—Henry, —el nombrado miró a su acompañante con curiosidad, antes de que el mayor sonriera— encontré a los Riddle.
El ojiverde sonrió poniendo un hechizo silenciador en la habitación y otro en la puerta para que nadie entrara. Miró atentamente a su novio.
»Podríamos ir en las vacaciones de verano —informó sacando un pequeño mapa que se encontraba finamente doblado dentro del libro que anteriormente se encontraba leyendo—, está en Pequeño Hangleton, una villa muggle al Norte de Inglaterra. Vive con Thomas y Mary Riddle, sus padres —siseó mordazmente—. Los que resultan ser mis abuelos.
—Tom, ¿y cómo harás que no seas sospechoso? Dumbledore te tiene en la mira y...
—Aquí es donde entra Morfín Gaunt —comentó encogiéndose de hombros, dando unas palmaditas al lado de él para que Henry se acostara a su lado, cosa que el menor hizo de inmediato—. Un imperius debe arreglar eso. Me enteré que el pueblo no les tienen un gran afecto a los Riddle, no sería raro que alguien quisiera hacerles un poco de daño.
La sonrisa que se extendió por el rostro del mayor fue tenebrosa, muy oscura. Y a Henry le encantó. Le fascinaba ver todas y cada una de las facciones que tenía su pareja, más cuando sólo él podía verlas.
—Podríamos usar la varita de Mortín, así sería más fácil encontrar al culpable —ideó suavemente, perdiéndose un poco en las caricias que recibía—. Un avada sería rastreado por el ministerio, más si es lanzado en un lugar lleno de muggles. Las sospechas caerían al primer mago y...
—Al comprobar la varita, el culpable sería inmediatamente Morfín —completó sonriendo—. Bien pensado, Henry —susurró inclinándose un poco para darle un pequeño beso en los labios.
El menor recibió gustoso el gesto, correspondiendo con alegría.
—Me podría quedar en el orfanato, fingiendo que estás de mal humor en tu habitación, así ninguna cuidadora se animará a entrar y, si Dumbledore sospechara que fuiste tú quien mató a los Riddle, tendría testigos que dijeran que estuviste todas las vacaciones en el orfanato.
—Tienes una pequeña obsesión con Dumbledore —declaró Tom sonriendo en forma de burla.
—Oh, el duende hablando de orejas —contrarrestó siguiendo el juego—... pero ese hombre es el mal, siempre molestaba a tío Areu.
—Y desde ahí nació tu obsesión...
—Calla —siseó riendo—... ¿Y la cámara de los secretos? —cuestionó sin dejar de lado su dulce sonrisa— ¿Vas a seguir hasta que ya no haya nacidos de muggles en Hogwarts?
—O que la mayoría sean sangre puras o mestizos —contestó sin preocuparse.
—Debes tener cuidado, con el tiempo podrían empezar a desconfiar de ti.
—Ya tienen los ojos puestos en ti —bufó Tom poniendo los ojos en blanco. Los estúpidos Gryffindor empezaron a difundir que su lindo Henry era el heredero de Slytherin sólo porque es descendiente de él, si bien era una lógica buena, su pequeño no pertenecía a la línea principal y sonaba tonto que alguien fuera detrás de los sangre sucia cuando tenía un "amigo" así. Desde ese día las discusiones y riñas entre las casas empezaron a ser más frecuentes, una gran barrera invisible separaba a las cuatro casas, pero más a Slytherin.
—Tom, ¿en qué te estás metiendo? —gruñó enterrando su rostro en las almohadas del mayor— También quieres hacer el estúpido horrocrux...
—Tú también deberías hacerlo —acusó el prefecto cruzando sus brazos indignado—, ¿cómo podremos hacer todos nuestros planes si morimos en la primer batalla que nos metamos?
—Somos geniales, no vamos a morir.
—Henry, debes ser realista...
—No dañaré mi alma por un poco de inmortalidad —miró al mayor, dejando su cabeza recostada en la almohada—, te apoyo en tu decisión, pero, por favor, también apoya la mía, Tom.
