—¿Así que no actuarás, Kotomine?

En la oscuridad de la noche invernal, en el hogar de dios, un hombre y un semidiós bebían en las profundidades de la iglesia, en donde la única música que le acompañaba, era el susurro de las llamas que iluminaban la habitación y gemidos de agonía de pobres seres que ya habían perdido la cordura.

—Encuentro que no es el momento adecuado, la chica solo es un juguete de Zouken y no tengo interés en que se alce en la victoria, menos aún cuando tiene a Assassin, Rider, Lancer y posiblemente a Saber en sus manos. Los dos hijos de los Matou solo son marionetas, pero cuando la marioneta pierde sus hilos, intentan ser niños de verdad. Paciones y deseos desenfrenados—lo último fue casi un susurró que fue acompañado con una pequeña sonrisa mientras acababa con la vida del último cadáver viviente.

Gilgamesh, el rey de los héroes probó el vino y con la gracia de un Rey, le dedico una mirada a los cuerpos sin vida.

—Normalmente encuentro tu diversión interesante, Kotomine, pero una rata está envenenando mi manantial con un asqueroso hedor. El deber de un vasallo es obedecer al Rey, pero la mediocridad de la modernidad ha corrompido su espíritu. Es el deber del Rey es guiar a su pueblo es los momento de dificultad, pero si el manantial mata al pueblo, no quedarán súbditos que sirvan al Rey.

Un último sorbo, largo y profundo. Aquel era el vino del Rey, que compartió con el hombre de fe.

—Está es tu recompensa Kotomine, por todos estos años de diversión y ustedes, mis leales vasallos, les ordeno descansar.

(*)

El sol se elevaba, despertando la ciudad con su acaricia, incluso a los dos jóvenes que se encontraba en un callejón y que con suerte respiraban.

—Shinji… tenemos que hablar—dijo jadeando y solo aquellas palabras le revolvieron el estomago.

—Ya veo que puedes hablar Emiya—Shinji no estaba mejor, también jadeaba y respiraba pesadamente, pero estaba de mejor ánimo—. No tienes que agradecerme. Ahora que eres libre de Caster, tenemos que derrotarla.

—Si… sobre eso, creo que debo explicarte algo.

—¿Qué pasa Emiya?

—No era necesario que me rescataras, pero al menos ya podemos hablar. Así que esto, salió relativamente bien.

—¿Qué no era necesario? ¿De qué estás hablando?

—Hice un contrato con Caster.

—¿Qué hiciste qué? No te entiendo. Esa bruja solo debe estar usándote como anclaje. He leído los libros de mi familia, no creo que una bruja como ella formaría un pacto de sumisión con alguien como tú. Ella sería una real idiota si lo hiciera.

—Caster no es una idiota y mira—y en su mano, brillaba el único hechizo de comando que le quedaba—tenemos un contrato.

Shinji cayó con una mirada atónica por varios segundos.

—¡Rider! —Y la mujer se materializó —¿Son reales?

Rider se acercó y tomó la mano de Shirou, olfateándola como un perro.

—Sí, definitivamente es real.

Shinji hundió su cara entre sus manos y suspiró.

—¡Y no pudiste decirme antes!

—¡No me diste la oportunidad de decirlo! ¡Dos veces!

Ambos callaron y shinji mantuvo su rostro ocultó aún en sus manos.

—Así que… ¿Somos enemigos?

—Pensaba que podíamos seguir siendo aliados. Tal vez Saber ya no está… pero sigo estando en la guerra y no me voy a retirar.

Shinji suspiró y miró a su amigo, el cual le seguía pareciendo un idiota y le ofreció la mano.

—¿Seguimos con el mismo pacto anterior? No quiero que me obligues hacer que Rider me devore otra vez. Tú me entiendes, es horrible, prefiero cuando tú el que sufre, sin ofender.

—Sí, definitivamente no le deseo esto a nadie. Con las mismas condiciones de antes.

—Y ¿Caster se encuentra cerca?

—Sí, le dije que aún no se acercara hasta que arregláramos este mal entendido. Le voy a decir que venga.

—Antes que le digas eso—Shirou se detuvo y le observó con curiosidad—¿Qué tan confiable es Caster?

Shirou no lo pensó.

—Confió en ella, puede dejarse llevar… o decir cosas que se pueden mal entender, pero gracias a ella sigo aquí.

