Nueva Generación: Proyecto Cartago
Capítulo 15
Era la noche del 13 de Octubre, las gentes de París ya habían cenado y se arremolinaban en torno a sus televisores para ver toda clase de programas, ya sea de entretenimiento, concursos, musicales, deportivos, noticiarios, o simplemente leían un libro o revista. Era un día más cualquiera, donde parejas se amaban o discutían, hermanos se peleaban o reconciliaban, hijos y padres se encontraban de nuevo o se alejaban aún más… pero Charlie Swan y Roger Smith no tenían tiempo para ello. Estaban a la espera de que una tercera persona saliera de uno de los cuartos al lado de donde ellos pernoctaban, se encontraban de pie en el pasillo ya listos para salir, incluso con las llaves del coche ya en la mano, con cierta impaciencia se movían de un lado a otro, hasta que ella salió.
-Ya era hora, Scott -cuando la aludida salió, suspiró-, no sé para qué te arreglas tanto, al lugar al que vamos no lo necesitas.
Aylen negó suavemente. Si ellos llevaban vaqueros, deportivas y camisas básicas con apariencia vieja, ella estaba suavemente maquillada, con un vestido largo negro y unos suaves tacones también blancos, con una chaqueta de un tono oscuro que le quedaba bastante bien. Parecía que iba más a una discoteca que a otra cosa. Sin embargo, se les acercó suavemente.
-Parece que vayáis a cualquier lado así -les dijo, mientras enfilaba al ascensor-, esta misión es relevante y vosotros tenéis más pinta que ir a robar melones que otra cosa.
Ambos se miraron con cierta molestia, pero la alcanzaron en pocas zancadas, poniéndose a la vera de la mujer, que entró primero al aparato, dando al botón del piso que daba a la calle.
-Aylen, vamos a una fábrica recién demolida, no… creo que ir en vestido sea lo mejor.
El día anterior se había reunido con aquellos dos agentes franceses, ni de sus nombres se acordaba, y las razones que les dieron no les convencía demasiado. Por eso, aquella mañana se habían dedicado a hacer de turistas mientras los de Cartago recopilaban información, soltando en el proceso a sus programas espías, incluido aquel que daba nombre al proyecto. Y ahora irían al lugar del evento, en torno al cual se había formado un círculo bastante amplio de protección, formado por varias brigadas y que no dejaba pasar a absolutamente nadie. La prensa se había hecho eco del derrumbe pero no podían dar datos, el secreto era absoluto… y ellos iban a investigar aquello.
-Swan, soy bastante más ágil con esta ropa que con pantalón deportivo, te lo aseguro -le espetó ella-, no soy sólo una friki que le gustan los ordenadores.
Roger puso cara de diversión, seguían discutiendo incluso mientras salían del hotel e iban a la calle, dirección hacia donde estaban los coches.
-Ya sabemos que eres buena en boxeo, pero… no sé hasta que punto podrás dar patadas con esa falda -gruñó Charlie, entrando al coche-, ni cómo subirás o bajarás por zonas intrincadas, y lo sabes.
Ella suspiró algo.
-No es mi primera misión en campo, y lo sabes -le espetó-, no me sermonees, anda.
Roger se limitó a encender entonces el motor, las luces, y procedió a conducir hacia el destino, a veinte minutos de allí. En la parte trasera, donde se sentó ella, estaban los papeles que los franceses les dieron, ella los conocía y había leído, pero los tomó igualmente y los comenzó a repasar por encima.
-Ya me dirás a santo de qué ponen ese perímetro si dentro del edificio no hay nada -comenzó a hablar Roger-, dicen que la carga explosiva sigue siendo peligrosa y estaban sacando restos que no habían explotado para que los artificieros los desactiven, se trata de cargas de dinamita de tres kilos cada una, pero es difícil de creer dada la naturaleza de ese explosivo.
Ella escuchaba las palabras de ambos con atención, estaba de acuerdo con lo que ellos decían. Charlie intervino entonces.
-Además, dicen estar buscando a los culpables, consideran que haya sido un grupo fundamentalista o contrario al gobierno nacional, pero lo dudo -estaba cruzado de brazos, en el asiento del copiloto-, porque no tiene sentido que hayan atacado ese sitio, más si tenemos en cuenta los datos aportados por Cartago.
Aylen asintió, pensativa. Se acarició la mejilla mientras los otros dos seguían hablando, tranquilamente, conduciendo por las calles, no demasiado transitadas en aquel momento salvo en zonas cercanas con bares u hospitales.
-Yo creo que ahí tiene que estar la base de esa organización -estaban parados en un semáforo-, Cartago comentó que el grupo atacante viene de ahí, puede que el grupo de Laura esté involucrado en el asunto ya, investigando por su cuenta…
-¿Crees que no traicionó al Proyecto?
A esa pregunta de Charlie, Aylen asintió, pensativa.
-Debe estar tramando algo, no es propio ni de Gauthier ni de ninguno de sus compañeros.
-Que tu amistad con ella no te nuble el juicio -Roger puso el intermitente para aparcar-. Es lo último que se debe hacer, ya sabes…
La aludida ni respondió, se limitó a salir del vehículo cuando terminó la maniobra. Estaban en una zona de parques, cerca del área del bosque donde se guardaba la fábrica, protegida la entrada por un par de agentes de policía que charlaban entre ellos tranquilamente, ella esperó hasta que los otros dos salieron, bajo sus prendas tenían sus respectivas armas – que esperaban no tener que usar – y las placas.
-Bien, hay que entrar y la puerta tiene dos perros guardianes, ¿qué hacemos?
