Mini notita: este capitulo es más cortito, sé que el anterior fue largo jaja pero no quería dejar fuera varios elementos para más adelante. me gusta la idea de recordar momentos previos al actual de la historia, así que hay un pequeño flashback Inukag que espero guste...
Gracias a los que dejaron comentarios, la verdad hace años no escribía fanfics y es gratificante leer sus opiniones... MUCHAS GRACIAS :)
Cap 2: Desde el pueblo de los Hanyos: Kenji el semidemonio
El chico frente a ellos respiraba de manera agitada. Su rostro pálido demostraba su deplorable estado de salud. Aun así, se mantenía agachado haciendo la reverencia. Moroha pudo percibir el aroma de su sangre y sintió cómo se compadecía inmediatamente de él, su ropa daba cuenta que había tenido alguna especie de batalla hace poco, porque brotaba sangre lentamente de su estómago, justo en el lado izquierdo.
Inuyasha, sin cambiar su expresión de desconfianza, no soltaba el agarre de su espada. Su hija, en cambio, se acercó al muchacho.
-¡Que haces !- gruñó su papá, mirándola atónito.
-Papà, está sangrando no me digas que no lo notaste… hay que ayudarlo.
-Como sabes que no es una trampa niñita, además ¿ puedes probar todo lo que dices?
El chico reaccionó ante eso y haciendo un esfuerzo increíble sacó de su parte superior del traje una pequeña carta que tenía manchas de sangre.
-Si, disculpe. La señorita Shiori me ha pedido que le entregue esto.- Kenji quiso entregarla en las manos del medio demonio pero, al ver su postura tan tensa, prefirió dejarla frente a él en el piso. Moroha la tomó en sus manos y se la pasó a su padre.
Al abrirla, pudo notar que el sello era un pequeño broche o algo por el estilo. Lo sacó y leyó el contenido de la carta.
Estimados Inuyasha-sama y Kagome-sama
Quien les escribe es Shiori, la hanyo que conocieron el el pueblo costero cuando se encontraban en la búsqueda de aumentar los poderes de colmillo de acero y a quien, como siempre recuerdo, salvaron de las garras de un terrible demonio como lo fue mi abuelo. Con mucha alegría les envío esta carta, luego de saber por el monje Miroku que ambos se encuentran bien y a salvo. Como bien ya deben saber, hace años recibí a vuestra sobrina en el pueblo escondido del que soy la encargada, donde me he dedicado años a cuidar a pequeños niños hanyo que se encuentran desamparados. Es por motivo de uno de esos infantes que me dirijo a ustedes, específicamente Kenji, un semidemonio de padres desconocidos, que ha entrenado sus poderes a través de los años. Aunque en este tiempo ha logrado aumentar sus capacidades, su entrenamiento requiere de pasar a un siguiente nivel. Mis deseos con estas palabras es que Inuyasha-sama acepte esta humilde solicitud que consiste en que entrene, hasta que lo considere necesario, a el joven que se presenta frente a ustedes. Lo consideré por sobre otras personas porque, al momento de recibirlo, Kenji tenía en su poder una espada que tiene el mismo poder que colmillo de acero: absorber el poder demoníaco de otros seres.
Para darle más peso a esta carta, adjunto como sello de la misma uno de mis broches del pelo. Vuelvo a reiterar mis inmensos deseos de que acepte a mi pequeño como su discípulo y lo cuiden como lo he hecho yo todos estos años.
Mis mejores deseos y agradecimientos a vuestra hermosa familia,
Shiori.
Inuyasha terminó de leer y sintió cómo venían a él los recuerdos de cuando conoció a la pequeña hanyo. Él nunca había conocido muchas personas de su misma especie, aquella niña había sido una de las primeras y todo lo que sucedió en esos días era algo que nunca pudo olvidar. Luego, cuando se enteró que la misma chica había prácticamente criado a su sobrina menor, sintió un cálido agradecimiento en su corazón. Setsuna era una adolescente extraordinaria, que a pesar de conservar la misma actitud seria y desinteresada de su padre, poseía algo con lo que él se sentía muy conectado y era el deseo de ser más fuerte y vivir tranquila. A pesar de todo eso, la idea de tener a ese chico en su casa y tener que entrenarlo no le hacía ninguna gracia. Vio el broche mencionado en el papel y lo olió, detectando sin dificultad que si era el aroma de la mitad demonio en cuestión. Esa, definitivamente, era una prueba.
