LENA

Severus Snape: El amor tras la guerra.

Por: Rita Skeeter.

Severus Snape, héroe de guerra amado por unos, odiado por otros, recientemente ha encontrado el amor en una atractiva mujer de treinta años: la despampanante experta en transfiguraciones Angela Louper. Pero, ¿quién es Angela? Es nada más y nada menos que la maestra de transfiguraciones del colegio Hogwarts de magia y hechicería. Adorada y admirada por sus estudiantes, Angela se ha robado el corazón del oscuro Severus desde hace casi un año.

"Lo mantuvimos en secreto, para garantizar la privacidad de Severus. Despertó hace muy poco y casi todo es nuevo para él", comentó Angela sin perder ni un instante la amorosa sonrisa que cautivó al profesor Snape. Y es que, cómo no van a ser nuevas las cosas para el profesor, si su aspecto rejuvenecido también le ha renovado el corazón…

—¿Dónde tiene Louper una sonrisa amorosa? —comentó Collette, pausando la lectura del artículo —. Su sonrisa es más falsa que el cabello de Skeeter. ¿No, Lena?

Intenté sonreír, pero sólo pude formar poco más que una mueca. Mi corazón se sentía chiquito dentro de mi pecho, como si alguna mano invisible lo estuviese estrujando. Todo el mundo tenía una copia de El Profeta, donde aparecía la fotografía de Louper colgada del cuello de Severus. La mujer sonreía radiante, mientras el huraño profesor tenía expresión de estar constipado.

—No me creo que Snape haya conseguido conquistar a Louper —dijo Ben mirando el periódico por encima del hombro de Collette —. Está muy b…

Collette arqueó las cejas y giró la cabeza para mirarlo. Ben se interrumpió con una tos fingida, recostándose nuevamente contra el árbol. Tras tener una semana completa de lluvias torrenciales, ese era uno de los pocos días soleados que proporcionaba el otoño, por lo que habíamos decidido pasar el par de horas libres en los terrenos del colegio.

—Mi tía es bonita, pero es un engendro demoníaco —dijo Theo sacando un paquete de gomitas del bolsillo de su túnica —. Serán tal para cual ella y Snape.

—¿Planearán casarse? —dijo Collette con voz curiosa.

—Bueno, si salió en el periódico, las cosas deben ir en serio —dijo Ben.

No me sentí capaz de seguir escuchando la conversación de mis amigos y me puse de pie, sacudiéndome las hojas secas de la túnica. Era absurdo lo que llegaba a doler que Louper y Severus fuesen la pareja del momento. Y como no planeaba llorar delante de mis amigos, lo mejor era emprender la huida.

—¿A dónde vas? —preguntó Theo.

—Al baño —mascullé.

—Ah —Theo parecía un poco decepcionado.

No podía culparlo. Toda la semana anterior y gran parte de esa, había sido poco más que parte del mobiliario. A menudo me asaltaban las ganas de llorar, por lo que solía desaparecer por largos ratos, escondiéndome en los baños o en aulas vacías. Dentro de nada podría hacerle competencia a Myrtle la llorona.

—¿Quieres una gomita antes de irte? —Theo sonrió amistosamente.

—No. Gracias —dije antes de comenzar a alejarme.

—Estas te gustan —dijo Theo en voz alta.

Hice un gesto con la mano sobre mi cabeza, rechazando de nuevo la golosina. No tenía muchas ganas de comer dulce. De hecho, poco comía desde que Severus me mandara al diablo, picoteando un poco de mi plato y sintiéndome llena casi de inmediato. Era consciente de que estaba perdiendo peso, porque la ropa comenzaba a quedarme floja. Pero poco o nada me importaba. Siempre había sido delgada y lo que menos ocupaba mi mente era mi aspecto físico.

Estaba tan ocupada pensando en cuál sería el mejor baño para llorar tranquilamente, que no me di cuenta de lo que ocurría unos metros por encima de mí, hasta que ya era muy tarde. ¡Plaf! Algo con un fuerte olor a cetona se estrelló contra mi cabello al nivel de la nuca. Casi de inmediato el olor cambió para convertirse en el inconfundible aroma a pelo chamuscado. Horrorizada me llevé la mano derecha al cabello, sintiendo un fuerte ardor en los dedos cuando estos hicieron contacto con una sustancia viscosa.

—Mi sangre no se derrama en vano, sangre sucia —dijo la voz de Carter.

Levanté la mirada, con los ojos llenos de lágrimas de dolor, a tiempo para ver a Carter, Bulstrode y Tisdale muertos de risa, recostados contra el barandal del piso superior.

—A ver qué tal te va el pelo corto, fenómeno —dijo Tisdale sacudiendo su larga melena rubia.

Me llevé la mano al bolsillo, soltando un chillido en cuanto mis dedos llenos de ampollas tocaron la tela. Volví a sacar la mano, sacudiéndola con la vana esperanza de que así se aliviara el ardor. Las risas se hicieron más fuertes.

