Nueva Generación: Proyecto Cartago
Capítulo 3
Al día siguiente, Domingo, Maya despertó bastante temprano, antes incluso de que el despertador resonara en su cuarto. Estaba tan nerviosa por la aventura de ir a buscar aquel barco, el Skid, que le había costado pegar ojo. Hasta había imaginado cómo sería, sus proporciones, armas, diseño… estaba pensando en ello mientras se estiraba, con una amplia sonrisa, sentada en su cama.
-¡Pues vamos a ello!- comentó, dando un brinco y aterrizando a medio metro de allí. Hizo la cama en seguida, con la música de una aplicación que enlistaba sus canciones favoritas y las ponía en bucle.
Tras eso se vistió, cogió su móvil y bajó rápidamente las escaleras. Iba a ir directa a la fábrica, con la excusa de ir a la biblioteca pública a estudiar, para así tenerlo preparado todo para cuando los demás llegaran mandarles directamente a Xanadú. Iba a colar seguro ya que llevaría en su cartera unos libros y, por supuesto, el listado de programas del súper ordenador para poder ejecutarlos, pues había muchos que le llamaban la atención y le gustaría usarlos. Eso, y darse una vuelta por el mundo virtual usando el Skid, y quien sabe a dónde más, pues las opciones eran infinitas.
Tras dejar su cuarto preparado salió escopeteada a desayunar, mochila preparada a la espalda, bajando en unos instantes las escaleras y entrando atropelladamente a la cocina. Sus padres hacían ruido por su cuarto, donde aún permanecían, pero ella tenía más prisa. Tomó algo de cacao en polvo, le echó por encima sus cereales, luego la leche, e impacientemente esperó a que terminara el microondas, momento en que su tío apareció por allí.
-Qué madrugadora…- comentó, le salía un tímido bostezo mientras se estiraba un poco. Maya le saludó de vuelta con una suave sonrisa.
-Ya, tengo que ir a hacer cosas a la biblioteca, estaré con JP seguramente- comentó, tomando su desayuno y yendo directa a la mesa.
Patrick le tendió una cuchara ya que se le había olvidado- ¿A la de Kadic?- preguntó entonces, pero la otra negó.
-A la pública, es una suerte que siempre abran…- murmuró, el otro ya se estaba preparando su café.
En menos de un minuto ya había vaciado el tazón, besó a su tío en la mejilla y le pidió que informara a sus padres, saliendo por las puertas a toda prisa. El otro suspiró, y a los pocos minutos después aparecieron estos, que se sorprendieron por lo que hizo la menor, aunque tampoco se lo hubieran impedido. Se fiaban de ella y sabían que no les mentiría sobre esas cuestiones… y nada más lejos de la realidad, al menos en esa ocasión.
Ella recorrió el bosque de las cercanías de Kadic sonriendo. La noche anterior se había quedado un buen rato trabajando con los programas del súper ordenador desde el suyo de sobremesa, queriendo investigar un poco sobre todos aquellos programas tan interesantes, observando más a fondo sus códigos y comprendiendo su significado. Había varios que tenían nombres propios, y que debían servir para cosas muy diferentes. Había algunos muy curiosos, como sintetizadores de voz, mientras que otros tenían pinta de ser mucho más útiles, como algunos para, o eso creía ella, poder hacer una cuenta atrás para virtualizarse.
Y no solo eso, también parecía haber una forma directa de ir hasta el Sector 5, pero prefería ser ella la conejito de indias en lugar de los demás. Y de paso podría darles una sorpresa. Quería ir con tiempo para poder prepararlo todo, aunque de no poder tampoco importaría demasiado. Confiaba en sus habilidades lo bastante para hacerlo a la primera, aunque corriera algo de riesgo. De toda formas no había ninguna razón para desconfiar de la eficacia de aquellos programas, pero eso no quitaba que se sintiera ligeramente nerviosa.
Y sin embargo, estaba dispuesta a hacerlo. ¿Cuándo podría llegar a volver a vivir algo así? Puede que jamás, y era posible que los demás se cansaran llegado el momento, así que… lo disfrutaría. Y aquel sería el día. Había comentado que iría pronto a Xanadú, y ese sería el día. Gracias a esos programas podría ir con los demás sin que nadie se quedara en la fábrica, total, no había peligros en ese sentido.
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Por su parte, JP había quedado con Hiroky y Ariadna, que se encontraron en la Academia, donde el primero esperaba a los otros dos en el patio, terminando de beber su zumo de naranja. Les saludó afablemente, llevaban sus mochilas a la espalda para aparentar que iba a la biblioteca y que así sus padres les dejaran salir. Por suerte Maya era la que hacía los deberes la primera y mandaba fotos con los resultados para que los demás pudieran copiar sus resultados, al menos en cuestiones como matemáticas, y que así pudieran tenerlo todo hecho y estudiar, logrando así que los mayores no pudieran poner pegas.
-¿Vamos ya?- preguntó Ariadna, a lo que JP asintió, sonriendo. Se recolocó el abrigo un poco y fueron andando en dirección al bosquejo de Kadic.
-Maya estaba súper ansiosa ayer por la noche, ¿creéis que haya encontrado algo especial?- preguntaba el otro chico, a lo que su hermana se hundió de hombros.
-Ni idea, pero me gustaría ir cuando acabemos de verdad a la biblio y que ella me explique las ecuaciones. Mi madre se está poniendo pesada con el temita…- gruñó, a lo que JP se rio un poco.
-Y yo en teoría tendría que estudiar historia porque cierta traidora no me apoyó ante papá- esa vez fue Hiroky.
