El infierno.
¿Qué es el infierno? ¿El peor lugar del mundo? ¿El lugar en donde se cumplirán tus mayores miedos? O ¿el lugar en donde cometiste tu mayor pecado?
Fuego y sangre.
AYUDA AUXILIO ALGUIEN AYUDA NO QUIERO MORIR POR FAVOR AYUDARME DUELE QUEMA NO ME DEJEN.
Un anciano cantaba.
MAMÁ MAMÁ DUELE MAMÁ TENGO MIEDO MAMÁ DÓNDE ESTÁ MAMÁ AYUDARME
Una niña danzaba.
SALVARLO POR FAVOR LLEVATELO LEJOS ES UN BUEN NIÑO MERECE VIVIR POR FAVOR NO TE LO DEJES MALDITO HIJO DE PUTA
Acurrucaba a su hijo la mujer.
HIJO DE PUTA SÁLVALOS POR FAVOR MAMÁ PAPÁ AYUDA NO ME DEJES NO LO DEJES MIERDA DIOS POR QUE NO QUIERO MORIR NO MUERAS POR FAVOR MUERE HIJO DE PUTA NO TE LO LLEVES DIOS AYUDA QUE TU ALMA ESTE MALDITA POR FAVOR AYÚDAME TENGO MIEDO TENGO MIEDO AYUDA AYUDA AYUDARLO
El sol negro maldecía al mundo con su hedor y los gritos de sus víctimas cantaban una única canción blasfema, una canción prohibida, que nadie debía escuchar, la cordura del receptor se desmoronaba en un mar de recuerdos y nunca más volvería a ser el mismo. Por esto nadie debía escuchar esta canción.
El mundo es bastante cruel a veces.
El niño pelirrojo corría entre las llamas, las llamas cantaban su canción y él se quemaba.
Un hombre anciano atrapado en su hogar lo llamaba y él le entregó sus sueños. Una niña que ardía en las llamas lo llamaba, él le entregó sus deseos. Una mujer que se arrastraba con un cuerpo ahumado entre sus brazos lo llamaba, él le entregó sus esperanzas. Todos lloraron y gritaron, lo maldijeron de formas que nunca había escuchado, él le entregó todo, cada parte de él, cada recuerdo, cada vez que abrazo a sus padres, cada vez que reía, cada vez corría feliz.
Les entregó todo.
Pero eso no fue suficiente, nunca es suficiente.
Con sus pulmones calcinados y músculos desgarrados, el avanzo. Nadie quiere morir y sobre todo ese pequeño, más no sabe él porque, ese porque fue abandonado ya hace mucho o poco entre las llamas.
Finalmente paro y observo el infierno con sus ojos. De ese pelirrojo solo quedó una cosa, su nombre.
¿El deseo de vivir? ¿Realmente quedaba ese deseo en el niño?
Un último respiro, colapso y su alma murió, pero su cuerpo aún no se rendía, con sus últimas fuerzas logró dar una media vuelta, cayendo con el rostro mirando el infinito.
Moribundo, un trozo de carne sin alma observo el cielo nublado que parecía que estuviera a punto de colapsar en una lluvia que tal vez apagaría las llamas, levantó su brazo como si intentara sujetar o atrapar algo. Ya no sentía dolor, su cuerpo abandona toda sensación, todo sentimiento, solo quedaba nada, nada más lo lastimaría, nada más lo haría feliz.
—Duele— Murmuro, no por él, si no por todos los fantasmas que lo acosaban.
Un cascarón vacío y el brazo cayó.
Pero no, existía alguien que no dejaría esa mano caer, que haría lo que fuera por esa persona que no conocía, él quería salvarlo, porque ese era su deseo, sin trampa o doble intención. Un puro deseo de salvarlo. Ese era el hombre de cabellos negros despeinados y ojos grises vacíos que se iluminaron a encontrarlo.
—¡Está vivo, está vivo, está vivo!
El hombre lloro de felicidad ante poder salvar a una persona, el niño lo miró, sus lágrima y bella sonrisa. Observó la absoluta felicidad del hombre al salvarlo, como si la persona que fuera salvada fuera era el hombre y no él niño, él sintió envía, envía ante tal felicidad.
—Gracias.
Aclamo el hombre que lo salvaba, un agradecimiento para el pelirrojo, de alguna manera, su salvación no solo era para él, era la salvación de ambos.
