Harry suspiró mientras miraba a su alrededor. Otra vez en Hogwarts. Amaba el lugar, pero no podría querer estar ahí por mucho tiempo.
En su otra vida tuvo a Tom a su lado cuando caminaba por esos pasillos y, cuando era profesor, podía salirse del castillo para encontrarse con su novio. Ahora era un estudiante de nuevo, tenía que adaptarse a no poder ver a su novio por unos largos meses y dejarlo cerca de esa perra de Bellatrix.
Gruñó y se encerró en el libro que tenía entre manos.
Se encontraba en la biblioteca leyendo todo lo posible sobre almas, inmortalidad y otras cosas... claro, no antes de haberles puesto un ligero hechizo para que las personas no supieran lo que estaba leyendo. Gracias a todas las nuevas reglas que tenía Hogwarts, era imposible que otro alumno se sentara cerca de él sin que la profesora Dolores los separara.
Le gustaba que el ministerio se hubiera metido a Hogwarts, eso hizo las cosas muy sencillas y más tranquilas. Si bien la profesora de Defensa parecía odiarlo, Harry no ha hecho nada para que ésta actuara en su contra. Y no pensaba hacerlo.
—Harry, quiero hablar contigo —la voz de Hermione se escuchaba algo lejana gracias a las reglas que les prohibían estar lo suficientemente cerca para que ellos estuvieran susurrando—: ¿Podríamos ir a la Sala Común?
El ojiverde sólo suspiró y guardó todos los libros en su mochila, ya le había preguntado a la bibliotecaria si podría llevárselos y ésta le hizo perder el tiempo con alguno que otro papel.
Hermione lideraba el camino y Ron se les unió momentos después de salir de la biblioteca. No le sorprendía que el pelirrojo no quisiera entrar a un lugar con libros y poco ruido.
Llegaron a la Sala Común sin contratiempos y, justo cuando se sentaron en los sillones más alejados, la castaña puso un hechizo a su alrededor.
—Seré directa —comenzó la única chica, ya acostumbrada a que Harry se mantuviera callado aún cuando eso significaba que algo malo pasaba en los años pasados—. No podemos seguir con las clases de Defensa, necesitamos alguien que nos enseñe de verdad.
Oh, no.
No, no, no.
Ya tenía muchas cosas a las cuales enfocarse, esperaba que no fuera lo que estaba pensando porque, de ser así, no podría negarse para tener una buena fachada.
—Queremos que nos enseñes Defensa, Harry —esta vez fue Ron quien lo dijo.
Maldijo mentalmente.
—Es imposible juntarnos sin que la profesora Umbridge nos encuentre —se excusó Harry mirando a sus amigos—. A todo esto, ¿sólo serían ustedes o...?
—Ya he hablado de esto con algunos otros estudiantes de confianza —se adelantó Hermione sonriendo, como si ya hubiera pensado en todo.
Cosa que Harry no dudó.
—Hermione también habló con Dobby, —se metió Ron sonriendo con orgullo mientras miraba a la castaña— nos comentó de una habitación...
—La Sala de los Menesteres —informó la nacida de muggles con alegría y, justo cuando le empezó a explicar más del tema, Harry sólo fingió estar escuchando mientras se hundía en sus pensamientos.
Tenía que hablar con Tom sobre esto, ver lo que opina y hacer un plan. Tal vez las cosas se hagan más complicadas, pero no imposibles.
Harry ha tenido muchas tareas, más de las que sería liderar un Club de Defensa, buscar horrocrux perdidos, reclutar aliados y ser disimulado en todo lo que fuera a hacer, afortunadamente Dumbledore parecía querer alejarse de él, cosa que agradecía.
Tal vez llegue a necesitar ayuda, pero eso sería lo de menos.
—Entonces, ¿qué dices? —cuestionó Ron.
Harry simplemente sonrió y se encogió de hombros.
—Dejenme pensarlo, por ahora iré a una detención con el profesor Snape —murmuró poniendo los ojos en blanco—. Nos vemos en la noche.
No dio espacio para que los chicos lo detuvieran para que pensara mejor las cosas, simplemente se levantó y salió de la Sala Común. Había quedado con Severus que buscaría cualquier cosa para castigarle y, desde que terminaron las vacaciones, así ha sido. No le molestaban las burlas de los Slytherin, simplemente las ignoraba, aunque eran más tolerables desde que Malfoy había dejado de molestarlo. El rubio había decidido simplemente ignorarlo.
