LENA

—Mi tía es una loca obsesiva, pero no ha matado a nadie que yo sepa —comentó Theo cruzándose de brazos.

Llevábamos un buen rato encerrados en un salón vacío, discutiendo por milésima vez los riesgos de que Louper supiese de mi situación, y hasta ahora sólo habíamos llegado a la conclusión de que un imperius no implicaba un avada kedavra.

—Insisto en que deberíamos modificarle la memoria —dijo Beto mientras acomodaba mejor su oreja contra mi vientre —. Es lo mejor para Fitz.

—Podríamos dejarla tarada. Fitz no necesita una madrastra tarada —dijo Collette mirando a Beto con algo parecido a la ternura.

Puse los ojos en blanco. Llevaban días enteros llamando al niño Fitz, como diminutivo de Fitzwilliam. Naturalmente había sido idea de Beto y todos los demás no tardaron ni dos días en comenzar a llamarlo así también. Hasta Theo, que antes no cesaba de llamarlo "cosa", le decía Fitz ahora. Yo no me atrevía a decirle de ninguna forma que no fuese "niño", indecisa como siempre respecto a mis sentimientos por la criatura.

—Ya está loca, ¿qué más da si la dejamos estúpida? —dijo Ben.

Collette lo miró como quien mira un chicle en la suela de su zapato. A pesar de que Ben había vuelto al grupo hacía casi un mes, ella todavía no lo perdonaba y no se molestaba en disimularlo. Ben enrojeció y fingió que miraba por la ventana.

—Collette tiene razón —Theo miraba fijamente a Beto y sus arrumacos a mi enorme abdomen —. No sabemos cuánta memoria habría que borrarle y eso podría dañar su mente. Hasta ahora se ha mantenido alejada. Quizás sólo esté esperando a que Lena desaparezca y ya.

—¿Y si no? —preguntó Beto con voz seria, justo antes de soltar un chillido emocionado cuando el niño hizo un movimiento brusco contra su oreja.

—Auch —gruñí dándole una palmada en la cabeza al Slytherin.

—¡Ay! —chilló Beto quitando la oreja y enderezándose mientras se sobaba el cráneo —¿Qué hice?

—Se mueve así cuando lo molestas —me cerré la túnica con una mueca de fastidio—. Vas a hacer que me quede sin entrañas.

El pequeño ser que crecía en mi útero parecía tener una especial predilección por la voz de Beto, moviéndose con más energía que nunca cuando el muchacho estaba cerca.

—No lo molesto. Fitz me ama —rezongó Beto yendo a sentarse junto a Ben al otro extremo del salón. Parecía temer un nuevo manotón de mi parte.

Lo miré ceñuda mientras la criatura continuaba su dolorosa danza en dentro de mí. A lo mejor debería dejárselo a Beto en cuanto naciera, pensé con cierto fastidio.

—¿De verdad crees que ella sólo esté esperando a que me marche? —le pregunté a Theo, apartando mi atención de Beto.

—Si quisiese hacer algo, ya lo habría hecho —dijo Theo con voz seria. Sin embargo, me pareció ver un atisbo de sonrisa en sus labios cuando apartó sus ojos de Beto para centrarse en mí.

Apreté los labios, nuevamente no muy convencida con la afirmación de Theo. Llevábamos el último mes discutiendo una y otra vez acerca de los posibles planes de Louper, sin demasiados avances. Al principio mis amigos se mostraron muy preocupados por la noticia de que Louper conocía el secreto, pero con el tiempo fueron tranquilizándose hasta que la conversación terminaba en el mismo punto. Al parecer, la única que vivía con la angustia a flor de piel era yo.


LENA

Marzo y abril pasaron a una velocidad alarmante, dándole paso a un mayo bastante fresco. Con treinta y seis semanas de embarazo me resultaba cada vez más difícil moverme con la misma agilidad de antes. Sentía que todo lo hacía más lento y me cansaba como si en lugar de diecisiete años tuviese ochenta. Era jodidamente engorroso levantarme cuando me sentaba, por lo que procuraba permanecer de pie la mayor parte del tiempo. Eso significaba que al final del día era víctima de calambres considerablemente dolorosos, con lo que me despertaba varias veces a lo largo de la noche. De modo que, últimamente me descubría cabeceando a mitad de las clases de la mañana.

