Capítulo 2: Lavando la ropa.

– Lo siento mucho, Yami-chan. - fue como se anunció la peli blanco ante la bola de humo de la que provino.

Yami apenas había tenido unos minutos para llegar antes que él y reponerse de lo vivido. Aun roja de bochorno, con la imagen viva de su genital duro en la mente. Le saluda apartando su nerviosismo, causando confusión en el mayor ya que apostaría que estaría al menos 20% enojada.

– ¿Esperaste mucho? - procede a preguntar de todos modos.

La joven piensa y contempla su respuesta unos segundos.

– Si. - continúa demasiado sonrojada como para mirarle a la cara inquietando al Sexto. - No hay problemas. - sonríe.

– ¿Está todo bien, Yami? - insiste.

Definitivamente la ausencia de la curiosa intensidad de Yami ofusca al mayor.

– Sí, sí. - aclara recobrando su semblante decidido. - Podemos partir cuando quiera. - ¿Cómo decirle que verlo masturbarse fue uno de los momentos que recordará para siempre en su vida? ¿Fue obra del destino? ¿Será que él está fingiendo para evitar que sea incómodo?

La última cuestión se veía más tentadora, y razonable que las demás. De todos modos ahora le tocaría luchar contra la colindante tensión sexual que solo existía en su cabeza. Pero palpable ante los hechos.

- ¡Dios mío que me lleva más de 20 años! - se repetía sin éxito a sí misma, ya que la idea solo la ponía más nerviosa… de curiosidad.

Un equipo de 3 Jounin vino a despedirnos. Explicaron las pautas a tomar para el viaje y tuvieron un par de palabras con Kakashi antes de desaparecer en una ráfaga.

Zarparon ante la desaparición de estos tres. Kakashi insistió en que se tomarán el primer trecho de manera pasiva, como él dijo: "Ya tengo 42 años, hay que disfrutar el camino, ¿no?" Y Yomi estaba ahí para cumplir sus órdenes y deseos.

Se mantuvieron en silencio, contemplando la abundante fauna del bosque, el clima agradable de otoño. Se dirigían un poco más al norte, por lo que se pondría más frío conforme vayan acercándose a su destino. Kakashi comentaba sobre una que otra cosa, buscando el lado amistoso de la más joven.

Hicieron la primera parada a las seis de la tarde en una pequeña aldea a las afueras del bosque porque el cielo amenazaba con romper a llover. Comerían y buscarían agua para luego continuar con el viaje.

Kakashi estaba bastante acostumbrado a la modernidad que ha adoptado Konoha, con el internet, computadoras y teléfonos. Pero sobre todo con la distribución de las tiendas de conveniencia a lo largo de todo el país. Por eso desde que vio uno a poco de entrar en la ciudad, sugirió entrar para conseguir lo que necesitaban.

– ¿Qué quieres tú, Yomi-chan? - le pregunta mirando el área de comida para llevar, tratando de tomar una decisión entre arroz y pollo ó sopa y pollo.

Ella se acerca a él, mirando las opciones e interesándose rápidamente en una bola de arroz con atún picante. Le indica que le gustaría dos de esas y un curry.

– ¿Solo eso comerás?

– Si, y - tomó una bebida de matcha fría. - esto.

Kakashi le hizo un gesto para que se lo diera, significando que él pagaría por ello.

– No, no, yo misma puedo-

– No seas tonta. - se ríe, pareciendole cómico y tomando la comida de sus manos de todos modos. - Cómo le vas a decir que no al Hokage.

Ella misma se rió por dentro, realmente podía ser gracioso el Sexto.

Proceden a pagar, bueno, Kakashi lo hace y se sientan fuera del local en un banco.

Estaba helada la brisa, pero para ambos lo ignoraban. Kakashi hace a un lado su mochila, busca en la funda su comida y le pasa a Yami la bebida y una bola de arroz. Quedándose sin manos, le pide que le quite la máscara de la cara para poder comer.

La kunoichi se pregunta si es una prueba que está ejerciendo el Sexto en ella. ¿Por que le pedía sobre todas las cosas que le tocase? Se pone irreparablemente nerviosa ante su petición.

