Estaba algo apresurada como para empacar todas mis cosas y las de Albert, pero cuando llegué de regreso al cuarto, él se me había adelantado.
"Albert, cómo me consientes y consideras. No bien terminas de sorprenderme cuando me regalas otra sorpresa".
"Hay algo más", me dijo en voz muy baja.
"¿Todavía más?"
"Este regalo es para ti y para Emma. Le dije a Georges que buscara a Margot para que se fuera con nosotros a la villa. Me dio algo de tristeza por Emma que su abuela no viniera anoche a celebrar con nosotros. Si no te diste cuenta, la niña se pasaba mirando a la entrada para ver si ella llegaba".
"¿Pasó algo con ella?".
"Me dijo que no podía venir. Algo se le presentó, no sé, pero, de todos modos, le insistí en que viniera con nosotros hoy y ella aceptó, aparte de pasar unos días en la villa con Emma y con nosotros".
"Albert, es increíble. Sin embargo, le dijiste a Margot, pero no a la Srta. Pony y a la hermana Lane. Por qué".
"No tuve tiempo… Espero que no te moleste. Ellas parecían encantadas con la idea".
"No, Albert, para nada, aunque tengo que admitir que estás hecho todo un consentidor. En cuanto a Margot, no he tenido demasiadas oportunidades para conocerla más allá con el ajetreo de la clínica y la escuela".
"Ahora las tendrás a ambas contigo y más tiempo para pasar con ellas. Es más, me gustaría que tanto Emma como Margot se queden una temporada con nosotros".
"Oh, Albert, qué bueno, pero todo suena como una negociación para ti", aún así y con la cara de comerciante que se le asomó, como en broma, le di un abrazo y un beso. "¿Merezco yo tanta felicidad?"
"Siempre, mi pequeña…", me correspondió de nuevo el beso un buen rato, pero luego interrumpió un proceso que se estaba volviendo demasiado intenso para la ocasión. "Continuamos allá", me dijo, muy coqueto y soltándome con pesar. "Ahora salgamos a esperar a Georges. Debemos estar en Lakewood a media tarde si no tenemos contratiempos".
Y no hubo ninguno. Georges había regresado y nos esperaba afuera con Margot. Tan pronto abuela y nieta se vieron, fue como magia. Emma se soltó de la mano de la Srta. Pony y salió corriendo a los brazos de su abuela. Me sentí un poco triste, porque en ese momento me di cuenta de que el lazo entre ellas era demasiado fuerte como para mis deseos egoístas, pero algo ocurriría después que me devolvería la fe.
Por lo pronto, poco antes de las 3 p.m. entrábamos por los portones de Lakewood. La nevada cubría la entrada, lo que no le restaba en belleza al lugar. Frente a la puerta principal de la villa estaba la tía Elroy y un recibimiento pequeño. Decidimos que, en vez de maestros y tutores, esta vez todo el mundo estaría de vacaciones, y todos haríamos lo mismo, así que nos llevamos al personal del Hogar, excepto algunos que se quedaron para vigilar la facilidad. Era un descanso para todos, no sólo para la Srta. Pony y la hermana Lane, sino para el personal del Hogar, y los que se quedaron, que tendrían también un descanso de todo el ajetreo diario allí.
La tía abuela era toda sonrisas con nosotros. De pensar que apenas hacía unos años no podía ni verme ni quería que fuera miembro de su familia, pero en ese momento todo era distinto. De hecho, en vez de irse a Florida con sus nietos, escogió el frío y su sobrino. Era un trato casi preferencial con él, y eso me hacía recordar cuando Anthony estaba vivo, que ella también mostraba esa misma debilidad.
…
Anthony una vez me dijo que él podía hacer que la tía abuela le concediera lo que él quisiera. Claro, lo único que nunca hubiera logrado era que me aceptara cuando el "bisabuelo" William me adoptó dentro del clan. Pero innegablemente, igual que Albert, Anthony había sido la luz de sus ojos. Ahora con esto que queríamos pedirle, yo esperaba que esa debilidad nos ayudara.
Albert me había pedido que no lo mencionáramos, y que dejáramos que la tía abuela viera cómo se relacionaba Emma con su abuela. La realidad captamos por momentos a la tía Elroy mirándolas a las dos. Quizás se preguntaba qué hacía una hija con su madre en la villa. ¿No que el Hogar era para niños huérfanos? Y claro, Margot no parecía una abuela, sino la madre de esa niña. De hecho, observándolas bien, aprovechando esos momentos en que ambas compartían y jugaban como no podían hacerlo regularmente, en completa libertad, la tía Elroy no pudo evitar solicitarme hablar, lo que me pareció bueno. No, no le habíamos adelantado nada. Que nos llamara era positivo, y más para eso, si era cierto lo que sospechaba.
