Capítulo 8
Al día siguiente, Lisa se despertó relajada pero aún se sentía cansada. «Creo que necesito una buena dosis de vitaminas. Tanto trabajo y estrés en los últimos meses que ahora sí parecen estar agotándome. Quizá ayude una buena taza de café, pero… lo más raro es que no tengo ganas de café, sino de agua fresca» pensaba Lisa mientras se dirigía a bañarse.
Llegó temprano al puente del SDF-2 como era su costumbre, para revisar que todo estuviera en orden. Esperó a que el personal a su mando se presentara a su puesto de trabajo a las 0700 horas. Enseguida se escuchó la algarabía de Sammy, Vanessa y Kim. Lisa sonrió, al menos ellas seguían conservando su humor alegre.
–¡Buenos días, capitana! Tú siempre tan puntual, Lisa –dijo Kim.
–Dejaría de ser ella si no llega temprano –mencionó Vanessa.
Las chicas y Lisa se hablaban sin formalidades fuera del horario de trabajo, A pesar de tener años de conocerse y ser casi como una familia, una vez que empezaba la jornada laboral, entre ellas seguían estrictamente el protocolo y la disciplina militar, dirigiéndose exclusivamente por sus rangos.
Unos minutos más tarde, llegaron los tres comandantes. Los ojos de las chicas brillaron al verlos, lo cual no pasó desapercibido para ellos, pero los comandantes eran tan formales que rara vez se expresarían fuera del protocolo militar.
-Comandantes, qué bueno que están todos aquí. Es para comunicarles que debo salir un poco antes de las 0900 horas. Si hay alguna eventualidad, me llevaré el móvil conmigo para que me notifiquen cualquier situación.
–¿Pasa algo, Capitana? No tenemos programada ninguna reunión a esa hora –preguntó Vanessa con consternación.
–No, Vanessa, descuida –respondió Lisa con calma–. Solo voy al servicio médico, a una revisión de rutina, por lo que ustedes comentaban ayer con respecto a mi salud y mi aspecto demacrado. Quiero estar al cien por ciento en esa misión.
–Claro, Capitana. Su salud siempre ha sido buena. Solo que hemos visto que está trabajando al extremo, incluso trabaja más que cuando estábamos en el SDF-1 –mencionó Kim.
–Es porque ahora yo soy responsable de los militares y los civiles a bordo de la fortaleza y además, tengo la responsabilidad de llevar a cabo la misión que nos encomendó el Almirante Gloval –dijo Lisa.
–La entendemos, Capitana y ahora no está ni el Almirante Gloval, ni los capitanes Hunter y Focker –añadió Sammy.
–¡Sammy! –gritaron las otras dos chicas al unísono cuando oyeron que la chica mencionó al capitán Hunter.
–Qué, ¡es la verdad! Todo el peso recae sobre la Capitana, por eso tenemos que apoyarla –refutó Sammy.
–Gracias, chicas. Yo sé que cuento con ustedes –respondió Lisa–. La Comandante Porter se quedará a cargo del puente en mi ausencia –añadió.
Llegada la hora adecuada, Lisa se retiró del puente, asimismo, coincidió con los minutos de descanso de los comandantes.
–Chicas, ¿desean algo de la cafetería? –preguntó el comandante Diego Delacroix.
–¿Podrían traernos un café? –respondió Kim.
–Claro, ningún problema –respondió el comandante Ramírez–. Café con leche y un cubito de azúcar, ¿está bien?
–Para la comandante Leeds, es un capuccino, comandante Ramírez –dijo el apuesto comandante Strauss con su marcado acento alemán.
Vanessa se sonrojó al saber que el comandante había puesto atención a sus gustos. Kim y Sammy solo se miraron de reojo y se sonrieron. Los comandantes fueron a la cafetería de la base, lo que propició que las chicas se quedaran en el puente murmurando entre sí.
Empezaron a bromear con Vanessa y el comandante Strauss y después la plática se desvió al tiempo en que estaban en el SDF-1, pues ellas conservaban su jovialidad y seguían teniendo igual interés por todo lo que pasaba a su alrededor, por no decir, que continuaban queriéndose enterar de cualquier detalle, rumor o vivencia que sucedía en la nave.
