CAPÍTULO 3
Danielle POV
Tenía mi boca tan abierta por la impresión que no me sorprendería que algún insecto haya entrado en ella. Dejé caer la bolsa vacía que Charlie me había dado.
–Hace unos meses logramos encontrar a una Galés Verde, estaba herida, así que ahora debemos curarla para que pueda jugar con sus futuros bebés sin problemas —Dijo Charlie con una sonrisa al ver mi cara.
–Creo que moriré de la emoción —Admití sin dejar de ver al gigantesco nido en donde reposaba un bello dragón.
–No mueras, necesito tu ayuda —Dijo divertido y yo reí.
Nos habíamos adentrado mucho al bosque, donde habitaban los dragones, cada uno en su sector correspondiente. Por lo que había entendido, cada dragonalista tenía a su cargo ciertas criaturas. Ya que yo estaba "a prueba", aún no me asignarían a ningún sector, ni ningún dragón.
–Cada uno de nosotros tiene, por lo general, una especialidad en algo. Hay varios a los que siempre se les encarga la parte médica, otros se encargan del entrenamiento, por ejemplo, para los pichones, o los dragones heridos, —Me explicó— por supuesto que debemos saber todo sobre ellos, su sangre y las condiciones de su organismo, pero esa es más parte de análisis y científica.
–Eso es genial —Dije sonriente.
–Tal vez puedas hacer eso, varios eligen su "rama", por así decirlo. —Charlie me tomó de un brazo y me alejó unos metros del nido— Me acercaré así que ten cuidado, las hembras son muy protectoras con sus huevos y probablemente quiera atacarme.
Asentí tomando mi varita para estar preparada, si a la dragona se le ocurría abrir su boca, sin problema el fuego podría llegar hasta donde yo estoy.
Vi cómo Charlie se acercó lentamente, atento a la reacción de la bella criatura. La dragona parecía no molestarle tenernos a unos cuántos metros, pero al ver al pelirrojo acercarse más de lo debido, y con una varita en la mano se preocupó, irguiéndose.
Los Galés Verdes por lo general son de los menos peligrosos, pero a decir verdad, cualquier hembra puede ser bastante peligrosa si creían que sus bebés podían ser atacados.
Pude notar cómo no se movía demasiado, estaba claro que sus huevos estaban ahí y no quería hacerles daño. Ver eso me conmovía, por más que tranquilamente nos pueda lanzar fuego y quemarnos vivos, tan solo era una madre protegiendo a sus amados hijos.
Charlie hablaba, le hablaba a la dragona, como si eso fuera a calmarla. Yo lo miré confundida, estaba claro que ella no haría caso a cualquiera.
–¿Qué es lo que harás? —Dije en forma calmada.
–Debo tomar sus huevos, tienen que examinarlos y hacer unas cuantas cosas más —Dijo a dos metros del nido.
Observé preocupada cómo el dragón saltó al ver el movimiento brusco de Charlie. Me asusté al creer que Charlie moriría frente a mis ojos y me sentiría fracasada toda mi vida al no haber hecho nada para impedirlo, pero me di cuenta que no sería así. Charlie era un profesional, y realmente lo estaba demostrando.
La dragona y él hicieron contacto visual, y al parecer algo en la mirada de Charlie le dio a entender que no lastimaría a sus bebés. Él, con más confianza que antes llegó al nido, y se subió, siempre sosteniéndole la mirada. Mi corazón latía a mil y mi pulso estaba aceleradísimo. La mano de Charlie acarició la piel de la criatura con suavidad, demostrando confianza.
–Danielle.
–¿Si? —Pregunté hipnotizada con la escena.
–Tendrás que tomar los huevos. —Me dijo y lo miré con mis ojos abiertos como platos. Por supuesto que no lo notó, ya que estaba con su mirada clavada en el animal— No me mires así, novata.
Abrí mi boca para articular algo pero nada salió de ella.
–Es hora de ir al campo, preciosa. —Le habló a la dragona quien parecía mucho más calmada. Con su otra mano chasqueó los dedos y yo me sobresalté al sentir un peso inmenso en mis manos. Había hecho aparecer un gran trozo de carne en la bolsa que yo sostenía— Danielle, saca la carne y déjala ahí, luego aléjate de ella lo más que puedas.
Seguí sus órdenes y deje la carne en el suelo, me alejé unos metros detrás de un árbol, sosteniendo mi varita.