Bajó a las mazmorras mientras pensaba en eso. Las cosas habían cambiado, nada fuera de lo normal contemplando todo lo que le pasó, pero... Hogwarts también cambió.
Después de su desaparición todos parecían más cautelosos, la creciente barrera que ponían con los Slytherin era más obvia de lo normal y los rumores recorrían todos los pasillos del castillo. Algunos querían seguir pensando que Lord Voldemort no había regresado, otros afirmaban creer en su regreso y muy pocos de sus compañeros habían dejado de asistir ese años por miedo de sus padres.
Tocó la puerta como de costumbre antes de abrir. Severus Snape sólo puso los ojos en blanco mientras calificaba algunas tareas en su mesa.
—A veces creo que en serio debería castigarte en serio por los modales que tienes —comentó encerrando algo con su pluma.
—Bienvenido, Harry —susurró el menor tratando de imitar la voz del profesor—. Oh, gracias, Severus, siempre es un placer verte tan feliz y radiante.
—¿Vienes a molestar o hacer tareas? —siseó sin darle importancia a lo que el joven dijo.
—Vengo a usar tu flu —respondió causando una mirada curiosa por parte del ojinegro—. Necesito hablar con Tom, hacer unos planes. Surgió algo imprevisto.
—Acabo de regresar de una reunión con su amorcito —informó con tono burlón—, el Director podría sospechar si se vuelve a activar la red de mi oficina.
—Entonces te diré a ti —afirmó sentándose en la silla frente al escritorio del profesor y, moviendo algunas cosas, agarró uno de las tareas de los estudiantes para empezar a corregirla. Severus no dijo nada, no era la primera vez que Harry le ayudaba con su trabajo.
Así pasaron por un largo rato. Severus escuchaba y daba algunas ideas, haciendo un ligero plan para que Voldemort se enterara y, si quería, añadiera cosas. Algo sencillo, pero al mismo tiempo complejo.
—Ya casi es hora de la cena —informó Severus cuando terminaron de revisar las tareas y ordenó todo para tener desocupado su escritorio.
—Antes de ir —murmuró y miró fijamente a su antiguo discípulo—. He estado pensando esto antes y Tom parece pensar en lo mismo. —suspiró— Tú fuiste quien mencionó la profecía incompleta a Tom. —Severus estuvo tenso en sólo un segundo, pero Harry ignoró eso— Queremos ir al ministerio para saber qué decía en específico, pero, antes de ir, debo estar seguro que no sabes la versión completa, Severus.
El nombrado suspiró y miró a otro lado.
—Antes no la sabía —dijo mirando la estantería de libros, el azabache vio que los ojos negros parecían distantes—. Cuando pasó todo el suceso de Halloween, Dumbledore decidió decirme la profecía completa, tal vez como muestra de confianza, pero él alegó que era sólo una prueba que todo lo pasado había sigo algo que nosotros no controlábamos.
El Gryffindor escuchó con atención la historia y, segundos después, la profecía. Severus parecía arrepentido, dolido. Harry pudo comprender por lo que había pasado, tan sólo en pensar en una historia similar a lo que había pasado Snape, pero en vez de una Lily agregaba a un Tom... Estaba seguro que no habría podido con el dolor.
—¿Te duele? —preguntó una vez que Severus había terminado de hablar, el mayor simplemente asintió y dejó de ver el librero para dirigirle una mirada al menor, quien sonrió con tranquilidad— ¿Qué haces cuando te duele el corazón?
Severus sólo sonrió.
No hizo falta más, los dos se levantaron y, por primera vez en mucho tiempo, volvieron a abrazarse.
Harry suspiró y miró a las personas frente a él, habían estudiantes desde primer año hasta séptimo grado. No sabía cómo le había hecho Hermione, pero estaba seguro que ellos no eran "pocos estudiantes".
—¿No iban a ser como diez estudiantes? —le susurró el ojiverde a la castaña, quien simplemente negó.
—Invité a algunos confiables, pero poco a poco éstos fueron invitando a sus amigos —contestó la chica.
