Henry miró los pergaminos y leyó un poco antes de escribir -o corregir- algo en éstos. Así pasó alrededor de una hora, frunciendo el ceño cuando no entendía algo y, a veces, abría la boca para preguntar, pero rápidamente se callaba, como si hubiera entendido de qué se trataba y, de nuevo, corregía.

Henry.

Henry Sant-Sayre.

Lord Voldemort dejó de verlo y trató de seguir con su lectura, cosa que no podía hacerlo desde que habían llegado a la mansión... ¡Joder! Su chico estaba nuevamente con él, ¿quién pondría atención a un estúpido libro teniendo a la razón de su locura en frente suyo? Había soñado con ese momento muchas veces, con un Henry llegando a la puerta de su casa, sonriendo en el marco de ésta, diciendo que había sido un estúpida broma de mal gusto.

De ser así, entonces Voldemort le gritaría por horas y luego lo jalaría hasta su habitación para aventarlo a la cama y, bueno, hacer cierta actividad. Pero no, Henry sí había muerto ese día. Sí lo había dejado... pero había regresado a él como el chico de la luz, que ahora se encontraba parado leyendo algunos pergaminos que Lucius le había guardado con la información de los horrocrux, ¿por qué lo hacía? Según el menor, no iba a tener sexo con una serpiente, y un glamour no iba a hacerlo cambiar de opinión.

Arrepentimiento, había comentado un libro, pero no era lo suficiente para que todos sus fragmentos regresaran a él como si nada, había muchas runas que todavía desconocía, y Henry ignoraba varios hechizos. Eran un equipo perfecto, y eso era lo que más amaba de su chico, siempre podría complementarse con él sin problemas.

—No puedo, —se rindió el mayor dejando el libro que Henry/Harry le había dado— ¿cómo quieres que me concentre mientras vas por toda la habitación moviendo tu trasero?

—Oh, por Merlín —susurró el ojiverde sonrojándose—, ¡Tom!

El nombrado sonrió y dio unas pequeñas palmaditas en sus piernas, llamando a que se sentara en éstas.

—Henry, —el menor lo miró al oír su antiguo nombre, no le desagradaba que le dijera así, pero... ya no es esa persona— cuéntame de ti, de tu vida, tu familia...

—¿Te refieres a la que asesinaste hace trece años? —siseó el menor con frialdad, antes de parpadear, mirando cómo el rostro del Señor Oscuro se volvió serio. Negó con la cabeza— Volde- Tom, perdón —susurró Harry acercándose y sentándose en el lugar antes marcado—. No sé... hay veces que sólo quiero abrazarte y besarte; decirte todo lo que te he extrañado... otras sólo quiero romperte la nariz, pero, joder, ¡ni siquiera tienes nariz!

—Henry...

—No, Tom, ya no soy Henry —interrumpió negando su cabeza—. Soy Harry James Potter, hijo de James y Lily Potter, y tú eres Voldemort —gruñó y, en un intento de relajarse, se recargó en el pecho del mayor—. No eres mi Tom, ¡no tienes ni tus hermosos ojos azules! —chilló escandalizado. Se iba a separar cuando, de la nada, oyó un pequeño latido.

Harry se acercó más al pecho ajeno, pasando sus brazos por la cintura del mayor, tratando de oír más de esos latidos. Si Voldemort tenía latidos significaba que tenía corazón y -Harry sabía lo poco real que sonaba- Tom había prometido guardarlo en su corazón, por lo que, en consecuencia, el corazón del mago oscuro era completamente suyo, y ese corazón ahí estaba, latiendo a su cercanía después de tantos años.

—No sabes cómo me sentí al ver cómo tus ojos iban perdiendo brillo —susurró Voldemort acariciando el cabello del menor, ahora ya no era lacio, era un simple negro incontrolable, pero sus manos reconocían a ese cabello como el de su amante—. La desesperación, el dolor, el enojo... era como si todo eso estuviera consumiendo mi ser —explicó con tranquilidad—. Puede que no seamos los mismos que éramos hace ya varios años, pero eso no quiere decir que no seamos parecidos a ellos. —las palabras de los libros que había estado leyendo vinieron a su mente— Estuve horas esperando que fuera un sueño, una pesadilla. Pero no fue así y... ¿Cómo rayos es que pasó esto?

Los brazos de su antiguo novio se centraron en él y lo acercaron más a su pecho, no que Harry se quejara, los latidos del corazón de Tom era cálidos y tranquilos, justo como cuando estaba joven.

—Leí unos libros —informó restregando su nariz en las túnicas ajenas. No sólo los latidos eran iguales, también su olor—. Tal parece que soy un caso raro de una reencarnación combinada con un renacimiento —comentó acurrucando su cabeza bajo la barbilla del Lord Oscuro—, la promesa que hicimos en primero ató nuestras almas, no importa qué pase, si alguno de los dos muere o hasta los dos. Cuando nuestra alma encuentre un cuerpo con caracteres genéticos parecidos, nos reencarnaremos... todavía no entiendo porqué puedo recordarte, pero supongo que mi alma te ama tanto como mi mente.

Los ojos rojos lo miraron y sonrieron... bueno, sonrieron como un ser sin labios puede sonreír. Sí, Henry Sant-Sayre era completamente suyo, él y todas sus vidas que tenga en adelante.