—¿Lena? ¿Qué haces? —Finnigan acababa de doblar la esquina del pasillo.

Las risas de los Slytherin cesaron en cuanto Finnigan miró hacia arriba con expresión severa, mientras caminaba hacia mí con paso rápido. Puso cara de desagrado al ver mi ampollosa mano y no supe interpretar su expresión cuando echó un vistazo a mi cabello.

—Será mejor que vayas a la enfermería —dijo Finnigan al tiempo que le hacía un gesto con el dedo a los Slytherin para que bajaran. Subió la voz y añadió: —. Nuestra charla será larga, muchachos.

No esperé a que los Slytherin bajaran. Ya habría tiempo de cobrármelas luego. Emprendí camino hacia la enfermería, armándome de valor para escuchar la perorata de la señora Pomfrey. No habían pasado ni dos semanas desde la última vez que estuve allí y, sinceramente, dudaba que me recibiera muy alegremente.

Los dedos me ardían menos que al principio, pero no tenían muy buen aspecto: parecía como si los hubiese sumergido en una carne molida particularmente grasosa. Además, no quería pensar en nada malo, pero el fuerte olor a pelo chamuscado me preocupaba casi tanto como el futuro de mis dedos. ¿Y si me quedaba calva también? No era lo más hermoso que hubiese pisado el castillo, como para darme el lujo de andar pelona.

—¿En qué te has metido ahora? —preguntó la enfermera poniéndose unos guantes de piel de dragón y revisando las partes afectadas.

—Sólo pasaba por el pasillo —dije a la defensiva.

—Hmmm es savia de arce del purgatorio. Debo remover toda esta piel y hacerla crecer de nuevo —dijo serenamente yendo a rebuscar en un armario —. El cabello es otro cuento. Esta sustancia se procesa y se usa para eliminar el vello corporal por largos periodos de tiempo, así que la única opción es dejarlo crecer.

—¿Voy a andar calva por ahí? —pregunté con un hilo de voz.

—No. Podemos cortar las zonas afectadas —dijo acercándose a mí con una gasa y una palangana llena de algo que humeaba.

—Eso no me hace sentir segura —dije con una mueca.

—Podrías dejar de meterte en problemas entonces —dijo en un tono que sonó demasiado maternal, antes de tomar mi mano y comenzar a restregarla con la gasa con fuerza.


—¡Por Merlín! ¿Qué te has hecho? —exclamó Ben.

Me dejé caer en el sofá, hundiéndome en él todo lo posible. Collette me miraba con la boca abierta, igual de sorprendida que Ben.

—Carter —fue toda la explicación que di sobre porque repentinamente llevaba el cabello más arriba de los hombros.

La señora Pomfrey, con sus más esforzados dotes de estilista, se las había arreglado para cortarme el cabello dañado, sin dejarme calva en el proceso. Sin embargo, al haberlo llevado siempre hasta la cintura, el nuevo corte representaba un cambio del cielo a la tierra. Básicamente, Carter me había forzado a meterme en la onda de "cerrar ciclos".

—¿Cómo Carter? —preguntó Collette.

—Me tiró encima savia de arce del purgatorio —expliqué y, levantando la mano derecha, añadí: —. Toda la piel de esta mano es nueva.

—¿Está demente? ¡Pudo dejarte calva durante meses! Yo me depilo con eso —dijo Collette.

—ah, ¿sí? —preguntó Ben con picardía.

Puse los ojos en blanco cuando mis amigos comenzaron a reírse de forma tonta.


SEVERUS

Casi había dado por sentado que Lena no iba a regresar a mi clase. Si embargo, casi dos semanas después estaba allí, con cara de haber bajado al infierno y haber vuelto a la tierra de visita. Su cabello estaba muy corto, por encima de los hombros, haciéndola parecer más delgada de lo normal. ¿o tal vez sí estaba más delgada? Pensé cuando se remetió un mechón de cabello tras la oreja para inclinarse sobre el caldero. Sus pómulos parecían más marcados. ¿Por qué se habría cortado tanto el cabello? ¿Sería por la costumbre muggle que me explicara Lily años atrás? ¿eso de cerrar ciclos?

Habría deseado que ella no regresara, que se hubiese olvidado de cursar pociones y, así, no tener que cumplir con la petición de Angela. Si tan sólo ignorarla fuese una opción, habría sido sencillo. Pero cualquiera de esos mocosos podía informarle a la mujer mi negativa a cumplir sus caprichos.

—¿La estrella del quidditch ha decidido honrarnos con su presencia? —inquirí con la voz más burlona que pude adoptar.

Ella me miró con ojos carentes de expresión, sin decir nada.

—Tendrás que ponerte al día, Heron. Pregúntale a Weasley cuál poción trabajamos las clases anteriores. Necesito que en cada clase elabores dos: la del día y una de las que no has entregado. ¿Comprendes?

