Capítulo 6
Desperté con cierto dolor de cabeza.
Me levanto perezosa sin poder abrir bien los ojos debido a la claridad de mi cabaña. Cuando llego al baño comienzo a intentar arreglar un poco mi cabello./p
—De acuerdo... —Murmuro observando mi rostro— esas ojeras tienen vida propia, cariño.
Mojo mi cara y luego orino. Decido que la mejor solución será una ducha relajante así que sin pensármelo mucho me quito la ropa, para luego entrar a la bañadera y comenzar a regular el agua.
Cierro mis ojos sintiendo la placentera sensación del agua caliente.
Charlie
—Tranquila, amiguita —Le digo a la Galés herida. La herida bajo su ala izquierda había vuelto a abrirse en medio de su entrenamiento y eso la tenía enojadísima—. Si me dejas echarle un vistazo podría ayudarte —Bufo.
Estaba alterada, pero no iba a incendiarme, por el momento.
Comenzamos la misma rutina de siempre, ya se había animado a volar hace unos días, y si bien no fue mucho, para ella ha sido un gran avance. Pero evidentemente hoy no era su mejor día.
En un principio, no parecía tener algún tipo de interés en salir de su nido. Raro.
Debía mantenerla quieta y tranquila hasta que lleguen los medimagos, bastaba unos movimientos de sus varitas para que la herida vuelva a cerrarse, pero ya teníamos claro que su entrenamiento de hoy había finalizado.
Observo sus ojos profundos e intento que me mire de vuelta.
—Hey, nena, tus ojos en mi —Le indico moviendo mis brazos, tratando de alcanzar su cabeza.
Sigue sacudiéndose histérica pero en cuanto posa sus ojos en mi se detiene un poco.
Le sonrío y consigo acariciar su piel escamosa. Ella baja su enorme cabeza y se deja acariciar soltando algunos quejidos por el dolor de su herida.
—Ya, nena, estarás bien en unos momentos —Y así la mantengo calmada, observando del otro lado del campo unos dragones jóvenes jugando entre ellos, y unos dragoncitos volando junto a sus cuidadores correspondientes.
Pocos minutos después llegan los médicos asignados a la dragona, con quienes ya tiene confianza debido a las pruebas y análisis para comprobar su estado y el de sus huevos.
Dejo que ellos se encarguen ya que veo que ella los reconoce, manteniéndose calmada, y me retiro de su lado, para ir en busca de mi dragón blanco.
—Hey, Charls —Me saluda Erik al pasar por su lado, está cuidando de unos pequeños dragoncitos que juegan entre ellos—. ¿Has dormido bien?
Su tono y su expresión es burlesca, ruedo los ojos.
—Como un bebé, amigo —Le sonrió y él niega divertido.
—Me pregunto si la novata habrá tenido una buena noche —Sigue burlón—, sus persianas estaban bajas aún cuando yo me levanté, a que debe haber tenido un sueño profundo.
—Tal vez, ni idea —Me hice el desentendido al ver su gesto pícaro—, espero que haya tenido un lindo sueño.
—Seguro, un muy lindo sueño —Me guiña un ojo y yo sonrío sonrojándome al recordar nuestro acercamiento de anoche.
Hoy le tocaba prueba en el laboratorio, observo mi reloj notando que ya eran las 10 de la mañana. Se supone que la morena debía estar allí hace una hora. Erick llegó hace menos.
¿Y si se ha quedado dormida?
Me detengo en mi lugar, observando la puerta que lleva al sector D, donde se encuentran las cuevas de los dragones, subdivididas en cada raza.
Si Danielle se había quedado dormida, entonces estaría en un problema serio, pues los científicos y médimagos del laboratorio no eran los más pacientes de todos.
Dudo un momento antes de cambiar mi rumbo hacia el sector A.
(N/A: En el sector A no sólo se encuentran los laboratorios, sino que también a unos cuantos metros, dentro del mismo se encuentran las Cabañas de los dragonalistas)
Danielle
Abro mis ojos sintiéndome un tanto incómoda, y húmeda.
Observo a mi alrededor sin comprender qué carajo estoy haciendo en la bañera, y bostezo de manera exagerada.
Me froto los ojos con mis manos sintiéndolas extrañas y cuando las miro, noto mis dedos totalmente arrugados.
Mierda.
