Henry empezaba a odiar la Biblioteca, ya había leído la mayoría de los libros que se encontraban en ese lugar y no se sentía orgulloso de eso, empezaba a convivir más con los Ravenclaw que con los de su propia casa. Bufó viendo cómo Tom le explicaba a una Ravenclaw de cuarto año una de sus tareas usando su sonrisa de galán.
No podía decir que no comprendía a la mayor parte del sector femenino (y poco del masculino) al amar a Tom Riddle, hasta él también lo hacía. Llevaba siete años haciéndolo, sería absurdo negarlo.
Sonrió amablemente cuando un Hufflepuff se acercó a él para que le explicara algo de Runas. Los Ravenclaw se solían acercar a Tom como los Hufflepuff a Henry, la única casa que parecía odiarlos era Gryffindor, claro, aunque había muchos que parecían asombrados cuando ellos sacaban buenas notas.
El ojiazul era quien sacaba las mejores notas entre ellos dos, Henry no iba a contradecir eso. Tom realmente parecía fanático del conocimiento, por otro lado, el ojiverde prefería hacer la tarea tal cual se la pedían y dormirse o distraerse con otra cosa, no como el mayor, que empezaba a investigar más de la cuenta.
Si le preguntaban, el pasatiempo favorito de Tom era leer, si Henry había leído la mayoría de los libros de la Biblioteca, Riddle ya había leído todos, menos la sección prohibida, aunque le había comentado que estaba persuadiendo a su Jefe de Casa para que le diera un permiso especial y comenzar a leer esa sección.
Tom realmente amaba los encantamientos.
Por otro lado, Henry adoraba las runas.
Los dos, en cierta parte, se sentían más atraídos por la parte oscura. Henry tenía memorizado ya varios rituales rúnicos y Tom ya conocía cientos de encantamientos.
Se acostó en su silla cuando el Hufflepuff se fue sonriendo, quería dormirse, pero no podía dejar a Tom solo en la Biblioteca o acostarse en la mesa como usualmente lo hacía, los exámenes están a la vuelta de la esquina y eso causaba un revuelo de libros en ese lugar.
Alumnos estúpidos que querían pasar el año en dos semanas.
La Ravenclaw seguía y seguía preguntándole cosas a Tom, aunque a Henry no le pasaba desapercibido los pequeños roces que le daba en las manos o brazos del mayor. Siseó molesto, levantando su libro a la altura de sus ojos para no ver la interacción de los dos. No que desconfiara de Tom, sólo... bueno, sólo quería sacarle los ojos a la chica por no saber lo que es el espacio personal.
—Gracias, Tom, realmente aprecio que te tomes el tiempo de explicarme —susurró la chica con una sonrisa que no le gustó a Henry. Sí, bueno, tal vez había bajado un poco el libro.
El menor bufó poniendo los ojos en blanco y siguió leyendo, o intentando leer su libro.
—Procura prestar más atención a los giros con tu varita —aconsejó sonriendo cortésmente—, también recuerda la velocidad en que lo harás, si iniciaste rápido, sigue de esa manera —comentó agarrando la mano de la chica y alejándola de su brazo—. Otro consejo que te puedo dar es no tocar de más a las personas, —los ojos de Tom empezaron a brillar de forma peligrosa— menos los que tienen pareja.
La chica abrió los ojos y, con un deje de temor, se levantó de su asiento y se fue recogiendo rápidamente sus cosas. Tom se recargó en el respaldo de su silla con una sonrisa en sus labios, mientras que sus ojos se dirigían a él con burla.
—No lo menciones —siseó Henry sin bajar el libro, el cual ahora cubría el pequeño sonrojo que abarcó sus mejillas.
—¿Celos?
—¡No lo son! —chilló mirando a otro lado—... pero me alegra que la pusieras en su lugar.
—Eso me huele a celos —afirmó el mayor agarrando el libro en las manos de su chico y quitándoselo—. Entonces... ¿al niño no le gustan los Ravenclaw?
—Corrección: Al niño no le gusta compartir sus cosas —corrigió sacando su lengua de forma infantil—. En todo caso, ¿te das cuenta que dijiste "pareja"?
