Nueva Generación: Proyecto Cartago

Capítulo 12

Tamiya conducía por las calles de París, mientras Milly le iba contando lo que tenía, sólo girándose de vez en cuando para atender al niño, que de vez en cuando reclamaba su atención, pues requería de algún juguete, o preguntaba algo, o simplemente se reía un poco, mientras jugueteaba con el móvil de una de sus madres, que miraba de vez en cuando por el espejo retrovisor con una suave sonrisa.

-Vale, a ver, es muy grave todo -decía Milly-, por lo que he visto, estamos hablando de que están por medio los servicios de inteligencia de, mínimo, Estados Unidos, Francia y Suiza, y puede que esté también Rusia y China involucradas pero en el lado contrario.

Tamiya silbó, divertida.

-Coño, nada mal… -comentó- ¿Y cómo se lo han puesto en contra?

Milly sonrió un poco, y comenzó la explicación, pidiendo con un gesto que la dejaran hablar.

-Al parecer los padres de Aelita estuvieron en un asunto llamado… a ver… ¡Ah, sí, Proyecto Cartago! -la pelirroja se movía por los papeles como podía- El caso, el padre estaba en contra, así que huyó con la madre, que era su amante y compañera de curro, y se fueron a Suiza -carraspeó algo-, pero secuestraron a la madre, que al parecer acabó bastante mal dado que murió, y al padre se le fue la olla y huyó, junto a una pequeña Aelita, hasta Francia… pero hay un problema, se supone que todo esto pasa durante la Guerra Fría, ¿me pillas?

Tamiya, deteniéndose en un semáforo, asintió.

-No cuadran los números, si ella tiene… ¿cuántos deberá tener? ¿40 años?

-Y si ella hubiera nacido en los 80, como se supone por estos papeles, tendría que tener ahora mismo cerca de cincuenta años, pero es que no has tenido en cuenta una cosa -le indicó Milly-, y es que este Proyecto Cartago tenía por finalidad monitorizar y reventar las comunicaciones enemigas, a través de, atención, súper ordenadores y programas informáticos que ríete de tú de cualquier ordenador actual.

Tamiya asentía, se estaban acercando a la casa de Jeremy y Aelita, estaban en la zona aledaña a su antiguo colegio, la Academia Kadic, donde además estaba de directora Elizabeth Delmás, antigua compañera de la pareja, junto a Odd dela Robbia, íntimo de ellos, junto a su mujer. Debían saber algo seguro, pero antes tenían que ir a la fuente primaria, por eso, según aparcaron en la avenida frente a Kadic, recogieron al niño, que enredó con el pelo de Milly, mientras la otra recogía las cosas y cerraba el coche.

-Venga Adrien, vamos con mami -el niño se reía un poco-, vamos a ver a unos amiguitos, ¿vale? -dio un par de saltitos para animar al menor, que la miró- ¡Venga, vamos!

Y se dirigieron ambas mujer hacia la casa. No sabían exactamente en qué parte estaba, recordaban vagamente haber ido alguna vez a fiestas en una casa en el bosque, pero cuando se reunían con el grupo, en las reuniones anuales de antiguos alumnos y promociones, al final se quedaban en Kadic, que era lo más cómodo. Sin embargo, según pasaron por las puertas del edificio, todos sus recuerdos volvieron a las mentes de ambas, que anduvieron por los pasillos dirección al patio de recreo. A paso ligero recorrieron las galerías techadas, observando a los alumnos ir y venir, saludando incluso a nuevos profesores que andaban por allí de cháchara, aunque sin pararse con los que conocían, aludiendo que tenían algo de prisa.

Llegaron a la entrada del bosque, donde abrigaron algo más al pequeño, y se internaron. Reconocieron en seguida los caminos, así que los recorrieron mientras más y más recuerdos llegaban a sus mentes, charlando suavemente entre ellas mientras el entorno las trasportaba a años atrás, a su infancia temprana, donde descubrieron lo que era la vida entre ellas y sus mayores. Estaban tan ensimismadas que, sin llegar a darse cuenta, llegaron a una parcela… la Ermita se alzaba ante ellas, bastante más arreglada y mejorada de lo que la recordaban, cosa normal si vivían allí desde hacía tiempo.

-Bien, pues aquí estamos… -murmuró Tamiya, tomando la mano de su chica, que la apretó suavemente- Allá vamos.

Entraron a la finca, y se dirigieron directas hasta la puerta, preguntándose cómo reaccionarían, si es que estaban en casa en esos momentos y no habían sido capturados aún, o incluso muertos. A juzgar por la información de Milly, cualquier cosa era probable…

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Por su parte, y tras poner el señuelo, el grupo volvió de la fábrica todos juntos, no teniendo nada que hacer hasta la llegada de Laura, Abigail y Yao, para esa misma noche, no empezando a trabajar hasta el día siguiente por lo agotador del viaje, pues saldrían a eso de las 13 hora París, y no llegarían hasta casi las 6 de la mañana del día siguiente, Lunes. Mientras volvían estaban perfilando los últimos detalles, pero, según se acercaban a la Ermita, notaron que había dos personas a la entrada, dos mujeres, a las que los mayores creyeron reconocer desde lejos. (1)

-¿Esas son Milly y Tamiya? -preguntó entonces Patrick, divertido- ¿Qué harán aquí?

William, sin embargo, no estaba tan afable. Ulrich, bajo su misma mentalidad, también frunció ligeramente el ceño.

-No me gusta que ellas dos, precisamente, vengan aquí.

