Nueva Generación: Proyecto Cartago
Capítulo 18
Paul Moreau llegó corriendo hasta la salida de la fábrica, fue visto por Gerard que aunque sintió ganas de ir con él decidió dejarle hacer, y se limitó a continuar charlando con los compañeros. El mayor agradeció aquello y se limitó a ir a toda prisa hacia su coche recorriendo el puente, y una vez montó, suspiró pesadamente. Sacó un cigarrillo, lo encendió, y se puso a conducir por la avenida; en cuanto pudo giró hacia la izquierda en una de las intersecciones y se dirigió hacia una de las avenidas principales de la ciudad, que recorrió rápidamente. No tardó demasiado, sin embargo, en salir por una de las rotondas y llegó a una zona de parque, donde se bajó de nuevo aún con el cigarrillo en la mano.
-Me voy a cagar en mis muertos como sea verdad… -murmuró- ¡Marien, contesta muchacha, maldita sea!
Tenía el móvil en la oreja mientras avanzaba, había dado varios toques cuando la joven respondió finalmente. El hombre dio una larga calada mientras ella descolgaba, por el ruido de fondo parecían estar en una cafetería.
-Dime Paul, estamos tomando un café Tamiya y yo.
-Perfecto, porque puede interesarle lo que vamos a hacer a tu nueva amiga -comentó, mientras iba por la acera-. A ver, Cartago parece que sabe de nosotros, de lo que hacemos y pensamos, nos podría matar si quisiera pero no lo hace -explicó-. Me ha mandado una dirección, he ido inmediatamente, me tengo que encontrar con una persona y cotejar una información, cuando tenga algo os vuelvo a llamar, estad preparadas, ¿copiado?
-Copiado.
Cuando colgó, se limitó a ir hacia la cafetería más cercana. En una de las mesas se encontró con Aylen, que portaba unas gafas de sol y un cigarrillo entre los dedos, con un humeante café delante de ella. Parecía algo embelesada, sin embargo, rápidamente le hizo hueco a su lado, y sin más, se colocó a su vera.
-Hace poco tuvimos nuestras diferencias, espero que no me guardes rencor por encañonarte con una pistola, Moreau.
El aludido se limitó a suspirar y liberar el humo de la calada, serio.
-Bueno, luego mi amigo os lanzó unos rayos a ti y a tu grupo, creo que estamos en paz la verdad -murmuró él, llamando con un gesto al camarero-. De todas formas, creo que estas aquí por lo mismo que yo, ¿no?
-Junto con la dirección y la hora venían unos números y letras -ella le entregó un papelito -. Tienen toda la pinta de ser una latitud y longitud, pero está incompleta, entiendo que tú tienes el principio.
Paul comprobó la información con la que él tenía, y, efectivamente, se trataban de unas coordenadas. Con un bolígrafo que siempre llevaba encima, completó los números y comenzó a buscarla en Internet. Daba por hecho que Cartago les estaría vigilando, como hasta ahora, así que ni se escondió, total, de nada serviría. Ella lo revisó de refilón con interés, sólo dejó de buscar cuando llegó la chica que atendía la terraza para preguntar qué deseaba. Se enfrascó de nuevo en sus quehaceres y no se detuvo hasta un par de minutos después, que suspiró un poco.
-48°52′40″ Norte y 2°11′18″ Este -leyó, y bebió un poco de su café-. Eso está cerca, ¿no? Me quiere sonar, al menos.
-Rueil-Malmaison, está aquí al lado, a diez minutos… -Paul se rascó la barba, pensativo- Pero no tiene demasiado, es una ciudad normal y corriente más allá de su palacio y zonas de parques que son bastante bonitas, pero más allá de ahí…
Fue entonces que calló en que a la otra le sonaban esas coordenadas, así que la miró con intensidad. Aylen se removió en su sitio, algo incómoda.
-Sí, bueno, tenemos una base aquí cerca, se supone que… bah, ya da igual -murmuró ella, y se acarició la cara algo nerviosa-. Es una base de nuestra inteligencia aquí, vosotros también tenéis en nuestro país.
-Entiendo… -murmuró él, con cierto interés- ¿Y sabes qué puede haber ahí que sea interesante? Porque huele a trampa que echa atrás.
-Lo sé, pero que yo sepa es una abandonada -explicó ella-. No creo que haya nadie ahí desde hace décadas.
Paul la miró de soslayo, y tomó de su café, pensativo. Cuando sonrió suavemente ella tuvo un ligero escalofrío.
-Supongo entonces que no te importará que venga un tercero con nosotros que sea neutral, ¿no?
-La prensa, ¿verdad?
-Por supuesto.
Ella negó.
-¿Tú dejarías que uno de esos entrara hasta vuestra cocina, inspector?
-Por supuesto que no.
-Pues esa es mi respuesta -gruñó Aylen-. Sé que este mensaje viene de Cartago porque sólo ese programa usa esa acreditación digital, pero esto es…. Es demasiado…
-Lo sé, pero también que estoy yendo justo a la boca del enemigo -le reclamó él-. Además, ¿dónde están tus dos compañeros?
Ella negó suavemente. Eso sorprendió a Paul, así que la invitó a hablar con un gesto.
-Ellos están investigando bajo mi orden en unas casas, pero no son de ninguno del grupo, les quería lejos de aquí cuando me llegó aquel mensaje -explicó ella-. Aunque te sorprenda, no soy la mala de la película, sólo hago mi trabajo.
-Esa frase la conozco demasiado bien… -Paul bebió un largo sorbo de su café- En fin, si no me habéis atacado aún vuestras razones tenéis.
