Nueva Generación: Proyecto Cartago
Capítulo 20
La decisión final hizo que el grupo atacara a Cartago a las 21:00 hora de Fort William. Eso implicaba que en Nevada serían las 13:00, justo en plena hora de comer para ellos en cambios de turno, salidas de unos y entrada de otros, llegada de gente en permisos… en definitiva, en un momento de especial debilidad organizativa. Ese primer golpe era fundamental, todo el resto de la misión dependía de ello, así que tenían que organizarse en tiempo exprés si querían atacar esa misma noche, o tendrían que esperar a la siguiente. Y cuanto más tiempo dejaran pasar, más oportunidades tenía el enemigo de darse cuenta del engaño de su propio programa e ir a por ellos. Sobre todo si los agentes Smith y Swan se decidían a llamar la atención sobre Aylen y delatarla, cosa más que probable dado que ella había traicionado al Proyecto por Laura, a la que pretendía defender dentro de sus posibilidades.
Así que los programas, que ahora habían pasado a ser tres, trabajaban a destajo. Belona y Marte habían creado todo un ejército con los diferentes monstruos que habían creado ex profeso, y que se habían congregado en las enormes planicies de Unmei, también generadas para poder albergar a todos ellos. Descansaban justo encima del mar digital, y tenían para más facilidad de identificación nombres puestos por Odd y JP especialmente, igual que en su día hizo con los de Xana – aunque con cierta ayuda de Aelita, que se negaba a ciertas cosas –.
Aquellos con forma humanoide, por su color verdoso y espadas dobles fueron Einards; los caballos blancos, de cuatro pares de patas y cascos azulados con bellos ojos verdosos, serían los Pegasi; para los reptiles dientes de sable, cuadrúpedos y alados, capaces de mimetizarse con el entorno, Wyvern; y aquellos grandes bestias plateadas de cuatro patas y grandes colmillos dorados, con enormes bocas de dientes planos… Africanos. Alcanzaban el nada desdeñable número cada grupo de 1.500, así que eran en total 6.000 soldados listos para luchar contra aquellos que se les interpusieran por delante. En el agua, además, nadaban una centena de Ballernos, criaturas de cinco metros de largo que se movían por sonar y siguiendo las corrientes, de color blanco en la tripa y azules en la parte superior y grandes cañones en la boca. Cada uno podía albergar, en formato comprimido, la información equivalente a 1.024 de los terrestres, así que en realidad sólo se necesitaban cinco y una parte del sexto para llevarlos… y los importantes nadarían en la parte posterior de la comitiva, el Skid II por el contrario estaría en la vanguardia, de tal forma que no se pondrían en peligro… en teoría.
En esos momentos estaban en proceso de compresión, así que se habían dividido en esas seis legiones para ir entrando poco a poco. El proceso era supervisado por Belona y Marte, que charlaban entre ellos sobre la viabilidad del plan, mientras Cartago hacía una actualización rápida del ordenador que descansaba en la casa frente a la fábrica. Fue el propio Paul el que siguió las descriptivas instrucciones de la IA, pues los demás estaban a otros menesteres necesarios para que aquello saliera adelante. Por suerte para el agente no era nada especialmente complejo, así que pudo en poco tiempo ponerse a olisquear por la casa y el propio ordenador a ver con qué se encontraba, además de la información que ya manejaban las periodistas y los de Fort William.
A su lado estaban redactando los informes pertinentes Gerard y Marien, acompañados de sendas tazas de café. Esperaban no tener que arrepentirse de lo que estaban haciendo, pues era más que probable que muchos altos cargos de aquí y allá temblaran con aquella denuncia interna dentro de la administración francesa. Por suerte contaban con las reporteras, con las que saldría a la opinión pública y no se podía ocultar tan fácilmente… en teoría. Al Intendente le preocupaba precisamente que les liquidaran según llegara la información a los mandos medios, sin que diera tiempo a que las cosas se descubrieran por los bastantes como para que realmente tuviera efecto. Si durante tantas décadas había permanecido en secreto por algo debía ser, de hecho le daba vueltas a la idea de que igual tenían que hacer algo con los americanos.
-No dejo de pensar en que los habrán encontrado… -gruñó- Fue una cagada dejarlos en Rueil – Malmaison, por mucho que Marte dejara a los de inteligencia fuera de combate… si tardan demasiado llamarán la atención de los mandos y querrán ver qué ha pasado, estoy preocupado…
Antes de que ninguno de ellos pudiera decir nada, Cartago habló desde la pantalla.
-No debería suceder eso hasta dentro de unas horas, ellos debían dar aviso cada cierto tiempo pero en Cartago cuentan con que hay días en los que no puedan hacer nad -explicó-. Sí que es verdad que dieron aviso antes de salir que si no decían nada en ocho horas a la central dieran la voz de alarma, así que aún tenemos margen.
-Lo sabía… -gruñó, Paul encendió su enésimo cigarrillo- Y aquello sucedió hace un huevo, deben quedar minutos, ¿no?
-Para las 22:00 aproximadamente.
-¡¿Y por qué no avisaste antes?! -exclamó, cabreado- Esto puede poner en riesgo la misión, maldita sea.
-Tienes que relajarte, inspector Moreau -le indicó-. Para cuando quieran acordarse nosotros ya estaremos entrando a su cocina, como quien dice.
