Nueva Generación: Proyecto Cartago
Capítulo 12
El viaje de huida hasta el mundo virtual en el que estuvieron trabajando Aria y Vikani se caracterizó por el más absoluto de los silencios. Estaban todos demasiado molidos mentalmente como para hablar, incluso Odd, que siempre había sido el que animaba la moral cuando estaba baja, permanecía a la espera de que alguien abriera la boca. Y no fue hasta que oyeron la suave voz de Belona a través de los auriculares del Skid II que volvieron un poco a la realidad. Volaba en torno al aparato junto a un Marte también decepcionado por la derrota, ahora sin su ejército alrededor de ellos, y preguntándose qué harían a partir de ahora.
-Nos han derrotado, igual que en muchas ocasiones anteriores -comenzó-, ahora que sabemos la fuerza del enemigo podemos saber cómo atacar la próxima vez.
-Es más fuerte de lo que me esperaba, está aprendiendo por sí misma, esos delfines… -Laura golpeó con algo de fuerza su posa brazos- ¡Eso es nuevo, maldita sea!
-¿Tenéis idea de cuánto poder puede tener?
En la cabina central, Jeremy suspiró pesadamente.
-Lo que está claro es que no podemos con ella cuerpo a cuerpo, necesitamos atacar directamente a su corazón -dijo él-, necesitamos colarnos en el interior de Cartago y darle un golpe desde ahí, y para eso hay que ser sigilosos.
-¿Cómo en Troya, papá?
A esa pregunta de Maya, el adulto asintió.
-Como en Troya, pero ahora hay que cuidarse no sólo del programa, también de los humanos que la manejan -apretó unos botones suavemente-, Laura, Abi, Yao, ¿alguna idea de cuál es el protocolo?
-Nosotros sólo somos informáticos, en temas de seguridad más allá de Cartago no sabemos demasiado -explicó Abigail-, de hecho estamos tan sorprendidos de su poder como vosotros.
-¿Estás seguro que es buena idea ir hasta una antigua Réplika de Xana? -esa fue Yumi, algo alterada-, ¿no sería mejor escondernos en, no sé, cualquier país de África o en el Tíbet? Porque nos tendrán fichados casi seguro…
-Ella lleva razón, ¿no sería mejor ir a algún lugar perdido?
-No, precisamente por eso -atajó Aelita-, si cruzamos fronteras nos pillarán, y ese es el único sitio desde el que podemos salir, y estaríamos en un sitio lo bastante alejado para no ser vistos por los locales.
-Precisamente, al ser un lugar pequeño no podremos ir a ningún lado -dijo Ulrich-, tendríamos que estar como en un programa de protección de testigos, o algo…
-Estaría guapo tener papeles falsos -saltó de pronto Hiroky-, ¡yo quiero llamarme Louis Hemway y…!
-No será necesario llegar a eso -respondió Jeremy, con un suspiro-, tendremos la base e Xana como hogar.
-Además, Aria lo tiene acondicionado ya para poder estar ahí más o menos bien- añadió Jeremy-, es el mejor sitio posible, allí nos reuniremos con Herb.
Este, efectivamente, había ido hacia los escáneres como pudo, cargando a Saru y sus cosas utilizando los pasadizos de la parte inferior de la nave industrial, y que no se habían visto demasiado afectados pese al derrumbe de la parte superior. Por seguridad se limitó a bajar por las escaleras de mano tras poner una cuenta atrás de dos minutos, se llevaría a su mascota con él, aunque no sabía cómo esta actuaría en Lyoko, o siquiera si podía entrar. Pero no la iba a dejar ahí abandonada, por eso, cuando se aseguró que el animal se quedaba en uno de ellos, entró al otro, y aquel aparato se cerró en torno a ellos con su tan característico viento y fuertes luces.
Instantes más tardes, aparecieron en el Sector 5, ataviados con sus prendas digitales. Herb, que hasta ahora desconocía cómo sería su atuendo allí, se detuvo unos instantes para poder contemplarse. Llevaba un traje de color dorado y negro, con el pelo algo más largo y con puntas de un tono cobrizo, y que podía sentir que se movían con cierta libertad. Esas mismas terminaciones las tenía en las falanges de sus dedos, y que se alargaban a lo largo de su mano y cráneo en forma de líneas negras, terminando en el codo o cuello, según el caso, y que se extendían hasta la parte de ese mismo color. Por su parte, Saru parecía un gato común y corriente, pero tenía el cuerpo recogido en una suerte de traje de licra de los mismos tonos que su amo, y…
-¿Dónde estamos, Herb?
El aludido se detuvo de golpe, apenas habían andado unos metros cuando escuchó aquello.
-¿Eh? ¡¿Quién anda ahí?!
-¡Oh, un rastro de huellas! ¡Y olor!
Los ojos del felino brillaron en un suave tono verdoso, y Herb vio un montón de, efectivamente, pisadas de toda clase de pies avanzar en una dirección. Incluso ante él apareció una suave neblina multicolor, aunque no pudo detenerse demasiado en ello, pues el felino avanzó a lo largo de la misma, más rápido de lo que normalmente ya lo hacía. Sin más, el otro le siguió, comenzando a comprender qué era lo que pasaba.
-Saru, ¿entiendes lo que te estoy diciendo?
Escuchó los maullidos del animal, coincidía con la dirección que debían seguir para llegar hasta el hangar del Skid II, donde esperaba, o eso deseaba el hombre, una suerte de Navskid, al que montaría él y su gato. Este esperaba, sentado y moviendo su cola al lado del ascensor, hasta que sus ojos se iluminaron de nuevo, haciendo que el aparato se comenzara a mover.