-Bien, dices la verdad pero aun así, lo siento, no puedo entrenarte.- Inuyasha relajo su postura y se giró, mostrando su decisión. El chico frente a él lo miró acongojado, tosiendo como si tuviera arena en los pulmones. Moroha lo miraba totalmente preocupada, es cierto que era un desconocido, pero era imposible que alguien en esas condiciones fuera una real amenaza.
-Creo que deberíamos decirle a mamá, seguramente no ha escuchado el alboroto porque se metió a su habitación…-la niña miró a su padre buscando comprensión, a lo que este la miró bufando. Se negaba a cooperar. La adolescente se aburrió de la actitud de su padre y entró rápidamente a la cabaña, para traer consigo en breves segundos a su madre.
-¿¡Quien es este niño y porque está así!?- Kagome, con su tremendo corazón, solo reacciono acercándose y cuando se encontraba frente a el agachada el joven se desmayó frente a ella.
-Inuyasha, que esta pasando…- la miko estaba totalmente impresionada de la escena.
-Feh… es una molestia. Entremos a este niñito y te explico todo…- el hombre se rindió a las miradas tristes de ambas mujeres y lo tomó con un solo movimiento para entrarlo a la cabaña.
Al día siguiente, la luz del inicio del día y el aroma suave que no podía reconocer despertaron a Kenji. Se encontraba recostado sobre un futón junto al fuego de la cabaña a la que había llegado con dificultad el día anterior. Sintió un punzante dolor en el costado de su cuerpo al intentar levantarse y notó cómo había sido curado. Igualmente, tenía sobre él unos paños fríos, seguramente para bajarle la fiebre de ayer. Cuando logró incorporarse, vio cómo una joven con un moño alto y un listón rojo se encontraba frente a la cocina agitando cosas y tarareando levemente. La chica se giró en un momento, lo había sentido despertar.
-¡Hola! ¿Cómo te sientes? ¿Te molesta algo en particular? Mi madre salió hace unos minutos, fue a buscarte a la cabaña de una vieja que vive por aquí cerca algunas plantas que sirvan para tu herida, es bastante grave- la niña no parecía querer callarse, hablaba sin respirar casi- bueno, supuse que peleaste con algún monstruo, parecen heridas de garras y no suelo equivocarme con ellas, yo mismo las he tenido.- finalmente, se dejó de conversar y le sonrió.
-Sí, me siento mucho mejor gracias señorita-Kenji apenas podía concentrarse, el olor de la comida lo tenía extasiado.
-Tienes hambre, lo sé- Moroha le acercó un plato con arroz al instante- me dieron instrucciones de solo darte arroz, por temor a que más comida te haga mal.
-Muchas gracias señorita, se lo agradezco. - el adolescente recibió el plato y comió como loco, llevaba casi dos semanas sin comer decentemente y seis días sin comer absolutamente nada. La chica se sentó cerca de él, apoyada en la pared de la cabaña con los brazos detrás de la cabeza, despreocupada.
-Tengo la impresión de haberte visto antes…- soltó uno de sus brazos y se rascó la nariz suavemente, con los ojos cerrados- y tu aroma igual me es familiar, pero no puedo recordarte…
Kenji quería responderle pero no podía parar de comer.
-Aunque solo me pareces un hanyo escuálido y sucio- Moroha se rió divertida, el chico se avergonzó un poco del comentario.
-La verdad es un poco eso lo que soy, por eso vine a que me entrene su padre.
-Si, me contaron tu historia...así que, ¿conoces a Setsuna? -
-Sí... vivimos juntos muchos años…- el chico parecía querer evadir dicha pregunta porque adoptó una actitud bastante incómoda, a lo que Moroha sintió mucho interés.
-¿No te agrada?- la niña se movió poniéndose frente a él sentada con las piernas cruzadas con una sonrisa picara en el rostro. El chico clavó sus ojos violetas sobre ella como excusándose.
-No lo diría de esa forma, nunca fuimos cercanos pero es una gran persona.-
-Apuesto a que la consideras una chica fría y calculadora- ahora se sentía realmente divertida, con ese chico podría enterarse de muchos detalles de la vida de su prima, aquellos que ella nunca daría a conocer. Solo tenía que presionarlo un poco.
Kenji no dijo nada. La adolescente frente a él sólo quería incomodar y sacarle información. En un momento la puerta- ya en pésimas condiciones- se abrió fuertemente y entró Inuyasha mirando la escena frente a él. Su hija sentada frente al extraño, inclinada riéndose frente a él y el chico comiendo mirándola.