–Por cierto, chicas, he visto al Capitán Archer muy interesado en la Capitana –dijo Sammy.
–Yo también lo he notado –dijo Kim–. Lisa tiene mucha suerte de que los chicos guapos se fijen en ella.
–Solo que no les hace caso por la tormentosa historia que vivió con el capitán Hunter. Ojalá el Capitán Archer logre hacer que Lisa se enamore de él. Físicamente es parecido al capitán Hunter pero es más maduro, caballero y no está obsesionado con Minmei –comentó Vanessa.
De pronto, se vieron interrumpidas por un sonido de aviso entrante.
–Sammy, tu línea privada de comunicación está recibiendo un mensaje –le dijo Kim.
–Es del capitán Archer. Hablando del rey de Roma…(1) –dijo Sammy entre risillas.
–A ver qué quiere ese galán … –rio Kim.
–¡Kim! Acabamos de decir que es para Lisa –refunfuñó Sammy.
–Pues sí, pero eso no le quita lo guapo –dijo Kim entre risas.
–¡Contéstale al Capitán, Sammy! –dijo Vanessa, que parecía ser la más sensata de las tres chicas.
–Adelante, Capitán –respondió Sammy.
–Comandante Porter, ¿está la Capitana ahí? –preguntó el Capitán Archer.
–No, capitán… –dijo Sammy.
–Bien –dijo el capitán tranquilamente–. ¿Están los comandantes en el puente?
–No, capitán, sólo estamos las Comandantes Leeds, Young y yo –contestó Sammy.
Las chicas curiosas, se acercaron a la consola de Sammy.
–¡Perfecto! Solo están las chicas bellas en el puente –comentó Jack con su varonil voz–. Comandantes, necesito su apoyo… –hizo una pausa–. Quiero invitar a la capitana a cenar esta noche… y …
El Capitán no pudo terminar de decir su frase porque las chicas ya estaban eufóricas gritando…
–¿Cómo podemos apoyarlo, Capitán? ¿Necesita que la Capitana se vaya temprano? –preguntó Sammy.
–Bueno, sí, además de eso… Necesito comprar un vestido elegante, de noche…
–¿Para usted? –pregunta Sammy.
–¡Sammy! Obvio que no, es para Lisa –le dijeron las chicas a Sammy.
–Oh, cierto –dijo Sammy apenada.
–Entonces necesito que me digan la talla de la capitana –dijo el Capitán.
Y así siguieron comentando los detalles mientras las chicas estaban muy entusiasmadas con la idea de la cena.
–Bien, Capitán. Todo estará listo para esta noche, ya verá –afirmó Sammy.
Mientras tanto, en la enfermería, Lisa llegaba preguntando por la doctora Lazarus, quien le entregó sus resultados, los cuales indicaban que la Capitana estaba en condiciones óptimas de salud. Sin embargo, la doctora envió a Lisa al hospital militar, para una atención más especializada. Lisa siguió las instrucciones de la doctora y posteriormente regresó al puente.
–Qué tal, comandantes… ¿Hubo novedades durante mi ausencia, comandante Porter? –preguntó la Capitana.
–Ninguna, Capitana. –contestó Sammy.
–Bien. Gracias, Comandante. ¿Han llegado los reportes de patrullaje?
–Hasta ahora solo tenemos los reportes preliminares de los escuadrones Ghost y Shadow. Sin novedades –contestó el Comandante Strauss. Vanessa no dejaba de verlo.
–Gracias, comandante Strauss. Bien, espero que este día siga sin novedades –suspiró Lisa.
–Así se puede ir temprano a descansar, ¿verdad, Capitana? –preguntó Kim.
–Iré a descansar una vez que termine mi turno y haya revisado los reportes oficiales del patrullaje –contestó la Capitana.
Las chicas se vieron entre sí, con miradas cómplices. El día transcurrió sin novedad. Terminando el turno de trabajo de las comandantes, ellas se retiraron y una hora después, los comandantes hicieron lo mismo. Lisa se quedó revisando los reportes oficiales que habían llegado de manera electrónica. Estaba ensimismada en los reportes y pensando en todo y nada, que su mente iba y venía a la Tierra, a la misión, las mismas ideas de siempre aunado a un nuevo pensamiento que la inquietaba, pero que a su vez, le daba alegría tal que no se dio cuenta que la puerta del puente se abrió.