-Entiendo tus deseos, y lo que necesitan esas cosas, es todo– Herb se fijó en que su boca no se movía, ni tampoco se iluminaba ninguna parte de su cuerpo- A ti te escucho maullar como un gato.
El hombre comprendió entonces qué pasaba. El súper ordenador servía como traductor simultáneo, por eso podían comunicarse. Lo que el otro decía era modificado para poder ser entendido por el otro, y así facilitar la comunicación. Era sin duda fascinante, pero no se podía parar ahora a analizar las bondades y misterios del súper ordenador, y es que tenía una misión que cumplir.
Tomando a Saru en brazos, que se acomodó en los mismos, montaron ambos en el ascensor, mientras él acariciaba el lomo del felino con delicadeza, preguntándose qué más sorpresas podrían guardar ellos dos. Estaba claro que su vínculo había creado aquella forma de comunicación, pero se cercioraría de esa posibilidad cuando estuvieran con los demás.
-Si entiende esto, vamos a ir a un sitio peligroso, Saru -avisó él-, quiero que te portes bien y te fíes de mí, ¿vale?
-Eres el líder del grupo, iré donde tú digas.
-No sabía que los gatos fuerais gregarios, pensaba que erais independientes…
-Todos los gatos tenemos un amo, alguien a quien seguir y obedecer -explicó-. Normalmente es nuestra madre, pero no la recuerdo, así que eres tú.
Sorprendido, Herb se limitó a asentir. Sus recuerdos y experiencia debía estarse enlazando con la del gato, pues comprendía bien esa sensación pese a que nunca ni se lo había planteado.
Pensando en ello, finalmente llegaron hasta donde descansaba el Nakskid. Lo habían programado de tal manera que se materializaría en el momento en que se pusiera en marcha una virtualización retardada, tenían todos los datos ya realizados y el proceso finalizado, únicamente debían ejecutarlo, cosa que no tardaría demasiado. De hecho, tenían previsto que en lo que tardaran en llegar ya estaría preparado. Tendrían que darse prisa para que la batería no se agotara, ni para que sus defensas pudieran fallar en caso de ataque, pues estarían perdidos de ser así.
La sala estaba totalmente vacía salvo por el aparato, idéntico a los demás, y que estaba abierto para que pudieran entrar. Con cuidado, montó al mismo, con el animal apoyado en sus piernas. Según tocó los mandos, ambos notaron una suave descarga, se conectaron al aparato, y sus movimientos pasaron a ser los del Nakskid, que era guiado con la mera voluntad del otro. No se dio cuenta, pero los dedos de Herb brillaron suavemente al contacto de aquella tecnología, poniéndolo en marcha y haciendo que se moviera hacia delante de golpe.
Dando un fuerte frenazo, lograron evitar darse de bruces contra la pared de enfrente, y, ahora con más maña, Herb manejó hábilmente el aparato. Y mientras todo eso sucedía, el silencio había vuelto a imponerse en el Skidbladnir, hasta que, minutos más tarde, habían llegado hasta las puertas del mundo digital de destino. Colocaron el aparato en posición vertical en ese momento, y un haz de luz emanó del mismo desde la base de la sala donde estaban Jeremy y Aelita, y, una vez se abrió, pudieron penetrar al interior de Unmei, así se llamaba según Aria.
Un enorme sector de las montañas apareció ante ellos una vez superaron el pequeño mar interior, pero, aunque era verdaderamente impresionante, no estaban los ánimos para verse sorprendidos, no al menos entre los adultos. Los adolescentes, aunque no llegaron a decir nada, sí que miraron a través de sus espejos con interés, deseando poder observar aquel lugar. En la superficie, y cerca de una de las torres, esperaban madre e hija. La adulta les saludaba con cierta efusividad, mientras la otra, cruzada de brazos, se preguntaba cómo su madre podría avergonzarla más en público.
No se detuvo hasta que vieron la imponente nave acercarse, atracando al lado de la torre, teniendo ellas que retirarse para no ser aplastadas. Y en grupos, fueron bajando del submarino, recibidos por el abrazo amistoso de Aria, y que les fue quitando la presión de los hombros.
-Habéis hecho cuanto habéis podido, no os agobiéis -decía ella-, la próxima vez saldrá mejor, os lo garantizo.
-Ya me gustaría tener tu confianza -comentaba Odd, y suspiró-, tía, nos pasó por encima y apenas pudimos con una pequeña parte de su ejército…
-Por una vez estoy con Odd -añadió Patrick-, sólo veo viable la idea de Jeremy.
-¿Y cuál es? -preguntó Aria-, lo que sea lo haremos, hay que acabar con esto, y…
En ese momento apareció William, que se limitó a acercarse a ella, y, algo cohibido, dudó en como saludarla. Sin embargo, y contra todo pronóstico, Vikanki intervino.
-¿Tú eres mi viejo?
El aludido la miró con cierta sorpresa, así como los demás, y que ni la habían visto abrir la boca hasta entonces. Sólo Hiroky y JP se habían fijado algo más en ella, y tampoco demasiado, hasta ese momento. Que Aria había tenido una hija lo sabían todos, y aunque no se dijera en alto, intuían quién era el padre. Esa debía de ser la razón para que evitaran verse o interactuar demasiado en cada reunión grupal que hicieron desde aquel año, en la cual se enteraron, ya nacida Vikani, de todo el asunto. Coló una temporada que fue de un ligue de verano, hasta que el rostro de ella empezó a recordarles demasiado al de William, que le pidió explicaciones a Aria. Y… bueno, fue dura, aquella charla. El hombre, en aquellos momentos, se vio a sí mismo en ella con su edad, aunque tenía el pelo más corto y menos pecho.