-Hey, despertaste. Moroha ¿y tu madre? Le he dicho que no te deje sola en la cabaña.
-No estoy precisamente sola...relájate papá, estoy con mi Kurikaramaru al lado, si tu discípulo se pasa de listo yo misma le cortó las manos.
-Ni en broma Moroha.- su papá no quitaba la mirada seria del chico. Había accedido a que se quedara a dormir y que su esposa e hija lo curaran con esmero, pero no quería que ninguna de ellas estuviera sola con él. No hasta que dejara de desconfiar.
-Por favor, señor Inuyasha, le ruego confíe en mí, solo deseo poder ser su discípulo.
-Respecto a eso no hay nada que discutir, ya he dicho que no- dejó su pose frente a la puerta y depositó en el piso un canasto con comida, para luego sentarse frente al chico a cierta distancia.- permití que este par de mujeres perturbadas te cuidaran ayer, pero como te encuentres en buen estado te irás de aquí.
-Bueno bueno- Moroha se levantó para seguir con su labor que era cuidar de la comida que preparaba su madre- te buscaste el maestro más quisquilloso de la tierra, probablemente.
-Bueno días- Kagome entró a la cabaña sonriendo como siempre lo hacía, contenta por ver tan reparado a Kenji.
-Kagome, dejaste sola a Moroha, te dije precisamente que no lo hicieras mujer- su esposo la mirada irritado.
-Ya,ya,ya, disculpa Inuyasha, no se volverá a repetir, solo fui unos minutos donde la anciana Kaede para traer esto- la miko se disculpó pero realmente solo estaba ignorándolo. Se agachó junto al chico y sin mucho preguntar le froto en la herida que tenía en el rostro casi cerrada un ungüento de una planta muy olorosa. Kenji se impresionó de su cercanía y se sonrojó levemente.
-Necesitaremos que en unas horas me dejes ver las heridas del estómago nuevamente para que con mi hija pongamos este remedio, es especial para heridas profundas como las tuyas.
Inuyasha gruño despacio en su posición. Moroha sintió su enojo y se rió por lo bajo mientras seguía revolviendo lo que fuera que Kagome preparaba.
-No des mucho oído a Inuyasha, tiene esa actitud de malas pulgas pero es buena persona. Nosotros cuidaremos de ti hasta que estes curado y luego podrán iniciar su entrenamiento.
-¿Perdón? - ahora el hanyo quedó mirando a su mujer sorprendido dentro de su molestia, como siempre la sacerdotisa se tomaba la atribución de hablar por él- No, dije que no y lo mantengo.
-Nisiquiera lo has pensando Inuyasha, no puedes solo negarte ante la petición de Shiori.
-Pero Kagom…
-No, tú escucha, le debemos mucho a Shiori, ella cuido de nuestra sobrina, es lo mínimo que podemos hacer, entrenar a Kenji.
-Claro, pero soy yo quien debe entrenarlo, ¡no lo mandaron para que sea sacerdotisa!- Inuyasha había empezado a subir el tono como siempre lo hacían.
-Si hubiera sido ese el caso, no lo habría dudado ni un segundo. - la miko también se estaba empezando a tensar con la "conversación" - deja de refunfuñar como viejo, entrenar a este joven te servirá a ti también, desde que volviste a trabajar con Miroku si no estás en eso te la pasas vagando por aquí sin nada que hacer.
Esa declaración hizo que su marido se incorporara serio en su asiento, aun con las manos dentro de su haori pero con el rostro mostrando su sentimiento de molestia.
-Hey...tranquilos por favor, está la visita enferma aquí- Moroha intervino antes de que su padre replicara, recordándoles el contexto.- Mamá mira tu esto, no se realmente que estoy haciendo jaja- la chica se veía tosca intentado cocinar lo que tenía enfrente. Su madre se sonrió y se acercó para seguir con el asunto.
El problema es que el dueño de casa en cuestión seguía gruñendo molesto en su sitio. Intentado cambiar su propio estado de ánimo se levantó rápidamente y sin decir nada salió de la cabaña dando saltos veloces. Moroha al verlo salir suspiro, ya conocía su mal genio- y lo compartía en algunas ocasiones- pero aún le incomodaba un poco. Kagome volvió a ignorarlo. Esa mañana se preocuparon de alimentar bien a Kenji y de sanar sus heridas de la mejor forma posible. El chico se sentía agradecido y, cuando se sintió satisfecho, volvió a dormirse por lo que le parecieron varias horas.
