Capítulo 4: Como la miel.
¨Perdóname, Yomi-chan. No sabía cómo actuar contigo. Hablemos. Te necesito en mi oficina a las 5.45 a.m para hablar contigo como Hokage. Atentamente, Kakashi.¨
Agh, pensó Yomi leyendo el mensaje de texto. De nuevo estaba ejerciendo su poder sobre ella. Como sea.
Apareció a las 5.35 a.m mentalizada con la idea de esperarlo al menos una hora. Acababa de hacer un entrenamiento de piernas de 30 minutos y poco le importa si se presenta sin ducharse aun con sus ropas de entrenamiento, ajustadas como fantaseaba el peliblanco a estas alturas.
Para la sorpresa de ella, él ya estaba esperándola en su oficina.
- Buenos días, señor Kakashi. - desde que la menor puso pie en su estudio, este pudo sentir su aroma llenar toda la habitación.
Kakashi se levanta de su asiento para recibirla. Estaba actuando sin pensarlo. Le ofrece café y té, esta le responde que gracias pero no quiere. Kakashi insiste.
- Venga, Yomi. Que no estoy enojado contigo ni nada de nada. Me parece una tontería.
- ¿Y por qué me ignorabas toda la semana? - muestra un semblante serio, comunicando que no hay nada gracioso sobre esto.
- Porque me sentía raro. ¿Me culpas? - casi puede ver la sonrisa torcida bajo el cubrebocas del Sexto.
La imagen del mayor en paño menores la ciega completamente, provocando que le cambie la expresión enseguida. Volvió a sonrojarse, luchaba por verse terminante
- ¿Me perdonas? - redundó.
- Sí, está bien. - aceptó vencida.
- Qué bueno porque yo también sé un secreto tuyo. - en la mirada del adulto se veía una sagacidad irreconocible. Yomi tuvo miedo pero también muchísima curiosidad. Se moría por saber qué era. Su mente se disparó en ideas con tan solo escuchar 'secreto'. Se preguntaba si este era el momento en que Kakashi se le lanzaba para comérsela completa.
Se mantuvo serena, sin embargo.
El Sexto avanza hacia ella suavemente. Yomi se sobresalta, la mano de Kakashi acaricia suavemente la parte inferior de su ojo. ¿Acaso iba a pasar? Sentía que su corazón saldría de su pecho.
- ¿Tienes el Byakugan? - le pregunta, alarmándola tanto que rápidamente aparta la mano adulta de ella.
- ¿De qué estás hablando?
- Fui a visitarte para navidad y no estabas en tu casa. Utilicé una técnica para cambiar mi apariencia porque - se ríe - soy el Hokage. Tu mamá me recibió con un puñetazo. Me contó que las dos tienen el Byakugan.
- ¿Por qué hiciste eso, maestro Kakashi? - le mira enfurecida.
- Porque de alguna manera tenía que desquitarme, jovencita.
- Qué inmaduro. - pensó. - Pero si sigues mencionándolo, Kakashi, de verdad que te las verás conmigo, bien feo. - de tan solo imaginar las cosas que pueden hacer si echaba seguro a la puerta… la hacían suspirar. Aquello le traía calma en el semblante.
Ambos se dieron un momento para contemplarse, tras esas dos turbulentas semanas. Si se acercaba lo suficiente, Kakashi podía percibir el olor a sudor de la menor, que le ocasionó…uff, mejor no. La mezcla de su sudor con su loción cítrica de alguna manera le gustaba.
Como de costumbre el Sexto olía muy bien, parecía que acababa de tomar una ducha sobre todo. No tenía su chaleco puesto y la camisa blanca que si traía, tenía partes mojadas. Dependiendo el ángulo se podía apreciar los pectorales del adulto, conjunto con su vello corporal, de lo pálido que era sólo visible a la luz. Yomi odiaba perder, sin embargo sentía urgencia de consentir al Sexto.
- Ya, Yomi. Ya. - intentaba recordar qué es el Hokage pero también su jefe.
- ¿Puedo verlo? Tu mamá me dijo que no lo usas por miedo a que la persigan. - continúo Kakashi.
- Si, así es.
La joven cierra los ojos para concentrar su chakra. Al abrirlos, sus ojos miel se tornaron blancos, apropiado de los Hyūga. Kakashi siente como se le electrifica el cuerpo al sentir las venas sobresalientes de la cien de la chicha.
Qué fuerte es Yami.
Algo muy similar a excitación le recorrió todo el cuerpo. De repente sentía mucho calor en pleno diciembre. El mayor se aparta de ella asintiendo con la cabeza.
- Es impresionante, Yomi-chan. - le dice muy emocionado. Se recuesta de su escritorio mirándolo orgulloso. - Eres realmente impresionante. ¿Cómo peleas sin usarlo?
- Entrené con alguien que me enseñó a pelear sin él, pero también a usarlo por muy poco tiempo. En emergencias siempre lo uso.
- ¿Alguien?
