Capítulo 4
El joven capitán de cabello alborotado seguía absorto en su drama personal mientras la cantante estaba ocupada haciendo llamadas a su representante artístico y a agencias de publicidad.
Rick continuaba pensando en Lisa. Se sentía vacío sin ella, era como si una parte de él se hubiera perdido. Estaba enamorado, profundamente enamorado pero desafortunadamente le tocó vivir el lado amargo del amor, porque la mujer a la que amaba no estaba ni estaría con él.
«¡Cómo quisiera poder regresar el tiempo y vivir otra vez esa noche lluviosa! Ese día en que lo tuve todo y lo dejé ir. Yo estaba lleno de rabia pues la noche anterior, cuando besaba a Minmei, tú me habías ordenado regresar a patrullar por instrucciones del Almirante. Al día siguiente, en la mañana me porté como un patán contigo, aventándote mi reporte de patrullaje e intenté molestarte dándote celos al invitar a salir a Vanessa. Y tú, como toda la dama que eres, preferiste salir del cuarto de mando. Vanessa me dijo que tú estabas enamorada de mí y yo de incrédulo como siempre… Eché en saco roto sus palabras y no le creí. Y luego el día del picnic… ¡Oh, Lisa! ¡Cuánto te he hecho sufrir! ¡Perdóname! ¡He sido un desconsiderado contigo! Si tan solo pudiera tenerte para mí otra vez… todo sería diferente» pensaba Rick mientras perdía su vista en las estrellas que alcanzaba a vislumbrar.
FLASHBACK
–¡Abran la puerta, por favor! ¡Hace mucho frío aquí afuera! –gritaba Rick, golpeando la puerta de la casa de Claudia.
–Tu príncipe azul ha venido por ti, no lo hagas esperar –le decía pícaramente Claudia a Lisa.
Con cada comentario de su amiga, Lisa se ruborizaba aunque pensaba que era el vino que había tomado ya que no estaba acostumbrada a beber alcohol. Finalmente, se atrevió a salir para encontrarse con Rick mientras Claudia, casi empujándola por la puerta, la despedía con un guiño de ojos.
Lisa estaba más que sonrojada, quizá porque Rick vio ese guiño o quizá por el vino que había bebido o simplemente porque Rick había ido por ella y ahora caminaban juntos con sus brazos entrelazados, bajo un mismo paraguas que los cubría de la incesante lluvia.
–Lisa… mi casa queda cerca, pero… no tengo nada que ofrecerte –dijo Rick con algo de tristeza en su voz.
–No te preocupes, Rick, aquí tengo lo necesario –respondió Lisa, con una alegría en su voz, señalando en su bolso y recordando la cajita de té que Claudia le había dado.
–¡Eres fantástica! –añadió Rick con entusiasmo–. Siempre eres una mujer preparada para todo.
–Bueno, no para todo –respondió Lisa como un susurro, queriendo mantener ese comentario para sí misma pero lo había dicho audible.
–¿Cómo dices? –cuestionó el piloto.
–Yo... no era nada, Rick. Hablé solo por hablar.
–¡Oh no, claro que no, Hayes! Si algo que tienes tú, es que nunca dices algo sin sentido –refutó el joven–. Dime Lisa, tenme esa confianza.
«Es que esta noche no estoy preparada para enfrentarte con todo lo que siento por ti. Te amo tanto, Rick que temo dar rienda suelta a mis emociones y que mi cordura se convierta en locura. No puedo resistirme a ti, piloto. Siento que mis fuerzas van a abandonarme y voy a sucumbir ante tu cercanía» pensaba la capitana. Trató de autocontrolarse y emitir una respuesta lógica que convenciera al chico, pues conociendo su insistencia, no se quedaría calmado hasta que ella le contestara.
–A lo que me refiero es que no estoy preparada para alguna discusión –respondió ella tratando de aparentar seriedad–. Así que tratemos de platicar en armonía y si algo nos molesta, nos lo decimos, pero con cordialidad. ¿Te parece?
–Estoy totalmente de acuerdo, Lisa. Ya está comprobado que podemos conversar largo rato sin herirnos o molestarnos, pero también sé que algunas de esas conversaciones tranquilas han terminado con diálogos feroces.