Los dos se adelantaron al resto, y llegaron con ellas en apenas unas pocas zancadas, comenzando a charlar con ellas. Aunque Tamiya se sintió un poco intimidada de primeras, Milly le echó valor y comenzó a defenderse del interrogatorio de ellos, con su sexto sentido de reportera punzando constantemente que ahí había algo, si no, nunca hubieran reaccionado de esa manera. No cambió la expresión de su cara hasta la llegada de Jeremy, que se coló entre los otros dos.

-Buenos días, chicas -saludó-, ¿necesitáis algo?

-Veníamos a hablar contigo y con tu mujer, precisamente -respondió Milly-, ¿tenéis un rato, por favor?

Aelita, en ese momento, alcanzó a los otros tres, y con un suave gesto, sabiendo ya por dónde debía ir aquello pero sin saber cómo era posible que lo supieran, les invitó a entrar a la casa. Como eran parte del grupo el resto fue entrando, salvo Herb, que se llevó a los menores dirección al centro comercial.

-¡Pero nosotros también queremos estar!

A las quejas de Maya, el otro negó suavemente.

-Tienen que hablar con ellas, y va a ser algo duro, me parece a mí…

Ariadna, entendiendo, tomó el brazo de su amiga y la apartó algo de la casa, mientras JP y Hiroky se miraban, no comprendiendo demasiado bien qué pasaba, pero entendiendo que estaban en una situación complicada.

-¿Crees que hayan venido a ayudar?

La pregunta de JP hizo detenerse unos segundos a Herb, que miró de reojo a la casa, y luego volvió a encarar el camino de vuelta.

-Ojalá, la verdad…

En el interior, efectivamente, se habían reunido todos en torno a la mesa, mientras Aelita servía varios cafés. Habían dejado a Adrien en una sillita bajo la divertida mirada de Yumi, con Saru mirándole a los ojos y moviendo la cola, atento al pequeño, se reía cuando el animal olisqueaba su mano, tocándole sin demasiado cuidado el pelaje. El manso animal se dejaba hacer sin más, ronroneando ligeramente, aunque el ambiente no era, ni mucho menos, tan relajado,

-Bueno, pues tenemos mucha información, no sé si querréis hablarlo en privado…

Milly desconocía si los demás estaban al corriente, pero por el comportamiento de estos, entendían que, efectivamente, lo sabían todo. Patrick se encargó de recalcarlo.

-¿Cómo descubristeis… lo que quiera que sabéis?

-Laura Gauthier nos mandó bastante información, no sé si por error o a sabiendas de lo que somos, pero fue ella -explicó-, pero tenía entendido que ella andaba fuera, ¿está en este asunto también?

Sabiendo que aquello se podría descontrolar, Jeremy intervino rápidamente.

-Diría que lo mejor es enseñaros las cosas, en lugar de contarlo -comentó él-, si tenéis un rato, os podemos llevar a un sitio, la fábrica que hay aquí cerca, siempre que queráis vosotras -indicó-, si os sentís más seguras iremos sólo vosotras dos y yo, los demás se quedarán aquí.

Las otras dos se miraron, y luego miraron al niño, con cierto miedo. Comprendiendo aquello, Aelita les habló entonces.

-Puedo ir yo con vosotras, en vez de él, y llevaros al niño con vosotras -les indicó-, eso… si queréis indagar, claro.

Milly suspiró algo.

-Me he visto por encima informes, entre otros… bueno, no sé si sabes lo de Anthea… -por la cara de amargura que puso la mujer, la otra suspiró- Lo siento.

-Os encontraréis allí con un súper ordenador, de hecho venimos desde allí de comenzar con nuestro plan -Aelita le había quitado importancia a aquello con un gesto-, en otra ocasión habríamos dado una vuelta al pasado, pero no hay tiempo y desconocemos si Cartago se ve afectada por ellas, así que…

-Hemos visto datos acerca del Proyecto, relativos a su importancia en telecomunicaciones, y lo sucedido con tus padres, tu vida y demás, pero no sabemos demasiado, apenas he tenido tiempo de leer algo -reconoció entonces Milly-, si es verdad todo esto puede ser muy gordo, tengo datos para poder tumbar… pues a medio mundo, pero necesito saber si es verdad.

Aelita se levantó entonces, tomó su ropa de abrigo, y les tendió a ambas sus prendas, que la acompañarían hasta la fábrica. Siguiendo la promesa, los otros se quedarían en la Ermita, limpiando aquello pues estaba algo desaliñado, ya más tarde harían lo propio en las demás casas, que podrían estar incluso peor. Según salieron de la casa, enfilaron los caminos, mientras la mayor explicaba.

-Pues sí, mi madre fue secuestrada, no sé si sabréis el año -comentó ella-, fue en los 80, entonces tení años, era una niña.

-Pues explícanos cómo puedes tener la edad de los demás, de ser así.

Tamiya podía llegar a ser muy directa, tenía el móvil en la mano ya grabando la conversación.

-Doy mi permiso para que me grabes, sí -dijo, divertida-, bueno, todo eso sucedió por el súper ordenador de la antigua fábrica en una de las islas del Sena, en frente del puente de Sèvres -explicó ella-, está aquí cerca, tardaremos poco.

-¿Súper ordenador?

-Sí, un ordenador cuántico construido por mi padre, Waldo Schaeffer, que aloja un mundo virtual llamado Lyoko -dijo -, en su día allí dentro vivía también una IA llamada Xana, tenía la intención con esas herramientas destruir a Cartago, pero se le fue de las manos -suspiró algo entonces-, mi padre y yo acabamos encerrados en Lyoko, Xana nos traicionó, y no pudimos derrotarla hasta que, años después ya para 2004, Jeremy comenzó a trabajar en ello junto a los demás.