- Sí, mi tío. El hermano de mi madre, vive escondido fuera de La Hoja.
Kakashi asintió, sosteniendo su barbilla con el dedo índice y el pulgar.
- ¿Lo has usado antes?
- No. - le responde inflada de orgullo.
El Sexto le sonríe. Yomi que ya conoce sus expresiones, reconoce su sonrisa incluso con la máscara.
- Eso significa - hace una pausa para buscar algo en su escritorio. Le extiende una caja alargada pero pequeña, decorada con un lazo rojo. - que los dos tenemos un secreto que guardar.
- ¿Y esto? - una sonrisa se le escapaba de los labios.
- Un regalo de cumpleaños.
Yomi lo toma con mucho entusiasmo, revelando unas gafas en su interior, tenían un estilo moderno y parecían costosas, no es como que tal aspecto le incumbe a ella. Se sentía surcar los cielos al ser consentida por el Hokage, tantas veces.
Felizmente le agradece el gesto, sonrojándose por completo.
- Será mejor que te portes bien, Hokage-sama. - bromea colocándose las gafas, muy coqueta.
Kakashi la mira divertido, disfrutando de cómo se probaba las gafas haciendo poses diferentes.
- Desde luego. Te quiero en mi lado bueno, Yomi-chan.
Ahí iba de nuevo diciendo cosas que fácilmente se prestan a un segundo sentido. Yomi remueve las gafas de su rostro buscando los ojos desafiantes de él. Se preguntó cuándo vería de nuevo ese sensual lunar debajo de su boca.
- Tu secreto está a salvo conmigo. - continuó con su típica actitud relajada. - Y si necesitas cualquier cosa, yo mismo me encargaré.
Yomi entendió que el verdadero regalo era tenerlo tan cerca en su vida.
- Hola, Kakashi. Disculpa que te moleste. - en la puerta apareció su persona favorita. Gracias a que puede hacerlo, la había obligado a ir al despacho ese día, que era sábado. Con el pretexto de que necesita ayuda urgente para terminar el reporte del mes. Su largo cabello estaba más arreglado de lo normal aquel día. - ¿Esta bien si salgo temprano hoy? Quiero salir con mis amigas. - así es, a pesar de jugar a seducir al Hokage, Yomi también tiene necesidades sociales, debido a que este trabajo le consume casi todo su tiempo. Kakashi es muy demandante de ella.
La joven asomaba su tierna sonrisa por la puerta. Entrando solo cuando vio que el Hokage se rió de ella.
- ¿Ah, sí? - la retó un poco. - Pues claro, Yomi-chan. Puedes irte en un momentito. - Kakashi miró la hora, apenas eran la 1 de la tarde y cuando la solicitaba lograba quedarse hasta las 3 p.m al menos. La miró de arriba abajo sintiendo un poco de celos por el vestido que tenía puesto. Se veía muy hermosa ese día. - ¿Qué harías por mí esta vez, Yomi-chan? - la miro juguetón. Aquellas eran las famosas palabras que activaban su pequeño juego.
Esta era la nueva forma de Kakashi molestar a Yomi. Cada vez que la menor le pidiese algo, no importa que patético sea, este arbitrariamente le pedirá algo a cambio. Ya lo hizo tres veces esa semana cuando pidió permiso para asistir al banquete que organizó Chizune por caridad, cuando le pidió que le pasara la sal en el almuerzo y cuando le pidió su firma para un documento importante. Por la primera vez tuvo que pagar su almuerzo, por la segunda lo acompañó con sus recados durante todo el día y la tercera le advirtió que empezará a pedir cosas más fuera de lo común si seguía accediendo tan fácilmente.
Y desde luego que Yomi jugaría a todo lo que éste le proponga.
- ¿Qué quieres esta vez, Kakashi? - la joven se acomodó el pelo fingiendo no estar ni un poco nerviosa.
- Ya sabes lo que te dije. Si sigues aceptando tan fácilmente te pediré cosas más atrevidas.
- ¿Atrevidas? - inquiere la menor escapándosele una risita de interés.
- Sí. - Kakashi se levanta de su asiento quitándose la tela que acostumbra a cubrir su boca.
Yomi siente sus piernas temblar con el comportamiento del mayor. Aunque es quien más lo ve con el rostro descubierto últimamente, en estas circunstancias definitivamente la despojó de su calma.
Aquel lunar se acercaba a ella como si le susurrara un hechizo para enamorarla aún más. Sabiendo lo que sucedería después, la joven rápidamente cierra sus ojos, esperando que pasara lo que tiene meses arrebatándole el sueño.
- Ven, te quiero llevar a un lugar. - dio un sorbo a una taza de té, como si fuese totalmente ajeno a la tensión de la habitación. Sonrió cuando Yomi abrió los ojos nuevamente.
- ¿Qué lugar? - trago en seco.
- No es muy especial pero sí es tranquilo.
Yomi no entendía por qué le gustaba jugar tanto con ella. Accedió advirtiendo que sus amigas la esperaban a las 3 p.m.