–Lo sé, Rick. Es lo que quiero evitar.
–Yo también, Lisa. No pensemos en eso. Tratemos de estar tranquilos y relajarnos. Ya estamos muy cerca de mi casa.
Llegaron a la casa de Rick. Estaban empapados a pesar de la sombrilla porque el viento hacía que la lluvia fuera en todas direcciones. Rick procedió a abrir la puerta y reparó en la vestimenta de la comandante, la cual estaba adherida completamente a sus formas femeninas.
–¡Lisa! ¡Estás empapada! –exclamó Rick.
–¡Estamos! –respondió Lisa.
Ambos rieron con el comentario.
–¡Qué hermosa risa tienes! Ya extrañaba escucharte.
Lisa se quedó inmóvil y no supo qué contestar ante esas palabras. Rick pensó que la había incomodado, así que trató de cambiar la conversación.
–No te vayas a enfermar, Hayes. Ven pasa, voy a buscar algo de ropa seca que pueda servirte para que te cambies.
Rick se dirigió rápidamente a su recámara para buscar algo, pero recordó que no había tenido tiempo de lavar, únicamente tenía su ropa interior y sus uniformes limpios. Buscó como loco entre la poca ropa que tenía limpia para ver si había algo que pudiera servirle a tan delicada huésped. Sólo encontró una pijama, una bata de baño que precisamente Lisa le había regalado y unos pants de entrenamiento de la RDF. Los sustrajo de sus cajones y los dejó extendidos en la cama, para que Lisa pudiera disponer de la prenda que mejor le acomodara.
–Disculpa, Lisa, no tengo mucha ropa limpia. Te dejé algo en la cama, para que escojas lo que te quieras poner –dijo Rick–. Es todo lo que encontré que pueda servirte –añadió apenado–.
–Está bien, Rick, pierde cuidado –respondió Lisa–. ¿Y tú, Rick? ¿Tienes qué ponerte? –preguntó con preocupación.
–Sí, yo… Iré al cuarto de lavado, ahí he de encontrar alguna ropa para mí.
–Está bien, muchas gracias –dijo ella con una leve sonrisa que derritió al piloto.
Lisa entró a la recámara de Rick. No recordaba cuándo era la última vez que había estado ahí, haciendo el aseo y acomodando las pertenencias del piloto. Inhaló la esencia del piloto impregnada en su habitación, tratando de llenar sus pulmones y todos sus sentidos. «Te amo tanto, Rick. Quisiera quedarme en tu habitación para siempre, al menos tendría tu aroma para mí, ya que no puedo tenerte a ti» pensó ella con tristeza.
La capitana giró un poco y vio las prendas en la cama. Abrazó todas y cada una de ellas. «Huelen a ti» pensó. Se midió la pijama. Si bien, Lisa era de estatura media alta, su cuerpo era esbelto y atlético, por lo que la pijama le quedaba muy suelta y se le caía del resorte del pantalón. El pants, ni se diga, era como del tamaño para Focker. Entonces su única opción fue la bata de baño. «Bueno, no está mal. Al menos puedo cruzar los extremos y ajustarla con la cinta. Por lo menos las mangas no me quedan como la ropa de Tontín, el enanito bonachón de Blanca Nieves» y rió para sus adentros. Tan ensimismada estaba, disfrutando de la habitación de Rick, que no se dio cuenta que había estado mucho tiempo ahí, motivo por el cual, el piloto comenzó a preocuparse pues pensaba que Lisa se sentía mal por haberse mojado.
–Lisa, ¿todo bien? –preguntó Rick.
–Sí, Rick, en un momento salgo –contestó ella algo nerviosa.
–Es que como eres rápida en todo, pensé que ya estarías afuera o quizá te sentirías mal.
–Todo está bien, no te preocupes –dijo Lisa mientras giraba la perilla de la puerta para salir.
Ella salió de la recámara y Rick solo pudo admirarla. Se veía como una diosa en esa bata blanca. Su largo cabello mojado caía sobre sus hombros y su espalda. La bata mostraba un poco más de los atributos corporales de la capitana, con el cuello cruzado que formaba un pronunciado escote además, dejaba ver sus largas y bien torneadas piernas, lo cual hacía que el piloto desviara sus ojos hacia ciertos lugares que antes no se había atrevido a mirar. El silencio imperó en la habitación pues Rick se había quedado callado súbitamente admirando a la chica que tenía a su lado.
