Nueva Generación: Proyecto Cartago

Capítulo 14

Una vez que el grupo se asentó en la casa de campo de Aria, y tras recibir las muchas compras de Ulrich, Aelita, Sissi y Yumi, se dedicaron a terminar de colocar y dejar todo listo para hacer de aquel lugar un entorno habitable. Mientras, Jermy, Laura y Herb se dedicaron a preparar las protecciones para móviles, ordenadores y el posicionamiento satélite en general para todos ellos, incluido por supuesto datos bancarios – que encriptaron – y datos personales de todo tipo. A todos los efectos, habían desaparecido del mapa, reaparecerían en cuanto fuera seguro, pero sabían de sobra que, de Cartago desearlo, era probable que pudiera dar con ellos a través de satélites. Le sería complicado, en todo caso, y si iba a por sus datos privados tardaría también una temporada, pero en cuanto tuvieran a uno, tendrían a los demás.

En ese sentido lo mejor hubiera sido dividirse, pero no podían darse ese lujo. Sólo tenían esa antigua Réplika de Xana, y por estar Aria más cerca de la sede física que otra cosa; había muchas más por el mundo, pero ninguna más en esa zona de islas. La siguiente más cercana estaba en la costa mediterránea, donde había varias, pero allí no tenían nadie en quien confiar para poder recuperar esos súper ordenadores y hacerlos operativos. Por ello esa era su única base posible, otro dato que era posible usar en su contra, pero esperaban poder mitigar lo bastante sus puntos débiles y potenciar los fuertes todo lo posible.

En aquellos momentos estaban cenando, habían hecho sándwiches para todos con jamón y queso, nada demasiado espectacular, pero daba energía al cuerpo, que era lo importante. Comían entre murmullos, con la tele de fondo, más pendientes a la charla que a lo que decía la presentadora. Hasta Saru, en un lateral, estaba más centrado en maullar para llamar la atención de todo el mundo y que le dieran un trozo, más que a otra cosa. Eventualmente Herb le dio un par de toques con los dedos en el lateral del cuerpo, más a modo de atención, haciendo que el animal se fuera a tumbar a un cercano sofá. Vikani observó los movimientos del animal, mientras terminaba de masticar el último trozo de su cena, poniendo una suave sonrisa.

-¿Dices que te habló el gato en Lyoko?

-Sí, me sorprendió tanto como a vosotros, la verdad -comentó el aludido, mientras se echaba atrás-. Puede ser un interesante aliado…

-¿Veis como no era tan mala idea haber metido a Kiwi? -intervino Odd, con los ojos algo encendidos- ¡Hubiera sido genial!

-Tu perro era… demasiado miedoso -intervino Jeremy, divertido-. Además, nunca te hubiera obedecido, no lo hacía en tierra, menos aún en Lyoko.

El aludido puso mala cara, pero no llegó a decir nada, mientras seguía comiendo con ganas. Además, Jeremy tenía razón, por otro lado, y no sabía si quería poner en riesgo a su perrito, que era capaz de lanzarse al mar digital a la primera de cambio.

-¿Cuál es el plan para mañana? -preguntó Laura, seria- Tenemos que tener claro qué hacer y cómo…

Sería Aelita la que respondiera.

-Entrenar, nos ganaron por falta de poder y buenas tácticas, tenemos que ser más fuertes o no lo lograremos -saltó-. A primera hora nos pondremos a hacer deporte, niños, olvidaos de estudiar durante este tiempo.

Los otros se limitaron a mirarse con cierta sorpresa por aquello, era de la última de la que se esperarían esa declaración. Por otro lado, había dejado bien claro su deseo de derrotar a Cartago, y si eso pasaba por hacerse más fuertes… igual estaba dispuesta a renunciar a ciertas cosas.

-Creo que ha vuelto Sargento Stones -comentó con diversión Yumi-, bastante peor que Belpois, por otro lado.

-Nos estuvo entrenando Jeremy durante varios días porque, según él, tardábamos demasiado en llegar a la fábrica -intervino Ulrich, al ver la cara de sorpresa de los demás-. Para hacerlo corto, se pasaba un huevo… hasta que fue sustituido por Aelita, ahí fue donde supimos el genio que ella tiene.

La aludida se hizo la digna, entonces.

-Nos pesaba el culo a todos, era un hecho -se defendió-, Jeremy acabó yendo con Jim durante semanas, pero yo me puse a entrenar por mi cuenta, y los demás se fueron uniendo… no es mi culpa que fueran unos flojos.

-Guapa, que nos ponías a hacer dominadas sin haber calentado antes -le recordó Yumi-. Según tú esa era la mejor forma, y sabes que no.

Los adolescentes se miraron con cierto temor, así como el resto de adultos. Ninguno, salvo los agentes de la Ley, estaban en buena condición física. Ni siquiera Aelita, no sabían cómo iba a hacer o cual era el horario al respecto.

-Esta vez contaré con gente que me ayude, claro -comentó esta-. No seré tan dura… al inicio -puso pose seria entonces-. Pero pienso que tenemos que fortalecernos, y eso pasa por tener un mejor físico, y aprender a usar mejor los poderes y los navskid.

-Eso, dando por hecho que podremos superar a esos delfines, ¿no?

A esa pregunta de Abigail, la otra asintió.