Kakashi la llevó a un campo de entrenamiento abandonado, donde la maleza y la fauna se habían apoderado de las muñecas de madera y las herramientas ninja en el suelo. El aire se sentía mucho más puro allí, ya que estaban un poco más altos que el centro de la ciudad.
- Qué precioso, Kakashi. ¿Pero solo querías que te acompañara? - pregunta un poco desilusionada, jugando con unos kunais enterrados en el pasto.
- No, claro que no, y lo sabes, Yomi. Quería salir de la oficina. - Kakashi se recuesta de un árbol disfrutando los rayos del sol que se cuelan a través de sus hojas.
- ¿Y qué es? - dice con suavidad, curiosa.
- Me muero por un beso tu-
Antes de que siquiera se lo pidiera, Yomi lo empujó contra el árbol, sellando su petición con sus labios.
- De saber que sería así, te lo hubiese pedido antes. - coquetea con ella, al cabo de un rato de succionar sus lenguas y labios.
- Pensé que solo estabas jugando conmigo.
- Pues sí, pero después no. - le acaricia la cabellera.
- ¿Qué te hizo cambiar de opinión?
Kakashi rió como si fuese la pregunta más tonta.
- Eres irresistible, Yomi. Tu personalidad, tu cuerpo, tu rostro.
Escuchar eso del Sexto Hokage sí que ayudaba a cambiar la química de su cerebro.
- Pensé que había sido porque te vi venirte. - le dijo juguetona, acariciando sus preciados labios.
- ¿Tanto viste? - se sorprende. - Todo lo que me preocupa de todo eso es saber si te gustó. - añadió levantando las cejas.
- Tú qué crees. - le empuja el hombro suavemente jugando con él.
Otro apasionante beso se reanuda entre ellos, ambos casi terminando en paños menores si no es por lo helado que empezaba a sentirse la temperatura. Regresaron a su oficina, Yomi anunciándole las pocas ganas de ir con sus amigas después de su estimulante encuentro.
Estaba tan coqueta con ese vestido y sus ganas de seguir con el. Ahora más que nunca, sí señor. Muy poco le costó decidirse a Kakashi por quedarse un rato más con ella aunque eso significa posponer el papeleo.
La invitó a sentarse en sus piernas para continuar esa sesión tan picante de besos que estaban teniendo hace ya una hora.
Kakashi empezaba a gustarle de verdad. Empezaba a meterse en su piel como un asaltante. Uy, si, quería que nadie más que él le arrebatara su inocencia, si es que acaso tuvo alguna desde que empezó a trabajar allí.
Mm, Kakashi, Kakashi.
Que rico la besaba, es la primera vez que se sentía tan ligera como ahora. Podía sentir cómo empezando por su boca, todo su cuerpo se derretía en su regazo.
Ah, Kakashi. La muchacha empieza a sentirse muy excitada, moviendo sus caderas ocasionando que su entrepierna mojada hiciera muchos roces con el muslo del varón. Este estaba tratando de ocultar su erección de la chica porque sentía que era demasiado aun.
- Yomi. - le llamaba entre sus acalorados besos. La otra le mordía , le chupaba y le lamía los labios, con un imparable frenesí. Kakashi enloquecía por el deseo de ella, pero quería, no, será la voz de la razón esta vez. - Yomi. - volvió a llamar, esta hizo lo mismo, comiendo de sus labios de lleno.
Kakashi se dejó llevar un poco más, acunado en ese mundo de placer que le brinda el delicioso, rico cuerpo de ella. Mmm, qué tremenda era la niña.
- Oye, oye, ya. - Apartó la cara roja de la menor siendo lo más gentil que pudo, la cosa se empezaba a alocar demasiado para su gusto. - Yomi. - la mira a los ojos, teniendo un momento íntimo con ella mientras arregla su pelo y la mima en sus piernas.
- ¿Qué pasó?
El Sexto la besa. Luego la mira para decirle:
- ¿No querrás llegar tarde con tus amigas?
La joven se preguntaba cómo podía mantener esa frescura en la actual situación. Ella sentía que el pecho le explotaría. Estaba tan excitada.
Vio sus labios moverse pero se distrajo por lo guapo que era. Qué atractivo es Kakashi. Que lindísimo lunar.
Las caricias del mayor le ayudaron a traerla en sí. Ya se había tardado dos horas con el Sexto. Se incorpora sobre sus piernas, arreglando su ropa. Todavía se podía notar la protuberancia de sus pezones erguidos de lo excitante que estuvo. Kakashi traga en seco al notarlos, imaginando el sabor en su boca, sin más, actuó como si su mente nunca hubiese producido un pensamiento así.
- Nos vemos el lunes. - se despidió limpiando la saliva ajena de su labio, fingiendo anonimato de la escena.
Kakashi estaba muy inquieto aquel día Lunes. Su agenda estaba hasta el tope. Tenía un día tan ocupado que el pensarlo lo ponía depresivo.