El niño que perdió todo se preguntó si salvaba a otros, ¿sería igual de feliz?
Parpadeó y una fuente de blanca luz lo cegó.
El niño no lo entiende, no entiende qué significa esa luz hasta que sus ojos se adaptan a ella. Un techo blanco desconocido.
Logra percatarse de la situación. En una cama desconocida, en un lugar desconocido junto a otros niños desconocidos. Pero se siente seguro ante la blancura y limpieza del lugar.
—¿Dónde estoy? —se dijo a sí mismo, mientras miraba el cielo a través de las ventanas.
En esa larga habitación se encontraban varios niños sobrevivientes, mutilados y llenos de heridas. Un hospital era el lugar que se encontraba.
Vuelve a dormir.
Fueron unos días de recuperación, de un milagro. Se percató de la situación que compartía con los otros niños sobrevivientes, pero su cuerpo se recuperaba a un ritmo que muchos consideraron un milagro.
El volvió a nacer. Las llamas y cenizas lo forjaron como un nuevo ser, su vieja alma y recuerdos se perdieron para siempre, pero una nueva nació, un bebé en el cuerpo de un niño de 6 años.
Como si el destino estuviera atento a su persona, el mismo día que se preguntó qué pasaría con él, un huérfano más entre muchos, el hombre de cabellos negros despeinados apareció.
—Hola, debes ser Shirou-kun.
En un traje negro y una gran sonrisa, que iluminaba su rostro. Era el hombre que lo salvó.
—Te lo voy a preguntar directamente. ¿Qué prefieres? ¿Ir a un orfanato, o que este hombre que nunca has conocido te adopte?
El niño preguntó varias cosas, si lo conocía, si era su pariente y otras preguntas. Solo era el hombre que lo salvó y quería adoptarlo. Al pequeño no le importo, decidió al hombre antes que el orfanato, ya que ningún familiar vino por él.
—Ya veo, eso es bueno. Prepárate rápido. Debes acostumbrarte a nuestro nuevo hogar.
Comenzó a empacar las cosas de su nuevo hijo. Antes de termina, lo miro alegre y le dijo:
—Antes que vengas conmigo, tengo que decirte algo. ¿Te parece bien?—El niño asintió—. Sí, soy un mago.
Una afirmación que cualquier persona cuerda tomaría como una broma, él creyó en ello, sin dudar una palabra.
—Wow, ¡Eres increíble!
Ese fue el día que tomó el apellido Emiya, Shirou Emiya, hijo de Kiritsugu Emiya, un mago. Un apellido que llevaría con orgullo el resto de su vida.
Se mudó a una gran casa de estilo japonés, una casa que era bastante grande solo para dos personas, pero fue feliz en ella. A los dos años de vivir con su padre, este después de muchas súplicas y lograr romper el espíritu de su viejo, logró que le enseñara magia.
Vivió con su padre diariamente hasta que cumplió una edad en donde pudiera quedarse solo y Kiritsugu comenzó a tomar viajes al extranjero, durante desde un mes hasta 6 meses. Viajó por el mundo y cuando volvían, ambos se pasaban varias horas hablando de los viajes, como si de dos niños se trataran.
Su padre era infantil, siempre lo fue, podría parecer un adulto serio y en el cual no parecía encajar anhelos de un niño, nadie que no lo conociera profundamente podría imaginar a simple vista el mayor sueño de ese hombre, un sueño que nunca pudo cumplir.
Una noche hace 5 años
—Oye, oye viejo. Si vas a dormir, hazlo en tu cama.
—Claro… no, estoy bien.
Padre e hijo miraban la luna.
Ambos callaron por un tiempo. Kiritsugu Emiya abrió una puerta, que nunca cerraría.
—Cuando era pequeño… quería ser un héroe.
—¿Qué? ¿Querías ser uno? ¿Lo dejaste? —preguntó impaciente el niño.
—Sí, es lamentable, pero… Ser un héroe es algo de tiempo limitado. Cuando creces, se vuelve algo difícil ser uno. Yo… debí darme cuenta hace mucho tiempo.
—Ya veo, que pena por eso.
—Lo es... la luna hoy es hermosa.
—Sí. —Afirmó el niño y miró profundamente al padre, sus ojos dorados brillaron con la luz de la luna—. Ya que no puedes hacerlo, yo lo hare por ti.
El hombre viejo se mostró sorprendido ante aquella respuesta, pero sería mentira si dijera que no era lo que quería.