Ella lo tenía más o menos claro.
-Imagino que estarán en las zonas de entrada, dudo que el perímetro esté vigilado en zonas con vallas, las saltamos y ale.
Los otros dos asintieron, no era conveniente dejar noqueados o cargarse dos agentes de la gendarmería, que sólo lograría hacer que el estado de alarma fuera a peor, con las grandes consecuencias internacionales que eso tendría… y lo que era peor, en sus carreras personales. Por eso, y tras dejar los papeles en el maletero, siguieron unos veinte metros, fuera de la vista de los policías, y observaron a su alrededor. Los edificios colindantes tenían las ventanas iluminadas, la gente que vivía por allí tenían que estar viendo la tele, o en la cama, o en la cocina… y puede que hubiera alguno mirando por la ventana, pero tenían que correr ese riesgo quisieran o no. La primera en pasar fue ella, que se quitó los tacones, los metió por dentro de la reja, y la escaló con una facilidad sorprendente, los dos hombres se quedaron abajo asegurándose que no se caía, y, tras escalar los cuatro metros de alto que tenía, pasó por encima y suavemente fue cayendo hasta el suelo.
-Ya entiendo tu manía de venir con el vestido -comentó Roger, mientras comenzaba a subir también-, llevabas debajo leggins, te puedes quitar la falda en cualquier momento, seguro que pasa igual con la parte de arriba.
Charlie suspiró pesadamente mientras la otra le miraba con una ceja alzada.
-¿Me estabas mirando bajo la falda?
-Tenía que hacerlo, por si te caías -comentó-, pero no soy de chicas, prefiero a los chicos.
Cayó cual gato al suelo, y la otra le miró con cierta diversión, mientras Charlie imitaba a los otros dos, aunque con algo más de dificultad por su mayor peso. Eventualmente subió hasta la parte superior, y con cuidado bajó, también apoyándose, hasta que apoyó uno de los pies en el suelo, que fue cuando bajó definitivamente.
-Venga, andando, no tenemos toda la noche.
Se dirigieron directos hacia donde sabían que estaba la antigua fábrica. Y mientras ellos estaban en esas, en uno de los edificios cercanos pero en la fachada contraria, Marien Legard sacaba unas pizzas del hornillo de su cocina, mientras, en el salón, el humo del tabaco de Paul hacía que Gerard tuviera que abrir la ventana para que entrara algo de aire fresco.
-Joder, que peste a tabaco -gruñó ella, según llegaba-, ¿has fumado tú también, Gerard?
Este negó.
-¡Si yo ni fumo!
-Culpa mía, Legard -el otro alzó la mano, con un cigarro encendido-. Pero pienso mejor con tabaco en el pecho y un whisky en el estómago.
Ella dejó ambas pizzas encima de la camilla que tenían delante, el mayor estaba sentado en el sofá, con la tele delante desde la que se veían los documentos escaneados, los físicos los tenía a su derecha; a la izquierda, y sentado en una silla, estaba Gerard, tras el cual estaba la ventana. El salón del piso de ella medía unos diez metros cuadrados, ocupaba buena parte del mismo, pero para ella sola era suficiente.
-Da igual, los vecinos son peores que vosotros -reconoció-, paso de ponerme a buscar en esa casa, aunque el olor a hierva a veces es demasiado cantoso.
El mayor se limitó a apagar su cigarrillo, le tendió una lata a Marien, y comenzó a cortar una de las pizzas, que le pasó al otro chico.
-¿Tú no cenas?
A la pregunta de ella, Paul negó suavemente.
-Ahora, con calma, muchas gracias -carraspeó un poco-. Lo habéis hecho muy bien, con los yankis.
-Gracias, pero dudo que se lo hayan tragado -comentó Gerard-, ninguno es tonto…
Mientras los otros cenaban, Paul suspiró un poco.
-En fin, mientras estabais con ellos, estuve con un antiguo intendente, yo tenía vuestra edad cuando él estaba al mando, imaginaos.
-Debe ser un hombre muy sabio…
Paul asintió, y se comenzó a mover entre los archivos.
-Con su permiso grabé la conversación, bueno, ya sabéis -dijo, mientras seleccionaba uno de ellos-, me he quedado con la parte más importante, quiero… saber vuestra opinión.
Los otros agentes, entendiendo de lo que iba, miraron con atención al televisor, y dejaron la tele con el volumen bajo, lo bastante para ellos escucharlo pero sin que pudieran oír nada en otros pisos.
-Como sabes, ha habido un derrumbe en la fábrica del Sena -ese era Paul-, creemos que puede tener que ver con lo que había en su interior.
Escucharon entonces otra voz, su superior se había asegurado de que ellos no supieran de quién se trataba al modificar la voz.
-¿Con los narcos que me contaste?
-Me temo que no -cuando dijo su nombre, hubo ruido blanco-, hemos visto el súper ordenador bajo el mismo, y recordé entonces una orden que se dictó en su día, en los años noventa y por tu propia mano, y que se conservó hasta la primera mitad de la década de los dos mil diez.
En la grabación no se notó, pero Paul sabía perfectamente que entonces se produjo un silencio algo tenso.
-La orden tres noventa, sí -respondió el otro-, ¿qué pasa con ella? Esa fábrica era donde iban los drogadictos a meterse su mierda, o suicidas que se tiraban al río… había que tenerlo controlado.
-¿Pero al punto de que nadie pudiera entrar? -preguntó Paul, ellos no podían verlo pero se había echado adelante-, ¿al punto de tenerla protegida hasta de expropiaciones o compradores que pudieran estar interesados?