Las otras dos se iban mirando según hablaba la otra, que no parecía estar mintiendo. Como no parecían estarle creyendo, y sabiendo que sólo con sus ojos la creerían, aceleró el paso para llegar cuanto antes a la fábrica.

-Vale, suponiendo que te creemos -dijo Tamiya, poniéndose la capa de reportera-, ¿cómo no fue ocupada esa fábrica antes? ¿Cómo puede haber una tecnología así en medio de una zona urbana? ¿Y cómo es posible que no haya trascendido algo así en todos estos años?

-La verdad, tampoco sabemos cómo no ha habido nadie entrando o saliendo de la fábrica, aunque u día nos encontramos a unos moteros, otro había unos yonkies por allí rulando su mierda… -la mujer se encogió de hombros- Puede que papá tuviera algún amigo poli, lo desconozco -luego sonrió algo-. Con lo demás… lo veréis ahora mismo.

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Tardaron un rato largo en llegar entre pregunta y pregunta de las otras dos, que tuvieron que cambiar de móvil un par de veces para grabar, no querían tenerlo todo en uno sólo por si se perdía la información recopilada. Aelita se acordaba en esos momentos de las veces que habían sido pillados por la pareja de reporteras de Kadic, y una suave sonrisa llegó a ella, recordando los viejos y agradables antiguos tiempos, donde no tenía ni una sola preocupación a la que atender más allá de estudiar y estar con sus amigos.

-Bienvenidas a la fábrica -estaban de pie en puente, tras cruzar las calles, con la enorme nave delante de ellas -, a partir de aquí veréis que lo que dije es verdad.

Sin más, entró sin miedo a la zona central del edificio, seguida por las otras dos, que habían cambiado a grabar vídeo, narrando por lo bajo lo que iban viendo. Con algo de reticencia al inicio montaron al montacargas, Aelita dio la clave para bajar, y fue entonces que sus bocas se abrieron de par en par al ver la sala de la interfaz.

-Desde aquí se accede a Lyoko, bajando encontraréis unos escáneres donde podríais viajar hasta allí y verlo con vuestros propios ojos -las dos mujeres se miraron-, si os sentís más seguras empezaré yo misma.

Fue entonces que tecleó un poco en el escritorio, y bajó rápidamente por una escalera de manos lateral, mientras un contador corría hacía atrás. En cuanto llegó a cero un fuerte sonido llegó hasta ellas desde abajo. Un avatar digital apareció ante ellas, y entonces, unos segundos después, vieron a una Aelita algo en pantalla. Parecía un elfo, ella les saludaba efusiva desde allí.

-Como veis, es seguro venir- su voz sonaba limpia y clara desde los altavoces -, podéis entrar también, si queréis, os indicaré cómo.

La más motivada con aquello sin duda era Milly. Tamiya no parecía del todo convencida, sin embargo entendía lo que la otra deseaba, por eso, mientras una iba, la otra se quedaría en tierra, por si acaso. Aunque estaban hablando de sus amigos, toda preocupación era poca, por eso ella quería ir con todo el cuidado posible. Por ello vio como su esposa bajaba al piso inferior, donde los grandes escáneres se alzaban desde el suelo como tres grandes columnas de acero y cobre, entrando la mujer en uno de los que estaban vacíos. Siguiendo las indicaciones de Aelita, Tamiya tecleó lentamente en la interfaz, hasta poner en marcha el programa de virtualización con el último golpe, apareciendo un nuevo avatar: Milly estaba entrando a Lyoko.

Ella, efectivamente, apareció en los cielos del sector del bosque. Aelita la contempló caer de bruces contra el suelo, y sonrió, digno de lo que ella más amaba. Tenía un traje azulado y blanco, con un par de coletas en el pelo, y de las que manaban dos largas matas de una melena rojiza como el fuego, que se movían con total libertad como dos entes independientes de ella, y que se podían alargar y ensanchar a voluntad. En sus extremos tenían una punta negra, que servía a modo de arma, pues era bastante afilada.

-Guau…

-Esta es una representación de tu alma, de tus deseos -le explicó-, supongo que el micrófono de tu garganta tiene algo que ver con tu pasión por el periodismo.

Una suave risa salió de Aelita, mientras la otra rodaba los ojos, y se giró sobre sí misma. Teniendo una idea de lo que podría ser aquello, inspiró con ganas, y soltó un potente chillido. De su boca manaron grandes anillos de aire, y que generaron un intenso estruendo que lo hizo retumbar todo, Aelita incluso se tuvo que tapar las oreas, algo aturdida en un primer momento, pero bastante impresionada por el poder de ella.

-Diría que es el momento de que venga Tamiya, si es que lo desea -alzó el rostro al cielo-, ¿te apetece?

Tardaron unos segundos en recibir respuesta.

-¿Es seguro, entonces?

-Totalmente cariño, ven, te encantará.

Aelita les dio las indicaciones para que Milly fuera desvirtualizada, y luego les dio los datos para repetir la virtualización retardada, sólo que esa vez sería para Tamiya, que entró algo nerviosa al escáner, preguntándose qué se iba a encontrar. Pero que su mujer estuviera tan encantada era algo que le aliviaba bastante, a decir verdad. Volviendo a llevar a cabo el proceso, Aelita vio como la otra aparecía ante ella, tenía un traje similar al de su compañera, sólo que su color era gris claro, le quedaba realmente bien con el oscuro de su piel. Su pelo en su caso estaba recogido en una única trenza, que descansaba sobre su hombro derecho. Tenía también un micro tatuado en el cuello, con dos guantes en las manos.