–Terminé –dijo Lisa en voz alta.
–¡Buenas tardes, mi hermosa Capitana! Es perfecto que ya haya terminado su trabajo, porque hoy tiene una cena –dijo una voz a las espaldas de la Capitana.
–¡Jack! Me asustaste –exclamó Lisa, sorprendida pero brindándole una hermosa sonrisa.
–¿Tan feo estoy que te asusté? –dijo Jack en tono de broma.
–No, claro que no. Es solo que… -dijo Lisa mientras Jack la interrumpía.
–Entonces te parezco guapo y atractivo –comentó él.
–Yo no he dicho eso –respondió Lisa–. Es solo que no sabía que estabas aquí. Y en mi agenda no tengo programada ninguna cena para hoy.
–En la agenda de la ocupada Capitana Elizabeth Hayes no, pero en la agenda de la hermosa Lisa Hayes, sí. –dijo Jack con su apuesta gallardía.
–¿Ah, sí? ¿Con quién se supone que tengo la cena y cuándo me pidieron parecer? –preguntó Lisa con voz retadora.
–La cena es conmigo, Jack Archer y un "no" por respuesta no es opción. Así que te escoltaré a tu habitación para que te cambies y pasaré por ti a las 2000 horas. –respondió Jack con voz firme y seductora.
–Pero…
–Nada de peros, Lisa. Ayer te desmayaste en mis brazos, seguramente es por estrés, lo que necesitas es despejarte un poco. Y en la cena me platicas cómo te fue con tus resultados médicos –dijo Jack, mientras extendía la mano a Lisa.
Con una tímida sonrisa, Lisa toma delicadamente la mano del piloto y se dirige con él al área de las habitaciones.
–Jack, agradezco tu preocupación por mí, es solo que… no estoy acostumbrada a salir –le dijo Lisa con sinceridad.
–Pues te irás acostumbrando, Lisa porque eso va a cambiar. Eres una mujer joven, hermosa, inteligente y tienes una vida propia –contestó Jack.
-Tengo una gran responsabilidad, no me puedo dar el lujo de salir a cada rato –dijo Lisa con preocupación.
–Olvídate un momento de tus responsabilidades laborales. Tienes un buen equipo de trabajo, Lisa. Despéjate un poco para que liberes el estrés de tantos meses.
–Trataré… Es solo que… –intentaba decir Lisa pero la voz de Jack la interrumpió.
–Llegamos, Lisa. Así que agradeceré que te cambies, puedes usar un vestido de noche y paso por ti a las 2000 horas –mencionó Jack con una voz seductora y se despidió dando un beso en la mano de Lisa, gesto que dejó sorprendida a la Capitana. El único que la saludaba así, era Karl Riber, hace muchos años, cuando se habían conocido en la adolescencia.
Lisa entró a su habitación y en sus adentros pensaba «Y ahora ¿qué hago? No traje ropa para salir, no tengo tiempo de ir a comprar algo, además, no sé qué intenciones sean las de Jack. Él es coqueto por naturaleza, pero no sé si esté pensando en algo más conmigo. Yo… yo no pretendo caer en su juego ni puedo aceptar a nadie más, no puedo, no quiero… menos ahora… que aunque estemos lejos, yo…» unos toques en su puerta, sacaron a Lisa de sus cavilaciones. Ella abrió la puerta y se llevó una sorpresa.
–¡Lisa! –dijeron las tres chicas y corrieron a abrazarla.
–Hola, chicas. ¿Cómo están? ¿Qué andan haciendo por aquí? –preguntó Lisa intrigada.
–¡Venimos a arreglarte! –dijo Kim.
–Sí, esta noche tienes que lucir espectacular, como una princesa. Es el debut de nuestra Capitana en la ciudad –dijo Sammy.
–¡Ay, Sammy! ¿Cómo es que se te ocurren tantas cosas? –exclamó Vanessa.
–Sí, Lisa. Hoy puede ser el día en que conquistes definitivamente a Jack, que de hecho, ya casi lo tienes en tus manos –dijo Kim.
–A ver, chicas, ¿a qué se refieren? –preguntó Lisa.