-Lo haremos, no hay otra -suspiró algo-, me iré a la cama pronto, quiero estar descansada, vamos a necesitar horas de sueño durante las siguientes semanas…

-¿Cómo haremos para no ser pillados? -intervino Laura entonces- Si vamos a necesitar casi meses… ¿cómo haremos para no acabar levantando sospechas o llamando la atención?

Sabían que por muchas protecciones técnicas que hubieran hecho, estas no iban a durar para siempre o ser impenetrables. Ella era perfectamente consciente de ello, los demás informáticos también, pero, ¿qué más opción tenían?

-Yendo con pies de plomo -Jeremy se levantó entonces, plato en mano-. Somos David y estamos luchando contra Goliath, y creo que jamás se ha dicho que esto sería sencillo -se lo pensó unos segundos-. Esto no es sólo por acabar con Cartago, que es sólo un síntoma… hay que derrotar a esa IA no porque sea la turbia mezcla de Anthea y un programa, sino… porque si no lo hacemos, nos tendrán totalmente controlados.

-Ya lo estamos, en cierta medida, ¿no?

Pero a esas palabras de William, Jeremy negó suavemente, y siguió hablando.

-Esto iría a más, Cartago podría hacer y deshacer a su antojo sin más limitaciones que las direcciones de los mandos… -suspiró algo- Tendrían el poder total, Waldo Schaeffer, su promotor, lo pudo ver antes de que fuera tarde y logró retrasar el proceso… hasta ahora -miró a los demás-. Es nuestra oportunidad de dar fin a su legado…

Los demás se limitaron a asentir, mientras se iban levantando también, dispuestos a ayudar a quitar la mesa y a ponerse a lavar los cacharros. Eran tantos que no tardaron casi nada en ello, por eso, y por ponerse a poner todo lo ensuciado en el lavavajillas, que casi se tendría que poner cada día por el gran número de gente que era. Se limitaron entonces a sentarse al sofá y ver algo la tele, cansados como estaban no tenían cuerpo para charlar, por eso eventualmente se fueron metiendo en las camas. Debido a la naturaleza de la estructura, era todo un gran cuarto donde estaba a la vez la cocina, los dormitorios y la sala de juegos, sólo el baño estaba algo más apartado. Iba a ser complicado, pero mejor eso que nada, desde luego. En la base antigua de Xana, aunque bastante más espaciosa, no había nada habilitado para poder estar medianamente a gusto, no como allí, que era un lugar funcional aunque algo pequeño, suficiente para servir de base.

Se tumbó de los últimos el propio Yao, que tenía en su regazo a la mascota del grupo, mientras se estiraba suavemente en su catre. Las camas, la mayoría, eran cuatro maderas y el colchón con las sábanas y mantas enroscadas en el cuerpo del usuario, gracias a ser tantos dudaban ir a pasar frío. Puede que más adelante tuvieran que plantearse pasar las noches en el mundo virtual, al menos una parte de ellos, pues eso podría ser insostenible a largo plazo.

Los demás dormían tranquilamente, pero a él le costaba un poco conciliar el sueño. Estaba algo nervioso, sin saber demasiado la razón más allá de lo obvio, pero sabía que tenía que dormir y descansar un poco. Era algo necesario, para poder rendir apropiadamente al día siguiente, más si Aelita quería ponerles a entrenar duramente. Se acabó durmiendo a fuerza de echarle ganas al respecto, poniendo su mente en blanco y relajando su cuerpo, hasta eventualmente quedarse totalmente dormido.

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A la mañana siguiente, desde bien temprano, la actividad comenzó en la casa. Se fueron levantando primero los mayores, y al poco los adolescentes cuando comenzaron a escuchar el jaleo que montaban los adultos entre cosa y cosa. Comenzaron a desayunar en cuanto abrieron las ventanas para airear el interior, charlando animadamente entre ellos, repartiendo Aelita en ese rato la ropa deportiva para cada uno. Se dieron cuenta de que había preparado una plantilla en unos papeles con nombres de ejercicios y números a los lados, de hecho, cuando terminó con las prendas se juntó a Ulrich y William para charlar con ellos, tenía en la boca un bolígrafo en aquellos momentos, pasando de vez en cuando las hojas.

No habló hasta cerca de media hora más tarde, cuando todos terminaron de tomar unos bollos y leche o café, tenía el pelo recogido en un moño, al igual que el resto que tenía algún tipo de melena.

-Bien, comenzaremos corriendo unos minutos, y comenzaremos con sesiones de fuerza del tren superior, por aquí hay todo lo necesario para ello.

Al estar en una zona de campo había árboles a los que encaramare y rocas de todo tipo, que usarían para levantar o de las que colgarse para levantar sus propios cuerpos. Era un buen entorno, sin duda, al contrario del que tenían en aquellos momentos Milly y Tamiya, que estaban en esos momentos en su apartamento de París. Habían abandonado la Ermita, tras recuperar todos los documentos necesarios y una vez explotó la fábrica, por lo que aquel ya no era un lugar seguro.

Tenían claro que la información con la que contaban era más que suficiente para poder echar todo aquello abajo, pero seguían necesitando filtrar bastante, y sobre todo, dar la información necesaria en el momento adecuado, ni antes ni después. Como periodistas tenían eso claro, esta información se tenía que desvelar en el momento óptimo, pero la clave era saber ver cuándo llegaba dicho momento.

-Creo que la clave son los audios y las fotografías de los informes, porque todo lo que escribamos nosotras no se lo creerán si no los aportamos -decía Tamiya, con su hijo en el regazo, quería coger los papeles que ellas manejaban-. ¿Viste la lista que te hice antes?

