Eran unos perfectos y hermosos ojos azules, grandes, expresivos, que lo veían con dedicación, se había dado cuenta que ella siempre le regalaba una mirada especial, era diferente a la que le daba a todo el mundo y eso que conocía a seres muy guapos, tal vez con más belleza que él. No podía explicarlo, sin embargo, cuando en el campo de visión de esos orbres azules estaba él, podía identificar el amor, la dulzura, lo mucho que él le orgullecia y lo agradecida que estaba con la vida por tenerlo, sabía mejor que nadie que él significaba su mundo entero, sí, Gray Fullbuster era todo para ella.
Nunca le enseñaron, jamás le advirtieron que el amor provocaba una desconexión neuronal, que hacía a las personas idiotas y por ende cometer locuras, que les creaba una necesidad de estar cerca y de procurar lo mejor para la otra persona. Era una adicción, la peor de las drogas, el amor era extremadamente peligroso, Juvia Loxar era lo único que necesitaba en su vida para ser feliz.
Que largo y suave cabello, le encantaba pasar su mano una y otra vez por esas hebras azules mientras ese olor se grababa en su cerebro, agradandolo, creando cierta satisfacción en su ser. Su sonrisa era como la de los angeles, aunque era consciente que no conocía a un ángel, Juvia era semejante a una diosa, a un ser divino, a lo más hermoso que había visto en su entera vida.
Despacio bajó su dedo por esa nariz pequeña, respingada y hermosa, a sus suaves mejillas, su piel que estaba siendo iluminada levemente por los rayos de sol que atravesaban las hojas se veía completamente perfecta. Se dedicó un poco a delinear esos labios, esos que le daban los más tiernos besos que se convertían en fuego puro, en delicia, en satisfacción.
El cuerpo de la Loxar era precioso, como una guitarra perfectamente afinada que podía reproducir las más bellas canciones cuando el artista sabía tocarla, Gray era muy bueno en lo que hacía y si que le encantaba tocarla.
Tomó su lápiz digital para continuar dibujando, una de sus cosas favoritas en el mundo era pintarla, porque cada dibujo, arte, pintura, quedaba perfecto cuando ella era la protagonista, estaba más que claro que lo que se reflejaba allí era lo que en su corazón habitaba, Juvia Loxar era lo más importante en su vida.
Bajó su tronco levemente, llevando sus labios a los de la joven que dormía recostada en sus piernas, la señorita sonrió automáticamente para abrir sus ojos con sus pestañas azules enormes e inmediatamente rascó su ojo un poco.
—Perdóname por dormirme en nuestro tiempo juntos.-Se disculpó, pero sabía que su cuerpo necesitaba recargar energías.
—No te preocupes, me gusta verte dormir. -Le acarició suavemente sus largos cabellos azules. —Además aproveché para estudiar un poco. -Mintió, porque Juvia no conocía sobre la colección de dibujos que él tenía de ella, en diferentes escenarios, expresando un sinfín de emociones.
—Me sentía muy cansada y ya que me encanta dormir en tus piernas fue cuestión de segundos para quedarme dormida.
—Se que no has descansado lo suficiente, no te inquietes, si quieres puedes seguir durmiendo. – Juvia estiró su trompita pidiéndole otro beso, ya que él solía entenderla y ser demasiado comprensivo, el muchacho juguetonamente volvió a sus labios para hacer presión por unos cuantos segundos, dándole un beso enorme y bastante tierno arrancándole una risita a Juvia.
—Mi reina hermosa. -Le dijo a unos cuantos milímetros de sus labios, después de separarse de su beso, Juvia llevó las manos a las mejillas del joven, suavemente, con dedicación y muchísimo amor.
—Mi rey, te amo mucho. -Cada vez que la muchacha le decía que lo amaba su interior se llenaba de alegria, de mil años de vida, su corazón se hinchaba y palpitaba únicamente por ella. En respuesta movió su cabeza para jugar con su nariz, le costaba, aún no podía decir que la amaba con todas sus fuerzas, que esa kamineko era su razón de vivir.
—Mi preciosa y hermosa esposa, nunca te vayas de mi lado.
—Jamás mi amor. -Estuvieron así por unos segundos, mientras él le llenaba de besos el rostro, demostrando lo mucho que la quería bajo sus acciones.
—¿Necesitas que te ayude a estudiar? -Gray negó con la cabeza, la chica se levantó para quedar sentada en el suave pasto y así rascar adorablemente su oreja.
—¿Qué quieres hacer? -El muchacho sonrió por la naturaleza de sus pensamientos, se aventuró a decirlo sin ningún tipo de filtro.