….
Al otro día de haber llegado a Lakewood, a media mañana, subí al despacho para atender una solicitud hecha por ella. Allá estaba, sentada detrás del escritorio y flanqueada por los retratos de toda la familia Ardlay. Me extrañó que no llamara a Albert, pero quizás pensaba que, ya que yo estuve tres semanas en el Hogar, sabría la historia del extraño dúo que tan fuera de lugar parecía el día anterior en la fiesta de Navidad de la villa. Esa noche disfrutamos de una acogedora cena y luego nos fuimos a nuestras habitaciones a descansar. En ese momento, casi todo el Hogar descansaba, y yo, extraño, me había levantado incluso más temprano que Albert, que dormía plácidamente cuando abandoné la habitación del tercer nivel, donde nos estábamos quedando él y yo.
"Candice, entra y sirve el té", me dijo cuando me asomé por la puerta.
"Gracias, tía", y me dispuse a servirlo, como cuando estaba a prueba.
"Sírvete también…", y eso hice después de servirle el de ella.
Tomé asiento frente al escritorio.
"Y bien, Candice, cuéntame cómo fueron estas tres semanas en el Hogar con tus madres".
"Fue bueno…mucho trabajo. Pero me agradó reconectarme con mis raíces".
"Sí, es algo muy positivo para ti, y se te nota. Y me alegro de que Dr. Martin también viniera para acá. Así me puede ayudar con mis dolencias, aunque he mejorado mucho con otras terapias alternativas, pero nunca está de más que me ausculte él".
"Eso mismo pienso yo. Además, Dr. Martin es muy buen médico".
La tía no era de preámbulos forzados, así que de seguro esto no lo era. Sencillamente, el tema de Margot y Emma era cuestión de "business as usual" para ella.
"Candice, tengo que preguntarte, aunque hubiera podido hacerlo a Paulina, hay una niña muy linda, rubia, de ojos azulados, con una muchacha que parece su mamá. ¿Trabaja ella en el Hogar?"
Me había hecho la pregunta de fuego. Temía no poder guardar la discreción, pero el tema de Emma y su adopción en el clan era algo que debíamos conversar Albert y yo con ella de forma más formal, así que era mejor controlar esos impulsos que podían ser contraproducentes.
"No, tía abuela. La niña se llama Emma. Su mamá murió en un accidente hace meses. Esa dama con la que la ve es su abuela, Margot. Emma está en el Hogar porque Margot no puede hacerse cargo de ella, pero aún así, mantiene un contacto constante con ella. La invitamos porque Emma es una de las niñas del Hogar, y tiene mucho apego a su abuela".
"Interesante. Me imagino que ya mi sobrino hizo averiguaciones para ayudar a esta dama en su situación".
Era sorprendente cómo a la tía abuela no perdía ni un detalle.
"Sí. También a los demás niños por lo de la negociación de los terrenos del Hogar".
"Ah, sí, los terrenos del Sr. Cartwright. Bueno, Candice, si te soy sincera, al principio no estuve de acuerdo con esa negociación, aunque sabía que mi sobrino actuaba por amor a ti, pero me ha sorprendido el rendimiento que ha tenido esa transacción. Para estos tiempos, es un milagro. También me imagino que mi sobrino está pensando en el futuro de nuestra familia, y que, en medio de una posible recesión económica posguerra, haya que prepararse, y esa inversión se ha convertido en una de las más rentables del Consorcio Ardlay".
Yo le abrí los ojos de par en par. La tía abuela no sólo conocía sobre estos asuntos, sino que me confirmaba por qué confiaba tanto en su sobrino.
"Se lo dijo Al…William".
"No, Candice. Una de las funciones que tengo como matriarca de este clan que quiero que aprendas es precisamente a leer los informes financieros que produce el consorcio. En parte por eso no deseo que continúes como enfermera a menos de que sea a nivel voluntario. Por ahora, todo está bien, pero el negocio hotelero, que es nuestra mayor fuente de ingresos ahora, puede decaer súbitamente si esa recesión, que parece que ocurrirá de aquí a no más de 5 a 10 años, sigue en curso. Los negocios rentables ahora son los de conservación, la educación, la agricultura y la infraestructura de costo moderado. William se ha estado moviendo hacia esos mercados, pero necesitamos más agilidad".