Milly asintió. Ambas estaban en bata, con sendos cafés a su vera, teniendo los portátiles cerca para poder revisar los documentos que necesitaran.

-Está muy bien, podremos subirlo pronto al periódico web, pronto hablaré con el jefe, para que nos haga un espacio -replicó, sonriendo algo-. Nos vendrá bien hacerlo con alguien que sepa de verdad -comentó.

La otra asintió, estaba de acuerdo con ello, lo que no tenía claro era a quién en concreto. Tenían varios maestros a los que recurrir, todos antiguos periodistas de gran nivel, pero desconocían si podrían ayudarles… o si querrían. Aquello era demasiado perfecto, y reivindicativo, puede que no las creyeran.

Ya no sólo esos superiores, también el público al que se dirigirían. Era una historia difícil de creer pese a contar con tantas pruebas, lo cual era sin duda problemático. Sin embargo ellas no dudaban de que todo aquello se tenía que saber, aunque lo tuvieran que acabar firmando bajo un pseudónimo, que puede que fuera lo que tuvieran que acabar haciendo.

-Me pondré a redactar ya, he estado pensando en los primeros párrafos, así que empezaré yo -comentó Milly-, hay que adelantar trabajo, para cuando lo necesiten los demás, ¿vale?

Y así hicieron ambas, sin saber que, en la zona del aeropuerto de París, al otro lado de la zona urbana en la que vivían, descendía un nuevo avión desde Lisboa, y cuya tripulación llevaba horas de viaje desde Nevada. Entre los pasajeros del aparato viajaban dos militares de la base de Cartago, y que se hacían pasar por dos americanos que venían a la ciudad de la luz como simples turistas, pero que venían a reunirse con la inteligencia francesa.

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En cuanto hubo el estallido la prensa se dirigió hacia allí, pues era algo que no se esperaba en absoluto. A los cinco minutos se personó la policía y echó a todo el mundo, y comenzó a investigación a cargo de la intendencia, a cargo de Paul Moreau, y que tenía mala cara en aquellos momentos, café en mano, tras bajarse del coche.

-¿Sabemos si había alguien dentro?

El escenario ante él era un gran edificio totalmente derrumbado, con cascotes por todos lados y una gran polvareda aún suspendida en el aire y que hacía que cualquiera estornudara un par de veces. Se le acercaron varios agentes, aún algo nerviosos, y le saludaron con un rápido gesto.

-Estamos buscando ya con perros, señor -dijo uno de estos-, por ahora no aparece nada, no parecía habitada.

Este suspiró algo. Tenía claro que aquello tenía toda la pinta de ser un ataque que buscaba llamar la atención, porque, ¿qué sentido tenía tirar abajo una fábrica que llevaba sin usarse tanto tiempo? Algo había escuchado de un alto mando de la policía de París, que había dado la orden de no tocar este edificio y tenerlo protegido, un tal Maximilien Lambert, el jefe de la policía local de París hasta más o menos los dos mil, pero cuya orden permeó durante la siguiente década entre los siguientes directivos… hasta que el último de sus antiguos subalternos salió del cargo y comenzó a llegar sangre nueva, a partir de ahí esa protección desapareció.

-Hay que investigar bastante qué ha pasado, porque es raro de cojones -masculló-, no me huele bien todo esto… ¿habéis traído linternas y llamado a las grúas?

Los más jóvenes asintieron, y tras beberse en pocos tragos la bebida, Paul se limitó a tirar el vaso de plástico que usaba al suelo y se dirigió hacia los restos del edificio, usando una linternita para mirar entre los recovecos.

-Id apuntando y grabando mi voz -ordenó, así que rápidamente sacaron los móviles y pusieron un programa de audio, y, tras aclararse la voz, siguió-. Día 12 de Octubre de 2030, Intendente Paul Moreau, de la policía metropolitana de París, grupo 3685 Alfa Charlie Whisky, en la fábrica abandonada de Siderúrgicas Saint Demain, y que resulta destruida tras una serie de explosiones, procedemos a comenzar con la investigación.

Tras apagar la luz de la linternita, mientras hablaba se había ido fijando en lo que veía por dentro, y aunque había bastante destrucción, se dio cuenta de una zona interna que parecía en algo mejor estado. Por eso, comenzó a moverse por el perímetro del antiguo edificio, buscando zonas en mejor estado, siempre seguido por un par de ellos, y que procuraban tomar lo que el otro iba diciendo.

-El edificio parece totalmente derrumbado, quien pusiera las cargas sabía lo que hacía, a falta de poder entrar y verlo con más detenimiento, habrá que llamar a peritos técnicos -miró de reojo a uno de los agentes, que asintió, efectivamente lo habían hecho-. Por otro lado, se investigarán también los alrededores para ver qué encontramos, se hará un perímetro de dos kilómetros, yo mismo me encargaré de hacer las peticiones a los juzgados -suspiró algo-. No parece, por ahora y en este lado izquierdo, que haya nada que permita poder entrar o salir de la zona de derrumbe… diría que no querían que se pudiera hacer, no sin maquinaria.