—Lo que hacemos cuando estamos solos tú y yo. -La muchacha se acercó sensualmente a su rostro entendiendo rápidamente a qué se refería, su pupila de manera inmediata invadió su iris convirtiendo sus ojos azules en negros, porque estaba observando algo que le encantaba y le fascinaba. Él la recibió en sus brazos y procedió con ese beso que se convertiría en fuego puro.
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Nekov meses antes.
Se encontraba terriblemente feliz, sabía que estaría en deuda con Gray toda su vida, siempre, lo que hizo por ella lo recordaría por lo que le quedaba de existencia y él empezaba a ganarse un buen lugar en su corazón, en su ser, estaba abriéndose un gran espacio en su vida. Poder presenciar el último concierto de su banda favorita, subir al escenario, tocar junto a ellos, recibir cumplidos de su parte, las chaquetas, la emoción, el Fullbuster sin darse cuenta se había ganado la entera confianza de Juvia.
Desde el primer momento que vio a Gray supo que era peligroso, pero, jamás se imaginó que empezaría a caer tan pronto, el muchacho comenzaba a ser sumamente importante para la futura reina y si que era guapo, no podía sentirse más feliz y emocionada por haber sido bendecida con ese esposo.
Gray entró a la habitación desde el closet tratando de ajustarse su moño con cierta dificultad, no estaba tan familiarizado con ese tipo de ropa así que era un tanto difícil acomodarse todo con éxito, ella se acercó a él, era muy temprano y aún se sentía un tanto adormilado.
—Permíteme ayudarte. -con dulzura la muchacha empezó a arreglarlo, el joven bajó su mirada avergonzándose, dejando que ella hiciera eso por él, aunque podía pedir ayuda a algun kamineko que les servía, era mejor que Juvia le ayudara.
Dejó su mano apoyada en el pecho del Fullbuster, tratando de hablar directamente a su corazón, quería ser sincera y el humano no la apartó, se quedó viéndola recordando como se sintió en el concierto, cuando ella lo besó e hizo salir fuegos pirotécnicos de su cuerpo.
—Quiero decirte que no debes preocuparte ni agobiarte si no lo consigues en la primera oportunidad. -El muchacho la vio a los ojos. Sus palabras eran verdaderas, sus manos en su cuerpo, ella era físicamente muy hermosa, por un efímero segundo se preguntó si eso era lo que significaba tener una esposa, una persona a su lado que lo apoyaría en todo, que lo animaría a hacer cualquier cosa que se propusiera y aunque toda su vida luchó en contra de lo que le sucedería, en ese instante no le molestaba tenerla a su lado. —Confió plenamente en tus capacidades, se que eres muy inteligente y capaz, así que tengo mi confianza en ti. -Le sonrió para subir su rostro y mirarlo.
—El nivel de exigencia de la universidad a la cual van a ingresar es muy alto, así que si no logras aprobar el pre examen, no importa lo que te diga la reina, lo mucho que insulte tú inteligencia o lo estricta que puede llegar a ser, yo siempre, nunca lo olvides, estaré dispuesta a enseñarte todo lo que necesites. -cerró los ojos al sentir ese corto y delicado beso en los labios que ella le regalaba, muy típico de ella, Juvia era muy tierna.
—No permitiré que te avergüencen, voy a aprobar. -Ella sonrió para asentir, sabía que Gray tenía su carácter y que era bastante competitivo, un tanto testarudo y bastante voluntarioso.
—Está bien, por tanto, debo darte energías gatunas.
—¿Ah? -preguntó algo confundido, sin tener la mínima pista de a que se refería, en realidad era nuevo en ese planeta y no entendía o conocía muchas de las cosas que allí existían.
—Sí, es de vital importancia, un amuleto para que logres todos tus objetivos. -Se acercó para suavemente acariciar el rostro del humano con sus manos, se puso en puntitas para llegar a su nivel y acercó su nariz a la de él.
—Meoooooowww -Exclamó con dulzura y bastante energía, ella podía pasar como una pequeña y ridicula kamineko, como la más tonta, pero lo hizo sonreír con sinceridad.
—No hagas jamás esto en público. -Ella asintió sonrojándose un poco.
—Se que piensas que es algo idiota, que debo ser una inmadura.
—No pongas palabras en mi boca que jamás dije. -Hizo un movimiento adorable con su cabeza, para darle entender que había entendido, que no tenía que sobrepensar las cosas.