Y aquí venía otra discusión de los dos hermanos. El muchacho se limitó a ponerse los cascos del móvil, poniéndose canciones para que no le dieran dolor de cabeza entre los otros dos, y que no tardaron en elevar el tono de la discusión.
-¡Eres un imbécil!- acabó gritándole Ariadna. El otro apretó los puños, con las mejillas algo sonrojadas.
-¡Y tú eres tontísima!- afirmó este, para ese momento habían llegado hasta los pasadizos que llevaban hasta la fábrica, teniendo que cruzar el alcantarillado para llegar a destino.
-¡Bajad el volumen, que estamos cerca de la Ermita!- les regañó, abriendo la tapa y dejando que los otros dos se miraran, molestos, bajando entonces por las escaleras de mano.
-No es mi culpa que mi hermana sea una bocazas…- murmuraba Hiroky, mientras la otra le sacaba la lengua, entre molesta y divertida.
-Sois de lo que no hay…- comentó JP, esos dos se llevaban a muerte, pero cuidado con que otro dañara – o siquiera lo intentara – a su contraparte.
Siguieron adelante, andando y comentando entre ellos sobre sus cosas, hasta que llegaron junto a Maya, que les esperaba con unos papeles en la mano a la entrada de la nave de la fábrica. Les saludó entusiasmada – como siempre – y les abrazó sonriendo, dando saltitos. Ariadna se rio por ello, JP la miró con interés, y Hiroky se limitó a recolocarle la banda de la mochila, y que por los ímpetus de ella se había doblado.
-¿Alguno sabe lo que es Skidbladnir?- preguntó, y los demás se miraron sin entender nada.
-¿El nuevo disco de tu madre?- se aventuró la otra chica, pero Maya negó.
-No, pero podría. Es una nave mágica, y, esto os va a ENCANTAR, ¡está en Xanadú! ¡Y creo que podemos acceder a ella!- exclamó, con ilusión.
Los otros tres se miraron- ¿Una nave espacial tipo Galaxy War?- preguntó Hiroky, pero la otra se hundió de hombros. (1)
-No tengo ni idea de su aspecto, solo de su código. Es súper largo, pero es lógico si hay que crear todo un… ¿barco? No sé la verdad- y comenzó a andar en dirección al interior.
Ellos fueron tras ella- Supongo que querrás que demos una vuelta, de poder- comentó JP, mientras se estiraba.
-Pues si así fuera sería genial… Pero te tenía que ayudar con mates, ¿No, Ari?- esta asintió.
-Y no estaría de más que estudiáramos de verdad- añadió Hiroky, tras lo cual bajaron por las cuerdas hasta el ascensor.
Maya seguía hablando- ¿Y qué tal la mañana por ahora? Tío Patrick vino a vernos ayer- comentó.
Estaban a la altura del ascensor entonces- No por favor…- murmuró JP, y los dos hermanos comenzaron a discutir de nuevo.
La chica se rio con ganas gracias a eso, contenta por todo aquello. Disfrutaba de la compañía de los demás, a decir verdad, le gustaba su compañía. Todo aquello les había unido más de lo que ya de por sí estaban, pero agradecía que estuvieran viviendo aquella aventura juntos. Pensando en ello subieron al elevador, y ella pulsó el botón para ir hasta la sala de la interfaz, mientras los demás bajaron un piso más.
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No tardaron demasiado en llegar hasta la sala de escáneres, donde entraron a los grandes tubos que servían como puerta de acceso hasta el mundo virtual, donde Maya ya había programado los vehículos para poder desplazarse rápidamente. Esa vez aparecieron en el sector del bosque, justo encima de una gran plataforma con un lago y un gran tronco sobre el mismo, y que lo cruzaba de lado a lado. Tras aterrizar en el suelo, y subir cada uno a uno de los vehículos – con la consiguiente disputa de Hiroky y JP por la moto – se comenzaron a mover hasta uno de los límites del sector.
-¿Dónde crees que está el Skid?- preguntó Ariadna, tras la pelea de los otros pudieron seguir con la conversación central.
-Supongo que en el Sector 5, pero no sé dónde exactamente- comentó Maya.
En su regazo tenía los papeles, bien impresos y con un clip para tenerlos juntos, y subrayados con fosforito los nombres. Tuvo la idea entonces de escribir el código del programa en el ejecutor, y entonces apareció una ventana, con el nombre Skidbladnir en su esquina superior izquierda, y un gran aparato con un indicador de, seguramente, sus niveles de energía.
-¡Ya sé cómo es!- exclamó, ilusionada, la chica,
Los demás se miraron con una ligera sonrisa- ¿Y bien?- preguntó con interés Hiroky.
Ella comenzó a describir- Tiene un cuerpo muy largo, con… tres mini naves, y en la parte superior la sala de mandos del aparato. Es bastante grande, hay espacio de sobra… curioso, coincide con los NPC de Xanadú, igual es para ir de misión con ellos, ¡eso molaría que te cagas!- comentó.
Los otros se rieron, en ese momento llegaron hasta el extremo del sector, bajando del vehículo. La otra introdujo la clave para acceder al sector: Cartago. Segundos después el transportador llegó, subieron al mismo, y se dejaron llevar por aquella esfera hasta allí. Maya observó aparecer en el mapa holográfico la esfera que conformaba en el Sector 5. Comprobó entonces el mismo, y les dio las indicaciones a los demás.
-¿Sabéis el camino que hicimos para poder ir hasta el exterior?- preguntó. Los demás ya corrían en esa dirección, de hecho.
-¡Sí!- exclamó Ariadna, habían llegado a la sala justo tras atravesar el primer pasillo.