Yomi se voltea hacia él, inclinándose un poco. Suavemente con el dedo índice, empuja la tela hacia abajo, revelando el ¿apuesto? rostro de su superior. La joven es ajena, completamente, a la idea de que ha sido una de las pocas afortunadas de ver el rostro completo de Kakashi Hatake. Pero no, esta era la segunda vez que le veía. Siendo la primera cuando le pillo masturbandose en el baño. No puede evitar concentrar la mirada en el azabache del mayor, buscando residuos de lo que le vio hacer anteriormente, aunque sea por unos segundos. Este se percata de su curiosa mirada,

Kakashi sonríe. Esta se pone roja hasta los dedos de los pies.

– ¿Acaso te hablaron del Equipo 7 y cuando fui maestro de Naruto Uzumaki?

– ¿Naruto Uzumaki? - repite sorprendida.

– Si, tal vez fue Sakura quien te dijo que siempre llegaba tarde. - se rió como acostumbraba hacer en esos tiempos justo en la dicha situación.

– No. - sonríe simpáticamente la chica. - Así que es una costumbre suya. Qué bueno que no es algo personal. - dice fingiendo alivio.

– ¿Algo personal? - la sonrisa torcida de Kakashi enciende la imaginación de la menor. ¿Acaso no entiende la posición en la que la está poniendo?

Yomi ríe sonrojada. Empieza a retirar la envoltura de su comida, teniendo mucha dificultad con la bola de arroz, terminando por casi deshacerla completamente debido a que no entendió las indicaciones de como abrir el empaque. Un poco de comida cae en su regazo, frustrándola un poco, llamando la atención de Kakashi.

– Es que no lo has abierto bien. - le dice mirando como intenta arreglar el papel de alga sobre el arroz. Al cabo de unos segundos viéndola entorpecer aún más el producto, se lo quita de la mano. - A ver, niña. - dice como si fuese un anciano. - Mira como se hace. - lo agarra, y con la destreza más elegante retira el papel transparente con una maniobra desconocida, dejando el papel de alga envolviendo el arroz.

A Yomi le da un poco de vergüenza.

– Gracias. - le dice al recibir la comida de vuelta.

– No es tan difícil. - se mofa para molestarla. Esta le devuelve una mueca.

– Disculpe la pregunta, Hokage-sama.

– Solo llámame Kakashi, insisto. - le alienta para familiarizarse con ella cuanto antes.

– Kakashi-san. ¿Tiene usted pareja? - Yomi se encendió como luces de navidad por ser tan osada pero solo podía hacer tanto con lo mucho que ya se había reprimido.

– Oh, qué pregunta. - se sorprende. - ¿Por qué, sabes de alguien que busque un solterón de 42? - dice divertido.

Maldito. Es un tramposo y ella estaba jugando a las de perder. Su boca se aguaba en sí misma para contestarle que sí, pero ya se convencía que se dejaba llevar demasiado por el momento. Ella tenía una sola misión que era cegarle el juicio al Hokage con sus maravillosas habilidades, sobre todo su profesionalismo a pesar de ser una joven de 19 años. Era cuestión de meses para los 20, como quiera.

Sonrió tomándolo como una broma. Podría pensar en su madre, tan solo la idea de mencionarlo ahora le repugnaba causándole vergüenza. Con sinceridad, toda la situación le abochorna tanto que ansía regresar a Konoha.

Comieron y zarparon una vez más. Esta vez no harían más pausas hasta llegar. O al menos así lo tenía entendido la menor. En su mente obviaba el hecho de que Kakashi tiene 42 años, al contrario de ella, necesita reponerse con más frecuencia.

Llegaron sin ningún acontecimiento. Fueron recibidos por representantes del alcalde de la ciudad, después de una tediosa ceremonia de bienvenida, fueron escoltados a su hotel. Todos se sorprendían al ver que el Hokage había decidido hacer presencia allí, además de presentarse tan solo con un guardaespaldas que era Yomi. Básicamente dudaban sobre la protección del Hokage, insinuando que la joven no era lo suficiente capaz de evitar que algo le sucediera.