El aludido frunció el ceño y se limitó a seguir fumando con cierto nerviosismo. Eran las siete de la tarde y el agobio hacia mella en él, que se limitó a seguir dando instrucciones de qué poner en los informes. Seguía compartiendo sus pensamientos en voz alta cuando llegó por la puerta Laura, que traía cara de cansada pero parecía bastante satisfecha. Se fijaron en que no tenía ropas normales, de hecho parecía disfrazada de una super heroína, con un traje ajustado verdoso, unas espadas a la espalda y su casco bajo el brazo.
-Voy a necesitar que vengáis chicos -comentó-, para escanearos por si acaso damos una vuelta en el tiempo y…
-¿Cómo que vuelta? -murmuró Marien- ¿A qué te refieres?
-Ya sabéis, volver atrás en el tiempo -les dijo-. Os lo dijimos, ¿no?
-No, no lo hicisteis -murmuró Paul-. Si lo habéis hecho ni me acuerdo, demasiada información de golpe…
-Tenéis claro al menos cual es vuestro papel, ¿no? -bromeó ella- Porque ya me dirás cómo pretendíais llegar hasta América en unos minutos.
-Ya, ya… -Gerard dejó el ordenador que tenía sobre las piernas- ¿Vamos, entonces?
Una vez estuvieron todos preparados dejaron a Cartago allí a solas, defendiendo el fuerte con un espectro polimórfico que generó a través de los enchufes una vez que usó las torres del mundo virtual que residía en ese súper ordenador. En su caso el entorno que generaba era el sector del hielo, ideal para sus intereses precisamente porque allí el mar virtual era especialmente profundo y permitía generar todo un ejército de sus delfíneros, aquellos que usó para detener al grupo en sus dos enfrentamientos. Probablemente generara nuevos monstruos, sumados a los creados por sus aliados, en el que sería un ataque realmente masivo y con muchos involucrados. Los humanos lo llamaban Noche D, en referencia a uno de los desembarcos más relevantes de la historia, que no el más grande… ese título se lo llevará el que ellos iban a llevar a cabo esa misma noche, o así se animaban a ellos mismos.
En pocos minutos, de todas formas, llegaron hasta la sala de los escáneres de la fábrica una vez que cruzaron los escombros. Siguieron el mismo camino que ellos cuando descubrieron ese secreto días antes, era la ruta más segura entre los cascotes de cemento y hierro. Laura se sentó en la silla móvil y comenzó a escribir los comandos necesarios.
-Bien, ahora cuando os diga bajáis a los escáneres y entráis -comentó la mujer-. Cuando entréis a Lyoko os estará esperando el Skid II para llevaros hasta Unmei, iréis a nuestra base en Fort William… y desde allí será el ataque, ¿alguna duda?
-¿Dolerá? -preguntó inquieta Marien- Me da algo de… claustrofobia entrar a un tubo tan estrecho.
La mayor sonrió y negó suavemente.
-No, en absoluto -respondió-. Lo único, apareceréis en el cielo delo sector del hielo y caeréis a plomo, y por supuesto no os tiréis al agua, ¿de acuerdo? No os preocupéis, yo os llevaré.
Los tres agentes se miraron y se limitaron a suspirar. Bajaron por las cercanas escaleras de mano y se colocaron justo en frente de los enormes aparatos, ya abiertos. Con determinación entraron en los mismos, y según se giraron un poco en su interior las puertas se cerraron. Destellos de luz les cegaron y el pelo se les revolvió por el viento que se formó; instantes después aparecieron en el mundo virtual y efectivamente cayeron a plomo al hielo del sector, Laura apareció a su lado en una brillante espiral azul, les tendió la mano para ayudarles a levantarse.
-Un vaquero, un portero de fútbol y lo que diría que es… una elfo, no está mal… -Laura les sonrió- Esto representa una mezcla de vuestros gustos y de aquello que anheláis, es como mirar a vuestras mentes, ¿os sentís cómodos?
Se refería a Paul, Gerard y Marien respectivamente. El primero tenía unos pantalones azules con botas altas, un par de revólveres en la cintura y un largo lazo, junto con un pañuelo rojo delante de la boca. El segundo tenía pantalones y camiseta largas de tonos azulados y blancos, con un bello gallo rojo en el pecho y guantes amarillos; y la tercera tenía un arco en torno al cuerpo, el pelo largo recogido en una trenza y un vestido verdoso largo pero con leggins en las piernas.
-Parezco un bandolero, no me jodas… -gruñía el mayor- ¿No se puede cambiar?
-Podemos, pero se tardaría un tiempo valioso -Gerard parecía algo molesto-. No te preocupes por no tener armas, ya probaremos en casa con esos guantes.
El aludido suspiró un poco, no fue hasta entonces que se dieron cuenta del gran navío que descansaba acoplado a una cercana torre, de la misma salían luces verdosas y rojas que mantenían pegado el aparato a la estructura.
-¿Eso usaremos para viajar?
La impresión de Marien era notoria, Laura se limitó a asentir y se acercaron a paso lento mientras comentaban detalles menores del plan. Participando de forma directa podrían descubrir bastante más y agregar cosas a su informe, de hecho mientras andaban a Paul se le ocurrió un plan improvisando para cuando tuvieran que presentar aquellos informes, pero necesitaba saber si se podía hacer previamente.