-Bien, pues según donde estáis, a la izquierda, tiene que haber un pasadizo, ¿lo veis? Probad a ir por allí- pidió entonces.
Se giraron en esa dirección, y efectivamente, vieron un camino que podrían seguir. Por ello fueron en esa dirección rápidamente, mientras Maya seguía comentando animada sobre todo lo que a lo mejor podían ver.
-¡Es que igual hay una manera de… ir más allá! ¡Eso sería genial, chicos, ir a… a… al maldito Internet!- en su tono se notaba su entusiasmo.
-¡Para el carro! ¿Cómo que ir a Internet, de qué hablas?- preguntó JP, entonces. Ella suspiró.
-A ver… Xanadú no creo que esté aislado, la verdad. Pensad que puedo trabajar desde mi casa en el súper ordenador, así que de alguna manera está conectado con lo demás… Así que…- el resto se miró.
-¿Y nos vas a poder guiar?- preguntó Hiroky, algo nervioso, pero la otra asintió.
-Seguro. De todas formas… Iré con vosotros. He encontrado algo- los otros tres se pararon.
-¿Cómo?- eso sí que no se lo creían. ¿Maya yendo al mundo virtual? Imposible. Pero ante la falta de respuesta, parecía ser verdad.
Esta había bajado hasta la sala de escáneres, no sin antes programar una virtualización retardada. Las había visto entre los programas y ahora podría usarlos, pues nadie estaría ahí para virtualizarla a ella. A sobre cómo volverían cuando se encontraran de nuevo en el mundo virtual… ya verían la manera. Bajó rauda hasta la sala y se metió en uno de los escáneres, el viento aulló en cuanto las puertas se cerraron, las luces parpadearon, y… en cuanto abrió los ojos de nuevo, se encontró en el Sector 5. Entre el listado también estaba la forma de ir directamente hasta allí, pero prefería que fuera una sorpresa para los demás.
Apareció en lo alto de la sala, y cayó de bruces contra el suelo. Los demás no tardaron en llegar allí, y la vieron con sorpresa. Ella tenía un mono azul, con una falda rosa transparentes, hombreras del mismo color, y un anillo en cada mano. El cómo se usaban era un misterio, pero no había problema alguno al respecto dada la ausencia de enemigos.
-¡¿Qué haces aquí?- preguntó con sorpresa Hiroky, ella se rascaba la nuca con una sonrisa divertida, mientras Ariadna ponía los ojos en blanco y JP suspiraba.
-Pues a ayudaros… No sabemos cómo se pilota el Skid, pero yo sabré hacerlo casi seguro. Además, me gustaría ver cómo es todo esto por mí misma…- murmuró.
-Pensé que te daba miedo- comentó Ariadna, y esta asintió.
-Un poco, sí… pero a la vez quería verlo. Por cierto, ¿no veis nada raro?- preguntó.
Los demás se miraron sin comprender mucho. Sería JP el que cayera en la cuenta- ¿Cómo llegaste hasta aquí?- preguntó.
Claro, necesitaban una respuesta. Ella sonrió divertida- Adivinad. Este súper ordenador tiene muchos secretos, entre ellos formas de virtualizarse diferentes a las que conocíamos- los otros suspiraron.
-¿Y cómo vamos a poder… movernos? ¿No debería haber alguien allí? No sé, aunque sea para darle a algún botón- comentó entonces Hiroky.
Pero la chica negó- No hace falta… supongo. Y si es necesario me desvirtualizáis y ya está- explicó la otra. JP la miró con sorpresa.
-¿Dices que te ataquemos?- a eso la aludida asintió.
Teniendo aquello claro, Maya empezó a correr, siendo seguida inmediatamente por los demás, contentos por la decisión y el valor que había demostrado su amiga. En especial JP, que por alguna razón se alegraba en especial de que ella estuviera allí. Su amiga siempre le había parecido guapa y desde hacía un año o más había empezado a pensar en ella de forma algo diferente. De todas formas tampoco es que se hubiera puesto a reflexionar mucho sobre ello, a decir verdad, así que… prefería centrarse en otras cuestiones. Además, seguro que esos sentimientos no eran nada, ¿verdad? Eso se quería decir a sí mismo.
Pensando en ello cruzaron el pasillo hasta volver a la sala en la que estaban minutos antes, cruzándola y yendo por aquel pasadizo hasta llegar a una zona amplia a lo largo. Tenía grandes placas negras a lo largo de la pared, estando a nivel de la plataforma que ellos recorrían una suerte de ascensor, muy parecido al que les permitía ir hasta la zona exterior del sector, solo que este se limitaba a ascender y no se movía continuamente. De hecho solo se comenzó a desplazar en el momento en que lo pisaron, subiendo rápidamente hasta alcanzar una zona muy por encima de donde ellos estaban. En ese momento sus bocas se abrieron de par en par.
Habían llegado a una gran sala abierta, bastante amplia pero en su mayoría ocupada por el hangar del Skid, y el propio aparato, que se encontraba rodeado por unas grandes placas negras y que le servía de apoyo, aunque este estaba suspendido en el aire. Era bastante majestuoso, de hecho la única mota de color en la sala eran ellos y una pequeña plataforma dividida en cinco círculos, uno central más grande y otros cuatro en los laterales.
-Era justo como lo describiste en la Tierra…- murmuraba Ariadna, andando lentamente a lo largo del caminito que unía el ascensor con la plataforma.