Esta incrédula idea fue el propulsor de los ataques que recibió la defensa del Hokage esa misma noche. Aprovecharon que el Sexto había salido "a cenar", dejando a Yomi a solas en el hotel. Intentaron una emboscada donde el único daño en ella fue un rasguño en su clavícula. Kakashi regresó antes de lo previsto para cerrar con broche de oro el suceso.

El Sexto estaba profundamente sorprendido. Había acabado con 10 ninjas enviados a asesinarla ella sola. Aún más estupefacto cuando al regresar la joven le pregunta si desea que mate a los intrusos.

– Gracias, Yomi, pero no será necesario. Yo me encargo ahora.

No entendía el qué, pero Kakashi veía algo diferente en los ojos de ella. Algo tenebroso tal vez.

Tras media hora, llegó un equipo de emergencia desde Konoha para limpiar, lidiar y tapar el problema. Mientras Kakashi cerraba el asunto, que fue el pretexto perfecto para pedir una audiencia con Masato Shigure al instante, Yomi esperó tranquilamente en el cuarto del Sexto ya que el de ella había quedado totalmente destrozado tras el ataque. Aunque terminó totalmente ilesa, había gastado mucha chakra y estaba cansada.

Para el regreso del peli blanco a eso de las tres de la madrugada, Yami se había quedado dormida a un costado de la cama, que como se trataba de la posada del Hokage, era la cama más grande que había visto. A Kakashi le dio un poco de ternura verla dormida así, en el borde de una cama tan espaciosa. La acomodó como pudo, sin despertarla, se recostó un momento junto a ella pensando en que una ducha le haría sentirse mejor. Sin embargo se quedó dormido al cabo de cinco minutos.

Completando la misión exitosamente, ambos parten poco después de las 10 de la mañana. Yomi fue quien se despertó primero, alarmada porque instantáneamente recordó la emboscada de anoche. Esa mañana fue cuando Yami registró para siempre el olor de Kakashi Hatake en su mente. Una mezcla de desodorante de hombre, papel novela y perfume. Si, perfume. El Sexto olía muy bien. Así lo comprobó cuando se despertó a su lado, que también se encontraba sin su máscara. Realmente era apuesto Kakashi Hatake, aquel lunar debajo de su boca era muy sensual también.

Yomi se sonroja al considerar que el Sexto es atractivo. Sacude la idea como puede, siguiendo a ducharse procurando estar lista para cuando el mayor despierte.

Su ausencia en Konoha apenas pasó desapercibida. Justo como Shikamaru, Chizune y el mismo Kakashi habían planeado. Nadie notó que el Hokage abandonó la ciudad por unos días, lo que ayudaba a continuar el curso de trabajo normalmente.

– ¿Lograste llevarte bien con Kakashi-san, Yomi? - Chizune y ella estaban arreglando el escritorio que sería su zona de trabajo por el momento, en lo que terminaban las nuevas instalaciones de oficinas.

Yomi traga en seco, recordando el miembro del Hokage cubierto de semen cuando le acechó a través del ventanal del baño. La mira fingiendo calma.

– Si, Kakashi-sama es muy paciente.

Chizune la mira conmovida. Desde que Naruto demostró ser el héroe que es, Kakashi es más relajado de lo normal, pero también susceptible a la idea de tener buenos compañeros y sobre todo cuidar de ellos. Debe admitir que aunque el Sexto es más dejado que antes, ahora es mucho más permisivo y cándido. A veces se mostraba sobreprotector por sus seres queridos.

– Qué bueno. Creo que tu y Kakashi pueden trabajar en armonía. Solo no te metas con su tiempo a solas. - se ríe. El comentario enciende de bochorno a la más joven, pero Chizune estaba tan ocupada con las flores decorativas que no lo notó.

Kakashi agradeció el formidable desempeño de la menor, desde entonces no se le ha visto por el despacho. Chizune le aseguró que todo está bien, que a veces Kakashi se desaparecía cuando se abrumaba para recargar su "batería social". Siempre regresaba si era solicitado o al cabo de unas horas. Nadie sabía qué era lo que hacía con ese tiempo, algunos cuchichean que se veía con una mujer de vez en cuando, otros le veían en el cementerio. Pero Yami tenía una idea de lo que le gustaba hacer al Sexto durante ese tiempo.