Siguieron andando, observando los cascotes con cierto interés, y revisando de vez en cuando por el interior con las suaves luces, comprobando que si bien en el interior estaba todo derrumbado, parecía que la parte inferior estaba más o menos practicable de algún modo… hasta que se fijó en una zona del suelo, cercano a un elevador. ¿Para qué un elevador, si sólo había una planta inferior y seguramente con escaleras? Vale, era una antigua fábrica, necesitarían cargar con palés, pero ya había rampas y similares. Su ceño se frunció más al notar una muy tenue luz emanar de una zona concreta.

-Sigamos, quiero recorrer todo el perímetro, hay que acabar cuanto antes -comentó, serio-, hay cosas que me gustaría preguntar.

Siguió añadiendo notas de voz, sobre aquello que le llamaba más la atención, aunque a ojos civiles el derrumbe parecía bastante homogéneo y sin demasiado interés más allá de los secretos que pudiera esconder por dentro. Sin embargo él veía cosas, o mejor dicho, notaba que faltaban cosas, como un motivo para hacerlo, documentación para poder hacerlo, algún contrato de compra del material… todo eso normalmente se iba sacando según investigaban, siempre pedían esos datos para facilitar la vida a los que vinieran más adelante, pero en ese caso… todo eso estaba bastante seguro de que iba a faltar. No tenía pruebas de ello, pero en su mente era ya casi una realidad. Otro resultado era impensable para él en ese sentido.

Una vez dio la vuelta al edificio, y rondando en esa ocasión el lado derecho, una suave sonrisa apareció en su rostro al notar una zona ligeramente más despejada. Los novatos que iban con él se miraron con cierto nerviosismo, sabiendo por dónde iría el superior en esos momentos, que volvió a sacar la linterna, se la colocó en la boca tras encenderla, y empezó a murmurar. Al notar las caras de los otros dos, suspiró y se retiró el objeto.

-Voy a penetrar al interior, creo que este edificio tiene más secretos de los que aparenta.

-Pero sin orden judicial…

Antes de que la agente terminara, Paul ya se estaba internando entre los cascotes.

-¡La tengo en el coche! -respondió- ¡No os quedéis ahí parados y venid conmigo, chavales, que así es como se aprende el oficio!

Se miraron, y fue entonces que se decidieron a seguirle. Aprender de un tío que llevaba veinte años en el cuerpo era un honor, al menos para ellos, así que se arremangaron y encendieron sus linternas, introduciéndose entre los escombros. Paul se colaba por los huecos con la facilidad de un gato, parecía hecho de goma, pero en un momento dado, a los pocos metros de colarse, se detuvo y lanzó el haz de luz a un punto del suelo.

-¿Soy yo, o eso es una trampilla?

-Es verdad… -comentó el chico- Va a seguirla, ¿verdad, intendente?

Este sonrió suavemente.

-Vas pillando la dinámica -volvió a una facción seria-. ¿Cómo os llamáis?

-Marien y Gerard, señor -respondió la chica.

-Bien, pues vamos a meternos en el fondo de todo esto, que uno de vosotros vaya a avisar a los demás de dónde estamos, los demás esperaremos aquí.

Fue él el que salió. Ninguno de los dos pasaba de los treinta, aunque estaban cerca. Eran los típicos franceses de su edad, de ojos pardos y pelo rubio para ella y negro para él, de pieles claras y cuerpos delgados, altos y con muchas ganas de aprender. Iban a tener una case magistral con él, un tipo que ya comenzaba a peinar canas, de ojos castaños, algo de barba pero con el cuerpo fibroso, estaba en los inicios de los cincuenta pero aún con ganas de dar guerra. Y disfrutaba precisamente de la investigación, por eso esperó impaciente a que Gerard volviera, metiéndose directo bajo la tapa cuando le escuchó llegar. La escalera de mano les llevó hasta una planta inferior, y que estaba en bastante mejor estado que la que acababan de abandonar, así que Paul sacó un cigarrillo de su cajetilla, y le tendió uno a cada uno de sus compañeros, que sólo Marien aceptó.

-Eres un chaval sano, sigue así -al ver su cara, se rio-, no, esto no contaminará la escena del crimen porque esta ya está lo bastante destrozada, además, no estamos aquí por un homicidio.

-Por ahora, al menos… -comentó el chico, llevando la luz hacia los lados- No me gusta todo esto, parece… demasiado perfecto, como hecho adrede.

-Yo también lo pienso, Gerard -reconoció Paul, dando una calada-, vamos en esa dirección, antes vi luces por allí, y me llamó la atención.

Los más jóvenes se miraron con interés, y siguieron a su superior, que movía la luz de lado a lado para poder ver bien qué pisaba. Según avanzaban, efectivamente aquella zona estaba mejor que la zona superior, pero había alguna que otra zona donde parecía haber algún que otro escombro, pero nada que no se pudiera superar fácilmente. Pudieron recorrer varias decenas de metros hasta llegar al hueco del mismo ascensor que había visto antes, Paul sonrió suavemente.

-Ayudadme a abrir estas puertas, vosotros que sois jóvenes y…

-¿No sería mejor usar esas escaleras de por allí?

El policía giró el cuello y llevó su haz de luz en la dirección donde decía Marien, parecía bastante mejor idea. Se acercaron a la misma, y se encontraron con dos opciones: ir hacia arriba, o hacia abajo, y es que la parte superior parecía libre en aquel punto. Puede que se tratara del mismo lugar del que venía las luces que vio minutos antes, así que se decidió a ir hacia abajo. Por la altura creía estar en una planta intermedia, no un piso como tal, así que comenzó a bajar las escaleras de mano, linterna en boca, y cuando se dio la vuelta tras descender finalmente, se giró, y lo que la luz le mostró le quitó el habla.