Moroha aprovechó la tarde para pasear a solas. Desde que no tenía que cazar recompensas, poseía mucho tiempo libre, que generalmente usaba en estar con sus primas, ayudar a su madre en su labor como sacerdotisa y -siempre que no andaba de mal genio- combatir demonios con su papá y el tío Miroku. Había llegado al acuerdo con sus padres de que, por lo menos por el lapsus de un año y medio, viviría la vida de una adolescente normal, sin la obligación de trabajar. Luego de ello, sería libre de elegir si seguir en el oficio de cazarrecompensas o no. En medio del camino, decidió de pronto que iría al pequeño mercadillo de la aldea más cercana. Le gustaba ir allá a ver baratijas y comprarse cosas para comer a solas en su árbol. Al llegar a los puestos, una señora que vendía unos dulces tradicionales la reconoció
-Hola Moroha- la mujer la saludó alegremente, a lo que la niña le respondió con una sonrisa y un gesto de la mano.
-Si no me equivoco, la joven exterminadora está sentada un poco más allá… - La shinhanyo puso atención y efectivamente en una banca junto a unos puestos estaban Setsuna y Hisui sentados, comiendo bolas de arroz. La chica agradeció a la señora y decidió que a pesar de que esa escena podía significar cualquier cosa, se acercaría solo por el placer de molestarlos un rato.
-Hola, hola, miren a quienes me encontré- Hisui dio un salto al notarla frente a ellos, en cambio Setsuna, que ya sabía de su presencia, ni siquiera la miró.
-Beniyasha, ¿qué haces por aquí? Supuse que estaría en tu casa junto al visitante mal herido, mamá me comentó lo que sucedió ayer- el joven exterminador se veía levemente molesto y miraba a Moroha con un dejo de rencor.
-Pues no… mamá se quedó con él, de todas formas hoy le tocaba organizar sus materiales…y ustedes ¿en qué están?.
-Hisui me invitó a comer, solo eso.- Setsuna respondió secamente, pero esta vez sí decidió mirar a su prima- ¿quien es ese visitante?
-Oh…¡cierto! Se llama Kenji, solía vivir en tu pueblo escondido de hanyos, dijo que te conoce. No sé porque pero siento que yo también lo conocí previamente.
-Kenji- su prima se enderezó de su asiento y miró con extrañeza a Moroha, quien cada vez le parecían más curiosas esas actitudes- sí, un tipo extrañísimo.
-¿En serio? Se ve agradable…
-¿Por qué lo conoces Setsuna?- Hisui intervino, evidentemente curioso por aquel extraño conocido de la chica.
-Simplemente era un miembro más del pueblo, no éramos cercanos pero si entrenamos juntos.
-¿Hay algún problema con él? Fue enviado por la señorita Shiori para ser entrenado por papá
Con eso, la exterminadora reaccionó de manera aún más rara. Moroha podía oler la desconfianza en la actitud de su prima.
-No. ¿Es posible hablar con él? -
-Claro...pero yo creo que mañana es mejor, hoy las cosas no andan bien en mi casa…
-De acuerdo, avisa a tus padres que iré mañana, por favor- con eso, la hanyo se levantó de su asiento- Hisui, deberíamos volver con el jefe.
-Sí, vamos.
Moroha los vio irse camino de regreso a la aldea y gracias a sus poderosos oídos alcanzó a escuchar como Hisui le agradecía a Setsuna que aceptara la invitación. Ella se limitó diciendo "Sí, gracias por la comida". Definitivamente ahí había algo, al menos de parte del pobre y escuálido chiquillo, pensó la shinhanyo. Le parecía sumamente entretenido ese enredo amoroso que era un secreto a voces. Por otra parte, pensaba en cómo había respondido su prima ¿qué habría pasado para que ella se viera tan contrariada con la mención del posible discípulo de su padre?
Era ya tarde de noche y Moroha con su madre habían cenado solas, el hanyo no había vuelto a la hora de siempre. Kagome había empezado a preocuparse, a pesar de que conocía los malos hábitos de su compañero. Cuando Kenji despertó nuevamente, las mujeres volvieron a alimentarlo y revisaron sus vendajes, para luego sentarse junto a él. La sacerdotisa deseaba saber cosas sobre su vida, principalmente porque le daba mucha ternura verlo tan sencillo y humilde.
