Capítulo 3: ¿Quién pagó la deuda de Moroha?
-¡TE SALVASTE AQUELLA VEZ PERO AHORA NO!- Moroha aplicaba una fuerza que Kagome no podía entender que viniera de su pequeño cuerpo. Intentado sostener su brazo y alejarla de Kenji, se fue para atrás cuando lo inútil de su intento la impulsó lejos. Inuyasha alcanzó a sostenerla por la espalda y decidió intervenir.
-¡Explícate, no entendemos qué pasa!
-Papá déjame matarlo.
-Inuyasha sama juro que no sé qué sucede, no recuerdo lo que la señorita me dice.- Kenji seguía sosteniendo su propia espada contra los intentos desenfrenados de la chica.
Cuando ya estaba perdiendo los estribos con la poca respuesta que recibía, el dueño de casa agarró a su hija de la cintura y la levanto como quien levanta un papel. La chica protesto golpeándolo pero su padre logró situarla junto a Kagome quien la abrazo, ante lo que la niña no pudo imponer resistencia. Kenji por su lado, cayó en si mismo.
-Ya, calmados. Moroha, cuenta qué pasó.
-Papá, este imbecil maldito me robo.
-¡Yo nunca he robado a nadie, señorita!
-¡Claro que si pedazo de idiota, me robaste y por tu culpa pase dos días sin comer, aparte tuve que limpiar la pocilga de Jyubei y rogarle que me dejara quedarme ahí en pleno invierno para no morir de frío porque no tenia dinero para un alojamiento!
La sacerdotisa no pudo disimular su rostro de tristeza y las ganas de llorar al escuchar todas las penurias de su hija. Inuyasha en cambio se erizo de pies a cabeza.
-¿Como pudiste maldito?-
-Señor Inuyasha, se lo ruego, no me haga nada, en serio creo que la señorita está confundida, nunca sería capaz de robar, la señorita Shiori nos enseñó muy bien, pregunte a su sobrina si quiere.
El hanyo volvió a dudar ante la postura desvalida del chico frente a él, algo le hacía pensar que no mentía pero tampoco lo hacía su hija.
-Saben, me están cansando, Moroha tienes 2 segundos para contar bien lo qué pasó, cuando, donde, todo el embrollo.
Moroha se soltó de su madre y se sentó al otro lado de la cabaña mirando al chico herido, su madre la imito y su padre, con una extraña y desconocida nueva faceta de intermediario entre adolescentes se puso al medio, listo para sostener a su hija de ser necesario.
-Este gusano endemoniado- la miko le hizo un gesto molesto con la mano a su hija, para que bajara las palabrotas- bueno, este tipo, intervino en mi trabajo, se llevó el fruto de mi esfuerzo.
-No entiendo enana, se clara-
-Me habían encomendado matar a un demonio enorme que tenía un solo ojo y un cuerpo duro que me dificulto dañarlo, estuve mucho tiempo intentado matarlo hasta que rendida decidí usar el carmín y ser Beniyasha. La cosa es que recuerdo haberlo asesinado y como el lugar era lejano pude dormirme… pero cuando estaba empezando a despertar, no vi el cuerpo de la bestia. Salí corriendo persiguiendo el olor y ahí lo vi, este sucio maldito se había robado el cuerpo y lo cargaba en sus hombros. Cuando iba a perseguirlo el maldito desapareció a toda velocidad…después estaba tan agotada que no pude cazar nada más y el invierno me detuvo. - la niña seguía sumamente enfadada, replicando a viva voz su tragedia. Kenji con ello comprendió lo que había sucedido
-Señorita Moroha, fue un mal entendido. Ahora recuerdo que sí vi aquel demonio, pero no estaba muerto, solo mal herido.
-Mentiras, yo lo asesine.
-Pero hija, cuando usabas el carmín perdías la conciencia...igual que tu papá cuando se transforma ¿cómo puedes asegurarlo?
Moroha no supo qué decir. La verdad su única seguridad es que siempre mataba a los demonios cuando se transformaba, sin excepción.
-Luego de matarlo… tuve que llevarlo conmigo pero no con intención de recompensa, la verdad yo incineré el cuerpo, siempre lo hago en señal de respeto al contrincante.
-¿¡QUE TU QUE?!- la adolescente gritó desde lo más profundo de su ser, le parecía totalmente inverosímil que hubiera quemado una recompensa que significaba el almuerzo de varios meses.
-Le ruego me disculpe señorita Moroha, yo no quise robarle el cuerpo del demonio, nunca note su presencia en el lugar...solo me defendí de él- Kenji adoptó la misma pose referencial de cuando lo conocieron.
-Como pudiste quemarlo, quemaste una montaña de dinero, que acaso tienes nueces por cerebro, ¿quien mierda en todo el mundo quema a las bestias que mata… "por respeto" ? que tipo más ridículo- la chica quería levantarse y golpearlo en la cara. Inuyasha no pudo evitar sentir ganas de reírse, también le parecía estúpida la actuación del chico.