-¿Sucede algo, jefe? -preguntó Marien, que aún no había bajado-. Parece demasiado callado…

-Hay un ordenador aquí -comentó, serio-. Al menos la pantalla y el teclado.

Los otros dos descendieron entonces, no creyéndose aquello, pero no pudieron bajar demasiado, ya que el mayor comenzó a dar órdenes.

-¡Llamad a los técnicos, que se olviden de los escombros de arriba y que vengan aquí para ayer, vamos!

Mientras los agentes obedecían el otro se dedicó a grabar con su móvil lo que veía, y mientras se acercaba hacia el aparato, notó que aún desprendía calor cuando acarició la pantalla… es decir, había sido usada hasta hace poco, o puede que incluso siguiera encendido, pero con la pantalla sin funcionar. Lo mismo con el teclado, pero, ¿dónde estaba el ordenador como tal?

Mientras iba hablando notó que las mismas escaleras, tras rodear el gran aparato, seguían bajando. Y aunque los cables venían desde arriba, sabía que los importantes debían ser los de abajo. Algo se lo decía, por lógica lo más importante, lo que hiciera funcionar todo el sistema, tenía que estar allí. Se pensó en si debía bajar, pero puede que no fuera buena idea… dejar todo eso a los técnicos. Sentía curiosidad, no sabía qué estaba viendo pero sí que era relevante, que era lo que más le importaba.

Dejó de grabar, guardó el móvil, y procedió a bajar de nuevo, queriendo saber qué se encontraba. Descendió de nuevo, y en esa ocasión, se encontró con tres grandes tubos de metal, que permanecían cerrados dos de ellos al menos, y con grandes cables tanto por encima como debajo de los mismos. Parecían los mismos que usaban en películas de ciencia ficción para curar a gente o transportarla a otro punto, pero eso era demasiada ciencia ficción… sin duda, había encontrado algo importante.

Minutos más tarde llegaron los técnicos, que si bien de primeras se quedaron impresionados, rápidamente les pidieron que abandonaran la escena pues tenían que recoger muchas muestras, así que ellos se limitaron a obedecer, al final tenían que darles el informe cuando acabaran, y lo tendrían que redactar cuanto antes.

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Dicho informe era lo que traía a aquellos agentes americanos, sabían que tenían que reunirse con los tres agentes que encontraron todo aquello, al menos por ahora, más adelante hablarían con gente más especializada de los locales. Eran los agentes Charlie Swann y Roger Smith, ambos de gran valía en muchos aspectos, pero era la primera misión en el extranjero. Iban a demostrar que eran los mejores de la promoción no sólo en nota, también en capacidad de acción en campo real.

Tras descender del avión y recoger el equipaje, notaron que el grupito les esperaba en la terminal, vestidos con ropa normal y corriente, pero gracias a tener las fotos les reconocieron. Una vez juntos, se estrecharon las manos a modo de saludo.

-Charlie Swann, este es mi compañero, Roger Smith -se presentaron-, ha sido un vuelo largo y estamos algo cansados, pero nos gustaría que nos pusieran al día con lo que encontraron en esa fábrica.

-Paul Moreau, Intendente de la policía metropolitana -se presentó-, os podemos llevar hasta el hotel si queréis, allí podremos hablar mejor.

-¿Ellos son los agentes que le acompañaron ayer en su investigación?

-Marien Legard y Gerard Magné -saltó ella, seria-, sí, estuvimos con el intendente todo este rato.

Los americanos asintieron, y procedieron a salir del aeropuerto, tenían trabajo que hacer. Iban todos juntos, mientras hacían como que era un grupo normal de amigos encontrándose, hasta que llegaron a la parte exterior del edificio, donde estaban los coches esperando. Según pasaron la puerta, se dirigieron a un turismo, el coche de Paul, al que subieron tras dejar las maletas en su parte trasera, colocándose la chica de copiloto, y los otros tres hombres en la parte de atrás.

-Bien caballeros, la cuestión es, sin duda, delicada -comenzó Paul-, ya sabéis lo que hay ahí abajo, ¿verdad?

Los otros dos agentes asintieron, era evidente que aquello era una amenaza para Cartago, y se tenía que llegar hasta el fondo del asunto cuanto antes.

-¿Se sabe desde cuándo, más o menos?

-A saber, los técnicos siguen en ello, sólo sé que están flipando en colores -comentó Paul, serio, comenzando a conducir en dirección al hotel de sus visitas -, según dicen es una maravilla, el equipo que lo construyó debía ser de élite.

Charlie y Roger se miraron entre ellos. No fue un equipo, fue un solo hombre, pero extraordinariamente inteligente. Y, lo más importante, con amigos. Ello era un secreto del Proyecto, sin embargo, no era algo relevante a decir, nada que fuera necesario saber. De todas formas, ellos no eran los únicos en guardar secretos en aquel grupo.

-Sí, sin duda -coincidió Charlie-, ¿podremos ir pronto a verlo? El Gobierno está… algo nervioso, ya me entenderá, esto puede ser bastante peligroso en malas manos.

-Sin ninguna duda, estamos tratando de encender el aparato, por ahora sin éxito -era mentira, pero no podía darles esa información-, en cuanto sepamos algo, os contaremos.

-¿Cómo saben, entonces, que es una maravilla?