–¿Qué sucede, Rick? –preguntó Lisa confundida.
–Eh, nada, nada… –respondió el piloto muy nervioso–. Es que tu cabello está goteando y no te ofrecí una toalla para secarte, qué descortés soy… Iré por una –dijo él, tratando de ocultar el motivo de su distracción.
–Rick… espera… –dijo Lisa mientras lo sujetaba de la muñeca–. Yo, quería pedirte un inmenso favor… Es que, bueno, con Claudia tomé, uhmmm… vino –dijo muy apenada.
-Pero, ¿por qué, Lisa? Si tú no bebes alcohol –exclamó Rick asombrado.
–Lo sé, pero… es que… –contestó Lisa sin saber exactamente cómo continuar–. Bueno, quiero pedirte si puedo pasar al sanitario a lavarme los dientes o al menos a que pueda tomar algo de tu pasta dental. No logro quitarme el sabor del vino de mi garganta. Es muy desagradable, siento que me quema.
–Claro, Lisa. Puedes pasar. Además, hay un paquete de cepillos de dientes nuevos –dijo Rick con una sonrisa–. Ya ves, Lisa, eso te pasa por querer experimentar con el alcohol como si fueras una adolescente escolarizada –añadió él entre risas.
–¡Hunter! A veces eres tan… tan…
–¿Amable, atractivo y abrazable? –respondió él mientras se seguía riendo.
–¡Tan boca floja! –contestó ella.
–¿Ah sí? Y por lo visto, no sabes cómo callarme.
–Claro que sí. Podría calmarte con un beso profundo que sujete tus labios para no dejarte hablar –respondió Lisa intempestivamente, dejando al piloto boquiabierto.
«¡¿Qué?! ¿Yo dije eso? ¡No puedo creerlo! No vuelvo a tomar vino, me está haciendo decir cosas que jamás diría en mi cordura» pensaba Lisa para sus adentros, quien además, se sentía muy apenada y el rubor se le estaba subiendo a su rostro. Rick estaba atónito ante la respuesta directa de Lisa. No sabía si Lisa estaba bromeando o si lo dijo de verdad o si eran los efectos del vino. Sin embargo, se imaginó cómo sería ese beso pues él bien conocía la pasión con la que Lisa hacía las cosas y recordaba los besos que habían compartido en la nave zentraedi «Si así me besó cuando estábamos cautivos, ya me imagino lo intensos que han de ser sus besos cuando no sean por obligación. Quisiera besarte ahora mismo, Hayes, ¡no sabes cuánto!» pensaba el piloto, creando fantasías en su mente. De pronto, fue sacado de su mundo imaginario.
–Será mejor que vaya al sanitario –dijo Lisa tratando de escapar de la bochornosa escena– Rick, ¿podrías poner a hervir agua para té, por favor?
–¡Seguro! –contestó Rick aún sin salir de su sorpresa.
Minutos después y en espera de que el agua hirviera, ambos jóvenes se sentaron en el sofá. Rick controló el atenuador de la luz, dejando la habitación con iluminación tenue. También trajo una toalla para que Lisa se secara el cabello, gesto que agradeció la capitana, sólo que cuando ella terminó de secárselo, la cabellera parecía una madeja enredada de estambre.
–Lisa, tu cabello… Parece la melena de un león. ¿Cómo haces para tenerlo impecable todo el día? Yo no logro controlar mi cabello y eso que está corto.
–Para eso son los acondicionadores y mascarillas capilares, piloto –contestó ella en tono de broma–. Tienes mucho que aprender de la vida –añadió con una sonrisa–.
Y ambos empezaron a reírse. Rick escuchó la risa cristalina de Lisa. Eran contadas ocasiones en que la había escuchado reírse de la manera en que lo estaba haciendo ahora. «Quizá sea el vino o verdaderamente está pasando un rato agradable conmigo. Lisa… si alguien te viera ahora, tan despreocupada y tan jovial, nunca imaginaría que eres una oficial de alto rango a la que apodan la "Reina de Hielo", causando el terror en la milicia, sin embargo, eres todo lo contrario, tan dulce, tierna, delicada y ¡hermosa!» decía el piloto en su cabeza.