Charlie dejó de acariciar a la dragona y de un salto salió del gran nido, que a diferencia de otros, debía ser una miniatura, considerando que aquella Galés no era de las más grandes en tamaño.
Se acercó a la carne y la agarró, agitándola para que la dragona la note. Esta, hambrienta dudó antes de abandonar el nido, y siguió al muchacho con quien había tomado confianza. Caminaba con su ala izquierda baja, pude notar la herida en ella. Charlie se fue con la dragona siguiéndolo y yo pude aprovechar para tomar el huevo.
Trepé las piedras y al lograr subir pude ver de cerca aquellos huevos, de color marrón y con manchas verdosas. Eran grandes, debían ser un poco más grandes que mi cabeza. La duda me llenó al no estar segura de si debía llevarme todos, o solo uno.
Me sostuve de una de las ramas que armaban el nido con fuerza y levanté mi varita. Hice un movimiento y lo huevos levitaron en el aire. Bajé y me resbalé con una de las piedras. Por suerte mi mano siguió agarrando con fuerza mi varita, por lo que los huevos no cayeron haciéndose daño. Rebusqué en mi mochila, con una sola mano, el mapa que Erik me había dado. Al encontrarlo comencé a seguir las indicaciones hasta el laboratorio donde debían revisar las condiciones de los huevos.
Luego de un largo rato caminando con el corazón en la boca, por el temor de encontrarme con algún dragón en el bosque, llegué a un edificio, si no me equivoco en el sector A. Era blanco y a diferencia de los departamentos, este no estaba hecho de madera. Toqué la puerta y esperé unos minutos, hasta que se abrió y una mujer de unos 30 y pico de años me observó de arriba abajo, para luego sonreírme ampliamente.
–Tú debes ser la chica nueva, todos hablan sobre ti, es un placer, soy la doctora Mercedes —Yo le sonreí de vuelta.
–Sí, soy la nueva, Danielle Jones, un placer para mi también —Ella se hizo a un lado y yo entré con cuidado de no golpear alguno de los huevos.
Ella me indicó dónde dejarlos y me dijo que vaya al campo, tal vez tengan alguna tarea para mi. Yo asentí, deseando quedarme un poco más y ver cómo una doctora como ella realizaba su trabajo con todos aquellos artefactos mágicos. El laboratorio era grande y espacioso, más de 10 magos estaban trabajando en él, ¿habrá espacio para alguna más?
Salí de ahí tomando nuevamente el mapa, me sorprendí al darme cuenta que el campo no estaba muy lejos de ahí. Luego de caminar uno o dos minutos llegué, todos estaban ahí y nuevamente me maravillé con el cielo y los rayos del sol, el gran terreno, en ese momento, estaba ocupado por todos aquellos dragonalistas que se encargaban de entrenar y cuidar a los dragones. Algunos se encargaban de alimentarlos, entre varios, por supuesto. Debían haber, por lo menos 7 dragones adultos, mientras que algunas crías comenzaban a aprender a volar, pelear, etc. Había muchos profesionales, tal como Erik o Charlie, para impedir algún desacuerdo entre las criaturas.
–¡Novata! —Un grito me hizo voltear, y pude ver cómo Erik, junto a otros tres chicos, movían sus manos para que me acercase a ellos.
–Hey —Lo saludé y me presenté ante los otros tres.
Sus nombres eran Caín, Alex y Kurt. Caín y Kurt eran pelinegros, mientras que Alex tenía el cabello de un color caoba. Los tres eran musculosos y encantadores.
–¿Qué tal, novata? —Dijo Kurt con una sonrisa divertida— No todos los días llegan chicas tan lindas.
–De hecho, creo que nunca llegó una chica tan linda —Dijo Alex, ganándose un golpe en el hombro de parte de Erik.
–Déjenla, ya tiene dueño —Dijo burlón y yo lo fulminé con la mirada.
–Cállate —Dije sacándole la lengua, mientras ellos me miraban divertidos.
–Mira esto, novata —Me dijo Erik mientras se acercaba hasta donde habían unos dragoncitos intentando incendiar unas maderas. Mi corazón se encogió de la ternura al ver cómo uno estornudaba, lanzando sin querer una bola de fuego.
Erik se posó al lado de todos ellos y empujó con el pie a uno, tumbándolo en el suelo por lo torpe que andaba al recién comenzar a caminar. El dragoncito pareció ofenderse ya que comenzó a perseguir con pasos torpes y divertidos al hombre. Yo no pude evitar reír cuando la criaturita lanzó una bola de fuego a los pies de Erik, haciendo que este comience a saltar al tiempo en que Caín le lanzaba agua, ahogándose con su propia risa.
