CAPÍTULO 2

La castaña siguió al hombre quien se dirigía hacia unaLa castaña siguió al hombre quien se dirigía hacia una de las puertas.

No podía dejar de ver a su alrededor, todo era maravilloso, justo lo que ella quería.

–Bien, entraremos al sector A, ahí se encuentran las cabañas. —Dijo dejándola pasar primero. Ella pudo ver nuevamente las hojas y tierra.

Comenzaron a adentrarse en lo que parecía ser un bosque, y en definitiva, eso era. Notó cómo Erik sacaba su varita, y ella lo imitó por si acaso. Un sonido de ramas quebrándose la sobresaltó y él la tomó del brazo, poniéndola tras de si. Un gruñido llegó a sus oídos y no supo si emocionarse o asustarse por ello.

–¿Pires? —Preguntó al notar a la criatura de color blanco.

Los ojos de aquel dragón eran de color oscuro y la miraban directamente a ella.

–¿Qué haces aquí, muchacho? —Se acercó y en cuanto lo hizo "Pires" soltó un aterrador gruñido. Erik se detuvo en el lugar, mientras que el dragón se enderezó, y Danielle pudo notar cómo le costaba mantener su pata firme.

–¿Qué le pasó? —Preguntó, con voz calmada. No debía mostrar miedo, sino mantenerse serena.

–Tuvo un pequeño accidente, quedó atrapado bajo varias piedras gigantes y quebró su pata derecha, Charlie lo rescató hace unos cuatro meses y lo trajo aquí. —Le explicó— Solo le obedece a él, incluso parece burlarse cada vez que algún otro dragonalista le dice qué hacer.

–Es precioso —Dijo observando a la criatura maravillada. Erik asintió e intentó acercarse nuevamente.

Esta vez el dragón no puso resistencia y dejó que el castaño se acerque y lo toque, aunque parecía atento y a punto de atacar ante cualquier cosa que no le agrade.

–No puedes estar aquí, Pires, —Le habló al dragón— deberías descansar esa pata.

–¿Qué hace Pires aquí? —La voz de Charlie los sorprendió. Estaba justo detrás de Danielle, haciendo que se sobresalte.

–Iba a llevar a Dani a los apartamentos para dejar sus cosas, y simplemente apareció —Dijo mirando al dragón, que parecía tener ojos solo para Charlie.

Danielle estaba sumamente sorprendida por la bienvenida que Pires le daba a Charlie. El pelirrojo con seguridad inseguridad y sin miedo se acercó al dragón y lo acarició, para luego comenzar a guiarlo de nuevo hacia donde debía haberlo dejado antes.

–Yo vine para hablar un poco más con Danielle, pero supongo que puedo esperar un poco más. —Le sonrió y ella no pudo evitar sonrojarse— Ve a acomodarte y relajarte un poco, los viajes tan largos en avión pueden ser estresantes.

–Exacto. —Apoyó Erik— Debes descansar, este trabajo es duro y tienes que estar en condiciones para empezar y no agotarte muy rápido —Ella alzó una ceja.

–Luego de lo que vi por allá dudo cansarme algún día de este trabajo —Ellos rieron.

–No es trabajo fácil cuidar de dragones, muñeca. —Le dijo Erik volviendo a tomar sus valijas— Ven, no están tan cerca los apartamentos. Nos vemos luego, Charlie —El nombrado les hizo un gesto con la mano, y Dani se insultó internamente a si misma al sonrojarse cuando él le guiñó un ojo.

Luego de una larga caminata llegaron a los apartamentos, completamente de madera y decorados de manera hogareña con plantas. Los rayos del sol atravesaban las hojas de los árboles iluminando los pequeños pero hermosos edificios, dándoles una imagen de ensueño.

Caminaron hasta el tercer edificio a su derecha y subieron las escaleras que tenía al costado. Eran como cabañas, de unos 4 pisos cada una. Se detuvieron en el segundo piso y se pararon frente a la puerta. Erik dejó las valijas en el suelo y sacó una llave de su bolsillo. Se la tendió a Danielle y ella la observó. Era de color dorada, con un llavero en forma de dragón y con detalles plateados y de un color parecido al caoba. Miró a Erik una vez y metió la llave en la cerradura, girándola lentamente. Un sonido al destrabarse la hizo sonreír de las ansias, y al abrir no pudo hacer más que abrir la boca sorprendida y maravillada.