Solo podía pensar en Yomi. Cuando cierra los ojos puede sentir las curvas de su silueta en sus manos, su entrepierna caliente en su muslo y el frenesí con el que lo besaba. La noche anterior se tocó imaginándola en una de sus lycras de ejercicios. Incluso ahora sentía una corriente en su miembro al pensar en su cuerpo desnudo. Solo puede suspirar por ella.
Shikamaru estaría todo el día trabajando con él, a excepción de la hora de almuerzo, que próximamente se avecina. Eran las 12.12 p.m, el peliblanco contó 21 las veces que el heredero Nara entró a su despacho hasta esa hora. Estaba volviéndose loco. De no contar con la sensual distracción de Yomi, su actitud ante el trabajo a presión sería otra, con la edad ha perdido mucho el interés en trabajar.
Mientras leía entre las cuentas del mes de la academia, su mente le jugaba sucio, leyendo el nombre de la joven cada 15 palabras. Le era imposible concentrarse por más de 15 minutos sin resoplar u odiarse a sí mismo por estar allí.
Shikamaru entró una 22va vez para anunciar su almuerzo hasta las 3 de esa tarde. El peliblanco no vio porqué dudarlo más. Buscaría a Yomi para pasar un rato con ella. Sentía que era lo que necesitaba para recargar sus pilas.
Sabiendo que estaría con Chizune, le envía un mensaje invitándola a almorzar.
Yomi se enrojece hasta los pies. Se sentía como si ella y el Sexto estaban haciendo algo prohibido, que de no ser por su diferencia de edad, tal vez no se sintiera tan ardiente lo que hacían.
Ese día también, había pasado un poco más de lo común arreglándose, sabiendo que tenía la oportunidad de ver al adulto. Se arregló el pelo luciendo unas delicadas ondulaciones, su ropa escogida con la intención de deslumbrar toda mirada.
El mensaje le decía que fuese a su oficina cuando esté lista. Esta se escabulle como puede de su jefa directa, Chizune, con la excusa de que la necesitan en los archivos. Nunca especificó quién, pero naturalmente Chizune sabía que se trataba de Kakashi. Desde que la joven trabaja con ellos, ha abusado de ella por completo. En más de una manera…
Se anuncia antes de entrar. Kakashi la esperaba tomándose un café, anticipando de nuevo el tiempo que pasarían juntos.
Ni bien la menor accede al despacho. Este la devora con la mirada. Si no fuese por la máscara, juraría que estaría desnuda ahora mismo con solo verle a los ojos.
- Buenas tardes, Hokage-sama. - arrastró las palabras, fingiendo desconocer el sabor de la saliva del adulto.
Kakashi nunca pensó en tener hijos. Estuvo deprimido mucho tiempo, ya es muy tarde para la idea. Es la persona menos indicada para catalogar como una figura paterna o algo parecido. Ya sirvió ese rol con sus tres estudiantes estrella que andan por ahí criando a sus propios hijos. Ya muy viejo se sentía para seguir indicando a los jóvenes cómo vivir sus vidas. Él merecía vivir la suya, si una hermosa shinobi 18 años menor que él deseaba enredarse con él, él era la perfecta persona para disfrutar de la diversión del asunto.
- Buenas tardes, lindura. - le saluda con dulzura en sus labios, tanto por culpa del café como de las cosas que quería hacerle.
Desde el día en la lavandería, notaba lo que ella vestía, pero para él, sin importar lo que ella se ponga, lucirá como una Diosa. Yomi tenía ese poder, muchos estarían de acuerdo con él.
Ella mantuvo su fingida indiferencia, el peliblanco tenía muy en claro que le gustaba jugar con él. Kakashi le gustaba mucho incordiar a la gente también.
Su mundo de travesuras fue interrumpido por fuertes toques en la puerta. Yomi se asustó, temiendo que le vieran aquí con él cuando dijo que estaría en otro lugar.
Kakashi le mira fijamente a los ojos intentando calmarla.
- No pasa nada - le susurró.
Entendiendo de una vez, toma una bocanada de aire postrada en su lugar, helada.
- Pase. - exclamó con fastidio Kakashi.
Entra un alegre Kiba Inuzuka, rompiendo del todo la atmósfera del cuarto.
- ¡Kakashi! Qué bueno verte. Solo pasaba a saludar, acabo de llegar de la academia. Esos niños los hacen con gasolina o qué demonios. - se ríe por un rato. Como ve que el mayor poco hace por simpatizar con él, se inquieta, notando a la hermosa chica a su izquierda. Rápidamente se compone, arreglando el cuello de su chaqueta.
- Hola, Kiba. No tengo idea, ya no paso por ahí porque no tengo la energía. - dice demostrando lo dicho.
Kiba le sonríe a él y a la joven también presente. Yomi le devuelve el saludo con la mano. Kiba mira a Kakashi con ojos intensos elevando las cejas, apuntando con ellas a Yomi. Kiba quería saber quién era la chica, porque también le pareció muy linda.