-Lo que vimos antes, era esos espectros de los que hablabais en la misión, ¿no? -preguntó él- Digo, tú estás realmente en Reino Unido, eso es sólo una imagen tuya, ¿verdad?
-Correcto.
-¿Y se puede modificar? Que parezca otro el aspecto.
-¿Qué pasa, no te gusta ser un vaquero? -bromeó- ¿O tienes otras ideas?
-De pequeño quería ser como Billy el Niño o Harry el Sucio, ese no es el problema -reconoció-. Sólo… sería raro presentarnos así a la comisaría, ¿no crees?
Ella le miró de reojo y asintió, segundos más tardes les rodeó unas líneas blancas y volvieron a aparecer en el interior del aparato. Laura se colocó a los mandos en la sala de mandos, y los demás aparecieron repartidos en tres de los Navskids individuales. A su lado derecho o izquierdo, según el caso, se abrió la compuerta que llevaba a la sección interna del Skid II, de hecho entraron a la salita donde estaba Laura conduciendo, quedándose atrás en todo momento. Incluso estando el aparato en posición vertical podían andar gracias a que estaban en un mundo virtual, de tal manera que esa zona estaba bloqueada para estar siempre en la misma posición. Al resto no aplicaba, así que debían ir con cierto cuidado, ese y otros detalles iba explicando la mujer mientras les sacaba de allí.
-En cada Nakskid hay un mando que permite cambiar de dirección y disparar ráfagas más rápidas y no demasiado potentes, y otros que sí pueden hacer bastante daño -no tardaron demasiado en entrar al mar digital-. Podréis usarlo cuando hagamos los ataques aéreos, y no sólo en el mar digital… y que os presento.
Ante ellos se extendía un infinito océano de información de bellos tonos perlados. Grandes bloques de datos aquí y allá creaban montañas y techos a sus lados, sin embargo, el área por la que se podía navegar se demostró muy amplio, más cuando se alejaban de Lyoko. Según la mujer era porque allí, en plena ciudad de datos, había demasiados teras de información pero en un momento dado llegarían a zona abierta y estarían verdaderamente en el océano que era internet.
Efectivamente era un mundo precioso, y aún así se veían corrientes de datos y megas que simulaban ser de agua natural o al menos esa sensación les daba. Aquel mundo sin duda era espectacular y merecía ser investigado en profundidad, pero no tenían tiempo para estar perdiéndose en esas cuestiones. En pocos minutos vieron al fondo la gran esfera que formaba Unmei con el mismo aspecto que el de Lyoko, aunque no tenía tantos bloques a su alrededor. Eso les llamó la atención, también había que decir que estaban en un sitio algo recóndito según Laura, así que puede que eso tuviera que ver. Antes de todo eso el mundo digital original no estaba tan rodeado, así que ese era más o menos el aspecto que en su día mostraba. En aquellos tiempos Paul era un pipiolo que acababa de entrar a la policía y los otros dos eran un par de críos.
-Este es nuestro destino -Laura sonrió- Literalmente, significa eso en japonés, ¿sabéis?
-Conmovedor… -Paul suspiró- ¿Allí están todos?
Ella asintió, así que se limitó a acercarse a la entrada y pasar a través de ella tras posar la palma de su mano en una pantalla táctil y dar las claves necesarias. Una vez cruzó el mar digital llegaron hasta las montañas que formaban el mundo… y ellos se sintieron impresionados al vere semejante ejército en formación entrando en los Ballernos, muchos de ellos jugaban entre sí y saltaban en el agua con una agilidad pasmosa. Por allí estaban Marte y Belona, y junto a estos, Aelita y Aria permanecían atentas a toda la operación. Los demás llegarían en breve también.
-Esa mujer del pelo rosa es la que… bueno, podemos decir que provocó todo esto -murmuró-. Literalmente, es por ella que estamos aquí ahora.
-Joder… -murmuró Gerard- ¿Es fuerte?
-Es madre -respondió simplemente -. Entre eso y que Jeremy se enamoró de ella en su día… en fin, ya os explicaremos.
-Pues sí, porque no nos hemos enterado de nada -murmuró Marien-. ¿Es importante para la información que necesitamos para el informe?
-Seguramente, es la razón de existencia de todo esto -suspiró-. Aunque ella os lo explicará mejor, sólo sabemos algunos detalles, lo gordo lo tienen las reporteras.
Esas chicas… había que hablar con ellos como fuera. Otra cosa que tenían que hacer antes de poder hacer nada, y se habían quedado bastante información por poner en sus escritos. Tendrían que completarlo en algún momento, salvo que fueran ayudados por el propio Cartago, que realmente estaba demasiado ocupado con su propio traslado y en crear todos los monstruos necesarios. Avanzaron por el aire a través del pasillo que formaron los Wyverns, que se fueron apartando a su paso, y se acoplaron a una de las cercanas torres, dispuestos a hablar con ambas mujeres.
Estas les vieron hacer esa ruta, charlaban entre sí con cierto interés de lo que les deparaba el destino cuando decidieron que podían cercarse, así que cada una de ellas extendieron sus alas y volaron hacia donde estaban ellos. No les costó demasiado alcanzarles, y se posaron al lado de donde ellos aparecieron instantes después, así que les saludaron con un fuerte apretón de manos y sendos abrazos a Laura, sobre todo de Aelita, mientras Aria les miraba con cierto interés.