Era grande, más que su apartamento en New Jersey. Todo, absolutamente todo era de madera. Las paredes de un color más claro que el del piso, había una chimenea de color ladrillo y el apartamento tenía ventanales grandes, con las persianas hasta abajo. Caminó hasta ahí y la subió, viendo hacia afuera, había un pequeño balcón. Todo era hermoso. A su derecha vio una puerta y al abrirla se encontró con la cocina. La mesada era de color crema y el horno de color negro. Había cuchillos colgados al igual que distintos utensilios de cocina. Era perfecta para ella.

Siguió recorriendo la casa olvidándose de su guía, encontrándose con el baño, y sí que se había enamorado de él.

Perfectamente brillante. Con un espejo lo suficientemente grande como para verse de la cadera para arriba. La bañera era un sueño y deseaba con todas sus ganas estrenarla y ducharse ahí.

Al llegar a la que sería su habitación notó que estaba muy vacía, al igual que el resto de la casa era de madera, con una cama de dos plazas, una mesita de luz, un gran armario para guardar toda su amada ropa, y una ventana que dejaba a vista la salida al bosque.

–Está vacía para que la decores tú, por supuesto —Dijo el castaño apareciendo a su lado, como si hubiese leído sus pensamientos.

–Adoro este lugar —Dijo sonriendo ampliamente y él se vio contagiado. Hace unas pocas horas la había conocido y ya podía ver en ella a una hermana pequeña, o bueno, más pequeña que él.

–Todos lo hacemos al llegar —Le dijo y luego la dejó lanzarse a la cama, donde prácticamente cayó dormida. Soltó una suave risa y decidió darle privacidad.

Abrió sus ojos notando la oscuridad en su nueva habitación. ¿Acaso había dormido tanto?

Se levantó y encenció la luz. Afuera ya era de noche y de podía escuchar el sonido de los grillos.

Salió de la habitación y caminó hacia la sala donde justo encima de la chimenea había un reloj blanco, que marcaba las 23:35 p.m.

Hizo una mueca por la hora y pensó en prepararse algo para "cenar", pero no tenía hambre.

Se acercó a uno de sus ventanales y observó hacia afuera. Había farolitos que iluminaban el lugar. El bosque tenía un aspecto que generaba un poco de miedo. Pero un detalle importante es que ella era una Gryffindor, una valiente leona que la curiosidad de explorar un poco más el lugar parecía carcomerla por dentro.

Por las hojas moverse comprendió que debía haber viento, así que tomó un abrigo de su valija, la cual aún no había desarmado, su varita y salió afuera.

Efectivamente, hacía frío y el viento movía la copa de los árboles. El silencio era apagado por los grillos y el sonido de lo que parecían ser búhos.

Se acercó a la entrada del bosque e intentó distinguir la barrera de protección, la que Erik le había dicho.

Hizo un movimiento de varita, pronunciando unas palabras extrañas casi inaudiblemente, y estiró su brazo, hasta que la punta de la varita tocó la barrera. ¿Vieron cuando tocan con un dedo el agua y se forman ondas alrededor, haciéndose cada vez más grandes? Bueno, eso pasó con la barrera. Las ondas recorrieron la barrera hasta su terminación, dejándole ver a ella desde dónde hasta dónde se extendía. Era algo sorprendente.

–¿Qué haces aquí? —Una voz la hizo sobresaltarse y al voltear se encontró con el pelirrojo.

–Eh, nada, solo estaba viendo una cosa —Dijo torpemente y él le sonrió con su sonrisa torcida.

–¿Sabes qué hora es? —Ella asintió— Deberías ir a dormir, aunque creo que no te hace mucha falta —Dijo divertido y ella se sonrojó levemente.

–Desperté hace poco y no tenía hambre, así que solo salí a ver —Dijo desviando la mirada de los ojos azules del chico.

–Sí que haz cambiado —Le dijo mirándola fijamente. Ella sonrió.

–Todos lo hacemos, tú igual, estás más... —Paró mordiéndose la lengua para evitar algunas palabras de más.

–¿Más qué? —Preguntó curioso el segundo mayor de los Weasley.

–Maduro —Dijo simplemente y el soltó una carcajada.

–Tú igual, haz madurado... Bastante —Dijo y luego se le quedó viendo. Danielle le sostuvo la mirada por unos cuántos segundos, hasta que un leve rubor apareció en las mejillas del pelirrojo, y este desvió la mirada.