Esta debía ser, o eso intuían ellos, la forma de entrar al Skid. No había otra forma, ni siquiera una rampa o algo similar, así que ese debía ser el modo. Se colocaron sobre la misma, despacio y algo nerviosos, cuando a Maya le salió una luz justo frente a su ojo derecho. Ella parpadeó con sorpresa, y entonces una luz les rodeó. De pronto frente a sus ojos pasaron a tener algo bastante diferente: habían logrado entrar en el Skidbladnir. JP, Hiroky y Ariadna habían aparecido cada uno en uno de las naves menores, mientras la otra se posó en la sala de mandos. Ella sonrió, ante ella apareció en seguida una gran matriz con muchos botones e información.
-Como mola…- murmuraba Maya, sonriendo como una niña pequeña. En seguida escuchó por algo parecido a una radio a los demás.
-¡Ya te digo! Aunque estamos de pie, es como si estuviéramos apoyados en una pared, es super chulo esto…- comentó Ariadna, ellos también tenían unos mandos pero no tan completos como los de la otra.
Ellos tenían unos laterales y que estaban aplacados en ese momento, aunque eran diferentes. El de la derecha estaba en sentido vertical, mientras el otro era horizontal, con tres botones formando un triángulo justo detrás del control derecho. En cuanto a los de Maya, ambos eran verticales y contaba con bastantes más botones. Pero esperaba que fuera lo bastante intuitivo como para que ella supiera usarlo sin necesidad de libro de instrucciones.
-¿Listos? Prometo conducir bien, aunque tenga un buen antecedente- se rio de su propio chiste.
En realidad se le daba bastante bien, el año anterior habían hecho una prueba con la policía local de Boulogne, en la que conducía cada uno con un cochecillo a lo largo de un pequeño recorrido bastante sencillo. Y a decir verdad lo llevó con bastante suavidad pese a ser la primera vez que llevaba un coche. Claro que aquello era un submarino virtual, y necesariamente más complicado de manejar que no un turismo. Pero ella iba a intentarlo igualmente.
-¡Allá vamos!- y empezó a mover los mandos lentamente.
Apareció mucha información ante ella. Cuestiones de escudo, energía, un mapa holográfico con diferentes rutas, y, de nuevo, información con aquellos avatares digitales, exactamente los mismos que los del mundo virtual. Ojalá poder interactuar contra ellos de alguna manera… Se fijó en las rutas que aparecían, iban todas a algo llamado "replicas". Qué curioso, ¿a qué se referiría?
-Chicos, parece que ya tiene algunos sitios marcados, ¿os apetece que vayamos a algún sitio así? Así no nos perdemos- comentó.
Eso tenía bastante sentido para los demás, así que asintieron y confirmaron por voz. Poco a poco, Maya les separó del hangar, y llevó el Skid en dirección a la única salida, localizada en lo alto, con un gran agujero en la cúpula, y que, tras ser atravesado, les dio acceso a la parte exterior del Sector 5. Los chicos pudieron verlo entonces en todo su esplendor, y la verdad es que era maravilloso, les encantaban aquellas vistas.
-Creo que ya sé qué pasó antes… pudimos entrar gracias a algo que apareció ante mis ojos. Es posible que tenga alguna habilidad especial sobre el súper ordenador, la verdad. De no tenerla es posible que me hubierais tenido que desvirtualizar para que así volviera a la fábrica- explicó.
Ariadna habló entonces- ¿Y lo has descubierto ahora? Bueno, es verdad, no llegaste a virtualizarte hasta hoy…- murmuró.
-Fue pura suerte, vamos- comentó JP, a lo que la otra asintió.
Poco a poco pilotó hasta los brazos de datos, que servían de enlace entre ese sector y los demás. El suave sonido del motor, junto con el sonar, le daba un ambiente muy impresionante a la aventura. Cuando llegaron a las inmediaciones de aquellos grandes tubos, en el ojo de Maya volvió a aparecer aquella luz, y en esa ocasión ella se fijó mejor en la naturaleza del mismo. Le recordó bastante a cómo era la interfaz del súper ordenador, permitiéndole hacer algunas funciones desde allí de forma remota. Además, en el propio Skid tenía una pantalla desde la que podía hacer bastante funciones, por lo que habían tenido bastante suerte en ese sentido. Una vez que los desactivó pudo atravesar uno de ellos, momento en el que llegaron al exterior de Xanadú. Este quedó detrás de ellos a modo de una gran esfera con muchas placas y una única puerta a modo de acceso.
Por encima, el cielo crepuscular del sector del bosque; por debajo, el agua dorada de este mismo sector, y que se extendía hasta el horizonte. No sin nervios, Maya fue bajando poco a poco, propulsando suavemente el Skid hasta tocar la superficie del mar digital, sumergiéndose totalmente. No tardaron demasiado en ver una salida, apenas a veinte metros de profundidad, a la que se acercaron. Era lo único que aparentemente había allí, pues al igual que el resto del mundo virtual, aquello estaba vacío de vida.
-¿Cómo la abrimos?- preguntó Ariadna, mientras Maya se rascaba un poco la barbilla, pensativa.
-Veamos…- se acercó hasta colocarse justo en frente, y en su ojo volvió a aparecer aquella pantalla. Sonrió un poco, y en un parpadeo volvieron a ver cómo se abría, justo como había pasado con aquellos grandes tubos.
-No sé cómo lo estás haciendo tía, pero es la leche…- murmuró Hiroky, alucinando, mientras pasaban por la estrecha salida.
Tras un fuerte resplandor salieron a un espacio gigantesco. El fondo era azul, con grandes bloques aquí y allá, con algo muy similar al agua digital que ya conocían. Aquello era como el mar, inabarcable con la vista y sin opciones de ver el fondo o la parte superior. Sin duda lo era.