Mierda, mierda, y más mierda. Me levanto totalmente desnuda de la bañera, sintiéndome una viejita de lo arrugada, y busco mi toalla.
¡Me dormí de nuevo! ¡Y en la ducha!
Salgo del baño y casi se me para el corazón al ver a un hombre en frente mío.
Y no era cualquier hombre.
Pego un gritito mientras torpemente intento agarrar con fuerza la toalla que, como soy una chica con mucha suerte, se me había caído y observo a Charlie con la piel de mi cara hirviendo.
De seguro me veo como un tomatito bastante estúpido.
Observo confundida a Charlie quien no ha movido ni un pelo desde que salí del baño.
Incluso sus lindos ojos parecen desorbitados.
Ninguno de los dos habla y la situación parece volverse cada vez más incómoda.
Él toma la palabra.
—Dani —Dice, y mueve la mano en gesto de saludo.
¡Qué más podría pasarme!
—Charlie —Trago grueso. ¡Qué vergüenza! Él mira fugazmente mis piernas para luego darse la vuelta en un rápido movimiento—, uhm, espera que me seco y me cambio.
—Sí —Suelta una risita aguda, bastante chistosa y por la cual me hubiese carcajeado si no fuera porque me muero de la vergüenza—, es una buena idea —tose— te espero afuera, si quieres, ¿sí?
Yo ya había entrado a mi habitación cerrando la puerta para que no pueda ver.
—Bueno, está bien —Digo y antes de que termine la frase escucho la puerta de entrada cerrarse. Merlín.
No puedo tener esta suerte.
Una vez seca, y vestida, me dirijo a afuera, sintiendo mis dedos aún arrugados. Charlie está sentado en las escaleras.
Me sonrojo nuevamente por lo sucedido y decido que no fue para tanto, de seguro Charlie vio muchos cuerpos femeninos en su vida, ¿qué tiene uno más?
Además, sólo somos amigos, ¡hay que ignorar lo que pasó y seguir como si nada! ¿No?
Carraspeo y él se levanta como un resorte.
—Perdón por lo de recién —Le digo y él niega con la cabeza. Está avergonzado, sus mejillas están encendidas.
—No, no, no fue tu culpa —Me dice—. Yo te llamé, y me preocupé porque no respondías, se supone que debías estar hace una hora y media en el laboratorio y tus persianas estaban bajas —Sigue explicándome y siento ternura al verlo tan avergonzado—, entonces lo único en lo que pensé fue en entrar y vi que no tenías cerrado con llave, luego saliste justo y... Perdón.
Río un poco para que se relaje- No te preocupes, rojito, no estoy molesta, fue un accidente, ¿si?
—Sí, por supuesto —Me sonríe de vuelta y yo me muerdo el labio a ver lo perfecta que es, él dirige su mirada hacia ese punto—, eh, te llevo hasta el laboratorio, ¿quieres? —Asiento— Luego debo ir a buscar unos dragones al sector D.
—De acuerdo, apurémonos entonces —Le sonrío y bajo las escaleras entusiasmada por lo que me espera.
Luego de unos minutos llegamos a los laboratorios, ese gran edificio blanco que llamó mi atención desde el primer momento.
Charlie toca la puerta y unos segundos después sale un hombre robusto, es joven, debe tener entre 30 y 35 años, no más que eso.
—¿Qué tal, Ed? —Lo saluda Charlie con ese movimiento extraño de manos que hacen los hombres— Te he traído una víctima nueva.
Volteo hacia el pelirrojo confundida. El hombre, quien parece bastante serio, me sonríe con confianza.
—Muchas gracias, Charlie, ¿qué mejor manera de empezar el día, que asustando a un novato recién llegado? —Su voz es muy gruesa y potente, y cuando se carcajea con Charlie siento miedo.
—Muy bien, te dejo aquí, Dani —Apoya su súper mano en mi hombro y me lo aprieta un poco. Yo lo miro ansiosa. Él se acerca a mi oído y susurra—. No salgas corriendo, eh.
Lo miro ofendida.
—Qué poca fe me tienes, Weasley —Miro a Ed y me encamino hacia dentro, pasando por su lado—. Nos vemos luego —Le hago un movimiento de despedida con la mano. Él me mira divertido.
—Nos vemos —Luego se acerca al robusto hombre, aún mirándome. Le susurra algo que lo hace reír y yo ruedo los ojos sabiendo que lo hace para molestarme.