-Y bien Kenji, cuéntanos como vivías en el pueblo de hanyos.
-Es un buen lugar para vivir, todos trabajamos ayudando en labores como cazar la comida, cosechar verduras, lavar…la señorita Shori se encargaba del campo de protección que nos mantenía alejados de los demonios. Yo me dedicaba a entrenar con mi espada y a cazar la comida junto a otros chicos de mi edad.
-¿Nunca supiste nada de tu familia?
-La verdad no mucho, solo que me dejaron cerca del pueblo a propósito...con esta espada.
Kenji sacó su espada la que mantenía siempre con él para mostrarsela a Moroha que miraba curiosa. Ella la inspeccionó y la olió.
-Es una gran espada, se puede notar. Su principal poder es absorber otros poderes y claro, es antigua, su olor me dice que perteneció a varios miembros de una sola familia. - dijo la niña, devolviéndola a su dueño.
-La señorita tiene gran conocimiento de espadas por lo que veo.
-Parte de mi entrenamiento fue aprender a reconocer armas.-Moroha hablaba orgullosa, agradecía siempre que a pesar de todos los defectos de su maestra, esta hubiese tenido la consideración de darle todos los conocimientos que fueran posibles. Incluso, fue la loba quien le enseñó a leer y escribir.
-Kenji, ¿Por qué deseas entrenarte?- Kagome intervino, con una mirada que denotaba su intenso interés en aquel niño huérfano.
-En realidad, lo que más deseo es ser fuerte. Cuando aprendí a defenderme me di cuenta que tendría la posibilidad de salir al mundo, de tener la posibilidad de crear mi propio destino.
Y es que era cierto, luego de vivir gran parte de su infancia en aquel pueblo de hanyos y a pesar de que habían sido años felices, en cierto punto se había dado cuenta de sus intensos deseos de conocer el mundo fuera de aquello. Sabía que era duro, injusto muchas veces con personas como él, pero aun así, le parecía atrayente.
-Entiendo- la mujer le sonrió, podía sentir en la humildes de sus palabras el fuerte dolor que sentía el chico y es que ella tenía claro que el mundo no era fácil para personas como Inuyasha, Moroha o Kenji. En ese momento, la miko supo que debían ayudar a ese niño, por una suerte de gratitud al universo que les había permitido volver a reunirse como familia, luego de tantas adversidades.- iré a buscar a tu padre, ya es tarde y no quisiera que durmiera fuera.
-Mamá, antes de que pierdas el tiempo deambulando, mi olfato me dice que está junto al árbol sagrado.
Kagome asintió y se paró del suelo para poder dirigirse en búsqueda de su marido. Aunque ya estaba oscuro, podría disfrutar de aquellas caminatas bajo la luz de la luna y junto al ruido de los grillos a su alrededor. Y es que, cuantas veces no había ido a buscarlo luego de discutir. Era parte de su relación, desde que habían decidido no volver a separarse jamás.
—
Muchos años atrás
Kagome avanzaba lentamente por entre la densa oscuridad y los caminos que unían las distintas cabañas de la aldea. Llevaba un tiempo aprendiendo esos pasajes de memoria, casi un año ya desde que había vuelto a la época feudal de manera definitiva. Muchas cosas habían cambiado desde entonces, desde su forma de vestir (pues ahora llevaba siempre el atuendo de sacerdotisa que había heredado de la anciana Kaede) hasta su situación con Inuyasha. Habían pasado solo algunas semanas desde su llegada cuando habían decidido estar juntos oficialmente y, en virtud de lo que les pareció a ambos era la forma de concretar lo que sentían mutuamente, se habían casado en una simple ceremonia que más tenía de amor que de formalidades.
Cuando pensaba en eso sonreía, claro que muchas cosas cambiaron, ella misma era una mujer y ya no una niña como antes. Con sus deseos de estar junto al hombre que amaba, algo dentro de ella había crecido en esos años, un impulso dominante, que la incitaba a buscar ser cada día mejor como persona. Era por esa misma sensación que, de manera totalmente genuina, tomó la determinación de formarse de manera solemne como sacerdotisa. Si bien sus poderes eran excepcionales, ella era consciente de que la carencia de un debido entrenamiento como miko la ponían en desventaja muchas veces.
