Las vacaciones navideñas habían terminado hace mucho, a tal punto de que las vacaciones de verano se encontraban a la vuelta de la esquina. Todo ese tiempo Henry seguía siendo el mismo niño adorable que en su día conoció, sólo que, a veces, sus ojos eran invadidos por hielo puro, claro, esa mirada nunca había sido dirigida a él, pero aún así no le agradaba la idea de ver cómo los ojos llenos de luz de apagaban por la molestia que causaban sus demás compañeros.
Poco a poco, los demás alumnos pertenecientes a la casa de Slytherin sabían que no debían meterse con el supuesto sangre sucia de primer año, no sólo habían aprendido que tenía a Henry de su lado -cosa que muchos no lograban entender-, sino porque era muy bueno sabiéndose defender.
Zigor Avery era otro de los misterios, el sangre pura decidió empezar a juntarse con la inusual pareja. Después de eso, todos en la Sala Común observaban al trío cuando pasaban y, por alguna razón, Tom siempre iba en el medio de los dos.
—Henry, ¿podemos hablar? —preguntó Riddle después de que el heredero Malfoy hubiera salido de la habitación.
Henry levantó su cabeza de su libro y sonrió asintiendo mientras se sentaba en su cama, prestando toda su atención al motivo de su adoración.
—Todo por mi Lord —bromeó con simpatía, pero a Tom no le agradó eso.
Si bien Henry a veces bromeaba diciéndole de esa forma desde que tenían nueve años, la palabra empezaba a tomar verdadero significado después de la plática con Avery, sin mencionar de sus días intensos investigando acerca de su niño.
—Quiero que dejes de decirme así.
Henry se quedó un momento callado.
—¿Decirte...?
—No quiero que me digas "Lord" —complementó/contestó el mayor, dirigiéndose a la cama del contrario, sentándose en ésta para quedar frente al Sant-Sayre—. Sé que me lo dices desde hace ya algunos años, pero, ¿crees que no me he dado cuenta de todo lo que haces?
—No entiendo lo que me dices.
—Servirme las comidas, salir después de mí, sentarte después de que yo lo haga, hasta levantarte de la misma forma... Henry, yo no soy tu Lord —dijo mirándolo a los ojos. El ojiverde iba a hablar, pero Tom decidió interrumpirlo-. Eres mi amigo, Henry.
El menor miró al ojiazul por un largo momento antes de suspirar.
—Quiero que crezcas, Ridls, te lo mereces —susurró moviendo sus manos nerviosas.
—¿Por qué?
—Tom, eres asombroso, todos en su sano juicio caerían rendidos a tus pies de saber el potencial que tienes —contestó sonriendo—. Sé que llegarás lejos y yo estaré ahí para ayudarte.
El mayor asintió y dejó que una sonrisa saliera de sus labios, dejando embobado a Henry. Su sonrisa. Esa maldita sonrisa, la misma que había mejorado años atrás y ahora ya no parecía tan... aterradoramente graciosa. No era tierna, pero, joder, vaya que era seductora, ¿cómo un niño de doce años tiene esa bendita sonrisa?
—Cuando esté en la cima quiero que seas mi amigo, mi mano derecha —dijo acariciando el cabello negro del menor, quien se recargó al tacto con tanta devoción que Tom no pudo quejarse cuando Henry terminó acostado en sus piernas, justo como lo hacían cuando salían al jardín en las horas de descanso en Hosttlov—; No quiero que seas un seguidor.
—Ah, ¿ya estamos haciendo planes? —bromeó Henry empezando a jugar con la mano de Tom que no estaba acariciando su cabello.
A Riddle le encantaba esa interacción, esa cercanía. Esa intimidad. Más cuando se trataba de Henry quien se encargaba de formarla.
—Yo siempre tuve mis planes firmes —informó Tom con firmeza, causando una ceja levantada por parte de su compañero—, desde que me saludaste el primer día, después de las vacaciones navideñas, supe que quería estar contigo todos los demás días de mi existencia.
La sonrisa de Henry no tuvo comparación, Tom podía jurar que los pequeños hoyuelos que se le formaron en las mejillas eran nuevos, relucientes y alegres. Sus manos terminaron entrelazadas, empezando a sentir un pequeño cosquilleo en ellas.
—¿Lo juras? —la delicada voz se coló por la habitación, tan frágil y hermosa que el mayor no pudo contenerse en juntar su frente con la contraria, sin importar que eso significara doblarse de una forma que nunca se había doblado.
—Lo juro —susurró mirando directamente a los ojos del azabache.
Lo siguiente que pasó fue una pequeña oleada recorrer su mano, luego su brazo, para terminar en el pecho de Tom, justo en su corazón. Cerró los ojos por unos segundos para disfrutar la sensación, Henry siguió la acción sintiendo la misma calidez entrelazar sus corazones. Nunca había sentido algo así, pero, por sus conocimientos de tradiciones antiguas -gracias a su tío Areu- supo distinguir la promesa de alma que se había formado entre ellos.
—Yo también prometo estar todos los días de tu existencia al lado tuyo, Ridls —susurró Henry sin querer moverse de donde estaba, deseando que la atmósfera se quedara un rato más—. Cuando tú no estés a mi lado, no habrá razón suficiente para seguir aquí.
La puerta de la habitación se abrió y, después de un quejido de asco, la voz del reciente miembro del su pequeño grupo se oyó.
—Saben que tenemos las clase de curación en dos minutos, ¿verdad? —preguntó Avery cruzando sus brazos desde el marco de la entrada.
—Sabes que te partiré el trasero en hechizos, ¿verdad? —siseó Henry mirando a su amigo una vez que Tom se enderezó y sus frente ya no se tocaban.
—Sí, sí, como digas —respondió moviendo su mano para restarle importancia—. Ahora, noviecitos, no me gustaría que la profesora Pussett me castigara por su culpa.
—Puedes ir solo, ¿lo sabes? —comentó Tom levantándose de su lugar cuando Henry se había dirigido a la puerta con su varita en mano— Henry...
—Desgraciada sabandija...
—¡Los veo en la clase! —gritó Avery para salir corriendo una vez que un hechizo rozó su oreja izquierda.
Henry bufó ante eso y, dirigiendo su mirada hacia Tom, sonrió al ver que se encontraba acomodando su ropa.
Se acercó y empezó a ayudarlo con la corbata mientras que el mayor le arreglaba un poco el cabello. Sí, duraron más de dos minutos en eso. Sí, por primera vez desde que entraron a Hogwarts, llegaron tarde a una clase. Ah, y sí, Avery terminó mostrando lo aprendido en la clase de curación después de que Henry lo encontrara caminando de forma veloz a la Sala Común.
Gracias a AnaM1707 por avisarme del error n.n