-El mar digital… ¡estamos en el maldito mar digital, chicos!- exclamó Maya, dando casi saltitos en su sitio.
-Es precioso colega…- murmuraba JP, ni siquiera se habían movido.
-¡Oye! ¿Habrá que moverse un poco, no? ¡Vamos!- esas palabras de Hiroky fueron respondidas enseguida.
Maya aceleró. Siendo un espacio mucho mayor podía moverse bastante más deprisa, dándole caña al Skid pero sin tampoco correr tanto para perder el control. La verdad es que las vistas eran maravillosas, les estaba encantando.
-Esos bloques… puede que sean datos de internet- comentó Maya, mientras pasaban cerca de uno de ellos.
-¿De aplicaciones y tal? Mola…- murmuró JP.
-Oye, ¿y si nos dejas dar un paseo? Para que podamos usar estos… ¿cómo los llamamos?- Ariadna de hecho quería echar una carrera con los demás.
-Si queréis…- murmuró Maya, y rebuscó en el panel de control por el botón apropiado. Tras pensarlo un poco, y usando aquel lector de su ojo, logró que las mini naves pudieran desacoplarse del resto del Skid.
-Ya que la nave se llama Skidbladnir, podríamos llamarlos… mini Skid, ¿no?- les propuso, y un asentimiento general le confirmó que a los demás les había gustado su propuesta.
Se posicionaron en una línea imaginaria, sin que ninguno de los aparatos estuviera por delante de los demás. Para evitar hacer "trampas", Maya colocó el Skid en posición vertical, pues hasta entonces había estado en horizontal para permitir que los demás pudieran ver mejor todo el entorno.
-Para moveros tendréis que usar el manillar izquierda, el que se mueve de adelante a atrás- explicaba Maya, los demás rápidamente habían aprendido a manejarlo, subiendo y bajando no sin tirones y pudiendo moverse con bastante fluidez a los diez minutos.
-Va, tres…- los motores comenzaron a rugir.
-Dos… uno… ¡Ya!- y dieron un aceleró. Los mini eran bastante veloces y fáciles de manejar, mientras que su versión mayor era mucho más grande y lento, aunque su velocidad punta tenía pinta de ser mayor.
Maya de todas formas quedó atrás, algo temerosa de la velocidad, pero siempre teniendo a la vista a los otros tres, que estaban bastante parejos. Gracias a lo amplio del mar digital apenas tenían puntos con los que chocar, aunque había lugares algo más estrechos y laberínticos, en los cuales había que ser más hábiles que veloces. A la chica le gustaría investigarlos más a fondo en otros viajes de reconocimiento, ese día sería para disfrutar y aprender a manejar todos aquellos aparatos.
En un momento dado, Hiroky estaba luchado mano a mano contra JP por la segunda plaza, mientras Ariadna estaba algo más lejos, con una sonrisa de satisfacción en la cara al ver una línea roja más adelante, donde había marcado Maya la línea de meta. Estaban pasando cerca de unos grandes bloques, y en la separación entre dos bastante masivos, vio de reojo algo esférico y bastante grande. Se sorprendió tanto que dejó de acelerar, quedándose rezagado y dejando que JP le adelantara, celebrando su victoria mientras daba un frenazo y giraba sobre sí mismo, dando un giro de 180º, derrape incluido.
Sin embargo, Maya se dio cuenta de que algo había pasado- ¿Estas bien, Hiro?- le preguntó, este había pegado un frenazo y vuelto despacio hacia aquella separación.
-Joder… ¡Mirad chicos! ¡Parece otro mundo virtual!- no dando crédito de aquellas palabras, los demás fueron hacia donde él estaba.
Volviendo a quedar acoplados al Skid, escudriñaron el horizonte en esa dirección… y sin duda era otra esfera. Y por supuesto la iban a explorar, faltaría más. Con ilusión en sus ojos, se encaminaron hacia la misma, y que obviamente no era Xanadú ya que reconocerían sus cercanías, además de haber ido únicamente de frente durante casi media hora. Era imposible que lo fuera, tenía que ser otro mundo virtual…
En cuanto se acercaron a la puerta de entrada – muy similar a la de Xanadú, de hecho – a Maya le apareció una entrada para poder poner una clave. Una pantalla táctil lateral se iluminó de pronto en el escritorio, así que ella colocó su mano despacio sobre ella. En cuanto la posó, un rayo de luz salió desde el frente del aparato y que fue directo hasta la compuerta. No tardó demasiado, aunque tuvo que introducir algunos comandos para poder acceder. Fue sencillo, de hecho, así que cuando se abrió aplaudió contenta por ello. Poco a poco descendió la parte inferior de la entrada, les rodeó una luz, y desaparecieron de allí, entrado de esta forma a aquel mundo virtual nuevo. No lo sabían, pero acababan de hacer saltar una alarma a miles de kilómetros de allí…
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Laura se encontraba en la cafetería de las instalaciones militares. Junto a ella, tomaban un té Abigail Smith y Yao Ikari, sus dos compañeros. Ella era morena, de piel bronceada y ojos pardos, bastante mona y suave de carácter… hasta que se molestaba, momento en el que toda su furia caía sobre el desdichado que estuviera cerca. En cuanto al chico era de aspecto asiático pero más inglés que otra cosa, tanto en gustos como en forma de ser. Este tenía unas ligeras ojeras, mientras las otras dos comentaban sobre el último desliz de uno de los compañeros de otro departamento.
-¿Te lo puedes creer? Pues va y le dijo eso, que si era una guarra, que si como le hace eso… buah, vaya jaleo- Abigail tenía unos veintipocos, y se le notaba por las expresiones.