-Sin duda os parecéis, hasta vuestros trajes son similares -comentó, mientras revisaba el pelo de la otra-, también tienes la punta metálica en el pelo, veo…

La otra asintió, despacio, y se miró las manos. No era tan lanzada como la otra, pero quería probar cosas, y creía saber por dónde iría aquello. Le pidió a la otra que lanzara su mejor ataque, mientras se colocaba a una distancia prudencial. Vio crear a Aelita su bola de energía, de un bello color rosáceo, y se preparó. Juntó sus manos en cruz por encima de su cabeza, y los bajó de golpe mientras los separaba, soltando un grito en el proceso. Sus manos se iluminaron, y aunque en apariencia no había pasado nada, la bola de energía de la mayor chocó contra un objeto invisible, extendiéndose a lo largo de una pared de energía y luz creada por la otra, y que, tras un segundo grito, rompió, lanzando miles de pequeños proyectiles contra la otra, que pudo esquivarlos gracias a dar un salto atrás, saliendo a volar con sus alas de luz, aplaudiendo a la otra.

-Dudo que sea un ataque letal, pero al ser a tan gran escala seguro que veinte puntos de vida o así debes quitar, más o menos.

Tamiya la miró sin entender demasiado, pero no valía la pena, se dijo. Sin embargo, no pudo pensar demasiado, dado que en ese momento fue desvirtualizada, junto a Aelita, apareciendo instantes después de nuevo en la fábrica.

-Bueno, diría que esto demuestra nuestra buena fe… -comentó ella- Ahora viene la pregunta, ¿qué haréis?

Las dos más jóvenes se miraron entre ellas, y luego posaron su vista en Aelita, que esperaba con interés, con las manos en los bolsillos. Eventualmente asintieron, y la otra sonrió ligeramente, tomando las manos de las otras dos, y dándoles un suave abrazo, agradecida por la ayuda.

-No sabemos luchar, pero sí sabemos sacar información -comentó Milly-, haremos un reportaje en profundidad con todo lo que nos dio Laura, y lo pondremos en prensa cuanto antes -la chica revisó sus prendas-. De todas formas no sé si me lo aceptarán, pero sabiendo que nos basamos en la verdad… podremos defenderlo mejor.

Tamiya asentía un poco, sonriendo algo, contenta por la decisión de su pareja. No se hubiera sentido segura luchando en el mundo virtual, pero sí que podían luchar en otro ámbito, y en el que los demás no podían hacerlo. Pero era plenamente consciente que iban a tener grandes dificultades para que aquello se pueda vender, puede que hasta se metieran en un lío.

-Bien, pues vamos a casa de nuevo, tenéis mucho que currar, chicas -les dijo Aelita, saliendo de allí tranquilamente -, entre que el grupo de Laura llegue y demás, tendréis hasta mañana por la mañana temprano, porque será entonces que comience la guerra… Y no sé cómo nos irá.

Estaban ya subiendo en el gran montacargas. Las otras dos eran conscientes de que era muy poco tiempo para montar una historia en condiciones, pero podrían hacerlo. Entre las dos al menos.

-Pues comenzaremos ahora mismo, grabaremos en la entrada y luego nos iremos de nuevo a la interfaz -Milly tenía en sus manos su teléfono -. Avisaré a Louis y Germaine para que vengan con unos focos, ¿vas tú o yo a por la cámara buena al piso?

-Iré yo, tú quédate aquí para ver dónde poner las cosas.

Y, de esa manera, comenzaban a preparar aquel ataque…

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Laura, Abigail y Yao viajaron durante horas y horas desde Las Vegas hasta, primero Nueva York, y luego Lisboa, llegando a la hora una vez más hasta París. Sabiendo que el vuelo era largo y fuerte, llevaron un par de libros y videojuegos con ellos, querían relajarse un poco antes de toda la vorágine les engullera hasta el final. Durmieron todo el rato que pudieron, además, descansando lo que podían y comiendo con ganas los platos que les traían, necesitaban bastante energía.

En todo ese rato estuvieron nerviosos hasta que el aparato llegó a los cielos de Francia, donde sus tripas dejaron de revolverse de golpe, sabiendo que habían llegado a su destino, literal y metafóricamente. Poco después llegaron hasta el aeropuerto de la capital, y, tras una hora y pasar de nuevo por las aduanas y registros, fueron recogidos por Odd y William, el primero con cara de dormido y el segundo bastante activo ya.

-¿Listos?

-No demasiado, Will, pero es lo que hay -Laura sonrió algo-, iremos ya a eso, ¿no? ¿O antes iremos a desayunar algo?

El otro asintió un poco, ayudándoles a llevar el equipaje hasta el coche, en el exterior del aeropuerto. Allí tomaron su coche, y condujeron de nuevo dirección a una cafetería para, efectivamente, tomar un café y unas tostadas y zumo. Entraron al centro, se sentaron en una mesa, y tras pedir, se miraron entre ellos, algo cansados.

-Bien… pues aquí estamos de nuevo….

Abigail suspiró algo, y se recolocó el abrigo, tenía algo de frío.

-Me gustaría saber cuándo iremos hasta la fábrica, porque ha sido un día duro -comentó la joven, mientras hacía hueco para que el camarero colocara las bebidas -, y puede que necesitaremos descansar…

Odd asentía, adormilado y dándole vueltas al café con la cucharilla.

-Podéis dormir hasta la comida, y ya ahí ir a aquello -comentó-, creo que Jeremy y Herb dijeron aquello.