«Y eso no me dice nada. Apuesto que confiaría en un asaltante y le daría su cartera por caridad si este le cuenta una triste historia»

Shinji suspiró.

Y de la nada, se materializó una joven muchacha de rasgo élficos , que inmediatamente fue hacía Emiya.

La chica era simplemente hermosa. Shinji no había visto a Caster, pero solo su apariencia le sorprendió. Era como si observara una muñequita de porcelana construirá por unas manos angelicales.

La muchacha comenzó a susurrar palabras que claramente contenían un antiguo poder y su amigo recuperaba el color de su piel. Por un momento sus miradas se cruzaron y una mueca de disgusto se asomó brevemente para volver a mirar a su Master con un rostro de preocupación.

«Ni está tan linda, Rider está mejor»

(*)

—Shinji, puedes darme un minuto para hablar con Caster.

Shinji suspiró y aceptó. Shirou se levantó, agradeciendo a Caster por curarle y se alejaron un par de metro, en donde no deberían escucharle.

—Caster…

—Lo siento Shirou-sama… realmente hice un destrozo… yo no pensé con claridad y lo lastimé…—musitó Caster.

Fuego y ceniza. El olor que le despertaba sensaciones que le causaban escalofríos que le retorcían el estomago. Pero aquel fuego no era el que le forjó, si no el fuego que acaparó todo el parque. Caster atacó sin pensar y le ordenó que parada a través del enlace y aún cuando estaba por desmallarse, solo fue cuando le amenazó con usar su único hechizo de comando para que se detuviera, ella entró en razón.

Shirou se cruzo de brazos, con una mirada de un adulto que observaba a un niño después de destrozar algún jarron.

—No me lastimaste, pero Caster, aquello fue innecesario. No estoy de acuerdo con tu actuar.

—Shirou-sama. Aunque fuera su amigo, realmente no tenemos nada asegurado. Incluso ahora podrían traicionarnos. Su vida estaba en peligro. No podía dejar que se lo llevara. ¿Y si quería robar su hechizo de comando? No puede confiar con tanta facilidad… aunque eso no justifica lo que hice.

Gruñó la chica de ojos preocupados.

—No te debías preocupar, logre darte el tiempo para que te conectaras a la línea ley. Así que no deberías preocuparte por mí. No sé cómo funciona eso de la línea ley, pero confió en ti. Me salvaste y sé que no incumplirás nuestra parte del trato. Un correcto uso, que no volvería a lastimar a la ciudad.

Ella cayó por varios segundos, vacilante.

—Usted confía con demasiada facilidad, Master. Solamente nos conocemos hace unos días. Lo sé por experiencia, amigos, familia o amantes de hace años, pueden traicionarle.

—Pero no me has demostrado que no pueda confiar en ti, Caster. Me protegiste la espalda aún cuando pudiste escapar, incluso hace una horas, aunque aquello fue… algo muy explosivo y ardiente para mi gusto.

—Usted es mi Master, mi existencia depende de usted. Si muere, yo desapareceré. Incluso si no fuera de esa forma, solo podría estar usándolo para un retorcido plan…

Shirou soltó una breve carcajada y Caster casi salta de la sorpresa.

—Vamos Caster, no soy tonto. Soy tu Master, conozco un poco como funciona tu clase. Si me hubieras querido abandonar, lo hubieras hecho cuando tuviste la oportunidad. Incluso me hubieras podido controlar sin que yo me protegiera desde el momento en donde nos conocimos. Tal vez apenas somos más que dos desconocidos, pero eso no te hace diferente a Saber. Yo la acepté como mi aliada y confiaba plenamente en ella. Aunque nuestro primer encuentro fue distinto, me has mostrado que eres una buena persona, puedo confiar en ti y eso es lo que hago. Además no soy tan especial, no veo como me usarías para algún plan maquiavélico.

Y el viento resoplo entre las paredes del callejón con calor mañanera, calidez que parecía desaparecida en los tiempos de guerra y tragedia, en donde cada noche, la vida de las personas se podían extinguir en un soplido, como la llama de un fosforó.

El viento agitaba el cabello de la muchacha ocultando las mejillas ruborizadas y una sonrisilla que temblaba y que no sabía cómo responder. ¿Enojo, incredulidad o felicidad?

Ella respiró lenta y profunda para calmar sus latidos, ella era una princesa ante todo.