Paul miró usando el espejo interno del coche los ojos de Roger, pero solo duró unos instantes, devolviendo su vista a la calzada.

-Bueno, han estado revisando la torre que sirve de ordenador, supongo que habrán visto cosas… -respondió- No soy informático, sino intendente.

Siguieron hablando algo más durante el trayecto, hasta llegar al hotel donde los americanos residirían, donde Paul les ayudó a recoger el equipaje tras aparcar en segunda fila justo delante del edificio, uno de aspecto moderno con las banderas de diferentes países y con un entrada bastante amplia, pero el francés no llegó a entrar, limitándose a estrecharle la mano a cada uno.

-¿No subiréis finalmente, entonces?

Paul suspiró algo.

-Sí, pero más tarde, antes querría ir a por unos papeles, para poder hablar con más propiedad -comentó el hombre-, ya sabes, también hay que avisar a fiscalía y demás, la burocracia de siempre, ya me entiendes…

Se rio un poco, buscando cierta afinidad con el otro, al que incluso llegó a golpear suavemente en el hombro. Sin embargo, los otros dos no parecieron demasiado convencidos, limitándose a despedirse del otro con un suave gesto, entrando al hotel con algo de mala cara. Paul apretó algo los labios, yendo directo hacia el coche, al que subió, suspirando suavemente cuando los dos jóvenes le comenzaron a preguntar con la mirada, queriendo respuestas.

-Esos imbéciles no se enteran de nada, o eso quieren que crea -comentó-, son más listos que el hambre, no les contéis nada, ¿entendido?

-Pero señor -se quejó Marien-, se supone que vienen a ayudar, y son de un país aliado, y…

-Y vienen a dar por culo, con perdón de la expresión -comentó el mayor-. No os dejéis llevar por el misticismo, esa gente esconde algo, lo huelo, no pueden ser tan lerdos de creerse lo que les he dicho, y…

-Y no pienso tolerar que nos toree como le de la gana.

Charlie y Roger ya estaban en el ascensor rumbo al cuarto asignado, colocado en una de las esquinas, para poder moverse más fácilmente en caso de tener que huir en algún momento, teniendo siempre una ruta de escape. Y de paso, para poder ver llegar al enemigo y no tener nadie a las espalda. Según llegaron, se pusieron a asentarse en el cuarto, uno amplio con dos camas, sillas y mesas, con sendos televisores y un baño, lo suficiente para que ambos pudieran estar bastante cómodos, y así trabajar adecuadamente. Pusieron ropa en los armarios, y dejaron sus armas reglamentarias siempre bajo la ropa que llevaban junto a un par de cargadores, teniendo todo lo demás en las maletas, colocadas estas bajo sus respectivas camas.

-No crees al francés, entonces.

-Claro que no, seguro que tienen bastantes cosas claras, pero no lo quiere decir.

Roger suspiró por esa afirmación de su compañero, no le veía el sentido. Sin embargo, Charlie le tomó del hombro.

-Sé que es complicado, pero confía en mi olfato -sonrió entonces-, no es la primera vez que acertaría, ¿o miento?

-No sería la primera vez que fallas, tampoco -le recordó, se rascó la cabeza entonces-. Yo también creo que nos oculta datos, pero es mejor ganárselo… ahora será una oportunidad, cuando vuelva.

-¿Crees que lo hará, de verdad? -Charlie no estaba muy convencido- Ese no creo que lo volvamos a ver por aquí…

Paul, de hecho, estaba ya en las cercanías de una de las comisarías de París, parecía algo nervioso en esos momentos, tras hablar con los dos más jóvenes, y que no acababan de ver las acciones del superior. Sin embargo, no podían hacer nada al respecto, tendrían que seguirle aunque no quisieran… salvo recordárselo cuando haga, a juicios de ellos, alguna estupidez.

-¿Puedo haceros un encargo, chicos?

Eso sorprendió a ambos, pero asintieron.

-Tengo que ir a hablar con alguien, pero no vamos a dejar tirados a los americanos -les dijo, así que les tendió unas llaves tras buscar en su pantalón-, id a mi despacho, decidles que el intendente Paul Moreau os manda a por los papeles, ya os los sabéis y os han visto, no deberíais tener ningún problema.

Gerard y Marien asintieron, fue ella la que tomó las llaves. Sin embargo, tenían aún sus dudas.

-Pero no tendremos estómago de mentir…

-No tenéis que hacerlo, seguid lo que hable el informe -les replicó el mayor-. No os salgáis de esa línea, y si os dicen algo, pensad que estoy mayor ya.

-Pero no eres tan viejo, mi intendente.

Paul soltó una carcajada.

-¡Ya lo sé, joder, pero es para ganar tiempo! -les respondió- Eso que has dicho podría ser ataque a un superior, te lo dejo pasar por ser novato, pero que no se repita, ¿vale, Magné?

Este asintió, despacio, y Paul asintió. Condujo hacia el edificio, aparcó de nuevo en segunda fila, y los más jóvenes bajaron, algo nerviosos por la misión que tenían que afrontar a solas. Puede que fuera el momento de volar solos… de su salto al ascenso, o de una caída estrepitosa. Al final eran unos nuevos en todo ese mundo, ese voto de confianza podía ser por falta de algo mejor, por suerte, o incluso porque realmente veía algún tipo de potencial en ellos. Se debatían entre pedir ayuda o ser ellos los que llevaran a cabo la charla, pero en cualquier caso, comenzaron a moverse hacia el interior del edificio. Paul, desde el coche, vio en parte la duda en ellos, y sonrió algo, recordando la época de juventud. Sin embargo, tenía una dirección a la que ir, en concreto, a la que puso en el GPS del coche, estaba a tan sólo veinte minutos de allí.