—Si te estoy aburriendo puedes marcharte, Heron —dijo la profesora McGonagall durante una de las reuniones pre-EXTASIS.

Me sobresalté, dando un brinquito en mi lugar en medio de Ben y Collette.

—Lo siento, profesora —grazné sintiendo que la sangre se me agolpaba en el rostro.

—Estoy segura de que son días difíciles para todos —continuó la directora con expresión seria —, pero deben ser fuertes para lograr las metas que se han propuesto…

Miré en dirección a la mesa de los Slytherins, encontrándome con la mirada de Beto. El muchacho me sonrió, guiñándome un ojo. Le dediqué una sonrisa que vaciló en mi rostro cuando vi a Severus detenerse tras el muchacho, depositando un pergamino frente a él. El hombre me miró con tal intensidad que el corazón me comenzó a latir desbocado dentro del pecho. Bajé la mirada hacia mi regazo. Hacía mucho que el hombre no me trataba mal en clases y se limitaba a mirarme fijamente, como evaluándome, sin decir mayor cosa. No sabría decir si me lastimaba más su indiferencia que sus agresiones.

—¿Estás bien? —susurró Ben a mi lado.

Asentí sin decir nada.

—Sus jefes de casa están repartiéndoles los formularios definitivos para inscribir los EXTASIS que quieren presentar. Es la última oportunidad para aplicar a otra profesión si han cambiado de parecer —dijo la profesora McGonagall con la seriedad que la caracterizaba.

En ese momento la profesora Sprout dejó una hoja de pergamino frente a mí con el listado de todas las materias que se examinaban en los EXTASIS. Había una hilera de cuadritos dibujada frente al listado para señalar las asignaturas que presentaría.

Tomé mi mochila para sacar una pluma y una botellita de tinta. Ya tenía la aprobación de San Mungo para aplicar a su programa si obtenía los EXTASIS necesarios, sólo debía señalar las asignaturas de la lista para ello. Tomé aire profundamente y me dispuse a seleccionar los EXTASIS que presentaría. Terminé seleccionando: pociones, DCAO, encantamientos, transformaciones, herbología, y astronomía para puntos extra.

—Sólo quedan cuatro semanas —dijo Ben.

Sentí un retorcijón. Cuatro semanas. Eso también significaba que el nacimiento del niño estaba demasiado cerca. Rogaba que me diese el tiempo que necesitaba para presentar los EXTASIS y desaparecer. Si lograba que las cosas salieran según mis planes, viajaría con Beto hasta su casa para tener al niño y esperar el resultado de los exámenes. Si podía acceder al programa de medimagos tendría una pequeña paga que serviría para mantenernos a ambos de forma modesta. Y Beto me había asegurado que Amy se había ofrecido a cuidar del pequeño mientras yo estuviese en el hospital. No era el mejor plan del mundo, pero era un inicio.

SEVERUS

Lena se veía más cansada que nunca, si eso era posible acaso. Parecía como si le costara moverse por momentos y solía cabecear muy a menudo en clases. Y no era sólo en las mías que le ocurría, porque había escuchado a Sprout quejarse de ello con Flitwick. Todos suponían que debía ser por la cercanía de los EXTASIS, pero yo sabía que algo más le estaba sucediendo. Ella era bastante torpe y distraída, pero la resistencia que solía tener era superior a sus defectos.

Quería poder estar a solas con ella para preguntarle qué demonios le estaba ocurriendo. Me preocupaba que estuviese enfermando nuevamente, descuidando su salud como había hecho seis meses atrás. Ya estaba a un pequeño paso de lograr su tan anhelado cupo en San Mungo, no podía dejarlo escapar de una forma tan estúpida. Y nuevamente era Angela quien no me permitía acercarme a ella, habiéndome pedido semanas antes que la dejara en paz porque ya no le interesaba verla sufrir.

