Nueva Generación: Proyecto Cartago
Capítulo 2
Tras salir del centro comercial, el grupito de adolescentes volvió animado en dirección a Kadic, habían decidido que serían Hiroky y Ariadna los que guardaran el regalo para su tía Sissi. Maya era demasiado bocazas para esas cosas y JP era literalmente el hijo de ella, así que en alguna inspección materna podría descubrirlo y la sorpresa se iría al garete.
-Pues no podríamos haber decidido mejor. Y esta tarde, a descansar que nos lo hemos ganado- comentó Ariadna sonriente.
Era ella la que más animada estaba con el tema. Maya la miró con sorpresa- ¿No vais a querer ir a la fábrica entonces?- preguntó.
-Mañana lo vería mejor, además, recuerda el límite de virtualizaciones que podemos hacer- comentó entonces Hiroky.
Ella asintió entonces, recordándolo. Sólo podían volver a las doce horas, aproximadamente, lo cual imposibilitaba que pudieran ir hasta el día siguiente pues la siguiente vez mínimo sería ya pasadas las diez de la noche y sus padres armarían un señor revuelo de pedirlo. Suspirando, se llevó las manos a los bolsillos.
-Podemos echar unas partidas a Moky moky adventure, si queréis- comentó entonces, y los demás asintieron, animados.
En ese momento sonó el móvil de la chica. Lo sacó y comprobó que se trataba de su madre, Aelita. Descolgó rápidamente.
-¿Sí…? Sí… estamos cerca de la salida… ah, genial. Ahora les digo… oye pero no es necesario que… Bueno, vale- los demás se pararon al notar que ella se había quedado algo por detrás.
-Mamá va a venir a recogernos con el coche- los otros sonrieron, así se ahorrarían el viaje andando y llegarían antes a casa.
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Aelita para esos momentos ya había dejado de jugar y ahora se encontraba hablando con sus seguidores calmadamente, comentando algunas noticias que aparecían en los titulares de las versiones digitales de varios periódicos. Jeremy estaba junto a ella pero en un sutil segundo plano, de hecho de él sólo se veían en pantalla sus pies. Estaba colocado en una mesita detrás de ella y a la izquierda, con unos cascos puestos.
-¡Bueno chicos, pues me tengo que ir!- Aelita sonreía ampliamente dirección a la cámara.
En el chat de su directo comenzaron a poner corazones y a despedirse de la mujer, que asintió despacio.
-Ya, ya lo sé Dani, pero tengo cosillas que hacer… ¡Pero ya sabéis, mañana más y mejor, hijos de Mises! ¡Cuidaos mucho, adiós!- se despidió en dirección a cámara y cerró la retransmisión.
Suspiró algo cansada, se quitó los cascos y cerró sesión en la página de stream, para luego estirarse mientras giraba su silla.
-Bueno, pues voy a por los niños… ¿Lo has comprado todo, Jeremy?- este asintió, mientras se levantaba.
Ella le abrazó despacio, cariñosa, mientras él se dejaba, riendo un poco.
-Que cariñosa…- murmuró él, Aelita sólo se separó un poco, y le tendió un beso suave.
-¿Yo? Siempre- bromeó, y entonces fue dirección a su cuarto.
Bajó por las escaleras rápidamente mientras su marido se encargaba de dejar el ordenador apagado, y se cambió. Normalmente usaba un chándal rosa algo viejo con leggins para estar en directo, pero para salir a la calle, y más cuando comenzaba el fresco, prefería usar un pantalón vaquero, una camisa blanca y un jersey de su color favorito. Se observó en el espejo del baño para comprobar que estaba todo correctamente colocado y que su maquillaje seguía bien, tras lo cual se puso el abrigo, fue dirección a la salida, cogió las llaves, y, ya en el exterior, fue a por su coche.
Este era un turismo de gama media color blanco. Ella lo prefería así, además de ser un color bastante seguro por lo cantoso que era en carretera, también era una tonalidad en la que la suciedad se notaba menos. Aun así lo llevaba cada seis meses a limpiar a un sitio de confianza, precisamente dentro de poco le tocaba darle un repaso general…
-A ver si hoy no me encuentro mucho tráfico, que la última vez fue la leche…- murmuró, mientras arrancaba.
Ella disfrutaba de conducir, le recordaba cuando pilotaba el Skid en el mar digital, pero los atascos a veces le ponían de los nervios. Encima cuando se ponían a pitar… prefería no pensar en ello, la verdad. Encendió la radio en un canal de música pop, y mientras cantaba un poco al ritmo de los grandes éxitos comenzó a conducir. Al vivir en medio de un pequeño bosque tenía que ir por una carretera privada que recorría unas decenas de metros hasta la calle más cercana, y por la que tuvo que pelearse con el ayuntamiento para poder hacerla. Por lo menos Sissi no puso problemas con los permisos para poder invadir parte del parque de Kadic.
-Madre de Dios…- murmuró, había salido un momento para abrir la verja que separaba el recinto de la calzada y había bastantes coches en fila por el semáforo de más adelante.
Volvió al coche rápidamente y llevó su vehículo hasta la mitad de la acera, mientras esperaba que al menos se fuera cerrando ella sola. En cuanto los de adelante comenzaron a avanzar ella dio un ligero acelerón y se puso a la fila, pudiendo pasar antes de que el semáforo se pusiera en rojo de nuevo. Suspirando, condujo suavemente mientras tatareaba en dirección al centro comercial, y cuando estuvo a menos de tres minutos de llegar volvió a llamar a su hija, poniendo el manos libres con la pantalla táctil del coche.