Llegaron entonces las tostadas, y comenzaron a comer mientras charlaban entre ellos, contentos por aquello al estar juntos de nuevo, con ese ligero estado de nerviosismo creciendo de nuevo en sus pechos. Sin embargo tenían que calmarse para poder dormir un poco e ir descansados a la misión, por eso, según terminaron, fueron directos hasta la Academia, donde ya tenían listos un par de cuartos para todos ellos, preparados para poder dormir en ellos, pues las camas ya estaban hechas. Al ser Lunes no les darían problemas los menores, que estarían en clases a lo largo del edificio, así que ellos podrían entrar y salir sin que nadie les viera o preguntara, y si alguien lo hace, bien podían decir que eran nuevos profesores o que venían a hacer alguna inspección o algo, tenían muchas excusas viables para dar.

En cuanto llegaron al edificio, media hora después, fueron directamente hasta la planta de los profesores, donde podrían descansar un poco. Era allí donde vivían aquellos maestros que residían en la Academia, pues si bien una parte tenía sus propias casas, hicieron una nueva en su momento para facilitar que aquellos profesores de fuera tuvieran un buen sitio en el que estar. Por supuesto no tenían las normas de los adolescentes, que tenían que dormir a unas horas concretas, hacer las comidas a unas horas, no tener mascotas… ellos no tenían esas limitaciones. Por supuesto, ninguno de los tres tampoco las tendría, pero estarían tan poco tiempo que ni se darían cuenta.

Una vez dejaron las cosas en sus respectivos cuartos, y tras una corta ducha para reponerse algo, se metieron en las camas, durmiendo casi del tirón hasta mediodía, momento en que despertaron entre el ruido y la luz ambiental, estaban algo adormilados aún pero más descansados, aunque la diferencia horaria se había llevado por delante sus ritmos de sueño al menos pudieron descansar un poco.

-Pues… es el momento, chicos.

Laura estaba de pie en el pasillo, ya cambiada, junto a Abigail y Yao. Ambos tenían cara de estar bastante dormidos, pero tenían que ponerse en marcha. Tras lavarse la cara, y preparados ya para lo que les esperaba, se dirigieron a paso veloz por las instalaciones hasta el patio, donde les esperaba Sissi, con unos papeles en la mano. Se los entregó, con una sonrisa, para aparentar un poco, y les comenzó a guiar por las instalaciones. Varios profesores les vieron, así como unas cuantos alumnos, pero no llegaron a ser interrumpidos salvo por la intervención de Jim, y que se cuadró ante la directora, que le indicó que ella se encargaba.

-Yo puedo hacerme cargo, si tiene otras cosas que hacer, directora.

Pero ella negaba suavemente.

-Tranquilo, de todas formas ahora iban a ver los jardines de Kadic, así de paso me despejo también.

Sin más, llevó a los otros tres por los caminos de piedra y roca que serpenteaban a lo largo y ancho de la Academia, pero tomando en una encrucijada el camino que llevaba hasta la Ermita, perdiéndose entre los árboles en ese momento. Anduvieron por el bosquejo hasta llegar a los terrenos privados de la familia Belpois, donde ya debían estar los demás ultimando los preparativos. Por ello se limitaron a llamar al timbre y a esperar en el exterior para ir todos juntos hasta la fábrica. En cuanto fueron saliendo, Laura se fijó en Patrick, que estuvo a su lado durante una buena parte del trayecto, pero sin llegar a hablar en ningún momento, pues el ambiente no daba lugar a ello. La magia del bosque era tal que no se atrevían a romper el agradable silencio, posiblemente ese fuera el último rato de tranquilidad que vivieran en una buena temporada, y deseaban poder alargarlo todo lo posible.

-Por cierto, ¿vinieron Milly y Tamiya?

A esa pregunta de Laura, Jeremy sonrió un poco.

-Se quedaron trabajando en la Ermita, tienen todos los datos que les mandaste -fue entonces que la miró de reojo-, ¿en qué estabas pensando cuando le mandaste toda esa información? Es peligroso, no debiste haberlo hecho.

Aelita intervino.

-Ya el daño estaba hecho y no me iba a arriesgar a dar una vuelta al pasado y que eso potencie a Cartago, pero tendríamos que haberlo hecho -le espetó-, hemos tenido suerte que hayan aceptado ayudar.

-No estoy de acuerdo, era lo mejor, tener a alguien de respaldo por si sale mal, ¿quién mejor que la prensa?

Yumi funció algo el ceño en ese momento.

-Sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con ella -les dijo-, pudo habérselo mandado a un periodista o periódico muy grande, pero se lo envió a ellas dos, que además son amigas del grupo. Eran la mejor opción.

Entre esas y otras tantas conversaciones llegaron a la fábrica, los menores en todo ese rato se miraban con interés, preguntándose cómo acabaría aquello, y si seguirían siendo amigos después de tantos años como les pasaba a sus padres. JP y Maya iban de la mano, mientras Hiroky y Ariadna estaban más al pendiente de las interacciones entre su tío Patrick con Laura, mientras William, que iba el último, se limitaba a vigilar las acciones de todos como si fuera el perro guardián del grupo.

Liderando iban Jeremy y Aelita, que fueron los que abrieron la tapadera de las alcantarillas por las que se accedía al puente, para, más adelante, llamar al gran ascensor. Montaron todos juntos, y descendieron primero a la sala de la interfaz – en la que sólo bajó Herb – y después en los escáneres, siendo primero los menores los que entraran, y luego los adultos en grupos de tres. Los últimos en entrar fueron Yao, Abigail y Patrick, en el quinto y último cupo, tardando el proceso entero aproximadamente un minuto.

Estando ya todos en el Sector 5, y siguiendo las indicaciones de Herb, que tecleaba los diversos comandos que necesitaban, fueron llegando hasta el hangar del nuevo Skidbladnir, donde ya estaban a la espera Marte y Belona, ambas IA's se encontraban en la plataforma de subida al navío digital, mientras algún que otro monstruo iba aquí y allí por el aire digital. Había sobre todo mantas y tiburones, que volaban por el exterior de la cúpula en la que ellos se encontraban, aunque sólo vieron pasar a unos pocos por la apertura Herb tenía delante la pantalla con bastantes de ellos, y en el mar digital tenía que haber más aún de ellos.

