CAPÍTULO 5

Caminamos por el bosque como por unos quince minutos. Charlie iba contándome sobre su carrera como dragonalista.

Si no fuera porque estaba junto a él, probablemente me hubiese perdido y sería el nuevo juguete de algún dragón que jugaría conmigo a lanzarme fuego.

–Los dragones son criaturas maravillosas e incomprendidas. Algunos creen que por su tamaño y sus habilidades son monstruos o criaturas malas. Pero si vamos a eso, para un pequeño pájaro, un gato es un monstruo.

–Es cierto —Dije con una pequeña sonrisa—, cuando le dije a mis padres lo que quería estudiar... ellos temían que un dragón me prenda fuego —Charlie soltó una carcajada—, creo que debería escribirles para decirles que sigo viva.

–Deberías —Dijo para luego sonreírme—, pero será más tarde, porque ya llegamos a nuestro destino.

Observé boquiabierta el maravilloso lugar.

Era un prado en medio del bosque lleno de flores hermosas. En el medio había un mantel y unas canastas donde supongo que está la comida que Charlie hizo.

El pelirrojo hizo un movimiento de varita y unos farolitos se encendieron en los arboles que contorneaban el bello lugar.

Lo que hacía más maravillosa la vista eran las estrellas en el cielo brillando con fuerza, sin mencionar la hermosa luna que opacaba todo lo demás.

–¿Qué te parece, novata?

–Es hermoso —Dije maravillada.

Sentí su mirada en mí haciéndome sonrojar, pero me resistí el voltear a verlo.

Caminé hasta el mantel, observando mi alrededor.

–Es increíble lo grande de este lugar —Dije sentándome con una sonrisa.

Charlie se me quedó observando unos segundos y luego caminó hasta sentarse a mi lado.

–Los que lo crearon se esforzaron bastante —Dijo mirándome—, es muy impresionante. Yo conocí este lugar hace unos meses.

–No pude haber elegido una mejor carrera —Dije riendo y él me acompañó—, estoy con los dragones, en un lugar hermoso y junto a Charlie Weasley, debo ser la envidia de muchas.

Él rió– Es realmente agradable verte otra vez, Dani —Dijo viéndome con sus hermosos ojos azules. Terriblemente encantador.

¿Me creen si les confieso que siempre quise besar a Charlie Weasley?

Y en este preciso momento estoy muriendo de ganas por hacerlo.

Nos miramos mutuamente con fijeza. Mis ojos azules oscuros contra los suyos de una tonalidad más clara.

Pero el sonido de las ramas detuvo nuestra tan preciada tensión... ¿sexual?

–¿Quién está ahí? —Preguntó Charlie en voz alta.

En respuesta unos ojos oscuros aparecieron en nuestro campo de visión.

–Pires —Se levantó y fue hasta el dragón que parecía contento de ver a su dueño.

Yo observé con una pequeña sonrisa la escena de Charlie acariciando al dragón blanco, y este pareciendo totalmente a gusto.

–Debe tener hambre, él siempre obedece y se queda en su cueva —Explicó el pelirrojo y luego me miró—, ven.

Yo lo miré irónica. Erik me había dicho que Pires solo hacía caso y demostraba cariño y respeto por Charlie, y ¿él quería que me acerque?

Sin embargo, no tardé mucho reflexionando sobre las posibilidades de que Pires me prenda fuego y me levanté para caminar en su dirección.

–No tengas miedo —Dijo Charlie. Genial, gran consejo, me sirve de mucho.

Me acerqué lentamente hasta posarme detrás de Charlie, quien tomó mi mano y la acercó hasta el hocico del dragón.

Cuando mi mano tocó la piel seca sentí emoción. Estaba tocando a un gran dragón, hermoso, y que podría matarme en un segundo.

Pero no lo estaba haciendo.

Sus grandes ojos miraron con fijeza los míos.

Una de las cosas que había aprendido en mi estudio sobre las criaturas grandes y feroces como los dragones, es que nunca debes apartar la mirada de sus ojos. Si lo haces es signo de debilidad y los dragones no respetan a los débiles, solo a los fuertes.

Debes demostrar que no les tienes miedo.

–Eso es —Dijo Charlie, apartando lentamente su mano de la mía. Lo acaricié suavemente y ambos miramos sorprendidos cuando Pires cerró sus ojos en señal de placer—, vaya, parece que le caíste bien.

–Creo que estoy muriendo lentamente —Dije conteniendo la emoción para no alterar a Pires.