–¿Sabes que te ves hermosa cuando sonríes? Y tus ojos color esmeralda tienen el brillo de un diamante… –mencionó el piloto a quemarropa.
El comentario sacó a Lisa de su balance, cuestionándose si estaba soñando o eran efectos del vino o si había escuchado bien. Rick acababa de decirle que se veía hermosa. Lisa intentó decir algo cuando el piloto volvió a hablar.
–¿Puedo ayudarte con tu cabello? –preguntó Rick, acercándose lentamente frente a Lisa para acariciar su cabello–. Podría… tratar de desenredarlo.
Las fuertes manos de Rick comenzaron a tratar de alisar suavemente el cabello color miel. Ambos sintieron miles de descargas eléctricas en sus cuerpos, en su estómago y sus corazones comenzaron a latir con rapidez. Delicadamente, Rick empezó a separar mechones del cabello de Lisa con la finalidad de desbaratar las marañas que se le habían formado. El pulso de la capitana se empezó a acelerar con la cercanía de Rick y éste no podía controlar su respiración, tanto que Lisa podía sentirla en sus mejillas. En eso, un silbido los sacó de su ensimismamiento. Era la tetera avisando que el agua estaba lista. Ambos se sobresaltaron y miraron hacia la cocina.
–Creo… que… iré… por el té –dijo Rick casi como un murmullo.
–Está… bien –susurró Lisa, quien estaba pensando para sí misma «No sé si es el vino o la lluvia que estaba helada los que hicieron que me esté enfermando. Siento mi cara con la temperatura elevada. Mis mejillas me queman o será la cercanía con Rick. Lisa, contrólate, pareces una chiquilla adolescente. Como si nunca te hubieras enfrentado a la adversidad, has combatido a los zentraedi, ¿cómo no te vas a poder controlar con un piloto desobediente? Pero verlo así, tan fresco y juvenil, oír su voz como un susurro, tenerlo tan cerca de mí, acariciando mi cabello como nadie antes lo ha hecho, no sé si pueda controlarme. Siento que el corazón se me sale. Ni siquiera puedo hablar coherentemente… quisiera dejarme guiar por este momento hasta donde nos lleve y por un instante dejar de pensar, solo sentir y disfrutar de estos momentos junto a él, que está solamente para mí».
Entre tanto, en la cocina, Rick tenía tantas ideas revoloteando en su mente. «Nunca antes me había sentido así. ¿Qué fue esa descarga eléctrica que sentí en mi estómago y en mis manos, al tocar el cabello de Lisa? Fueron como diminutos puntos u hormiguitas que recorrieron desde la punta de mis dedos de las manos hasta los dedos de mis pies. ¡Wow, qué sensación! Por un momento pensé que empezaría a temblar. Bueno, mis manos ya estaban temblorosas y después empezó a sonar la tetera, así Lisa no pudo notar lo nervioso que estaba, ni tampoco pudo notar que… que necesito un baño con agua fría, casi congelada.
¡Y cómo no voy a estar así, si ella es hermosa! Tiene una piel divina, blanca como porcelana que contrasta con sus hermosos ojos verdes, sus largas pestañas, sus cejas delgadas y exquisitamente delineadas. Sus ojos, tan tristes como siempre aunque despiden fuego cuando se enoja y brillan cada vez que la hago reír… sí, con esa sonrisa en sus labios delicados. Aún recuerdo cuando nos besamos en la nave de Breetai. Esperé tanto poder volver a besar sus labios y cuando nuevamente tuve la oportunidad, me negué. Lo mejor fue que Lisa siguió con las instrucciones y ella sí me besó. ¡Qué beso! Me tomó de los hombros y me acercó hacia ella. Pude sentir otra vez la calidez de sus labios, la ternura de sus besos. Fue más bien un beso cargado de cariño que un beso dado por obligación. Yo solo me dejé llevar y la tomé por su cintura, tan breve, tan bien formada, sus curvas son exquisitas, quisiera besarla ahora mismo y… ¡No otra vez! ¡Cálmate, Hunter! No eches a perder el momento, pero es que es tan bella y su cuerpo es simplemente espectacular» pensaba Rick con una sonrisa pícara dibujada en su rostro, mientras preparaba las tazas con el agua hirviendo.