-Sí… creo que sí -miró a Aria, en el mundo real tendría el corazón yendo a toda prisa-, te pareces a la niña, William.
Esta asintió, despacio.
-Sí, bueno…
Su madre, normalmente más echada pa'lante que otra cosa, estaba realmente incómoda con aquello. O, al menos, nerviosa. No sabía la razón, o mejor dicho prefería no pensar en ello. Sin embargo, tenía claro que tenía que intervenir.
-No sé qué coño pasó, ni me importa -miró a su madre-, vámonos, anda…
Atacó a su madre, que se desvirtualizó, y, uno a uno, los demás fueron desapareciendo igualmente del mundo digital. Y mientras llevaban a cabo ese proceso, Belona y Marte se habían dedicado a interactuar con aquel mundo digital, idéntico a su hogar original en muchos aspectos, y que les era realmente familiar. De hecho allí habría casi seguro una segunda IA a modo de sistema operativo, e incluso otro dedicado a la seguridad del mundo digital que podrían ser de gran ayuda.
Sin embargo, todo eso tendrían que hablarlo con los humanos más tarde, pues estos habían vuelto a la Tierra a través de los escáneres de aquel segundo súper ordenador en Escocia, siendo el último en abandonarlo el propio Jeremy, que se estrechó las manos, antes que nada, con ambas IA's, a las que agradecía la inestimable ayuda.
-Los humanos son interesantes, ¿no crees?
A esas palabras de Marte, su contraparte asintió tranquilamente.
-Coincido, sin embargo, nuestra mejor forma de ayudarles es potenciándonos y aprender, para estar a la altura de Cartago…
-La pregunta es cómo, ¿se te ocurre algo?
-Por ahora usaremos el mismo truco que Xana, las torres -miró a Marte-, con ellas ganaremos poder, a falta de poder usar las vueltas al pasado y que eso haga más potente a nuestro enemigo también.
Asintiendo, Marte se limitó a, como Belona, a desaparecer en el aire digital, perdiendo su forma corpórea, y comenzando con su arduo trabajo.
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En el mundo real, el grupo había subido hasta la planta superior, donde descansaba la interfaz, el teclado y los mandos de Unmei, teniendo varias cosas para poder acampar allí con cierta comodidad. De hecho, vivieron allí durante los últimos días prácticamente para poder llegar a la fecha señalada y estar mínimamente listos para poder llevarla a cabo. Y sin embargo no había funcionado, y ahora se habían multiplicado en número varias veces. Aquel lugar no era tan amplio para poder albergarlos a todos, y ese iba a ser un problema… hasta que William intervino.
-Esta, como todas las antiguas bases de Xana, debe tener asociada una base donde vivieran los técnicos a su servicio, junto con los robots que planeaba usar para dominar el mundo -suspiró algo al ver las caras de sus amigos-, sí por eso quería ayudaros tanto cuando me liberasteis, por ser perfectamente consciente de todo eso.
Aelita le restó importancia.
-Lo de los robots lo sabíamos, los vimos en Siberia -explicó ella-, lo que no sabíamos era que hubiera en todas las sedes.
-En todas investigaba cosas, esta dudo que sea diferente -comentó Aria-, de hecho, de todas las que guardábamos, esta era la única que teníamos en constante vigilancia, al menos uno de nosotros estaba aquí siempre.
-Debía guardar algo realmente importante, pues… -murmuró con sorpresa Sissi- ¿Nos guiais? Aunque esta no parece tan grande como la fábrica.
-No lo es, de todas formas -William se estiró algo-, bueno, estas instalaciones tenían una segunda parte, colina arriba, ¿la visitaste en algún momento Ari?
Esta negó, bastante tenían con acondicionar aquel sitio como para pararse a hacer lo mismo con el otro lugar. Por ello William se limitó a revisar su cartera.
-Pues habrá que preparar aquello, me parece, porque no tenemos nada y tampoco es plan ocupar la casa de la pobre Ari -comentaba Yumi, mientras se dirigían a la salida-, no creo que sea un gran hotel de lujo, pero nos debería valer para…
Antes de que pudiera decir nada Aria habló.
-Mi padre tiene una casa en el campo, es amplia y allí podréis estar todos mejor que en un lugar abandonado y lleno de polvo y ratas -explicó ella, sonriendo-, lo que sí tendríamos que buscar es ropa para vosotros, dudo que hayáis traído mudas, ¿verdad?
-Pues efectivamente, no nos ha dado tiempo -Ulrich sonrió-, pero insisto, hay que bajar a comprar ropa y comida aunque tengamos un sitio en el que descansar.
Vikani suspiró por todo aquello, algo nerviosa, pues la calma en su vida oficialmente había terminado. Y aunque ya era más o menos consciente cuando aquello empezó al inicio de la semana previa, ahora lo era plenamente. Maya se le acercó entonces, sonriendo, mientras los adultos empezaban a hablar de sus cosas.
-¡Hola! Me llamo Maya, la hija de Aelita y Jeremy -sonrió, y le alargó la mano- ¡Encantada!
