Nueva Generación: Proyecto Cartago
Capítulo 16
Maximilien se dedicó a explicar lo poco que sabía sobre aquel lugar bajo la atenta mirada de todos los presentes que, inconscientemente, fueron bajando poco a poco las armas, pero siempre con estas en la mano y dispuestos a usarlas de ser necesario. Tampoco es que tardaran demasiado, aunque el mayor adornó mucho la explicación con comentarios de autor y deliberadamente se iba por las ramas, todo el proceso duró unos intensos cinco minutos, que sirvieron más para calmar las aguas que otra cosa. Sin embargo, los franceses se dieron cuenta que, lejos de decir algo que pudiera aproximarse a las declaraciones que grabó Paul, iban en un sentido bien diferente.
-¿Esperas que nos creamos que todo esto es por un set de grabación y te estaban pagando para tenerlo protegido? -le espetó Aylen, seria- ¿Durante cuantos años fue? ¿Cuarenta años más o menos? -estaba totalmente incrédula- Ya te pudieron pagar un buen pastón, viejo.
-¡Un respeto, muchacha! -saltó Paul- Este hombre podría darnos a todos los presentes una buena lección de…
Pero antes de que pudiera responder, el mayor se levantó de su sitio, mientras suspiraba un poco, observando de reojo al ordenador.
-No pretendo que me creáis, os estoy diciendo la verdad -comentó, simplemente-. En fin, tengo que irme, he quedado con una dama y no…
Aylen, de un movimiento rápido, se colocó a su lado y amenazó su cabeza con el arma de fuego, en pocos instantes fue acompañada por sus dos compañeros, Charlie y Roger. Paul, Gerard y Marien apuntaron hacia ellos pero sin atreverse a disparar por miedo a dar al mayor, al que si bien no tenían en tan alta consideración como su superior, tampoco sería merecedor de salir mal parado por poner a prueba su puntería en una situación de estrés.
-No hagas ninguna gilipollez… -gruñó Paul, mientras llevaba su cañón hacia la cabeza de ella- Déjale salir tranquilamente y sin movimientos bruscos.
-Creo que no sabes con quién estás hablando, francés -respondió ella-. Este hombre sabe más de lo que cuenta, y no me creo la milonga de la peli de Jean-Luc Godard -se rio un poco-. Ni sé quién coño es ese, si soy sincera. (1)
Antes de que nadie pudiera responder, se escuchó un chispazo y una corriente eléctrica emanó desde uno de los enchufes, voló directamente al cuerpo del mayor, y este, de un rápido movimiento, se deshizo de los tres americanos de unos pocos movimientos que los otros ni supieron ver venir. Acabaron en el suelo algo adoloridos y sin sentido tras recibir una intensa descarga eléctrica de parte de Maximilien, cuyos ojos brillaban un poco mientras hacia aquello, para acabar de rodillas instantes después.
El primero en reaccionar fue Paul, que corrió hacia él ignorando que aquella energía salía de su cuerpo, escoltado por los dos más jóvenes, que se centraron en los americanos. Tras ver que seguían vivos pero fuera de combate, dudaron en si tenían que dejarles con grilletes o no hasta que su superior habló.
-Ayudadme a llevarle hasta la silla -pidió, obviando sus acciones-. Me cago en mi puta vida, no te mueras viejo…
Tras posicionarlo, y más tranquilo al comprobar a la perfección su pulso, Paul se disponía a intentar calmarse él mismo cuando escucharon que el otro tosía un poco y se recolocaba en el asiento, haciendo que los tres se arremolinaran a su alrededor, molestándole en el proceso.
-¡Estoy bien, estoy bien! -exclamó- ¡Me ponéis la cabeza mala, con tanto grito!
Avergonzados, los aludidos le dejaron pensar unos instantes, incluso yendo Gerard a buscar una botella de agua a petición de él, que sudaba un poco, nervioso.
-Señor, usted, cómo decirlo…
-Parecía un mal de película, lanzando rayos por las manos -exclamó Marien-. ¡Daba miedo, en serio!
Fue entonces que vio a los tres americanos tirados por el suelo, y se limitó a suspirar un poco, bajando del asiento. No atendiendo las peticiones de Paul de ayudarle, se mantuvieron en silencio hasta salir de la fábrica, donde encontraron a Gerdad, que ni bien le entregó la botella de agua, este dio un largo trago, luego un segundo, y, suspirando, se la devolvió al muchacho.
-Bueno, creo que hay mucho que explicar, ¿no cree, Maximilien?
-¿Te refieres a la acusación de los rayos?
-No es una acusación, es un hecho -le espetó Gerard-. Pe-perdón, yo…
Pero el aludido le restó importancia con un gesto.
-Hace tiempo que estoy jubilado -murmuró-, pero entiendo vuestro nerviosismo, yo también lo estoy… ¿Tenéis casa cerca?
-Sí, pero procuren… -Marien se riñó a sí misma suspirando suavemente- Sí, señor.
-Esta vez no montaré tanta zorrera con el tabaco, sí -murmuró Paul, mientras se ponía a andar-. Estos novatos, ya ni fumar o beber puede uno…
Maximilien les miró funcionar, acordándose de los tiempos en los que él era un novato, no pudiendo evitar que una suave sonrisa nostálgica apareciera en su rostro. Ahora que tenía bastante más información, gracias a lo que quiera que hubiera pasado… podría serles de ayuda. Cartago se había asegurado de darles vía libre para salir, observándoles en todo momento usando sus propios cuervos: cámaras de seguridad, cables de todo tipo, incluso algunos satélites bajos para tenerles en vista en todo momento a la vez que se mantenía en un perfil bajo para sus jefes, que, sin su colaboración plena en lo que sucedía, seguían buscando la forma de dar con los enemigos de sistemas que atacaron sus sistemas.