Los días transitaron de lo más afable, concluyendo los dos primeros meses de Yami en la torre del Hokage. Era querida por todos, ya que había demostrado que era capaz de lidiar con las tareas y la presión del trabajo. Chizune estaba muy feliz, sus obligaciones se habían reducido un 50% después que Yami llegó a sus vidas.

Ya la joven ha podido controlar sus impulsos, eliminando de su mente aquel incidente del que el Sexto no tiene conocimiento. Enfocándose en sorprender a todos en el despacho, incluyendo al mismo Hokage, quien ha hecho sentir muy cómoda a Yomi desde que es parte del equipo. Ha aprendido a lidiar con la actitud fresca y apática del adulto, y muchos bromean con que es la hija preferida del mayor. La idea causándole un poco de pavor.

– Qué pena que te tengan aquí un viernes por la noche, Yomi-chan. - se burla sonriente, a pesar de ser el culpable, sin remordimiento alguno.

Yomi lo mira con un enojo teatral, amenazándolo con la mirada.

– No hay ningún problema, Hokage-sama.

– Ay, por favor, Yomi, llámame Kakashi. - le responde de lo más burlón, imitando su actitud teatral.

– Donde hay una persona que me entienda cuando la necesito. - Yomi finge tristeza, mirándolo de reojo, desplomando su cabeza en la pila de papeles que tenía en su escritorio. - ¿Será usted mi salvador? - lo mira con ojos brillosos.

– ¿Y a mí quien me salva? - se ríe cruzándose de brazos, recostandose del marco de la puerta.

– A veces hay que pensar en uno mismo antes que los demás, Kakashi-san.

Aquello le dio una idea al mayor.

– Cuando termines ven a mi oficina. Te llevaré a comer como agradecimiento. - le sonrió.

Yomi le agradeció su generosidad, diciéndole que ahora sí estaba inspirada en terminar todo de una vez. La pobre poco sabía que se trataba de la táctica del Sexto para engañarla a que hiciera quehaceres con él.

—-

– Ahora que ya comiste como regalo a tu arduo trabajo, necesito algo a cambio, Yomi-chan.

Las palabras del mayor la dejaron helada, no sabía en qué plan iba el Sexto, pero sonaba demasiado sugestivo. Negarse no era una opción de todos modos.

– ¿A qué se refiere? - pregunta nerviosa.

Ambos habían terminado de comer, el mayor estaba pagando la cuenta mientras sentía como acorralaba a Yomi en su plan.

– Es una misión muy importante. - anuncia con mucha seriedad, indicando que debía seguirle a su casa.

La joven así lo hizo, no sabiendo qué demonios esperar del peli blanco a estas alturas, sin embargo preparada estaba para lo que fuese.

Cuando llegaron, este la hizo esperar unos minutos en el lugar junto a su complejo residencial. Se trataba de una lavandería, Yomi continuaba sintiéndose aún más confundida. Para su sorpresa pero también sosiego, Kakashi solo la quiso engañar para convencerla de que le ayudara a lavar su ropa. Le explico que es el único momento del día que tiene para hacerlo y se le acumula toda la ropa a consecuencia de esto. Eran más de las 12 de la medianoche.

Yomi se rio burlándose de la pobre táctica que ha utilizado para lograr su hazaña además de lo que la misma conlleva.

Descubrió que en el tiempo libre de Kakashi le gustaba leer libros eróticos, explicando a sí misma el porqué la necesidad de masturbarse en el baño del almacén. A Kakashi esto no le importaba en lo absoluto mucho menos lo que ella pudiese pensar al respecto, lo que pronto creó una dinámica más amigable entre ambos. Si sus reuniones no fuesen tan privadas, algunos pensarían que es poco profesional. Pero solo ellos entendían lo bien que se sentían el uno con el otro. Yomi atribuye su buena conexión a que el mayor pertenecía al signo zodiacal de los Tauros, y ella como Capricornio era un fenómeno natural el que ambos congenian. La muchacha había vencido la naturalidad con la que Kakashi puede actuar, sin importar la incomodidad de la situación. Y aquellos le reconfortaba, pensando que después de todo si sería capaz de tener una relación normal con él.