—Ahora eres un adulto, por eso ya no puedes hacerlo. Pero yo puedo. Déjamelo a mí, tu sueño.
Una afirmación inocente, un sueño que no le pertenecía. Una maldición heredada.
—Claro, si. —¿Qué pensó Emiya kiritsugu antes pronunciar sus últimas palabras? La maldición de un sueño, tan bello como peligroso. Su última herencia, un recuerdo que nunca desaparece en la mente del niño, aunque pasen milenios, eones. Sus últimas palabras no desaparecerán de la mente del futuro héroe. ¿Qué pensó Emiya Kiritsugu antes de transmitir su voluntad al niño que salvó?—. Ahora puedo estar en paz.
El hombre dejó de respirar ante la maldición que cayó en su cuerpo, murió muchos años antes de lo que debía, antes de poder juntarse con la otra persona tan importante y querida como su hijo, pero murió tranquilo y feliz.
El pequeño al percatarse sobre ello, lloro en silencio, las únicas lágrimas que lloraría por su padre y ante la luna testigo de la promesa que hizo, del sueño que llevaría con orgullo, volvió a prometer en silencio a la luna, que sería el héroe de la justicia que su padre siempre deseo ser.
Cinco años después en el cobertizo de la mansión Emiya.
Chirrido.
El sueño era pesado, era como si hubiera soñado sobre toda su vida. Si su cuerpo o mente fuera normal, ese chico hubiera decido dormir todo el día.
Chirrido, los sonidos de una puerta arrastrándose, metal oxidado.
Sus sueños son destruidos con los rayos de la mañana y un frío invernal. El suelta un pequeño gemido, como en un intento de negar la luz del sol.
—Sempai, ¿estás despierto?
Una dulce voz que va muy acorde a la figura que lo despertó. Matou Sakura, su kohai y hermana de su amigo.
Cabello y ojos violetas con un uniforme escolar, una imagen bastante bella, pero que Shirou no admitiría en voz alta. Ella era la hermana de su amigo Shinji, su kohai, amiga y casi como una hermana pequeña. No podía verla de otra forma, aunque estaría mejor dicho que intenta no mirarla de esa forma, porque y para lamentación del adolescente hormonal, en el último año, está desarrolló un cuerpo envidiable para otra chicas.
Hormonas, el peor enemigo de los adolescentes.
—…Mm. Buenos días, Sakura.
—A sí, buenos días sempai. Sempai acaba de amanecer, pero si te quedas aquí, Fujimura-sensei se enojara otra vez si te quedas dormido aquí.
—… tienes razón, gracias por despertarme.
—No importa, siempre te levantas a tan temprana hora. Que un día falles, no es algo de lo que deberías preocuparte. Incluso, es mejor al poder venir a despertarte.
Ella sonrió, cálida, feliz y el muchacho estaba confuso.
—No le veo porque es mejor, es un problema para ti y recuerdo varias veces ya ha pasado. Aunque al menos no me pegas como Fuji-Nee. Intentaré despertar antes para que no vuelva a pasar.
—Lo que tú quieras, pero soy más feliz cuando no lo intentas.
Ella suelta una pequeña risa y el chico, atrapado aún en el sueño y en una densidad natural, no percata los mensajes directo-indirectos de la chica.
Finalmente la chica abandona el cobertizo después de lograr tener la cocina para ella sola y deja al pelirrojo sacudiendo su cuerpo y tomando el aire helado, rompiendo el pesado sueño.
Esta es una situación rara para cualquier extraño que mire desde lejos. Son un poco más de la 6 de las mañanas y una chica, que no es su pariente, que solo es una amiga de un curso menor, lo visita y le hace el desayuno. También contando que no tienen una relación física, aunque a la peli morado si le gustaría y bastante, pero eso es desviarnos del tema. ¿Cómo se creó esa situación?
Una herida en el brazo del enérgico muchacho y una joven que deseaba acercarse al amigo de su hermano. Comenzó lentamente acercarse a él, lo visitaba para ayudarlo, no sabía cocinar y tuvo que aprende bajo el cuidado de Shirou, lo cual creó una competencia sana entre maestro y aprendiz, un duelo digno de una competencia de cocineros expertos.
Es una relación que funciona y con un año y medio, se ha vuelto bastante hogareña.
Antes de salir de su cobertizo, que es más habitación que su habitación. Se encontraba lo objetos que estuvo usando para practicar su magia, la magia de Emiya Shirou.