Esta respondió a los tres toques- ¡Hola! ¿Por dónde estáis?- preguntó cuando oyó la voz de su hija.
-Pasada algo la entrada, en la acera derecha- respondió, de hecho estaba pasando por allí cerca.
Giró un poco la vista y les vio de reojo- Vale, os he visto. Quedaos donde estáis, en seguida llego- tras eso colgó.
Al estar en una avenida con varios carriles, y por ir desde la izquierda ya que la forma más rápida de llegar era por aquel lado, tendría que dar la vuelta en una rotonda cercana. No tardó demasiado en llegar de nuevo a donde estaban los adolescentes, parando algo más adelante y poniendo el intermitente para indicar que sería un momento. Maya se sentó a su derecha, mientras los otros tres se colocaban detrás.
-¿Os lo habéis pasado bien?- preguntó afable, en cuanto pudo se reincorporó al tráfico habitual mientras los demás hablaban.
-Pues sí, ya tenemos el regalo de mamá- comentó JP, contento.
Aelita sonrió- ¡Le va a encantar, es genial!- añadió Ariadna, ella siempre había sido bastante alegre.
La adulta asintió, despacio- Ya lo hemos encargado, en teoría debería estar para el Miércoles, aunque tengo que mandarles una cosita antes a los de la tienda- comentó JP.
-¿El qué?- preguntó curiosa la mujer. Parecía ser algo bastante trabajado.
-Es sorpresa tita Aelita- aseguró Hiroky, y la aludida se rio un poco.
Condujo tranquilamente de vuelta a casa, en el proceso estuvo cantando un poco a karaoke con la radio para el disfrute de los menores, y hasta Maya se animó un poco a acompañarla, aunque no le salía de forma tan natural como a su madre, mucho más suelta en aquellas cuestiones. El trayecto se les hizo bastante corto, de hecho incluso cuando ya estaban bajando seguían cantando un poco a capella, haciendo coincidir el final del verso con el sonido de la puerta al cerrar.
-¿Ya te vas a Kadic, JP?- le preguntó entonces Aelita, el aludido asintió.
-Sí, además de mandarles el correo me gustaría ir antes para asegurar la ración de albóndigas con patatas de Emma- y sonrió entonces, mientras pasaba la mano por el estómago.
Los demás se rieron con ganas, se despidieron y el otro marchó en dirección a la academia. Los hermanos tampoco tardaron mucho más, pues tendrían que ayudar a su padre con las labores del hogar, pues si bien buena parte de las cosas estarían hechas ya a esas alturas, sí que tendrían que echarle una mano con la cocina. Una vez despedidos todos, las otras dos entraron a la Ermita charlando animadamente, siendo recibidas por Jeremy, que salió al pasillo para saludarlas.
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Por su parte, Patrick Belpois se encontraba en los juzgados de Lyon para llevar los papeles de un caso que estaba atendiendo. Era abogado penalista, no destacaba por ser especialmente bueno pero le permitía ganarse la vida y vivir cómodamente. Además, era una buena excusa para ir casi siempre con una chaqueta negra y camisa, cosa que le gustaba especialmente. Aún recordaba las pintas de heavy que tenía de joven, por suerte la edad le hizo cambiar de opinión…
-Ya está registrada la demanda y la presentación de pruebas, señor Belpois- el chico que le atendía le devolvió los papeles que le había entregado previamente.
El aludido sonrió. Estaba bien afeitado y con el pelo repeinado y engominado, y guardó todo en la mochila negra que llevaba a la espalda.
-Perfecto, ¡pase buen día!- tras recogerlo todo salió rápidamente de las instalaciones.
Fue directo a los aparcamientos aledaños al tribunal. Este estaba en plena ciudad, se trataba de un gran edificio de piedra y que tenía a modo de fachada una larga línea de columnas, con unas escaleras que se extendían a ambos lados como si estuviera recostadas, y que llevaban a dos grandes puertas de acero bastante altas y que casi llegaban al techo. En cuanto salió, cruzó el puente del rio Saona, y fue directo hacia unos aparcamientos donde había dejado su coche para volver a París, donde residía. Normalmente los casos que llevaba le hacían estar en la capital, pero de vez en cuando tenía que ir a otras ciudades para llevar las cosas, y aunque se podía hacer por ordenador le gustaba acercarse para saber dónde estaban las cosas, y así no perderse en la fecha clave. Ya le pasó una vez y no estaba dispuesto a repetirlo, de hecho a la pobre mujer que le había contratado casi le da algo en aquella ocasión.
-Que tarde es… creo que me va a tocar comer fuera hoy…- murmuró, mirando el móvil.
Tardaría algo más de tres horas, y era cerca de medio día. Entre una cosa y otra podría llegar a casa a eso de las cuatro, pero para entonces igual estaba demasiado cansado, así que… se encaminó a un restaurante de comida rápida. Ya al día siguiente comería algo en condiciones junto a su primo, sonrió pensando en ello.
-Debería comprarle algo a Maya, que no la he visto desde verano…- murmuró. Solía regalarle cosas cuando iba de viaje por ahí, y como no tenía ni pareja ni hijos, su sobrina era la única a la que podía consentir.