-Estábamos hablando de lo involucrada que estás con esto -comentó Paul-. ¿Aelita Schaeffer, verdad?
-Más conocida como Pinky Angel, sí -sonrió-. Vas directo al grano, ¿eh?
A Marien pareció que se le abrían los ojos y se le iluminaron bastante, hasta el punto de ilusionarse ella sola. Comenzó a pegar saltitos en el sitio y señalando a la mujer, que le tomó de las manos.
-Soy muy… muy fan… -murmuró- Qué pena que te retiraras…
La otra se rio un poco y la abrazó por detrás, casi como si fuera una amiga de toda la vida y no una desconocida a la que tenía que investigar. De hecho Paul suspiró pesadamente con aquello, y se limitó a cruzarse de brazos al ver a ambas mujeres actuar de esa forma. Sin embargo no parecía que fuera a ser así en poco tiempo, así que simplemente anduvieron por la plataforma mientras ellas charlaban… aunque en un momento dado la mujer giró sobre sí misma y encaró al otro.
-Disculpe, Intendente -le dijo, con un tono más serio-. ¿Qué querías hablar?
-De tu historia, sin interrupciones esta vez.
Miró a sus agentes, que dieron un respingo por ello y asintieron. Este suspiró y fue hacia ella, procediendo ya juntos a colocarse en un punto algo más apartado para tener cierta privacidad; sin embargo rápidamente Paul pidió a los otros dos que fueran con ellos a escuchar también, así que estos así hicieron. Laura se cruzó de brazos y a su vera permaneció Aria, que tenía las manos tras la espalda.
-Espero que no nos traicionen en el último momento… -murmuraba la segunda- ¿Tú cómo lo ves?
-Por la cuenta que les trae no lo harán -gruñó suavemente-. No les he avisado del mar virtual, por ejemplo, así que a las malas podemos lanzarles allí, o dejar inutilizados sus Navskid o algo así…
Su compañera sonrió un poco y asintió, así que se estiró un poco y movió sus alas al compás de su espalda. Sin duda aquello sería algo a tener en cuenta, pero dudaba bastante que fueran a necesitar recurrir a algo así. Si quisieran hacer algo en su contra ya lo habrían hecho, así que como tal eso no les preocupaba en exceso.
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Mientras, de vuelta a Francia, los gentes Swann y Smith seguían atados con sendas bridas en torno a pies y manos. Como pudieron lograron levantarse con bastantes dificultades y apoyados en todo momento contra la pared. Sudaban un poco por el esfuerzo y tener que ir a todas partes dando saltitos. Cada vez que necesitaban pasar por una puerta era una odisea y simplemente se acababan rindiendo ante la posibilidad de dejarse el hombro contra la madera. Habían intentado romperlas apretando hacia afuera pero no tenían la fuerza necesaria para eso por estar en tobillos y muñecas; y cuando intentaron usar los mecheros que pudieran tener no fueron capaces ni de sacarlos de sus bolsillos por estar demasiado al fondo o estaban agotados al usarlos demasiado rato.
Hasta que tuvieron una genial idea producto de la desesperación, así que aprovecharon las puertas abiertas que pudiera haber y recorrieron el mismo camino que, asumían, recorrieron los traidores siguiendo las maderas astilladas por el tiroteo de horas antes. Roger tenía la cara y cuerpo totalmente empapado y la mirada algo perdida, sin embargo pudo torpemente llegar hasta la zona de escaleras que llevaban a la zona inferior, todo bajo la vigilancia de Cartago. Charlie se limitó a mirarle por detrás no demasiado convencido, frunció el ceño al verle caer como un saco de patatas rodando por las escaleras, así que se limitó a acercarse a las mismas y se sentó como pudo para bajar más lentamente, no se atrevía a ir dando saltos como pretendió su compañero.
-¡¿Estás bien?!
Tardó unos segundos en recibir una respuesta.
-¡Me he roto la puta nariz y casi me parto los tobillos, hostias! -chilló- ¡Cuando pille a Scott la voy a matar!
El otro suspiró y procedió a descender, podía ver a su amigo ya de pie y con la cabeza hacia arriba para cortar la hemorragia como podía, así que llegó hasta él e incluso fue hacia adelante, guiándose por las luces led del entorno. Esquivaban los cables que había por todas partes hasta llegar precisamente a donde estaba el súper ordenador, la interfaz y el teclado de esa base. Allí podrían cortar, aprovechando los laterales y esquinas, las bridas de plástico que llevaban. Torpemente llegaron hasta la más cercana y comenzaron a intentar lijarlas y a empujar con el peso de sus propios cuerpos y que cedieran, sus muñecas comenzaban a enrojecerse de la presión hasta que partieron. Se propinaron sendos golpes cuando aquello sucedió pero la euforia de por fin tener las manos libres y poder moverlas era superior, así que ahora sí podrían hacer algo más que sólo dar tumbos por ahí como peces fuera del agua.