Aquella tarde había decidió contarle a Inuyasha su decisión, afirmando incluso que luego de hablar con la anciana Kaede, había sabido de un templo no muy lejos de ahí donde podrían entrenarla a pesar de su edad, un lugar especial que formaba mujeres con habilidades especiales para la tarea de ser sacerdotisas en toda la extensión de la palabra. El problema es que el hanyo reaccionó de la peor manera, todo porque parte de dicho entrenamiento implicaba que la mujer debía ausentarse por semanas enteras de la aldea para tener temporadas de absoluta concentración, una suerte de ejercicio espiritual indispensable para el oficio. Así fue como empezaron a discutir, como siempre lo hacían, levantando la voz gradualmente hasta que su esposo, harto, escapó de la cabaña luego de ser llamado egoísta por Kagome. Ella supo al instante que no sentía todo eso, por lo que espero un tiempo prudente y decidió ir a buscarlo en la penumbra. Supuso que estaría junto al árbol sagrado, con una suerte de intuición que la llevó hasta ahí. Efectivamente, el hanyo estaba sentado apoyado en el tronco y la miraba fijando sus ojos dorados de manera intensa, demostrando que sabía de su acercamiento hace ya un rato.
-No deberías salir tan de noche sola, es peligroso- su tono era seco, seguía enojado.
-Sé que eres consciente de mis pasos desde que salí de la cabaña, no tengo porque preocuparme- esta le respondió sonriéndole dulcemente, intentaría como fuera ablandar la actitud de su amado.
-Feh!
-Oye...no estés molesto, ¿si? Sabes que digo cosas sin sentido a veces. Y te entiendo, supongo que estabas preocupado por mi.
-¡Claro que estoy preocupado por ti, tonta!- el semidemonio no la desprendía de su mirada mientras ella se sentaba a su lado sobre una raíz.
-¿No es solo que quieras tenerme siempre a tu lado?
-Es evidente que tampoco quiero que me dejes solo tanto tiempo.
Inuyasha dijo eso con la voz en una escala muy baja, intentado que no se notara la angustia en sus palabras.
-No tengo deseos de dejarte solo, Inuyasha, solo quiero superarme como sacerdotisa y, aunque me duela mucho, esta es la forma.
-Lo sé… solo me preocupa que estés en un lugar desconocido a la merced de tantas malas personas o demonios asesinos y que yo … no esté cerca para ayudarte.
-Pensaste en algún momento que, con este entrenamiento, también mejoraré para poder protegerme sola y no necesitar tanto de tu auxilio...creo que es una idea tentadora.
-Que tonta...como si alguna vez me hubiera molestado cuidar de ti. - Kagome se rió por la bajo, ante lo que el peliplateado se sorprendió y maldijo molesto.
-¿¡Qué es lo gracioso, mujer!?
-Es que, me parece tierno que quieras cuidar siempre de mi y que no te sea una problema pero...me divierte que a la vez te angustie tanto. Eres un poco masoquista, Inu.
-¿Te divierte que yo me angustie?
-Nooo, lo que me entretiene es tu actitud tan sobreprotectora. Gracias, me hace muy feliz que te preocupes así por mi.
Kagome se acercó más a él, buscando que le diera un espacio junto a su pecho. Él entendió la indirecta y abrió su brazo para dejarle acurrucarse junto a él, muy pegada, cosa que siempre permitía al hanyo sentir su increíble olor que impregnaba de felicidad todo su pecho y le revolvía el estómago. Ahora ella estaba junto a él, muy próxima, no había riesgo. No había dudas, ni peligros. Eran ellos en la seguridad de un abrazo.
-Necesito que me apoyes en esto, si no te tengo a ti conmigo no podré lograrlo. - Inuyasha sintió en la voz de su mujer la imploración sincera, con aquella dulce manera que siempre tenía para pedirle las cosas y es que simplemente ella ya sabía cómo tocarle el corazón.
-Sí así lo deseas, te apoyare en todo lo que me pidas, Kagome. No necesitas pedirlo más-
La mujer se alejó un poco para agradecerle con su mirada y su sonrisa. Era todo aquello lo que la llenaba como persona. Ahora si podía seguir con su objetivo. Inuyasha, por su parte, no resistió más ante esos increíblemente encantadores ojos oscuros y la beso impetuosamente, agarrándola sin muchos problemas de la cabeza para unirla junto a él nuevamente. Y así, como si no hubiera mejor lugar en el mundo que aquel árbol, se besaron sin preocuparse de nada más que no fuera el elemento del otro muy próximo al propio.