—Confiaré en su juicio, Shirou-sama. Y me disculpo por lo sucedido, nada más de conjuros relacionados al fuego.

—Está bien Caster. Somos aliados después de todo. Además creo que ya no hemos pasado un poco. Tenemos que hablar con nuestros nuevos aliados… aunque eso sería para ti.

—Claro, Shirou-sama. Pero ¿Por qué nos alejamos para tener esta discusión? Pudimos hacerla por el enlace mental.

—Sí, pero considero que esta era la forma correcta. Además ¿querías discutir al frente de ellos? Era una discusión más personal entre nosotros dos y es probable que Shinji se burle de nosotros.

—Sí, pero Rider parece tener un gran sentido. Estoy segura que nos escuchó.

—A…—Y al volver, Shinji sonreía con una estúpida y burlesca sonrisa.

«Soy un idiota»

(*)

—Así que eres rápido con las mujeres, Emiya.

—No sé a lo que te refieres.

—Enserio, no entiendo lo que tienes con las chicas… ¿Así que aquí es donde te estas hospedando?

Subían por la colina, pasaron entre los árboles y encontraron la casa que Caster arregló. Ahora incluso parecía una casa que nunca fue abandonada, sin grietas o tablones machacados.

—Hospedando no sería la palabra correcta, pero esta sería nuestra base. No es un mal lugar.

Y entraron, no es que tuviera mucho que explorar. Shirou le mostro lo básico y lo dejó en una habitación desocupada en el segundo piso, tenía que preparar el desayuno.

Shinji se acostó en una cama, llevaba dos días durmiendo entre basura. Al parecer tenía una ducha, pero con agua limitada, ya que compraron un galón de agua en el camino, por ello se limpio rápidamente, no estuvo más de 5 minutos en la ducha antes de volver a su habitación.

Solo quería cerrar los ojos una media hora.

(*)

Y una pequeña burbuja flotaba en el aíre, aquello no debería ser muy diferente a cualquier otra burbuja de jabón, pero aquella solo estaba formada por agua y cambiaba de color cada segundo, los colores del arcoíris.

—Esto es Taumaturgia, la recreación artificial del Misterio.

Respondió su abuelo, en un tono casi nostálgico, por un momento se le hizo irreconocible al pequeño niño de cabellos azules, que se sujetaba del escritorio.

Observaba con un brillo infantil, la de un niño que se da cuenta que el planeta es redondo o que miraba alguna maravilla de la naturaleza.

Deseaba tocarlo y se paraba de puntilla para acariciarla entre sus dedos, pero estaba tan lejanas, como estrellas preciosas, demasiados hermosas, pero fuera de su alcance.

—Los Matou—continuó su abuelo, con una pequeña chispa en los ojos, aquel no parecía el hombre decrepitó de siempre—hemos perdidos nuestra vinculo con el misterio. Cada nueva generación fue en decadencia, perdiendo el brillo, secándose y marchitándose. Alguna vez fuimos una respetable familia de magus. Yo buscaba…

Y el silenció emergió como si fuera una densa niebla, apagando y consumiendo las burbujas y la oscuridad se hizo en la biblioteca Matou.

—Abuelo… ¿yo puedo ser un magus? ¿Puedo hacer magia como usted?

Y el tiempo se congeló para el pequeño Matou, quien no podía controlar sus piernas, las cuales temblaban de emoción y unos ojos infantiles dilatados lleno de sueños infantiles.

Su abuelo le miró y toda empatía o cariño que alguna vez tuvo, fue aplastada por cientos de años de vida, que le arrebataron todo lo que fue alguna vez.

—No, eres un inútil. El gran linaje de los Matou, con siglos de existencia ha muerto con tu nacimiento. La precariedad finalmente consumió mi linaje, eres el producto de la decadencia. Nunca será un magus y espero que lo tengas claro.

(*)

Matou Shinji exploraba la biblioteca de la mansión Matou, leyendo unos de los antiguos grimorios escrito por su abuelo o mejor dicho, por su antepasado. Tenía más de 500 años de antigüedad y hablaba de las propiedades de la Taumaturgia de la familia Matou, los cuales tenían como elemento el agua.

Entendía aquello, ya que investigo los libros más básicos, aunque no fue fácil. Su abuelo le dejó investigar los libros, aunque lo dijo con una sonrisa burlesca.

