DANIELLE

Tyra era una mujer castaña, con una piel morena y unos rasgos que me hacían recordar a América Latina.

De hecho, casi todos eran bastante jóvenes.

—Espero que hayas escuchado todo lo que he dicho —Su voz me sacó de mis pensamientos—, pues, no lo repetiré dos veces.

Y bastante estrictos, también.

—¡Claro! Habló de la paterno-génesis facultativa —Me trabo un poco al pronunciar la palabra. Ella me mira como esperando que siga hablando—, uhm...

Niega con la cabeza ante mi intento de disimular mi poca atención a sus palabras. Se echa un suspiro bastante exagerado y yo sonrío de costado. Soy como una niñita distraída y torpe.

—La paterno-génesis facultativa es un mecanismo clonal, en la cual el individuo —Me señala el holograma gigante en frente nuestro— da lugar a descendencia genéticamente idéntica —Sus términos son muggles, este laboratorio realmente utiliza mucho la ciencia—. Es un mecanismo que los individuos suelen utilizar cuando no se puede acceder a una reproducción sexual. Los dragones son independientes, y muchas veces no pueden acceder a una pareja de sexo contrario para reproducirse.

Asiento comprendiendo la situación, evidentemente esta criatura que nos encontramos analizando ha recurrido a ese mecanismo.

—Te sigo —Le digo y ella prosigue con la explicación.

—Está comprobado que mediante este mecanismo, la descendencia suele ser del sexo contrario a su progenitor —Asiento—, nosotros solamente tenemos 3 hembras en el santuario. Mediante este mecanismo tendremos al primer macho Ridgeback noruego. Es una raza bastante complicada de encontrar, ella fue la última en llegar hace unos 9 años.

Observo a la enorme dragona en frente mío, ella con un movimiento de mano hace que el holograma reduzca su tamaño, permitiéndome ver mejor su estructura.

Era maravillosa, no la había visto en el campo.

—Es muy hermosa.

—Así es, su nombre es Norberta.

Norberta. Qué peculiar nombre para una dragona.

—De todas formas, esto es un tanto avanzado. Según lo que tengo informado tú aún no haces la especialización en alguna rama de la medicina.

—Aún no —Se lo confirmé. Todavía no había decidido en qué área hacer la especialización.

Ella anotó unas cosas en su libreta y luego me miró con media sonrisa.

—Bueno, para eso estás aquí —Le sonreí de vuelta con nervios—. De acuerdo, novata, te haré trabajar un poco, tráeme esos utensilios de allí —Me giré en la dirección indicada—, vamos, que no tengo todo el día.

De nuevo, vaya que aquí eran estrictos.

Habían pasado 6 horas desde que comencé a trabajar para Tyra.

Me despedí de ella y del resto del equipo y salí de los laboratorios.

Una gota gruesa cayó sobre mi ojo.

—Mierda —¿Había estado lloviendo?

El santuario tenía un cielo artificial, adaptado según la condiciones climáticas necesarias para el cuidado, crianza y hábitat de los animales.

Al parecer había cesado solo un momento ya que al poner un pie sobre la tierra, comenzó la lluvia artificial otra vez.

Según mi itinerario mi día laboral había terminado, Tyra me había dejado libre antes de tiempo.

Mejor así, trabajar en los laboratorios era incluso más agotador que trabajar en los campos de entrenamiento.

Corrí unos minutos hasta llegar a las cabañas, unos cuantos dragonalistas se encontraban resguardados en sus cabañas.

Me dirigí hacia mi edificio y subí las escaleras hasta que una melena rojiza llamó mi atención.

Charlie llegaba completamente sucio y mojado. Estaba cubierto de barro de pies al cuello, siendo su cabello colorado lo único que se mantenía medianamente limpio.

Cruzamos miradas y sentí mi mejillas calientes cuando guiñó un ojo en mi dirección, levantando su brazo en un saludo.

Le respondí de igual manera y con una sonrisa boba abrí la puerta de mi cabaña.

—Qué tonta —Dije soltando el aire, no sé en qué momento dejé de respirar. Nunca me habían hecho sentir así.

Decidí dejar de pensar en el pelirrojo y tomé mi varita para agitarla y así quedar seca en un segundo.

Sin más comencé a desvestirme para darme un baño caliente.


CHARLIE

La saludé y luego de regalarme una sonrisa entró a su casa.

Estaba empapada y si era posible, se veía aún más linda.

Caminé a paso pesado hasta mi cabaña, tenía barro hasta en los calzoncillos. Hermoso.