—Perfecto, voy adelantándome al comedor, tu cerebro debe tener alimento para que tu desempeño sea el mejor. No tardes. -Le encantaba ese tono rosa en las mejillas de Juvia, lo inocente que lucia solo por regalarle un pequeño besito y ese día en particular lucia muy hermosa, no creía que esa nivel de belleza fuera posible.
Negó con la cabeza, lo de ellos se trataba de un matrimonio arreglado, podía empezar a pensar que estaba bien quedarse junto a ella, tener una familia, hijos y envejecer juntos y no podía caer en su juego, en el sistema, Juvia al igual que él había sido obligada a casarse por lo que estaba seguro que logrando que se acabara el proyecto de los Chosen one liberaría a la princesa de su matrimonio, en su mente le estaba haciendo un favor a ambos. Debía lograr que Juvia fuera reina y después de eso se encargaría de tomar las decisiones.
La jovencita salió de la habitación, no sin antes regalarle una mirada, una que contenía todas las buenas energías para que pudiera aprobar su examen, él no sonrió, tenía que continuar siendo fuerte, Juvia derribaba sus murallas, solo podía inferir que se trataba de alguien sumamente inteligente, de todas las personas en Nekov, Juvia Loxar era a la que más debía tenerle cuidado.
Salió, para saludar a su cuidador, Jellal se puso en guardia al verla, no podía negar que le encantaba verla cada mañana, que su vida era esa kamineko, que estaba profundamente enamorado de ella.
—Buenos días, su mejestad. Luce muy feliz. ¿Se debe a algo en especial el motivo de su sonrisa? -Ella negó con la cabeza, no podía decirle al encargado de su seguridad que se había escapado a un concierto con su esposo, simplemente no era una buena idea. Sin embargo, algo fuera del lugar estaba sucediendo, Jellal conocía que Juvia era fan de la banda, que la entristecía no haber podido asistir al concierto y había notado que en la mañana anterior estaba muy triste, claramente algo estaba sucediendo para tener ese cambio tan repentino de estado de ánimo.
—No, para nada. Solo debo confesar que tengo el mejor esposo del mundo. -Y ahí la sonrisa del peliazul desapareció, eso que acaba de escuchar fue frustrante y despertó en el una gran cantidad de sentimientos negativos, de envidia y sobretodo de mucha rabia.
Pensaba constantemente en eso, el pensamiento que más le atacaba era el hecho de que ese hombre le había robado la pureza a su Juvia, que noche tras noche la hacía suya y era algo con lo que debía vivir, sin embargo, ese sentimiento de desaparecer a Gray crecía asemejándose a una bola de nieve y debía aceptar que tenía miedo, se encontraba aterrado que en cualquier momento no pudiera contenerse y asesinar al humano.
—El día de hoy tenemos muchos compromisos, lo mejor será apurarnos, si tenemos suerte podremos llegar antes de las diez de la noche. -Asintió ante las palabras de Juvia, esas que sonaban hermosas y tranquilizantes, no tenía la menor idea que había hecho para que ella sonriera de esa manera, pero al menos después de verla triste le agradaba que ella lo hubiera podido superar con éxito.
—Tiene razón. -No podría mostrar en ese momento lo terriblemente afectado que se sentía, debía aparentar que los celos no lo estaban comiendo por dentro. Que no tenía esas incontrolables ganas de asesinar al humano.
Gray salió minutos después dirigiéndose al comedor, no sin antes saludar a su guardia que lo esperaba, cuando llegó ella ya no estaba para tomar el desayuno junto con él, no le había preguntado si iba a acompañarlo o a donde se dirigía, por lo que extrañamente su corazón sintió un vacío al saber que ya no estaba. Respiró hondo, no es como si la necesitara, a veces no entendía las reacciones de su cuerpo, era todo un enigma. Ella no era nadie, era una perfecta desconocida, una hermosa kamineko que en cualquier momento podía sacar su verdadero yo y atacarlo.
Comió porque ella le había dicho que necesitaba alimento, aunque era demasiado tarde se tomó su tiempo para alimentarse, respiró hondamente, era más que obvio que no estaba nervioso, de hecho en el castillo siempre fue muy bueno en todo lo que respectaba a exámenes, pruebas y exposiciones, sin embargo, en ese momento su entrada a la universidad estaba en juego y no podía retrasar a Juvia, entre más tiempo se demorará la coronación debía permanecer más tiempo a su lado.
Pensó que Natsu ya había ingresado, por lo que se levantó agradeciendo por la comida y se dirigió a la biblioteca del castillo, su mirada por inercia se dirigió a la mesa donde los tres estudiaban, donde Juvia quien sabe de donde sacaba la paciencia suficiente para enseñarle a Natsu cuando el pelirosa era bastante frustrante, eran recuerdos que empezaban a quedarse en su mente.