Su espalda se tensaba y su respiración se hacía pesada cuando recordaba aquello (Decadencia de la familia), pero él es un hombre... no tiene permitido llorar, no debe llorar. Eso es lo que se repetía cada vez que intentaba formular un conjuro.

Paso a la siguiente pagina, la cual hablaba de un conjuro que manipulaba sombras y las disparaba como energía mágica, parecía como 3 tiburones que avanzaban en la tierra hasta su objetivo.

Leyó las instrucciones y las siguió paso a paso, imaginando que las conjurabas, imaginando que podía sentir aquel milagro en la punta de sus dedos, como si intentará tocar las estrellas, tan lejanas y hermosas.

Y como siempre, fallaba y mordía su labio, de la impotencia y el cansancio le nublaba la cabeza. Eran pasadas las dos de la madrugada y la mansión Matou se encontraba en silencio. Utilizando la vela que era la única fuente de luz en la biblioteca, sujetó el libro por la otra mano, navegó entre los estantería que formaban la ilusión de caminos infinitos.

Estas estanterías eran casi tres veces su altura y utilizando una silla que había dejado ahí, para marcar el lugar, lento y torpe, se subió y posicionó el libro en el lugar correcto, siempre manteniendo la vela alejada de los libros o cualquier superficie.

Al lograr su objetivo, con la mano libre arrastró la silla hasta dejarla en su lugar y abandonó la biblioteca, dirigiéndose a su habitación en el segundo piso.

Y en la oscuridad de la noche y en el miedo natural a la oscuridad, el chico de 5 años se dio cuenta que no existía diferencia entre la noche y el día en el hogar Matou.

No existía una madre que le cocinará su almuerzo y le consuele.

Pero el no necesitaba eso. Es un Matou, una antigua familia de magus que tiene una fortuna en su poder. No necesita una madre, ya que puede pagarle a otras personas para que suplante el rol. Matou Shinji no necesita lavar ropa o cocinar y no necesita que alguien le consuele o abrace… él es un hombre.

(*)

La realidad, es que Shinji no entendía nada sobre hermanos o mejor dicho sobre hermanas. Por alguna razón que desconoce, su abuelo trajo una niña a casa y le dijo que ahora era su hermana.

¿Cómo debía actuar un hermano? No sabía cómo comportarse y tiene una personalidad callada y melancólica. Siempre tiene los ojos hinchados y no entiende porque. ¿Alguna enfermedad? No conoce mucho sobre ello.

Así que pasaron dos días en donde la ignoró, pero eso le molestaba. No entendía porque, pero verla tan sola y cayada le causaba malestar, a tal punto que se distraía de sus estudios con su padre o incluso sobre los grimorios de la familia.

Aquello era una molestia. ¿Por qué se sentía así? Así que la observó durante el almuerzo y ese fue el momento en donde se dio cuenta.

En el momento en que su padre, desaliñado y con hedor que siempre lo caracterizaba, se levantó de la mesa, solo dirigiéndose a la trabajadora que cocino, en un agradecimiento que fue un simple ademan, dejando en la mesa a sus dos hijos.

Se dio cuenta que aquel sentimiento era empatía.

Y por eso, cuando su hermana se fue a su habitación y él se percató de todo, la siguió y golpeó la puerta y ella al abrir, le miró con curiosidad, la primera vez que variaba de expresión durante los 3 días que la conocía.

—¿Nii-san?

—Yo…—se dio cuenta que no tenía razones para ir más que la repentina idea y por ello, respondió lo primero que se le ocurrió.— Escuche por la escuela… de que los hermanos… hermanos mayores… ¡juegan con sus hermanos menores!

(*)

Shinji revisaba un grimorio que hablaba de la magia enfocara en curación, estudiando y memorizando como siempre lo hacía. ¿Por qué lo hacía? Seguía siendo el hijo de un la familia Matou, el heredero de la familia.

Y siempre estaba lo más importante, la esperanza. ¿Si algún día descubre un método para crear circuitos mágicos? En aquello estaban sus sueños y motivaciones. Tenía que ser un Magus, aquello debía ser su destino. Y el momento en donde lo logre, le mostrara a su abuelo, que no fue un error y su padre, tal vez le mire.

Había estado estudiando el funcionamiento de los circuitos mágicos y había encontrado entre los libros, que los circuitos mágicos era algo imposible de cambiar. Si alguien nace sin ellas, nunca podrá generalas e incluso si naces con algunas, nunca cambiaran.