Mediocridad, eso es lo que es la magecraft del pelirrojo. Su padre no le dejo las bases necesarias. Refuerzo y proyección, son sus únicas magecraft. Y si hablamos de proyección, es considerada una magecraft mediocre, incompleta, a tal punto que la llaman inútil. No vale la pena perder tiempo en ella y por eso refuerzo es lo único que sabe hacer el sucesor de la familia Emiya.
Por eso está lleno de objetos que tuvo reforzando, como un lámpara o un fierro, incluso noto que dejo algo que no debería estar aquí, un cómic americano, un gusto que no desarrolló hace mucho tiempo, hace un año por la herida en su brazo, perdía el tiempo en la zona comercial cuando una portada que le llamó la atención, de un héroe muriendo en los brazos de una mujer, una curiosidad lo invadió y no pudo resistirse a comprarlo. Desde ese día se volvió uno de sus pasatiempos y esto no debería estar en el piso, siempre los guarda en una caja en este mismo almacén antes de seguir con aquello.
Lo guarda y decide ir a ejercitarse un poco al dojo antes de bañarse y ayudar a Sakura con el desayuno. No puede dejar todo a su ¨hermanita¨ con la bestia salvaje que se acercaba.
Término una breve rutina de estiramientos y 100 flexiones de brazo. Poco para él, pero no le demos más importancia a sus ejercicios, con esto queda claro que debajo de esa ropa tiene un cuerpo bastante digno y marcado que dejaría tanto a hombres como mujeres, deseosos de ver más de cerca. Igual eso no le importaba, el no lo hace por eso, el tiene un objetivo, un sueño.
Se puso ropas limpias y fue a encontrarse a la cocina que estaba junto al comedor donde desayunaban.
Sakura parecía una esposa con su delantal y con una mirada dulce y feliz, como si estuviera viviendo en la plenitud de su vida, tal vez el rostro de una mujer felizmente casada, aunque ellos no eran eso.
Tampoco estaba en los planes del chico y se esforzaba para que no lo fuera, no debía mirarla de esa forma.
—Gracias Sakura, déjame ayudarte, mínimo lo que puedo hacer después que te dejara todo el trabajo.
—Claro sempai, pero no me importaría si te sigues quedando dormido.
La miró extrañado, sigue sin entender lo que intenta decirle.
Ambos se sentaron alrededor de la mesa y comenzaron a desayunar. No estaban solos, la bestia conocida como Taiga Fujimura, vecina, profesora, tutor legal y la cual se llama a si misma hermana mayor de Shirou, leía un periódico, el cual por alguna extraña razón temblaba. Eso no era habitual para la hermana enérgica y que parecía que causaría un terremoto en cualquier momento.
Taiga podía ser muchas cosas, nieta de un yakuza, profesora de inglés, una inútil en temas domésticos, la supervisora del club de kyudo de la academia Homurahara, una leyenda en el kendo, la persona más imperativa que conocieras, pero definitivamente no era alguien que ignoraba una comida.
Algo no estaba bien en la mujer de cortos cabellos castaños y ojos de mismos colores, que llevaba sus ropas habituales, un vestido verde y una camisa de rayas amarillas y negra, definitivamente calzaba con su apodo de tigre.
El joven dueño de casa estaba desconcertado con el comportamiento de su hermana, pero decidió ignorarlo para desayunar tranquilamente.
Grave error.
Le pidió una salsa a Sakura, la cual le entrego la que estaba más cerca de Taiga. Shirou la uso y al probar su desayuno, estuvo a punto de vomitar todo su contenido.
Se tapó la boca con desesperación, como si estuviera por vomitar sus intestinos. Una reacción exagerada para el joven, pero al tratarse de comida, esto estaba contra todas su convicciones.
Ella estalló en unas risas exageradas, excesivas y dramáticas ante el éxito en su plan maestro.
—¡Esta es mi venganza Shirou! Cambie las etiquetas de las salsas. ¡Ahora tengo que ir a la escuela!—Ella devoró sin saborear, como si el placer solo estuviera en tragar y no saborear, un insulto que la chica de pelos morados no le dio importancia—¡Gracias Sakura, Adiós!
Como si se tratara de una tormenta, llegó, destruyó todo y se fue.
—Disculpa a Fuji-nee, Sakura—avergonzado exclamó ante los malos comportamientos de su hermana.