No podía negar que no tener que humillar a la muchacha en clases me aliviaba de sobremanera, pero el motivo por el cuál Angela había perdido el interés en ella me hacía hervir la sangre. Rodríguez. Al parecer ella y Rodríguez estaban involucrados de forma romántica, tal y como pensara el día en que la vi afuera de la panadería cerca de la casa de sus padres.

Cada vez que los veía juntos sentía cómo los celos se apoderaban de mí y deseaba poder castigarla por ello. Y sabía lo ridículo que era pensar en eso, porque era yo quien iba a casarme en el verano. Ella tenía todo el derecho de buscar quien la ayudase a superar toda la mierda por la que la había hecho pasar. Pero simplemente no podía dejarlo estar así sin más.

Siempre la seguía con la mirada, aumentando mis deseos de retenerla un día para interrogarla acerca de su precario estado de salud. Necesitaba un motivo para hacerlo, pero ella no había vuelto a darme alguno, como si se estuviese esforzando por pasar desapercibida. Cosa que me frustraba casi tanto como su relación con el Slytherin. Tenía que hallar la forma de quedarme a solas con ella si no quería volverme loco pensando en qué le estaba sucediendo.

THEO

Me acerqué a la mesa de Slytherin para buscar a Beto y acompañarlo a clases. Últimamente disfrutaba bastante de su compañía y solía juntarme con él en las clases que compartía con su casa. Era muy agradable conversar con él y después de haber reflexionado sobre las palabras del Koothrappali, había descubierto que no me importaba si Beto tenía un interés romántico en mí. Lo consideraba mi amigo, por encima de sus posibles preferencias.

Me detuve tras la espalda del chico y me asomé sobre su hombro para mirar su formulario. Para mi absoluta sorpresa no había seleccionado Cuidado de criaturas mágicas.

—¿Por qué no has puesto cuidado de criaturas mágicas? —pregunté a Beto con curiosidad.

—Decidí que no seré magizoologo —anunció Beto.

Arqueé las cejas, sorprendido. Creía que el grandulón iba a dedicarse a cuidar vacas mágicas y cosas así.

—¿Entonces qué vas a hacer? —sentía las miradas de los demás Slytherins sobre mí. Era incómodo, pero también satisfactorio crear tanto revuelo entre las serpientes.

—No te importa —dijo el muchacho metiendo no uno sino dos pergaminos dentro del sobre.

—Oh, vamos. ¿De verdad no me vas a decir? —puse mi mano en su hombro, dándole un apretón amistoso.

Sentí como Beto se tensaba bajo mi tacto, como cada vez que lo tocaba de repente.

—Te digo después —dijo levantándose de golpe, apartando mi mano en el proceso.

Lo vi alejarse a paso rápido hacia donde se encontraba Snape recibiendo los sobres con los formularios. Me sentí molesto repentinamente, ofendido ante su falta de confianza. ¿Por qué no quería decirme cuál profesión había elegido? Se suponía que éramos buenos amigos.

Decidí esperarlo a la salida del gran comedor e insistir en saber sobre su extraña decisión. No podía sencillamente cambiar de parecer sobre el tiempo y quedarse callado al respecto. No tenía ningún derecho a hacer que me preocupara. Ya tenía bastante con la situación de Lena, como para encima tener que pensar en lo que haría de su vida Rodríguez.

—¡Beto!

Me paré junto a una columna en el vestíbulo y grité por encima del ruido de los estudiantes de último año que salían amontonados del gran comedor. El muchacho se sobresaltó y me miró azorado, pero comenzó a caminar hacia mí de todas formas.

—Tenemos clases —sentenció en cuanto llegó junto a mí.

—¿Y? —dije encogiéndome de hombros.

—Que llegamos tarde, Williams —dijo Beto.

—Es cuidado de criaturas mágicas. Total, no la vas a presentar —lo piqué con tono burlón.

—No friegues —dijo Beto cruzándose de brazos.

—¿Vas a decirme? —pregunté.

—Luego.

—¿Luego cuándo?

—Otro día, Williams.