Una vez que el pelirrojo se fue, el hombre que, probablemente, me lleva dos cabezas se acerca a mi.
—Mi nombre es Edwin Schmidt, soy científico en este laboratorio y estoy al mando de todos en este lugar —Se presenta y me siento intimidada por su gran estatura. Me siento como una hormiga al lado de él—, tú eres Danielle, ¿no?
—Así es, Danielle Jones —Me presento y él asiente tomando unos papeles de una mesa.
—¿No debías estar aquí hace más de una hora? —Me sonrojo con fuerza.
—Eh, sí, perdón, tuve un inconveniente.
—Ajá, bien —Dice y no puedo descifrar si está bien o enojado—. Debes saber, que trabajar en el laboratorio no es cualquier cosa. La salud de esas criaturas depende de la gente que se encuentra en este edificio —Yo asiento avergonzada—. Una de las cosas más esenciales aquí, es la puntualidad, muchacha.
—Lo lamento, no va a volver a pasar —Me disculpo nuevamente sintiéndome una fracasada. Él se voltea y me hace un gesto para que lo siga.
—Tienes suerte de ser nueva, y que es tu día de prueba —Comenta mientras abre una puerta plateada, se abre paso para dejarme entrar—. Pero, si en un futuro llegas a trabajar aquí, cosas como éstas podrían hacerte tener problemas, ¿de acuerdo? Pasa.
—Sí, señor —Digo cabizbaja. Ya me ha hecho sentir mal, por lo que al entrar a la habitación no presto atención a lo que hay adentro.
—Ya, levanta esa cabeza y aprecia la magia de este lugar.
Le hago caso y al mirar a mi alrededor me siento en un paraíso.
El laboratorio era enorme.
La habitación tenía tonos celestes, blancos, y plateados, hacía un poco de frío allí pero no era eso lo que te erizaba la piel.
Se sentía la magia de ese lugar.
Los artefactos mágicos volaban de aquí para allá. Y yo que pensé que la sala anterior era el laboratorio...
Camino por la sala obervando a las personas trabajar.
Había un par atendiendo unos dragoncitos bebés. Otro par estudiando unos huevos con manchitas.
Otros usando lo que se veía como tecnología muggle. Grandes pantallas que ocuparían una pared entera de mi anterior casa en New Jersey. Computadoras inteligentes, escáneres, hologramas.
Me di cuenta que de un lado era más medicina, y del otro lado todo era más tecnológico.
—A tu derecha vas a encontrar a los medimagos, curando y tratando a los dragones heridos, esa gran puerta de allí te llevará a salas especiales para aquellos pequeños que porten algún síntoma extraño, o alguna enfermedad infecciosa, si entras seguro veas varios pasillos grandes con muchísimas puertas. No creas que los tenemos dentro de cuatro paredes blancas, eh, cada habitación tiene el tamaño de lo que serían dos manzanas, manipuladas mediante magia para que sean como estar al aire libre, y así los dragones se pueden sentir cómodos en medio del tratamiento.
—Increíble —Es todo lo que puedo decir, sacándole una sonrisa. Me señala el otro lado de la habitación.
—De este otro lado, se encuentra el sector del laboratorio que está más dedicado al análisis, tecnología, muestras de sangre, entre otras cosas más. Y esa puerta de allí lleva al ascensor para subir al piso de arriba, en donde se encuentra el laboratorio químico. Allí se preparan muestras, remedios, pociones, para el tratamiento de las criaturas.
—De acuerdo —Disimulo mi emoción por subir a aquel lugar.
—Hoy no te tocará ir allí —Dice como si me hubiese leído la mente—, hoy será más como una lección. Una clase de biología. —Asiento, desilusionada por no poder subir— Irás con Tyra, esa chica morena de allí, ella te mostrará el análisis de uno de la reproducción de una de nuestras dragonas. Puede parecer sencillo, puede serlo de hecho, pero un mal análisis, un detalle que pases por alto, una mínima cosa que no identifiques, puede generar un gran problema, y te puede costar tu trabajo en este lugar —De vuelta el gran Edwin intimidándome—, ¿comprendes?
—Sí, señor.
—De acuerdo, entonces, te dejo con Tyra, ¡Tyra! —La llama y la susodicha se acerca—. Suerte, novata.
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