Caminó por unos cuantos pasillos, siguiendo los estantes repletos de libros perfectamente organizados por color y dificultad, dirigió su mirada al techo, ese que contenía una hermosa pintura que desde que llegó le fascinaba, admiraba a aquel que había hecho semejante obra de arte y es que le traía tranquilidad, era de un tono igual al de su cabello, si, ese lugar era muy familiar para él. Caminó otro poco y llegó al gran salón donde una kamineko lo detuvo.
—Príncipe, mucho gusto. Mi nombre es Lisanna, soy supervisora del preexamen de ingreso. Por lo cual le pediré que deje sus dispositivos electrónicos en esta caja, le serán entregados tan pronto finalice la prueba. -El muchacho asintió para poner sus aparatos donde la kamineko de hermoso cabello plateado se lo había indicado.
—Si reconoce a alguien le solicitaré amablemente que se abstenga de saludar, en el descanso pueden hablar sin ningún problema. Lo anterior debido a que estamos a punto de empezar.
—Entiendo, me apresuraré entonces.
—Su puesto es el número uno.
—Gracias.
Sus ojos grises se dirigieron a todos los presentes, habían bastantes seres en el lugar, muchos más de los que imaginó, la mayoría eran kaminekos hembras, seres que no conocía, bastante hermosas y era notorio que tenían una vida llena de lujos, habían más guardaespaldas que aspirantes, muchas kaminekos eran importantes, aunque fue imposible no reconocer a dos de sus compañeros humanos, Loke y Gajeel. Era una gran sorpresa tenerlos ahí y aunque se moría por preguntarle cómo estaban, decidió hacerle caso a las indicaciones de Lisanna y se sentó, sin embargo, sus ojos se abrieron motivados por la sorpresa al ver a Ultear en uno de los puestos.
No tenía la menor idea que hacía ella, un alto cargo del concejo, esa que tenía demasiados títulos universitarios y que desprendía maldad hasta respirando, ¿Para que estudiar su carrera? Realmente no lo entendía, debía tener cuidado, debía ser en extremo precavido. Su sonrisa era inquietante, sabía que era una kamineko que poseía una gran belleza, era de esas que despertaba el endemoniado instinto sexual de cualquiera, pero, claramente no era su tipo.
Saludo con su cabeza al pelirosa a su lado, ese que estaba sentado en la silla número dos y que se encontraba temblando, estaba bastante asustado, si, se veía que se encontraba aterrado de fallar y es que nunca fue bueno en los exámenes y mucho menos en tan complejos como los que estaba apunto de presenciar.
—Todo estará bien. -Trató de calmarlo con sus palabras, sin embargo, no fue posible, ya que entró una pequeña kamineko.
—Buenos días. -Saludó haciendo que todos los presentes quedaran en completo silencio. —Soy Levy McGarden, erudita. -Si no se equivocaba era la esposa de Gajeel, una de las personas más inteligentes de todo Nekov.
—Guiaré el preexamen y seré la vigía, la prueba constará de 300 preguntas, el primer bloque tendrá 150, irán a un descanso donde se alimentarán y volverán aquí para terminar el segundo bloque. -El pánico en la mirada jade de Natsu era evidente, no lo deseaba.
No entendía porque sentía ese apretón en el pecho o a que se debía, Juvia lo había ayudado a estudiar, estaba preparado, se sentía con unas buenas bases para desarrollar el examen, pero no comprendía porque estaba buscándola entre los presentes, ella era una kamineko bastante ocupada, era normal que no estuviera.
—En la mesa de vidrio que tienen enfrente encontrarán las preguntas del examen, con su lápiz digital respectivo. Está prohibido hablar con sus compañeros, hacer algún tipo de trampa, el candidato que sea descubierto será expulsado de manera permanente sin ninguna posibilidad de reingreso. -Era una pequeñita kamineko, con sus gafas, se veia adorable, pero claramente influía terror.
Gray se dio ánimos, recordó que ya tenía su energía gatuna, aunque se trató de patético tan solo por pensar en eso.
—El examen empezará exactamente en un minuto. -Tomó su lápiz digital para respirar hondamente y centrarse, esperando que todas las preguntas aparecieran en su pantalla. Vio como las personas a su alrededor al unísono hicieron reverencia, de inmediato llevó sus ojos al balcón del segundo piso.