—No te preocupes sempai. ¿Qué es lo que hiciste?
—Solo la llame tigre en clase ayer.
—Oh. —su tierna expresión se transformó en compresión, no a él, si no a la profesora e incluso con una malicia en su ojo dirigida al pelirrojo, sus ojos decían todo, que se lo merecía—. Debes disculpara con Fujimura-sensei, tuvo que llorar.
El chico se designó y acepto todas las culpas de lo sucedido.
No era mentira, su hermana mayor odiaba que la llamaran tigre por el juego de palabras con su nombre, al parecer era muy poco femenino.
Mientras desayunaban daban las noticias de múltiples fugas de gas, los cuales estaba afectando gravemente a la población de la ciudad, a un punto en donde parecía hecho a propósito. En unos edificios hubo fugas que dejó a todos en los edificios inconscientes, esto definitivamente es algo fuera de lo normal.
Ambos terminaron de desayunar y decidieron tomar camino al instituto. Sakura cerró las puertas del hogar con sus propias llaves, porque sí, las dos mujeres tenían una copia de las llaves de la casa. Esa era la confianza que tenía en ambas ¨hermanas¨.
Una bufanda nunca hace mal en un día frío ¿cierto?
Ambos caminan en paz hacia el instituto. Conversan sobre temas sin importancia, para el joven solo era otro día normal, un día que se perdería en un mar de recuerdo, la joven guardaba cada segundo que pasaba con su sempai.
Llegaron a la puerta y Sakura miró a su sempai e hizo una pregunta.
—Sempai, ¿no quieres visitar el club?
Se negó.
—Ya no soy miembro y además ya tengo asuntos con el consejo estudiantil.
Ella aceptó a regañadientes y fue al club de kyudo.
No es como que el club le fuera algo ajeno, todo lo contrario. Él fue el capitán del club de kyudo, pero se lesionó por su trabajo cuando tenía que participar en los torneos, lo que llevó a problema con Shinji…
Ignoro eso y decidió ir al consejo estudiantil, en donde su amigo Issei Ryuudou lo esperaba.
Un hombre serio y directo, de cabellos negros y anteojos.
—Gracias Emiya, siento molestarte con los calefactores.
—No te preocupes, es mejor revisarlos que comprar uno nuevo, mientras aún tenga reparo, lo reparare.
—Lo vuelvo a repetir, gracias Emiya. Eres demasiado bueno, eso a la larga te consumirá y te utilizaran.
—¿Me veo tan utilizable?—Issei levantó la ceja y solo afirmó—Entiendo, ¿puedes dejarme solo?
—Claro, no quiero molestarte.
El chico de anteojos desapareció y pelirrojo comenzó su trabajo, pero no siguió los métodos ortodoxos, uso la magia de Emiya Shirou. Leyó la estructura usando sujeción estructural, busco en cada centímetro, buscando las fallas y lo arreglo, aunque la segunda parte era menos mágicas, usando un cinta aislante.
Shirou acabó con su trabajo y fue en búsqueda de Issei que esperaba afuera de la sala.
Se encontró con un ambiente algo incomodo, Issei se encontraba hablando o mejor dicho, discutiendo con Tohsaka Rin, la idol, la mujer más cotizada del instituto. Elegante y bella, una mujer inalcanzable. Es bastante fácil caer en sus encantos y Shirou seguía siendo un adolescente hormonal, él admiraba a Tohsaka Rin. Eran pocos hombres que no deseaban la atención de la joven y vale la pena mencionar que ninguno lo ha logrado.
Cabello negro con dos coletas, ojos acuoso y lleva una chaqueta roja. Bastante hermosa pensó Shirou, pero no lo demostraba en el rostro.
Issei ignoro a Tohsaka y se dirigió a Emiya, llevándolo a otra sala a continuar su trabajo. Pero Shirou no puede simplemente ignorar a Tohsaka, pero no porque fuere ella, si no porque mínimo merece algo de cortesía.
—Te levantaste temprano, Tohsaka.
Sí, no fue la mejor elección de palabras para ser cortés, pero él continuó y ella lo mira extrañada.
Continuó con su trabajo hasta unos minutos antes que comenzaran las clases y ambos chicos se dirigieron a clase.
Era un día normal, pero algo confundió al pelirrojo y miró a alrededor, buscando lo que fuera que faltara y se murmuró a sí mismo.
—¿Dónde está Shinji?
Y las clases iniciaron.