La otra le tendió la mano, y se fijó en Ariadna, JP y Hiroky, ellos se conocían desde muy pequeños, ella en cambio apenas conocía a los padres, por las historias de su madre, menos aún a sus hijos.
-Encantada también… -suspiró algo- Mirad, se me dan mal los críos, no me andéis jodiendo, ¿eh?
-No seas así, ¿Vikani, verdad? -Ariadna la tomó del brazo-, venga, vamos a salir a airearnos, estoy aburrida de salvar el mundo, ¿vosotros?
Y con esas salieron ellos también de allí, sólo quedando Jeremy allí para cuando volviera Herb con ellos, esperaban que no tardara demasiado, pero en especial, que no fuera capturado por el enemigo. Estaba tecleando afanosamente, mientras se preguntaba qué podría hacer para vencer a ese nuevo enemigo que tenía delante, cuando a su lado apareció Laura, cruzada de brazos.
-Pensaba que te habrías ido con los demás… -reconoció- ¿Me ayudas?
Ella le sonrió un poco.
-Me encantaría.
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Siendo un pueblo pequeño, no había demasiado que poder comprar, ni tampoco lugares. La comida era más creíble, pero ropa para doce adultos y cuatro adolescentes sí que podía ser realmente cantoso y fuera de lugar en un sitio así. Bastaría con comprar dos o tres pares de camisas por cabeza, pantalones, y ropa interior, aunque fueran básicos y sin demasiada cosa. Por supuesto compartirían gastos para que no fuera demasiado para sólo uno, y mientras dos parejas se encargaban de eso, los demás se dedicaron a poner a punto aquella casa.
Era, efectivamente, una casa de campo de una sola planta en medio de un campo cultivado, con una serie de camas, chimenea y una zona de aseos a la derecha, sin demasiados lujos pero para poder vivir en ella. Según Aria, era muy común que por aquellos sitios se construyeran lugares así, donde podían estar varios de los agricultores durmiendo sin necesidad de ir más lejos, así podían ir y descansar allí y no tener que volver hasta el pueblo. Y por supuesto también era útil para los ganaderos, que las usaban con la misma asiduidad que sus compañeros.
Entraron a la casa tras recorrer los caminos, durante más o menos media hora, intentando en todo momento recordar la ruta. Era sencillo, sobre todo una línea recta sin apenas campos en torno a ellos, así que era una ruta sencilla y segura hasta que llegaban a las puertas de la finca, desde donde se podía ver el edificio. Estaba, efectivamente, rodeada de tierras labradas, con un lindo y serpenteante camino delineado por rocas a los lados, y que desembocaba en el portal del edificio.
-Es una linda casa -comentó Odd, sonriendo-, les pasaré la ubicación a los otros, para que puedan venir cuando terminen, suerte que pudimos alquilar un coche además de usar el tuyo…
Aria sonrió un poco, Aelita y Ulrich se encargarían de la comida, mientras Sissi y Yumi lo harían de la ropa. Les habían dado tallas de todo, y se encargarían de adquirir artículos de batalla. Por supuesto todo en metálico, les habían advertido los otros, nada de sacar dinero desde tarjetas, porque eso haría saltar las alarmas de Cartago. Y si les rastreaban de nada habría valido aquello. Por eso tendrían que ir con especial cuidado, y puede que cambiar o hacer trucos con el dinero para poder hacer sus gastos, pues según pensaba en la estrategia a seguir, más problemas veían. Así que trabajarían en poder usar las bancas digitales sin dejar huellas de alguna manera, mientras seguían siendo desconocidos para el enemigo.
Según los de Nevada, ellos debían estar ahora buscando de dónde venían y quienes eran, pero tardarían varias horas en saberlo, Y mientras podrían hacer sus primeros movimientos, pero, por ahora, se limitarían a preparar del todo aquella casa. Porque si bien estaba bastante bien cuidada, se notaba que no era un sitio donde se habitara de forma constante o en largos plazos. Sin embargo, con tantas manos par ayudar seguro que tardarían poco, para así, cuando los demás volvieran, tendrían un lugar acogedor al que acudir.
En las carreteras del pueblo, Ulrich conducía el coche de Aria, con Aelita de copiloto, con las otras dos mujeres en un coche justo atrás de ellos. Lo único que rompía el silencio era la radio, con música de una fuente local y que ponía canciones de forma constante. Al menos no había ese silencio bastante incómodo como antes pasaba, sólo se interrumpía algo la música la voz del GPS que les guiaba hasta el centro comercial más cercano.
-¿En qué piensas, Lita?
Sabía de sobra que ella necesitaba expresarse, pero que no lo haría salvo que la apretaran un poco, y aquel era el momento y lugar idóneo.
-Salvaré a mi madre y acabaré con Cartago -murmuró-, y si para eso debo acabar con esa IA, lo haré sin dudarlo… no pienso perdonarles lo que le hicieron…
Ulrich asintió, apagando la radio y suspirando suavemente.
-Estoy de acuerdo, pero necesitamos de un buen plan -comentó-, debemos pensarlo muy fríamente, no podemos fallar una segunda vez o nos comerán vivos.
-Lo sé, pero no tengo miedo -reconoció ella, mirándose al espejo interno-, ¿debería?
Ulrich sonrió de medio lado, dando suaves golpes en el volante con los dedos.