Se levantó de un tirón al ver llegar hasta allí a Marine y Tamiya, habían tardado poco al menos. Aylen suspiró, estaba claro que el francés había actuado por su propia cuenta, al menos se lo había contado. Si se los quería ganar, aunque fuera complicado, tendría que darles información. Su teléfono vibró suavemente, indicando un mensaje, y cuando lo abrió se encontró con uno nuevo de Cartago. Suspiró un poco, era una fotografía en la que reconocía a una de las personas pero no a la otra, entendió lo que era al ver el cuerpo del mensaje.
-Bueno, yo también estoy sorprendida de ciertas cosas -comentó ella-. Por propiedades importantes que desconocía, y por acciones de quienes, pensaba, estaban conmigo.
Eso sorprendió a Paul, que se estaba encendiendo otro cigarrillo tras saludar a las recién llegadas, incluso tenía preparadas algunas monedas para pagar.
-Qué intrigante te pones a veces, muchacha -comentó Paul, divertido-. ¿Vienes o te tengo que obligar?
Ella les imitó y se dirigió a pagar hacia el interior del bar, Moreau en todo momento la siguió con la mirada y una mano en la reglamentaria por si acaso. Había informado a su compañera de la posibilidad de una trampa y estaban alerta. Tampoco entendía del todo bien qué estaba pasando, esperaba poder descubrir qué cojones sucedía. No le dejaba de dar vueltas a lo que le había puesto Cartago en el mensaje, daba por hecho que ella recibió algo similar.
-No será necesario, inspector, quiero resolver esto tanto como tú -reconoció ella, tras volver hasta ello-. ¿Conduces tú o lo hago yo?
Paul la invitó a seguir, así que se dirigieron hacia su vehículo, seguidos por una muy sonriente Tamiya y ya con la cámara preparada tal y como hacía en su época de Kadic. Marien se limitó a quedarse por detrás, había traído su coche y les seguiría de cerca, ya había avisado en comisaría para que supieran que estaba en servicio y siguiendo las órdenes de su superior y encargado de la investigación. Según entraron al coche, Paul encendió el motor y miró de soslayo a Aylen, que se miraba con interés al espejito que había en el quita sol del copiloto.
-Ahora que estamos solos de verdad, puedes ser sincera -comentó, tras poner en el mapa del coche el lugar al que debían ir-. ¿Por qué has venido? Además de lo de Cartago.
Ella suspiró un poco y se arregló los labios con algo de vaselina antes de responder.
-Tras nuestro altercado, y después de haber sido noqueados… supongo que por el enemigo de lo que quiera que había en el ordenador de la fábrica, volvimos al hotel y allí tomé el mando de la misión -aseguró-. Proyecto Cartago, ¿lo conoces?
-Supongo que es la razón de todo este lío, sólo conozco el nombre y por el hombre que vino antes a la fábrica -comentó él, serio-. Por lo demás, sólo tengo una fábrica en ruinas y un ordenador hiper moderno en sus entrañas, y muchas preguntas.
-Es nuestro programa de información más avanzado, tanto, que podemos saber cualquier cosa -comentó ella, el hombre se limitó a apretar el volante-. Imagino que se puso en contacto contigo para esta cita, quiere que hagamos algo entre los dos.
-Seré sincero, cuando me llegó el mensaje coincidió con el descubrimiento de nuestra científica de cosas importantes en el súper ordenador -suspiró, ya había dado órdenes al respecto a Gerard-. Me decidí a venir por lo que ponía, además de las coordenadas.
Ella asintió, efectivamente a ella también le llegaron más cosas y que motivaron que considerara aquello necesario. El sonido de la radio, agradable, no hacía tan tensa la situación y eso era agradecido en silencio por ambos.
-Igual para mí, era algo… demasiado revelador, acompañado de una última nota al pie -explicó él-. Cartago delenda est, por mis pocas naciones de historia antigua eso se dijo en tiempos de Roma, ¿verdad?
-Efectivamente -Aylen se estremeció al reconocer la misma locución en su mensaje-. Cartago debe ser destruida, lo curioso es que viene… de sí mismo.
-Eso también me extrañó, ¿crees que sea un error?
-Lo dudo mucho…
-Desde luego, si es capaz de hacer lanzar rayos a alguien es algo peligroso -comentó él, tragando saliva-. Pero, ¿qué puede pretender?
A eso la mujer no sabía qué responder. Iba a comentar algo cuando su teléfono volvió a sonar, esa vez con una llamada de parte de Charlie. Para aparentar, descolgó y le pidió a Paul guardar silencio.
-¿Sí?
-¿Dónde coño estás, Scott?
-Llevando la misión a cabo, ¿vosotros?
-Los mandos echan humo, ¡¿cómo no mandaste los informes?!
-Porque he tenido cosas más importantes que hacer, pero no os preocupéis, yo asumo la responsabilidad -le respondió ella-. Estoy ocupada, tenedme informada de lo que sepáis, corta Scott.
Colgó, malhumorada, y Paul se limitó a seguir conduciendo. No tardarían demasiado en llegar y esperaba encontrar algo relevante. Pero aún tenía muchas dudas, procedió a llamar a sus científicos. Ella le observó moverse por la interfaz usando los botones del volante, y carraspeó con cierta fuerza.
-Eduard, ¿me oyes bien?