-Sí, esa nave no tiene dueño, pero no podíamos dejar que se usara para fines delictivos, ni tampoco estaba en condiciones de ser restaurada -murmuró el otro-. Era mi deber mantener esta ciudad segura, Moreau.
-Y lo ha logrado durante años, -de nuevo aquel ruido blanco-. Me gustaría saber si tiene relación con el ordenador de su interior.
En aquel momento a Maximilen Lambert se le puso la cara blanca, pero Paul decidió omitir ese dato, sólo quería que escucharan lo que debía decir.
-No sabía que hubiera uno…
-Pues lo hay, y potente, pero esto sólo lo sabemos los técnicos de la gendarmería y yo.
Los dos jóvenes se miraron, por esa treta, pero Paul seguía fumando tranquilamente, tomando una de las latas entonces.
-Me gustaría saber por qué semejante pieza de tecnología, puntera incluso ahora, estaba ahí guardada cogiendo polvo -comentó-, y también si su propietario según el registro civil, Waldo Schaeffer, sabía de esto o era el típico que se desentendía de sus bienes, aunque lo dudo.
Unos segundos después se escuchó la respuesta del aludido, que comenzó a hablar tras un suave suspiro.
-Waldo era un profesor en la academia Kadic, en aquel entonces estaba al cargo del área de ciencias-comenzó a decir-. Era un amigo, le conocía del club de ajedrez en el que estábamos apuntados… era un buen amigo, pero sólo le conocía en esos ambientes, nada más, Moreau.
El aludido chasqueó la lengua, aunque eso fue el que estaba allí con ellos. El de la grabación apenas tardó en responder.
-No sabía que te gustara el ajedrez…
El suave ruido blanco dejó lugar a la respuesta del otro, precedido del sonido de un mechero encenderse.
-Pues es de ahí… Moreau, dime la verdad, ¿qué sabes de ese ordenador?
-Sé que es más potente que cualquier otro aparato y que guarda un secreto muy importante -escucharon una nueva calada-. Han descubierto un mundo digital entero ahí dentro, están trabajando en descubrir sus secretos, pero tardarán bastante, está muy encriptado… te necesito para saber cómo actuar y qué esperarme, …
Tras el ruido blanco, escucharon un largo silencio de un minuto. En aquel momento, Maximilien se debatía entre contar o no lo que sabía, siempre bajo la atenta mirada de Paul, y que se limitaba a fumar, recostado suavemente en el sofá.
-Waldo Schaeffer era… alguien muy inteligente. No me explicó de dónde venía, pero me pidió un favor personal una mañana de inicios de verano -de nuevo un corto silencio-. Aquello fue en… el 94, a inicios de Junio, yo era un chaval por aquel entonces, estaba en estupefacientes en aquellos años, y bueno… con decirte que tenía de apodo "Murciélago" te lo digo todo.
Paul paró entonces la grabación y señaló la pantalla, mientras terminaba de tragar el trozo que andaba masticando en aquel momento.
-Atentos con lo que el viejo dice, chavales, ¿vale?
Los aludidos ni se habían girado a mirar a su superior, no separaron la vista del aparato en ningún momento desde que había comenzado a sonar la pista de audio. Fue entonces que el mayor la puso en marcha de nuevo.
-El caso es que le conocía desde hacía varios meses, por lo del ajedrez… él me había ayudado un par de veces, nunca pregunté cómo descubría según qué, sólo… supongo que quería que le debiera favores, pero no tenía problema con ello -reconoció en aquel momento, pero siguió-. Antes de decirme nada me llevó a la fábrica que había comprado, efectivamente, en su interior había… aquel ordenador, te juro que me lo explicó, pero no me enteré de nada… ahí entendí por qué me mentía descaradamente a la cara, lo sabía pero no tenía pruebas… y ahí lo tenía.
-Antes de que sigas -Paul seguía con dudas en la mirada-. ¿Por qué confiar en ti? Te conocía de un club deportivo, pero nada más…
-Al parecer… es difícil de creer, yo aún no lo hago… en una ocasión le salvé la vida, pero nunca pasó realmente porque hubo algo… de una vuelta al pasado, ¿te lo puedes creer?
Se escucharon las risas de ambos, sin embargo, Paul al escuchar de nuevo aquello ni esbozó un amago de sonrisa, limitándose entonces a beber de un trago lo que le quedaba.
-En fin, según el confiaba en mí por eso, me lo enseñó todo y me contó que… bueno, básicamente tenía que hacer frente a un proyecto gubernamental del que había salido y se sentía culpable, no sé mucho más -se rascó la cabeza en ese momento, estaban cerca del final-. La vida de su hija estaba en juego, era una joven de pelo rosa, algo callada pero parecía lista, según Waldo si no detenía aquello los gobiernos serían demasiado poderosos, y encima, aquello que viviera en ese aparato empezaba a ser… demasiado poderoso para ser controlado de alguna forma en el medio plazo, por eso me pidió proteger aquel edificio…
-¿Cuándo dejó de saber acerca de Waldo?
Hubo un suave silencio entonces, pero la respuesta del otro no se dejó esperar.
-Al día siguiente no supe nada de él… y así sigue hasta ahora, me temo.
Los dos más jóvenes se miraron con cierta sorpresa, la gente no suele desaparecer de la noche a la mañana.
-¿Y la hija?
-Fuera cual fuera el destino del padre… me temo que lo seguiría- respondió-. El tema es que vi… bueno, terror en su mirada, lo que quiera que pasara debía ser grave… meses después los hombres de negro llegaron, preguntaron y miraron hasta bajo el polvo de las alfombrillas pero no pillaron nada… cumplí mi palabra de defender aquel enclave, sólo Dios sabe la razón.