-Es normal estar nervioso o tener miedo, pero más importante es controlarlo para no cometer fallos -miró por el retrovisor, asegurándose que las otras seguían detrás-, pero si lo prefieres podemos relajarnos ahora en las compras, veo a Sissi muy dispuesta a arrasar con las tiendas de ropa…
Era precisamente ella la que conducía, mientras Yumi sonreía un poco por lo que su amiga decía. Tenía claro lo que querían comprar, pasarían por varias tiendas para no llamar la atención, pero en esos momentos no hablaban de eso. Y lo habían charlado antes, así que no era necesario, había otro tema más importante.
-Vikani está preciosa, me recuerda a la madre con su edad -comentó, sonriendo algo, Sissi-, William debe estar orgulloso…
-Creo que ha flipado, la verdad -añadió Yumi-, a ver, él sabía que tenía una hija, ha ayudado mucho a Aria con eso, pero vamos, no se la esperaba así tan de golpe.
-¿Nunca han querido que la conozca, o qué pasa?
-Creo, sin saber demasiado del asunto porque es cosa de ellos, que es la propia chica la que se ha negado -respondió Yumi-, la entiendo, en cierta medida, al final se ha criado sin padre, entre que descubre lo que hay, lo logra asimilar y demás… en fin.
Sissi asintió, despacio, y sonrió suavemente.
-Vi a tu Hiroky muy a gusto con ella, igual os hacéis familia, ¿te imaginas?
La otra puso mala cara.
-Calla, que no quiero pensar en eso aún -murmuró-, y con Ariadna tampoco, no quiero pensar en ello…
-Son adolescentes, es normal que se vayan fijando en otras personas -esa vez, la otra puso cara más seria-, me he fijado en Jean Pierre y Maya, se han acercado bastante, la verdad.
La otra asintió, ahora que lo pensaba era verdad.
-¿Qué harás sobre eso?
-Nada, les dejaré ser adolescentes, yo al menos -Sissi sonrió-, igual que lo fuimos nosotros, ¿no crees que es lo mejor?
-Mientras no tengan la relación de mierda que tuvimos nosotros, bien…
-Inclúyeme a mí, que me puse muy pesada con tu marido.
Yumi, sin embargo negó.
-No hiciste nada que no hubiera hecho yo -reconoció-, debimos movernos mucho antes, pero éramos demasiado niños… creo que la nueva generación es mejor que la anterior, al menos en eso.
Sissi entonces se limitó a mover suavemente el volante, siguiendo a Ulrich en todo momento, y que empezó a meterse dentro de aquella zona más industrial y donde había muchas tiendas.
-Bien, pues hora de ponerse en marcha con la misión… -Sissi suspiró pesadamente- Tengo miedo, la verdad, no sé qué esperar…
-Lo raro sería no tenerlo -comentó Yumi-, ¿estresada?
-No te haces a la idea -respondió la otra-, si aún no tiemblo es por la adrenalina del combate, ¿te importaría conducir a la vuelta?
Yumi negó despacio.
-No será problema -tomó la mano de la otra-, también tuve miedo al inicio, pero de verdad creo que podremos con esto… si necesitas algo estamos ahí, ¿vale, guapa?
La aludida sonrió un poco, agradecida.
-Habéis sido muy buenos conmigo -suspiró-, no lo merecía, igual que con Herb, y al inicio con Nicolás…
-Al menos disteis el cambio, eso hablaba bien de vosotros -sonrió Yumi-, diría que es por aquí, Ulrich ha puesto los intermitentes…
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Jeremy y Laura estuvieron ese rato trabajando desde el súper ordenador de la nave abandonada. A las mismas conclusiones que los demás habían llegado por su cuenta, y a varias más, entre otras, las señales móviles de los teléfonos de todos debían ser igualmente distorsionadas, los perfiles de las redes sociales tenían que tener la actividad habitual, y Aelita tenía que seguir con sus directos para que nadie pensara nada raro. En ello trabajaban cuando vieron que Herb finalmente llegaba hasta allí con su Navskid, pidiendo entrada al mundo digital. Supieron que era él gracias a la identificación del aparato, que reconocieron como uno de los suyos, por ello le dejaron entrar sin más particularidades, deseando volver a ver al otro.
-Espero que no hayas sido seguido, Herb -comentó, divertido, Jeremy-, tenía ganas de volver a verte, la verdad.
-Que yo sepa no me han seguido, pero no estoy del todo seguro -reconoció el aludido-. Vengo con Saru, no os vais a creer lo que pasó en Lyoko.
-¿Te ha hablado el gato o qué?
-¿Cómo lo has sabido, Laura?
Los otros dos se miraron con cierta sorpresa, pero ahora que lo pensaban, su mundo era algo raro así que… el súper ordenador era capaz de cosas realmente sorprendentes, puede que aquello fuera una de esas cosas que podía hacer pero que jamás habían siquiera imaginado. Además, la llegada del otro les daría el suficiente aire para poder trabajar mejor juntos.
Apenas un minuto más tarde le dieron permisos para poder acoplar su nave al Skid II, y desvirtualizaron tanto al hombre como al gato, y que salió corriendo en cuanto tuvo la oportunidad. Poco después estuvieron todos reunidos, y tras un afectuoso abrazo, se pusieron a trabajar todos juntos, como habitualmente habían hecho a lo largo de la última semana.
-Estamos ya ultimando la seguridad interna para que podamos hacer vida más o menos normal sin ser pillados -le explicaba Laura-, en cuanto acabemos hablaremos con Belona y Marte para sacar adelante un nuevo plan de ataque, creemos Abi, Yao y yo que Cartago no atacará salvo que los mandos lo ordenen.