Kakashi pone ojos muertos y un semblante serio, indicando que mejor se vaya.
Kiba se espantó ante la reacción del Sexto. ¿Eso es lo que te hace ser Hokage? Pensó, señalando el pesado humor de Kakashi ese día. Se despidió de los dos y salió.
- ¿Sabes cuantas veces entro Shikamaru antes de las 1 de la tarde hoy? - dijo Kakashi en el instante que se encontraron solos nuevamente.
Yomi rio.
- ¿Cuántas?
- 22 veces. Casi me estaba volviendo loco. - se sostiene la cabeza con ambas manos mostrándole su fatiga. - Y ahora Kiba. Kiba nunca me visita, ¿sabías? - le comenta burlándose.
Yomi suelta unas carcajadas. Kakashi la aprecia con ternura.
- Les voy a pedir que te pongan a ti en vez de él, Yomi-chan.
La joven sonríe pícaramente, y levanta las cejas hacia él, gustándole lo que dice.
- Tú me aconsejarías bien, ¿verdad? - añade el Sexto, con una pizca de perversidad en su mirada.
Vaya, vaya. Pero si el Sexto está loquito por mí.
Yomi se muerde el labio, sintiéndose acalorada de repente. Kakashi se levantó quitándose su chaleco jounin para reemplazarlo por un abrigo. La menor sentía su corazón aumentar los latidos con cada paso que acortaba la distancia entre ellos, Kakashi se dirigía a ella. Lenta y suavemente el mayor empujaba con su dedo la máscara revelando su apuesto rostro. Parecía que fuese a comerse cada parte de ella con la mirada.
Kakashi notó cómo brillaban los ojos miel llamándolo, en la sombras del repentino cambio de colores del cuarto. El cielo se había nublado, ocultando todos los rayos de sol. Unos relámpagos estremecieron la habitación. Parecía una puesta de escena, dedicada para ellos.
- ¿Kakashi? - llamó una voz femenina que no era la de Yomi. La puerta del despacho se abrió, siendo sorprendidos por su ex alumna Haruno (ahora Uchiha) Sakura.
Esta vez sí los habían sorprendido, el adulto había eliminado por completo la máscara de su rostro.
- Bu-bueno, ahí te dejo los documentos Kakashi-sama. - exclamó nerviosa la más joven, escabulléndose rápidamente por la puerta. - Adiós señora Uchiha, digo Haruno. Buenas tardes. - se despidió ya con medio cuerpo fuera de la habitación.
Poco tenía que preguntar la pelirosa para darse cuenta de la tensión entre él y la persona que acababa de salir.
Kakashi escondió sus labios, incómodo por la mirada del médico. Se colocó su máscara naturalmente.
- Hola, i. - el tono de sorpresa y sarcasmo en las palabras de ella le dejaban en claro que por ahí venía un sermón. - Veo que las cosas están de maravilla por aquí. - Sakura voltea en dirección a la puerta señalando con su cara, refiriéndose a la persona que acaba de salir.
- Ah, Sakura… - se rió entre dientes sin querer, volviendo a su escritorio fastidiado una vez más.
- Kakashi, ¿qué edad tiene esa niña? - pregunta mirándolo muy seria.
Kakashi resopla poniendo los ojos en blanco. Ambos tienen una pelea de miradas en la que el peliblanco sostiene unos ojos muertos, con un toque de ironía. Pero a Sakura nadie la vencía, mucho menos él.
- Tiene 20 años. Es la nueva ayudante de Chizune, y bueno la mía también. – quiso explicarse un poco más pero el miedo de ser mal interpretado le pausó.
- 20 años. - repite, perdiéndose un momento en el recuerdo de esa edad. - Kakashi. - le desaprueba negando con la cabeza, preocupada. - Estabas sin tu tapabocas. - le recuerda. Aunque las intenciones de Sakura insinuaban que de hecho, si, interrumpió algo.
- Sí, estábamos tomando café, Sakura. - miente.
- Ah. Estás muy sinvergüenza entonces, confianzudo Kakashi. - recalca la menor, recordando cómo creció viéndolo leer libros eróticos incluso en público. - Bueno, yo no vi nada ni sé nada. - hace una seña con sus manos como si un zipper sellara su boca. - Disfruta la vida, Kakashi. - le sonríe con picardía.
El Sexto se sonroja. Qué agradable es saber que Sakura está de su lado.
Sakura no puede negar que un millón de imágenes desfilaron por su mente, se imaginaba todas las cochinadas que su antiguo profesor evocaba en esta misma oficina, sobre todo con un bomboncito como el que estuvo aquí momentos antes.
Kakashi mensajeaba a Yomi para que lo espere unos minutos mientras Sakura lo retuvo por menos de cinco minutos. Hablaron sobre Naruto y Sasuke, lo común, luego se despidió para no quitarle más tiempo, a lo que él le responde con una risa sarcástica.