– Kakashi, eres el Hokage y todo pero como no entiendes que a la ropa blanca tienes que echarle un chorrito de cloro para que te quede limpia. Mira. - saca un pantalón blanco empapado de la lavadora, que no se veía tan blanco como debería. - Está casi amarillo porque nunca le pones cloro.

– Sí, sí. - le hace un ademán con la mano, como si quisiera que hiciera silencio porque él estaba leyendo uno de sus libros eróticos.

Yomi se enfurece. Él es quien la engaña para hacer quehaceres con ella y se porta malcriado.

Ya han pasado dos semanas desde su primera vez juntos en esa lavandería. Aquel día inició su segundo trabajo como niña de los recados del Hokage. A pesar de causarle irritación cuando lo piensa, sabe que se trata de una buena oportunidad, y quiere sobre todas las cosas marcar su puesto en esta jerarquía.

Desde entonces lo ha acompañado a hacer las compras, pagar sus servicios y lavar la ropa, nuevamente. Siempre que lo hacen, le toca quedarse con él de madrugada, y solo ellos eran los clientes de esa lavandería en dicho horario, ya que Kakashi por ser Hokage, tenía el privilegio de poder hacerlo a la hora que quiera, ya que hasta la llave del lugar le habían encomendado.

Yomi es muy orgullosa, tal vez por la edad, o tal vez por la fuerte imagen que tenía de sí misma, gracias a sus capacidades tan joven. Pero esa actitud no se le toleraba ni siquiera al Hokage. Ya que ella está siendo exclusivamente amable con él. Definitivamente pensaba que podía portarse mejor con ella, dejando su actitud de "no me importa nada". Se enojó, lo miró de reojo con el ceño fruncido como si lo encantase con una maldición. Siempre se porta tan apático al tiempo extra que le roba, por encima de su buena potestad.

Pasa un largo rato en el que ninguno de los dos dice nada. Kakashi se hubiese mantenido absorto si no fuese porque el silencio claramente era consecuencia del enojo de la muchacha.

– ¿Qué pasa, pilluela? ¿Te enojaste por eso? - pregunta casi arrastrando las palabras como si le pesara hablar, molestándola aún más.

– Para nada. - lo ignora, manteniendo una postura aparentemente serena, sin embargo su semblante era frío, cualidad ajena en ella.

– Vamos, enana, no te vayas a enojar por eso. - el varón deja el libro encima de una lavadora fuera de uso, se acerca a la que sí están usando y vierte un poco del cloro en la máquina. - Ya. ¿Ves? - se encoge de hombros como si fuese lo más obvio del mundo.

Esta se voltea poniendo los ojos en blanco. Pero Yomi decide continuar con el castigo del silencio.

Kakashi resopla al ver que pasan unos minutos y ella no dice nada.

– Gracias por siempre ayudarme.

Su corazón le da un vuelco, su armadura fría desplomándose al instante. La joven mira conmovida al mayor y asiente con la cabeza, feliz.

– Bueno, no es como que tengas nada mejor que hacer, soy el Hokage después de todo. - agrega para volver a enfadarla.

– Si, el más haragán que haya visto. - explota, haciendo una mueca de disgusto.

Kakashi se ríe dándole la razón.

– ¿Por qué quieres ser Jounin, Yomi? - inquiere cambiando a un tono más serio.

La pregunta la exalta.

– Porque quiero que todos me reconozcan. - responde decidida.

Esas palabras recobraron un sentimiento acogedor dentro del adulto. Recordando a su alumno estrella Naruto Uzumaki, quien siempre decía justo eso. Una nostalgia abrumadora se apiada de él en el momento, haciéndole meditar unos segundos.

Kakashi empieza a relatar la historia de su vida a Yomi. Iniciando por su historia con Obito Uchiha y su padre, continuando con su experiencia como anbu. Yomi fue una estudiante estrella en la academia, por lo que esta historia la conocía muy bien, pero el escucharla de la boca del mismo Hatake Kakashi era un momento que cambiaría lo que piensa sobre él para siempre. Cuando llega a la parte en que su padre se quita la vida por ser considerado deshonra para los compañeros que se arriesgo a salvar… la joven no pudo evitar sollozar, Kakashi demostró emociones únicas mientras le contaba esto.

