Harry se sentó en el sillón de la sala y comenzó su lectura tratando de calmar el alboroto de su mente, tenía tantas ganas de matar a alguien y, por alguien, se refería a esa perra de...
—Quita esa cara de enojado.
—No tengo ninguna cara —siseó Harry al profesor de Pociones, quien se acababa de sentar en el sillón de al lado.
—Siempre has puesto esa cara cuando algo te molesta —comentó restándole importancia—, aun cuando eras Henry la ponías.
El ojiverde sólo bufó, cerró su libro y miró a su antiguo aprendiz.
—Esa perra de Bellatrix no se separa de mi Tom -siseó apretando con fuerza su libro, Severus pudo ver el toque infantil en la acción—. Tengo tantas ganas de matarla, pero no puedo, debo admitir que es una buena seguidora.
—Tantos años de relación, ¿y tienes celos de Bellatrix?
—Suena estúpido, ¿no? —preguntó, pero ahora con tristeza. Severus recordaba eso, cada vez que Henry se enojaba, momentos después tenía una pequeña depresión por haber pensado tantas cosas malas o algo tan irónico como eso— Pero uno nunca dura tanto tiempo con su pareja sin cuidarla bien... Y, joder —lo siguiente vino con más enojo del necesario-: ¿Qué si pasó algo entre ellos mientras yo estaba muerto o reencarnado en Harry Potter?
—No creo que...
—Se ven tan familiarizados y coordinados, Severus, no me lo niegues —gruñó.
A estas alturas, el libro entre sus manos ya se encontraba doblado por la mitad, casi a punto de romperse.
—Cuando moriste, Bellatrix aprovechaba todo el tiempo para estar al lado de mi Señor —confesó el ojinegro sin prestarle atención al pequeño crack que hizo el libro al romperse—, pero mi Lord nunca le prestó atención. Cada día desaparecía mínimo dos horas, con el tiempo descubrí que iba a visitarlo a su tumba y le dejaba un ramo de flores... Créame, su altar llegó a tener millones de flores en una sola semana.
—Tom, él...
—Su cordura fue desapareciendo —esto lo susurró-. Todos lo notamos, los planes ya no tenían una meta exacta y su único objetivo era hacer sufrir a las personas...
Los pedazos del libro se juntaron con el suelo cuando Harry los había soltado. No sabía qué decir, sólo podía sentir el dolor y el miedo que su chico pudo haber sentido después de su muerte.
»Bellatrix seguía detrás de él, pero hubo una vez que quiso arriesgarse de más —comentó—. Nadie sabe qué pasó después, sólo sabemos que Bellatrix conservaba el espacio entre el Señor y ella.
—Gracias, Sev —susurró Harry sonriendo y levantándose del sillón—. Iré a hablar con Tom.
Y, tras decir eso, echó a correr hacia las habitaciones que compartía con su pareja.
—No hay de qué, Henry.
Severus sólo negó con la cabeza y, lanzando un hechizo, arregló el libro del suelo para dejarlo en la mesa de la sala.
Habían pasado unas semanas desde que las vacaciones habían iniciado, Harry había encontrado una forma de escaparse de sus tíos sin que la Orden sospechara. Severus le informaría de inmediato si había cambios de planes.
Hacía una semana que Harry había llegado a la casa del Lord y causara una conmoción cuando entró a la sala de juntas en medio de una reunión, no por ser Harry Potter el que entrara (aunque eso pensaron los nuevos reclutas antes de que los veteranos les explicaran), sino porque la persona que estaba entrando era una copia exacta a Henry Sant-Sayre, amante difunto del Señor.
El humor del Lord había cambiado de un momento a otro y, sacando a todos en la habitación para poder estar unos minutos a solas con su chico, pero, claro, habían planeas que hacer y no podían estar solos todo el tiempo.
Las reuniones se hicieron más frecuentes, ahora con un Henry Sant-Sayre dando detalles a éstos o haciendo cambios radicales. Los antiguos mortífagos, aún estando aturdidos por su aparición, empezaron a notar con melancolía las semejanzas que volvían a tener con hace ya varios años.
Severus era uno de ellos, desde su ingreso a los mortífagos había sido consciente que sólo Henry podía ser quien le diera la contra al Lord o, en su defecto, alguien más lo podía hacer mientras Henry estuviera en la habitación.
El Lord parecía más paciente cuando estaba el menor a su lado. Paciente, reflexivo, un buen oyente... Lord Voldemort siempre decía que el amor te hacía débil, pero Severus sólo podía ver cómo el amor lo convertía en un buen líder.
Y había extrañado eso.
—Holaaaaaa. —el saludo se oyó por toda la habitación mientras Henry entraba a ésta.
Tom Riddle levantó su cabeza de inmediato y, dejando los papeles a un lado, fue directo a su novio y lo besó.
Otra de las cosas que habían cambiado gracias a su muerte, suponía Harry. Antes Tom era un poco más reservado con el contacto físico (exceptuando por la necesidad sexual aumentada desde su primer horrocrux), ahora aprovechaba todo el tiempo posible y los lugares adecuados para estar pegado a su lado... y Harry claro que se dejaba, ¿cómo no hacerlo?
Pensó que él iba a terminar siendo la garrapata, pero es bueno ver que no sólo había una, sino dos garrapatas dentro de la habitación.
—La reunión terminó hace mucho tiempo, ¿dónde estabas? —preguntó el mayor dando un pequeño beso en los labios de su amante, quien respondió complacido.
—Fui a una de las salas para contenerme y no matar a Bellatrix —susurró sonriendo—. No me gusta ver a esa perra cerca de ti.