-Y es evidente que lo harán, hemos ido a por ellos, ¿recordáis? -dijo Herb-, yo lo haría, al menos.
-Sí, pero ellos son militares -terció Jeremy-, su mentalidad es diferente a la nuestra. ¿Os conté cuando vinieron a por mi los hombres de negro?
Los otros dos se miraron con cierta sorpresa.
-Fue durante el año siguiente a la materialización de Aelita, tras recuperar ella sus recuerdos gracias a su padre, Waldo Schaeffer, y antes de que William se nos uniera y acabara poseído por Xana junto a… en fin, me estuvieron interrogando por usar uranio en una ocasión, cuando las baterías del súper ordenador estuvieron a punto de agotarse.
-¿Xana hizo algo para impedirlo? Eso le costaría la muerte en realidad…
-Claro, de hecho, precisamente fue por Xana, que usó a un antiguo líder criminal, que pudimos solucionar aquello -explicó el otro-, imagino que dejó un rastro hacia mí y por eso me pillaron, y eso que lo hice de tal forma que no pasara nada, pero siempre fue un par de pasos por delante -dejó de teclear unos instantes-, luego ese mismo tipo, Peter Duncan, nos dio problemas, pero nada que no solucionáramos fácilmente.
-Joder, lo que una se ha perdido… -entonces le miró con diversión- ¿No jodas con que erais ellos?
-Así es -Jeremy sonrió con cierta diversión-, fue una temporada curiosa, la verdad, al principio lo pasamos mal, pero lo hicimos francamente bien.
Herb, con Saru en brazos, asentía despacio, algo sorprendido por ello.
-Ahora que lo pienso tiene sentido… -miró a los otros dos- Podríamos usar esos mismos medios para atacar a través de dos frentes, no sólo en el mundo digital, también en el real, ¿no creéis?
-Me parece una genial idea -apuntó Jeremy-, Laura, si tienes un portátil a mano podremos acelerar el proceso -miró a Herb-, ¿vas a poder trabajar ahora?
-Claro, ¿verdad, Saru?
El animal maulló algo y se pasó la lengua por los labios, mirando atento a los otros dos humanos. Tras acomodarse comenzaron a trabajar, sin intención de volver hasta la noche, había mucho en lo que pensar y programar.
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En Nevada la actividad era frenética, no podían creerse lo sucedido. Habían intentado ponerse en contacto con el grupo de Laura pero sin éxito alguno, y las alarmas volvieron a saltar al ver las imágenes de la fábrica abandonada derrumbarse como un castillo de naipes por las bombas, asumiendo que habían sido los mismos terroristas que atacaron. Evidentemente la seguridad francesa y europea se puso a trabajar en cuanto tuvieron noticia, dado que nadie había pedido permiso de nada y se sabía, por fuentes no oficiales y secretas pero altamente creíbles, que aquello había sido hecho exprofeso para coincidir con lo que acababa de pasar. La pregunta era, ¿quién? Y en especial, ¿por qué? Cartago tenía respuesta a la primera, pero no a la segunda, aunque no informaría de nada a menos que preguntaran abiertamente por el asunto.
La IA se había dedicado a revisar los alrededores de su mundo virtual, sabiendo a dónde habían ido ellos gracias a la anterior ocasión en la que habían atacado, de la que había aprendido bastante. Por eso se había podido preparar tan bien, sin embargo, a partir de ahí sólo podía elucubrar qué harían a través de lo que sabía de los humanos, y de lo que había aprendido en ese tiempo. En todo caso, ya estaba trabajando en poner en marcha programas de predicción de conducta, y tenía ya puestas las balizas de detención de sus enemigos… y sin embargo, no quería tampoco pillarles demasiado rápido. Algo en sus códigos se lo impedía por alguna razón.
Estaba en su mundo virtual, descansando sobre la plataforma en la que ya estaba casi a punto el submarino digital que usarían. O se suponía eso, pues en un inicio iba a ser usado por Laura, Abigail y Yao, y sin embargo, estaban con los atacantes de las hora previas. Y aquella mujer, Aelita, había jurado salvarla y la había llamado madre. Era algo confuso pero no le sonaba mal el concepto, pero no sabía si debía seguir por aquel camino tan intrincado. Tenía una misión que cumplir y no se iba a perder por las ramas de un árbol cuya ruta estaba fijada desde hacía tiempo.
Por eso el programa se limitó a potenciar las defensas internas de su mundo, mientras en tierra los humanos estaban de reunión. Varios militares de alto rango de la base se habían amontonado en la misma salita donde Laura y los demás se habían, una semana antes, asegurado que podrían encontrar a aquel grupo terrorista que ahora les había atacado de forma bastante más directa. Tenían claro, además, que era gente peligrosa y dispuesta a todo, a juzgar por lo sucedido.
No sabían totalmente si lo de la fábrica del Sena estaba relacionado, pero, de ser así, podría ser un punto importante del que empezar. Pero necesitaban antes entrar en contacto con Laura y su grupo, y por ahora era absolutamente imposible, no habían sido capaces. Puede que ni supieran qué había pasado, o peor, que estuvieron involucrados en aquella explosión. Y es que habían localizado con bastante precisión el lugar del que venían, pero ese grupo era el encargado de localizarles en tierra, y si aquel lugar era precisamente aquella fábrica… podría suponer más conflicto del planteado en un inicio.