Aquello le dolió, pero existía un método que permitía crear un circuito mágico provisorio. No sería algo permanente, solo tendría un uso breve, pero si lograba hacerlo, si podía dominarlo, podría cumplir su sueño.

Intentó producir un circuito mágico, buscando en su mente un gatillo, de todo tipo, desde armas e incluso mandos de juego y entre todas las imágenes que encontró, su mente fue atrapada por una imagen, se encontró a la imagen de una jeringa llena de un fluido que reconoció como adrenalina.

Dudó por unos segundos antes de sujetarla entre sus dedos. Tan fría, pero tan real. Inmediatamente supo lo que tenía que hacer y atravesó su artería branquial, inyectado el líquido.

La realidad de crear un circuito provisorio, era utilizar sus propios sistema nerviosos como un reemplazo , transformar el cuerpo físico y permitir fluir la energía. ¿Por qué no era un método utilizado? Era simple, para un magus no era necesario un método tan barbárico e ineficiente y para los no magus, era más simple suicidarte con una pistola en vez de destrozar tu sistema nervioso.

Shinji no pudo hacer nada más que gritar cuando sus nervios se derretían en la palma de sus manos, como si derramaran aceite hirviente que llegaba hasta sus huesos, chamuscándose y deformándose.

Y entre todo el sin sentido en que su mente se perdía en el umbral del dolor físico, sintió la energía que tanto anhelaba, entre sus dedo, estaba alcanzando las estrellas.

(*)

Suspiró y ordenó los libros en su lugar.

Últimamente gastaba menos tiempos en sus estudios, no es que se estuviera rindiendo, pero había encontrado placer en las películas, series y videojuegos. Además solía venir Emiya a jugar algunas veces e incluso ver películas.

Además solía jugar o leer con Sakura, así que no su tiempo era consumido con aquellas actividades.

Así que lo mejor era acortar las horas de lectura y desde que casi se mata al crear un circuito mágico, el terror le solía invadir. Había perdido el conocimiento a los segundos de crear el circuito y su abuelo lo encontró en el piso, inconsciente y estuvo a punto de perder sus manos, si no lo hubiera curado.

Pero aún así había sentido lo que tanto buscaba, no podía abandonar su búsqueda, aunque tenía demasiado miedo para utilizar sus propio nervios, solo alguien enfermo se atrevería jugar con su cuerpo de esa forma. Debía buscar otra forma, como siempre lo ha hecho.

Dejó la biblioteca y se dirigía a su habitación, cuando un zumbido, le detuvo al borde de la escalera.

El zumbido era casi sordo, como un susurro de una sirena.

Aunque un espasmo le golpeo y la necesidad absoluta de retroceder, le invadía los nervios, como hormigas que le mordisqueaba los tendones, continuó.

Siguió al pasillo, encontrándose con una puerta que estaba mal cerrada. Aquella puerta ¿Qué había atrás de ella? ¿Alguna vez había entrado a aquella habitación?

Y sus instintos primarios gritaban, pero abrió la puerta.

Como si se tratara de la puerta a otro mundo, un haz de luz atravesó una escalera que parecía bajan hasta el inframundo.

Un sótano, Shinji no conocía que tenían un sótano. Tal vez debía preguntarle al abuelo, aquella sería la decisión más sensata. Entonces ¿Por qué está bajando?

Temeroso y angustiado, sujetándose de la pared, comenzó a bajar, escalón por escalón, paso a paso, aunque la luz del pasillo se perdió, siguió bajando.

Aquel sonido, pasó de un susurro a casi chillidos, parecido al sonido de insectos y gusanos arrastrándose entre sí y a veces provenían de la pared, de ventanas que llevaban a un negro infinito. Siguió bajando.

Llegó hasta lo que parecía el fin de la escalera, ante un mar negro.

Y cuando encontró aquel rostro que conocía tan bien, siendo devorada en un mar de asquerosos y mórbidos gusanos bestiales, el horror le invadió y perdió su aíre.

—Sakura… ¡Saku…!

Y el gritó fue detenido por un mano sarnosa y pútrida, su abuelo se carcajeó.

—Llegaste lejos, más de lo que esperaba.

(*)

El mundo de Matou Shinji fue destruido, no, no se puede destruir algo que nunca existió.