Tenía muy claro que en el caso de Sakura enterarse de su relación con Yomi, esta no presentaría ningún riesgo ni para él ni para su amante, si es que ya podía llamarle así.
Yomi le esperaba en el patio trasero de la torre, allí había una salida de emergencia.
El mayor apareció sentado en la escalera de emergencia, ocasionándole un pasmo.
- ¿Qué hubieses hecho si te ataco, eh? - le dice juguetona.
- Dejo que me hagas lo que quieras. - dice levantándose de una manera demasiado sensual para la menor, repitiendo como dejaba revelar su rostro desnudo. Esta vez nadie los interrumpió y pudieron darse ese beso que tanto deseaban.
Cada paso que tomaba hacia un estrépito más fuerte que el anterior, debido al eco de los chirridos de la madera.
El polvo empezaba a molestarle en los ojos y la nariz, en lo que se introducía más entre los estantes. Estaba buscando un expediente criminal, por orden de Chizune.
El lugar le causaba escalofríos, necesitaba salir de allí de inmediato si quería salvarse de una gripa. Por fin encuentra el nombre que buscaba, pero estaba en una sección dos cabezas más arriba de ella. Intenta ponerse de puntillas sin mucho éxito.
Antes de que pudiese formular otra solución, siente un aire helado muy familiar, luego un cuerpo detrás de ella y una pierna presionando sus glúteos. Casi la hace tambalear perdiendo el equilibrio, en lo que una mano se extiende por encima de ella tomando la carpeta que ella buscaba.
Al instante sabe que se trata del Sexto Hokage.
- ¿Necesitas esto? - inquiere la voz adulta en su oído, presionando la pierna con su glúteo aún más.
- Sí, gracias. - esta toma el libro, lo que hace que Kakashi se aparte de ella.
La menor se voltea ilusionada. Tenía días que no lo veía ni tampoco sabía de él tras su almuerzo hace unos días. Escuchó por Chizune y Shikamaru que estaba sumergido en reuniones.
Durante este periodo, Yomi alterna entre sentirse como una bebé inmadura (por liarse con su jefe) y caprichosa, y ser el adulto responsable (no pensar en cuando podrá verlo de nuevo porque entiende que es el Hokage, ocupándose en su trabajo) que necesitaba ser. Olvidando todo esto cuando Kakashi se escabulle para verla como ahora.
- ¿Te lo ha pedido Chizune? - inquiere.
- Si, lo está esperando. - le responde, una vez más, fingiendo que entre ellos dos no hay relación sexual alguna.
- Pues va a esperar. - sentencia un peligroso Kakashi.
La habitación se estremece cuando un clon de él mismo, cierra y sella la puerta con un jutsu que solo él podía desactivar.
Yomi lo mira buscando respuesta, por dentro emocionada por lo que iría a pasar. El clon desaparece, dejando a un Kakashi feliz porque tiene a su presa justo donde la imaginaba cada noche.
El mayor saca una bolsa de terciopelo del bolsillo de su pantalón, que se la extiende a la menor.
- Un recuerdo. - le dice.
- ¿Ah sí? ¿De dónde? - inquiere la menor complacida por el regalo. Abre la bolsa revelando unos bombones de chocolate artesanales, hechos en el restaurante más costoso de Konoha. Yomi los reconoció, comiéndose uno al instante.
- De todas las reuniones que tuve. - contesta poniendo los ojos cansados.
El corazón de ella da un vuelco. Nunca imaginó que el Sexto la tenía presente siempre.
- Guao, gracias, Kakashi. - dijo conmovida, sintiendo como el pecho se le encogía cada vez más. - ¿Quieres uno?
- No, pero si quisiera otra cosa. - enarcando una ceja sensual, apoyándose de la mesa detrás de él.
La joven entiende de una vez. Deja el regalo en la mesa, se moja los labios y procede a despojar a su jefe de la tela que siempre cubría sus ricos labios. El Sexto sostiene su mirada en un momento de magnetismo, ambos comunicándose la pasión que se tienen.
Por fin pueden deleitarse el uno con el otro, bautizando sus ganas.
Esta vez no quería escuchar sobre voz de la razón ni mucho menos, esta vez no pararían hasta que uno de los dos tenga un orgasmo.
Yomi nunca había sido penetrada, a pesar de contar con previas experiencias sexuales. Al ser popular con el sexo opuesto desde joven, se vio seducida por algunos chicos de su edad pero ninguno le parecie valer tanto para dejarle entrar en ella. Así de especial se consideraba. Tampoco le importaba en lo absoluto en si podía dolerle, estaba segura que en los brazos del Sexto se le olvidaría toda aflicción, y que ella estaría tan mojada que solo será puro placer.
Pronto quedaron totalmente desnudos entre los altos estantes de libros. Kakashi acorraló sus manos entre los libros haciéndola gemir jugando con su clítoris. Se mojaba los dedos con el fluido de excitación de la muchacha, luego se los llevaba a la boca para chuparlos y repetía, y volvía a repetir la acción, asegurándose que ella mirara. La veía a los ojos mientras lo hacía, queriendo que vea muy bien lo cachondo que lo pone.