—Dime ahora.

—¡Que no!

Se giró para marcharse, pero lo sostuve tomándole el antebrazo y tirando de él, arrastrándolo hacia un pasillo, alejándolo de los demás estudiantes. El chico opuso resistencia un instante, pero después se dejó guiar por mí a través del pasillo hasta que llegamos a un aula vacía y quedamos completamente solos.

—¿Nunca aceptas un no? —gruñó enfadado.

—Casi nunca —admití encogiéndome de hombros —. Dime. ¿Qué carrera solicitaste?

El muchacho guardó silencio y se sonrojó. Parecía estar dividido entre si contármelo o no.

—Vas a reírte —dijo al fin.

—¿Por qué haría tal cosa? —dije con tono ofendido. Yo no me burlaba de cosas serias… casi.

Beto tomó aire profundamente y lo soltó de golpe.

—Pedí cupo en San Mungo.

Abrí mucho los ojos, asombrado. No me esperaba de ninguna forma que Beto pensase en ser sanador.

—¿Hablas en serio? —pregunté.

Mi pregunta pareció ofenderlo, porque se zafó de mi agarre con un manotón y me miró dolido.

—¿Crees que soy un chiste? —gruñó mirándome ceñudo y dándome un golpecito con el dedo en el pecho.

—Yo no dije eso —repliqué, molesto con su actitud.

—¿Y la pregunta? —refutó haciendo de nuevo lo del dedo.

—Nunca hiciste nada que indicara que querrías ser sanador —dije dándole un manotazo en la mano con la que me picaba el pecho.

—¿En qué te afecta? —esta vez no me picó con el dedo, pero sí acercó su rostro al mío de forma amenazante.

—¡En que no confías en mí!¡Eso es lo que me afecta! —la respuesta salió sin que me lo pensara siquiera. Esta vez fui yo el que le picó el pecho con el dedo.

—¡No hagas eso! —exclamó Beto dándome un ligero empujón de advertencia.

—¡Tú empezaste! —lo piqué de nuevo.

Esta vez Beto me empujó con fuerza haciéndome caer hacía atrás. Instintivamente me sujeté del cuello de su túnica, haciéndole perder el equilibrio y arrastrándolo conmigo al suelo. Caí con un golpe sordo sobre el suelo de piedra con Beto sobre mí. Nos miramos fijamente, desconcertados por lo que acababa de ocurrir. Nunca habíamos estado tan cerca el uno del otro, de modo que sólo en ese momento pude apreciar cada centímetro de su rostro moreno. Sus ojos en realidad no eran negros, sino de un café extremadamente oscuro y un lunar pequeñito le adornaba el puente de la nariz.

—Serás idiota —dijo en voz baja. Pude notar que sus dientes eran en extremo blancos y que sus labios eran más carnosos que los de Collette.

Un extraño calor se extendió por mi rostro cuando comprendí que me estaba fijando de más en las facciones de otro hombre. Dicho calor se incrementó al percatarme de lo agradable que se sentía el peso del Slytherin sobre mi cuerpo.

—Idiota tú —dije con voz apenas audible, asustado de lo que ocurría conmigo en ese momento.

Beto se humedeció los labios, nervioso. Nuestras miradas permanecían enfrentadas, en una batalla silenciosa por ver quien apartaba la suya primero. ¿Era normal que me sintiera cómodo en la posición en la que me encontraba? ¿Por qué además de ver sus ojos me fijaba tanto en sus labios? Sin saber por qué, mi cuerpo actuó por voluntad propia y lo sujeté con más fuerza del cuello de la túnica, tirando de él hacia mí. ¿Qué estaba haciendo? ¡Por Merlín! ¿Qué estaba haciendo? Beto abrió mucho los ojos y no supe si su expresión era de asombro o de miedo cuando nuestros labios se encontraron.