—¿Realmente creías que era el heredero de los Matou? —Se burló su ancestro—. Ni tienes circuitos mágicos. Eres el culmine de los errores de mi linaje, pero me han entregado una nueva oportunidad y en estos planes, no entras.

—Sakura… ¿Qué es lo que le hacías? ¿Es entrenamiento? —aquello no se parecía a nada que hubiera leído en los grimorios

—Aquello no te interesa. No es de tu incumbencia, ¿realmente crees que le voy a responder a un error?

—Si no me quieres decir, si no soy acto para ser el heredero, ¿Por qué? ¿Por qué me enseñaste aquello que nunca podre poseer? —su voz se rompió, las lagrimas cubrían su rostro y apenas podía modular, pero aún así logró pronunciar aquella pregunta—. ¿Por qué sigo viviendo? Soy un error…

—Aún en las malas, eres un Matou y apenas un infante. Así que sigues siendo mi responsabilidad hasta que abandones la casa, como lo hizo tu tío Kariya. Lo cual fue otro error de calculo. El podría a ver engendrado un heredero aceptable, pero se encaprichó con aquella mujer que se casó con los Tohsaka. Y tu padre, se encaprichó con una mujer de una familia decadente, que dio su vida para traer a una patética sanguijuela con circuitos inertes, y tu padre en vez de buscar otra esposa, se encerró en el alcohol y no produjo otro hijo. Realmente es patético el final de mi linaje, pero ahora los Matou revivirán, en el útero de esa niña.

Shinji Matou, un chico de 13 años, se rompió y respondió con una carcajada antes de hundirse en un llanto ahogado.

Lo que dejó complacido a su abuelo, que desapareció en un mar de gusanos.

Odio, eso era lo que sentía en aquel momento. ¿Pero por quien? ¿Su abuelo?, ¿Su padre?, ¿La mujer que le parió?, ¿Su tío?, ¿Sakura?

¿Su abuelo que se burlaba de todo de su existencia? ¿Su padre que ha ignorado y repudiado al asesino de su esposa? ¿La mujer que dio la vida para una patética existencia? ¿Su tío Kariya que abandonó a la familia e hizo que su padre el heredero? ¿Sakura quien le regalaron lo único que deseaba?

Odiaba a todos, los odiabas, pero ¿podía odiar a Sakura? Los que le unió fue la empatía, la empatía a una chica que tenía que vivir en este asqueroso agujero de gusanos. Por eso la quería como su hermana, por eso jugaba con ella, por eso buscaba que sonriera.

Pero no son iguales, nunca consideró que fueran iguales. Aún en este agujero, él era quien conocía la verdad del mundo, quien quería estudiar y entender los milagros de la magia, pero siempre fue un error. Nunca lo fue, no era su igual o superior, era un gusano que orbitaba en su alrededor. No era nada y nunca lo sería…

Solo le quedaba servir a la persona que realmente llevaría a la familia Matou a la gloría. Aquello tenía sentido, no era quien llevaría a la familia a la salvación, pero… tal vez podía ser de ayuda. Era lo único que tenía.

Aferrándose a ello, la esperó, la esperó de su entrenamiento, un verdadero entrenamiento que no era sus juegos de niños.

Sakura abrió la puerta, pero no fue capaz de mirarle a los ojos.

—Me lo dijeron—voz carente de emoción—. Eres la verdadera sucesora de los Matou. Solo soy otro experimento fallido—su voz se rompió, y lagrimas comenzaron a caer.

¿Por qué seguía llorando? Ya había encontrado su solución, ya había encontrado su resolución. Era lo único que podía hacer, ella es todo.

—Eres un magus… solo debes seguir entrenando y serás el futuro de la familia… serás la salvación…todo lo que nunca fui—levantó el rostro, llenos de lagrimas y dolor—¡Desearía ser como tú!

¿Por qué sigue? Eso no es lo que quiere decir, él es patético, si, quiere ser un magus, era lo único que tenía y deseaba, pero… había renunciado aquello, ella era la verdadera heredera.

—Qué bueno que no eres un magus, Nii-san.—le dijo con una sonrisa.

Y en aquel momento, nunca había odiado tanto a una persona.