Me detuve un segundo para mirar hacia su puerta.

¿Sería muy desesperado invitarla a cenar esta noche?

Los recuerdos de la velada anterior habían estado presentes en mi cabeza todo el día, casi había sido incendiado por un hocilargo bebé por estar pensando en ella.

Di un paso en su dirección pero me detuve al instante. No iría a verla así, a las chicas no les gusta eso, ¿no?

No había estado con muchas chicas en mi adolescencia. Ni en mi adultez.

De hecho, el mayor contacto con el sexo opuesto que tuve en los últimos años ha sido alimentando a las dragonas.

Tampoco es como si llovieran mujeres en el santuario, y mis compañeros son en un 90% hombres robustos y sucios. Hice una mueca al pensar en esto.

Danielle era una mujer joven, inteligente y hermosa. Debía tener para elegir entre muchos hombres y eso me daba un poco de inseguridad. Y teniendo en cuenta que su nombre ya se había vuelto famoso en el santuario, no me sorprendería tener competencia.

Abrí mi puerta y me dirigí rápidamente al baño, para quitar toda suciedad de mi cuerpo.

Una hora más tarde ya estaba listo.

¿Me había puesto suficiente colonia?

Me miré al espejo y olí mis axilas. Solía tener bastante olor pero no me podía culpar, estar al rayo del sol todo el día y caminar entre la mierda de los animales no era la mejor combinación.

Fruncí mí nariz decidiendo que no había suficiente y me puse aún más colonia.

Listo.

Salí de mi cabaña y comencé en dirección a la suya. Sus persianas estaban levantadas y sus ventanas abiertas, ya había dejado de llover y el cielo estaba teñido en tonos rosados anunciando un hermoso atardecer.

Metí mis manos en los bolsillos de mis pantalones mientras subía las escaleras hacia el segundo piso, y una vez frente a su puerta tomé aire.

Golpeé su puerta y suspiré, ¿estaba nervioso?

Mi pie por inercia golpeó el suelo ansioso.

Escuché un golpe adentro, como si algo se hubiese caído preocupándome un poco.

Unos segundos más tarde la puerta se abrió mostrándome a una Danielle con el cabello húmedo y vestida con ropa holgada.

Merlín.

—Charlie —Me miró sorprendida y noté como sus mejillas iban tomando color. Y creo que yo estaba igual al sentir calientes mis orejas—, ¿cómo estás? Tanto tiempo —Rió torpe.

Reí bajo— Un poco, estoy de maravilla, ¿y tú? —Ella acomodó su pelo tras su oreja y sin darme cuenta seguí con mis ojos el movimiento de su mano.

—Agotada, en el laboratorio son como un ejército —Bufó y sonreí imaginándome la situación, no por nada se comentaba que era el área más estricta y demandante de todas—, pero me fascinó.

—Bueno, eso me alegra mucho —Me sonrió y mis ojeras a esta altura debían están encendidas—. Si estás muy cansada puedo venir luego, o mañana, lo que tú prefieras —Me tropecé con las palabras —, no quiero molestar.

—¡No! Digo, no hay problema —Se corrigió recuperando la postura—. Tengo resistencia aún.

—¿Como hoy cuando te dormiste en la bañera? —Le dije burlón y luego me arrepentí al recordar la escena que por un momento había salido de mi cabeza.

—Cállate —Me golpeó el hombro. Fingí una mueca de dolor—, ¿me buscabas por algo en particular?

Sí, para terminar lo que nos quedó pendiente.

—Quería invitarte a cenar esta noche —Dije torpemente. Ella levantó su ceja—, en mi cabaña. Yo cocino.

Soltó una risita.

—Dos días seguidos probando la comida de Charlie Weasley, ¿qué me cocinarás hoy?

—Mejor lo dejamos en una sorpresa, ¿qué te parece? —Tomé confianza entendiendo que había aceptado. Ella sonrió y yo le correspondí.

—De acuerdo —Mordió su labio aún sonriéndome y no pude evitar observar ese punto—, ¿te parece que esté ahí a las nueve?

Asentí.

—Perfecto.

—Muy bien, nos vemos luego entonces, rojito —Y vaya que estaba rojito en estos momentos.

Observé como cerraba su puerta y me fui sonriendo como idiota.

Algunos dragonalistas llegaban de cumplir sus horarios, saludé con la mano a algunos de mis compañeros y decidí ir a preparar las cosas para esta noche.

Se podía sentir el olor a estofado desde la entrada al sector de las cabañas.

Había ambientado lo más que pude para que saliera todo perfecto.