Fue un beso tímido al principio, como si ambos estuviésemos tanteando el terreno, como si esperásemos que el otro interrumpiera semejante locura. Sin embargo, ninguno de los dos se separó del otro y lentamente el beso fue tomando mayor intensidad. Beto apoyaba sus manos en el suelo a ambos lados de mi cuerpo y yo continuaba sujetando el cuello de su túnica para mantenerlo cerca. De repente sentía que estar allí en el suelo besando a Beto Rodríguez era todo lo que estaba bien en el mundo, que el calor que se extendía por mi cuerpo era lo que necesitaba sentir y era correcto.

Nunca antes había besado a un hombre, ni me había interesado en hacerlo. No sabía que podía sentirse tan bien, o quizás era la persona con la que lo estaba haciendo quien hacía que se sintiera bien… No estaba seguro de nada más que las sensaciones que me envolvían en el momento. ¿Debería detenerme y fingir que nada ocurría? No quería hacerlo, ni siquiera cedí cuando Beto quiso apartarse. En lugar de permitirle retirarse, hice acopio de toda mi fuerza para hacer que fuese él quien quedase de espaldas conmigo encima. Escuché el click de la puerta al cerrarse con seguro por voluntad de mi mente, sintiéndome un tanto eufórico con el incremento en la privacidad.

—Theo… —graznó Beto mientras desabotonaba su camisa y besaba la piel expuesta.

—No hables —dije contra la piel de sus pectorales.

Los músculos del Slytherin eran tan firmes como una roca, haciéndome sentir escuálido a pesar de que yo también era alto y poseía un cuerpo bastante atlético.

—Esto es… —Beto insistía en hablar, por lo que nuevamente lo besé en la boca.

Sabía que si le dejaba decir lo que pensaba todo acabaría de inmediato. Y maldita sea, no quería que nada terminara hasta que yo lo decidiera. Quería ir más allá, aunque no supiese en realidad qué era lo que debería hacer. Nunca antes había sentido la erección de otro hombre haciendo presión contra mi propia excitación. ¿Cuál era el paso a seguir? Sólo me quedaba dejar que el instinto me guiara. Así que, sin ser muy consciente de lo que estaba haciendo, comencé a mover mi pelvis contra la suya, creando fricción sobre nuestras partes más sensibles. El gemido que se escapó de la garganta de Beto y la sensación placentera en mi propia entrepierna me confirmaron que estaba haciendo lo correcto. Beto se aferró a mi espalda y comenzó un vaivén acompasado con el mío.

Era realmente maravilloso, pero faltaba algo. Todavía nos faltaba una mayor proximidad. ¿Qué hacer al respecto? ¿Estaría bien si le quitaba la ropa y lo poseía? ¿Querría él hacer lo mismo? ¿Era algo que deberíamos turnar? Mi mente era un enredo completo y no quería echar a perder el momento. Tal vez eso era muy precoz para nosotros… ¿o no? Decidido a no pensarme demasiado las cosas, me arrodillé entre sus piernas abiertas.

—Shhhh —murmuré cuando Beto intentó sujetarme la muñeca para impedir que le abriera la bragueta del pantalón.

El muchacho me soltó y entre jadeos permitió que liberara su miembro. Como estaba improvisando, probé a sujetarlo con mi mano derecha, subiendo y bajando a lo largo de toda su longitud, como si estuviese dándome placer a mí mismo. Él jadeó y buscó nuevamente mis labios. Así que eso estaba bien para él, pensé complacido. Me sobresalté cuando Beto se animó a utilizar su mano en mi entrepierna, pero casi de inmediato el enorme placer me nubló la mente.

—Oh, Dios… —gruñí aguantándome las ganas de terminar en la mano del Slytherin.

No era así como quería que fuesen las cosas. Él era quien debería hacerlo primero. Yo quería ver cómo se venía por mi causa. De repente eso era lo que ocupaba mi mente. Así que sostuve su mano con delicadeza e incrementé la velocidad en la mano con la que lo estaba tocando. El muchacho echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y mordiéndose los labios. La imagen de Beto en una situación tan vulnerable se me antojó maravillosa. Tanto que sólo quería continuar con lo que estaba haciendo, memorizar cada gesto en su rostro y cada jadeo de su garganta.

—Theo… —gimió en el momento en que alcanzaba su liberación sobre mi mano.