Pensando en ellos buscó la dirección de algún sitio en el que comer, y ya saciado iría a algún lugar para buscarle algo. Y si no había nada, esperaría al cumpleaños de ella, y que quedaba por Noviembre. Además, eso seguro que le hacía más ilusión y se lo podría preparar algo más.
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Mientras, William estaba en comisaría. Tenía justo delante al narcotraficante que habían capturado, esposado y con cara de malos amigos. Estaba totalmente rapado, con algún que otro tatuaje en los brazos y ropa de bastante buena calidad, de hecho cualquiera hubiera pensado que era algún actor antes que un delincuente. Estaban en la sala de interrogatorios, el narco estaba esposado y sentado en una silla, con las manos en la mesa y con dos agentes delante, también sentados en sillas. En un extremo un gran espejo servía como escaparate para los que estaban en la salita anexa, habiendo un par de cámaras de seguridad para vigilar que nadie hacía nada raro.
-Vamos a llevarnos bien, Marco. Tú me dirás dónde coño guardas la mierda en tu casa, y nosotros le decimos al juez que has sido buen muchacho y has cooperado- este frunció algo el ceño.
-Estas jodido, hermano. Te irá mejor cantando que haciéndote el duro- añadió la compañera de él.
Estaban sentados uno al lado del otro. Ella era rubia, tenía los ojos pardos y lo que tenía de alta lo tenía de dura. Y como medía casi metro ochenta y cinco y de una caricia le dejaba a más de uno la cabeza dando vueltas, la llamaban cariñosamente Alicop. Ayudaba que se llamara Alize.
-Ella llevar razón, tío. Si nos ayudas, te podemos ayudar. Oye, igual de veinte años sólo te caen diez, yo creo que te sale a cuenta- añadió.
-¡Y una mierda diré nada!- hasta les escupió a la cara.
William gruñó y se separó, mientras el otro se reía a carcajadas- ¡Te va a caer un paquete más gordo aún, imbécil!- le gritó, mientras se limpiaba como podía la cara.
Aún llevaba la ropa de camuflaje, y si bien su vista estaba algo comprometida en aquellos momentos, vio cómo el rostro del otro se volvía más blanco de lo que ya de por sí era.
-Diría que no le vamos a sacar nada. Hagamos el atestado, se lo mandamos al juez y a correr- propuso Alize, y William asintió.
Habían estado casi hora y media y sólo le habían sacado insultos y maldiciones. Los cabrones se habían aprendido bien el no hablar sin estar presente el abogado defensor… Abrió la puerta y permitió que su compañera sacara al preso de la salita de interrogación, mientras este se revolvía e intentaba liberarse sin éxito alguno. Él no entendía esa actitud, ¿a dónde pretendía huir? Estaban en mitad de comisaría, rodeado de agentes y con la salida a cincuenta metros por los pasillos. Suspiró, precisamente en ese momento vio por allí aparecer a Ulrich Stern, ya de uniforme.
-Por fin le habéis pillado- comentó el otro, mientras se acercaba.
Mientras pasaba aquello, Marco le intentó pegar un cabezazo pero Ulrich le esquivó y le puso cara de malos amigos, mientras Alize le empujaba de mala manera para que fuera delante de una vez. William suspiró y asintió un poco, rascándose la nuca.
-Llevo toda la noche vigilando y cuando vio los furgones salió corriendo calle abajo, por suerte le interceptaron unos locales que pasaban por allí cerca, que si no tendríamos que haber montado un dispositivo de persecución, y bueno… no tengo los mejores antecedentes con eso- bromeó.
Ulrich se rio. Efectivamente, no sería la primera vez que estrella un Z contra una pared, farola o coche en plena persecución. Por eso, cuando iban juntos era él el que conducía y William el que disparaba. Rara vez atinaba a las ruedas incluso con el coche enemigo delante, claro que los maleantes tampoco lo hacían mucho mejor.
-¿Te vas ya a asa entonces?- le preguntó, y el otro asintió.
-Sí, será llegar a casa y meterme directo a la cama… voy a dejar las cosas en taquilla y me voy- se despidieron con un apretón de manos y Ulrich fue a su mesa mientras William se dirigía a conserjería.
Cruzó unos pocos pasillos hasta llegar a la misma, bastante animada pues los que entraban y salían de turno coincidían en esos instantes por allí. Saludó a varios mientras pasaba por delante afable, yendo directo a su taquilla. Dejó su ropa de camuflaje, así como las esposas y arma reglamentaria, y las guardó en la mochila que tenía, de la que previamente sacó su ropa civil y su documentación. Una vez terminado el proceso, cerró de nuevo y dejó el disfraz en la entrada, que fue recogido por el chico que les proveía de los mismos.
-¿Os ha sido útil, Will?- preguntó, era un muchacho de poco más de veinte años, con el pelo de los laterales recortado, mientras el de arriba estaba teñido de rubio.
El aludido asintió- Pues sí, pero vamos, ya podríais lavarlo más a menudo. Huelo a muerto- y el otro se hundió de hombros.
-No basta con parecer un sintecho, hay que oler como uno- le bromeó, y William se limitó a sonreír de medio lado, despidiéndose.