Fue en ese momento que se cortó la grabación.
-Joder…
-Lo sé, Magné -murmuró-. Por eso no quería a los yankis en esto, porque iban a meter la manaza hasta el final, pueden tener sus intereses comprometidos con todo esto.
-Se supone que somos potencias aliadas -exclamó entonces Marien-, ¿nuestra inteligencia puede no tener ni idea de esto?
-Si lo que me dijo mi contacto es verdad, aquello en lo que participó nuestro hombre le daría a un único estado todo el poder en cuanto a telecomunicaciones, y la información es lo que mueve el mundo a día de hoy, no tener el misil más gordo -se echó atrás, mientras se encendió un nuevo cigarrillo-. Quería que lo escucharais antes que ningún mando… porque tengo ideas en mente.
-¿In… vestigar por nuestra cuenta, intendente?
-Empiezas a entender el punto del oficio, Legard.
-Señor, esto no es como el menudeo de droga, que se puede preguntar algo más por libre, esto es… -se veía a Geard algo preocupado-. Esto es serio, señor.
-Y precisamente por eso debemos ser pocos -comentó Paul, cortando su último trozo-. Mañana por la mañana iremos a la fábrica de nuevo con uno de los técnicos, que nos cuente los últimos movimientos, y ver a dónde tenemos que ir ahora… si no queréis jugaros la carrera lo entenderé, la verdad.
Y es que él, ya perro más o menos viejo, le daba igual. Ellos, que acaban de entrar… lo tenían más complicado. Si les expulsaban habrían perdido sus años de juventud por seguir a un superior que acabaría también fuera si eran pillados, les habían dicho por activa y por pasiva que a los superiores se les obedecía siempre que fuera en cuestiones legales. Y aquello, claro, no tenía pinta de serlo.
-Necesitaremos el permiso de fiscalía para investigar más profundamente, un visado por si tenemos que salir de la zona Shengen, el contacto del juez de instrucción por si vemos más cosas de las que tocan, órdenes de detención, de entrada y registro…
Los otros dos miraron como Gerard comenzaba a apuntar en el bloc de notas de su móvil, era sin duda un joven aplicado, y parecía dispuesto a ayudar. Paul se limitó entonces a poner la tele normal de nuevo, aunque en un muy tenue volumen, móvil en mano en esos momentos, de hecho según lo depositaba en la mesa comenzó a sonar.
-Vaya, quién diría que caerían tan rápido…
¿A qué se refiere?
A esa pregunta de Marien, el otro sonrió un poco.
-Nuestros amigos americanos son muy evidentes, estaba claro que irían a investigar por su cuenta… -comentó- ¡Vamos, están camino a la fábrica!
Como un resorte se levantó del sofá, tomó sus cosas y salió en menos de un minuto por la puerta, dejando a los otros dos atrás, que tardaron unos instantes en reaccionar e ir tras él. Fuera cual fuera su plan, parecía ya en marcha, quisieran ellos o no.
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Mientras, en el pueblo natal de Aria, Fort William, el grupo descansaba ya en la casa de campo. La idea de estar todos ahí dentro rápidamente se demostró eficaz para conservar el calor pero necesitaban airear el interior, así que varios se quedaron cerca de las ventanas para cerrarlas si entraba demasiado frío, tenían que estar las ventanas abiertas para poder desahogar el interior del inmueble y ventilarlo. En concreto, bajo una de ellas estaban acostados Patrick y Laura, que se recostó al lado del varón, a la que arropó con el brazo.
Ella parecía tener la mirada llena de preocupación, por eso, según se colocaron en el colchón, él la colocó en frente suya, limitándose Laura a colocar su rostro en el pecho de él, que cubrió el cuerpo de ambos con una manta, pese a estar sobre suelo estaban cómodos gracias a la calidad del colchón, con una sábana por encima para darles intimidad con todos los demás cerca.
-¿En qué piensas, Laura?
Era un suave murmullo, pero al ser al oído ella lo escuchó a la perfección. Sólo el sonido de los grillos rompía el silencio de la noche, ella le acarició el pecho con suavidad.
-En que nos acabaran pillando aquí también…
El otro asintió, por mucho que se protegieran iban a dejar un rastro quisieran o no. Y eventualmente les encontrarían, si querían vencer tenía que ser algo rápido, certero. Al menos no tenían que haber usado un avión para llegar hasta allí, pero estaban las compras hechas, la gene iba a hablar, podían salir de fondo en fotos que se subieran… iba a ser complicado hacerse fuertes en ese fortín.
-¿Cuánto crees que podrían tardar?
-Un mes, seguramente… -comentó ella- Hay que derrotar a Cartago antes.
-¿Creéis que podremos?
Ella suspiró, no lo tenía del todo claro. Sin embargo, se limitó a acariciar el cuerpo del otro, que esperó paciente a que ella respondiera.
-Tenemos que poder, o sufriremos un destino similar al del padre de Aelita -respondió-. Al menos esta primera parte salió más o menos como esperábamos, tenemos una segunda oportunidad de ataque.
El otro asintió, besando la frente de ella con cierto cariño.
-Belona y Marte están trabajando muy duro, como vosotros -comentó él, acariciando despacio el cuerpo de ella-, sin ellos sería todo más difícil aún.
Ella asintió, despacio.
-Patrick…
-¿Sí?
-No… te separes de mí.