Había ayudado a aquel hombre por saber de su verdadera implicación en todo lo sucedido, y en agradecimiento por ayudar a Waldo, que, al fin y al cabo, era su padre por así decirlo. Su doble naturaleza, humana y de IA, aunque no era desconocida para Cartago si que había comenzado a salir más con la interacción en dos ocasiones con aquel grupo, y se había evidenciado con los últimos acontecimientos y acciones que había llevado a cabo. Y si debía esperar a que el "enemigo" fuera más poderoso para poder hacer bien las cosas… bien valía la victoria darles un tiempo y que así la batalla fuera realmente pareja. ¿Qué honor había en aplastar sin dar la opción de defenderse o poder al menos golpearle?
-Espero que valga la pena…
Andaba por el interior de su mundo virtual, ahora vacío por no tener el submarino digital. Este era usado por diferentes técnicos de Cartago para explorar el mar digital mientras la IA investigaba y daba con el enemigo en su nueva base. Y aunque tenía bastante claro dónde se encontraban, no lo diría, prefería ser la atacada antes que atacar, al menos mientras pudiera tener a los superiores ocupados con otros asuntos. Además… no quería enfrentar a Laura, Abigail y Yao por el momento, no se sentía con las ganas o las ideas claras para saber qué hacer. Era lo malo de ser una entidad consciente e inteligente, que podía dudar, más por su mitad humana y que influenciaba. Aún con todo, se consideraba más poderosa que Xana, y por supuesto que los otros dos programas con los que el enemigo contaba.
-Estoy perdiendo tiempo para que vosotros podáis luchar adecuadamente contra mí… los mandos están nerviosos -murmuraba para sí, sabiendo que no había nadie con quien interactuar-. Pero no saben nada, y los técnicos que trabajan conmigo ahora que no estáis tampoco, así que…
Se miró las manos. Podría derrotarles con relativa sencillez y asegurar su predominancia fácilmente, pero prefería ese método. Que su victoria fuera total, absoluta y sin atisbo de duda. Con confianza, se sentó en la plataforma y observó el horizonte, preguntándose cómo sería el verdadero, aquel del que, a veces le hablaba Laura durante las largas jornadas de trabajo. Cuando ella dejaba de escribir los códigos para ser corregidos y colocados por Cartago, se dedicaba a parlotear sobre su mundo: sobre los colores, sabores, sus gustos… hablaba de la moda, del fútbol que tanto le gustaba, del ajedrez, y de ese encantador actor del que se había enamorado en juventud y cuya foto engalanaba la parte interior de una de sus carpetas.
Le contaba sobre sus experiencias, del agradable olor a salitre del mar, del viento enroscándose en el pelo… y de muchas otras sensaciones. Podía ver lo enormemente sensible que era la mujer, a comparación con Yao, que se limitaba a quejarse de su mala suerte en un juego online, o de Abi, que sólo despotricaba porque su equipo no había ganado una competición europea importante en años. Se preguntó entonces si todo eso era lo que había estado aprendiendo a lo largo del tiempo su… ¿se la podía llamar hija? No lo sabía, sería un interesante debate interno, y sin embargo, no tenía tiempo de ponerse a filosofar, menos de cuestiones de las que no sabía lo suficiente. De hecho, de nada sabía lo bastante como para poder tener una opinión formada.
-No estaría mal… pisar por mi misma la arena de una playa de nuevo… -apareció una suave sonrisa en su rostro- Lamentablemente dudo que me den el permiso de hacer algo así, pero por intentarlo… Y, si no me lo dan, lo haré por mis propios medios.
Aún en la misma posición, sus ojos brillaron suavemente, y una descarga de energía salió de su cuerpo, recorriendo el mundo virtual a toda velocidad, perdiéndose en las profundidades del mar digital, pero con un destino perfectamente definido.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
La mañana del 15 de Octubre mostraba la casa de campo vacía, y es que sus ocupantes se habían preparado para una expedición antes de que amaneciera plenamente, y, para las nueve de la mañana, los coches del grupo ya recorrían los sinuosos caminos de tierra que les separaban de la pequeña nave que contenía el cercano súper ordenador. Estaban muy lejos de estar preparados, pero, si todo salía bien, aquel día darían un avance importante en su misión, o eso esperaba Jeremy.
Este conducía, con Ulrich de copiloto, mientras William, Laura y Herb estaban en la parte trasera. Detrás, en un segundo coche, Yumi estaba al volante con Aria a su derecha, y en los asientos posteriores, Patrick, Yao y Abigail. Cerraban Vikani, Aelita y el resto de adolescentes en el viejo todoterreno familiar, y que, esperaban, no llamara la atención de los policías por ir demasiado lleno, pero a esas horas y en zonas de campo mal se tenía que dar la cosa.
-¿Me recuerdas para qué estamos yendo, Lita?
Vikani ahogó un bostezo tras formular la pregunta, mientras la otra se rascaba suavemente la nuca.
-Bueno, el plan es usar las armas de Xana contra Cartago, al menos intentarlo -comentó Aelita, apenas podían ver con toda la polvareda que formaban los dos vehículos ante ellos-. Tenía todo un ejército de robots, esperamos poder usar al menos una parte.
Suspirando, la más joven asintió, eso creía haber oído y quería confirmarlo, o no, ya no lo tenía en especial claro. Le daba la sensación que, a veces, estaban dando palos de ciego o bandazos, como si no hubiera un plan preestablecido, como si estuvieran, de alguna forma, improvisando. Esperaba que no fuera así, por su propio bien, pero cualquiera decía nada…
-¿Y si sale mal, qué?