Rick se dirigió a la sala y depositó una charola con las tazas en la mesita de centro. Lisa se limitaba a observar al piloto y pensaba que se veía particularmente sexy y desenfadado, con una playera blanca stretch ceñida a su torso, la manga corta que dejaba ver parte de los músculos de sus brazos y unos pants de color gris que también hacían notar los atributos del piloto. Ella estaba ensimismada recordando el cuerpo del piloto, que no se percató que él ya estaba sentado a su lado. Solo se despertó de aquél trance cuando escuchó la voz de Rick.
–… Lisa… ¡Lisa!... –le hablaba él.
–¿Eh?...
–Skull 1 a Delta 1: Su agua para el té está servida, Capitana. Cambio…
-Oh, disculpa, Rick, estaba… estaba…
–Estabas muy lejos, Lisa. ¿Dónde andaba tu mente?
«¡En tu cuerpo, piloto! Te ves tan… apetecible. Te comería a besos justo ahora» pensaba Lisa. Y sin saber exactamente qué contestar, lo único que se le ocurrió fue hablar del té.
–Ehm, estaba pensando en los sabores de té. Iré por los sobrecitos.
Lisa se levantó del sofá a para buscar la famosa cajita de té que estaba en su bolsa. Rick la veía como un depredador cazando a su presa. Estudiaba todos sus movimientos, finos, elegantes e innatamente sensuales. La elegancia era el símbolo característico de Lisa. Admiraba su manera de hablar, mesurada (excepto cuando le gritaba por la TacNet), su risa controlada, sus modales educados, toda ella era una dama.
–Aquí está, Rick –dijo Lisa, entregándole la cajita de té al piloto.
–Gracias, Lisa. ¿Qué sabor te gusta? –le preguntó Rick.
–Mmm… se me antoja fresa.
–¿Fresa? Así como tú. Fresa en todos los sentidos –dijo Rick mientras reía.
–¿Qué estás tratando de decir, piloto desobediente? –bromeó Lisa, fingiendo molestia.
–Oh… nada, nada. Que las fresas son hermosas, tienen un color perfecto, sabor inigualable entre dulce y agridulce, con una forma física muy peculiar, además, son afrodisiacas... –respondió él y se quedó sorprendido con su último comentario–. Omite esto último.
Lisa no sabía qué decir al respecto. Se había quedado muda por la espontaneidad del piloto quien estaba pensando en afrodisiacos. Así que se fue por el camino más fácil y prefirió seguir hablando del té.
–¿Qué sabor vas a elegir? –preguntó la Capitana.
–Quiero... naranja.
–Sabor cítrico... ácido como tú –rió Lisa.
–¡Oye! En lugar de que me digas que soy dulce, delicioso, jugosamente apetitoso… –reclamaba Rick con una sonrisa.
–Y con piel amarilla rugosa –dijo ella mientras continuaba riéndose.
–¡Hey, Hayes! ¡Eres insoportable cuando quieres! –dijo Rick riéndose-
–Es que soy una comadreja parlanchina, ¿lo recuerdas? –dijo Lisa entre risas-.
–Uh, sí, ¡cómo olvidarlo! Y yo… yo solo soy un huérfano, un piloto de circo sin nada más… No sé cómo es que tengo tu amistad, si no soy digno de ti –respondió Rick con voz tenue.
–Rick, ¿por qué dices eso? Estábamos hablando muy bien.
–Porque, Lisa, tú eres toda una dama, educada, refinada y yo me crié solo, a falta de mis padres. Quizá por eso te dije comadreja parlanchina en lugar de haberte dicho algún calificativo refinado como tú –dijo el piloto con nostalgia.
Lisa se acercó a él. No sabía por qué la conversación había cambiado de las bromas a la seriedad, pero así siempre había sido su relación con Rick, con cambios repentinos en un instante.
–Ríck, tú sabes bien lo que yo opino de ti –dijo Lisa mirándolo a los ojos.
–¿Qué soy un piloto desobediente y boca floja?