Laura, que estaba en los cuarenta, era casi una madre en comparación. Yao, en cambio, estaba en un punto intermedio, y aun así se llevaban todos bastante bien. A ella le recordaba a esas amistades que había tenido años antes, y que tuvo que abandonar casi por obligación hace unos doce años. En parte por eso, en parte por trabajo, y en parte por tener nuevas experiencias personales. Tuvo que sacrificar una relación, pero… por lo demás había valido la pena dejar a un lado su vida para poder avanzar a nivel profesional. Y allí estaba logrando muchos puntos.
-Es un cabrón, la verdad…- murmuró Laura, y justo cuando iba a beber de su te, comenzó a sonar una potente alarma, junto a la luz roja parpadeante.
Se levantaron inmediatamente, y según iban a salir por la puerta, entró por allí uno de los militares del complejo, un oficial.
-Estamos bajo ataque, ¡VENID YA!- y ellos corrieron hacia sus respectivos puestos de trabajo, pues tenían que intervenir.
Aquella era la alarma por ataque informático, así que ellos eran los responsables. Y debido a la naturaleza del mismo igual tenían incluso que ir al mundo virtual con el que trabajaban, y donde residía Cartago. Recorrieron los pocos pasillos que separaban la cafetería de la sala en la que trabajaban, donde se sentaron en sus sillones, estando ya la IA preparada para ayudarles. Laura aterrizó en su asiento, y se colocó los cascos enseguida, teniendo el micro al lado de su boca.
-¿Qué sucede?- preguntó, seria. Cartago le mostró una imagen del interior del mundo virtual.
Y no dio crédito a lo que vio… No podía ser que aquel aparato existiera, levantó la vista y observó a sus compañeros, que estaban en la misma situación que ella. Tendrían que ir a los escáneres, para poder ir hasta el mundo virtual y así poder ver aquello con sus propios ojos.
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Maya llevó el Skid hasta la superficie de aquel mundo virtual novedoso. Tras salir del mar virtual, se encontraron con otro cielo dorado y una gran plataforma suspendida en el aire. Cerca del mismo, también había lo que se parecía al casco de un barco, con cuatro grandes motores y en forma de tubo, así como con grandes ventanales. Era impresionante, pero eso implicaba que había otros mundos como el suyo. Y si bien era interesante, también daba cierto miedo.
-Esperemos que podamos aterrizar bien…- poco a poco llevó el Skid hasta aquella plataforma y dejó que los demás aparecieran allí, transportándoles al exterior, siendo ella la última en hacerlo.
No había demasiado que ver, en realidad, pero era una plataforma bastante amplia, además de poder ver cómo se construía aquel aparato. La verdad es que era muy impresionante, pero se notaba que estaba en construcción. Les recordaba a la apariencia del sector del bosque, al menos sobre el cielo y el mar que había. Sin embargo allí sí que había vida, claramente era así dado que de pronto apareció un humo blanco desde el agua, que se elevó por encima de ellos y que aterrizó al lado de ellos, que se pusieron en guardia.
Puede que aquel fuera el primer jefe de nivel, o eso querían pensar ellos. Se trataba de una figura humanoide, de un color blanco, con ojos marrones y cabellera rojiza, tenía la piel igualmente clara, y, a decir verdad, les era ligeramente familiar a ellos. Pero ella no fue la única en aparecer: en el cielo del sector aparecieron tres figuras más. Aquello se iba a poner entretenido, pero por primera vez a Maya le entró el miedo. Ahora ya no sentía ilusión, sino que comenzaba a ser consciente de lo que podía pasar.
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Mientras, Aelita, Jeremy y Patrick desayunaban en una cafetería cercana a la Ermita. Ya habían tomado el café con las tostadas, aunque lo estaban alargando mientras charlaban y hacían tiempo a que Sissi y Odd llegaran. Yumi y Ulrich se encontraban comprando y no volverían en un buen rato, pero al menos se verían un poco.
-¡Bueno! ¿Y qué tal el trabajo? Tus streams son bastante vistos, ¿verdad?- le preguntaba Patrick a ella, que asintió contenta.
-La verdad es que sí, estoy muy contenta- afirmó ella, mientras sonreía.
-Yo estoy contento, los del ayuntamiento se portan, aunque me dan trabajo. ¿Y a ti?- el otro suspiró.
-Pues nada, tengo un par de casos… algo complicados, pero en peores he estado la verdad- explicó. Miró entonces dudando un poco a la mujer, que asintió, mientras Jeremy le miraba con cierta sorpresa.
-Que por fin he superado lo de Laura- comentó, y Jeremy asintió, despacio.
-En realidad lo hice antes, pero… creo que por fin me he dado cuenta. Simplemente no tenía ganas de conocer a nadie hasta ahora, pero ya digo, estoy mejor al respecto- afirmó entonces.
Su primo asintió, contento- Me alegro por ello. Y eso que se fue hace casi doce años a Estados Unidos- comentó.
Era verdad, de hecho hacía tiempo que no hablaban con ella, ya no verla, que eso desde que se fue no había pasado. Era una amistad de aós hasta que ella se fue, momento en el que Patrick tuvo una depresión bastante intensa debido a que incluso quería casarse con ella, cosa de la que ella no tenía prisa. No se lo llegó a decir para no incomodarla ni hacerle cambiar de idea, y aunque más adelante se llegó a arrepentir de no habérselo dicho antes, ahora entendía que fue la mejor opción. Mientras hablaban del tema, llegaron por allí Sissi y Odd, que les saludaron efusivamente, con un fuerte abrazo a Patrick, tras lo que se sentaron de nuevo.