—Henry... Harry, —se corrigió con un suspiro— sabes que Lestrange es una buena recluta...
—Una buena recluta muy pegajosa.
Tom se quedó callado antes de suspirar.
—Sí, demasiado pegajosa —concordó—... Tal vez deberías estar más cerca de mí para demostrar que mi espacio es sólo tuyo, querido.
—Me tientas...
Los dos sonrieron y sólo volvieron a unir sus labios para empezar con su rutina de caricias diarias... vaya que había extrañado eso y, ahora que lo tenía, no le importaba que fuera en la oficina de su Tom, lo único que importaba era estar junto a él.
Suspiró cuando llegaron a uno de los pequeños sillones que estaban en la esquina de la habitación, antes se le había hecho un desperdicio tener sillones en una oficina que a todos -o a la mayoría- les daba miedo entrar, pero ahora... Bien, ahora sí que lo disfrutaba.
Harry no pudo contenerse y acarició la mejilla del mayor, causando que el ambiente cambiara a uno más suave, más tierno. Su Tom se separó de él para mirarlo a los ojos, ambos amaban verse en el reflejo de éstos, no podían negarlo.
Un suspiro y cerraron los ojos disfrutando de la cercanía. Tom por fin había comprendido que Henry estaba de vuelta con él por alguna rara razón, y no podía decir que fue por el magnífico poder de alguno de los dos.
No importaba lo que hubiera sido, no desaprovecharía la segunda oportunidad que tenía frente a él, si tenía la oportunidad de besar a ese hermoso joven lo haría sin pensarlo, le demostraría todo el amor que no pudo demostrarle en su tiempo de juventud.
Harry se acordó en las piernas de su novio para luego mirar a un lado y recargar su mejilla en el hombro de éste, deleitándose con la mera compañía que el contrario le regalaba.
Suspiró y, justo cuando iba a cerrar sus ojos para guardar en su memoria ese momento, notó el destello que hacía un marco de fotos en uno de los estantes.
¿Lord Voldemort con una foto en su despacho?
Frunció el ceño y cerró sus ojos para lograr ver de qué se trataba. En la foto dos jóvenes sonreían a la cámara mientras un adulto se posaba detrás de ellos y agarraba sus hombros con orgullo.
Era la foto que se tomaron en su graduación junto a Roberts... Roberts.
—Tom, ¿y Roberts? —el mayor se tensó ante esa pregunta, Harry dirigió su mirada a su novio, pero éste volteó hacía otro lado. El pequeño siempre ha sido gravemente afectado por la muerte de las personas que ama y Tom no quería volver a ver lágrimas correr por sus mejillas— Vamos, cariño, ya sé que es imposible que siga vivo, pero... por favor.
Tom suspiró, tampoco podía ocultar algo como eso.
—Hice que lo enterraran en la capilla de la familia Sayre —susurró Riddle besando el cabello de su chico con cariño—. Fue un bonito funeral, hice un pequeño ritual para que su alma encontrara descanso...
—Gracias, Tom —dijo Harry ocultándose en su cuello y dando un pequeño beso en esa zona—. Muchas gracias.
—Sé que le querías mucho. —apretó la cintura de su amante, acercándole más a su cuerpo.
—Era como un padre para mí —informó separándose un poco y sonriendo al ver los ojos azules del Lord Oscuro—. Claro, el tío Areu y mi papá eran también como mis padres, duh, pero...
—Tu lápida está acompañada de otro nombre.
Ante esa interrupción Harry se tensó, sus ojos se cubrieron de lágrimas y perdieron un poco de brillo. La bombilla de luz había explotado cuando las magia del menor se descontroló.
—Tendría 15 años.
Su voz salió rota, no podía ocultar el dolor que le causaba recordar eso. Trataba de negarlo, de que la felicidad y el miedo no vinieran a su mente, pero ya no podía ignorarlo.
—Aedus Riddle Sant-Sayre —dijo Tom limpiando la pequeña gota que recorría la mejilla de su niño, sonriendo con suavidad—, justo como tú querías.
—Tom —llamó antes de que su voz se convirtiera en un suave sollozo que recorría la habitación—, ¿cómo lo has soportado? —preguntó dejando que el mayor agarrara sus mejillas con sus palmas y tratara de limpiar el río que empezaba a salir de sus ojos— Tú... te dejé solo soportando eso... Yo... Joder, Tom...
—No soporté el dolor —admitió besando la mejilla de su novio con cariño—, quería que todos murieran, quería destruir todo lo que estaba a mi paso y, con ello, al culpable de tu fallecimiento. —Henry levantó su mirada, encontrándose con los diamantes tranquilizadores que tenía su antiguo compañero de cuarto— Empecé a hacer más horrocrux tratando de que éstos se llevaran mis sentimientos y mis recuerdos, pero se llevaban todo menos tu rostro carente de brillo. —esta vez fueron los labios del mayor los que soltaron un pequeño sollozo— Te extrañé tanto...
—Lamento que te hayas vuelto loco por mí —trató de bromear el menor, tragándose su tristeza para que su novio no perdiera su felicidad—. Tom, ahora estamos juntos, no te dejaré y te apoyaré en cada locura o matanza que se te ocurra —declaró empezando a repartir besos por toda la mejilla del amor de su vida—. Haré todo lo que esté en mis manos para devolverte toda la felicidad que nos han arrebatado.
Tom sólo abrazó su cintura, recargando su frente en el hombro de Harry mientras éste le abrazaba con cariño.
Sí, su Henry estaba a su lado, no podía pedir más.