—-
Ya de regreso de sus recuerdos, Kagome sonreía ante la mirada retrospectiva que había tenido porque, tal y como esa vez, su Inu se encontraba en el árbol como dijo Moroha.
-Te gusta refugiarte en este lugar…
-Y a ti te gusta tomar decisiones por mi- la miko agradecía internamente poder notar que la actitud de su marido había descendido respecto a la rabia con la que escapó antes. Se puso frente a él, que al notarla había bajado del árbol y se encontraba parado apoyado en el mismo.
-No es así, no es mi intenciòn hablar por ti.
-Pero eso haces, Kagome. Entiende, yo no entrenare niñitos. No tengo idea de como y no quiero ese tipo de responsabilidades, no son mi asunto- la decisión de la voz del semidemonio no decaía. Y su mirada penetrante y seria en su mujer tampoco.
-Bien...querría contarte que Moroha y yo hablamos con él. Es un chico amable, Inuyasha, un niño sencillo, huérfano…
-Ya...si, como millones de otros hanyos en el mundo mujer, no es ningún caso único.-
-Claro que lo sé, pero en parte por eso mismo creo que deberías entrenarlo Inuyasha.-Kagome se esforzaba enormemente por ser lo más delicada en hablarle, buscando que poco a poco cediera su postura.
-No entiendo-
-Es que después de lo que hemos vivido, lo que inevitablemente vivió nuestra hija, quizás...te parezca ridículo, pero siento que le debemos muchas cosas al universo.
-Sigo sin entenderte…
-Pues..es eso, que nosotros logramos reencontrarnos, consolidarnos como familia y la llegada de Kenji solo me hace sentir que es la forma que tendremos que retribuir a ...eso que nos ha permitido toda esta fortuna. A veces siento que es como Moroha, ¿No habrías querido que alguien la acogiera y la preparara para el mundo? Eso podemos hacer nosotros ahora.
Inuyasha suavizó un poco su mirada, aun sin desprenderla. Comprendía por fin lo que sentía Kagome, era una especie de forma que tenía su mujer de sentirse en paz con el destino, con el universo y con todo lo que le había ocurrido.
-Quiero que hagamos esto los dos juntos- añadió finalmente la mujer. El hanyo cambió su actitud y le sonrió divertido, su esposa podía ser tanto increíblemente caritativa como manipuladora en la misma frase. Él sabía lo que ella quería y notaba como intentaba aflojarlo con sus palabras. Se rendiría, pero no porque lo hiciera bobo, sino porque él sentía un inmenso placer interno en darle esas mini victorias.
-Está bien Kagome, no necesitas seguir embolinandome. - Inuyasha sintió un impulso de reír frente a la mirada falsamente confundida de la sacerdotisa y, enternecido, la abrazó fundiéndose en su pequeño cuerpo -Pero te digo, no tengo idea de cómo se entrena a alguien, ya veras tu como solucionar eso.
-Muy simple Inu, si no te esfuerzas y les pones interés a esta tarea, te quitaré las comidas, el futon calientito, los cuidados y todas las cosas que puedas imaginar que solo yo te doy…- Kagome lo miró sonriéndole coqueta y suficientemente, sacándole sutilmente la lengua para molestarlo. El mitad demonio le devolvió la sonrisa mientras la soltaba totalmente y se dirigían de la mano de vuelta a la cabaña. Tendría que empecinarse un poco en la labor, ya que había cosas de Kagome que definitivamente no estaba dispuesto a perder…
Grande fue la sorpresa de la pareja al llegar, ya que apenas ingresaban a la cabaña un enfurecida Moroha gritaba, con la espada en mano.
-¡Te mataré maldito!- la niña tenía puesta su arma muy cerca del cuerpo de Kenji, quien había alcanzado a levantarse del futón y sostenía a duras penas el ataque de la shinhanyo con su arma.
-¡Hija, qué está pasando!-Kagome se acercó a la niña intentado detener su agarre pero era casi imposible, la chica ni siquiera la miraba.
-Enana qué sucede, ¿te hizo algo este tipo?- Inuyasha por otro lado observaba la escena con total asombro y un dejo de desconfianza.
-¡Ya te recuerdo estúpido idiota, sabia que te conocía de algún lado!- Moroha gruño ignorando a ambos padres- ¡AHORA SI QUE TE ELIMINARE GUSANO!