—Lamentó distraerlos, pueden levantarse, por favor céntrense en su examen. -Y se sentó en su silla, no era su plan estar ahí, sin embargo, solicitó la cancelación inmediata de su agenda cuando descubrió que Ultear estaba presentando el examen para ingresar en el mismo programa que Gray, era un total fastidio para Juvia que esa kamineko osara pensar si quiera en acercarse a su esposo.
Y la vio, era una advertencia, Juvia estaba en ese lugar por una cosa, estaba marcando territorio, imponiendo su dominio, sin embargo, el Fullbuster no lo pudo notar, desconocía la razón por la que ella estaba ahí y muy en el fondo, dentro de él, bien escondido, le encantaba que estuviera alli.
Se centró, la tenía ahí, debía agradecerle por todos sus sacrificios y retribuirle el haberlos ayudado a estudiar con una excelente calificación, no podía fallar, debía no sólo aprobar, sino tener el mejor desempeño.
Así que pacientemente supervisó el examen para ayudar a Levy, era hermosa, una princesa, Gray podía escuchar los comentarios de los presentes, todos concordaban en una sola cosa, Juvia lucia como una deidad, era preciosa y demasiado elegante, pero ella solo era de él.
La Loxar no tenía necesidad de montar una escena, ella era todo un espectáculo agradable de presenciar y Ultear tenía que saber que Gray le pertenecía solo a Juvia, que no le quitaría la mirada de encima.
La desesperación de Natsu era notable, ni siquiera sabía por donde empezar, eran una gran cantidad de preguntas, al leer la primera no entendía nada en lo absoluto y cuando intentaba con otra solo parecía desesperarse más y más.
Desde su posición la princesa podía observarlo, podía ver todo y claro que veía como esa kamineko observaba a Gray, que asco le causaba. Sin embargo, volvió sus ojos a Natsu, estaba en problemas y lo pudo notar, por lo que por medio de un tatareo simple, como si solo estuviera perdida en sus pensamientos silbo la canción haciendo que el Dragneel se calmara, él siguió cantando en su mente recordando las cosas, bien era un avance para el joven.
Leer, después de eso dedicó su mente en algo más, aunque no podía dejar de pensar en esa arpia, solo podía imaginársela agarrándole el cabello y sacándola arrastrándola, diablos, como quería hacer algo en contra, por lo pronto solo espero pacientemente, debía quedarse allí mientras finalizaba el primer bloque.
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Salió de la biblioteca en el primer descanso, necesitaba algo de aire porque si seguía viendo a esa pelinegra perdería el control de sí misma.
—Juvia, se que ayudaste a Natsu a estudiar. -La peliazul vio a su hermana afuera de la biblioteca, sorprendiéndose, asintió, le extrañaba de gran manera que estuviera hablándole, ellas ya no tenían una buena relación.
—Mi esposo y Natsu necesitaban algo de ayuda. -No quería que lo malinterpretara, las kaminekos podían llegar a ser territoriales, bastante celosas, sus humanos lo eran todo.
—Lo sé, se mejor que nadie que a mi esposo no se le dan estas cosas. Muchas gracias por intentarlo, pero por la expresión de su rostro apuesto a que no lo logrará. -el corazón de Juvia brinco de alegría, su hermana adorada le agradecía, le dirigía la palabra sin reprocharle o tener malos comentarios.
—Tu esposo hace su mayor esfuerzo, aunque si te soy sincera, hermana, probablemente no lo logre. -Debia aceptarlo, Natsu no era tan bueno recordando de memoria temas en específico, sabía que el examen era bastante extenso y algo confuso. No, el pelirosado no iba a aprobar.
—Se que te inquieta que no tenga a su mejor amigo cuando ingrese a la universidad, ya que la presencia de esa desagradable kamineko en este lugar no es una coincidencia. -Juvia asintió, era un libro que podía ser leído, era tan transparente su expresión en el rostro, su preocupación, Gray era su esposo y ella un ser malvado, oscuro, que no le importaba nada ni nadie, no se le cruzaba por la mente cual era su plan, su objetivo, solo deseaba que dejara a Gray fuera de todo.
—Juvia, debes arreglar el tema de tu virginidad cuando antes. Su vínculo se fortalecerá y él lo pensará dos veces antes de traicionarte. -La peliazul bajó su cabeza, no podía solucionarlo cuando él la rechazaba.
—Él no me va a traicionar. -Estaba segura que Gray no sería capaz. Lucy la vio, siempre consideraba a Juvia como alguien ingenua y bastante noble.
—No me preocupo por ti, pero sabes lo que nuestra madre les podría hacer si los descubre y esa idiota de Ultear lo sabe, no estás segura, mucho menos Gray. -Era su hermana, era imposible no sentir que estaba en peligro.