–Bueno, además de eso –dijo Lisa con una risilla–. Pero no es a lo que me refiero. Mira, Rick –añadió Lisa cambiando su voz a un tono serio–, tú sabes que no me interesan los bienes materiales. Te aprecio por lo que eres, porque eres muy valioso y porque yo…
Finalmente, Lisa iba a decirle a Rick que lo amaba, cuando el piloto la interrumpió y las fuerzas para declararle su amor, se esfumaron enseguida.
–¿En serio? –cuestionó él Rick–. ¿Cómo puedes decir que soy valioso? Si tú lo has tenido todo. Vienes de una familia noble, educada, de buenos modales, adinerada y reconocida mundialmente. ¿Qué es lo valioso que puedo tener yo?
–Sí, es cierto que mi familia es tal cual la describes –dijo Lisa, quien delicadamente tomó la mano de Rick–. Sólo quiero aclarar, Rick, que la riqueza no te da el valor, la lealtad, el honor, el ímpetu y el valor a la vida que tienes tú. Eres un héroe. Has salvado tantas vidas y me has salvado tantas veces.
El piloto estaba atónito ante las palabras de Lisa. La escuchaba atentamente pues no se imaginaba que la capitana lo tenía en ese concepto. Él siempre creyó que ella lo regañaba porque había tenido un mal día o por lo desobediente que era y por lo mismo, él la hacía rabiar. Lisa continuó con su diálogo.
–Mucha gente no sabe lo que has tenido que sacrificar por defender el bienestar de ellos –seguía diciendo ella con voz serena–. Desde que entraste a la milicia, he visto tu potencial. Sé que he sido muy estricta y dura contigo pero es porque sé que tú puedes lograr grandes cosas. Segura estoy que tú vas a ocupar un cargo grande en la cadena militar. Sé que eres un líder nato y llegarás tan lejos como tú quieras. Te lo digo con sinceridad… y… discúlpame por haber sido tan severa contigo y por mis arranques de furia. No he conocido a nadie con tu fuerza de voluntad y determinación. Te admiro, Rick. –dijo Lisa con su voz agolpada y conteniendo el nudo emocional que se le había formado en la garganta.
–Lisa, yo… no sé qué decir… –respondió el piloto conmovido. Nadie me había hablado así, con tanto cariño, ni me habían dicho tantas cosas hermosas… E igualmente discúlpame por mis faltas de respeto y por discutir contigo. Lo cierto es, que también te admiro, Lisa. Eres una super mujer, tan dedicada en todo lo que haces, tan joven y con tanta responsabilidad. Ahora entiendo todas las llamadas de atención, entiendo que un error es fatal y lo que hacías era cuidarme. Creo que soy un tipo con suerte por tenerte como amiga, por tenerte aquí, conmigo, pudiendo estar con algún hombre que pudiera darte todos los lujos que te mereces y consentirte como la princesa que eres. Gracias, Lisa.
«¡Oh, Rick! Tan bellas palabras que me acabas de decir, pero te refieres a mí como a una amiga… Sólo eso soy para ti. ¿A quién quiero engañar? Si bien sé que tu corazón pertenece a Minmei.» pensaba Lisa con tristeza, mientras que el piloto veía que ella se encontraba ensimismada «¿En qué estarás pensando, Lisa, o en quién? Si tan solo pudiera ser yo el dueño de tus pensamientos. Seguramente debes estar pensando en Riber y cómo puedo competir con tus recuerdos, si él era el hombre ideal para tí» pensaba Rick decepcionado. Ambos jóvenes pensando el uno en el otro, teniendo dudas originadas por nunca haber hablado sinceramente de sus sentimientos e inconscientemente soltaron sus manos. De pronto, se formó un incómodo silencio. Lisa trató de continuar con la plática, sacando a Rick de su torbellino de ideas.
–Por otra parte, ponte a pensar que ahora estamos en igualdad de condiciones. Te dices huérfano, yo también lo soy. Dices que no tienes nada más y yo tampoco –afirmó la chica–. Los bienes de mi familia quedaron destruidos con el ataque de Dolza. Y los bienes materiales de los demás, no me importan. Tampoco me interesa que me tengan como la princesa del cuento de hadas ni como muñequita de aparador. Así no soy yo y tú bien lo sabes, Rick –añadió Lisa mientras miraba detenidamente al piloto.