-¡Intendente! ¿Qué le sucedió? Se fue sin mediar palabra, sólo algo de que hay que hacer no sé qué con Cartago, no se va a creer lo que…
Este se rio un poco, estaba hablando en francés para que Aylen no se enterara, lo hizo adrede por supuesto, y ella comprendía los motivos. Rápidamente intentó ponerse a grabar la conversación.
-Dijiste que tenías bastante información, ¿la tenéis por escrito?
-Sí, intendente, ¿se la transmito?
-Por favor -Paul suspiró un poco y se rascó la barba-. Nos encontraremos en unas horas, espero, ¿habéis seguido investigando?
-Sobre eso… los mandos pedían información y como no podían contactar contigo nos han pedido un informe, será todo esta tarde -explicó el otro, Moreau sé limitó a suspirar pesadamente -. Hemos tenido que hacerlo, ya sabe, por la instrucción, fiscalía también quería pruebas…
-Sí, tranquilo, no es problema -respondió este-, ¿me lo podréis mandar cuando esté terminado? Quiero leerlo, quiero seguir la investigación.
-Perfecto, así se hará inspector.
Paul se limitó a colgar entonces, y miró de reojo a la otra. Aylen le sonrió un poco, por sus pocas nociones de francés algo había entendido pero el lenguaje corporal de él le había delatado. Si fue algo inintencionado o no, ella no se dio cuenta pero estaba claro que algo malo le habían dicho.
-Hemos llegado a Malmaison, ¿dónde decías que estaba vuestra base?
-Pues… -ella procedió a buscar en su móvil- Desde luego que esto es la ostia.
-¿Cómo?
-Cartago sigue mandando información -explicó la mujer-. Me acaba de mandar la dirección exacta del sitio, es como si supiera en todo momento dónde estamos.
-No sería raro es… -comentó divertido Paul- Bueno, si vamos a trabajar en conjunto, como parece que así es, ¿hay algo que deba saber?
-Se supone que somos… -ella dudó algo- Somos aliados pero esto forma parte de los secretos de Estado de mi país, aunque ya has visto demasiadas cosas, tendría que matarte de seguir el protocolo.
-Y sin embargo, creo que tu secreto de Estado nos protegió a mi equipo y mi, y quiere que vayamos los dos a una de vuestras bases.
-Touché -Aylen se rascó el cuelo y se colocó el pelo-. La explosión de la fábrica nos llamó la atención no por lo que vosotros creísteis en un primer momento -murmuró, necesitaba algo que apretar entre sus manos-. Sufrimos un ataque de lo que pensábamos eran terroristas, precisamente localizados en Francia, sólo había que atar cabos.
-Mandasteis un grupo de gente a investigar, entiendo…
Ellos también tenían esa idea en principio, hasta que vieron el súper ordenador y comenzaron a investigar él junto a Gerard y Marien. Ella asintió a modo de respuesta.
-Por supuesto, y algo me dice que se han unido a los atacantes -explicó ella, él iba conduciendo hacia la dirección que ella puso en el mapa mientras hablaba-. Eso me jode, he hablado con ellos muchas veces, una de ellas es una buena amiga.
-Entiendo… -Paul suspiró algo- Nosotros no sabemos nada de Cartago más allá del nombre y, asumo, debe ser importante si obligó a alguien a construir ese ordenador de la fábrica, la verdad.
-¿Sabéis quienes son los que llevaban el ordenador de la fábrica?
-Tenemos nombres, sí -reconoció él, tras cruzar varios cruces giró a la derecha y aparcó en el primer sitio que vio -. Había algunos, los demás espero tenerlos pronto, junto a sus historias.
-Joder con los franchutes -gruñó-. ¿Siempre sois tan así?
Él le tendió un cigarrillo cuando salieron, que aceptó y encendió con el mismo mechero que él le lanzó.
-Bueno señorita, las cosas son así -se recolocó la ropa y él comenzó a fumar también-. Yo ya te he dicho lo que sé, que como ves no es mucho, pero eso cambiará pronto -se apoyó en el techo de su coche y la observó andar un poco-. ¿Tú qué me puedes contar?
Ella se lo pensó unos segundos. Si había mentido antes, ahora tenía la pinta de estar siendo, efectivamente, sincero.
-No tengo demasiado más que contar, sólo que por algún motivo desconocido Cartago parece querer destruirse a sí mismo -explicó-. Al proyecto, al menos, no al programa.
-Tiene sentido… -el otro pareció pensarlo- ¿No confías en tus compañeros, para que no vengan, o qué?
-Si vienen joderían a mi amiga, y quiero protegerla -ella parecía hablar con la verdad-. Le debo bastante, me ayudó mucho en su momento.
Paul tamborileó sobre su coche, y se dirigió al cercano edificio. Se fijaron por primera vez dónde estaban, era un área bastante bonita de edificios residenciales, una casa rural con zonas de parque, y lo que parecían fábricas de productos alimentarios lácteos. Sin embargo, y tras pasar un par de calles, se encontraron con lo que se asimilaba a una antigua central eléctrica que ahora servía de lugar de rodaje de series y películas. Cerca había muchas pancartas del ayuntamiento sobre los múltiples proyectos que ahí se habían grabado. Eso les llamó la atención, tras ellos seguían las dos muchachas, y que parecían estar charlando entre ellas.
-¿Sigues queriendo que ellas vengan con nosotros?
-Es posible, necesitamos pruebas gráficas de lo que encontremos -comentó, pensativo-. ¿En serio no tienes mucha idea de lo que nos vamos a encontrar?