-Nos tendremos que volver a casa… o no salimos de ahí dentro.
Sus hijos miraron a la mayor con horror, mientras Ariadna e Hiroky se tensaban en el sitio, y JP rezaba por volver a ver a sus padres, que habían salido a la casa de Aria porque, al parecer, la madre de esta quería pedirle a Odd que le arreglara unas cosas de electricidad. De paso, luego irían hasta el súper ordenador a charlar con Belona y Marte, que ya tenían lista una sorpresa.
-¡Mamá, no digas esas cosas! -se quejó Maya- ¡Llamas a la mala suerte! Y… no quiero que os muráis.
La aludida la miró desde el retrovisor.
-¿Crees que si hubiera una mínima oportunidad de que pasara algo así, os dejaríamos venir? -preguntó, suspicaz- Ya te lo digo, ni en broma.
-Pues casi lo parecía… -murmuró Ariadna- Diste miedo, tita…
-Puede ser peor, créeme -comentó JP-. Un día, papá casi hace que me de un algo…
-¿Te refieres a cuando insinuaste que te gustaba…?
Antes de que Hiroky terminara la frase, su hermana le dio un codazo en las costillas, pero Aelita sabía de lo que hablaban. Y su hija también, dado que se le habían teñido algo las mejillas.
-Chicos, no es para tanto, es una relación -les dijo la mujer, mientras Vikani rodaba los ojos-. Además, ya os hemos pillado -reconoció, mientras los dos aludidos dirigían su mirada a otro lado-, cuando esto termine podremos hablarlo, ¿entendido?
Zanjando la discusión, se mantuvieron en un suave silencio, sólo roto por los comentarios de la adulta a cómo conducía la otra, que también le preguntaba sobre su misión en el mundo virtual cuando eran jóvenes, con la esperanza de sonsacarle algún dato sobre lo que iba a pasar con ellos a futuro, pero sin demasiado éxito.
-El caso es que, según pasaban los ataques, las replikas eran cada vez más realistas y parecidas al mundo real -explicaba-, había incluso sectores nuevos, tuvimos que desarrollar un nuevo tipo de vehículo para algunos de ellos, monstruos concretos para ellos… -tenía una sonrisa nostálgica- En teoría, ese ejército mecánico no estaba ni listo, pero esperemos que de algo nos pueda servir.
-¿Y cómo no ha sido descubierto?
-Igual que no pasó con la fábrica, la verdad -comentó Aelita, sonriendo-. Hemos sido protegidos todo este tiempo por alguien, o algo, pero desconozco el por qué y el qué.
Ellos podían entenderla, ya teniendo ese resultado… ¿qué más daba? Aunque querían agradecer esa ayuda, por otro lado, pero igual le molestaban, o provocaban que no quisiera ayudar más… pensaban en ello cuando llegaron hasta la cercana nave con el súper ordenador, pero pasaron de largo, siguiendo por un pequeño camino, y que transcurría en torno a los árboles. Si lo recorrido hasta el momento era más bien agreste, ahora lo era más aún, con grandes rocas aquí y allá, raíces gruesas y muy extensas por todas partes, animales entre la maleza, y el sonido de la naturaleza sólo roto por el de los motores de los vehículos, que tuvieron que minorar la velocidad bastante.
-Bien chicos, estamos al lado ya -murmuró Aelita, comprobando que los coches de más adelante paraban-, deja por aquí el coche, acuérdate del freno de mano.
Efectivamente, recorrió Vikani los últimos metros hasta una explanada donde con dificultades podían entrar los tres vehículos que iban, pero con cuidado los dejaron unos pegados al otro, saliendo como podían según el caso por la proximidad de las puertas. Como no podía ser de otra manera dejaron todo con bastante tierra por encima, pero en esos momentos tenían otra cuestión de la que preocuparse.
-¿Todos listos?
A la pregunta de Jeremy, todos asintieron. Fueron sacando varias linternas, en los bolsillos tenían las respectivas baterías y pilas, dispuestos a la misión. Ante ellos, una solitaria puerta de acero reforzada totalmente oxidada en ese momento se alzaba, con muros de hormigón gris rodeando la misma, formando un pentagrama de unos dos metros y medio de alto, en apariencia amplio por dentro, y aprovechando una parada en la ascensión de una montaña. Esta subía varios metros más en unos cuantos picos rocosos y que se veían al fondo, pero pasaron de los mismos.
Abrieron la puerta usando una sierra mecánica portátil, montando una buena fiesta de luz blanca, azul y naranja cuando el metal chocaba con el metal. El encargado era Ulrich, usando para ello unos guantes y una máscara especial, mientras los demás, dados la vuelta para no quedar cegados esperaban a que el otro terminara, habiendo protegido como pudieron los alrededores para no provocar por descuido un incendio.
-¡Está! -gritó el hombre al rato- ¡Podemos entrar ya!
Se levantó entonces, sonriendo un poco y dejando la herramienta a un lado, siendo rodeado al poco por los demás, que le ayudaron a quitarse la máscara protectora, los guantes y la máquina cortadora. Una vez listo, y tras acomodar la vista a la luz natural, se dispusieron a entrar al interior de la antigua base de Xana, y que William y Aria conocían bien. Se acordaban bien por lo mucho que la IA les machacó al respecto, se sabían las bases casi de memoria, aunque hacía tanto que no las recorrían que ellos no estaban del todo seguros si podrían ir por los pasillos con la misma agilidad y suficiencia como las que tenían cuando eran jóvenes y estaban en esa rutina diaria.