—Lo solucionaré, confía en mi. -Ella asintió.
—Está conversación jamás sucedió y es la última vez que te aconsejaré sobre Gray o tu relación.
—Gracias. -Antes de que ella pudiera abrazar a la rubia, la chica tomó su camino.
Gray fue hacia los chicos, se dieron un gran abrazo, entre machos humanos, poderse volver a reencontrar y hablar recordando los viejos tiempos, era refrescante, al menos los hacia olvidar que su cerebro estaba a punto de estallar con tantas preguntas que estaban completamente difíciles, salieron de la biblioteca directamente al comedor.
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—Agradezco su espera, debo informarles que la calificación fue efectuada por la última versión de nekolificator, donde el concejo de la universidad fue quien supervisó que todo estuviera en orden. A continuación, me permitiré leer los candidatos que fueron aprobados en orden desde el mejor puntaje. De los ochenta candidatos presentes aprobaron veinte. Los que no lograron aprobar pueden volver a presentarse el siguiente semestre.
Su mirada buscó la de la Loxar, ella sonrió, pero solo había una cosa en su mente, deseaba que Gray no aprobara, que Levy no lo nombrara, no quería que quedara en el mismo grupo que ella.
—Ultear Milkovich. -Sabía que iba a pasar, era una kamineko bastante inteligente. —Gray Fullbuster. -Una maldición pasó por su mente, no podía ser. Tenía que planear algo, debía hacer algo para evitar que ella se involucrara con su esposo.
—Loke -Esperaba, guardaba la esperanza de que fuera a nombrar a Natsu o en su defecto a Gajeel, sabía que ellos serían buenas influencias para él, sin embargo, pasaron los veinte nombres y ninguno de ellos le pertenecía a sus amigos. No conocía a Loke, no tenía buena relación con su kamineko por lo que no podía hablar con él, debía buscar una forma.
Se retiró del lugar despidiéndose y agradeciendo, debía atender unos asuntos.
Llegó al castillo después de varias horas, el guardia de Gray le aseguró que Ultear no se había acercado a su esposo, pero, aún así debía tener cuidado.
Ingresó en la habitación donde él ya se encontraba descansando.
—Esposo mío, no tuve la oportunidad de decírtelo, sin embargo estoy muy orgullosa de ti.
—Ese examen no fue nada, he aprobado muchos más difíciles. Lo único que no entiendo es porque esa kamineko me ganó, no sé en qué fallé. -Y Ultear cayó de nuevo en su mente, como la peor bomba nuclear.
—Aún así tuviste un excelente desempeño, no seas exigente contigo, eso sonó como un mal consejo, pero lograste el objetivo, luego puedes pulir ciertas cosas. Por ahora debemos celebrar tu logro, no bajar la guardia porque aún falta el examen de ingreso, empero, te llevaré donde tú quieras, haremos lo que tú quieras. -El muchacho se quedó pensando por un momento, no sabía que hacer o a donde ir.
—Quiero que me lleves a un lugar que pueda usar de inspiración en mis pinturas.
—Conozco el lugar perfecto. Vamos a nadar un poco.
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Sus ojos grises se abrieron debido a la sorpresa, al capturar el paisaje tan bello e increíblemente hermoso que no lucia real. El agua se podía apreciar tan clara por las luces bajo la superficie, precioso, como si se tratasen de las mismas estrellas, pero situadas en la cristalina agua y lo mejor era que estaban completamente solos.
—Es hermoso, Juvia. -al voltear a ver a Juvia sus mejillas se colorearon de gran manera, pues la joven se estaba quitando toda la ropa.
—¿Qué haces? -Su mirada se apartó de inmediato mientras trataba de ver un punto fijo y no caer en la tentación de volver a verla.
—Podríamos enfermarnos si usamos ropa mojada. Por lo que no nos arriesgaremos, sabes que jamás te arriesgaré. Aún tienes que aprobar el verdadero examen de ingreso. -y tragó toda la saliva que tenía en la boca al ver como caminaba frente a él como la habían traído al mundo, para adentrarse en el agua, como su espalda perfectamente trabajada junto a la curva que hacía su cintura y su armoniosa y levantanda retaguardia le hacían una indecente invitación.
—¡Ven! – Se volteó mostrandole sus pechos que eran visibles gracias a las luces de colores que salían debajo, ya que solo el agua le llegaba hasta la cintura.
—El agua tiene la temperatura perfecta. -Y fue como si una sirena le hubiera dicho que lo siguiera, pues sin rastro de voluntad hizo caso, perfectamente idiotizado y como si se tratase de un robot, se despojó de su ropa para seguirla, para entrar al agua y comprobar que era relajante y bastante agradable.