El mayor simplemente suspiró resignado. La muerte no era una de las cosas que debía hacer dentro de su itinerario, para ser exacto, su itinerario se basaba más en cumplir sus planes junto a su querido novio y estar con él en todo momento, pero, para su desgracia, Henry no quería hacer un horrocrux, ¿cómo podrá estar a su lado si, en algún momento, se iba a ir de su lado?
Gruñó y decidió no tocar el tema, todavía tenía tiempo para convencerlo, por ahora debía enfocarse más en que sus planes se cumplieran.
—¿Debo felicitarte? —preguntó el menor mientras se comía unas bolas de chocolate.
—Henry, no ayudas.
—Perdón, perdón —dijo levantando sus manos en forma de rendición—... ¿Quieres?
—¡Henry!
—Sí, sí; Warren está muerta, ¿y qué? —bufó poniendo lo ojos en blanco— Lo que deberías estar haciendo es un horrocrux, no pensando en otras cosas.
—Cerrarán la escuela si no encuentran al monstruo de la cámara —informó como si Henry no supiera de eso—, ¡nos quedaremos sin hogar!
Los ojos de Henry sólo pudieron ponerse en blanco.
—Puede que tú te quedes sin hogar —declaró encogiéndose de hombros—, pero yo no. Mi hogar siempre estará donde tú te encuentres.
Mirando a su novio, Tom suspiró y se sentó a su lado para tener un poco de tranquilidad, Henry también era su hogar, pensar estar en Hogwarts sin su pequeño lo hacía sentir tan solitario que dudaba sentirse cómodo caminando por los pasillo sin su chico a su lado.
—Henry...
—Tom, no te preocupes, concéntrate en tu horrocrux y en el plan que idealizamos, prometo tener una idea pronto —susurró dejando sus chocolates a un lado para darle un pequeño beso en la mejilla.
—¿Qué haría sin ti? —el susurró hizo que el menor riera y se acostara en las piernas de su amante para, segundos después, cerrar los ojos por las caricias que eran regaladas a su cabello.
—Volverte loco —contestó en un ligero siseo de placer—, soy tu cordura, Tom, debes admitirlo.
El mayor simplemente sonrió y se inclinó para besar los labios de su chico, siempre le apoyaba en todo, no sabía qué tan locos debían estar los dos como para aceptar al contrario tal y como era, pero Tom no pensaría en eso, todo estaba bien mientras estuviera con Henry a su lado, aconsejándole y dándole todo el amor que tuviera.
Sonrió después de soltar los suaves labios de su novio. No, nunca lo dejaría solo.
—Iremos juntos a con los Riddle —informó sin una pizca de duda.
—A ti te vale todo lo que digo, ¿verdad? —acusó Henry abriendo sus ojos y haciendo un puchero de reproche, causando una pequeña risa del verdadero heredero de Slytherin.
—Quiero que estés conmigo en todos los momentos de mi vida.
—Ridls... —Henry miró al ojiazul antes de sonreír y asentir, sin poder dar ningún argumento válido para que fuera solo.
Así pasaron los días, entre ideas y planes para que nadie sospechara de ellos. Tom amando cada día más la mentalidad de su niño, para él todo tenía solución, siempre positivo y cooperativo, sin que sus ideas se acabaran, bueno, todo tenía idea menos lo de Warren.
Habían pensado de todo, argumentar con el director que, si bien era peligroso quedarse en el castillo, más peligroso era mandar a los alumnos a su casa en plena guerra mundial, hasta ponerle unos lentes al basilisco para que no matara y sólo pudiera petrificar. Los lentes le quedaban divinos -palabras de Henry- a la serpiente, pero el hecho de que hubiera más ataques no podría ser favorable para la escuela, así que, teniendo mucho cuidado, elegían a los hijos de muggles que serían atacados y los momentos en los que se haría, haciendo intervalos de tiempo cada vez más largos para no levantar sospechas.