Ah, sí, que rico, Kakashi, gime en su mente porque de hacer un ruido parecido allí, arruinaria la vida de los dos.
Kakashi es de contextura flaca, gracias a larga carrera como ninja prodigio, ha podido mantener esta contextura hasta sus 38. Sin embargo tenía los brazos musculosos y su abdomen plano dibujaba unos sensuales abdominales. Para la edad que tiene seguía siendo igual de apuesto como en sus 20. Los dos tatuajes que tenía aumentaron la lujuria que ella sentía por él, la marca roja en su hombro y un lobo en estilo yakuza sobre la espalda. Lo hacía ver más rudo de lo que realmente es.
El miembro rebota rozando los muslos de la menor, dejándolos con gotitas de semen cada vez.
- No tengo condones, Yomi-chan. - le susurra al oído, introduciendo un dedo en su cavidad empapada por culpa suya.
- ¿Qué quieres que haga? - le responde esta, gimiendo pero desafiante.
Kakashi la calló con los labios.
La cargó y la postró en la mesa para chuparle el clítoris hasta que tuvo un orgasmo. El Sexto cubierto hasta la barbilla de sus jugos sería una imagen que recordará siempre que le haga falta.
- Mm, mmm, que rico sabes, Yomi. - eran los comentarios lascivos de la mente de Kakashi cuando chupaba el órgano sexual de su subordinada. Su clítoris se endurecía cada vez más dentro de su boca, le inducía a ser más agresivo con ella.
Llenaron aquella biblioteca de los chirridos de la mesa sobre el suelo, los golpes de las sillas entre las mismas y sus cuerpos contra la madera.
Por fin pudo sentir como la muchacha se venía en su boca, cuando vio su entrada llena de flujo por el reciente orgasmo, su pene tembló muriéndose de ganas de penetrarla ahí mismo. Sin embargo se conformó con rozar la punta por todo su cuerpo mientras la devoraba con sus labios. Después de todo no tenia preservativo con él, demostrando que, aunque el Sexto fantaseaba con la chica más de lo que quisiera, este no planeaba solo tener sexo con ella.
Ambos consiguieron regresar al cabo de una hora. El mayor con poco entusiasmo, la menor aunque fantaseaba todo el día con lo ocurrido, se sentía imbatible, era el momento perfecto para trabajar la modestia, así se mantenía bajo perfil mientras disfrutaba de consumar su relación con el Hokage. No puede olvidarse que debe mantener el trabajo a pesar de todo.
Convencida de que era la reina del despacho, su ego había crecido para crear la barrera definitiva que protegerá su autoestima. No había nadie en aquel lugar con el poder de causar emociones negativas en ella, porque ella era simplemente mejor que todos allí. Eso era lo que su familia siempre le dijo: Lo tienes todo mi niña, lo que consigues con eso depende de ti.
Sus encantos habían demostrado ser excelentes para hechizar los deseos de su jefe.
No es la primera vez que el extraordinario Hokage recibe cortejos del sexo opuesto cuando ni siquiera está pensando en buscar pareja. Incluso se ha visto en la situación de tener que rechazar varias jovencitas shinobi como él. Si, desde luego que alguna tocó base con él donde tuvieron una que otra aventura, sin embargo hace ya varios años que esto no volvía a ocurrir, porque Kakashi se empezaba a sentir solo. No era necesario ser ningún genio para deducir que es por su posición que la mayoría de esas mujeres sienten interés por él, además de ser muy guapo.
Había tirado la toalla en la búsqueda de su complemento por lo anterior. Con Yomi, se había dejado llevar demasiado, aun no entiende si es por su despampanante físico o por su insidiosa, pero seductora personalidad. Le parecía fresca, así como él. También su calibre en el combate le erizaba la piel. Lo único que sabe es que el tiempo con ella pasa muy rápido, cada día extraña más su presencia.
De nuevo se encontraba inmerso en su soledad y las demasiadas responsabilidades de ser Hokage. Si no fuese porque está esperando que Naruto alcance una edad adulta se retira ya mismo. Soñaba disfrutar con una ociosa vida veraniega eterna. Estaría en La Hoja hasta el otoño, entonces viajaría a un lugar donde es verano y cuando allí caiga el otoño, haría lo mismo, una y otra vez.
Con Yomi no sería aburrido, pensó, sorprendiéndose a sí mismo. Si no fuese porque estaba en una reunión en el preciso momento, se tocaría discretamente en el baño. Pensar en ella lo calentaba mucho. ¿Qué estaría haciendo? ¿Ejercicios tal vez?. El mismo era su enemigo mortal. De solo imaginarla empapada de sudor, concentrada en el ejercicio, flexionándose. Miró los documentos en la mesa, esforzándose por ocultar que estaba pensando en otra cosa. Tragó y respiró suavemente, devolviendo su concentración a la reunión.