El otro se limitó a apretarla contra su cuerpo, despacio, notaba el pelo de ella acariciar suavemente su cuello, cerrando entonces los ojos para descansar un poco. A un par de camas de distancia, Aria observaba el techo, William descansaba con Abigail entre él y la mujer, agradecía que no estuvieran cama con cama porque eso sería algo violento… y sin embargo, le gustaría poder acercarse algo a la vez, era raro. En todo caso, allí estaban, apenas habían intercambiado palabras en esos días, como cada vez que quedaban todos… Vikani no ayudaba con su fuerte carácter escoces. Y William tenía esa misma forma de ser.
Aria suspiró en silencio, soltando el aire suavemente, a su derecha su hija estaba echa un ovillo bajo las sábanas, gracias a estar con los ojos abiertos podía ver bastante bien en la oscuridad, así que se levantó suavemente, y fue hacia donde estaba el otro, que también estaba boca arriba. Se sorprendió de verla ahí, le hizo hueco en el colchón y ella se recostó a su vera también, eran algo pasadas las doce de la noche en ese momento. Estaban uno al lado del otro, sólo se tocaban por los brazos, mientras el silencio de la noche les abrazaba.
-¿Cómo le va en los estudios?
William se había girado para poder hablar al oído de ella y no molestar a los demás. Ella suspiró un poco, y se giró también.
-Se… esfuerza -reconoció-. La han expulsado un par de veces por defenderse a sí misma o a sus amigas.
-Es como yo… -comentó el otro- Mientras vaya sacando el curso… ¿al final recuperó ese parcial de literatura?
-Aún no sabe la nota -respondió Aria-, pero lo estudió mucho, me acabé aprendiendo los autores hasta yo.
El otro asintió, despacio, con cierta satisfacción.
-Bueno… ¿tú qué tal estás?
-Bien, bien…
Un ligero silencio incómodo llegó a la sala, sin embargo, los otros se tomaron de la mano y se quedaron ahí mismo dormidos hasta la mañana siguiente, que la actividad comenzó de nuevo, según el Sol entraba desde la ventana. Si bien habían descansado, aún les costaría una hora comenzar a funcionar al pleno rendimiento, normalmente era Aelita la que abría el ojo la primera, pero en esa ocasión fue Abigail, que se incorporó despacio, con el pelo revuelto y la mirada algo perdida, bostezó en silencio y se desperezó, levantándose con cuidado para no despertar a nadie en el proceso.
Fue a por los móviles, colocados en torno a varios alargadores, y tomó el suyo entre las manos, saliendo rápidamente hacia el baño, donde se sentó en la taza del baño y comenzó a revisar todo. Los teléfonos de los tres de Cartago eran los más peligrosos precisamente porque a través de ellos podían ser localizados mucho más deprisa que con los demás, la tapadera de estar con la misión podía caer en cualquier momento si es que no lo había hecho ya, era el problema.
Estaba segura que los estarían buscando, habían puesto el modo avión desde que habían llegado para que no les localizaran vía satélite, no lo iba a desactivar en ese momento, sería una jugada demasiado arriesgada. Como encender una bengala en medio de la noche, y sería rápidamente observada por Cartago, que seguro estaba desplegado por todas partes. Estaba haciendo sus necesidades mientras tenía el aparato en la mano, no tenía nada que mirar porque en esos momentos carecía de señal de cualquier tipo, ni mensajes, llamadas, aplicaciones actualizadas… nada, pero por inercia lo había tomado, como cada mañana. Según terminó se levantó y se colocó el pantalón que llevaba, estaba segura que aquel día sería como los anteriores, así que se lavó la cara con ganas, se colocó el pelo con algo de agua, y se dirigió hacia la despensa, el hambre hacía rugir su estómago. Buscó la leche y algo más sólido que tragar, y se sentó, pensativa, mientras esperaba que se calentara el desayuno.
A pesar de lo temprano que era y que aún estaba dormida, la misma idea iba y venía de su mente, y era que se la estaban jugando por verdaderos desconocidos. Tenía que reconocer que era buena gente, los niños no eran molestos y los padres se la habían jugado bastante en su adolescencia, pero… le importaba más ella, como era lógico. ¿Y si salía mal? ¿Qué sería de ella? Aún era joven, tenía muchos años por delante, y echarlos por tierra por gente que no conocía… le costaba en cierta medida. Para ella, aunque Laura Gauthier fuera una gran amiga, en la que confiaba, no hacía lo mismo con los demás. Desde su punto de vista, ¿qué más daba que un gobierno tuviera un medio más de obtener información? Sí, este era especialmente poderoso, pero era uno más, de alguna forma. Ya los gobiernos tenían información de hasta cuando ibas al baño o de si te gusta más tal o cual grupo, si tomas una medicación, datos bancarios… lo sabían todo de uno. Cartago era sólo una forma más perfecta de los algoritmos que ya se usaban desde hacía décadas, le ponía nerviosa ese puritanismo a ese respecto, les parecía molestar en especial… y no lo comprendía.
Le daba vueltas a aquello, cuando escuchó llegar a Yao, que tenía la misma cara de dormida que tenía ella, se metió en el baño sin siquiera saludarla, y la actividad empezó a ir a más según iban despertando los demás, y que no tardaron en ir incorporándose. Se dieron cuenta de que Aria y William se habían acabado durmiendo abrazados uno al otro, similar a Patrick y Laura, y aunque no llegaron a comentar nada se veía en las caras de varios de ellos una sonrisa de diversión.