Así como estaban hicieron lo mismo con las de los pies, así que en unos minutos más estuvieron libres. Iban a celebrar ese logro cuando ante ellos apareció el espectro de Cartago. Era negro con su símbolo en blanco en el pecho, adquirió forma humanoide en seguida aunque ellos rápidamente sacaron sus armas de fuego y se dispusieron a disparar; sin embargo la IA les dio un fuerte golpe que les desarmó en el acto. Lanzó las armas lejos y les llevó contra la pared.
Ellos no sabían qué era cosa pero sí que era peligrosa y que iba contra ellos, así que tenían que hacer algo sí o sí. Como pudieron agarraron el cuerpo del espectro y comenzaron a golpear su cuerpo o cabeza como pudieron hasta que este tuvo a bien liberarles. Giró sobre sí misma, Cartago se disponía a noquearles con uno de sus rayos cuando Roger logró tomar uno de los cables y se lo lanzó directo al pecho. La IA desapareció tras tambalearse con fuerza y chillando con el dolor, así que ambos se miraron. Era su oportunidad de salir de allí, así que se limitaron a correr como almas que llevaba el diablo.
Salieron en pocos minutos del edificio y se encontró con un par de ambulancias atendiendo a unos agentes bien armados que estaban esparcidos por el suelo. Se acercaron, en especial Roger, que seguía algo mareado y trastabillaba por los golpes constantes. Su amigo le sujetó como pudo y le acercó a la ambulancia más cercana, la chica que les vio llegar suspiró.
-¿Están bien?
-Mi amigo tiene contusiones y se ha roto la nariz, yo sólo estoy algo magullado -le explicó Charlie-. ¿Podrás curarle? Tengo que avisar a nuestros superiores.
-Recibimos el aviso de la policía, parecían nerviosos -le explicó ella-. Pero no nos dijeron nada de personas que estuvieran en el edificio, llevamos aquí pocos minutos.
El otro asintió, no entendía qué puñetas hacía la policía francesa que no se preocupaba de sus hombres hasta ahora, miró su reloj y si habían llegado a las 15:00 ahora eran las 19:15, cuatro horas de diferencia. Era algo raro, normalmente eran bastante más atentos con los suyos, no entendía aquello y sin embargo se limitó a asentir un poco y, tras despedirse de su amigo, se alejó un poco para tener cierta privacidad.
Sacó su móvil y con cierto nerviosismo intentó llamar a alguno de los mandos, pero por otro lado aquella que les lideraba en cierto grado estaba con el enemigo, así que no sabía si debía fiarse. En todo caso se decidió a usar una línea segura para poder hablar con alguien de Cartago… y que por supuesto se puso en la línea.
-Agente Charlie Swann al habla, número de identificación 981034, mi compañero Roger Smith está en asistencia médica en estos momentos, me reporto en Francia y quiero comunicar la traición de la agente Aylen Scott.
-Copiado, agente Swann -la voz de Cartago a él le fue muy natural-. Siga investigando, contamos con usted, buena suerte.
-Pero… quiero dar mi reporte, compañero.
Y sin embargo Cartago cortó de golpe. Y eso le fue raro, algo no le gustaba de todo aquello. Frunció los labios, pensativo, y se rascó la cabeza mientras andaba hacia el coche que había usado. No le cuadraba esa actitud, puede… que tuviera que seguir adelante con esa investigación, efectivamente. Se decidió a volver a la fábrica abandonada, al final no pudo hacer nada allí por culpa de los franceses, que por cierto se habían escapado vilmente.
Su móvil precisamente sonó en ese momento, así que se lo llevó a la oreja. Ni llegó a poder responder por los gritos de uno de los militares que organizaban los recursos humanos del Proyecto, así que en ese momento él comprendió lo que estaba pasando. No llegó a escuchar las vociferaciones del otro, así que carraspeó.
-Señor, con todo el respeto, está usted equivocado -gruñó-. ¡No, escúchame tú a mi, que no soy militar, soy de Inteligencia así que no tengo que estar aguantando los gritos de un imbécil con aires de grandeza! -le exclamó- ¡Aylen Scott está actuando con un grupo indeterminado de agentes contra el Proyecto ayudada por franceses, hagan saltar la alarma de inmediato!
Y ante el silencio del otro se limitó a colgar. Fue directamente hasta su coche y subió al mismo, y procedió a encender el aparato y conducir de vuelta a Boulonge. No tenía demasiado claro qué hacer o por dónde investigar, pero sí que tenía claro que allí debía estar la clave. Se estiró un poco y pegó un acelerón para salir escopeteado en esa dirección, apretando el volante y yendo en zigzag por la carretera, adelantando a todo coche que se encontraba por el camino. Cartago revisó su camino en todo momento y comprendió que aquel tipo se debía haber dado cuenta de algo, y aunque le había puesto toda clase de travas como cambiar semáforos o líneas de tren, y hasta avisos a la gendarmería, el tipo había logrado pasar de todas y cada una de esas trampas que le habían puesto.
A la vez estaba trabajando en proteger su sede física frente a la fábrica, pero sólo de una manera podría hacerlo si realmente ese hombre entraba al interior de la casa abandonada. Suspiró pesadamente, al menos estaba lejos de donde estarían todos… su cuerpo físico estaba sentado en posición de loto en Fort William, al lado de Jeremy, que le miró de reojo con cierta sorpresa. Más cuando se levantó y se estiró un poco.