-Me da miedo, eso es lo único que tengo claro -le replicó Aylen-. Suceda lo que suceda, no creo que nos deje indiferentes…
El mayor se limitó a reírse suavemente, esa chica le caía bien. Habían comenzado con mal pie, pero al final del día tenían los mismos intereses. Además, sabía que lo tenía todo bajo control, era un perro viejo que había tratado con auténticos hijos de puta, y ella no parecía de esos.
-Bueno, señorita Scott, espero estar haciendo bien en confiar contigo -llegaron a la cercana puerta-. ¿Tienes llave?
Era un edificio de ladrillo y vigas de acero algo desgastado, pero no tenía la pinta de abandono durante décadas que uno pudiera pensar. Aunque las ventanas estaban intactas, las cadenas que protegían la puerta estaban oxidadas y toda la seguridad parecía en mal estado. Desde fuera se podía ver, efectivamente, que estaba lejos de ser habitable y se veía con una ligera capa de polvo y tierrilla, incluso Aylen había mirado por una de las ventanas para cerciorarse de todo. Ya delante de la entrada, se disponían a buscar un medio para penetrar al edificio cuando la puerta, de hierro y bastante ancha, comenzó a moverse sobre sus goznes emitiendo un atronador chirrido.
-Me cago en mis muertos… -exclamó él, dando un salto en el sitio- Da miedo esto…
Aylen tragó saliva, y pusieron las linternas de su móvil, entrando con nerviosismo al edificio, deseando saber qué se encontrarían. Mientras todos iban entrando, las cámaras de seguridad se pusieron en marcha pero sin llegar a encenderse las luces. Según pasaron la puerta se cerró tras ellos, y aunque había algo de tráfico en las calles cercanas, un coche negro aparcó justo al lado de Marien, del que salieron dos personas.
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Por su parte, Jeremy y compañía ya ultimaban los detalles para su ataque contra Cartago y la organización tras esta. En ese momento aplicaban la última arma que habían desarrollado, o más bien, estrategia. No habían tenido que programar nada en especial, simplemente ejecutar una de las muchas habilidades que los programas que les ayudaban en aquel viaje. La prueba la llevarían a cabo en la casa de Aria, siendo el conejillo de indias Ulrich, que se había sentado y atado apropiadamente con unas bridas de plástico a la silla, cerca de uno de los enchufes.
Monitoreando en todo momento estaban Yumi y Jeremy, junto a William, situados en la cercana mesa. El segundo tenía un portátil a mano, en el que tecleaba con interés y usando unos cascos con micrófono para comunicarse con Aelita, que estaba sentada en el súper ordenador que albergaba a Unmei. Suspiró pesadamente, se recolocó las gafas y bebió del café que tenía al lado, mientras los otros dos le miraban con mucho interés.
-Ojalá funcione, la verdad… -murmuró- Si nos va bien, podremos atacar para mañana…
-Eso es mucho decir, tío -intervino Ulrich, intentando acomodarse-. ¿Tienes algo en mente, o es un decir?
-Tengo mucho en la cabeza, pero quiero explicároslo todo y contar con nuestras ventajas lo más pulidas posibles -Jeremy se rascó algo la mejilla entonces, y murmuró algo ininteligible-. Lita, ¿me recibes bien?
-Alto y claro, amor.
-Vale, dile a Marte que ya puede actuar.
Se la escuchó teclear y dar instrucciones desde los cascos de su marido, y en el súper ordenador saltaron varias señales de una torre activada. Seguramente de un programa creado en su día por Xana para detectar ataques de Jeremy o Waldo, Aelita se limitó a suspirar ante ese pensamiento. En el mundo virtual varias hondas se extendieron por el terreno hasta llegar a una de las torres y que se iluminó en un tono verdoso muy hermoso, y a la vez, una nube emergió del enchufe de la sala donde ellos estaban. Entró por el pecho de Ulrich, que por instinto se tensó ante aquello aunque no le llegó a doler en ningún momento. Se estremeció y en sus ojos apareció momentáneamente una suave luz blanquecina.
Los demás observaron con interés y expectantes a ver qué sucedía. Alzó su cabeza, parpadeó un poco y se observó a sí mismo, fue entonces que giró su rostro y les sonrió, así que William se le acercó con unas tijeras con las que cortó las bridas, liberando así al otro. Se levantó y estiró un poco, no fue hasta que se acercó que notó cómo de él emanaba una intensa energía, tal que hasta la sentía en sus propias carnes. Era similar a acercar la mano a un fuego, hasta el cálido ardor era semejante.
-Eres como una bombilla incandescentes de las de antes, das hasta calor… -murmuró el hombre, que se apartó- ¿Te encuentras bien?
-Sí -la voz de él estaba ligeramente distorsionada a los graves-. Marte está en mi interior y puedo escuchar sus pensamientos con claridad.
-Prueba a hacer algo similar a lo que hacían los espectros de Xana -intervino Jeremy, tenía una sonrisa de oreja a oreja en esos momentos-. No sé, lanzar un rayo o algo…
Asintió, y salieron hacia la parcela. Allí, los demás se mantuvieron por detrás, mientras Ulrich se quedaba al frente. Suspiró, se concentró, y en sus manos crepitó una descarga de energía, que lanzó en forma de rayo a varios metros hacia adelante. Cuando terminó dio un enorme salto y corrió a toda velocidad, tanto como un coche, para luego volver a liberar una segunda esfera de poder que se perdió en el cielo, donde estalló como si fueran unos fuegos artificiales.
-Genial, creo que podemos darnos con un canto en los dientes con esto -comentó, sonriendo, Jeremy-. ¡Muchas gracias, Marte, hemos terminado!