-Necesito un café…
Jeremy se acariciaba el puente de la nariz, tranquilo, acercándose a la despensa y tomando un bote con copos de aquella sustancia, tenían una cafetera que ya se había puesto a trabajar para ir haciendo varias tazas, mientras los más jóvenes se estaban haciendo cacao con leche. Vikani fue de las primeras en terminar, estaba enredando con su teléfono en aquel momento, con un juego, cuando sintió cerca a alguien. Cuando se giró se encontró con William, y que se había sentado al lado de la joven. Esta se limitó a mirar a cualquier lado menos a él, que tampoco parecía en especial cómodo.
-¿Qué pasa, viejo?
Este suspiró algo, por el trato de ella.
-Luego hay que acercarse a comprar ciertas cosas que nos faltan -comentó-, y necesito a alguien que me lleve, tu madre no puede, así que…
La aludida rodó los ojos, momento en que acabó asintiendo. Tenía clara la estratagema de él, pero haría como que se lo creía. De hecho era verdad que faltaban cosas, la compra que habían traído, aunque bastante completa, necesitaba ser ampliada algo más. Y esa era la excusa perfecta para tratar de acercarse un poco, aunque a ella no le apetecía en especial… no había razones para negarse en redondo.
-Pues nada, te guiaré -comentó ella-. ¿Cuándo salimos?
-En un rato, le diré a Aelita que iremos los dos, para que nos organicemos.
-Bien… oye -William se giró, ya estaba yendo hacia la otra-. Una oportunidad… por ser complicado todo.
El otro asintió, con una tenue sonrisa por dentro, y fue hacia Aelita. Estaba charlando con Herb, Jeremy y Yumi, tomando cada uno una taza humeante, con Saru ronroneando por aquí y allá, pidiendo algo de atención de su dueño.
-Iré yo.
Sin más, la mujer le sonrió un poco, y asintió.
-Poco a poco, ya sabes.
-Con que me hable cordialmente me vale, la verdad…
Entendiendo, los demás bajaron algo la cabeza y asintieron suavemente. Los demás estaban charlando también entre ellos, el día empezaba temprano y había que entrenar. Eso incluía a los programadores del grupo. Ya habiendo hecho todo lo relativo a defender sus comunicaciones – y aún así tampoco se la querían jugar demasiado y las iban a limitar a lo imprescindible – y teniendo ya en marcha las comprobaciones de los programas de los avatares, sólo quedaba mejorar en cuanto al combate cuerpo a cuerpo.
El entrenamiento consistía en calentamiento al trote, ejercicios de fuerza con el propio peso del cuerpo, consistente en flexiones, sentadillas y alzar el propio cuerpo con los brazos; y lo más relevante, aprender a golpear. Habían decidido que lo principal era saber dar un puñetazo o una patada, y cuando aprendieran a hacerlo relativamente bien, pasarían a entrenar con sus poderes y avatares. Eran conscientes también que no les iba a dar tiempo a lograr demasiado, estaban ganando días con aquello, nada más. Sin embargo, esa idea no estaba tanto en la mente de Aelita.
-Estáis muy seguros que nos pillarán como si nos quisieran cazar -comentaba, mientras dejaba su taza, ya vacía, en la encimera-, pero yo no lo creo.
-¿Por? -preguntó Ulrich, estaban saliendo al campo, para calentar- Somos su enemigo número uno, deben tener todos los recursos puestos en encontrar quién les atacó.
La aludida asintió.
-Eso no lo dudo… pero su principal recurso no sé hasta que punto se esforzará.
-¿Hablas de Cartago?
A esa pregunta de Yumi, la otra asintió.
-Nos podría haber atacado mientras íbamos en retirada, a por nosotros -decía ella-, su ejército podría habernos destruido sin problemas, o perseguirnos hasta aquí, seguro que tendría los medios para llegar hasta el mundo físico… no, Cartago quiere una pelea de verdad.
-Eso no es lógico -comentó Laura, seria-, y es un programa, es pura lógica.
En ese momento intervino Jeremy.
-También lo era Xana, y a veces no tomaba la decisión más óptima.
-¿Os acordáis de cuando muchas veces mandaba más monstruos cuando estaba Aelita ya en la torre, aún sabiendo que no podía hacer nada?
A esas palabras de Yumi, los otros asintieron.
-¿Y a qué crees que se debe? -preguntó Odd con interés- Porque dudo que lo pienses por nada, princesa.
La aludida asintió, aunque no llegó a decir nada hasta que los demás llegaron, esperando las palabras de ella. Se había convertido en la líder del grupo, por encima de los demás, incluso de Jeremy o Laura. Era la que más se había involucrado con aquello, y la más afectada, pasando a ocupar la posición que normalmente ocupaba el rubio, y que aún estaba ahí, en la sombra, moviendo los hilos.
-Creo que Cartago quiere una pelea más igualada porque podría haber acabado con nosotros cuando hubiera querido -empezó ella-. Tras ser derrotados fulminantemente, estuve cara a cara con la IA… su parecido con Anthea, mi madre, da miedo, y bueno… diría que es ese lado el que ha hecho que se porte así el programa,
-Tiene sentido, si se ha incorporado al programa hace que su comportamiento se modifique -Laura pensaba sobre aquello-, aún así, creo que es mejor dar por hecho que nos va a atacar en cualquier momento, ponernos en la peor situación.
-Estoy de acuerdo, pero… sólo quería decir eso -Aelita la miró con cierta molestia-. ¿Seguimos entrenando, pues?
Los otros asintieron, y mientras la mayoría estaba con ello, William y Vikani tomaron uno de los coches, y con la lista de la compra en la mano, él empezó a conducir, mientras ella se limitaba a mirar por la ventanilla los campos cercanos. La suave música era lo único que rompía el silencio del vehículo, pero ella se atrevió a romperlo una vez que cruzaron el camino de tierra que separaba la finca de la carretera.