Ella en especial, pero decidió igualmente colocarse delante de ellos casi por petición también de Aelita, así que entró a la edificación, llevando el haz de luz al frente, sin avanzar hasta tener aclimatada la vista a la oscuridad imperante. Una vez se hubieran acostumbrado, avanzó hacia unas escaleras laterales, por la que bajaron lentamente por la falta de una barandilla. Era ancha, de unos dos metros y medio, con escalones amplios y no demasiado altos, de hecho era más cercano a una rampa que a otra cosa, así que pudieron eventualmente ir algo más deprisa. Al final de la misma entraron a una amplia entradilla, podían ver en la pared un cuadre de luces al que se acercaron un par de ellos.
Tras revisarlo, y una vez movieron varios de los pestillos y apretados unos cuantos botones, comprobaron que las luces se fueron encendiendo en tandas, demostrando así que aquello estaba también conectado al súper ordenador de algo más abajo. Se extendía a su frente un largo corredor con múltiples puertas a cada lado, así que fueron por el pasillo, atentos a las puertas. Vieron que los carteles de las mismas tenían múltiples unos y ceros, varios del grupo se detuvieron para anotar las diferentes combinaciones, algunas más largas que otras, y que seguro significaban algo. De los adultos, sólo William, Aria, Patrick, Yumi y Ulrich fueron hacia la puerta más al fondo, el resto estaba intentando descifrar aquello, y, como no podían ayudar, decidieron no molestar a sus compañeros y avanzar algo más. Cerrando el grupo, Vikani acompañaba a su madre más por ella que por quererlo, ese sitio le daba bastante mal rollo.
-Si no recuerdo mal, tras esta puerta estaría… la nave principal -explicó William-. Se extiende varias plantas hacia abajo, como en todas las bases, donde están los robots, y, al otro lado -suspiró pesadamente-, estará la base como tal, donde llevaba a cabo sus muchos experimentos.
-Desde aquí también se puede llegar hasta el súper ordenador, usando las galerías subterráneas -añadió Aria entonces-. De hecho, diría que aún podría llegar, pero no es nuestro objetivo, por ahora…
-¿Hay una sala de mandos central o algo así?
A esa pregunta de Yumi, la otra asintió. Fue entonces que el resto llegó, los primeros en abrir la puerta fueron los adolescentes, que, sin siquiera pararse a encender las luces, procedieron a bajar por unas escaleras una vez cruzaron una pequeña pasarela. Jeremy sí se detuvo en el cuadro de luces, y, tras ponerlo todo en orden, una vez más comenzaron a encenderse las diferente lámparas a tramos, mostrando una estancia de unos veinte metros de largo por diez de ancho, a rebosar de aquellos robots tan siniestros que les había costado quitar de sus mentes: eran de dos metros de alto, anchos y con aspecto humanoide.
Carecían de cuello, su cara era una especie de cúpula con tres ojos a cada lado formando una línea que recorría la mitad de la circunferencia, con dos antenas a modo de orejas. Su cuerpo negro estaba protegido por una pechera que dejaba a la vista lo que sería su estómago, unas protecciones en la cadera y que defendía la parte superior de los muslos, con espinilleras del mismo color. Sus brazos y hombros estaban igualmente protegidos, aunque en esos momentos estaban llenos de polvo.
-¿Cuántos puede haber…?
Fueron contando en silencio las columnas y filas, y podía haber cerca de 200 por cada lado de la nave, y siendo varios pisos… sólo ahí, en esa base, estarían cerca de 4.000 de esos robots. Y tenían pinta de duros, una persona con sus puños desnudos no podría derrotarlo, la cosa cambiaría con armas de fuego o pesado. En todo caso sería una verdadera matanza, Aelita tuvo un escalofrío al recordar la vez que los descubrió junto a Odd, este le hizo una broma pesada, hasta que dejó de ser una chanza y se volvió realidad cuando varios se comenzaron a mover para atacar. De eso fue hace más de quince años, puede que en esos momentos tuvieran que ser limpiados a fondo.
-Con los de esta primera planta nos debería valer -comentó Jeremy-, vamos a buscar la sala de mandos, a ver qué nos encontramos… ¿Y los niños?
Vikani señaló hacia el frente y se encontraron con que estaban inspeccionando algunos de los impresionantes robots, cuchicheando entre ellos, como si fuera una especie de juego. Suspirando, los mayores no podían decirles nada porque, a su edad, ellos eran bastante peores… limitándose a ir al frente, subieron la escalera al fondo, idéntica a las anteriores y preparadas para que los androides se pudieran mover con libertad a lo largo de la base. Ya ante la puerta, la abrieron sin demasiadas dificultades, y una vez atravesaron un par de pasillos más, llegaron a la sala principal. Era un cuadrado de seis metros de lado por tres y medio de alto, y que contaba en su medio con un semicírculo con múltiples pantallas, botones, sensores y palancas. Se dieron cuenta que había varios puestos diferenciados, cada uno con lo que parecía un hueco en el que introducir una suerte de llave, un objeto que debía ser con forma cuadrada.
-Bueno… ¿y ahora qué?
Sissi buscaba un sitio en el que sentarse pero no se veía nada, y la humedad comenzaba a hacerse presente. El aire estaba enrarecido y no se podría trabajar apropiadamente hasta hacer ese sitio algo más habitable. Por suerte para ellos, al tener entre sus activos a múltiples seres humanos, Xana se veía obligada a hacer de sus bases lugares habitables para ellos de algún modo, eso les servía de ventaja ante el enemigo.
-Tenemos que poner a funcionar este sitio o no podremos trabajar bien -Aelita suspiró algo-. Al menos sabemos que luz tenemos.