–Pero es diferente. Tú has logrado labrarte tu propio camino –refutó Rick–. Aún así, tu padre fue el Almirante Supremo del GTU. Todos lo conocieron. En cambio, en mi caso, mi padre sólo tuvo un circo aéreo.
–Independientemente de nuestros padres, tanto tú como yo hemos sabido hacer carrera en la milicia. Tú también tienes mucho mérito, a tan corta edad posees ya muchas condecoraciones, entre ellas la medalla Titanium –respondió Lisa con orgullo.
«Sí, la medalla Titanium. Mi primera medalla. La obtuve por rescatarte de la base en Marte y por recomendación tuya… Si supieras que se la regalé a Minmei, en este momento me mandarías al calabozo» pensó Rick, sintiendo una absoluta tristeza pues ya no tenía esa medalla.
–¿En qué piensas, Rick? –preguntó ella.
–Pensaba… en que eres universalmente conocida –respondió Rick, tratando de evadir el tema de la medalla–, y además, tienes el linaje militar del apellido Hayes.
–Apellido que seguramente morirá conmigo –dijo Lisa con melancolía, mientras un suspiro escapaba de ella.
–¿Cómo? ¿Por qué lo dices? –preguntó un asombrado Rick.
–Porque así como voy, creo que no habrá más descendencia Hayes.
–No lo digas ni de broma –replicó el piloto con entusiasmo, tratando de subir el ánimo de su capitana–. Eres de las mujeres más populares e interesantes de este planeta, qué digo... ¡Del universo entero! Es sólo que tú te has blindado y no dejas a nadie acercarte a ti y mucho menos, permites que alguien entre a tu corazón..
–Solo estás tratando de animarme, Rick. –pronunció Lisa con desgano.
–No, Lisa. Como te dije en la nave de Breetai, eres hermosa. Te lo digo en serio, con sinceridad. –dijo Rick, con sus enormes ojos azules mirando el rostro de la chica.
Los ojos de los jóvenes se encontraron, sus miradas se fundieron en una sola y hablaban por ellos mismos, las palabras no eran necesarias. Ambos necesitaban el cariño y el calor del otro, querían sentirse cobijados entre tanta destrucción que habían experimentado y aunque fuera por un instante, querían tener un momento de regocijo, de calidez y de amor. Rick fue acortando el espacio entre ellos, alcanzando una de las manos de Lisa y comenzando a acariciarla, acción que puso muy nerviosa a la capitana.
-De… ¿De verdad soy hermosa?... –preguntó una muy nerviosa Lisa, conforme Rick se seguía acercando a ella.
-Sí, de verdad… Lisa -le contestó Rick con una voz ronca que fue casi un susurro.
Él colocó su mano derecha en la mejilla de ella y lentamente acercaba su rostro al de la capitana. Lisa veía cómo Rick se aproximaba hacia ella y miles de pensamientos cruzaban por su mente «¿Será este el momento con el que he soñado? Ser besada por ti, sin presiones ni órdenes de por medio. ¡Oh Rick... ya no puedo controlarme!». Mientras que el piloto pensaba para sí «Lisa, hermosa… Si no me detienes ahora, ya no respondo de mí… Quiero sentir tus labios una vez más, deseo besarte hasta perder la conciencia y...». Rick ya no pudo pensar más. Ambos cerraron sus ojos y se dejaron guiar por la emoción de ese momento tan especial.
Continuará...
Notas de autor:
¡Hola a todos los lectores! Este es un capítulo romántico de la famosa pareja Hunter-Hayes. Si bien, ya hay otros fan fictions relatando lo que pudo ocurrir en el capítulo 33, cada historia es diferente de acuerdo con su autor. Espero disfruten de la lectura en la que el romanticismo toma el control de Rick y Lisa.
Gracias por los reviews que han dejado en los capítulos anteriores. Asimismo, agradezco sus nuevos comentarios.
¡Saludos!
By the way, there are some comments written in English. Thanks a lot for taking the time to translate the fic! I also would like to write a fic in English. I have also read so motivational reviews written by guests. I don't know their names or nicknames however I would like to thank them all. Greetings!