No tardó demasiado en salir de comisaria, y recorrió las calles de París en dirección a su apartamento, en el que vivía sólo y tan a gusto. De vez en cuando pensó en compartir con alguien, para ahorrarse algo en el alquiler, pero el mero hecho de tener que compartir baño o tele con alguien le daba bastante pereza, y no le acababa de compensar del todo. Además, le gustaba la vida de solitario y atractivo soltero, demasiado tiempo a su aire sin depender de horarios ni de gustos fuera de los que él tenía, tanto sobre horas de salir, de cine, música, para comer… aunque para eso último igual sí necesitaría ayuda, pero tampoco era algo que le quitaba el sueño.
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En la Ermita, Maya ya había comido con sus padres y había subido derecha a su cuarto nada más terminar con la excusa de tener que hacer deberes. En realidad ya lo tenía todo hecho, pero quería ponerse a trabajar en el súper ordenador mientras los demás estaban con sus familias, para mañana ir todos de nuevo a la fábrica. Como más adelante jugarían online quería adelantar un poco y así tener noticias que darles, por lo que usaría su ordenador para conectarse a través de una red local con el de la fábrica.
-Bueno, veamos que más programas tenemos por aquí…- murmuró, con una sonrisilla traviesa.
Algo por dentro le decía que tendría que haber más cosas, además de únicamente los de virtualización para sus amigos y los de los vehículos. Lo malo es que tendría que programar algo para obtener un listado de los mismos, pues al ser un ordenador de código en vez de gráficos no tenía la opción de darle a alguna pestaña para lograr aquello. Sin embargo aquello sería relativamente fácil, tan solo tendría que encontrar la manera para hacerlo y que no tardara muchísimo, pues daba por hecho que tardaría un buen rato en recopilarlos todos.
-Igual tendría que excluir los de mantenimiento… ¿pero cómo?- se preguntó.
Delante de ella estaba la interfaz del súper ordenador. Estaba en una pestaña trabajando mientras en la otra tenía música pop para darle ambiente, así se concentraba bastante mejor. Suspirando, simplemente comenzó a teclear, esperando que la inspiración le llegara en algún momento. No había demasiadas prisas y podía optar por la prueba y error hasta ir perfeccionando el programa final. En su imaginación iba pensando con qué podía llegar a encontrarse, y es que las opciones eran infinitas, más con algo tan alucinante como era el súper ordenador.
O quizá no había mucho más, pero lo dudaba especialmente. Algo dentro de ella sin embargo le decía que guardaba tantos secretos y misterios como una pirámide egipcia, y eso le daba un suave cosquilleo a lo largo de su espalda y que era bastante agradable. La emoción de aquellos descubrimientos le daban un ánimo y deseos de continuar adelante como nunca antes había sentido en su corta vida. Mientras ella estaba a eso, entró su madre con algo de ropa en las manos recién planchada.
-¡Hija, te dejo esto por aquí, colócalo anda!- la mujer ni se fijó en la pantalla de la adolescente, que asintió, dejando por unos instantes su trabajo.
De haberse fijado, hubiera temblado y tenido un buen cabreo. O se hubiera puesto a llorar y tendría que haber venido Jeremy, que le hubiera echado una buena bronca junto a su madre. Nada de eso pasó, y cuando guardó todo en el armario, la adolescente siguió adelante. En un momento de iluminación se le ocurrió una idea para poder acelerar el proceso, poniéndose rápidamente a escribir en la interfaz… hasta que la avisaron de que era hora de jugar.
El rato se le pasó tan deprisa que apenas se dio cuenta que pasó cerca de hora y media. Abrió el programa de llamada y atendió a la llamada de su amigo, mientras hablaba un poco para que el otro comprobara que todo iba correctamente. Cuando lo tuvieron todo bien programado hablaron animadamente.
-¡Hola! ¿Qué tal chicos?- ella sonrió a la webcam contenta, JP la saludó también y le mandaba besos al aire, mientras movía los ojos mirando a su propia pantalla.
-Bien, ¿y tú?- el chico estaba en su cuarto, con la luz de la ventana iluminando su rostro. Por detrás se podía ver la puerta.
-Genial, en breve termino una cosa para mañana- y sonrió entonces un poco la otra.
En ese momento aparecieron también en la llamada los otros dos del grupo, estaban en el mismo cuarto. Ariadna estaba delante de la webcam mientras su hermano estaba al lado, cruzado de brazos.
-Vale… ¿Me oís?- preguntó Ariadna, y los demás asintieron.
-Bueno, pues voy preparando la partida- comentó animada Maya, terminó de escribir un par de líneas más, y puso el programa a funcionar.
Mientras este trabajaba ella se divertiría con sus amigos, y ya para la noche revisaría el listado que saliera… No podía parar de pensar en ello, le emocionaba bastante aquello. Abrieron el juego y, mientras charlaban de sus cosas, prepararon la partida entre risas y bromas.
-Bueno, ¿listos para la paliza de vuestras vidas?- preguntó divertida Maya.
-Perdona, pero la última vez gané yo- saltó Hirkoy.
JP entonces negó- Fue porque ella no jugó una, por puntos tendría que haber ganado ella- comentó.
-Pues esta vez seré yo, guapos- comentó Ariadna, mientras les sacaba la lengua.
-Pronto lo veremos… va, ¿modo campeón o modo supervivencia?- Maya se estiró contenta, lista para pasarlo bien.