Procedieron a colocarse varios de ellos delante de los mandos, apretando los botones al tuntún a ver si algo pitaba o se ponía a emitir luz, buscando algo que encendiera las instalaciones por completo. Minutos más tarde de no lograr nada, Herb presionó algo que hizo que todos los botones de los mandos se iluminaran formando una especie de onda, e iluminando entonces las pantallas que, como no podía ser de otra forma, era un ordenador que se limitaba a poder ingresar diferentes programas. No tenía nada que se pareciera a un ratón, ni táctil ni tampoco mecánico, así que tendrían que encontrar algún listado de los programas.
-¿Y los demás qué hacemos? ¿Nos quedamos como pasmarotes aquí, esperando?
A esa broma de Patrick, Jeremy le señaló la salida.
-Id a explorar, a ver qué encontráis -pidió-. Xana tenía muchos experimentos abiertos, igual hay algo que nos pueda dar una idea.
El grupo al completo, menos William, le obedeció. Este, de hecho, se le acercó y suavemente le tomó del hombro.
-Tengo una ligera idea de lo que había aquí, Jeremy -le dijo-, no sé si… quieres que los niños lo vean.
Este asintió, despacio.
-Diles que abran uno de los robots entre ellos, que se entretengan despiezándolo.
Asintiendo, William procedió a salir y dar la última instrucción indicada, dejando a los seis a solas. Aelita al lado de su marido, Herb con Yao, y las otras dos mujeres en el resto de monitores, buscando a saber qué, pero necesitaban conocer aquel ordenador. Nada hacía presagiar que fuera muy diferente al que hacía funcionar a Unmei, y así fue: era una copia del mismo, pero sin el mundo virtual que les servía de fortín, y lógicamente sin el mismo programa inteligente que lo hacía funcionar; en su lugar, lo que tenían era una versión algo más simple pero igualmente potente y útil, que les permitiría trabajar con cierta facilidad.
Pocos minutos más tarde dieron con la forma de poner en marcha la ventilación, las cámaras de seguridad, luces en todas partes, apertura de puertas y sensores de movimiento y de señales vitales. En una de las pantallas apareció toda esa información, así que los demás lo revisaron con bastante interés, sorprendidos porque aún funcionara todo con cierta calidad, se notaba lo buenos que eran los materiales. El mapa de la base era amplio, aunque no demasiado elaborado, al menos en la parte que ya habían revisado. En uno de los laterales de la nave de los robots, sin embargo, vieron que había un pasillo que llevaba al resto del complejo, y que se irradiaba en un gran sistema de galerías y salas de, suponían, investigación. Comprobaron que, con los androides, había un grupito de puntos rojos, y que eran sus hijos; mientras, precisamente en esa zona nueva e inexplorada, estaban todos los demás.
Fue entonces que Laura sacó un comunicador inalámbrico, que, presionando uno de los botones, le permitió hablar con el de William. Este era el que guiaba la expedición, apuntando los números que aparecían en los letreros, con algo de nerviosismo porque a saber qué se encontraban, lo más seguro era que nada, pero bastaba que se despistaran para que algo malo sucediera.
Aria, a su lado, lo miraba todo con cierta nostalgia, recordando aquellos sitios que tuvieron que defender de los guerreros Lyoko hacía años, cuando servía – no por voluntad propia – a Xana. Agradecía en silencio que no permitiera William que les acompañara ninguno de los pequeños, sólo Vikani permanecía tras ellos, y más interesada en mirar al suelo que a otra cosa.
-Aquí huele… especialmente fuerte -comentó Yumi, tras recorrer unos metros-, y no a humedad, precisamente.
-Porque, por desgracia, aquí era donde Xana hacía de las suyas -murmuró William, comprobando que nadie les estuviera siguiendo-, este era un centro de investigación médica… tras la caída de este mundo virtual, decidió que estas instalaciones ya no tenían utilidad, y como no estaba logrando los avances esperados, decidió cortar de raíz todos los experimentos… y eso pasaba por matar todas las cobayas.
-Cosa que nos tocó a nosotros, claro…
Aria bajó el rostro, apesadumbrada. Yumi, a su lado, la abrazó cariñosamente, comprendiendo su miedo, pero poco se podía hacer. Esta, además, le recordó un detalle.
-No eras tú la que actuaba, sino Xana… no tenías otra opción.
-Éramos conscientes de todo -la voz de William se quebró-. Aquí había gente mayor y jóvenes, por suerte… se experimentaba con el sistema neurológico, así que la mayoría eran gente con alzhéimer, o esquizofrenia, o directamente vegetales… pero gente viva, en todo caso.
-Lo que huele deben ser los vestigios del pestazo que aquí había por los cadáveres… -susurró Ulrich-, porque, asumo, ni los enterrasteis, ¿verdad?
William le miró con mala cara, apretando los puños, pero asintió. No hacía falta que el otro le recordara sus muchos errores, ya estaba su conciencia para ello. Yumi le reprendió su falta de tacto con un codazo, pero el aludido le restó importancia con un suave gesto.
-Estábamos demasiado ocupados intentando no acabar muertos por nuestra… incompetencia, como solía decir Xana -respondió, mientras abría una puerta al azar-. Si no recuerdo mal aquí estaba… ¿Elizabeth, puede ser?
-Una chica ciega pero con una inteligencia fuera de lo común -comentó Aria-. ¿Te acuerdas de lo que se solía acercar a ti, Will?
-Me montaste un par de pollos por celosa, sí…
-¿Aria, celosa? -Patrick rio imaginándose la escena- Pagaría por verlo…
-No tenía un pelo de tonta… -gruñó Aria- Pero no la culpo, necesitaba alguien con quién sentirse cómoda y segura… y éramos los únicos cuerdos aquí dentro.