-Mamá me hablaba de vosotros un poco, además de las veces que coincidíamos, claro -empezó ella, mientras se limitaba a mirar al exterior-. Supongo que no sabías nada, ¿verdad?
Este asintió, mientras suspiraba.
-No fue hasta que te empezaste a parecer demasiado a mi que la mentira acabó cayendo, ella decía que era de un amor de verano… siendo exactos así fue, pero omitió que el padre fuera yo -suspiró algo-. Sé que no puedo ser tu padre ya a estas alturas… pero puedo ser tu amigo, de alguna forma.
Ella no llegó a responder hasta segundos más tarde, tras aclarar su garganta.
-¿Desde cuando le pasas dinero?
-Cuando supe que eras mi hija, cuando comenzaste a parecerte a mi -explicó él-. Eso fue cuando tú tenías… pues unos 10 años, en años anteriores no pude ir a las quedadas en las que estaba tu madre, ella ya sabía claramente que eras mi hija, y los demás… creo que cada uno lo empezó a intuir en algún momento, llegó un punto en que procuraba que no estuvieras muy cerca para que no se dieran cuenta pero acabó pasando.
Ella asintió, despacio, era propio de su madre. Se acordaba de esas veces, de forma algo lejana, pero llegaban a ella aquellos momentos. Se rio por lo bajo muy suavemente, y se colocó algo mejor el pelo ayudándose del espejo del panel delante de su asiento.
-Pues que sepas que no soy ninguna hija modelo, viejo -le dijo-. Me han expulsado varias veces, no me gustan los vestidos, me quiero hacer un piercing y tatuajes y saco malas notas.
El otro suspiró, pesadamente, acordándose de sus padres en aquel momento. Ella era como él en carácter también, pero había una parte de Aria también. Y es que se la notaba claramente nerviosa, pero no se lo hizo notar.
-¿Dónde te los quieres poner?
Ella se sorprendió al escuchar eso, así que se limitó a encogerse de hombros.
-Quiero uno en el ombligo, y tatuarme la parte interna de muslos y antebrazos.
-Donde más duele.
-Sí, un dragón super bonito de colores.
-¿Aria lo sabe?
-Claro que no, quiero ahorrar y hacerlo por mi cuenta.
-Le sentará mal, ¿sabes?
-No me dejaría aunque se lo explicara o pidiera mil veces.
-Es normal, más si se lo ocultas -comentó con diversión William-, tu madre se hizo un tatuaje de una mariposa cuando salíamos en Kadic, ¿sabes?
La otra le miró con sorpresa, pero asintió, pensando en las veces que la había visto en ropa interior… de hecho no recordaba haberla visto, claro que no era algo que pasara a menudo. Hasta que cayó.
-En el muslo izquierdo, ¿verdad?
El otro asintió, en ese momento Vikani le señaló por dónde debía ir, había varias rotondas y cambios de dirección, así que la joven le guio al centro comercial más cercano, donde los demás habían comprado el primer día. Tras llegar al garaje del mismo, minutos más tarde y con sólo la música de la radio de fondo, el mayor empezó a aparcar al lado de una columna, mientras la otra se limitaba a mirarle mover el volante con una sola mano y mirando por los retrovisores, atendiendo de vez en cuando a la cámara trasera.
-Tengo que aprender a hacerlo así… -murmuró ella- Venga, vamos a comprar, que hay prisa.
Según el otro apagó el motor ella abrió la puerta y salió, así que el otro suspiró y fue tras ella, mientras las cámaras de seguridad registraban todo aquel movimiento, y el de mucha más gente en el interior del aparcamiento. A lo largo de la red esa y millones de horas más de vídeo circulaban a través de la red de datos de sistema nacional de seguridad del país, en el cual tenía uno de sus tentáculos Cartago. Tenía raíces en el tráfico de todos los países del Tratado Atlántico, y otros cuantos más, y por orden de los mandos debía dar información relevante cada cierto tiempo… al ser unas cantidades tan abrumadoras de información había muchas cosas que revisaba en milésimas de segundo por la velocidad de sus programas de análisis, pero se daba cuenta de todo, y el rostro de William lo detectó de inmediato.
No hizo saltar la alarma, sin embargo, no avisando a nadie de lo observado. También había detectado la presencia de los otros en esa misma área, así que sabía con cierta certeza de que estaban en esa zona. Pero no iba a decir nada, por ahora, en el informe se limitaría a dar información sobre delincuencia que había visto, sin llegar a avisar de que los atacantes habían aparecido. No sabían los mandos ni quienes eran, podía ocultares aún, y lo haría. Su lado más racional se preguntaba por qué su lado emocional quería actuar así, y también por qué gobernaba en ese asunto. Era lo único en lo que decidía, pero sin duda era el lado más relevante de su personalidad.
Lo que sí sabía era lo que había pasado en Francia durante la noche anterior en Europa. A través de las diversas cámaras había visto cómo los agentes que había mandado Cartago a por Laura y compañía se internaban en el bosque cercano a la fábrica abandonada que había sido destruida. Por la triangulación satelital sabía que aquella era la base física del grupo, aunque no llegó a comentar nada en aquel momento. No era el momento, pero tampoco podía hacer nada para evitar que ellos tres indagaran y descubrieran la verdad, sería… demasiado evidente.