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La vida de los antiguos guerreros Lyoko y de su descendencia era tranquila, tras la derrota de Xana pudieron hacer vida normal… no así aquellos que motivaron la creación de la IA por parte de Waldo Schaeffer, padre de Aelita. Ellos sabían que nació como contrapartida al virus que serviría como muro de contención para programas militares de potencias enemigas y para romper las telecomunicaciones de las mismas. Era, pues, un virus contra un virus. No se pararon a investigar más pues ya tenían bastante con enfrentarse a un malvado programa informático, pero de haberlo hecho hubieran parado inmediatamente ante lo que se hubieran encontrado: miles de millones invertidos por parte de varias naciones occidentales para hacer frente al oso del Este desde la guerra fría, y que se mantenía en funcionamiento en aquellos momentos. De hecho incluso tenían un enemigo más en el gigante asiático, y que era el nuevo gran rival a abatir.
Su sede central estaba en pleno centro de Nevada, aunque tenía varias sedes a lo largo de la costa atlántica tanto americana como europea. Pero el edificio principal estaba en un área reservada del desierto, cerca de áreas militares. De hecho estaban bastante homogeneizados todos los edificios en cuanto a estética, pues al fin y al cabo eran otra rama de la inteligencia militar, aunque sus equipos eran mixtos entre civiles y estos mismos.
Eran mamotretos cuadrados, sin demasiados cristales y hechos de ladrillo y hormigón color tierra, estando lo más importante de las instalaciones diez metros bajo tierra: grandes súper ordenadores desde los que trabajaban bastantes técnicos, entre los que estaban Laura Gauthier. Era de la rama francesa, rubia y de grandes ojos celestes y algo alta, era una de las operarias que trabajaban, y vivían, allí. Llevaba años sin apenas ir a ningún lado a más de cincuenta kilómetros de allí, aunque tampoco lo necesitaba, o eso se solía decir a ella misma. De vez en cuando le entraba la pena y echaba de menos a sus antiguas amistades, pero… lo compensaba por estar cumpliendo sus aspiraciones. Ella deseaba ser la mejor, y allí lo estaba logrando con creces.
-Vamos a ver si hoy logramos sacar adelante esta mierda…- murmuró.
Estaba sentada ante una de las interfaz que tenían en el piso inferior. Delante tenía a Cartago, una IA con rostro virtual y que a ella le parecía bastante mona. Los superiores insistieron en que así sería más fácil para todos usar las herramientas de ayuda, y en general a modo de soporte para poder hacer las programaciones que se necesitaban. El sistema multi-agente ya estaba creado y operativo desde hace años, y ya estaba en combate contra los sistemas de otras grandes potencias, pero necesitaba el apoyo humano en algunas instancias, y ella hacía aquella función todos los días lo mejor que sus habilidades le permitían.
De hecho el gran logro de los occidentales era lograr que la IA trabajara codo con codo con los humanos, que le daban un toque a los programas que un ser lógico como era Cartago jamás sería capaz de siquiera imaginar. Pero en aquella guerra ser el mejor se debía a un gran número de cuestiones, y no sólo gracias a un ligero cambio.
-Cartago, ¿preparado?- ella tenía una camiseta negra algo ceñida y unos pantalones de deporte, les dejaban llevar ropas cómodas por estar en torno a 14 y 16 horas allí metidos, y llevar prendas algo más formal resultaría bastante incómodo.
Ante ella apareció una mujer de pelo rojo y ojos marrones. Asintió despacio, y saludó a la otra con una afable sonrisa.
-Hola, Laura. Sí, estoy preparado, cuando quieras- saludó, y la otra sonrió.
Se ajustó el micrófono a la boca, y se estiró- Perfecto, vamos allá, ¿has terminado con la programación que dejé a medias ayer?- preguntó.
Caratgo asintió- Sí, lo he completado. Podrás lanzarlo cuando quieras- la aludida asintió, satisfecha.
-Perfecto… ¿con los demás, cómo van sus partes?- preguntó.
-Bien. Las partes comienzan a ensamblarse, calculo un ratio de éxito cercano al setenta por ciento- Laura suspiró.
-Los superiores lo van a querer aumentar…- murmuró entonces, a lo que el programa asintió.
-Lo haremos. El gran oso y el dragón sin alas aún no están enterados de nuestro plan, tenemos tiempo- comentó.
-Ojalá…- comentó Laura, mientras tecleaba.
Por alguna razón hace décadas, al inicio del proceso, todo casi se descalabra. Luego, años más adelante, estuvieron una semana algo nerviosos por alguna razón que no llegó a trascender a nadie fuera de la cúpula directiva, y ahora volvían a meter algo de prisa, pero por la cercanía de poder llevar a cabo uno de los ataques más potentes y destructivos contra los enemigos tecnológicos de aquellos que les estaban financiando.
-En una semana estará todo listo, si Ikari y Smith entregan su parte a tiempo- comentó Cartago entonces.
-Lo harán, por la cuenta que les trae- comentó Laura, ceñuda.
La última vez que una parte del grupo no entregó a tiempo su parte, lo pagaron con estar tres semanas sin poder salir a ningún lado, sólo a sus cuartos y para dormir y asearse. De todas formas, incluso sin esas sanciones ella vivía bajo esa rutina desde hace tanto que estaba acostumbrada a ello. Casi no había interaccionado con nadie de fuera… pues desde que dejó Francia, un par de lustros antes.