-Si efectivamente nuestra fuente es correcta, allí estuvo trabajando uno de los organizadores originales de nuestro proyecto -el que hablaba era el teniente Connor, con cara de malas pulgas-, Waldo Schaeffer desertó al final de los ochenta, y estuvo bajo vigilancia y control durante los siguientes años junto a su esposa, Anthea Hopper, hasta que… bueno, tuvimos una serie de problemas y necesitamos de los conocimientos de ella para sacar adelante el Proyecto Cartago.
Era escuchado en todo momento por altos cargos de la administración estadounidenses, así como líderes chinos y europeos, que ya sabían en buena medida esa historia. Entre los presentes, el director Lowell Tyron. Este gruñó y le exigió, con un gesto, que acelerara un poco.
-Nos sabemos la historia, ¿habéis encontrado o contactado con nuestros peones?
-Estamos… en ello, Director -respondió Connor-, el último contacto fue cuando llegaron, puede que ahora estén descansando, o que hayan participado en los eventos de la fábrica.
Fue entonces que uno de los europeos intervino. Se trataba de una mujer, de pelo claro y ojos pardos, tenía un traje de chaqueta negro con una camisa blanca por debajo, bien maquillada, parecía una representante más que otra cosa. En un fluido inglés, empezó a hablar.
-El grupo liderado por la señorita Gauthier llegó a destino en el vuelo con número Alfa Tango 1698-B a la hora prevista, pero no llegaron a ponerse en contacto con nosotros en ningún momento -explicó-, observando las señales de las cámaras de seguridad, hemos comprobado que llegaron y se juntaron con unos locales que hemos identificado como Odd dela Robbia y William Dumbar, el primero es el técnico de un centro escolar privado, y el segundo forma parte de la gendarmería de París.
Lowell escuchaba aquello con cierto interés. Aquellos tipos… en todo caso, tenía algo que decir al respecto.
-¿Y habéis podido determinar a dónde han ido?
-Hemos solicitado la información de las cámaras de seguridad de la ciudad, señor -afirmó la mujer-, en unas horas podremos localizar su ruta completa.
El mayor asintió, satisfecho.
-Perfecto, ¿habéis logrado descubrir quien protegía aquel edificio?
-Me… temo que no, señor.
Y es que si la inteligencia europea no había intervenido en aquello ni metido mano hasta el final para evitar aquello, era porque alguien lo estaba protegiendo. Alguien dentro de la administración, por supuesto, y que desde las sombras había evitado que nadie hiciera algo o descubriera los secretos de Waldo. El quién era un misterio, pero nada que no pudieran descubrir si se esforzaban en ello. Y tenían bastantes recursos.
-Bien, contadme las novedades que haya, las quiero de inmediato -comentó el anciano-, no vamos a perder nuestra privilegiada posición por una panda de idealistas y pacifistas sin cojones…
-Desde China estamos de acuerdo con usted -intervino el asiático-, hemos invertido muchos millones en este asunto, y no vamos a ceder en ello.
Tyron, asintiendo suavemente, se levantó de la mesa con parsimonia, ayudado por su asistenta, y se dirigió hacia la salida de la sala. En años no había pasado nada, y ahora en una semana habían tenido dos ataques muy seguidos y provenientes del mismo grupo… lo primero era saber cómo sabían de ellos.
Pero, como no sabía si fiarse de aquellos militares, a los que casi ni conocía, tenía él un equipo especial para ello. Estaban ya en ello también, esperaba tener respuestas pronto, y por el bien del Proyecto Cartago, era mejor que fueran coherentes ambas informaciones. Ya tuvieron que hacer limpieza precisamente durante la traición de Waldo y Anthea, y no deseaba hacerlo de nuevo. Las implicaciones de esa última ocasión, aunque salvaron el programa, tuvieron un coste demasiado elevado.
-¿Irá a dormir ahora, señor?
La que habló fue su ayudante, Aylen Scott. Una joven de tez blanca como la leche, pelo bien recogido de color cobrizo y ojos verdosos. Era una joven brillante y prometedora, había sido en cierta medida su mano derecha desde hacía varios años, desde los veintipicos hasta ahora que pasaba de los treinta. Siempre se había preocupado por él y estuvo a su vera, incluido ahora, que eran horas bajas para el otro.
-Sí, estoy cansado, Aylen -reconoció entonces, serio-, vamos a tener que movernos pronto… quiero que vayas a esta misión, ¿vale?
Ella asintió, se lo esperaba.
-¿Iremos el grupo de asalto, señor?
-Por supuesto -comentó, entonces-, hemos mejorado profundamente esa tecnología, para trasportaros no sólo a través del mar de información con el submarino digital…
Aylen le sonrió un poco, y afirmó con la cabeza.
-Pronto podremos usar los podres digitales en tierra también, será para mi un honor ser la conejillo de indias para ello.
Lowell asintió, y sonriendo, avanzó por el pasillo. Se conocía bien esas instalaciones, pero aún así avanzó despacio, no podía ir demasiado deprisa por su avanzada edad, pero se negaba a ir en silla de ruedas a ningún lado, su ego se lo impedía. Aylen le acompañó hasta la zona en la que vivía, allí sería atendido por su equipo privado de cuidados, así que cuando se los entregó, su rostro dulce cambió a uno algo más serio.
-Tengo que hablar con ellos…
Se giró sobre sí misma, y enfiló el pasillo de la base dirección a una zona más privada donde sabía que nadie podría vigilarla o espiarla de ninguna manera. Sacó su móvil, programado de tal manera que no pudieran pincharla, y comenzó a moverse a través de su interfaz con rapidez, así que, cuando llegó a su contacto, esperó a estar en un sitio más adecuado.