–Pues… que aquí tenemos todo lo que necesitas para esta noche. –dijo Kim, mostrándole unas cajas y bolsas de compra–. Además de que el capitán está muy interesado en ti.
–Yo también tengo algo para esta noche –dijo Vanessa, enseñándole lo que parecía ser una caja de zapatos.
–Vamos a tu recámara, Lisa, para arreglarte. Tenemos el tiempo justo. –dijo Kim
–Pero, ¿cómo…? –replicó Lisa–. ¿Cómo es que saben de la cita?
–Oh, ya lo sabes, dejaríamos de ser el trío terrible si no nos enteráramos de todo –continuó Kim.
–Lo sé, pero les aclaro que no es mi intención conquistar al capitán. ¿De dónde sacaron esa idea?
–Lisa, no hagas preguntas y vamos a apurarnos –sugirió Vanessa.
Así, las cuatro chicas, se dirigieron a la recámara de Lisa, entre risas, euforia y causando gran alboroto. Abrieron las cajas que el Capitán Archer les había proporcionado y comenzaron a sacar los productos que había en ellas. Se quedaron admiradas por el hermoso vestido y dos pares de zapatillas que el capitán había elegido para la capitana, así como una bolsa de mano del color del vestido. Lisa se quejaba de que cómo era posible que fuera a usar ese vestido, que las chicas no debieron ayudar al capitán en esa cena y demás cosas por el estilo. Las chicas sólo la escuchaban muy alegres, mientras la ayudaban a maquillarse y a arreglarse el cabello.
–¡Ya está! Solo falta que te pongas el vestido y ¡listo! –exclamó Vanessa.
–¡El vestido está maravilloso! –comentó Sammy.
–Sí, Lisa, póntelo. Tienes los minutos justos antes de que llegue el capitán.
–Chicas, les agradezco, pero ustedes saben que yo, bueno, yo…
–Lo sabemos, Lisa, pero queremos verte feliz o aunque sea, que recuperes un poco de alegría. Te queremos mucho y queremos verte bien –dijo Vanessa y las tres chicas abrazaron a Lisa.
–Además, aprovechamos para agradecerte que nos pusiste a esos tres guapísimos comandantes en el puente…–dijo Kim entre risas.
–Ay chicas, ustedes no cambian. Cuando regresemos a la Tierra, también le agradecen al Almirante Gloval y a Claudia. Solo pórtense bien. Los tres chicos, al igual que nosotras, han sufrido mucho porque perdieron a sus seres queridos y entraron a la milicia para defender a la Tierra de los seres que les arrebataron todo.
–Sí, Capitana, lo sabemos. Pero apúrese, el Capitán no tarda en llegar… -mencionó Sammy y las tres chicas salieron de la recámara de Lisa.
Así Lisa, se puso un par de zapatillas y después, se colocó el vestido. Todo le quedaba a la perfección. El vestido era rojo, de cuello halter circular, con un coqueto y elegante escote desde el cuello hacia el pecho y la espalda descubierta, entallado en la zona abdominal y con una abertura en la pierna izquierda. Las zapatillas eran rojas, de plataforma, con un tacón altísimo. Tenían pedrería de cristal con base dorada y una tira que se ajustaba al tobillo. Lisa se miró en el espejo de su recámara. Le gustó cómo se veía. «Tengo que admitirlo, Jack tiene muy buen gusto y las chicas hicieron un gran trabajo con el maquillaje sutil y el peinado tan bonito» pensó, mientras se veía de cuerpo entero. Las chicas le habían hecho un peinado alto, con el cabello recogido y solo unos mechones de cabello que le colgaban de manera desenfadada. El maquillaje fue muy natural, usaron sombras cercanas al tono de piel de Lisa pero que resaltaban sus hermosos ojos verdes. El lápiz labial fue en tonos neutros y definían perfectamente sus delicados labios.
Cuando Lisa salió de su recámara con el vestido y los zapatos puestos, las chicas se quedaron admiradas.
–¡Wow, Lisa! Te ves hermosa –exclamó Vanessa.
–Pareces Miss Universo. Te ves muy sexy y altísima –dijo Sammy.
–Como toda una modelo –dijo Kim–. Apurémonos, chicas, hay que irnos. El Capitán no tarda en llegar.