-¿Sucede algo?
-Uno de los agentes americanos va hacia la fábrica de nuevo, pensaba que podría detenerlos el tiempo suficiente pero además avisó al Proyecto… -murmuró- Lo siento, es mi culpa.
El otro se limitó a suspirar un poco y miró su reloj. Estaban a nada de atacar, en algo menos de dos horas y estaba en peligro la misión si la IA tenía razón en lo que decía.
-¿De qué avisó?
-De algo de Aylen, y si son algo inteligentes se darán cuenta de la treta de Laura, Abigail y Yao… nos la tenemos que jugar, ¿dónde están?
Precisamente en ese momento entraron los dos más jóvenes junto con Vikani. Mientras ellos estaba ultimando los preparativos del ataque los demás habían dejado preparada la casa de Aria para que los padres de ella no se cabrearan demasiado, al final habían usado su casa de campo durante cerca de una semana y ahora iban a salir de allí a toda prisa, pero dejando las cosas como se las habían encontrado. Era lo menos que podían hacer, además no querían que salieran perjudicados de toda esa situación, y si tenían que salir corriendo de nuevo ya se buscarían la vida.
-En un rato vienen los demás, se estaban despidiendo de los abuelos -comentó Vikani-. ¿Sucede algo?
-Vamos a necesitaros -comentó Cartago-, tenéis que llamar al Proyecto y decir algo, lo que sea, para ganar tiempo de alguna forma.
-¿Qué pasó, Cartago?
Abigail parecía nerviosa, así que la IA se limitó a asentir un poco y explicar por encima qué había pasado. Su desaparición demasiado repentina fue lo que provocó que los americanos se personaran en Francia a investigar un poco lo sucedido, y su rivalidad con la gendarmería de París no ayudó para investigar juntos, de hecho acabó provocando que cada uno fuera por su lado en todo eso, cambiando hasta de bando en cierto grado.
-Bien, iré yo -murmuró Yao-. ¿Qué puedo inventarme? ¿Qué los terroristas que pillamos estaban en un área incomunicada y que hasta ahora no hemos podido hacer nada? Se supone que íbamos tras unos.
-Hazlo, necesitaban demasiado a Cartago para este tipo de cosas y no creo que tengan un segundo sistema de localización -comentó Jeremy-. Porque no lo tienen, ¿verdad?
La IA negó, era lo único que utilizaban, era un sistema multi agente que lo hacía absolutamente todo en el Proyecto. Y que su principal arma estuviera en su contra era desde luego digno de mención, se sentían seguros en ese sentido, pero también estaban arriesgándose mucho porque podría perfectamente traicionarles en un momento dado. Sin embargo también esta se estaba jugando el tipo por estar totalmente rodeada de todos ellos, así que dependían entre sí, y sabía perfectamente que el programa que había desarrollado Jeremy junto a Laura, Herb y compañía era demasiado potente y perfectamente podría acabar con ella de ser lanzado. Encima seguían sabiendo dónde tenía su base, de tal manera que estaban tomados de las solapas de forma bidireccional.
-Adelante, Yao.
El chico suspiró y procedió a llamar por teléfono, encendiendo por primera vez en bastantes días la señal de comunicaciones e internet. Un aluvión de notificaciones cayó en los siguientes minutos, en los que apenas pudo hacer nada de lo que pudiera pretender en esos momentos hasta que logró marcar el número adecuado. Había puesto el altavoz para que todos escucharan y Abigail se colocó a su vera con la vista perdida. En apenas dos toques alguien respondió, los dos jóvenes se congelaron al reconocer la voz de Lowell Tyron.
-¡Por fin respondéis! -exclamó- ¡¿Qué puñetas os sucedió, agente Ikari?!
-Bue-buenos días, señor Tyron, pudimos dar con los terroristas señor -indicó-, pero estaban en una zona montañosa y sin cobertura, por seguridad no quisimos decir nada para no hacer saltar la liebre, ya sabe, podrían estarnos escuchando…
El otro no respondió inmediatamente, en su lugar suspiró un poco.
-¿Habéis acabado con ellos, entonces?
-Sí señor, gracias a unos compañeros americanos pudimos.
-Entiendo… pásame a Gauthier, necesito hablar con ella.
El chico tragó saliva algo nervioso, Abigail no sabía ni qué decir hasta que Vikani reaccionó y tomó el móvil de un tirón. Los adultos presentes ni pudieron reaccionar antes de que ella se llevara el aparato a la oreja.
-¿Sí?
-Gauthier, necesito hablar con usted.
-N-no será posible, estamos pa-ndo por-tunel, no…
Y entonces colgó, los demás suspiraron con nerviosismo pero no llegaron a decir nada mientras ella ponía rostro orgulloso por su logro. El móvil volvió a sonar y Yao tuvo que poner el aparato en modo avión de nuevo, Cartago tenía la mirada perdida y así siguió durante los siguientes minutos en los que Jeremy le explicaba a la joven sobre que esas cosas no eran buena idea.
-¿Y si tenían un programa de reconocimiento de voz, eh? -le espetó- El truco del túnel no es tan buena idea como crees, piensa que…
-Joder Jeremy, que no pasa nada -le exclamó-. Y si pasa algo yo me hago cargo, ¿vale?