Cuando llegó a una zona más cercana a la superficie, en una zona de garaje, la mujer procedió a llamar. Se apoyó en uno de los vehículos, cerca de una ventana que llegaba al exterior, y esperó un par de tonos hasta que respondió.
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En Escocia, el grupo se había dedicado a limpiar la casa y a preparar las cosas, para cuando terminaron era cerca de la hora de la comida local. Estuvieron trabajando y dejando las cosas listas para poder trabajar mejor y con más eficiencia de ahí en adelante, era algo importante pues, de otra forma, no podrían darlo todo como pretendían hacer, si es que querían sacar aquello adelante.
Laura, en todas esas horas, estuvo con Jeremy y Herb preparando los programas, a media mañana se les habían unido Belona y Marte para poder poner en marcha el plan de contraataque, en esas horas habían logrado más o menos planificar qué es lo que harían en esa segunda ocasión. Estaban pensando en ello, cuando Laura sintió que su móvil vibrara, así que se alejó un poco de los demás para poder responder.
Había tenido varias llamadas de los de Cartago, a los que en ningún momento quiso responder, y entendí que era la enésima vez que intentaban contactar con ella – igual que a Abigail y Yao – pero, al ver quien era, descolgó.
-Hola -respondió-, ¿qué tal, Aylen?
Oyó un suave suspiro venir del otro lado.
-Es difícil, ya sabes, ¿han intentado contactar con vosotros?
-Yo llevo diez llamadas perdidas, el resto imagino que también -murmuró Laura-, pero no podemos ponernos en contacto, no ahora.
-¿En qué andas, Gauthier? -preguntó, directamente, la otra- No es propio de ti desaparecer de esta manera, y menos ser tan irresponsable.
-Tengo cosas que hacer, estamos haciendo algo importante, Aylen -le espetó-, mira, confía en mí, ¿vale? Jamás os he fallado.
Al otro lado del teléfono, la mujer se acarició el puente de la nariz, algo molesta. Sin embargo, serenó su temperamento.
-Lo sé, pero los ánimos aquí están muy caldeados -le replicó-, piensan que nos habéis traicionado, o que estáis muertos o secuestrados… y empiezo a pensar eso mismo.
Laura frunció suavemente el ceño.
-Y si lo somos, ¿qué haríais? -le espetó- Ya está hecho lo que debíamos hacer, y si tenemos que ser enemigas…
-No quiero ser tu enemiga.
Laura frunció suavemente el labio ante esa confesión. Sin embargo, estaban en posiciones y con intereses contrarios, totalmente antagonistas en aquello que estaba pasando. Y sin embargo, ellas dos eran bastante amigas desde que se conocieron. Es verdad que era más cercana a Abigail y Yao, pero con ella la relación era bastante especial igualmente. Suspirando, se rascó algo la nuca.
-Ni yo la tuya… pero no te puedo contar demasiado, por seguridad -explicó ella-, no es personal, de verdad, pero es así.
Aylen chasqueó la lengua un poco, aunque se lo esperaba, no quería admitirlo. Decidió hacer su movimiento.
-Sea lo que sea, no hagas ningún disparate -le pidió-, porque no te viene bien liarla, ya sabes…
Laura gruñó.
-Sí, lo sé, pero eso también te afectaría a ti.
Aylen suspiró un poco, a su lado asintió suavemente, era en cierta medida verdad.
-Gracias por escucharme al menos…
Y procedió a colgar. Tenía claro que, o actuaba ahora, o podría meterse en un problema. Tanto ella como los demás, y no deseaba eso en absoluto. Por eso, decidió seguir moviéndose, y sabía con quién podía contar con ello. Si quería controlar aquello era necesario. Por su parte, Laura suspiró y guardó su móvil de nuevo en el pantalón, y procedió a volver con los otros dos, que ya estaban recogiendo sus cosas para volver con los demás, dejando al súper ordenador trabajar en los cálculos, así como a las dos IA's. Para la tarde deberían haber terminado, se dijo.
-¿Nos vamos? -preguntó Jeremy, sonriendo- A la tarde volveremos, tras la comida.
Laura asintió, despacio.
-Sí, mejor…
-¿Quién era? -Herb, como siempre, iba con Saru en brazo- Parecías algo nerviosa…
-Me llevan llamado desde Cartago todo este rato, la verdad -comentó ella-, pero ella es… bueno, una compañera cercana que andaba preocupada, pero no nos he vendido ni nada, tranquilos.
Jeremy esbozó una suave sonrisa, y abrió la puerta de la nave en la que estaban. El Sol les dio de lleno en el rostro, cegándoles un poco al principio, pero no duró demasiado aquello, limitándose a acercarse hasta el caminito que unía aquella zona con el resto. Habían quedado con Aria en breve para ir hasta la casa de campo de la escocesa, y que debía llegar en breve con su coche tras los demás hacer la compra.
Escucharon llegar un coche desde la zona de bosque, y sonrieron al ver el coche de la mujer, conducía Vikani en lugar de la adulta, que no estaba allí. Debía estar liada, así que mandó a la menor a por ellos, que se reunió con los otro adultos en la explanada de la nave, que se subieron al vehículo y partieron dirección a la casa de campo. Aquello estaba lejos de terminar, pero vencerían a Cartago, lo tenían claro.
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Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Este fanfic está conectado con Aelita's Nature, y que se encuentra en el pasado de la línea temporal de este. Habrá referencias en ambos de eventos del otro.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