Pensando en ello le dio a entrada, y comenzó a lanzar el programa, suspirando. La interfaz de la IA se minimizó y fue sustituida por una imagen en tiempo real de un mundo virtual, en concreto era un gran mar digital con una enorme plataforma a modo de puerto. En uno de sus laterales apareció el cascarón de lo que se asemejaba a una nave espacial, tipo las que salían en las películas de ciencia ficción y en forma de tubo.
-Bien… ahora vamos… con… esto…- mientras tecleaba las líneas de lanzamiento, preparó la siguiente parte.
En cuanto terminó y lo puso en funcionamiento, compró que la siguiente parte del vehículo digital se montaba: en el cascarón del aparato se ensamblaron cuatro grandes motores en forma también de tubo, mientras a lo largo de su superficie se abría unas grandes ventanas. Laura sonrió satisfecha, mientras Cartago observaba sus facciones en silencio.
-Genial. Continuemos, ¿pasamos a las armas?- propuso, y la IA asintió, despacio.
Estuvo trabajando durante más de doce horas, preparando aquello que iba a permitir viajar por la red a ella, al equipo en el que estaba, y a un par de militares más. Todo bajo el objetivo de poder atacar in situ a los programas, ordenadores y sistemas informáticos de potencias rivales de Occidente, y que llevaba décadas formándose. La supremacía en el siglo XXI no se lograba por tener bombas nucleares, estas ya estaban pasadas de moda; ahora, todo venía por la información. Era clave tener todo lo que debía permanecer confidencial bien protegida de ataques, y con aquel plan, eran conscientes de que iban a lograr darle tal golpe de efecto, que los logros de China o Rusia iban a quedarse en nada.
Ella no sabía si aquello era o no moral. Tampoco se había puesto a preguntárselo, ni siquiera lo había hablado con los otros dos, no tenía tiempo para cuestiones filosóficas cuando lo pragmático era limitase a ducharse y dormir en el poco rato libre del que disponía. Para los demás seguro era así, pensaba en ello mientras se levantaba por primera vez en horas en dirección a su cuarto. Estaba con algo de dolor de espalda, pero estaba satisfecha con su progreso. Bajó pesadamente de su silla, se despidió de sus compañeros, y fue hacia la salida esquivando los cientos de cables del suelo, ayudándose con una mini linterna para no tropezar, saliendo entonces de la sala de operaciones.
Anduvo tranquilamente por los pasillos, estaban iluminados por luces de neón, con las paredes blancas y el suelo con losas, ni una ventana en toda la infraestructura. Fue en dirección a su cuarto, en uno de los pasillos del piso superior, y que era individual.
Entró a la misma en silencio. Era un rectángulo, con una cama, un armario y un pequeño baño con tan solo una ducha y un retrete. Sin ventanas, aquello era más parecido a una cárcel que a un hogar, pero merecía la pena para ser la mejor programando de todos los tiempos. Tenía una pequeña tele y unas pocas fotos en la mesita aledaña a la cama, destacando una por ser la única que tenía un marco. Era de aquellos amigos que tuvo ella en un pequeño internado en su país natal, en Francia.
-¿Cuántos años han pasado ya… veinte, tal vez? Algo menos, seguramente…- murmuró, tocándola.
Podía nombrar uno por uno a todos ellos. Sentados en un banco de madera, y de izquierda a derecha, Aelita Stones, Jeremy Belpois, Elizabeth Delmas, y ella. Por detrás, y de pie, Ulrich Stern, Yumi Ishiyama, Patrick Belpois, William Dumbar, y Marin Foreman. En el suelo, y colocadas por delante de los del banco, Electra Bäyern y Aurora Zastre. Sonrió, con un deje de tristeza, tocando los rostros de cada uno… ¿cuándo fue la última vez que habló con ellos? Seguramente cuando su amiga Aelita sacó su último disco, hará cinco años. Precisamente fue entonces cuando se tuvo que aislar de todo y de todos, muy a su pesar… pero era necesario.
-La verdad es que es un disco genial… cuando acabemos aquí tengo que pedirle que me lo firme- murmuró.
No estuvo sin llamarles por gusto. Fue una mezcla de falta de tiempo y de no poder hacerlo, estaban tan por debajo del nivel del suelo que no había señal de teléfono, si tenía tele era gracias a que los cables de fibra que bajaban hasta los súper ordenadores de los pisos inferiores se bifurcaban y les daban esa pequeña comodidad. Se limitó a cerrar la puerta con llave, y comenzó a desnudarse y a tirar la ropa en la cama, entrando al baño en cuanto terminó con esa labor, mirándose al espejo del baño en silencio.
Su cuerpo era delgado y era algo fibroso. Pese a estar en los últimos meses casi sin hacer deporte formal, algo siempre hacía en su cuarto antes de ducharse, sobre todo para no anquilosarse y no engordar excesivamente. Se metió a la ducha y abrió el agua caliente para que comenzara a caldearse, y mientras dejaba que corriera, se acercó al termostato y encendió el calentador del cuarto para que, cuando saliera, tuviera una temperatura más agradable. No tardó demasiado en darse un baño, y se secó rápidamente el cuerpo, murmurando suavemente y hablando consigo misma tranquilamente.