Ulrich se giró, le dio una señal con la cabeza, y ese mismo humillo oscuro salió del cuerpo de él que se tambaleó un poco en el sitio, fue ayudado de inmediato por Yumi. Voló rápidamente hacia el enchufe más cercano, instante en el que la torre de Unmei se desactivó y volvió a la normalidad de siempre.
-¿Estás bien, cariño?
Ella le levantó con cuidado, William también se acercó y observó con interés cómo él se recuperaba poco a poco. Ulrich asintió, se sostuvo en ella y volvieron tranquilamente hacia el edificio. Estuvo cansado en torno a medio minuto, esa era una desventaja pero que el enemigo no tenía por qué saber ni tampoco medios para detener esa fuerza. Eso permitía tener una ventaja sobre ellos que era complicada de salvar.
-Me recuperaré… ¿te valió el experimento, Einstein?
El aludido ya se había sentado de nuevo y estaba haciendo unos últimos retoques, pero asintió, sonriendo algo.
-Lo has hecho muy bien, con esto podremos atacar Cartago en el mundo real no sólo con vuestros avatares digitales, también usando los poderes de nuestras IA's -el hombre sonreía un poco, se le veía ilusionado-. Espero poder ganar en esta ocasión.
Mientras ellos estaban allí, Cartago había acabado en las cercanías de un lago junto a Abigail, con la que charlaba de sus dudas internas como cuando estaba en la base de Nevada, en esas eternas noches de programación en las que ella le explicaba sobre sus grupos de música, o de las fiestas a las que le gustaba ir, de ropa, chicos… esa vez no fue muy diferente. Y aunque a la IA esos temas le eran interesantes, ese día estaba ahí por otra razón, y Abi también tenía muchas preguntas que hacerle. Esa reunión era tan importante en su contenido como en la obligación de mantenerla en secreto por el bien de todos los involucrados.
-¿Desde cuando tienes un cuerpo?
Cartago sonrió suavemente mientras se echaba hacia atrás, estirándose.
-Hoy, fue una sorpresa la verdad -respondió-. Fue creado por Xana, pretendía reinar sobre vosotros usándolo.
La otra asintió, algo había oído durante la excursión pero no llegó a verlo. Ahora comprendía las caras de algunos de ellos cuando volvían, debieron ver cosas bastante terribles, era normal que no quisieran decir nada delante de los niños.
-Y… ¿qué harás con nosotros? -preguntó entonces, nerviosa- Está claro que sabes dónde estamos y lo que estamos haciendo.
Cartago la miró, y observó su cuerpo con cierto interés, luego se quedó observando el volar de los pájaros y la luz del día. Llevaba todo ese rato con esa constante observación de todo lo que le rodeaba, como si fuera lo más novedoso e interesante del universo.
-Si soy… ¿sincera? Sí, sincera, no lo sé -reconoció, limitándose a acariciar el pasto con cuidado -. Mi misión nunca ha sido acabar con seres humanos, sólo controlar vuestras comunicaciones, vigilaros.
Abigail asintió, despacio.
-Pero… en cierta medida, quieren acabar contigo.
-Eso significa que tú no, ¿verdad?
La aludida suspiró pesadamente.
-Yo sólo quiero que esto no me mate -murmuró-. Debo reconocer que el proyecto es una puta mierda, pero…
-¿Pero?
-Hay demasiados intereses detrás de que salga adelante, y que seamos capaces de parar a Cartago ahora sólo significará retrasar lo inevitable -Abigail bajó el rostro, pensativa, la IA se limitó a esperar a que siguiera -, y es que salga un nuevo proyecto, un nuevo programa y una nueva mierda que parar… y dudo querer volver hacerlo.
Cartago asintió, despacio, comprendiendo aquella idea. Estaba de acuerdo, sin embargo, acarició delicadamente el cabello de ella, que dio un respingo y miró directamente a los profundos ojos de la entidad, que sonrió casi maternalmente.
-Me recuerdas a mi hija… -podía ver detrás de Abigail a Anthea, que la animaba a seguir-. A mi el Proyecto me es indiferente, pero como comprenderás no quiero acabar con mis días así… Si lo que queréis es evitar que tengan mi poder, en cambio, podemos tener un trato.
Abigail asintió, despacio, pero dudaba y mucho.
-Estamos metidos en un buen lío, no veo una solución para nosotros que no pase por la muerte de todos…
Anthea se colocó al lado de Cartago y le fue susurrando al oído, palabras que iba reproduciendo.
-No tenemos que ser enemigos, nuestros intereses pueden llegar a ser comunes -Cartago sonreía de una forma que era casi humana… -. Yo quiero andar libre, vosotros también, mi poder es grande pero no soy todopoderosa… vosotros tampoco.
-¿A dónde quieres llegar?
-Si vosotros queréis luchar contra el Proyecto podemos unirnos, si no… ellos me pueden gobernar en el momento que quieran, tienen mis riendas.
-Yo tuve en mis manos unas partes de esas riendas… -murmuró la mujer, seria- Pensaba que estarían usándote en todo momento, ¿cómo es posible que no te estén ordenando?
-Su problema es que no están haciendo las ordenes adecuadas, las formulan mal -explicó-. Mejor dicho, no las matizan lo suficientemente bien…
Anthea acarició despacio el rostro de Cartago, y se levantó. Abigail, por su parte, hizo lo mismo y anduvo unos metros, la IA fue detrás de ella con interés y la observó por detrás. Era, desde luego, una chica interesante pero que dudaba de lo que estaba pasando, y es que el poder sin duda se podía demostrar de muchas formas y maneras. Hasta ahora, lo había usado de forma sutil y con cuidado, moviendo a peones sabiendo perfectamente cómo se comportarían, actuando sólo cuando era necesario. Sólo en el instante propicio para cumplir con lo que necesitaban.