Lo esperó mientras entraba, ya se habían visto con anterioridad desnudos, pero Juvia no podía negar que él despertaba en ella unas endemoniadas ganas de hacerlo suyo. Si, sus genes influían, eran salvajes y un tanto animales.
—¿Ves esa roca que está allá? -Y era una tarea completamente dificil verla a la cara cuando sus ojos se desviaban a ese par de creaciones, perfectas, bien hechas, que lo incitaban a tocarla.
—El primero que llegue gana, tu tendrás que darme un beso si gano.
—¿Y si yo gano?
—Podrás pedirme lo que quieras.
—Soy bueno nadando. -Afirmo convencido de que ganaría, ella asintió.
—Buena suerte. Uno, dos, tres. -Se sumergió, fue cuestión de segundos para que ella le demostrara que no por nada había armado esa competencia, era buenísima nadando.
Se sorprendió, porque era como una sirena, pero muchísimo más sexy y eso representaba su rendición, sus ojos solo podían seguirla, mientras se movía a gran velocidad bajo el agua. Él después de treinta segundos, con cierta dificultad, llegó a ella.
—Te gané. -Dijo con victoria en su voz.
—¿Estas segura que no hiciste trampa?
—Claro que no, el agua es mi elemento, desde que soy pequeña tengo habilidades.
—Tenemos que repetir la competencia.
—Pero primero me merezco mi premio. -Dijo ronroneando y reclamando lo que le pertenecía. —Y te quiero a ti. -Él pasó toda la saliva que tenía acumulada en la boca, atrapado, acorralado por esos grandes y hermosos ojos.
Lo besó, no se trataban de sus contactos tiernos, estaba allí por un motivo, le preocupaba lo que le había dicho Lucy, Juvia estaba tratando de seducir a Gray y estaba haciendo un buen trabajo porque él seguía sus labios, fue el primero en introducir su lengua en su boca, el muchacho sabía que ella tenía cierto poder sobre él.
—Ahora el perdedor deberá besar al otro en un lugar diferente a los labios. -El muchacho se sonrojó mucho más, imaginando donde podría besarla y si, se imaginó por unos segundos mordiendo sus sexys y rosas pezones.
—Deberíamos jugar otra cosa.
—¿Te da miedo seguir perdiendo? -Lo retó porque sabía que Gray odiaba perder.
—Juvia, soy un hombre humano y tú una erotica, hermosa y desnuda kamineko en frente mío. Aunque quisiera hacerte de todo, no estoy preparado aún. -respiró hondamente.
—Lo sé, sin embargo, debo prepárate para que estes listo. -Su corazón se detuvo al ver como ella se acercaba mucho más, sus ojos por instinto bajaron a su hermosa figura que podía ser apreciada por medio de las luces, sus grandes pechos, Juvia era extremadamente hermosa y subió su mirada nuevamente sintiendo como sus mejillas hervían.
Sin rastro de voluntad permitió que alcanzara y tomará su mano para entrecruzar los dedos con los de ella, con suavidad lo dirigía para jugar, para suavemente como si de una danza se tratara, relajarse y sentir el fluir del agua. Respiró hondamente al sentir que se acercaba mucho más de la cuenta, no entendía como ella tenía semejante poder en él, era demasiado bella.
Llevó la mano del hombre a su pecho, para dejarlo ahí y acomodarlo.
—Tócame, solo un poco. -Eran suaves, grandes, enormes, era la primera vez que le tocaba los pechos a una chica y no podía sentirse más atraído y maravillado. Le arrancó un suspiro al apretar su pecho para luego acariciar suavemente su botón rosa.
—Pense que tenías ocupada tu agenda. -Trató de cambiar el tema porque estaba perdiendo completamente la cordura y su cuerpo empezaba a exigirle cosas que simplemente no quería que pasaran tan rapido. Ella rió por su comentario, estaban tocando zonas erógenas de su cuerpo y él quería hablar.
—Tienes que entender que tú eres mi prioridad.
—Juvia, por favor… -Le advirtió, sabiendo que era humano, que era un hombre, que su corazón estaba latiendo descontrolado por su cercanía, por ella, tratando de contener las endemoniadas ganas de dejar actuar sus instintos y de hacerla suya.
—Quiero respetarte. -Sin embargo, sus acciones eran totalmente contrarias a lo que decía, pues subió su otra mano al otro pecho de la joven para toquetearla, la muchacha solo cerró los ojos mientras sentía las caricias, esas grandes manos en sus pechos, soltó un suspiro de plena satisfacción.