–Gracias, chicas, hicieron un gran trabajo conmigo –dijo Lisa.
–Para nada, tú eres hermosa –dijo Kim.
–Tan hermosa como nosotras –dijo Sammy entre risas.
–Nos cuentas todo mañana –dijeron las tres chicas, antes de irse como un torbellino.
A los pocos minutos, tocaron a la puerta de la habitación de Lisa. «Debe ser Jack». Lisa abrió la puerta y el Capitán quedó maravillado por cómo lucía la Capitana. Asimismo, Lisa notó que Jack se veía muy apuesto con el traje clásico de color negro que estaba usando. Sus ojos ámbar claro resaltaban con el contraste del color oscuro de la vestimenta. Podía notarse que Jack se había esmerado para mantener quieto su cabello alborotado. El perfume que Jack usaba tenía un aroma muy delicado y sutil, a finas maderas con toques cítricos, inundando los sentidos de Lisa, quien sonrió ligeramente.
–Buenas noches, Lisa –dijo Jack con voz muy varonil e impactado por la belleza de Lisa.
–Buenas noches, Jack. –contestó Lisa, sonriente.
–Te ves tan hermosa… –afirmó Jack con voz sensual mientras le sonreía a Lisa.
–Gracias, Jack. Tú también te ves muy bien –dijo ella sonriéndole también–. Gracias por todo.
–Es que tú lo mereces todo –dijo Jack y le guiñó un ojo–. Todo esto y más, mi bella dama. ¿Nos vamos? –sugirió Jack mientras le ofrecía su brazo a Lisa.
–Sí… -contestó ella.
Se dirigieron fuera de la zona habitacional de la base. Un vehículo elegante estaba estacionado justo en la entrada de la zona militar.
–Ven, Lisa. Subamos al auto –dijo Jack mientras abría la puerta y caballerosamente ayudaba a Lisa a subir.
–¿El auto es tuyo, Jack?
–No, hermosa. Solo lo renté para la ocasión, porque como te dije, lo mereces todo.
–¡Qué galante! –respondió Lisa y le sonrió.
Jack le correspondió la sonrisa, cerró la puerta del auto del lado del copiloto y él entró al vehículo en el lado del conductor, disponiéndose a manejar.
–¿Tienes idea a dónde vamos?
–Pues… A un restaurante, supongo.
–Lisa, ¿te das cuenta que acabas de subirte a un auto con el coqueto y experimentado, según tú, Jack Archer y no tienes idea hacia qué lugar vamos?
Ella sonrió con el comentario y volteó a ver a Jack, quien tenía la vista fija en el camino.
–¿Estás tratando de decir que vas a aprovecharte de mí por haberme subido a un auto contigo?
–¿Quieres que me aproveche de ti? O, más bien, ¿que nos aprovechemos juntos? –cuestionó Jack.
Jack detuvo el vehículo en un crucero y volteó a ver a Lisa, quien lo miraba con unos sus ojos cristalinos que despedían unos destellos brillantes, mismos que podrían confundirse con un fuego verde..
–¿Entonces esa es tu idea de invitarme a salir esta noche? ¿Cenar y pasar la noche conmigo? –preguntó Lisa que comenzaba a molestarse.
Lisa sentía que sus emociones comenzaban a hacer ebullición y tenía ganas de descender del vehículo en ese preciso instante, sin embargo, el auto comenzó a moverse. «Debo tranquilizarme y no etiquetar a Jack. Creo que son las hormonas que me alteran un poco. Le daré una oportunidad a este piloto sin prejuzgarlo, pues él siempre se ha portado como un caballero conmigo. Ya sé lo que se siente ser etiquetado por las personas, antes de tratar verdaderamente a alguien» pensaba la capitana.
–No, Lisa. Te ofrezco una disculpa si a ti te pareció así. Lo que menos quiero es que pienses que voy a intentar algo contigo. Solo quiero que te despejes un poco de tanto trabajo, mira el aspecto demacrado que tienes. Quiero que salgas de la rutina y que pases una cena agradable. Espero ser buena compañía para la mujer más importante del universo. –contestó Jack cortésmente.
–Gracias, Jack. Disculpa por pensar mal, yo… –dijo Lisa con duda.