El líquido caliente resbaló por mi muñeca hacia mi antebrazo, resultándome asombrosamente excitante. ¿Y ahora? ¿Qué se suponía que hiciera ahora? También tenía la urgencia de liberarme a mi mismo. Quería probar a adentrarme en él, pero lo sentía demasiado para un novato como yo. El chico abrió los ojos y me miró. Un brillo lujurioso que jamás creí llegar a ver en él se dibujaba en sus pupilas. Eso me animó a continuar y le insté a sujetar mi masculinidad nuevamente. Con la mano en la que él había obtenido su liberación, guie sus movimientos entre jadeos, hasta que yo mismo llegué al clímax sobre su musculoso vientre.

Me dejé caer a su lado de espaldas, mirando al techo, respirando agitado. La respiración de Beto era un poco más pausada ahora, habiéndose recuperado ya de su orgasmo. Me pregunté qué se suponía que debería hacer ahora. ¿Abrazarlo tal vez? ¿Sería eso demasiado raro?

—Beto… —dije su nombre sin saber qué decir a continuación.

El muchacho se levantó, negando con la cabeza mientras se acomodaba el pantalón.

—¿Estás bien? —pregunté levantándome también. Como sentía que el único expuesto era yo, también procedí a arreglar mi ropa.

—No. No estoy bien —dijo el Slytherin.

—¿Por qué? —dije mientras lo veía limpiarse los restos de mi liberación con un movimiento de su varita.

Él me miró como si me hubiese vuelto loco.

—¿Es en serio, Williams? —preguntó con tono incrédulo —. ¡Soy un marica! ¿Debería estar bien con eso?

Miré mi mano derecha, donde todavía no terminaba de secarse el producto del orgasmo de Beto. Tal vez era un poco tarde para sentirse mal por haberse manoseado con otro hombre, pensé.

—Contrólate, Rodríguez —dije volviendo a mirarlo y levantando mi mano al nivel de sus ojos. Sonreí burlón —. Esto no me hace demasiado heterosexual tampoco.

—¡No es gracioso! —elevó el tono de su voz y me obligó a bajar la mano de un manotón — ¡Lo que hicimos está mal! ¿Qué no lo ves?

Fruncí el entrecejo. No terminaba de hacerme a la idea de que me hubiese gustado tener un encuentro intimo con otro hombre, pero tampoco me despreciaba por ello en ese momento. No tenía el sentimiento de culpa con el que parecía estar lidiando Beto.

—¿Qué quieres que diga? —me encogí de hombros —. No lo siento en realidad. Fue… bueno… revelador.

—¿Revelador? ¡No me jodas! —se cubrió la cara con las manos —¡A ti te gusta Lena! ¿por qué hiciste esto? —añadió con la voz ahogada.

Volví a mirar mi mano derecha. Esa era una buena pregunta. ¿Por qué lo había hecho si a mi me gustaba Lena? Tal vez era porque me había hecho a la idea de que Lena iba a regar las babas por Snape siempre. No creía que lo que sentía por Lena fuese para ningún lado. ¿Estaba mal permitirme descubrir otras cosas acerca de mí?

—No lo sé —admití antes de sacar la varita de mi túnica y limpiar mi mano.

—Todo es un chiste para ti —dijo Beto descubriéndose la cara. Estaba rojo y sus ojos brillantes de rabia.

—No es así —quise acercarme a él para tranquilizarlo.

—¡No te me acerques! —exclamó, haciendo que me detuviera en seco.

El Slytherin tomó su mochila y se dirigió con paso firme a la puerta, abriéndola con un golpe de varita.

—Esto no pasó —dijo antes de salir del aula y cerrar de un portazo.

Me quedé allí de pie, en medio del salón vacío, con la ropa desarreglada y la sensación creciente de haber utilizado al chico más bueno del mundo. Estaba muy confundido, sabiendo de antemano que Beto se sentía atraído por mí, debería haber sido yo el que pusiera limites y, en lugar eso, me había aprovechado para vivir nuevas emociones sacadas de un momento fortuito.