Luego pasó algo que nos dejó a los dos completamente impresionados.

El hermoso dragón blanco se recostó y puso su enorme y pesado cuerpo patas para arriba. Yo sonreí extasiada y con ingenua confianza, lanzándome a acariciar su lomo.

Su piel era seca y un poco áspera, pero yo ya me declaraba la fan número uno de esa criatura.

–Esto es la cosa más extraña que vi desde que llegué aquí —Dijo mirando incrédulo la escena.

No todos los días veías a una torpe novata acariciando a un dragón como si de un perro se tratase.

–Nadie se resiste a mis encantos, ¿cierto, precioso? —Dije mientras me subía a la barriga del dragón. Este levantó su cabeza para observarme.

Yo comencé a rascar su piel y eso parecía gustarle. Tiró su cabeza hacia atrás causando un ruido sordo contra el suelo, compadezco a todas las florcitas.

–Estoy impresionado, novata —Dijo Charlie sonriendo divertido ante la situación.

–Deberías sacarme una foto —Dije dejando de acariciarlo, para mirar al pelirrojo—, me siento como la reina del mundo aquí arriba —Dije divertida y luego me puse de pie—. ¡Acaricié a un dragón y no salí incendiada! —Grité emocionada y Charlie rió.

Pires me miró nuevamente e inclinó su cabeza hacia un lado. Yo me acerqué a su cabeza y me senté frente a ella.

Nos miramos mutuamente unos segundos y luego el hizo algo inesperado.

Estornudó.

Y adivinen quien sufrió las consecuencias.

Charlie estalló en carcajadas y yo tuve el deseo de acercarme y escupirle un ojo.

Para aclarar, no fue como en las caricaturas muggles en las que el dragón estornuda y lanza fuego. Este estornudó y lo que lanzó fue algo peor que el fuego.

Me bajé con una mueca de asco y observé a Charlie, quien se destornillaba de la risa. Yo lo fulminé con la mirada y eso solo sirvió para que riera más fuerte.

–¿Estás bien? —Preguntó luego de unos minutos en los que se ahogaba con su propia risa. Yo puse los ojos en blanco.

–Date la vuelta —Él me miró sonriendo confundido—, hazlo —Dije e hizo caso con las manos en alto.

Me saqué el vestido y agradecí tener puesto un short abajo. Miré a Charlie y dude un poco en pedírselo.

–No te des la vuelta —Dije acercándome—, necesito que me des tu camiseta.

–¿Qué? —Dijo y golpeé su dura espalda cuando casi se da la vuelta— Okey, okey, ten —Se sacó la camiseta y yo me tomé unos segundos para babear ante la imagen.

Puedo apostar a que Charlie Weasley tiene mejor espalda y hombros que todos los hombres en el santuario.

Y eso es decir demasiado.

Tomé la camiseta y me la coloqué fugazmente. Cabe decir que me quedaba enorme.

Él se dio la vuelta y me miró de arriba abajo. Yo tomé mi vestido y lo di vuelta para secarme el rostro. Era un asco.

–No tenía planeado esto para esta noche —Dijo haciendo una mueca divertida. Sabía que se estaba resistiendo para no reír.

–Yo tampoco —Miré a Pires quien me observaba con cansancio—, me las pagarás —Dije apuntándolo con mi dedo acusador y él me ignoró olímpicamente.

–¿Me aguardas un momento? —Me preguntó Charlie, yo lo miré— Lo llevaré a su cueva y prometo que te recompensaré esto, no está tan lejos.

Yo lo pensé un segundo y luego asentí.

Cuando Charlie y Pires desaparecieron tomé mi varita y arreglé lo más que pude mi cabello.

Aguamenti —Dije apuntando mis piernas.

El chorro de agua salió terminando de limpiarme. Suspiré y me encaminé al mantel en el piso, empapada.

La canasta seguía despidiendo un olor exquisito.

Me senté y me dispuse a observar el cielo artificial cubierto de estrellas.

Miré de reojo la canasta y luego sacudí mi cabeza.

–Contrólate, Dani —Me dije a mi misma—. ¿Qué pensará Charlie si llega y ve que te comiste todo?

Me senté recta cuando escuché el sonido de las ramas, y fingí estar levemente ofendida.

–Lo siento, Dani —Me dijo Charlie sentándose a mi lado.

–Ya pasó, no importa —Dije mirando al frente. Él tenía su mirada puesta en mi, podía notarlo.

–¿Estás enojada? —Preguntó, casi podía decirse que tímido.