"Siempre sabe que puede contar conmigo, tía abuela".
"Por eso necesito otra cosa. Sé bien que mi sobrino se quiere quedar ahora, después de Año Nuevo, contigo en Lakewood. Aunque me parece bien, porque sé que él se mantendrá vigente donde quiera que esté, me gustaría que consideraran un intercambio de seis meses aquí, y seis meses en Chicago, y que lo converses con él. Quisiera que fuera él quien tuviera mayor control del que le deja a Georges. Y no me mal entiendas. Gracias a Georges es que William también ha tenido tanto éxito, pero necesito que mi sobrino está cerca de mí, en lo que aprendes el oficio. Y perdona Candice, que te lo pida de este modo, pero tengo, antes de partir de este mundo, que dejar mis asuntos en las mejores manos, las de ustedes, además de recibir a mi sobrino-biznieto cuando nazca".
"No hay…no estoy…"
"Candice, lo sé, pero va a ocurrir y más pronto de lo que piensas. Necesito estar cerca de ustedes cuando ocurra. De este modo, para el año próximo, estaremos preparándonos para recibir al heredero, estoy segura, además de dejar todo en tus sabias y responsables manos antes de yo partir".
Yo estaba anonadada. ¿Cómo podía saberlo? Ella se dio cuenta de mi duda, y de que me había dejado muda.
"Todo será como digo; no lo dudes ni por un momento"., respondió viendo que no podía ni contestar. "Por otro lado, y regresando al asunto del Hogar y de esa niña, quiero hablar con ustedes dos sobre ella. Estoy impresionada con esto que me has contado, y quiero que William me dé detalles de lo que sabe, si algo, de ella y de su abuela".
¿Estaba hablando en serio la tía abuela? Pero ¿por qué se interesaba? ¿Sería que había notado nuestro interés en ella, aún cuando mantuvimos de entrada cierta distancia? Aquí había algo más...
…
Iba hipnotizada por los pasillos que daban a la escalinata que comunicaba con el tercer nivel. Cada vez que subía a ese pasillo, ahora completamente iluminado, recordaba aquella historia de la estatua viviente, que no sabía que era mi esposo hasta que se descubrieron todos sus secretos. La realidad era que aún esas estatuas bordeando el pasillo, incluso con la iluminación, parecían que iban a cobrar vida en cualquier momento. Al menos, para llegar a nuestra habitación, no teníamos que pasar frente a ellas.
Toda la villa estaba ocupada, incluyendo la de los Leagan, donde estaban Georges con Annie y Archi y Patty y Eddie y Dr. Martin. Aunque la villa principal es grande, nos tuvimos que dividir de este modo, no que le molestara a los Leagan, ya que no era de su propiedad. Lo que quedó del Hogar, el Sr. Cartwright y Claudette con parte del staff de servicio se estaba encargando allá, pero aún así, éramos muchos dentro de la villa. Pensando en esto estaba, cuando llegué a la habitación, y entré, cerrando cuidadosamente la puerta detrás de mí. Albert todavía en apariencia dormía. La verdad es que parecía que nos habíamos cambiado los papeles. Él dormía mejor y hasta más tarde, y yo era la que madrugaba. Pobrecito. Tanto trabajo y noches en vela, lo tenían exhausto. Quién era yo para complicarle más la vida con tantas cosas que quizás podía hacer yo misma.
Era cierto, ese asunto de Emma nos había tensionado a los dos, que hasta mejor era que lo dejáramos de lado, o incluso, ver lo que podía yo hacer por mi cuenta. Claro, la tía abuela había preguntado por ella y su abuela, lo que me hizo pensar que quizás se había dado cuenta de que las razones por las que las habíamos invitado eran con un objetivo diferente. Así, en ese análisis, me senté al borde de la cama, con mis pensamientos haciendo mucho ruido, cuando un brazo me agarró por la cintura y me empujó para quedar recostada sobre él.
"Qué haces, Albert", dije riéndome por la sorpresa.
"Vamos ahora mismo a coproducir un proyecto", me dijo bostezando y estirándose. "Con suerte…"
No, la verdad no tuvimos suerte esa vez, pero Patty y la abuela tenían razón. Para las Navidades siguientes ya yo estaba embarazada, y las celebraríamos en Chicago por mi mala barriga. No pudimos, entonces, regresar a Lakewood hasta después del parto y de la partida de la tía abuela. Esa sería nuestra última parada en la villa, un año después y por unos meses, pero cómo saberlo en ese momento…
Continuará...