Aquella historia se estaba tornando muy turbia para todos los presentes, demasiado conscientes de lo mucho que implicaban aquellas cosas que los otros dos comentaban. Demasiado doloroso para decirlo de forma abierta.
-Recuerdo haber recorrido estos pasillos a toda velocidad, siguiendo indicaciones de Jeremy -Ulrich fue el único que se atrevió a romper el tenso silencio-, pero no haber escuchado jaleos aquí.
-Fue porque… les dimos medicación en forma de aerosol antes de que llegarais, Xana no quería que vierais cosas demás.
A esa respuesta de Aria, Yumi se estremeció.
-¿Entonces? ¿Qué hacemos aquí, más que lograr que se nos revuelvan las tripas? -gruñó ella- Si os dejasteis alguien con vida está más que muerto desde hace años…
William se limitó a seguir los pasillos, pensativos.
-Xana quería replicar el sistema neurológico humano con un fin muy concreto -tragó saliva un poco-, y es que quería un cuerpo humano.
Aria era la única que no estaba sorprendida por esa afirmación, de sobra conocida para ella. No habían charlado del tema porque no tenía sentido estando la IA muerta y, de alguna forma, enterrada, pero ahora podía volver a ser útil.
-¿No le iría mejor con un cuerpo mecánico? -sugirió Patrick- Así no enfermaría, tendría piezas de repuesto de sobra…
-Eso pensábamos también, pero comentó que así… podría tener más contenta a la gente que tendría de esclavos -explicó Aria-. Xana leyó mucho de física, química y matemáticas, pero también historia, psicología, biología… -llegaron entonces a una puerta- El caso es que llegó a la conclusión que, si quería reinar por mucho tiempo, no se podía basar en el control absoluto o el terror.
-Quería ser dictador, pero sin serlo a cara descubierta -Ulrich suspiró-. Qué hija de puta…
-No la podría definir mejor…
La compuerta se abrió gracias al grupo que estaba a los mandos, que habían escuchado la conversación gracias al comunicador, y que en todo momento registró la charla. No era tampoco algo que no le hubieran explicado a los demás, y que sólo demostraba lo muy peligrosa que era la malvada IA. El grupo de Jeremy, por eso y para evitar malos sueños, solía evitar saber qué tramaba Xana en esas instalaciones, o qué era lo que investigaba, sólo iban a destruir el súper ordenador de turno y sabotear todo lo posible, sin preguntarse par qué servía, mientras Jeremy trabajaba en el antivirus.
-Bueno, aquí era donde estaba su santuario, por así decirlo.
William, ayudado de Ulrich y Patrick, movieron la pesada puerta para hacer que los demás pasaran más fácilmente.
-Sólo me queda que digas que era aquí donde Xana tenía su cuerpo y ya me desmayo…
No hicieron caso a esa broma de Yumi, y que, por desgracia, iba bastante bien encaminada. Era una sala más o menos del tamaño de la de mandos, bastante más fría que las demás y que, se notaba, era la única que funcionaba desde que aquello fue desmantelado años antes. Los cables recorrían el suelo desde uno de los laterales hasta una suerte de sarcófago en el centro, de color marfil igual que el resto de la sala, decorada esta sólo con varias máquinas que funcionaban ininterrumpidamente. Un rápido vistazo a las paredes les mostró que eran especialmente gruesas y estaban bien protegidas, así que, lo que quiera que hubiera en el sarcófago, debía ser importante para Xana. Sin demasiada fanfarria lo abrieron, y se encontraron con, efectivamente, un cuerpo humano bien conservado aunque claramente muerto,
Estaba en la misma posición que eran enterrados los faraones, extendidos y con los brazos en cruz sobre el pecho. Su piel estaba suavemente bronceada, con pelo blanco y cuerpo andrógino, al revisar sus ojos se encontraron que eran de color pardo, carecía de genitales y de todo rastro de vello corporal, pero su belleza era incuestionable. Sin duda, Xana había elegido bastante bien el cuerpo a tener, y, de haber reinado, estaban seguros que sería difícil de no reconocer. Por suerte eso nunca llegó a suceder.
-Da miedo… -murmuró Vikani, por primera vez había hablado- ¿Eso… era Xana? ¿Lo llegó a usar alguna vez?
-En algunas pruebas, sí -dijo William, mientras notaba que estaba muy frío-. Era totalmente funcional, pero nunca llegó a usarlo más de veinticuatro horas… podría haberle salvado la vida, de no ser por su enorme ego.
-¿Te imaginas que ahora, de pronto, abre los ojos y te agarra del cuello? -se le notaba en la voz a Patrick que estaba asustado- Eso sí que sería una pasada…
-¡No llames al mal agüero, joder! -exclamó Yumi- Cerrad eso y tirémoslo o algo.
-¿Y que nos acusen de un homicidio que ni ha pasado? -William negó, entonces- Esto se quedará aquí para que… la mierda se lo coma.
-Oye… ¿no podríamos dárselo a Belona o Marte? -Vikani se les acercó, nerviosa- Di-digo, da miedo, pero podría ser útil, más allá de tener los robots de por allí, ¿no?
Los adultos se miraron con cierta sorpresa, pero en aquellos momentos bastantes problemas tenían con los presentes como para buscarse más con toda la logística que se necesitaría para algo así, dando por hecho que el cuerpo siguiera estando en funciones para poder ser utilizado. En la sala de mandos, por otro lado, y siempre atentos a la charla de sus compañeros, el otro grupo se había dedicado a desentrañar los datos de esa base y ordenador.
-Lo que cuentan tiene sentido respecto de los documentos guardados… -murmuraba Abigail, mientras se rascaba la mejilla izquierda- Me cago en mi vida…
-Esa boca -le reprendió Laura, aunque estaba de acuerdo con su compañera-. Aquí se han realizado muchos experimentos de… dudosa ética, el de la tal Elizabeth es el más normal de todos los expedientes.
