castaño había salido de la Biblioteca.


" Querido Tom:

¡Feliz navidad! Espero que tu regalo llegue a tiempo, no sé cuánto tiene que recorrer la pobre lechuza para que tengas el paquete en tus manos, por cierto, ¡saluda a Neferet! Era la lechuza de mi tío, pero, bueno, él ya no la puede usar.

Sé que tu regalo te va a gustar y, no te preocupes, tampoco se me olvida tu cumpleaños, pero ése esperará un poco más. No sería justo que te diera dos regalos en uno, debe haber doble emoción.

Prometo llevarte algún recuerdo de Italia, ¡mi tía quiso traerme de viaje! Mis padres no se pudieron negar, así que nos regresamos para después de año nuevo.
Puedes devolverme el saludo con Neferet, me sentiría muy triste si no obtengo respuesta.

Te extraña:
Henry Sant-Sayre. "

Tom abrió la pequeña caja y casi se decepciona al ver una simple bolsa de cuero dentro de ésta, ¿qué tenía de especial? Bueno, esperaba entenderlo pronto porque, como todos los regalos de Henry, siempre debe de tener algo de especial.

Miró con detenimiento la bolsa antes de meter su mano, encontrándola más grande de lo que debería. Sintió un pequeño papel rosar sus dedos y, antes de que se le escurriera, lo agarró y sacó.

" ¡Tah, dah! ¡Una bolsa con un encantamiento de extensión indetectable!
También tiene una hechizo de peso-pluma, sé que te servirá y, ¡no te decepciones!, el verdadero obsequio está dentro de la bolsa, ¡procura no caerte dentro de ella!

H. S-S. "

Henry no se había equivocado, le había gustado su regalo, y más después de encontrar los siete volúmenes de Los Encantamientos de Chadwick dentro de su nueva bolsa.

Ese día no salió de su habitación por estar leyendo, aunque esto pasó después de que guardara la carta y la nota dentro de una caja de galletas junto con las otras que el menor le había escrito con el transcurso de los años.