—¡Como te atreves!—Se precipitó contra ella, la cual choco contra la pared y lloró—. ¡Es lo único que deseaba! ¡Tú naciste con lo que deseaba! ¡Si hubiera nacido con circuitos mágicos, no estarías aquí! ¡Yo no sería un pedazo de basura que destruyó una familia! Yo sería alguien que no mirarían con despreció…—Shinji aflojó el agarré, dejando caer a Sakura y el mismo cayó de dorillas.

—Pero eres tú, Sakura. Eres la única que traerá grandeza a la familia… y quiero estar ahí para verlo. Por favor, ¡déjame ver la grandeza de la familia!

Ella no respondió, el tiempo pasaba y Shinji agacho la cabeza, llegando al piso. Pasaron los minutos.

Shinji levantó el rostro, sucio en lagrimas y consternado.

Sakura no le miraba.

—¿No merezco unas palabras? ¿Una mirada? Eres igual que padre…

Se levantó y abandonó la habitación, pero al cerrar la puerta, una mano se aferró como una garra en su brazo y lo empujó contra la pared, retorciéndole la extremidad y Shinjí lloriqueó.

—Pequeño error, pareces que te estaba divirtiendo ahí adentro.

Y aún en el dolor, el niño levantó el rostro confuso al ver a su padre.

—El viejo ya me contó todo. Me importas una mierda lo que hagas, juega con los libros o lo que quieras, pero si te pasas con tú hermana, recibirás un peor castigo, mocoso. Mejor no te acerques y no quiero ver tu rostro, ni cuando estoy almorzando o cenando.

Lo derribó de una cachetada, el niño se retorció en el piso. Su padre le dirigió una mirada, que pareció compadecerse de él por un momento y con la mano que tenía libre, tenía un vaso con el mismo líquido de siempre, sorbió todo lo que le quedaba y se dio media vuelta.

—Debe haber algo de hielo en la nevera, será mejor que lo uses—y desapareció como un fantasma por el pasillo.

El niño se quedó ahí, tendido en el piso. El rostro y el brazo le dolían, pero no tanto como su mente y alma.

Suspiró y se dio cuenta de algo. Todo fue un error, desde su nacimiento y su actuar. Pero no podía dejarlo, tal vez era basura que no era aceptada por ningún miembro de su familia, incluso de su hermana adoptiva.

Si quería hacer algo, tendría que hacerlo solo. ¿Quería ser un magus? Lo buscaría por sí mismo, ¿No quería ser humillados por otros? No se dejaría humillar otra vez, ni por su padre, abuelo y hermana.

Era patético y lo sabía, pero era orgulloso. Lo había olvidado por un momento y lo dejó en esta situación. Si nadie le iba a ver a los ojos, él no les mirarías.

No, él les mirarías, de lo más alto.

(*)

—¿Estas despierto Shinji? El almuerzo está listo.

Llamó Emiya y Shinji levantó la cabeza, bostezando y maldiciendo sus sueños.

—¡Voy!

En unos minutos se encontraba en el primer piso, persiguiendo el olor a arroz y a varios vegetales. Rider no se materializó, pero sentía su presencia.

Se asomó por la puerta que llevaba al comedor y observó en silenció. Tenía una ambiente distinto y por lo dicho por el pelirrojo, Caster remodeló la casa para hacerla habitable y se notaba, apenas era aceptable, menos por el comedor que estaba conectado con la cocina, se nota que Caster comprende al pelirrojo.

El lugar más destacable y trabajado, las paredes parecía de roble y una gran mesa en el centro. Parecía un lugar perfecto para una cena navideña americana, solo le faltaban los adornos y una buena chimenea.

—Ahí estas Shinji—le llamó el pelirrojo—siéntate y también hicimos para Rider, así que debería materializarse.

—Rider, puedes comer con nosotros—bufó Shinji antes de bostezar.

Ella se materializó a su lado, aunque pudo notar que Caster se le quedo mirando y no con rostro de amigos. Bueno, realmente no es importante que sus Servant sean amigas.

Se sentó y esperó el almuerzo. Lamentablemente no tenían una televisión. Por eso observó a Rider que se sentó a su lado, la que parecía tan tiesa como un farol, solo verla era incomoda.

—¿Qué te pasa? ¿Acaso no te gustan las sillas?

—¿Qué? No, no es eso Master, es solo que sentada es más incomodo estar preparada por si pasa algo.

—Entiendo, Rider, vas a probar la comida antes que yo.