-Bien, pues vamos a ello, os iré montando por grupo, y luego le enviaré a Aelita las coordenadas de Cartago, este ataque debe salir a la perfección -suspiró algo- ¿Estáis listos?

-No, pero no nos queda otra -Jeremy, en el mundo digital, se giró y observó a su grupo-. No sé si lo lograremos, pero… estoy orgulloso de todos. Vamos a lograrlo, pero debéis seguir mis indicaciones, ¿entendido?

Un suave asentimiento general le sacó al otro una sonrisa. Estaba tenso, pero sería estúpido de no estarlo, se la estaban jugando mucho.

-¡Venga va, una arenga guapa, vamos, vamos joder! -gritó de pronto Odd- ¡Vamos a patear culos, a por ellos coño!

Empezó a golpear los hombros de todos los que veía, mientras los demás le miraban sin entender demasiado y hasta riéndose, calmando el ambiente tenso lo bastante como para que hasta Herb se riera suavemente de las ocurrencias del rubio, que lo había hecho aposta, siendo de los primeros en montar al Skid II. Mientras llevaba a término esa operación, vio que entraba a comunicaciones, desde Escocia, Aria. Su rostro apareció en un lateral, llevaba unos cascos puestos, detrás de ella una joven Vikani observando curiosa, como si quisiera ver por detrás de él.

-Bueno, ¿todo listo por vuestro lado también?

-Sí, tenemos tuppers con comida de mi madre, unas mantas y todo preparado por si tenéis que venir -explicó Aria, sonriendo algo-, ¿vosotros ya vais hacia Cartago?

-Sí, en breve partirán hacia allí, ya tengo preparada la cuenta atrás para derribar la fábrica, en 4 minutos y 50 segundos -suspiró algo-, esta parte debería quedar sin sufrir daño alguno, eso dicen los cálculos que hemos hecho, pero aun así…

-Tranquilo, seguro que irá bien -comentó la mujer-, de todas formas siempre puedes ir a Lyoko, si estás nervioso.

Pero el otro negó. Sobre sus piernas dormitaba Saru, que había estado hasta entonces jugando con una pelotita de tenis.

-En fin, si todo va bien, esto terminará hoy…

En el mundo virtual el Skid II ya estaba saliendo hacia los cielos del Sector 5, donde efectivamente un gran ejército formado por mantas y tiburones alados esperaban. Estos últimos eran similares a los que nadaban por el mar digital, pero estos en concreto contaban con grandes alas de plasma parecidas a las que tenía Aelita. Vieron también por los pasillos que se veían grupos de gusanos y cangrejos, desde luego habían desplegado un gran ejército, debían ser cerca de doscientos monstruos sólo allí.

-Joder, que despliegue… -murmuró Ulrich, sorprendido- Ni en mis peores sueños podría imaginar esto…

-Y es sólo el inicio -Belona volaba cerca de ellos, montando en una manta especial blanca, agarrada de un arnés de plasma negro, igual que Marte-, estaremos bastante bien acompañados.

Entendiendo que aquello no iba de broma, Aelita puso una suave sonrisa en el rostro mientras dirigía la nave hacia uno de los grandes brazos de datos, dispuesta a salir al exterior de la esfera del mundo digital, que abrió Herb cuando ella le dio la indicación. Quedando poco más de dos minutos para que explotaran las cargas, el otro se tapó los oídos con unos tapones, mientras le colocaba, como podía, a su mascota en las orejas unas esferas especiales para que, al menos, no escuchara tanto como lo haría de normal.

Dejó todo listo por si la explosión era demasiado, y se refugió en la sala de escáneres, con su gato en brazos, que como si se esperaba lo que pasara, se enroscó bajo la ropa de Herb, pegándose a su pecho. Poco después, efectivamente, las cargas de William empezaron a explotar de forma simultánea, generando una buena onda expansiva y que derribo uno a uno los pilares del edificio, auto potenciándose la violencia de la nitroglicerina usada, generando así una reacción en cadena. Pese a protegerse, los oídos de él pitaban con cierta fuerza, y, aturdido, se levantó como pudo cuando vio que había terminado. Había algo de polvo en el ambiente, pero nada que lo hiciera impracticable, dándose cuenta entonces que Saru estaba hecho una bolita y temblando en una esquina.

-Ven con papá… -murmuró, levantándolo- Tranquilo, shh, shh…

Mientras lo acariciaba, subió como pudo por las escaleras de mano, y vio que, tal y como habían planificado en un inicio, la parte inferior había sobrevivido a la destrucción de más arriba, que, en teoría, tendría que estar en ruinas. Metros y metros de roca y tierra les protegían salvo por la parte del elevador, y que, cuando lo intentó llamar Herb, no llegó a acudir en ningún momento.

-Avisaré a los demás, para que no se preocupen -se dijo para sí, acercándose los cascos-, ¿me oís?

Fijándose en la pantalla, se dio cuenta que el grupo ya navegaba por el mar virtual. Habían salido en el mismo momento en que todo reventaba, de hecho oyeron por los micrófonos el suave murmullo de fondo de todas las cargas detonando, y estuvieron durante dos tensos minutos a que volviera Herb. Cuando escucharon su voz, una amplia sonrisa apareció en sus rostros.

-Alto y claro, Herb -respondió Aelita, a los mandos del aparato-, me alegra escucharte de nuevo, compañero.