Harry sólo suspiró. Sí, eso sería pesado y...
—¿Qué haces tú aquí?
La pregunta llamó la atención de Harry, mirando a Ron con curiosidad hasta que lo vio. Bien, no sabía cómo podría haberse enterado, el ojiverde no negaría que la situación era algo... hilarante.
—Me invitaron, ¿qué otra cosa haría aquí si no? —cuestionó el rubio.
—¿Quién te habría invitado, hurón? —gruñó Ron cruzándose de brazos.
Antes de que una discusión se formara entre ellos dos, Harry decidió meterse.
—Yo lo invité —mintió poniéndose entre ellos—. Es un Club de Defensa, cualquier persona con ánimos de aprender será bienvenida —dijo eso elevando un poco más la voz, mirando a todos los que estaban presentes después de haberle lanzado una mirada analizadora a Draco—. Todo aquél que venga a comprobar rumores o pensando que éste será un club en el que se viene a tomar café y hablar de nuestras vidas, mejor váyanse, la única información que obtendrán es cómo podrían salvar su trasero de ser necesario.
Todo quedó en silencio después de eso. Hermione decidió meterse, añadiendo un poco de cordialidad al asunto, por su parte, Harry no se había alejado de Draco, quien había dejado a sus dos matones para ir sólo con Zabini.
Sí, era raro, pero suponía que no era más raro que enseñarle runas al nieto de Abraxas después de haberse jurado odio en medio de toda la población de Hogwarts.
—¿Estás seguro de esto, Harry? —el nombrado simplemente asintió. Ron bufó, mirando más allá para lanzarle una mirada de desperdicio a los dos Slytherin— Las serpientes no son de fiar.
—Las serpientes son un claro ejemplo de lealtad —siseó Harry antes de mirar a su supuesto mejor amigo—. La diferencia que hay entre un Slytherin y un Hufflepuff es que, en Slytherin, van las personas que saben que, antes de jurarle lealtad a alguien, está la lealtad hacia sí mismos.
Draco disimuló bien su sorpresa, pero ésta no pasó desapercibida por el renacido, quien simplemente siguió escuchando a la nacida muggles que lideraba todo eso. Debía hablar seriamente con Tom, tal vez deberían reconsiderar la inclusión de hijos de muggles mientras ellos demuestren ser superior en habilidades que la mayoría de los mortífagos.
Las cosas se tranquilizaron después de unos intentos de Ron para que Harry reconsiderara eso, los cuales fueron totalmente ignorados por éste.
La junta terminó con un papel repleto de firmas de aquellas personas que estaban de acuerdo a aprender y no decir nada sobre el club. Hermione no dijo nada sobre el castigo, pero Harry podía sentir la magia impregnada en ese pequeño pergamino.
Muchos se acercaron para hablar con él después de eso, pero el azabache simplemente agarró del brazo a Draco y, de forma amistosa para los ojos curiosos, salieron del lugar.
—¿Quién te invitó? —cuestionó el menor una vez que estuvieron lo suficientemente lejos. Zabini tenía el ceño fruncido detrás del rubio, pero no dijo nada.
—Mi padrino me pidió el favor que te cuidara.
La respuesta fue simple, pero Harry ya se estaba haciendo una nota mental para reclamarle a Severus sobre eso, nada fuerte, suponía que su antiguo discípulo tenía algo en mente para hacer algo así.
—No le podrán decir nada a Severus del club —avisó encogiéndose de hombros—. Buscaré una forma de burlar el hechizo promesa que Hermione puso en el pergamino, pero sólo será para mi uso.
—¿De qué me he perdido? —preguntó con sutileza el de piel oscura, ganándose una sonrisa amigable por parte de Harry.
—Creo que no estamos en buenos términos —murmuró y extendió su mano—. Volvamos a iniciar. Un gusto, soy Harry Potter.
El joven levantó una ceja hacia su amigo, pero el rubio sólo bufó y asintió.
—Blaise Zabini, el gusto es mío.
Después de eso, Harry sólo intercambió algunas palabras con los dos Slytherin antes de separarse, debía ir con el Jefe de la Casa Slytherin para cumplir el castigo, y Harry no quería perderse la oportunidad de volver a molestar al maestro.