—¿Eh? ¿A qué se refiere?

—Ahora cocinó Caster junto al idiota y confió en el idiota, pero no en Caster. Tú tienes más resistencia que yo a veneno.

—Tiene sentido… Master, probaré su comida.

Caster y Shirou aparecieron y sirvieron el almuerzo, era algo simple comparado con el otro día, era arroz con un par de acompañantes, principalmente vegetales cocidos.

Agradecieron la comida, Caster y Rider aún no parecían acostumbradas y comenzaron a comer. Y como había dicho, Rider probaría la comida.

La realidad es que duda que la comida esta envenenada, aunque tampoco era mala idea probar la teoría, pero también podía molestar a Rider y eso hizo, cuando levantó los palillos con una zanahoria. Rider se quedó tiesa y Shirou y Caster le quedaron viendo.

—Aquí viene el avioncito —exclamó y por un momento pensó que Rider la arrancaría la cabeza, pero devoró la zanahoria. La mastico con tranquilidad antes de tragar.

Ella simplemente afirmó

—¿Qué están haciendo? —Expresó Shirou confuso.

—No es de tu incumbencia —Respondió mientras le daba a Rider un poco de arroz cubierto en salsa. Ella volvió a probarlo, lo mastico con lentitud y cierto ¿placer? Incluso con cierta pasividad.

—… bastante delicioso—Respondió Rider.

Ok, esto es más divertido de lo que parece, pensó Shinji.

—Shirou-sama, abra la boca.

—¿Eh? —Respondió el pelirrojo con cierto rubor y todo pisca de diversión en Shinji, desapareció.

Dio un bocado, aquella dulzura al frente suyo le quitaba el apetito… lo último era mentira, pero seguía siendo molesto de ver.

—Emiya, recuerda nuestro trato. Si queremos salir está noche, sería bueno cumplir tu parte del trato.

—Sí… ¿Cómo decirlo?

—¿Qué pasa, Emiya?

—Sobre eso—intervino Caster—Shirou-sama me informó sobre cómo está manteniendo a Rider y no estoy de acuerdo con ello, llegue a la conclusión que sería más eficiente que yo le entregará mana a Rider.

Realmente aquello sonaba razonable y con ella conectada a la línea ley, Rider tendría más mana que nunca. Era una victoria para él, para alguien que no tenía circuitos mágicos y no podía hacer el conjuro más simple… pero está molesto, molesto con el idiota y su nueva mascota.

—¿Cambiando los términos del contrato sin consultar?

—No es eso, Shinji—está vez fue Shirou quien habló antes que Caster—. Lo siento, Caster se expresó mal. Esto es más una proposición, Caster tiene bastante mana gracias a su conexión a la línea ley y aunque no planeamos usarla de más, para que no existan peligros, es más eficiente para ambos.

Y tiene razón, pero eso no quita que esté molesto.

—Haz lo que quieras, mientras se cumpla el contrato. Yo no puedo mantener a Rider sin quedar al borde de la muerte. Ya lo sabes, soy una mierda que no tiene circuitos mágicos.

Shinji perdió el apetito y dejó caer los palillos. Odiaba por completo lo que dijo… no puede mantener a Rider, porque es basura… como dice su abuelo, por ello su padre nunca le miró y Sakura siempre sería superior.

—Caster…—el pelirrojo se dirigió a su Servant, vaciló por unos segundos antes de hacer una pregunta—¿No podrías despertar los circuitos mágicos de Shinji? Como hiciste conmigo.

Nota de autor:

¡Saludos! Espero que estén bien. Aquí estoy con otro capítulo de este fic, dedicado principalmente a Shinji, aunque sigo profundizando en la relación de Caster y shirou, la cual tendrá sus capítulos a futuro.

Espero que le agradara el capítulo, fue difícil de escribir. Lo edite varias veces e incluso tuve que tomar decisiones importantes, llegue al punto que pregunté en alguna comunidades por dudas que tenía, sobre todo lo relacionado a utilizar nervios como circuitos mágicos. Con eso me di cuenta que cualquier no mago podría hacerlo, aunque probablemente se mataría en el proceso. Cada día se descubre algo nuevo.

He estado leyendo sus comentarios y muchas gracias por cada uno, son más ánimos para continuar con esta historia.

Este capítulo se publica un día antes de San Valentín, pero igualmente, ¡Feliz día a todos!