—Henry, sé muy bien lo que digo.
—¿Y te diste cuenta que la mitad de la Biblioteca oyó eso?
Tom gruñó por lo bajo y se encogió de hombros.
—¿Qué importa? —Henry abrió la boca para contestar, pero el mayor le interrumpió— Antes de que lo digas, las cosas prohibidas hacen que el deseo aumente —comentó sonriendo, viendo cómo los ojos verdes revolotearon por toda la habitación con molestia—. Vamos, Henry, —se acercó a él con tranquilidad, disimulando ante los ojos curiosos que los veían— yo nunca te dejaría.
—Bueno, ahora todos estarán interesados por quién será la pareja oculta del grandioso Tom Riddle —bufó mirando a otro lado—. Yo también estoy curioso, ya que nunca me has pedido ser tu novio, ¿algo que decir, Riddle?
El mayor sonrió y, acomodando sus cosas, se levantó para salir de la Biblioteca. Henry no tardó en abrir su mochila y acomodar todos los libros y pergaminos dentro de ésta.
Todo el camino estuvo rodeado de las miradas acusadoras del menor, pero Tom parecía no inmutarse en ningún momento. Tras un último bufido, Henry encontró la manera perfecta de sacarle dicha información al mayor.
»¡McQuaid! —el nombrado frunció el ceño y lo miró levantando un ceja de forma interrogante. Henry caminó hacia él, ignorando a su antiguo acompañante— Quería saber si no te gustaría jugar quidditch conmigo, podríamos invitar a Avery.
—Seguro —dijo Andrew con inseguridad, viendo la mirada asesina que le mandaba el ojiazul, antes de sonreír con coquetería—, podríamos ir ahora, ¿te parece bien? —el menor asintió y empezó a caminar a su lado, invadiendo un poco el espacio personal del castaño—... ¿Riddle no se molestará?
—Oh, él estará ocupado con su pareja, no te preocupes —contestó dando una mirada hacia el mencionado, el antiguo amigo de Henry sonrió comprendiendo la situación y asegurándose de molestar un poco el chico.
—Vaya, ¿así que tú estás libre?
—Depende de para quién, querido —siguió el coqueteo Henry, sonriendo de lado.
La última palabra hizo que el ambiente alrededor de Tom se pusiera denso y oscuro. Ese estúpido no merecía que su chico le dijera así... principalmente, McQuaid no merecía que Henry le hablara.
—Te doy dos segundos para que te separes de mi chico —el siseo recorrió la espalda del castaño, quien, sin importar el odio que le tenía al sangre sucia, dio dos pasos a su izquierda, alejándose del menor con rapidez.
—¡Eh! Eso es injusto, ¿tú puedes tener pareja, pero yo no puedo salir a jugar quidditch?
—Puedes salir a jugar quidditch con Avery y la bola de estúpidos —contestó el ojiazul acercándose de forma peligrosa al pelinegro-azulado—, si quieres obligo a Abraxas a dejar su libro y que juegue contigo, ¡pero con éste no!
—Tengo nombre...
—Yo quiero jugar quidditch con él, tú puedes irte a besuquearte con tu parejita —siseó en voz baja, ignorando al Slytherin castaño, quien se encontraba viendo a su alrededor, notando que nadie le podría ayudar gracias a la soledad del pasillo.
—Bien —gruñó Tom agarrando la corbata del contrario y jalándolo hacia sí.
Andrew empezó a toser de forma discreta antes de dar media vuelta e irse del pasillo, si bien su estómago parecía hacer un nudo con sus tripas, no podía negarle la felicidad a su amigo de la infancia, aunque eso fuera verlo con otra persona.
Tras un pequeño gemido ahogado, Henry enredó sus brazos detrás del cuello de Tom, quien apegó más a su cuerpo segundos después de dejar la corbata y agarrar la cintura del menor. Le gustaba esa posición, aunque estaba seguro que era más por el hecho de que era Henry quien le devolvía el beso que por la forma de estar.
—Podríamos ir a nuestra habitación, sacar a Abraxas y, ya sabes, hacer cositas...
Tom sonrió ante la propuesta de Henry.
Ése iba a ser el mejor día de su vida.