Así los demás dragoncitos parecieron divertirse, ya que comenzaron a copiar a su amigo y persiguieron a Erik, y de paso, a Caín que se encontraba a su lado. Yo reía fuertemente al verlos jugar de esa forma, hasta que los chicos hicieron que aquellos reptiles comiencen a perseguirme a mi.
Corría y pegaba pequeños gritos mezclados con risas al sentir como un dragoncito pisaba mis talones.
Tropecé con una madera y caí al piso, provocando la risa de mis compañeros y, ¿por qué no? La mía también.
Logré esquivar una bola de fuego antes de que me queme el rostro y miré ceñuda al dragón que llevaba persiguiéndome unos 5 minutos. Tenía algo conmigo y con quemarme ya que desde que empecé a jugar solo me perseguía a mi. Sin embargo, no me importó ya que me acerqué para acariciarlo.
Era muy bebé, y parecía no tener ni una pizca de maldad, todo lo contrario, al acercar mi mano, se quedó inmóvil y disfrutó de mis caricias. Los demás debieron sentir envidia ya que se lanzaron sobre mi.
Uno de ellos debía estar resfriado, ya que estornudó sobre mi, quemando mi remera. Yo me alarmé, pero a los dos segundos un chorro me llegó, apagando el poco fuego, pero empapándome y dejando ver el agujero que había dejado, y una marca en mi piel. Dolía, sí, pero no fue nada insoportable.
Levanté la vista encontrándome con Charlie quien me observaba con, ¿ternura?
A diferencia de los demás chicos ahí presentes, que miraban el agujero a mi costado, que dejaba ver mi sostén de color blanco.
Me cubrí y alejé un poco a los dragones. Me levanté y le agradecí a Charlie, quien me sonrió y me dijo que no fue nada.
Me llevó hasta una parte donde habían algunos botiquines de primeros auxilios y de ahí sacó una venda y unas cosas más, debí sacarme la remera, debajo tenía un deportivo, por lo que no me causó tanta pena, la quemadura comenzaba a arder bastante y podía ver como comenzaba a tornarse más roja.
–No tienes idea de la cantidad de veces que terminé incendiado por culpa de esos bebés demoníacos, —Yo reí, lo que me ocasionó más dolor— ven aquí.
Me acerqué y él colocó la venda con aquel líquido que no sabía que era a mi costado. Me ayudó como pudo a ajustarla a mi torso, y cuando terminó me pasó mi remera. Me la puse y al terminar noté sus mejillas levemente sonrosadas. Sabía por qué había sido, pero me guardaría los comentarios. El dolor cesaba rápidamente, era evidente que era mágico.
A los pocos minutos el dolor había cesado por completo, pero Charlie insistió en dejar la venda, para evitar que vuelvan a quemarme en el mismo lugar, el dolor había cesado, pero la quemadura seguía ahí y mi piel debía verse horrible.
Estuvimos todo el día ahí, hasta que Charlie me mandó a recoger los huevos, para dejarlos en su nido nuevamente. Luego de eso trajo a su madre quien estaba exaltada, seguro por la impaciencia de ver sus huevos.
El cielo en el lugar comenzaba a oscurecerse, por lo que caminamos en silencio hasta nuestras casas.
El bosque era frío y oscuro, pero se podía distinguir la luz de los faroles en la entrada al bosque.
Llegamos y Charlie me acompañó hasta mi puerta.
–Ha sido un buen primer día, novata, felicitaciones —Dijo aplaudiendo y yo sonreí.
–Gracias, jefe —Dije divertida y él me sonrió.
–Vendré a despertarte mañana, duerme bien, ha sido un día largo y agotador.
–Ni que lo digas, —Dije suspirando, me acerqué y besé su mejilla— buenas noches, Weasley.
–Buenas noches, Jones —Me guiñó un ojo antes de dar la vuelta y bajar las escaleras.
Entré a mi casa, corrí hasta mi habitación y me cambié fugazmente. En dos pestañeos, ya estaba tumbada en mi cama, y cerré los ojos, entregándome al sueño.
—
¡Hola! Acá les traigo el capítulo 3.
Espero que les guste, ¡cuéntenme que les pareció!
Nos leemos pronto ❤