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Aquella misma noche, al otro lado del Atlántico, Patrick llegó a París tras salir de Lyon. Al final no sólo se quedó a comer por allí, sino que también fue a dar una vuelta aprovechando que no tenía nada mejor que hacer y que nadie le esperaba en casa… para molestia de él. En realidad sí que podría tener a alguien, pero la vida a veces te separaba de aquellos con los que te gustaría compartirla… en fin, de aquello había pasado un tiempo, y no había razones para andar pensando en ello. Además, al día siguiente vería a su primo y a su sobrina, cosa que no podía alegrarle más. En realidad Maya no era sobrina realmente, pero como si lo fuera.
Llegó a su apartamento, cerca de donde estaban los de los demás, y se dispuso a prepararse algo de cenar cuando Jeremy le llamó. Aún tenía la camisa puesta y los pantalones le quedaban a la altura de los tobillos, pero lo cogió.
-¿Dime…? Sí, ya volví… ¿Sí? Ah, muy bien, pero… vale, vale, ¡genial pues ahora voy!- Aelita al parecer había preparado pizza para cenar, y como siempre le estaban invitando.
Suspiró, no tenía nada mejor que hacer y seguramente le dijeran de dormir allí también… no se merecía una familia así, a decir verdad. Ellos le habían dado mucho, y él a ellos… más bien poco. Se sentía mal consigo mismo por ello, pero cuando se lo había dicho a los otros dos, estos le restaron importancia a esas palabras y le quitaron hierro al asunto. En palabras de Aelita, no era nada que Patrick no hubiera hecho por ellos de haber estado en una situación similar, de haberle faltado alguien tan importante a cualquiera de ellos como lo era Laura para Patrick.
Ajena a todo aquello, Maya estuvo jugando toda la tarde con sus amistades, mientras el aparato trabajaba de fondo con el programa para hacer una lista de todas las funcionalidades del súper ordenador. De hecho lo había hecho de tal forma que cuando terminara se limitara a crear un archivo de texto con los nombres, y otro con el código completo de los mismos a modo de resumen. Estuvieron un buen rato entretenidos, y cuando cerró el juego, tras darle una buena paliza a sus amistades gracias a sus habilidades pulidas a lo largo de largas tardes jugando… y se encontró con el archivo en medio de la pantalla.
Sonrió animada, y entonces lo abrió con interés. Había varias decenas de programas, ordenados y como ella le indicó al buscador, en orden alfabético.
-A ver… materialización, ese ya lo conocemos… programas de análisis… ¡anda, los códigos de los sectores, como mola!- murmuraba.
Bajó rápidamente, mientras bostezaba un poco- Código Tierra… ¿Gran cabeza de queso? ¿Pero qué?- no daba mucho crédito a esos nombres. (1)
Suponía que debían ser nombres clave- Es que no tendría sentido de otra manera, ¿Vuelta al pasado? Y… Ski-Skidb…- chasqueó la lengua.
-Skidbladnir… otras, me suena mogollón…- murmuraba, y entonces se acarició la barbilla despacio.
-Mamá me lo contó… sí, espera…- hablaba consigo misma mientras se levantaba de la silla e iba a por uno de sus libros.
Este al parecer era de su abuelo Frank, al que no llegó a conocer. Ese mismo libro le leía de pequeña a su madre, y este a ella. Era un libro de antigua mitología nórdica, y tenía algunas partes con anotaciones de su madre escritas en lo que ella entendía debía ser danés o similar, al parecer su madre estuvo aprendiendo de joven aunque lo dejó, por algún motivo. Cuando encontró el capítulo, lo leyó un poco por encima para saber.
-Un barco… ¿se tratará de un barco? Ostras… ¡sería increíble!- comentó, ¿significaba que había uno en el mundo virtual?
De ser así seguro que podrían usarlo, si es que lo encontraban… ¡Ya tenían misión para la mañana siguiente! Estaba bastante emocionada con aquello, no veía el momento de ir de exploración al mundo virtual. Sin embargo, antes tendría que encontrarlo de alguna forma y aprender cómo se usaba. Tendría que leerse los códigos para ello, si es que los entendía… podría preguntar a sus padres pero estos preguntarían que de dónde salió aquello, y bueno, no le apetecía tener que andar dando explicaciones. Suspirando, decidió que tendría que ser ella misma la que lo hiciera… además, podría ser un gran reto personal para ella.
-¡Maya! ¡Baja, viene tío Patrick a cenar!- oyó a su padre, y sonrió contenta.
Al final, y aunque le interesara mucho, no era algo que le corriera excesiva prisa, además, podría revisarlo por la noche antes de ir a dormir. Cerró los programas y apagó el ordenador, bajando rápidamente con el resto de la familia. Según descendía por las escaleras, a su nariz llegó el suave olor de la pizza, y su estómago rugió un poco.
-¿Va a venir tito Patrick de verdad?- preguntó contenta, según entraba a la cocina.
Allí esperaban los otros dos, mientras colocaban entre los dos la mesa. Notó que, efectivamente, habían puesto un cuarto vaso, servilleta y plato. Jeremy, que estaba al pendiente del horno, alzó la cabeza y asintió.
-Sí, ya que íbamos a cenar especial pensé que le gustaría- comentó. Aelita estaba sentada con el móvil en la silla que siempre usaba, mordisqueando algo de pan.
-¿Le pasa algo? La última vez fue por Septiembre y estuvo casi una semana aquí- sus padres se miraron durante unos instantes.
-Es… complicado de explicar. Tendría que ser él el que lo hiciera- la adolescente asintió.
Ella asintió, algo triste- Entiendo…- pero se le quitó cuando oyó cómo sonaba el timbre.