No tardó demasiado, pues, en llegar a una zona residencial bastante bonita, con casas unifamiliares de uno o dos pisos y un pequeño jardín, con zonas verdes en algunos puntos y parques, pequeños paseos y zonas por las que podían circular coches y autobuses. Aparcó en un hueco que encontró, tomó una mochila donde lo tenía todo, y se acercó hasta el número indicado en los papeles que tenía, preparó su placa, y suspiró pesadamente. Según llegó tocó el timbre y esperó, un minuto más tarde, en la puerta apareció un hombre que debía rondar los ochenta, prácticamente calvo, con algo de barriga, ropa cómoda de deporte, unas gafas, y pantuflas.

-Buenos días, Inspector Maximilien Lambert, señor -saludó Paul, cuadrándose-, soy el Intendente Moreau, le escribí para poder hablar con usted.

El aludido suspiró, y, asintiendo, le permitió entrar tras dar unos pasos entrar, así que el otro así hizo. Tras cerrar la puerta, el anciano le observó.

-Los jóvenes os habéis tomado bastante en serio, el aprender de mí -comentó, divertido, Maximilien-, no hace falta que me trates con tanta reverencia, me jubilé hace más de diez años ya, Paul…

El aludido se rascó algo la nuca, nervioso.

-No tuve especial trato con ust… contigo, y no me parecía bien sin haber contactado antes, entonces… -suspiró- Gracias por acceder a ayudarme.

-No hay de qué, muchacho -mientras andaban, seguían hablando-, ¿querrás tomar algo?

Era una casa de madera, con cuadros y estanterías, alguna que otra alfombra, y en el salón, una televisión y una mesa con un cristal con un gran sofá, con pilas de libros por todos lados, incluso en los estantes. Se sentaron en el sofá tras declinar la oferta, y entonces, más cómodos, siguieron hablando.

-Bien, era un tema de narcos, ¿correcto?

Paul tragó saliva. Sabía que si iba directamente con el asunto del súper ordenador el otro ni le querría recibir, por eso, prefería contarle una mentirijilla, para que le dejara pasar, y ya ahí, con más información, preguntarle. Comenzó a sacar papeles de la mochila, y se preparó para comenzar.

-¿Se acuerda de la fábrica abandonada del río Sena?

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Mientras, al otro lado del canal de La Mancha, las cosas avanzaban despacio. Mientras la mayoría entrenaba con Aelita, tan sólo Laura, Jeremy y Herb trabajaban con el súper ordenador y con Belona y Marte. Ya teniendo hechos los programas para ocultar su presencia en todo momento, únicamente quedaba preparar el programa con el cual podrían usar los espectros, exactamente igual que hacían cuando luchaban contra Xana en el mundo real. Esa era una forma de luchar en dos frentes a la vez y que sería realmente útil, pero necesitaban programar de nuevo todo lo necesario.

-Tenemos suerte de que te acuerdes cómo era -comentaba Laura, sonriendo algo-, ¿a cuántos podremos transportar?

-Podríamos con todos, la verdad -respondió-, lo bueno es que luego podrían luchar en el mundo digital de nuevo, pero habría un par de minutos durante los cuales aún estarían fuera de combate…

Los otros asintieron, comprendiendo.

-No creo que esa sea una buena idea, entonces -dijo Marte -. Necesitamos algo que en un momento dado nos pueda dar una ventaja estratégica, no una debilidad -añadió-, deben ir sólo los mejores.

-Lo tengo pensado, de hecho, con que vayan unos seis o siete debería ser suficiente, los demás permanecerán en Lyoko.

Eran unos veinte, entre humanos e IA's, por lo tanto, dos tercios permanecerían allí. De todas formas, los de la tierra serán sólo una distracción, lo importante, Cartago, estaba en el mundo digital. Y dando por hecho que podía haber más lugares en los que se pudiera esconder, además de sacar a Cartago y luchar directamente contra el mismo, también querían acabar con toda copia que pudiera haber, y para eso, podían aprovechar el antivirus que lleva en su código el propio Marte.

Intentar destruir el ordenador físico que le servía de base parecía una solución sencilla al problema, pero Cartago podría irse a otro diferente, y, desde la niebla de no saber dónde estaba, poder atacar a traición. Por eso el ataque debía ser doble para poder ser efectivo y poder lograr el objetivo.

-Me sorprende que los usarais durante tanto tiempo sin que os pillaran -comentó Herb, mientras acariciaba a su gato, que maullaba -. Espero que así sea esta vez también.

Belona, en el mundo digital, asintió con vehemencia.

-Así haremos, lograremos el objetivo de derrotar a Cartago -dijo-, me dedicaré a crear un mejor ejército para nosotros, está claro que los antiguos monstruos de Xana quedaron obsoletos para luchar.

Los delfines del enemigo barrieron con sus tiburones y mantas. Y seguramente lo mismo pasaría con los terrestres, por eso, crearía nuevos monstruos, era casi una necesidad en aquellos momentos. Ya había pensado en varias opciones que serían sin duda útiles, en todos los años que trabajo con ellos, primero con Waldo y luego con Jeremy, había aprendido sobre los seres humanos y sus necesidades.