Aceleró incluso el aparato, moviendo las manos hacia adelante. Estaban navegando por el mar digital, rodeados por cientos y cientos de mantas negras, tiburones y congrios, todos en formación y en torno al Skid, en el centro. Las mantas viajaban en el exterior, formando una suerte de triángulo equilátero; luego, una segunda línea la formaban los tiburones, siendo los congrios los más cercanos al submarino, formando una barrera con sus cuerpos. Sólo entre las paredes del Skid y aquellos monstruos estaban Marte y Belona, montando sobre sus respectivas mantas, sentados sobre la grupa de la bestia, volando tranquilamente.

-Y yo a vosotros, no me hubiera gustado perderos -oyeron que suspiraban-, ¿algún problema que hayáis tenido en este rato?

-Que va, ni siquiera con la explosión -respondió Jeremy-, llegaremos a destino en cinco minutos, ¿todo listo en la segunda sede?

Herb tardó unos segundos en responder.

-Podremos atacar llegada la hora, Aria está lista y preparada.

-Como dirían los romanos, la suerte está echada -dijo Ulrich-, ¿eran los romanos, no?

-Eso es más propio de mí -comentó Odd-, ¡no me robes las frases, Ulrich!

Entre risas pasaron los últimos minutos de paz que iban a vivir en una larga temporada, y es que en el horizonte apareció la gran esfera que formaba Cartago, que estaba ligeramente iluminada en un suave tono blanquecino, similar al que tenía Lyoko cuando salieron del mismo. Pero antes de que se aproximaran, vio Marte que el hemisferio sur del mundo virtual se abría, saliendo una esfera blanca, y que salió en la pantalla de Herb también, que comenzó a teclear con interés.

-Bien, pues comienza la batalla, me parece a mí…

Y es que aquello era Cartago, que obtuvo un cuerpo humanoide similar al que tenían las otras dos IA, solo que en su caso su parecido a Aelita era extraordinario. La única diferencia es que era algo más alta y delgada la primera que la segunda, pero en esencia se parecían extraordinariamente.

-Nos volvemos a encontrar, esta vez venís más y mejor acompañados -la voz de Cartago era similar a la de Belona o Marte, muy cercana a una humana, con cierto deje femenino más marcado -, pero no podréis vencerme, ni aquí ni en ningún lado.

Sin dejarse impresionar, Aelita dio la orden: lanzaron a las rayas, que se moverían haciendo un círculo en torno a la IA, y luego irían los tiburones, dejando así espacio para que los numerosos navskid pudieran moverse mejor. Sin embargo, Cartago tampoco venía a solas, y es que, invisibles al ojo de Herb y de los demás, tras la gran esfera de Cartago, aparecieron también cientos de monstruos. En el caso del enemigo, eran más parecidos a delfines, de color plateado y ojos azules, con un cañón sustituyendo a la boca, un motor en la cola, y un par de cañones por debajo de las aletas pectorales, siendo así más cercano a un mini submarino que al animal en el que estaba basado. Y Laura no pudo evitar fruncir el ceño al ver aquello.

-¿Desde cuándo los tiene programados…? -apretó el botón de comunicaciones -Skid 12 al resto, soy Laura, esto no me gusta nada.

-Coincido, nunca le dimos esta indicación -esa era Abigail-, los ha tenido que programar cuando nos fuimos de viaje, pero que recuerde nunca lo hizo la vez anterior…

-No pasa nada, venceremos igualmente -la intervención de Marte denotaba su confianza-, su ejército nos da igual, hay que derrotar a Cartago, con su caída caerán los demás.

-Marte lleva razón, tenemos que atacar principalmente a la IA, sus monstruos dan igual, recordad vuestros papeles.

Aelita sonrió algo, Jeremy seguía siendo tan líder como siempre. En la fábrica, Herb tenía a su gato en el regazo, había algo que no veía pero no le gustaba lo que estaba pasando, los delfines de Cartago estaban demasiado lejos de su amo, ya casi rodeado por las mantas y tiburones del grupo, ¿qué estaba pasando? Todo aquello quedaría resuelto instantes después, cuando el enemigo se lanzó de frente hacia ellos.

Voló rápidamente junto a sus huestes directamente contra el Skid, encontrándose con Marte y Belona por el camino. El primero agarró a su enemigo por los brazos, forcejeando, mientras la segunda daba vueltas en torno a ellos, generando una esfera de luz blanca transparente para contener los poderes de los otros dos, y que se golpeaban contra las paredes en su enfrentamiento. Los unos y ceros corrían por los cuerpos de ambos, con los orbes de ambos brillando intensamente, mientras los programas de los dos se ponían a funcionar y atacar al otro, que a su vez tenía que activar otros programas para defenderse. En torno a ellos, la guerra se había desatado: los Navskid volaban a lo largo de las cercanías de Cartago, luchando contra los muchos delfines que defendían sus puertas, y que habían resultado ser bastante ágiles y veloces en sus movimientos.

Estando en el mar digital tenían que ir con especial cuidado, por eso fueron sólo Aelita, Yumi, Ulrich, Odd y William en una primera oleada, sustituyendo Jeremy a su esposa a los mandos principales, rodeados aún por los congrios, y con un ojo en la batalla principal, estando el otro en la batalla entre Marte y Cartago. Estaban las cosas bastante igualadas en ambos casos, y no podía lanzar un ataque con los torpedos del Skid por peligro de darle a sus amigos, cosa que no se podían permitir, así que se limitaba a teclear, junto a Herb, lanzando programa tras programa para hacer que el ambiente estuviera a su favor.