–Lo sé, Lisa, pensaste que quería algo más. No te preocupes, es solo la fama que bien ganada la he tenido, pero hace años que dejé de ser así, cuando… –Jack hizo una pausa–. Bueno, en otro momento te contaré esa historia.
–¿Por qué no ahora?
–Porque hemos llegado, preciosa –dijo Jack sonriéndole a Lisa.
Ella observó el lugar y con sus brillantes ojos verdes, volteó a verlo y le sonrió.
–Gracias, Jack. Es el mejor restaurante de la nave.
–Es el mejor porque vas a estar tú en él –respondió Jack.
–Es porque ambos vamos a estar en él –añadió Lisa, haciendo énfasis en la palabra ambos.
Jack le sonrió mientras la veía fijamente y en su mente pasaban miles de pensamientos «Lisa Hayes, esta noche te ves espectacular. Eres tan hermosa. Tus ojos verdes me recuerdan a… No tiene caso recordarla, ella ya no está… La amé tanto y te veo a ti que es imposible no acordarme de ella, son tan parecidas. Solo que tú, eres más introvertida y estás completamente cerrada a una relación, lo que te hace ser más interesante para mí» pensaba el capitán cuando fue traído de vuelta por la voz de Lisa.
–¿De qué te estarás acordando, Jack? –dijo Lisa con una sonrisa–. O más bien, ¿de quién? –añadió, mirándolo fijamente con ojos coquetos.
–¿Por qué lo dices?
–Te ausentaste mentalmente de la conversación y tenías unos ojos de borreguito enamorado.
–¿Borreguito enamorado? –rio Jack–. ¿Cómo es eso?
–Así –dijo Lisa, haciendo un gesto similar al que Jack tenía unos instantes antes.
Ambos militares se carcajearon con el gesto.
–Ocultas muy bien tu sentido del humor –dijo Jack.
–¿Lo tomo como halago o como queja? –preguntó Lisa entre risas.
–Mejor toma mi mano cuando abra la puerta para ti, Vamos a descender del auto y el valet parking puede estacionarlo.
Jack ayudó a Lisa a salir del elegante vehículo. Ella tomó la firme y enorme mano de Jack. «¡Vaya! Archer podría ser un zentraedi micronizado, él tan alto y sus manos son enormes, con dedos largos y finos. Podría ser pianista también...» pensó Lisa para sí, mientras le sonreía a Jack y él le correspondía el gesto. El apuesto militar ofreció su brazo como apoyo para la capitana, quien le agradeció y enlazó su brazo al de él. Tranquilamente, caminaron a la entrada del restaurante donde Jack se reportó con el host.
Mientras tanto, en la Tierra, un meditabundo Rick Hunter caminaba por las silenciosas calles aledañas a la base «Solamente así puedo tener algo de quietud mental. No dejo de pensar en ti, Lisa. Si tan solo hubiera tenido el valor de aceptar mis sentimientos por ti. Siempre estuviste incondicionalmente a mi lado que nunca me di cuenta de lo mucho que me amabas ni de lo mucho que te amo. Te extraño, te necesito y te quiero conmigo, pero cada día que pasa, me aleja más de ti y me acerca al destino que he elegido. ¿Qué va a ser de mí sin ti?» pensaba Rick mientras inconscientemente sus pasos lo dirigían al único lugar donde encontraba paz y tranquilidad: La casa de Lisa Hayes.
Continuará...
Nota de autor:
Hola a todos los lectores. Comparto la continuación de esta historia, en la cual, los H2 están separados por ciertas circunstancias y unidos solamente por la inmensidad de las estrellas.
Hay varias historias en las cuales Rick y Lisa siguen caminos diferentes, pero cada narración tiene el punto de vista particular de quien la escribe. Espero sigan la trama de este fic que poco a poco va a incorporar personajes para enriquecer los capítulos. Bien, evitaré mencionar algún adelanto más, para que el lector lo descubra conforme se publiquen más actualizaciones de este fic.
Saludos especiales a Fabiola Collao, Maonome, Anto, Nana y a los invitados que han dejado sus comentarios.
Agradezco de antemano sus reviews, para conocer sus puntos de vista.
¡Saludos!