En la guerra había que moverse deprisa por el campo de batalla para tener ventaja sobre el enemigo; las armas debían ser más potentes, y los partícipes se debían mover coordinadamente para poder llegar a los objetivos. Belona entonces se alejó de Marte, y salió de la torre donde estaban, saliendo así a los exteriores de Unmei, y sus manos se rodearon de unos y ceros bailando en torno a las mismas, cubriendo sus antebrazos igualmente. Gracias a ser un programa que servía como Sistema Operativo podía crear y ejecutar nuevos programas, habilidad que tenía Marte pero no de forma tan perfecta ni veloz, y en torno a ella comenzaron a formarse varios cuerpos.

El primero era alto, tenía forma humanoide, y, cuando empezó a tomar un aspecto más corporal, presentaba un tono verdoso, con dos espadas en la espalda y largo brazos y piernas, con el símbolo de Belona en su frente, aunque en su caso era de un tono verdoso, así que era más complicado de ver por los colores del monstruo. Tenía la misma apariencia que la de Xana, pero con formas curvilíneas en lugar de rectas.

El siguiente era cuadrúpedo, con largas patas y un torso en forma redondeada, y un fuerte cuello con una cabeza alargada, similar a un caballo pero con cuatro pares de patas en lugar de dos, su cuerpo era blanco y los cascos de color azul, sus ojos eran parecidos a los de un caballo real, y en su frente estaba el ojo de Belona, en un tono blanquecino también. El siguiente era una larga serpiente, de unos tres metros de largo, de un tono que parecía ser cambiante según el ser se comenzaba a mover, con fuertes pero cortas extremidades traseras y delanteras, armadas con largas garras y grandes colmillos en la boca, siendo lo más extraordinario las grandes alas a su espalda.

Apareció un cuarto y último monstruo, esta vez se trataba de una mole de unos cuatro metros de alto, de un bello tono plateado, fuertes patas, y dos grandes colmillos de tres metros de largo, y que en un punto se curvaban suavemente hacia arriba, eran de un tono dorado, siendo los ojos de un tono blanquecino, teniendo una amplia boca con dientes planos. El ojo de Belona, además de ser gris como su cuerpo, estaba en su tripa, bastante pegada al suelo, siendo un verdadero tanque.

Satisfecha con su creación, la IA pasó en torno a ellos, que se arrodillaron con más o menos elegancia ante su señora, que los acarició suavemente con una sonrisa, rascando en aquellas partes que intuía más les gustaba. Esa sería la infantería de su ejército, pero necesitaba ahora uno marino, y creía saber también el cómo hacerlo. Se acercó a uno de los extremos de la plataforma, y saltó al mar digital, al que cayó como una exhalación, igualmente rodeada en sus manos por unos y ceros.

Ante ella, en esa ocasión se formaron tan sólo un bulto. Este era alargado, con forma de submarino, sin aletas salvo por la trasera y dos laterales, pero bastante grande, era un monstruo de unos cinco metros de largo, sin ojos, de tonos azulados en la parte superior y la tripa blanca, donde se localizaba el ojo de Belona, también oculto en ese mismo tono. Su boca era amplia y tenía grandes cañones, y, cuando se puso a nadar, notó que su tamaño no era problema alguno, dada su anatomía y la velocidad y agilidad que estaba demostrando. Sin duda la naturaleza era una gran inspiración y ayuda a la hora de crear mejores formas para sus criaturas, pues las que menos habían sido derrotadas eran precisamente las basadas en animales del mundo humano, las tarántulas seguidas de cerca por las mantas. (1)

Sabiendo que esas formas eran más poderosas y efectivas que sus predecesoras, volvió a subir hasta la plataforma y se dirigió hacia la torre, momento en que escuchó las voces de los humanos.

-Belona, lo que ha aparecido, ¿es cosa tuya?

A esa pregunta de Jeremy, la IA asintió suavemente.

-Necesitamos de un ejército para poder luchar mejor contra Cartago, y creo que esta es la mejor forma -comentó-, crearemos una flota para movilizar al ejercito de mejor forma… el Skidbladnir II debe crecer.

Los otros tres se miraron con cierta sorpresa, sin embargo, toda ayuda o idea era más que bienvenida, por eso, finalmente Jeremy aceptó. En todo ese rato, estuvieron hablando entre ellos para ponerse de acuerdo en determinadas cosas, sin saber que al móvil de Laura intentaban llegar mensajes de Aylen, que miraba su móvil con cierta molestia. Estaba sentada en una plaza, con su maleta al lado y palomas revoloteando por ahí, con niños yendo y viniendo, gente que estaba trabajando, turistas…

Todos ellos bajo la luz del sol, y mientas la mayoría eran ajenos a todo, algunos comentaban sobre el último posible atentado que había vivido la ciudad, con la destrucción de una fábrica abandonada en medio del río. Aylen se colocó unas gafas tipo aviador, ataviada con un pantalón de traje, camisa y chaqueta, algo maquillada y con botas, tomó la maleta y recorrió la plaza de la torre de hierro dirección a su hotel…

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(1) Salvo fallo, derrotaron a 42 tarántulas y 46 mantas.

Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Este fanfic está conectado con Aelita's Nature, y que se encuentra en el pasado de la línea temporal de este. Habrá referencias en ambos de eventos del otro.

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.