—Soy tu esposa, esta sería la única falta de respeto que permitiría. -Se apoderó de sus labios, abrazándolo para poner sus manos en la nuca del macho, largo, mientras él seguía acariciando, apretando, dejándose llevar por lo hermosa que se veía bajo el agua, por sus instintos humanos.
—Quiero que hagamos esto cuando nos amemos. -Ella suspiró hondamente para darle un beso apasionado, él la siguió, no es como si no tuviera en frente a una hembra sexy y terriblemente apetecible.
—Por favor basta, estás despertando en mi… -No pudo completar la frase por la vergüenza que le causaba la reacción de su cuerpo, ella sonrió, porque sentía esa presión y no podía sentirse mas complacida al oler a su esposo y percibir ese olor a deseo, sabía que Gray en ese instante la quería tener.
—Es nuestra naturaleza, es la manera en la que tu cuerpo expresa lo que quiere y yo te pido que te dejes llevar por esos deseos.- Le costaba negarse y mucho más con ella besando su cuello, permitiendo que robara su respiración, Gray no entendía como la estaba abrazando, tratando de que ella no se fuera de su lado.
—Debes prométeme algo. -Le dijo sensualmente en su oído, provocando que todo en él se erizara, como una corriente que lo recorrió a gran velocidad.
—Debes alejarte de Ultear, es mala.
—No me cae bien, no me acercaré a ella. -Se separó para verle el rostro, claramente preocupada y él lo pudo notar.
—Si tu me traicionarás, yo tendría que seguir adelante porque soy de la familia real, fingir y hacer como si nada me pasara, pero estaría muerta por dentro. -El muchacho cerró los ojos, no podría prometerle nada, no cuando su objetivo era acabar con todo, ser libre.
—No te sería infiel, Juvia.
—No solo con el hecho de no ser tu única hembra me traicionarías, pues si tienes sexo con alguien más que no sea yo te condenarían a muerte. -Y había soñado bastante amenazante. —Soy de la próxima reina Gray, no te puedes imaginar cuantas acciones representarían una traición.
—Lo sé, solo confía en mi.
—Confió en ti, tú estás por encima de todo, esposo mio. Espero que yo también sea así para ti, algún día. -Gray suspiró hondamente.
Le dio un beso en su frente, tierno, tratando de romper la terrible tensión sexual que estaban teniendo, porque el ser uno con ella estaba ganándole a todo su interior.
—Juvia, te lo debo. -Le dio la espalda para nadar alejándose de la tentación, la terrible tentación que tenía unas impresionantes piernas y unos enormes pechos, aunque sabía mejor que nadie que quería en ese instante hacer de todo con ella.
—¡Esperare todo el tiempo que sea necesario! -Gritó para reír y sumergirse en el agua un tanto frustrada, tratando de bajar su calentura.
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Detestaba que Juvia hubiera conseguido su felicidad, en realidad no se trataba de eso, el amaba que la kamineko que amaba fuera feliz, lo que no soportaba era que esa felicidad se la estuviera dando un humano, un aparecido, alguien que para sus ojos no merecía a Juvia.
Ese humano era rebelde, mal hablado, no la trataba como la reina que era, si, era sencillo, la idea estuvo en su mente desde hace meses, tal vez durante años, pero esos pensamientos se intensificaron cuando conoció a Gray, fue demasiado para él conocer a ese asqueroso humano, era sencillo si acababa con la vida del Fullbuster, así lograría tener una pequeña oportunidad con Juvia.
—No, Jellal. No puedes lastimar a ese imbecil. -el peli azul era transparente y mucho más sincero en esos instantes con ella. Se sentó al borde de la cama para empezar a vestirse.
—Ultear lo voy a matar y no estoy jugando.
—Si lo haces ella sufrirá todas las consecuencias.
—Yo la protegeré de personas como tú. -la pelinegra rio a carcajadas, con esa mirada que le indicaba al peliazul que más le valía hacerle caso.
—No me retes, porque sabes perfectamente de lo que soy capaz. -Era amenazante y no le temblaría la mano para tomar cualquier decisión.
—Tu también sabes de lo que soy capaz, ese maldito humano tiene que morir. -Sonrió casi invadido por la locura, jamás estuvo tan motivado a hacer algo antes.
Hermosuras hasta aquí capítulo; gracias por leer. No contestare sus hermosos reviews pero los leo, así que si quieren dejarme sus opiniones aquí abajito pueden hacerlo.
Los quiero muchísimo.