Él suspiró un poco y asintió, eso le recordó mucho a su madre. La muchacha tenía mucho carácter pero con muy buen corazón, en eso Aria se había esforzado bastante para que nadie pudiera decirle nada al respecto… aunque al final se acabara metiendo en líos igualmente. Pensaba en qué responder cuando llegaron todos los demás, parecían tranquilos pero el luto se llevaba por dentro y de eso él era perfectamente consciente. Encabezaba la comitiva William, seguido de Herb, Sissi, Odd, Patrick, J.P., Maya, Hiroky, Ariadna, Ulrich y Yumi. Saru corrió a los brazos de su amo para recibirlo como se merecía, mientras el resto se colocó en torno a su líder. Ya estaban todos allí, como correspondía… la hora había llegado.
En la pantalla aparecieron Aelita, Aria, Laura y los agentes franceses, en formato virtual y como si la primera estuviera grabando un vídeo por tener la mano extendida y su rostro en primera persona. La primera parecía bastante contenta y sus alas estaban ligeramente extendidas, así que su marido procedió a comenzar con su discurso previo.
-El momento ha llegado… esta noche todos nos la jugamos por la familia, por amigos… por los demás -se metió las manos en el bolsillo-. Eso me llena de orgullo, así que vamos a hacer honor a este objetivo tan hermoso que nos ha reunido… Cartago debe ser destruido, es un Proyecto demasiado peligroso… y te mereces ser libre, has demostrado tener honor y es un honor luchar a tu lado.
Alargó la mano y se la colocó al lado a la IA, que hasta entonces había permanecido sentada y escuchando en todo momento. Se levantó y se la estrechó con determinación, así que el resto aplaudió un poco.
-Igualmente, Jeremy Belpois…
-Por eso… ¡Vamos a conquistar a Cartago! ¡Nos podrán quitar muchas cosas, pero jamás la libertad! ¡Vamos!
Y el resto estalló en gritos y vítores, así que procedieron a ir bajando a los escáneres para estar listos y partir a la misión. Fue entonces que Cartago carraspeó un poco.
-Necesitamos que alguien vaya a Francia a detener al agente Swann, está yendo a la casa frente a la fábrica a donde me estaba trasladando -murmuró-, sólo a través de un espectro podríamos hacer algo así, ya logró vencer a uno que yo cree para eso.
-Iré yo -señaló entonces Paul-. Tengo… una cuenta pendiente con ese yanki.
Aelita se giró y le miró divertida.
-¿Sabrás usar tus poderes?
-No los necesito para patearle el culo, la verdad.
Sus compañeros se rieron un poco y procedieron a trasladarlo hasta la cercanías de París, para ello alguien tenía que subir a los mandos del Skid II, vinculado con los ordenadores cuánticos implicados, y a través de los cuales se podía crear a ese espectro usando los datos que tenían de los guerreros. Eran ellos pero en otro formato, en términos más simples. Fue Aelita la que subió hasta los mandos, y tras teclear un poco Paul se vio rodeado de un haz de luz que le hizo desaparecer, al tiempo que en los cielos de Unmei iban generándose los cuerpos virtuales del resto del grupo
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El espectro de Paul se generó al lado de la interfaz, y se miró a sí mismo con cierta sorpresa. Acarició sus revólveres con mimo y una sonrisa se formó en sus labios, se recolocó el sombrero y anduvo tranquilamente hacia el exterior. No había demasiado tráfico por la calle, así que aprovechó para ir corriendo hacia su destino, en la acera de enfrente de la avenida en la que se encontraba, y tras saltar la verja se coló al interior del edificio. Un par de minutos más tarde apareció por allí el mismo Richard Swann, bajo la atenta mirada no sólo de Cartago, y es que en el suelo se había formado la figura de una sombra alada.
El agente tenía en sus manos su arma, preparado para lo que pudiera encontrarse. Una vez superó la valla dio empujó con suavidad la madera de la puerta, así que cruzó el umbral con los nervios de punta. Dio unos pocos pasos con los ojos bien abiertos y el arma lista para entrar en acción. Su respiración estaba acompasada para que ni fuera escuchada, así que tras pasar el pasillo llegó a la sala del ordenador… allí le esperaba Paul, cruzado de brazos. En instantes estaban encañonándose mutuamente.
-¿Quién coño eres? Pareces sacado de un manicomio…
-¿No me reconoces, Swann?
Este puso cara de incredulidad.
-¿Moreau? Te ha sentado mal la crisis de los cuarenta… -este le fulminó con la mirada- ¿Dónde están los demás?
-Bastante lejos de aquí -le respondió-. Esto es entre nosotros… ¿Dónde dejaste a Smith?
-Está en el médico, vuestras putas bridas le han dejado en mal estado -se veía el cabreo en sus ojos-. Vas a pagar, franchute…
No habiendo más que decir, comenzaron los disparos. Los del Intendente dieron en uno de los hombros del americano, que llegó a acertar un par rozando las orejas del otro, que se removió. Dio una vuelta en torno al súper ordenador y encaró a Charlie, que volvió a apuntar y disparar, esa vez sí dando en el hombro del otro. También disparó un par de balas, que igualmente acertaron en el otro, esa vez en el otro hombre y en la parte baja de la barriga. Cayó como un saco de patatas al suelo en ese instante, apoyado en una de las rodillas y con manchas de sangre en la ropa, que comenzaba a gotear incluso. Paul se le acercó y le dio un fuerte golpe en la cabeza con la culata para acabar de noquearle, iba a llamar a una ambulancia cuando escuchó bastante jaleo fuera de la casa.