-No sé si puedo hacer nada, los demás quieren destruirte, a ti y al Proyecto -Abigail se acarició el pelo, pensativa-. ¿Puedo preguntarte algo?
-Por supuesto.
El suave rostro de Cartago analizaba todo de la otra, siempre con delicados gestos. Esa cálida frialdad de la IA, aunque no era sorprendente, le quedaba especialmente bien y demostraba ese pequeño lado humano que tenía. La conversación que había tenido en ese día, y pudiendo recordar charlas previas tras saber su secreto, demostraba que estaba lejos de ser una maquina, eran tan humana como ella.
-Si… si me uno a ti, ¿podrás garantizar mi supervivencia?
Cartago asintió, despacio, comprendiendo la razón de todo eso. Lógicamente no sabía nada de sus acciones, pero sí comprendía lo que estaba diciendo y por qué lo hacía.
-Puede, ¿por qué tendrías que morir?
-Si fracasamos nos matarán, ya lo sabes, es lo que haría cualquiera -le replicó-. Yo no quiero morir, al final… vale, puede que todo esto dé miedo, pero no deseo acabar con mi vida por salvar a gente que ni conozco…
Cartago la miró, pasó rápidamente su vista a Anthea, que asintió y procedió a responder, sonriendo rápidamente.
-Bien, así se hará, ¿tenemos un trato?
Extendió su mano hacia la otra. La tomó con algo de duda aún, pero por primera vez en ese tiempo actuando como su lógica le gritaba, haciendo las cosas como se debían hacer. Cartago la apretó con delicadeza y acarició con cuidado el rostro de Abigail, que se estremeció pero se dejó hacer.
-Supongo… -murmuró- Cartago… ¿por qué actúas así?
-Ya te lo dije -comentó, sonriendo-. Quiero andar libre y…
Pero la otra negó con algo de vehemencia.
-No hablo de eso, sino de… -suspiró un poco- De estas caricias, yo no…
Cartago la invitó a levantarse e ir con ella, de la mano, y la observó con cierto interés.
-Soy madre, Abigail, Anthea lo era desde luego -la mujer la miraba a los ojos con intensidad-. Tú eres aún una niña aunque seas adulta, y no puedes comprender ciertas cosas, por eso… te he llamado.
Con cuidado, la aproximó a ella y abrazó con cuidado, acariciando su pelo por la nuca y en la baja espalda. Abigail se dejó hacer, suspirando y ahogando un poco las pocas lagrimas que se intentaron escapar, separándose al poco.
-Vuelve con los demás, pronto tendréis más noticias de mí, Abi -sonrió -. Puede que no sea necesario tener que convencer a los demás para unir fuerzas.
Acarició el rostro de la mujer con mimo, y la vio volver hacia la casita en la que vivían. En todo momento había estado monitoreando las acciones de los que ella llamaba peones, de verdad quería poder unirse con ellos. Ese tender la mano sería la última vez que intentaría algo así, entendía que en el primer ataque no supiera nada y que intentar acabar con ella, sin embargo ahora todo cambiaba. Había hablado mucho al respecto con Anthea y tenía claro cómo actuaría de no producirse esa unión de bandos.
-Me apetece comer esas famosas raciones de pulpo y vino que vi, ¿qué te parece, Anthea?
Esta, a su lado asintió y tomó la mano de Cartago, acompañando a la IA en su nuevo destino. También le apetecía, para qué negarlo, así que allí irían. Recorrió los campos a gran velocidad, su energía le permitía desplazarse como si fuera el viento; saltaba y aterrizaba de constante, no llegándose a elevar demasiado pero sí pasando a lo largo de los cultivos y árboles, pasando sobre los arbustos con la misma facilidad que lo haría con una roca.
En poco tiempo se plantó en las cercanías de Fort William, el pueblito era pequeño pero acogedor, a Cartago no le importaría vivir allí al menos en días soleados como aquel. Había un cajero en las inmediaciones al que se acercó para tener algún billete y poder pagar algo, según puso la mano en el mismo apareció un billete por la rendija y se lo metió en uno de los bolsillos, procediendo a observar de nuevo sus alrededores.
La carretera principal, a la que llegó tras cruzar los caminos de tierra, estaba salpicada por casas bajas de roca y ladrillo y varios bares, donde Cromwell se reía con algunos de sus amigos. Sentados en el interior de uno de los locales, se les veía desde fuera a través de los cristales de las ventanas, al que entró Cartago.
Como todos, por fuera era de roca y techos no demasiado altos de madera y tejas rojo oscuro, varios coches estaban aparcados en los laterales y que llevaban al interior del municipio. Entró y algunos de los parroquianos alzaron la cabeza para ver quién entraba pero rápidamente volvieron a sus vasos y charlas, o a las partidas a las cartas.
Cromwell la vio llegar hasta una de las mesas cercanas y sentarse, nunca había visto a esa persona y desde luego no era alguien de los que estaba con su hija, así que lo más seguro es que fuera un turista más que pasaba por allí. Sonriendo, volvió a su interesante conversación sobre el último partido del Liverpool, por supuesto arreglando todos los desastres cometidos. Ninguno se dio cuenta de que las luces tintinearon con algo de fuerza, el hombretón que atendía aquello se le aproximó con una carta y le sonrió.