Salió corriendo dirección a la puerta y se encontró con su tío, que le removió el pelo de la cabeza con una sonrisa.
-¿Qué tal, pequeñaja?- preguntó entonces, mientras la menor abrazaba a Patrick contenta.
Aún llevaba el traje puesto, se notaba que se había puesto colonia recientemente pues esta aún olía fuerte, cosa que ella agradeció. Seguro que venía de estar todo el día fuera y que llegaba directamente.
-¡Familia, he llegado! ¡Joe, que bien huele Lita!- su sobrina le dejó entrar, y el hombre cerró tras de sí, tras lo cual fue a la cocina.
Una vez que saludó a los dos adultos, se sentó a la mesa con la mujer, mientras Jeremy se preparaba para sacar la pizza.
-¿Qué tal te va? ¿Todo bien?- le preguntó Aelita, y este asintió.
-Precisamente acabo de volver de Lyon… no tenía nada para cenar, ya iba a pedir algo a domicilio- comentó él, echándose agua.
La adulta asintió, despacio- Bueno, mejor estarás aquí, claro. Y más sano- comentó.
Patrick se acarició algo el estómago- Porque me muevo mucho, que si no… como fatal desde lo de Laura- Aelita no quería sacar el tema por respeto, pero ya que fue él…
-Tranquila, si hace tiempo que estoy bien… pero como vivo solo como fatal. Además, no merece la pena comerse la cabeza con el asunto, total, ¿Cuáles son las probabilidades de que la vuelva a ver?- Maya no entendía muy bien de qué hablaban, aunque lo intuía.
-Lo importante es estar bien… supongo, ¿no?- a eso su tío asintió.
-Pues sí. Ya tendrás tiempo para males de amores- la otra se sonrojó algo.
No sabía lo que era el amor aún, pero suponía que en algún momento lo descubriría. Tampoco es que tuviera prisa…
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Mientras, Yumi preparaba la cena junto a Hiroky y Ariadna, que estaban pelando unos tomates y lechuga respectivamente, mientras su madre estaba con el pescado.
-¿Qué le habéis comprado al final a Sissi?- preguntaba la mujer, apenas habló con ellos en la comida y luego ellos estuvieron en el cuarto jugando.
-Un puzzle, pero especial- afirmó la chica. Yumi sonrió de medio lado.
-¿Con qué? ¿Una foto?- sorprendidos por que su madre lo adivinara, ellos asintieron.
-Una en la que estáis todos de joven- la adulta se detuvo unos instantes y bajó algo el rostro.
-Sé cuál es, creo… le gustará- murmuró.
No demasiado convencidos, los otros dos se miraron.
-Aquella foto… ¿estábamos vuestro padre y yo de pie, con Jeremy y Aelita en un banco y varios más?- y Hiroky asintió.
-Con Sissi, Will, Patrick y otras chicas más, ¿verdad?- y Ariadna la miró.
-Pues sí… ¿Era importante para vosotros o algo?- Yumi suspiró algo.
-Aquel día fue la graduación de Jeremy, Aelita, Ulrich, y varios más de los que estábamos allí. Fue un gran día, pero poco después… las dos chicas de abajo se mataron en un accidente. Fue terrible- los dos muchachos bajaron el rostro, apenados.
-Joder, qué acierto…- murmuró Ariadna.
Sin embargo, la adulta le restó importancia- No sabíais qué pasó, y ocurrió hace años… le parecerá muy bonito- sacó los pescados de la sartén entonces.
La merluza era una de sus especialidades, siempre le quedaba doradita y muy sabrosa, más con la ensañada. Entonces les abrazó por detrás.
-Anda, id a poner la mesa y no os comáis la cabeza- les dio un cachete entonces y ellos fueron a ello rápidamente.
Cuando salieron revisó el móvil, y suspiró. Siempre que su marido se iba de patrulla estaba bajo tensión, era lo que tenía que tu marido fuera policía… al menos no solían tener demasiados problemas pero la preocupación no se la quitaba nadie. Ella estuvo cerca de serlo también pero lo dejó, entre otras cosas por el cuidado de sus padres y por traer dinero a casa.
-Bueno… terminemos…- tomó el plato de pescado y se dispuso a llevarla, cuando recibió un mensaje. Era de William
Lo revisó por unos instantes, era una foto. Suspiró, una vez más se le había medio quemado los filetes y las patatas… Vas a tenerte que buscarte cocinera, guapo jajaja le escribió. Los solteros del grupito eran algo desastre, sólo Herb salía adelante sin nadie y comía bien y tenía la ropa en condiciones. Los demás… sólo había que verles a veces, por lo menos procuraban tener la ropa adecentada. Hasta Marin era un desastre, para que luego dijeran…
Fue con sus hijos y se sentó con ellas, mirando la hora según se colocaba. Eran las nueve y pico, Ulrich no llegaría hasta las once por lo menos. Seguramente para entonces los niños fueran a sus cuartos antes, pero ella se quedaría viendo la televisión, como siempre.
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(1) En francés, el idioma original, el nombre sería gros caramel mou, y que tiene una connotación a la impotencia masculina. De ahí el sonrojo de Aelita en el capítulo 72.
Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Este fanfic está conectado con Aelita's Nature, y que se encuentra en el pasado de la línea temporal de este. Habrá referencias en ambos de eventos del otro.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