Ya estaba convencido de que la llamaría al cabo de esta tonta reunión.
- ¿Pensando en otra cosa, eh, maestro? - no le gustaba ni un poquito como sonaba lo que decía Shikamaru.
- ¿De qué hablas, Shikamaru? - se ríe retirando el sombrero que le representa, además de la túnica.
- En la reunión, Kakashi. Te estuve mirando, me causó risa de hecho, pero no pude contenerme, perdóname.
Shikamaru sonaba extrañamente relajado, por más redundante que suene.
Kakashi seguía sin entender, se sienta en su escritorio haciéndole una seña con los brazos indicando que no entiende de qué va.
El pelinegro lo mira y se ríe nuevamente, un poco avergonzado.
- Te alcancé a ver por la salida trasera con - piensa un momento - Yomi Hozen, la nueva.
Kakashi lo mira seriamente, sosteniendo su mentón con sus manos sobre el escritorio. No puede evitar sonrojarse de pies a cabeza.
- ¿Cuándo? - pregunta en vano, pues no hay nada que lo salve de esta.
- Hace unos días, estaba fumando en el techo y los vi besándose.
El sonrojo y bochorno del Sexto creció. Intentaba ocultarlo con sus manos además de su expresión seria. Estuvo varias veces con Yomi en esas escaleras de emergencia, intercambiando frases de coqueteo descifrables sólo por ellos, pudo ser durante cualquier ocasión.
- Ya veo. Que mala suerte, no volverá a pasar, Shikamaru.
- Disculpe, de verdad no quiero que lo tome a mal. No me importa, se ve bien y es una de esos genios innatos. - el menor se sobresalta un poco ante el mal entendido.
El hecho que de repente Shikamaru sabía tanto sobre ella le molestó. Al menos un poco.
- Sí, ya se. Discreción. - se relajó olvidándose por completo sobre lo avergonzado que estaba.
- Así es. De hecho, me alegra que se esté divirtiendo, maestro Kakashi. - le guiño. Se despidió marchándose sin más.
El Sexto pensaba tomar su palabra al respecto. Era viernes por la noche. Miró el reloj a las 8.53 p.m. En su escritorio descansaba la pila del papeleo entregado en la reunión anterior pero este fácilmente le ignoró agarrando su teléfono de entre todos los folders.
El peliblanco sabía que previa a la confrontación de Shikamaru, este había puesto más interés en él porque su nuevo comportamiento le había causado preocupación. Solo rezaba que los días que le vigilaba para averiguarlo habían sido cortos.
Su corazonada no estaba muy lejos de la realidad.
Su consejero había puesto su ojo en él desde el día que notó una tensión sospechosa entre la nueva ayudante de Chizune y el, que pasaban mucho tiempo juntos. Este se desaparecía más que nunca del despacho, perpetuando su mala costumbre de no avisarle antes de. Se dio cuenta que algo había pasado entre ellos esa semana, por tal razón el peliblanco, controlado por su malhumor, decidía tomar "descansos" más largos. El heredero Nara poco interés sentía en saber el porqué de su pelea. Muchas cosas íntimas, por ende fuera de su incumbencia, se le podrían ocurrir.
Poco tiempo pasó cuando consiguió la respuesta que buscaba, comprobando con sus propios ojos que el Hokage y la nueva estaban en algún tipo de relación. Viéndolos varias veces escabullirse de la oficina. Por fin pudo relajarse para dar rienda suelta al Sexto. Sólo él tenía completo acceso al Hokage, y tanto sus asuntos personales como profesionales son de su incumbencia.
Le hubiese preguntado directamente si no fuese porque siempre que tiene tiempo libre están juntos.
- Buenas noches, señor Hokage. - contestó la dulce pero sensual voz de la muchacha.
Kakashi sonríe como si aceptara lo que sea que ella estaba tramando.
- Hola, Yomi. - dice muy suavemente y continúa: - ¿Sabes? Acabo de salir de la reunión del comité de Defensa y Protocolo y no pude evitar cuestionarme si quisieras salir a cenar conmigo esta noche.
Yomi se sonroja, sintiéndose nerviosa de repente, el coqueteo del mayor siempre la deja desarmada. El mayor puede ver la sonrisa de ella a través de la llamada.
- ¿Ah, sí? ¿Esas son las cosas que discuten en reuniones políticas? - bromeó con él. - ¿A qué hora? - añadió, intentando no sonar demasiado emocionado.
- Ahora mismo. - dice como si fuese la cosa más obvia del mundo.
La joven se ríe.
- Tienes que darme tiempo para arreglarme, Kakashi.
La idea entusiasma al mayor, imaginándose toda clase de vestidos encima de su delirante figura.
- Está bien. - accede entusiasmado. - Estaré al frente de tu ventana en una hora.
Sin diferencia entre ambos, unos escalofríos de adrenalina les recorrió el cuerpo anticipando su encuentro. Habían pasado al menos dos días desde que tuvieron un encuentro de más de 10 minutos.