Mientras charlaban y pedían algo para los dos recién llegados, el móvil de Jeremy resonó con un par de mensajes. Pensando que no sería nada importante, lo ignoró mientras los demás seguían hablando, ya lo miraría más adelante. Si era importante, ya le llamarían, de hecho eso sería lo que haría Ulrich, que era con el que tendrían más interés de hablar en esos momentos, más que nada para quedar con ellos de alguna forma.
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En el mundo virtual aquellos tres individuos cayeron a la plataforma, los tres con un traje verdoso con líneas negruzcas, de cuerpo completo y con un casco tipo de moto, con una visera negra y un par de lo que parecían espadas a la espalda. Pero debían ser humanos, ya que le hablaron al grupo.
-¡Pero si son niños!- exclamó uno, lo más curioso es que fue en inglés. Le entendieron únicamente la palabra niños.
Y ellos en realidad hablaban en francés- O- oiga, nosotros sólo pasábamos, esto…- pero JP fue cortado por uno de ellos, que también hablaba su lengua.
-Idos de aquí, niños. Esto no es asunto vuestro, ¡rápido!- les gritó, dando una fuerte palmada al aire.
No esperaron a que tuviera que decirlo una segunda vez. Rápidamente corrieron de vuelta al Skid, mientras los otros dos miraron a su compañera sin entender demasiado bien qué pasaba, ni por qué les dejaba irse así, sin más. Podrían ser un peligro de seguridad, ni siquiera Cartago lo entendía del todo bien, pero Laura les indicó con un gesto que luego hablarían.
Justo cuando subieron al aparato, la voz del oficial estalló en sus oídos- ¡¿Qué coño ha pasado?! ¿¡Cómo han entrado!? ¡Gauthier!- esta alzó la vista.
-Tranquilo, teniente Connor. Les rastrearemos e iremos tras ellos. Luego, podremos acabar con la célula que nos haya atacado. Simplemente les estamos dejando guiarnos a su guarida, señor- explicó.
Este no parecía muy contento, a juzgar por el fuerte resoplido que provocó. Pero Laura, estando como encargada de su sección, era la que mandaba sobre la misma, y en esa ocasión iba a aplicar esos galones.
-Cartago, siléncianos, haz el favor- el programa entonces la miró con sorpresa, pero asintió y así hizo.
-Sé que parece raro, pero creo que uno de ellos me suena. La del pelo rosa… Cartago, busca el nombre de Aelita Stones, por favor- dijo, y este asintió.
Sus ojos se pusieron en blanco, mientras los otros tres charlaban- Diría que es la hija de una antigua amistad de Francia. No sé cómo coño han llegado hasta aquí, pero si es así están en un lío. ¿Estáis conmigo en esto?- preguntó.
Los otros dos se miraron- ¡Para el carro, Laura! ¿Cómo que si estamos contigo?- preguntó Yao. Ella chasqueó la lengua.
-Para protegerles- Abigail no daba crédito a lo que oía.
-Pero si no les conoces- le dijo, pero la otra negó. Cuando iba a hablar, Cartago mostró ante ellos unas imágenes.
Aparecía una cantante de pop pintada con una estrella rosa en el ojo derecho, de pelo de ese mismo color y la lengua por fuera, con dos dedos haciendo el símbolo de la victoria sobre el ojo de la estrella, mientras el otro lo guiñaba. Y sí, a decir verdad, aquellas dos personas se parecían bastante. ¿De verdad…? ¿Cuántas opciones había?
-Conozco a los padres, si no me equivoco. De todas formas no quiero precipitarme, la verdad, pero es perfectamente posible que hayamos sido descubiertos… Joder, ¿¡En qué estarían pensando los diseñadores de las protecciones de Cartago!?- se preguntó, molesta.
-No lo sé, pero no nos la podemos jugar tanto- comentó Yao, mientras se cruzaba de brazos.
Laura frunció el ceño. En realidad lo entendía… puede que estuviera siendo demasiado irracional, algo impropio de ella. Puede que hubiera otra manera- Vamos a investigarles, de hecho podemos incluso viajar allí donde estén. Y según encontremos, haremos- les tendió la mano entonces.
Eso sí entraba bastante más en lo que ellos harían y estarían dispuestos a hacer. Era lo más lógico, y de hecho no se pringarían las manos en ese sentido. Tras apretarse las manos, y solo con Cartago a modo de testigo – y que recibió la instrucción de no decir nada – se desvirtualizaron usando sus espadas. Aparecieron en la sala de escáneres de la base, justo debajo de donde ellos trabajaban. Allí ya estaban el teniente. Era un hombre mayor, calvo, bien afeitado y ojos azules como el mar. Estaba algo rellenito, pero seguía siendo bastante intimidante gracias a su metro noventa.
-¡Esto es muy irregular, Gauthier!- exclamó, yendo directo hacia ella.
La mujer asintió- He mandado a Cartago investigarles, señor- aseguró la mujer, y antes de que el otro pudiera replicar nada, ella siguió.
-En cuanto sepamos qué pasó y dónde, nosotros mismos nos encargaremos. Pido por favor nos lo permita- pero el otro lazó una ceja.
-No tienen formación militar de ningún tipo- y sin embargo la mujer insistió.
-Pero sí en cuestiones de informática. Cuando lleguemos allí, y tengamos información suficiente de dónde se encuentran estos terroristas de mierda, les daremos las coordenadas para que sus hombres puedan ametrallarlos a gusto- eso sí les parecía más razonable.
-Tienes 48 horas, Gauthier. De todas formas van a discutirlo los de arriba, al final ellos serían los que tienen la última palabra- eso era otra, tenían que dejarles poder hacerlo.