Se limitó a ver como Charlie, Aylen y Roger recorrían el bosque, andando por los caminos de tierra hasta ver, a lo lejos, las máquinas que usaban para eliminar los escombros. Así les facilitaban la entrada, desde luego, pero estaba vigilado todo aquello por más agentes, y no estaban para bromas: armados con fusiles de asalto, ropa negra, gafas de visión nocturna y protecciones por todo el cuerpo, parecía que fueran a la guerra. Se tuvieron que poner a ras de suelo para no ser vistos, sabiendo que serían pillados casi seguro… hasta que les vieron irse de allí a toda prisa. Su respiración se aceleró al pensar que habían sido pillados ya, pero no les vieron volver en ningún momento, así que, pasado un minuto, se incorporaron los dos hombres, dándose cuenta que ella se había quedado agachada tras el tronco de un árbol.
-Venga, princesa, vamos allá…
Ella chasqueó la lengua y fueron directos hacia la fábrica derrumbada, pasando a través de las grandes máquinas de obra que había allí paradas. Los escombros estaban apilados en varios montículos, pero aún quedaban bastantes por retirar, sólo quedaba una escalera de metal que se encontraba a la mitad de la antigua explanada que servía como primer piso de la fábrica, y que permitía bajar hacia la nave inferior. Allí vieron que en el antiguo espacio que debía servir como lugar desde el que se subía y bajaba en un montacargas sólo quedaba una escalera de mano, por la que comenzaron a bajar hasta que llegaron a la primera apertura.
-Me cago en mi puta vida…
Aquello le salió a Charlie de lo más profundo al ver la pantalla de un ordenador y el teclado, junto a un montón de montañas de papeles aquí y allá. Había multitud de equipos portátiles conectados a los cables de bajo el suelo, unidos a través de largos hilos conductores y que acababan en un puerto USB en incluso torres de ordenador dispuestas a lo largo del suelo.
-Haces bien, Swan, porque esto… joder…
Aylen no había visto algo así desde que había abandonado, días antes, las instalaciones de Cartago. Parecía una copia de estas, de hecho, y no sabía cómo o quién lo había hecho… sólo se hacía a la idea.
-Si son terroristas… son más peligrosos de lo que pensaría uno…
Roger tenía la mano cerca del mango de su pistola, mientras ella se acercaba al teclado y su compañero sacaba fotos, sabía que no se tenía que fiar del francés, claro que había algo importante, pero se esperaba cualquier cosa menos aquello. Y sin que ellos supieran lo que pasaba más arriba, Paul Moreau, Marien Legard y Gerard Magné recorrían el camino hacia el edificio a toda prisa, sin saber que había sido Cartago la que había avisado al intendente de lo que estaba pasando, haciéndole creer que era la seguridad interna la que había saltado.
Recorrieron los trescientos metros que separaban el apartamento de Marien de la fábrica en varios minutos, armados con sus reglamentarias más un revolver del superior, y procedieron a bajar desde dos puntos a la zona inferior, esperando dar con los americanos, y que estaban indagando demasiado para el gusto del francés. Una vez coordinados, bajaron al mismo tiempo, y según entraban a la sala desde dos puntos diferentes, y según cayeron, apuntaron con sus armas a los primeros que vieron.
-Quietos ahí.
Paul tenía la voz incluso una octava más grave, viendo como los otros dos se posicionaban, aunque los americanos tampoco se quedaron quietos y les apuntaron con sus recortadas.
-Bueno, francés, parece que tenía razón en desconfiar de ti.
-Igualmente, americano.
Charlie frunció suavemente los labios.
-No quiero dispararos.
-Yo tampoco, Swan -le dijo el otro-, así que alejaos del aparato y salid de aquí, despacio y con calma.
-Estamos aquí precisamente para esto, Moreau -le dijo Roger-, par investigar qué ha pasado.
-Ha sido en territorio francés, así que diría que es cosa nuestra.
-Me temo que no -comenzó Aylen-, ha sido un ataque directo a nuestro gobierno, y no lo vamos a permitir.
Comenzó entonces una tensa batalla de miradas entre ella y Paul, mientras los otros no estaban muy seguros de qué hacer, hasta que apareció un nuevo individuo por allí, bajando lenta y pesadamente a través de las escaleras, todos se giraron al ver al anciano caminar hacia ellos.
-Joder, ¡¿y este quién es?!
-¡Un respeto, este hombre es un grande de la gendarmería parisina!
Maximilien Lambert avanzó hacia donde estaban todos ellos, con las manos en los bolsillos. Suspiró algo.
-¿Vais a bajar las armas en algún momento o nos vamos a quedar aquí mirándonos como pasmarotes? -comentó, serio- Este es un muy importante lugar, no me gustaría que lo estropearais con vuestros disparos, ya me jodería tras tantas décadas sin que aquí pasara nada que lo rompáis por nada…
-¿Ella quién es, por cierto? -comentó Paul, mirando a Aylen- El otro día no estaba con vosotros, no la recuerdo al menos, ¿vosotros?
Los otros dos gendarmes negaron, sin embargo, los americanos estaban más centrados en cómo el anciano se sentaba en el sillón del aparato.
-Ella, muchacho, no es más que otro peón en todo esto, como lo somos los demás -comentó el mayor, mientras se acomodaba-. Y esto de aquí era la reina negra, siguiendo con la metáfora de ajedrez, que servía de contrapeso contra la reina blanca que simbolizaba Cartago… pero ya no vale de nada, o eso creo.
Ambos grupos le miraron, esperando una respuesta más clara, así que el mayor sólo se aclaró la garganta. Todo bajo la atenta mirada de la IA…
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Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Este fanfic está conectado con Aelita's Nature, y que se encuentra en el pasado de la línea temporal de este. Habrá referencias en ambos de eventos del otro.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