-Mierda… -gruñó- Ni sé cuántos puntos de vida tendré…
Sin embargo sabía que tendría que enfrentar a lo que viniera, así que lo agarró con cuidado en sus brazos y comenzó a andar con paso firme hasta la salida. Escuchaba a la perfección las sirenas de todo tipo. No tuvo que salir para saberse encañonado en todos sus puntos vitales y seguramente le acribillarían en cuanto tuvieran la oportunidad. Recolocó bien al americano y se armó de valor, según salió efectivamente se encontró con cinco coches de la gendarmería y a sus respectivo agentes colocados detrás de las puertas listos para fusilar a quien fuera. Ni les dio tiempo a hacer nada pues del cielo cayó una mujer alada; tenía pelo rosa y ropas futuristas, en sus manos tenía unos guanteletes y todos los presentes la reconocieron.
-Esa es… Es valquiria… ¡Valquiria volvió, hay que avisar al Intendente!
Era una de las agentes de campo mejor preparadas, la típica que entró al cuerpo gracias a esa heroína. Y ahora que nombraban ese nombre a Paul se le encendió la bombilla, por supuesto que era ella… Aelita Schaeffer era a la vez Valquiria y a la vez Pinky Angel, tres facetas de una misma mujer que había demostrado ser un todoterreno. Se había interpuesto entre sus propios agentes y él, pero no dio tiempo a nada; giró sobre sus propios pies y le guiñó suavemente un ojo.
-¡Yo me encargo, es demasiado peligroso para vosotros, chicos!
Y le enganchó de los hombros, abrió sus alas y se impulsó con fuerza. Aprovechó los vientos para recorrer el aire a toda velocidad, libre como las aves y sosteniendo como podía a dos hombres adultos y más altos incluso que ella. Sin embargo logró sin problemas llegar hasta las cercanías de un hospital, ante el que descendió grácilmente y deposito en una cama al agente Swann, que sólo balbuceaba. Cauterizó sus heridas con una de sus esferas de energía provocando los chillidos del otro, cuando unas enfermeras salieron se encontraron ese panorama y dudaron entre hacer su trabajo y ayudar a Aelita o pedirle una foto, por suerte para el americano se pusieron a curarle las heridas, y tras al menos estabilizar un poco antes de ponerle las vías y llevarlo al interior; la mujer procedió a hacerles el gusto y posó con ellas y pedirles como favor guardar silencio con aquello.
-Ya sabéis, yo aquí no vine ni nada -aseguró-, muchas gracias por la ayuda, pero tengo que llevar a… este vaquero a comisaría, yo me encargo, ¿vale?
-¡Adiós Valquiria, eres la mejor! ¡Te queremos!
-¡Y yo a vosotras, guapas!
Y tras despedirse con un gesto, Aelita tomó a Paul de los hombros y se puso a volar de nuevo hacia lo más alto del cielo; ya en ese sitio seguro desaparecieron en un resplandor blanco, volviendo a materializarse en el interior del Skid II, ella en la sala de mandos y él al lado de Gerard en uno de los Navskids dobles. Estaban en esos momentos recorriendo el mar digital del interior de Lyoko, justo a las puertas que les separaban de su destino. Estaban todos allí reunidos, suave música ambiental rellenaba el hueco del atronador silencio de todos, demasiado concentrados como para querer decir nada, ya estaba todo listo.
Como bien dijo minutos antes su líder, Jeremy, la suerte estaba echada. En torno a ellos nadaban los bellos ballernos y los delfíneros de Cartago, era una enorme manada de seres marinos que recorrían el agua digital con una elegancia digna de los animales reales, y aunque al inicio habían intentado evitarlo no pudieron dejar de ver aquel hermoso espectáculo ante ellos. Algunos incluso comenzaron a cantar una tonada profunda que resonaba por todas partes, y sin embargo no lo sentían rebotar en sus cuerpos como sí pasaba en el mundo real. En dos de los delfirnios, los más adelantados, cabalgaban Marte y Belona, como si dirigieran la expedición y con una lanza en sus manos a modo de señal.
Al minuto de salir se encontraron con que les acompañaba también una figura humanoide que identificaron como Cartago, era como una Aelita algo mayor y con el pelo más largo, hasta los hombros. Ya era tarde para echarse atrás, tenían que terminar con aquello esa misma noche, o caer en el intento… Y no iban a vender baratas sus pieles, demostrarían que no ganaron a Xana por capricho o por suerte, y que no hay nada más poderoso que una familia unida frente a la adversidad. Eran David contra Goliath, pero cortaban con su propia honda y la aprovecharían para poder crear de nuevo un mundo sin peligro, en el que ninguna IA gobernara a la humanidad o doblegando su voluntad de acero… ellos eran el junco ante la adversidad, que siempre vuelve a su posición original.
Ellos eran los Guerreros de Lyoko.
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Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Este fanfic está conectado con Aelita's Nature, y que se encuentra en el pasado de la línea temporal de este. Habrá referencias en ambos de eventos del otro.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