Sin embargo, Laura ya estaba moviendo los hilos. Cuando pasaron cerca de su puesto tomó su móvil de satélite, y mandó dos rápidos mensajes a un número con el que apenas había hablado, pero que sentía que tenía que hacerlo en esos momentos, para llevar a cabo su objetivo. Lo hizo tan rápido que apenas mandó dos o tres palabras por mensaje, pero esperaba que llegaran pese a que estaban algo incomunicados. Y para asegurarse que eran creídos, colocó una señal para que su destinatario lo hiciera sin ninguna duda, pues lo hizo bajo el pseudónimo Sta Einstein.
Puede que solo lograra retrasarlo un poco, pero al menos lo intentaría. De todas formas no pudo pensar sobre aquello, pues tuvo que irse con los demás a la reunión de emergencia que había organizado la directiva de la base, pero por ahora había mandado el aviso.
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Por su parte, los adolescentes estaban bastante nerviosos, huyendo de aquel mundo virtual a toda prisa y yendo como pollos sin cabeza por el mar digital. Maya tenía la cabeza como un bombo por los incesantes gritos de pánico de los demás, y que estaban ya temiendo por sus vidas por el evidente cabreo de sus padres que fueran a tener. La habían liado pero bien.
-¡Callaos todos, coño!- chilló de pronto, parando de golpe y haciendo que los demás se dieran de bruces contra el cristal.
-¡A ver, aún nos podemos salvar, pero antes hay que volver a casa! Allí… usaré un programa especial, uno que se llama "vuelta al pasado"- explicó.
Obviamente los demás no entendían nada, así que ella procedió a explicar su plan- Si no me equivoco, sirve… pues para eso, volver al pasado. Sé que es difícil de creer, ni yo lo hago, pero seamos realistas, nada de esto lo es- comentó.
-¿De verdad vamos a jugárnosla así?- preguntó JP, alarmado. La otra chasqueó la lengua, irritada.
-Todo esto es culpa mía, y seré yo la que os saque de el. Si luego me abandonáis… lo entenderé- les dijo.
Ariadna se rascó un poco la frente, nerviosa- Somos tus amigos, no digas tonterías, boba- sería su hermano quien terminara la frase.
-Juntos para siempre, Maya. Ni que se te hubiera olvidado- gruñó, y la otra asintió, agradecida.
Se limitó a pegar más acelerones. Ni siquiera se fijaba en los niveles de energía del Skid, estaba tan agobiada que no se podía parar a comprobación alguna, limitándose a salir corriendo de allí siguiendo las indicaciones del mini mapa. Sin que ellos lo supieran, Cartago se había movido tras ellos, no en su forma virtual, sino con un programa de rastreo para poder localizarles.
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Mientras, los adultos se encontraban ya todos reunidos, con Sissi y Aelita hablando animadamente, Odd devorando su tostada, y Jeremy y Patrick comentando algo la actualidad francesa, cuando a este le dio por revisar su móvil cuando le sonaron un par de notificaciones más.
-¡Hoy estás muy solicitado!- comentó divertido su primo, este se rio ligeramente mientras lo desbloqueaba.
-Seguro que es Maya, que vayamos luego a por ella… como si lo estuviera viendo…- su rostro entonces se quedó en blanco.
Los otros le miraron entonces con cierta sorpresa- ¿Sucede algo?- preguntó su mujer, nerviosa. Peor fue cuando se levantó.
-Voy a pagar. Tenemos una urgencia. Fábrica- como un resorte, Aelita y Odd se levantaron, con caras de circunstancias.
-¿La fábrica abandonada de al lado de Kadic?- preguntó Sissi, ella también iba a ir, por supuesto. Y Patrick también, claro. Pero los otros dos no parecían muy dispuestos.
-Sed razonables, si es importante puede que necesitéis nuestra ayuda- comentaba Patrick, pero Odd negaba.
-Si es lo que creemos, nos bastamos nosotros- este era tajante, pero más lo era Sissi.
-Sí, claro, pero nosotros estamos también, ¿sabes? Y no pienso dejaros ir solos. Que Jeremy se haya puesto así no me ha gustado nada, y menos si tiene algo que ver con esa maldita fábrica- a eso Odd gruñó un poco.
-Ya te lo he dicho, allí no pasábamos nada. Solo… pues estábamos de botellón, era un lugar cómodo y podíamos estar calentitos al fuego- pero eso Sissi no se lo creía. (2)
-¿Sabemos al menos quién ha dicho que hay que ir y por qué?- preguntó Patrick, eso era lo que más importante le parecía.
-Ha sido Laura, y me parece que tiene que ver con los niños- aquel fue Jeremy, había pagado la cuenta y traía mala cara.
Aelita envejeció de golpe varios años- ¿Có-cómo?- preguntó, en un hilo de voz.
Jeremy tomó su mano y suavemente la llevo hacia la salida- Creo que se han metido donde no se les llamó…- gruñó.
Que la otra le hubiera escrito tan de golpe, sabiendo algo tan importante como lo era la existencia de un mundo virtual, y sobre todo, sobre sus hijos… Solo podía tener relación con Lyoko, y aunque ella no sabía nada de eso, estaba claro que algo había pasado. Y sus hijos estaban metidos en aquello.
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(1) Auto publicidad de uno de mis fanfics, Código: Galaxy.
(2) Forma de ocio común en España, en la que se consumen bebidas, normalmente alcohólicas, en la vía pública o en un área habilitada durante grandes eventos.
Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Este fanfic está conectado con Aelita's Nature, y que se encuentra en el pasado de la línea temporal de este. Habrá referencias en ambos de eventos del otro.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