-¿Qué va a ser?
-He visto que tenéis un fantástico vino y pulpo, ¿lo has cocinado hoy?
-Por supuesto, ¿te lo sirvo con una jarra?
-Por favor.
Cartago sonrió cuando le vio alejarse, y procedió a tamborilear en la mesa. Frente a ella, Anthea parecía interesada también en su entorno y, en especial en lo que había detrás de la IA, ya que se encontraba una tienda de todo a cien, las típicas donde se podían comprar toda clase de productos. Se dio cuenta que su compañera mental, en un ejercicio de práctico contorsionismo, se movía en su silla con cierta constancia para ver lo que había a su espalda.
-¿Qué estas viendo que sea tan interesante?
Aunque por fuera no hablaba, desde su perspectiva lo estaba haciendo. Se sirvió algo de vino en el momento en que recibió la jarra con el líquido, Anthea rechazó el líquido pero puso entre sus manos la bella jarra de cristal. Estaba tibia pero sabia dulce, su color oscuro invitaba a perderse en sus profundidades, Cartago estaba dispuesta a vaciarla hasta el final y deleitarse con el fantástico sabor de ese zumo juntado con la agradable textura del pulpo hecho a la brasa.
-Este pueblo me gusta, pero me da cosa que pueda venir alguno de ellos y te reconozca -comentó-. ¿No es eso peligroso?
Cartago podía entender eso.
-Todos quieren derrotar a Cartago -comentó, tras saborear nuevamente su copa-. Todos quieren pasar por encima de algo que no saben demasiado bien qué es, lo ven como una amenaza que hay que derrotar, por unos u otros motivos -le dio un par de vueltas a lo que tenía entre las manos antes de seguir-. Ahora irán a por el Proyecto, y tendré que defenderlo, no es algo problemático que ya me vean, lucharemos igualmente suceda lo que suceda.
-¿Aunque todos tus planes se cumplan, dices?
-Exacto -Cartago recibió gustosa el pulpo mientras hablaba con Anthea-. Tendremos que hacer un primer enfrentamiento, aunque luego vayamos codo con codo.
-No entiendo tu razonamiento… -murmuró la mujer, observando el pulpo con cierto interés- ¿Qué tiene que ver?
-Que da igual todo, yo soy la mala y ellos los buenos en su historia, si me ven sabrán que ya sé dónde están y sólo confirmarán lo que ya seguramente sospechen si son inteligentes -iba cortando la comida, sonriendo-. Si no me ven, simplemente seguirán con su plan presuponiendo que los estoy vigilando o al menos intentarlo.
-Y no tendrían forma de luchar contra ti en este mundo físico.
Sin embargo, se limitó a negar suavemente.
-Tienen un medio, pero no me gustaría tener que enfrentarlos -miró a Anthea a los ojos.. ¿O me permitirías matar a tu hija y nieta?
-Jamás lo haría -Anthea no se tensó, conocía demasiado bien a la IA-, pero tú tampoco crees que sea necesario, al menos ahora.
-Estoy extraordinariamente bien programada, gracias a ti -la aludida se mofó de eso con un gesto-. Sólo saltarían los protocolos de defensa si estoy en serio peligro real, y para activarlo desde fuera bien sabes que se necesitan pasar capas y capas de seguridad.
-En media hora podrían activarte, y entonces te convertirías en… bueno, la amenaza que ellos ven, sí.
-¿Me he explicado ahora, entonces?
-Supongo que sí…
Comió en silencio, con las agradables conversaciones de los demás comensales de fondo, parecían bastante contentos todos ellos y de vez en cuando brindaban incluso. Nadie se paró a juzgar sus prendas, su mala apariencia o esas pintas de persona que vivía en la calle, dándole de comer sin demasiadas preguntas. De vez en cuando alguien paseaba su vista por su cuerpo pero no llegaban a hacer aspaviento alguno. Eso no era nada más que curiosidad humana, podía comprender aquello, igual que pudieran sentir cierta lástima por su aspecto.
La comida caliente caía en su estómago, era sencillamente glorioso y hasta Anthea sonreía con aquello tan simple pero gratificante. El alcohol del vino calentaba su pecho y hacía que su mente se relajara, desestresándose. Y a más pulpo tomaba, menos se afectaba su cerebro pero mejor se sentía, aquello era casi mágico. Estaba cerca de terminar cuando la puerta se volvió a abrir y la luz del exterior iluminó el rostro de Cartago, que tuvo que desviar sus ojos para no cegarse. Vikani, adaptándose a la luz que había ahí dentro, se fijó rápidamente en su abuelo, al que se centró y ni fijándose en la IA, y que ni se movió del sitio.
Anthea, frente a ella, observó a la joven pasar y acercarse a Cromwell, así que entendieron que se debían conocer; es más, aquel debía ser el padre de Aria, no le habían puesto rostro aún, el que tenían no era el mejor, pero ahora ya lo tenían en altísima resolución. Esa broma interna hizo reír a Cartago, que ahogó una risa, haciendo que Vikani girara el rostro en esa dirección, mirándola de forma directa por primera vez. Se le quedó unos segundos observando, si le reconoció no lo mostró y se limitó a seguir con su charla con el mayor, y tras despedirse con un beso en su mejilla, fue directa hacia la tienda a comprar algunas cosas que necesitaban para ese día.