–Debería ir a dormir —Carraspeó—, mañana empezamos desde temprano, me aseguraré de golpear tu puerta a las 7 en punto —Le dijo con una sonrisa que ella correspondió.

–Sí señor —Él rió y luego movió su mano en forma de despedida, yendo hasta su apartamento. El cuál era en el primer edificio, como pudo notar ella.

Costaba creer que Charlie Weasley, uno de sus amores platónicos en Hogwarts, estaba ahí, muchísimo más guapo y musculoso, trabajando de lo que más le gustaba, al igual que ella haría de ahora en más.

Mordió su labio y luego decidió volver. Le echó una última mirada al edificio y entró a su nueva casa.

La ruidosa alarma la despertó y unos segundos más tarde unos golpes en su puerta se oyeron.

Abrió sus ojos y por un segundo no reconoció dónde estaba. Se levantó con dificultad, su cuerpo parecía estar en contra de salir de la cama.

Caminó hasta la sala para abrir y así cesar con los golpes. Se rascó la nuca mientras bostezaba y abrió. Un animado Charlie Weasley la esperaba con una sonrisa que solo se hizo más amplia al verla a ella.

–Uau, conque así se ve Danielle Jones por la mañana —Dijo mirándola de arriba abajo, tardándose un poco más en sus largas piernas descubiertas. Ella se dio cuenta tarde de ese detalle y en cuanto lo hizo se ruborizó y le pidió que le aguarde un momento.

Entró y casi volando fue hasta su habitación a cambiarse.

5 minutos más tarde salió y Charlie la miró embelesado. El cabello castaño oscuro de ella, casi negro le llegaba hasta por debajo de los pechos. Llevaba puesta una remera blanca al cuerpo y un short de jean gastado y un poco roto. Traía una mochila de color café en su espalda. Su rostro lavado era bellísimo, deseaba verlo maquillado y más arreglado, aunque le costaba imaginarla aún más linda de lo que ya era.

–¿Charlie? ¿Está todo bien? —Preguntó y él asintió rápidamente, bajando de su nube.

–Sí, te ves bien —Le dijo dándose la vuelta para que ella no vea el rubor en sus mejillas.

–Eh, gracias —Dijo, ruborizándose también.

–Espero que estés preparada, hoy me ayudarás con Pires, y no es un dragón muy amigable —Dijo bajando las escaleras con ella tras él.

–¡Es bellísimo! —Exclamó con emoción recordando a la criatura, ansiaba poder acariciarla, aunque sea una vez.

–Sí, es bellísimo, pero también es difícil de manejar —Dijo volteándose, pero debido a que ella no notó esto, se estrelló contra el torso firme del pelirrojo. Debido a la diferencia de altura, debió levantar la cabeza para mirarlo a los ojos. Ambos se miraron por unos segundos, hasta que un silbido insinuante los hizo dar un salto hacia atrás, alejándose como un metro.

–¿Qué tenemos aquí? —Un rubio se acercó a ellos con una mirada entre confundida y sorprendida— Vaya, ¿quién es esta bella señorita?

–Danielle Jones, soy nueva aquí —Se presentó y el rubio la miró de arriba abajo, incomodándola. Cómo se notaba que esos hombres no veían muchas mujeres seguido.

–Karl Milligan, —Dijo mirándola curioso— ¿de dónde eres? Tu acento es encantador.

Ella se ruborizó– Estados Unidos —Él sonrió.

–Genial, yo tengo parientes allí, es un lugar muy lindo.

–¿En serio? —Preguntó interesada y él asintió para luego comenzar una charla, todo bajo la mirada seria de Charlie.

–Muy bien, podrán hablar y conocerse más, más tarde, tenemos que irnos —Dijo y sin darle tiempo de replicar la tomó del brazo, con suavidad, y la llevó con él hacia el bosque.

Danielle estaba ansiosa, sería su primer día trabajando y cuidando dragones.

¡Gracias a todos los que le dieron follow, fav, y dejaron reviews!

¿Qué les pareció el primer y segundo capítulo? ¿Cómo creen que le irá a Danielle en su primer día? ¿Creen que Pires será bueno con ella? ¿Weasley está celoso?

Espero que les haya gustado

¡Nos leemos en el próximo!