Eso causó un esfuerzo significante y, después de varios meses, Tom y Henry se tuvieron que preocupar de igual medida por sus calificaciones, si hubiera un cambio en éstas, significaría levantar sospechas, más de las que Henry ya tenía.
Tom gruñó para sus adentros mientras caminaba de un lado a otro en su habitación. Ya no había tiempo, el Diario Profeta había dado la desgarradora noticia de que, si en dos semanas los ataques seguían, Hogwarts sería cerrado al público.
Se sentó en la cama de su novio, mirando los libros que éste había acomodado en su escritorio, notando que estaban ordenado por sus tonalidades, empezando con un rojo oscuro, para terminar con un negro. Tom apostaba que el acomodo no duraría más de una semana cuando Henry decidiera meter unos libros nuevos y volver a acomodarlos.
La puerta se abrió, pero Tom no le prestó atención hasta que un entusiasta Henry se acostó a su lado con alegría, alegría que no debería sentir.
—Adivina con quién hablé —fueron las primeras palabras que soltó el menor, ocasionando que el ceño del ojiazul se frunciera.
—¿Con Avery?
—Nop.
—¿Malfoy?
—Tampoco.
—¿Mulciber?
—Sigues estando lej...
—¡Henry!
—¡Huy, qué carácter! —chilló el menor en respuesta— Estaba caminando cerca del bosque prohibido cuando... No me interrumpas —siseó viendo cómo Tom iba a comenzar un regaño—. Como decía: Iba caminando cerca del bosque prohibido cuando encontré una pequeña acromántula subiéndose a un árbol, tú sabes que yo no dejaría pasar una oportunidad como ésa, el veneno de esos seres son muy caros y difíciles de conseguir y... ¡Qué no me interrumpas! —chilló nuevamente, causando que Tom pusiera los ojos en blanco y cerrara su boca— No tuve que trepar el árbol cuando la araña se cayó, la pobre se lastimó su patita y, bueno, tía Louise se hubiera decepcionado si no acudía a ayudarla...
—Henry...
—Entonces me hinqué a su lado —siguió ignorando a su novio y agarrando su mano, llevándola a su cabeza para que empezara a acariciar su cabello, cosa que Tom hizo al instante, acostumbrado a esa acción— y le curé su patita, ¡la araña parecía tan feliz que se acostó en mis piernas para que la acariciara! —comentó casi con asombro, haciendo que el mayor riera— Pero no te preocupes, no pasó mucho cuando Hagrid vino por ella.
—¿Hagrid?
—¡Hagrid! El Gryffindor mitad gigante —dijo emocionado—. Empezó a hablar conmigo, agradeciéndome de ayudar a su "amigo" y diciendo un par de cosas que no debía decir... En fin, a parte de que ya me sé todos los chismes de los leones, me enteré de que guardaba a la pequeña en un aula de desuso...
—¿Y eso viene a...?
—¡Le puedes echar la culpa a la araña!
Tom se quedó callado un momento procesando la información, antes de negar con la cabeza y suspirar.
—No creo que Dumbledore se crea la historia de que una araña petrificó y mató a una estudiante —comentó Tom, viendo la falla.
—Dumbledore no, pero él no es el director —Henry sonrió—: Si Dippet se da cuenta que había una acromántula con su peligroso veneno recorriendo los pasillos de su escuela y, después de que la atraparan, los ataques terminan...
—No podrá dudar de que, de una u otra forma, la araña tuvo algo que ver —completó Tom sonriendo.
—Sí, sólo falta que su querido y más confiable alumno, el mejor de todo Hogwarts, le diga que cierto Gryffindor tiene una criatura peligrosa, para luego atraparla.
—Henry, eres un genio.
—Lo sé, cariño, por eso quedé en Slytherin. —se pavoneó antes de reír con alegría al recibir una rafaga de besos por parte de su novio, dejando toda su cara tapizada de un ligero sonrojo y, oh, cómo Tom amaba que su niño se sonrojara por él.
Tom amaba que Henry fuera tan susceptible a su toque.