Su pulso iba acelerado, delante del bar esperaba el resto de adolescentes del grupo, habían ido a dar una vuelta mientras los mayores hacían algunas gestiones. Era de los pocos días de descanso que tenían desde que comenzó la misión, y estaban aprovechando para ver la zona y tener unas horas más para ellos… y para pasarlo con la persona que les gustaba. Maya se pasó la mañana pegada a J.P, iban de la mano en todo momento, Hiroky les molestaba cada vez que podía y Ariadna se preguntaba por qué su hermano era tan estúpido a veces. Vikani, aunque odiaba hacer de niñera, tenía que reconocer que aquellos críos eran majos, pero no eran de su rollo, de vez en cuando había sacado el móvil para hablar con Megan, que estaba algo preocupada por su falta a clase. Por suerte lo del viaje familiar había colado y no se habían puesto a preguntar demás, así que se limitó a mandarle fotos de vez en cuando a su amiga de las bellas vistas del pueblo.
Una sonrisa de sonrojo le salía de vez en cuando al recibir las cálidas respuestas de la otra, acompañada de fotos de la muchacha y que afirmaba que así Vikani no se podría olvidar de ella. Tuvo fuertes tentaciones de decirle más de una vez que no sería capaz de olvidarse, pero no sabía cómo se lo tomaría, así que sólo charlaban y tonteaban un poco. Tras recibir una llamada de su madre esa mañana pasado el medio día, avisando que tenían que ir a casa y de paso comprar algunas cosas. Lo típico, y como tenían que pasar por delante del bar del pueblo, se pasó a saludar al abuelo antes de volver a montarse en el coche y conducir de nuevo hacia la finca.
Cuando se encontró con los demás, ya rondando el coche, se les acercó sonriendo y con las llaves en la mano, habían aprovechado para comprar lo que necesitaban tras ella darles la comanda.
-Venga, volvemos -comentó, abriendo el vehículo-. ¿Os lo habéis pasado bien?
-Es un pueblo precioso, pero hace frío por las noches -comentó Maya, se había puesto al lado de J.P.-, hemos necesitado ponernos mantas ya desde el inicio…
-Lo malo es que la casa no está hecha para tanta gente, normalmente hay dos o tres personas -explicó la mayor-. Pero creo que pronto terminará todo…
Tras arrancar puso la música sonar, y se permitió el lujo de pensar en lo que había visto ahí dentro. ¿Habría sido los nervios, o esa persona se parecía demasiado a lo que vieron en el interior de la antigua base de Cartago? De ser así daría miedo, pero, ¿cuáles eran las opciones de que así fuera? Prácticamente nulas, o eso pensaba la chica, le dio varias vueltas según conducía por los caminos tranquilamente mientras cantaban las canciones de moda de la radio juntos, al final le venía bien para no estar tan agobiada con la situación. Cuando llegaron, minutos después, vieron a los adultos charlando cerca de la casa, algunos iban con ropa deportiva mientras otros vestían algo más formal, pero todos con sendas latas o vasos de plástico en las manos y una barbacoa encendida cerca de ellos.
-¡Qué bien os lo pasáis sin nosotros! -exclamó Vikani, tras aparcar- ¿A qué se debe la celebración, ma?
Aria la saludó con un afectuoso abrazo, y la besó en la frente.
-Mañana a primera hora atacaremos Cartago -explicó Jeremy, estaba sentado en una de las sillas mientras Herb preparaba con mimo las brasas y Yumi y Aelita preparaban algunas ensaladas-. Esta tarde hablaremos del plan de ataque, y, espero, le derrotaremos definitivamente…
Los menores se miraron con cierto interés y nerviosismo. Eso explicaba bastantes cosas, se fijaron en que William apareció con más platos para llevarlos al lado de la barbacoa, mientras Ulrich terminaba de condimentar los alimentos, los únicos que descansaban – también era normal – eran él, Laura, Abigail y Yao. Herb, aunque también había ayudado mucho, no le gustaba quedarse de manos cruzado, así que se había acabado levantando para calentar las brasas y tomarse algo, con Saru como siempre a sus pies.
-Antes me pareció ver algo… curioso, la verdad -comentó Vikani tras separarse-. Estaba con el abuelo en un bar antes de volver y había una persona ahí, comiendo, se parecía algo a lo que vimos en la base antigua de Xana, fue algo turbio.
Abigail tragó de su cerveza, con cierto nerviosismo, mientras Laura y Yao observaban a los demás con expectación. Sin embargo, Jeremy le restó importancia.
-No creo que lo sea, la gente se parece, puede que sea un hijo, nieto o algo así del que usó Xana como modelo -comentó él-. Si no te atacó de inmediato no fue así.
La chica asintió, y tomó una de las cerveza y se la comenzó a beber, sonriendo. Los menores, por su parte, se pusieron a tomar refrescos de varios tipos y revolotear en torno a la carne recién hecha, ayudando a los que ponían la mesa en el interior, deseando comer ya por el hambre que se les había levantado. Aquella hermosa estampa era observada por Cartago desde la distancia, sentada en un árbol a unos quinientos metros. A su lado, Anthea observaba también a su familia con añoranza. La suerte estaba echada para ellos, y es que había vuelto a mover sus peones… Jeremy no lo sabía, obviamente, pero efectivamente esa guerra iba a saltar en pocas horas, pero no por sus acciones.
-Cartago será destruida.
-Lo será, pero… ¿a qué precio?
-Al que haga falta.
Anthea se estremeció. Aquello le recordaba a lo que pasó hará años, y nunca acababa bien. Esa vez ella se esforzaría porque fuera diferente…
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Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Este fanfic está conectado con Aelita's Nature, y que se encuentra en el pasado de la línea temporal de este. Habrá referencias en ambos de eventos del otro.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