Las corrientes internas del mar digital cambiaron de dirección y comenzaron a girar en torno al mundo de Cartago, pero los delfines siguieron disparando contra las mantas y tiburones, que a su vez se revolvían para lanzar disparos contra ellos. Por allí volaban ya también no sólo los guerreros originales, también se movilizaron sus hijos y el resto del grupo, al ver que su superioridad numérica no parecía ser suficiente contra los delfines de Cartago, cuyo poder de fuego era suficiente para romper con esa a priori ventaja que llevaban. Por ello volaban de aquí para allá, luchando entre ellos, lanzando balas de plasma en todas direcciones en una lluvia de ataques de un lado al otro, hasta que toda aquella caótica harmonía se rompió.

En un momento dado se escuchó una fuerte explosión, y vieron a Marte salir disparado contra el Skid, con el que se golpeó, deshaciéndose en esferas de luz por el impacto. El aparato se movió entonces hacia atrás y abajo, como si se cayera, mientras Jeremy lo reflotaba como podía, escuchando los gritos de sus amigos por el micrófono al ver lo que sucedía en torno a ellos. Cartago volaba en torno a sus monstruos transformada, igual que su contraparte, en un montón de esferas, esquivando en todo momento los ataques de los Navskid, así como de las pocas mantas y tiburones que quedaban. Por su parte, Belona se había colocado cerca del submarino, tratando de levantarlo como podía, teniendo que ser ayudada por los adolescentes del grupo, que se habían retirado de la primera línea por orden de Jeremy.

Volando, los demás cazas se dispusieron a volver a ametrallar a la IA enemiga, pero esta se replegó entre sus delfines, tomando de nuevo una forma humanoide, y, con los ojos brillando, extendió una mano hacia su mundo virtual. Este brilló como una estrella, cegando a los miembros del grupo, que se taparon los ojos como pudieron con las manos, hasta Herb tuvo que apartar la vista de la pantalla por la intensidad lumínica que manaba, sólo pudiendo volver a mirar cuando el exceso de luz pasó. Sin embargo, cuando aquello sucedió, se encontraron con que la energía de incluso el Skid estaba en punto mínimo, así como todos los monstruos que quedaban de su bando habían desaparecido. Los escudos magnéticos estaban agrietados y se caían a pedazos, mientras Jeremy tecleaba a todo lo que sus dedos podían, así como Herb, que no daba crédito a lo que había visto.

-Esa explosión ha sido intencional, nos ha barrido prácticamente, ha usado mucha energía y no parece cansada -Ulrich miraba hacia Cartago, frunciendo el ceño-, parece bastante entera, de hecho…

Efectivamente, la IA permanecía suspendida en el aire, sus alas de energía batían suavemente, con las manos tras la espalda, mientras su mirada analizaba el ambiente. Fue entonces que volvió a moverse, y en sus palmas aparecieron dos esferas rojas, que lanzó contra el Navskid de Jeremy, que pudo esquivarlo por poco. A la vez, los delfines que quedaban avanzaron, disparando contra el grupo, que estaban bajo mínimos.

-¡No vayáis a por ellos! -esa voz tan fuerte era de Jeremy- ¡Vamos a retirarnos, ahora no podemos ganar!

Odd tenía la mueca cambiada, mientras seguía yendo hacia adelante.

-No pienso dejarle escapar, no ahora -exclamó, serio- ¡A por ese capullo!

Ni hizo caso a las advertencias de los demás, quitándose los cascos incluso. Sin embargo, el Skid II tiró de su nave por magnetismo, aprovechando las últimas energías que tenían, mientras los demás Nasvkids se iban acoplando como podían. Herb tuvo que mandar un mensaje de emergencia al ordenador de Aria, iban a necesitar el respaldo de ella sin ninguna duda, por ello se levantó de la silla, derrotado.

-Bueno, Saru, diría que es hora de ir a Lyoko…

Y es que los Guerreros de Lyoko habían sido derrotados humillantemente por Cartago, que no dejaba de lanzar sus ataques contra el submarino digital, sólo quedando el caza de Aelita por acoplarse, que miraba directamente a la cara de la IA. Esta reparó en ella, estaban a la suficiente distancia para reparar en sus facciones, y pese a la cercanía en ningún momento los delfines de Cartago la atacaron.

-Madre…

La IA se aproximó al Navskid de ella, lentamente, rodeada por los delfines, que seguían atacando al grupo, mientras la mujer ponía mala cara, apretando los puños, de estar en el mundo real seguramente estuviera llorando.

-Aelita Schaeffer… la hija de mi creador, eso nos haría… ¿hermanas? -la voz de Cartago era incluso dulce en esos momentos- Si no te opones a mí, no te haré daño….

Sólo las separaba el cristal del Navskid, pero para la mujer, estaban a años luz de distancia. Bajando los ojos unos instantes, comenzó a retroceder.

-Te salvaré, lo juro…

Y se dirigió hacia el Skid, como mejor pudo. Cartago entonces ordenó el alto el fuego a sus huestes, comprobando como el submarino se alejaba todo lo que podía, dirección a saber dónde. En cuanto desaparecieron del horizonte, volvió a su mundo virtual, comprendiendo entonces lo que había pasado.

-Laura, Abigial y Yao… os vi, erais vosotros -se decía a sí mismo-. No lo entiendo, pero, si sois mis enemigos, os aplastaré…

Sus ojos brillaron en un suave tono blanco, la guerra no había hecho más que empezar.

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(1) En el viaje anterior, el mismo se hizo teniendo en cuenta las horas de Nevada por error, por lo que pido disculpas. Han sido modificados los capítulo por ello.

Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Este fanfic está conectado con Aelita's Nature, y que se encuentra en el pasado de la línea temporal de este. Habrá referencias en ambos de eventos del otro.

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.