Habían encontrado una impresora, con la que habían hecho físicos aquellos documentos que les generaron interés para poder leerlos mejor y hacerse más a la idea de lo que tenían delante. Era sorprendente, cuanto menos, que tuvieran una, aunque entonces recordaron que Xana tenía todo un grupo de exconvictos por allí trabajando, y que necesitaban de esos y otros muchos medios. Eso explicaba la zona de habitaciones que había más al fondo, pero no habían encontrado nada relacionado con lo sucedido con ellos. Dieron por hecho que sufrieron el mismo destino que los que estaban allí encerrados y siendo objeto de estudios, de todas formas tampoco es que nadie echara de menos a esos presos por cuestiones que tampoco deseaban saber, pero estaba claro que era algo relacionado con acciones de Xana.
-Puede que fuera cosa de Duncan también, lo que me recuerda… -Jeremy tecleó algo más, sonriendo algo- Luego tenemos que ir a Unmei a hacer unas últimas pruebas y podré mostraros algo muy chulo.
Se levantó entonces, y se estiró un poco. Más allá de los muchos informes de los experimentos, y que parecían propios de un científico loco, además del posible cuerpo físico de Xana… no había mucho más. Yao, Abi y Aelita notaron que había lanzado un programa a los androides, escuchando en ese momento un suave gritito por parte de los adolescentes, aunque fue ahogado por el intenso sonido del metal chocar. Salieron de la salita y llegaron hasta la nave de los androides, una línea entera se había movido hacia adelante pero no hicieron ningún tipo de aspaviento contra los menores.
Estos estaban sobre uno de ellos, que habían abierto en la zona del pecho, sacando muchos cables, placas, lucecitas… incluso varios procesadores para que funcionara el robot. Había armas en el brazo y cuyas baterías para que funcionaran también estaban ahí, demostrando ser un tanque bípedo y mucho más ligero que uno normal. Sonriendo, Maya le fue señalando a los demás lo que veía, muy interesada en todo, con un sonriente JP mirándola con cariño en los ojos, mientras Ariadna e Hiroky ayudaban a la otra en su misión de destripar hasta el último tornillo. Aunque no podían hacer un análisis más en profundidad, sí que se hacía más o menos a la idea de cual era su función, y se lo hizo saber a los demás, repitiendo sus pronósticos a sus padres cuando les vio llegar, entusiasmada.
-Me alegra ver que lo tenéis todo tan listo, chicos -comentó Jeremy, sonriendo un poco-. En un rato volveremos, ¿sabrías volver a ensamblarlo?
La muchacha dudó unos segundos y se rascó la nuca, bajando el rostro algo avergonzada, pero el otro negó un poco, divertido. Comprobaron que, minutos más tarde, volvió el resto del grupo de terminar la exploración, cargaban con varias cajas hasta arriba de documentación, entre la que se encontraba aquella que los de la sala de mandos había imprimido. Sin más, se decidieron a salir pero manteniendo todo encendido, tardando un poco más en la zona de escaleras para poder subirlas sin peligro para aquellos que llevaban las cajas. Eventualmente salieron hasta donde estaban los coches, que llenaron con los papeles encontrados, y se estiraron un poco y llenando los pulmones de aire fresco.
Una vez charlaron un poco de las impresiones sobre lo encontrado, ahora de forma más directa y a susurros de los adultos, mientras los menores observaban desde esa privilegiada posición las bellas vistas con la ayuda de Vikani para poder localizar dónde estaba la casa, señalando luego una zona del pueblo donde estaba la de sus abuelos, allí debían seguir Odd y Sissi ayudando a los mayores.
-Ahora volveremos para seguir entrenando un poco, supongo -comentó Vikani, suspirando-. Vamos con ellos, anda…
Efectivamente, los adultos ya habían subido a los vehículos, a excepción de Jeremy, Alita y Laura, que se quedarían en el súper ordenador de Unmei. El resto volverían a la casa y pondrían orden para comer a medio día y tener la casa lista, aunque Vikani tendría que pasar por la vivienda de sus abuelos para recoger a la pareja que quedaba, así que, con ese plan, despidieron a los coches, y que bajaron por los caminos. Los tres adultos procedieron a bajar a pie, charlando entre ellos sobre lo que habían visto, esperando que no hubieran quedado los demás demasiado afectados. Si ya se habían sorprendido ellos escuchándolo, verlo debía ser algo muy diferente. Sin embargo, Aelita rápidamente llevó el tema por el camino que ella quería, relacionado con lo que querían llevar a cabo.
-¿A ti te gustaría eso, Jeremy?
Iban de la mano, mientras Laura veía aquello, suspirando un poco, algo cohibida por aquello. Pero era normal, eran pareja al final y desde hacía mucho, ella… aunque tuvo su oportunidad no la aprovechó, o mejor dicho, no fue capaz de hacerlo. Intentando no pensar más en eso, posó su mirada en las vistas, eran hermosas desde luego… suspiró un poco, en realidad al que le gustaría tener de la mano en ese momento era al primo, no al rubio, y que estaba demasiado ensimismado con las palabras de su mujer.
Llegaron al poco hasta la nave donde descansaba el súper ordenador. Estaba bastante mejor ahora que lo habían arreglado un poco, hasta se podía dormir en el suelo, aunque no habían llegado a necesitarlo realmente. Aelita fue directamente hasta los escáneres, entrando a uno de ellos, seguida de Laura, estando Jeremy a los mandos. Ambas mujeres se miraron a los ojos, aún con la antigua rivalidad entre ellas en su mirada, pero aliviada gracias a años de amistad. Aún con todo, y como buenas competitivas que eran, la primera le sacó la lengua y le guiñó un ojo en la segunda al ver que su escáner era el primero en cerrarse, provocando en la segunda un rodar de ojos pero con cierta diversión. Instantes después ambas aparecieron en Unmei.