—Sí —respondió con una voz que hacía juego con sus ojos.

—Sí, ¿qué?

—Sí, señor.

¿Sería suficiente con eso? Lo dudaba. No sería distinto a lo que haría cualquier otro docente. Lancé una rápida mirada a los demás estudiantes: todos observaban la escena con el mismo nivel de interés, así que no podía sospechar de un soplón en particular.

—Como a mi clase no se falta sin justificación, vas a limpiar los calderos de tus compañeros por lo que resta del mes. Sin magia —dije volviendo a centrar mi atención en ella.

—Está bien —respondió secamente.

—Desde hoy, Heron —aclaré.

—Está bien —dijo ella sin mudar la expresión.

—Deja de decir "está bien", Heron. Me sacas de quicio —dije levantando un poco el tono de voz. ¿Por qué me tenía que poner las cosas tan difíciles? ¿Acaso no era más sencillo alejarse del todo? Definitivamente era tan obstinada que no renunciaría fácilmente al programa de San Mungo. Ni por mis malos tratos.

—Está b… sí, señor —respondió tras aclararse la garganta.

Pude notar como su labio inferior tembló un poco, antes de que ella apretara los labios y desviara la mirada hacia algún punto tras mi espalda. El brillo de sus ojos y su frecuente parpadeo me indicó que luchaba contra las lágrimas.

—Continúen —ordené a toda la clase y fui a sentarme tras mi escritorio.


LENA

Tomando aire profundamente para tranquilizarme, volví a trabajar en la poción para curar furúnculos. Las manos me temblaban un poco cuando agarré el cuchillo para rebanar el hígado de sapo.

—Cuidado te cortas —dijo Ben quitándome el cuchillo y poniendo en mi mano un puñado de hígado perfectamente rebanado —. La poción de la clase pasada fue una para desinflamar. Comparte ingredientes con esta, así que seguro logras las dos.

—Gracias, Ben —dije encendiendo otro hornillo para el segundo caldero.

—Planeo ayudarte cuanto pueda —dijo el muchacho con las orejas coloradas, colocando un montoncito de hojas de menta pulverizadas en un frasco y dejándolo frente a mí.

Arqueé las cejas, sorprendida. La ayuda de Ben consistía en dar instrucciones más precisas que las del libro, pero nunca hacía tu trabajo. Eso era impensable para el pelirrojo.

—¿Qué te propones? —pregunté, un tanto divertida con la situación.

El muchacho no respondió y tras pesar un cálculo de vaca, lo dejó junto al frasco con menta seca.

—Se siente culpable por lo de Snape —susurró Collette, separando un par de espinas de puercoespín del montón sobre la mesa —. Piensa que, si no le hubiese pegado a Carter, Snape no te estaría tratando así.

Eso me conmovió casi hasta las lágrimas y no pude más que mirar al chico con ternura.

—Snape me odia. Con puñetazo a Carter o sin él —le dije a Ben, quitándole una nuez tostada de la mano —. No te preocupes.

—No me mires como mi madre —sonrió Ben, todavía colorado.

—Oh, mi pequeñito —susurré con una risita.

—Cállate —dijo Ben sonriendo con resignación —. Eres peor que Collette.

—Cuidado, Bennie —Collette lo miró con malicia y, bajando mucho más la voz, añadió: —. ¿Quieres un castigo?

—¡Por Merlín! No cuenten galeones frente al mendigo ¿quieren? —dije rodando los ojos.

Con una risita por lo bajo, los chicos continuaron trabajando. Yo también me esforcé por mantener el ritmo haciendo dos pociones al tiempo, pero el silencio repentino volvía a hacerme consciente de que Severus estaba en ese mismo salón. Tuve que luchar contra la necesidad de levantar la cara y mirarlo sabiendo que, si cedía ante el impulso, seguramente me bloquearía por completo y sería incapaz de trabajar.

¿Acaso me iba a sentir igual todo el año? Pensé cada vez más desanimada. Cuando tomé la decisión de regresar a clases, lo hice con toda la valentía que fui capaz de reunir. Pero ya no estaba tan segura de si podría mantenerme serena todo el tiempo. ¿Y si él continuaba incordiándome todo el tiempo? Ese día había logrado evitar el llanto por los pelos.

—Te luce, fenómeno —susurró Carter al pasar junto a mí con su muestra de poción.

Apreté los dientes, reprimiendo las ganas de aventarle la muestra de poción que estaba separando para entregar. Si lo hacía, seguramente Snape me pondría a lavarle los calzones a toda la casa Slytherin como castigo.

—Se ve bien —dijo Ben revisando la muestra de poción antiinflamatoria que había separado hacía un rato.

—Espero que lo esté —dije apretando la tapa del frasco donde había puesto la cura para furúnculos.