¿Cuándo fue la última vez que preparé una cena romántica para una chica?

Ni siquiera lo recordaba.

Mi mesa era relativamente pequeña pero cabíamos los dos sin problemas. ¿Debería agrandarla con magia?

Me puse nervioso cuando escuché unos suaves golpes en mi puerta.

Caminé un poco apurado demás hacia la entrada y abrí, sintiendo mi garganta seca.

—Estás hermosa —Dije casi sin pensar y ella enrojeció.

Llevaba un vestido suelto largo y celeste con detalles en blanco. Y su pelo estaba recogido en un moño con algunos mechones sueltos y otros cayendo a los costados de su rostro, el cual tenía un maquillaje sutil.

Sus ojos celestes resaltaban como nunca.

—Bueno, gracias —Estaba avergonzada, me hice a un lado para que pudiera pasar—. Tu también estás muy guapo, y por Merlín qué rico huele eso.

—Es que los Weasley preparamos las mejores comidas, ¿no sabías? —Ella rió.

—En ese caso vendré a robarte comida todas las noches.

—Con mucho gusto —Corrí su silla para que ella pueda sentarse—. Mi madre me envía recetas todas las semanas, deberías probar su comida.

Detente un poco Charlie, la vas a asustar.

—Bueno, será un placer para mi probar la comida de la señora Weasley, parece que te enseñó bien —Solté el aire cuando me siguió la corriente.

Le serví a ella y luego a mí, y me senté en frente suyo.

Comenzamos a comer en silencio y de vez en cuando cruzábamos miradas.

No era un silencio incómodo, todo lo contrario. Disfrutábamos de la compañía del otro y de la rica comida.

—Entonces... —Rompió el silencio— ¿Siempre fuiste aficionado de los dragones?

Tragué antes de responder— Siempre fueron mis criaturas favoritas, pero en realidad me gustan todas. Cuidado de criaturas mágicas siempre fue mi asignatura preferida —Tomé un poco de agua antes de seguir hablando—. Durante mi adolescencia todo giraba alrededor del Quidditch y de los dragones, me escabullía por el bosque prohibido con Bill y con un amigo para buscar rastros y encontrarme con uno en persona, ¿y tú?

Ella limpió su boca con su servilleta y luego habló.

—Yo amo a todos los animales, tanto fantásticos como los del mundo muggle —Asentí de acuerdo—, pero los dragones siempre me llamaron la atención, son súper inteligentes y cuando ves uno en persona es majestuoso —Sonreí ante su descripción, eran majestuosos en serio.

—Ya te haré limpiar una cueva a ver si te siguen gustando tanto —Ella bufó rodando los ojos.

Una vez que terminamos de cenar, conjuré unos hechizos y la magia se encargo de limpiar todo.

—¿Te apetece dar un paseo? —Ofrecí y ella sonrió levantándose de su silla.

—¿Por qué no?

Unos minutos más tarde salíamos de mi cabaña, luego de la lluvia del día ahora el cielo del santuario estaba lleno de estrellas.

Caminamos en silencio hacia el bosque.

Levanté una ceja en su dirección, parecía pensativa.

—¿Conociste ya el paseo del dragón?

—¿Y eso? —Rió mirándome con interés.

—Bueno, parece que soy el primer afortunado en llevarte a conocerlo —Le guiñó un ojo y ella negó con su cabeza escondiendo una sonrisa—. ¿Me permites?

Le ofrecí la mano y dudó un segundo en aceptarla, colorada.

Caminamos hablando de cualquier cosa, en dirección al precioso lugar.

Ella me contaba anécdotas de Hogwarts y yo igual, ella había estado más en contacto con mis hermanos gemelos, George y Fred, ya que se llevaban un año.

Luego de un largo recorrido, llegamos al famoso lugar.

La entrada al Paseo del Dragón era peculiar, una pared de hojas y plantas mágicas nos bloqueaban el paso.

Ella miraba confundida dónde nos detuvimos.

—¿Charlie? —La miré alzando una ceja, ella sonrió confundida— ¿Y ahora?

—Hay que decir la contraseña —Ella me miró intrigada y luego miró al frente, las flores brillantes no dejaban ver del otro lado—, solo tienes que decir semita draconum.

Ella asintió, ansiosa.

Sonreí observando maravillado lo hermosa que se veía con la luz de las flores iluminándola.

—Semita draconum.

Y poco a poco, aquella muralla de las flores más preciosas, y las plantas más fantásticas se fueron desenredando, abriendo paso a una de las partes más bellas dentro del santuario.