Si una conservaba su atuendo de elfo con mallas rosas y rojas, orejas puntiagudas, alas de plasma a la espalda tras tocar una estrella y una falda transparente, la otra tenía un vestido diferente al que tenían en Cartago, para así poder diferenciarse de los defensores del mundo virtual cuando tuvieran que atacar. En su caso, usaba unas medias azuladas ceñidas, un peto del mismo color, protectores en el antebrazo y piernas a modo de armadura color añil, un carcaj al hombro, y un arco de oro dibujado en sus dos brazos. Aelita la miró con una sonrisa.
-Pareces una versión femenina de Robin Hood, me gusta -comentó, sonriendo-. Te queda mejor de lo que parecía cuando lo programamos.
Ella asintió, había sido idea de ella, tanto su traje como el de los otros dos a modo de regalo, sólo dejaba de estar con ellos cuando llegaban para hacer el trabajo que procediera. Procuraban, aún así, no darles demasiada información sobre sus planes, sobre todo por el peligro de una posible traición, y aunque no le gustaba pensar así de aquellos que consideraba amigos, no podía quitarle la razón a Jeremy sobre ese peligro. En ello pensaba, cuando Jeremy las llevó hasta el Skid II, y, una vez estuvieron a bordo, una luz azulada las rodeó, desapareciendo de allí.
Jeremy giró su rostro entonces, y se encontró con un suave resplandor rojizo, apareciendo ambas mujeres ante él con el mismo atuendo de Lyoko. Avanzó hacia su mujer, a la que abrazó con ganas mientras ella le acariciaba la cabeza, contenta, mientras Laura daba pequeños saltitos, probándose a sí misma.
Movió en forma de media luna uno de sus brazos, y apareció un arco de energía blanco, que tomó con la derecha; llevó al zurda al carcaj, del que salió una flecha que pudo cargar en su arma, y apuntó hacia el exterior, mientras los otros dos observaban con interés aquello, aunque no llegó a disparar por miedo a liar alguna.
-Me alegra ver que puedes usar tus armas aquí también -comentó sonriendo Jeremy-, ya te dije que podrías, ¿recuerdas que lo usamos en el pasado?
La otra asintió, e hicieron unas cuantas pruebas más antes de volver con los demás. Y mientras ellos estaban a eso, y sin que se dieran cuenta, en lo profundo de la base que hacía poco habían explorado, en concreto en la sala que servía de tumba para el cuerpo de Xana, hubo un suave crepitar en uno de los enchufes, del que emanó una neblina grisácea. Cartago hizo acto de presencia, no sin antes poner una grabación en lugar de las cámaras de seguridad, observando el organismo con interés.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
En París, Milly y Tamiya seguían trabajando en la noticia de sus vidas, se habían encerrado en su apartamento del que no habían salido desde lo sucedido, armando todo lo bien que podían la noticia con los datos que tenían, sólo parando para las comidas y atender a su niño, y que jugaba en torno a ellas con un muñequito que le habían regalado para tenerle entretenido en ese tiempo.
Estaban tan absortas en aquel trabajo, que sólo levantaron la cabeza ante el insistente sonido del timbre. Nerviosas, se miraron entre ellas porque no esperaban visitas y menos a esas horas de la tarde, ya cerca de la hora del niño de irse a dormir, así que, con cuidado, Milly se levantó, no abriendo hasta mirar por el ojo de buey de la puerta, dando con una joven de más o menos su edad mascando chicles.
-Hola, ¿necesitas algo?
Marine asintió, mientras Paul, Maximilien y Gerard esperaban en las escaleras, esperando que el plan de su amiga saliera bien.
-Sí, ¿tienes algo de sal? Es que con todo lo sucedido… la gente se ha puesto nerviosa, ya sabes…
Milly asintió, sonriendo algo, y se giró para llamar a Tamiya. La agente se llevó las manos a los bolsillos, esperando pacientemente. Llevó su mirada al niño, al que sonrió un poco cuando este le saludó.
-Por cierto, ¿qué sabes de Jeremy Belpois?
El color del rostro de Milly se fue durante unos segundos, recibiendo un poco de sal en un botecito de plástico. Negando suavemente, se la entregó.
-No demasiado, ¿por?
Marine le entregó un papelito con una dirección y agradeció la entrega.
-Estamos investigando, todo bajo cuerda, lo que está pasando, y sé que vosotras sois bastante buenas, soy suscriptora de vuestros artículos de hecho.
-¿Cómo has…?
Las dos mujeres se estaban asustando, normal por otro lado, pretendiendo cerrar la puerta. Antes de que eso pasara, la otra les mostró la placa.
-Soy policía, y sé que aquí hay gato encerrado -interpuso el pie entre la puerta y el marco para que no se cerrara-. Sé que es raro de cojones, pero nos podemos ayudar en esto… esa es mi dirección, venid si queréis, si no, no os molestaré más.
Separó entonces el pie y dejó que cerraran rápidamente. Suspirando, y sabiendo que la suerte estaba echada, procedió a volver con sus compañeros, que la acompañaron fuera del edificio, esperando que el afán periodístico de ellas fuera más fuerte que el posible miedo de liarla parda. Y, si no… tendrían que ir por su cuenta.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
(1) Director real francés de los años 80.
Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Este fanfic está conectado con Aelita's Nature, y que se encuentra en el pasado de la línea temporal de este. Habrá referencias en ambos de eventos del otro.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