Yomi estaba completamente enternecida por su historia, sintió rabia, sorpresa, gran emoción y profunda tristeza mientras le escuchaba con los ojos aguados. Kakashi se burlaba de ella, quiere limpiarle las lágrimas pero teme que aquello se malinterprete por ella.

– Ya todo eso pasó, no hay porqué llorar. - intentó consolarla.

– No deja de parecerme muy triste. - rompe a llorar de nuevo. - Lo siento mucho Kakashi que tuvo que pasar por eso. - trataba como podía de recomponerse para articular adecuadamente.

– Bueno, todo pasa por algo, ¿no crees? - sonríe con la esperanza que se le pase.

La menor logra calmarse, mientras se sorprende por como Kakashi ha superado un pasado tan horrible. Ha pasado mucho tiempo también, piensa. Se seca las lágrimas del rostro, se sacude la nariz con una camisa sucia del mayor recibiendo la cara de asco del dueño de la prenda. Es de ensueño estar hablando así con él. Si tan solo ella misma supiera lo afortunada que es de coincidir en el mismo momento que un Kakashi sensible.

Yomi se sentía muy agusto en ese momento con Kakashi, estaba a punto de dejarse llevar por el momento conmovedor de los dos. Sintió que el momento era oportuno además de que aliviaría la atmósfera.

– Tengo algo que contarle, Kakashi-san.

Este se mantuvo a la espera de la revelación de la menor.

– El día de la misión justo cuando me contrataron… me moleste mucho porque había pasado una hora y nadie me había notificado nada. Pensé que era una broma o que simplemente no me tomaban en serio porque soy la nueva… y quise salir a averiguar que pasaba, pero me di cuenta que si me toman en serio, lo siento.

Kakashi estaba confundido.

– ¿Cómo averiguar qué pasaba? - pregunta inclinándose un poco hacia atrás, incrédulo.

– Si - se sonroja por completo irreparablemente, reviviendo la imagen en su mente a pesar de suprimirla estos últimos dos meses. - Tengo entrenamiento anbu así que fui a averiguar dónde estaba. - este era el momento en el que no podía mirarle a los ojos, aunque el hecho de que siempre se cubriera la cara ayudara, esta vez era totalmente imposible para ella. - Y - respira muy profundo, Kakashi aún estupefacto - lo encontré en el baño del Sexto piso, el baño del almacén.

– ¿Cómo que me encontraste? - pregunta desesperadamente buscando el sentido a todo esto que Yami le cuenta. - ¿Me encontraste en el baño? Yo nunca te vi entrar, además tenía llave… - Kakashi empieza a entender todo, cuando recordó que menciono sus habilidades anbu.

– Lo vi… tocándose en el baño. - Yomi confirmó lo que estaba temiendo Kakashi.

Vaya, pensó. Ni siquiera escuchó nada o notó su chakra. Tampoco es que en ese momento estaba preocupado por alguien husmeando para estar al tanto. Recordaba estar inmerso en el video pornográfico que veía de la chica de anchos muslos.

Kakashi quedó congelado. Miraba sin creer nada de lo que sucedía en aquel momento, como si de nuevo estuviese atrapado en el Tsukuyomi. Los ojos miel de la joven sostuvieron los negros de el, bien grandes por la sorpresa. Yami confundida, buscaba otra expresión en el rostro del mayor, una que demostrara que esto sería algo muy gracioso pronto.

– ¿Kakashi? - preguntó inquieta por el silencio y la mirada de él. En un desesperado intento por recobrar el lindo momento que estaban teniendo, busca su mano con la de ella, este quita la suya al instante, desaprobando la situación.

El pecho de la menor se retuerce y siente náuseas por lo incómodo que resultó ser esta revelación. Antes de salir prácticamente corriendo del lugar, busca nuevamente en los ojos del adulto, algo, lo que sea diferente a lo que mostraba ahora. Todo fue un error.

Lo que temía se manifestó en su perfecto mundo. La amistad entre ella y el Sexto había sido gravemente tajada por el atrevimiento de la menor. Al final sí, se dejó llevar y no supo manejar la situación a su favor.