Lo miré dispuesta a decirle algo, pero no me salieron las palabras.

Charlie tenía una carita adorable e inocente. ¿Cómo podría insultarlo si me pone esa maldita cara de dragoncito mojado?

¡Maldito Charlie!

Suspiré– No, no lo estoy —Le di una sonrisa sin mostrar los dientes, y él me correspondió.

–Merlín, creí que te habías enojado en serio —Dijo pasándose una mano por la frente mientras me sonreía. Adorable.

Luego de eso abrió la canasta y sacó unos sandwiches de carne que tenían aspecto de estar deliciosos, junto con papas fritas.

Se me hacía agua la boca.

–Oh, eres un genio —Lo alagué al ver la botella de Whisky de fuego. Él rió.

–¿Eres de beber? —Me preguntó al ver la facilidad con la que abrí la botella.

–¿Te soy sincera? —Asintió— Sip.

–No tienes cara de beber demasiado —Dijo mirándome con una ceja alzada. Yo me encogí de hombros.

–No me considero una alcohólica, Weasley —Le dije divertida y él sonrió—. Solo disfruto del arte de las bebidas.

–Eso diría una alcohólica —Solté una carcajada.

–No bebo tanto, pero suelo tomarme una copa de vino o whisky, para relajarme —Le dije, terminando de servir el whisky—. ¿Has ido a latino-américa alguna vez?

–Mmm, nop —Dijo tomando su copa, y uno de los sandwiches.

-En ese caso te llevaré, y te enseñaré lo que es un buen vino —Le guiñé un ojo y él rió.

–¿Tinto o blanco?

–Blanco, cariño.

–Pues, brindemos por nuestro gusto en común sobre vinos —Dijo, devolviéndome el guiño. Chocamos nuestras copas y reímos.


Eran las tres de la mañana cuando con Charlie llegamos a las cabañas entre risas estúpidas que intentábamos reprimir para no despertar al resto de dragonalistas.

–¡Charlie! —Exclamé en voz baja, riendo, cuando Charlie se tropezó con un escalón.

–Eso no estaba antes ahí —Se excusó.

–Claro que sí —Dije riendo.

Cuando llegamos a la puerta de mi cabaña nos miramos mutuamente.

No se si eran los efectos del alcohol, pero creo que Charlie estaba muy cerca.

–Quiero besarte —Me dijo con su voz ronca. Yo relamí mis labios.

–¿Ah, sí? —Dije mirando su boca. Sus labios eran carnosos y muy apetecibles.

–Sí, demonios, realmente quiero besarte

Solo faltaban unos centímetros para que nuestros labios choquen, cuando una luz brillante nos hizo alejarnos.

–¿Charlie? ¿Dani? —Erik nos miraba entre sorprendido y divertido— ¿Interrumpo algo?

–Sí —Dijo Charlie con su ceño fruncido.

–No —Dije al mismo tiempo sonrojada. ¿Yo, sonrojada? ¿Estando ebria?

–Solo vine a decir que por culpa de sus risas me desperté, y no me gusta que me despierten a esta hora de la madrugada —Dijo, muy sonriente. Demasiado para parecer bueno—. Así que les agradecería enormemente que si van a embriagarse a esta hora, mejor quédense jugando en el bosque, ¿si?

–Sí —Dijimos al mismo tiempo, asustados. Erik nos sonrió una última vez, y apagó su linterna.

Ambos nos miramos sin saber que decir.

–Bueno, creo que me iré a dormir —Dije, sintiéndome acalorada. Él se aclaró la garganta.

–Claro, yo haré lo mismo —Dijo rascándose la nuca. Tragué saliva al ver las venas que se marcaban en sus brazos al hacer el movimiento.

–Nos vemos en unas horas —Dije, abriendo la puerta de mi cabaña.

–Nos vemos —Dijo con media sonrisa.

Esperé a que se fuera para entrar y cerrar la puerta, recargándome en ella. Ese hombre era terriblemente caliente, y adorable al mismo tiempo.

Sí las cosas seguían así, Charlie Weasley iba a convertirse en mi maldita perdición.


¡No me maten!

Perdón por tardar tanto en actualizar, es que estaba terminando otra historia, y mi mente necesitaba sacarse eso de encima jajaja

Espero que les haya gustado el capítulo

Mil gracias por los favs y los follows, sigo esperando algún review de los lectores fantasmas

Cuéntenme qué les pareció.

¡Nos leemos en el próximo!