-Ya, tranquilo chiquillo, creo que está aclarado el asunto. - Inuyasha ya bastante hastiado se levantó y miró a su hija que seguía refunfuñando en su asiento y le hablo especialmente - Se acabó, ¿entendido?
Ella no respondió ante aquel aviso. Seguía molesta, quizá no le había robado, pero la idiotez de su acto la molestaba y le hacía hervir la sangre.
-No importa si fue como dices, me debes igual todas esas comidas y ese dinero, te haré que me pagues todo-
-Como diga la señorita…-Kenji suspiro ante aquella amenaza, no podía en su condición actual discutir con esa niña.
-Bueno, cambiando de tema. Kenji, Inuyasha te aceptara como su discípulo- Kagome se levantó de su asiento y le habló totalmente alegre al hanyo.
-Sí, pero no será nada agradable, así que no te tranquilices tanto…- como nuevo maestro, el peliplateado tomó un tono serio y seguro, bajándole el perfil cuando en el fondo no tenía idea de lo que haría.
-Muchas gracias, han sido increíbles conmigo.
-Muy bien, todos a sus camas. Mañana empieza el arduo entrenamiento pequeño.
—
Moroha despertó molesta esa mañana. Había despertado en varias ocasiones en la noche. Su principal pesadilla era una escena en donde el idiota de Kenji volvía a robarle cuerpos de demonios, riendo graciosamente mientras saltaba con los cadáveres en sus hombros en una especie de baile -que en otras condiciones hubiera sido un sueño muy gracioso- los que antes de ser incinerados frente a su nariz, se convertían en montañas de dinero, oro, joyas, que se pulverizaban frente a ella, que era incapaz de moverse. "Mi dinero...debo comer...la deuda que tengo..." repetía dormida, sudando de frustración. Aunque, cuando amaneció, recordó que ya no necesitaba dinero de manera urgente, ni siquiera la deuda existía porque había sido pagada, según sabía, por sus padres.
Al salir de su habitación, aun molesta, evitó a toda costa mirar al medio demonio que estaba sentado junto a su madre desayunando. Simplemente se acomodó junto a la mujer y se sirvió el plato sin mirar a nadie.
-Bueno días hija, saluda.
-Buenas.
Kagome suspiró, esa actitud silenciosa y malhumorada que tomaba Moroha a veces le recordaba a un Inuyasha más joven, bastaba mirarle la cara para saber que seguía enojada. Salió de sus pensamientos cuando vio pasar a su marido que salía de su habitación para sentarse con ellos.
-Y bien, ¿cómo partirá su entrenamiento? -
-Ah?-
-El entrenamiento comienza hoy Inuyasha…
-Sí...claro
-¿Qué tienes pensando?-
-Pues...algo
-¿Qué cosa, Inuyasha?- la clara actitud desentendida del hanyo comenzó a molestar a la miko que lo miraba con el ceño fruncido.
-Cosa nuestra mujer, déjate de molestar tan temprano-
Kagome prefirió callarse, había iniciado el día con dos mañosos a su lado y con Kenji, que se veía claramente incómodo. Tenía deseos de sentarlo con un abajo, pero se contenía por la presencia del invitado...e Inuyasha lo sabía.
Cuando terminaron, los tres miembros de la casa se prepararon como de costumbre, moviéndose de ahí para allá. La mujer tendría un día cansado; le tocaba ir a visitar un par de enfermos, incluido un hombre que estaba moribundo. Por su parte, el padre tenía que salir nuevamente con Miroku, quien había recibido un llamado de una aldea lejana por unos misteriosos seres malignos que aterrorizaban un palacio antiguo. Moroha, en cambio, no tenía mucho que hacer, pero comenzó a llenar su mochila de comida que le daba su madre porque pensaba ir con Towa a comprar algunas cosas que necesitan para su viaje. Principalmente, su prima quería ropa nueva, ya que usar el mismo atuendo siempre la tenía aburrida. Kenji miraba en espera de instrucciones, atento pero nervioso a la actitud de su maestro.
Cuando Inuyasha se dirigía seguro a la puerta luego de despedirse de Kagome y de su hija, se dio cuenta del problema y se le quedó mirando.
-¿Qué esperas?- le dijo molesto al adolescente, que se paró de su solo salto- ¿invitación oficial?.
-No, maestro.
Antes de salir, Inuyasha volvió hasta su hija.
-Enana...lo olvidaba, ¿quieres algo esta vez?
La verdad le preguntaba por intentar ser cortés, porque siempre la chica le pedía lo mismo: partes de los demonios que mataran en sus viajes con el monje. Meses atrás, el hanyo había tenido la idea de decirle a su hija si quería alguna cosa, pensando que le pediría comida o ropa, quizás incluso algun arma...pero bastante fue su sorpresa cuando le pedía los cadáveres de los demonios y fue peor aun cuando la descubrió vendiendolos. A pesar de que no le gustaba lo que hacía la niña, siguió preguntándoselo siempre, como un gesto paternal que él mismo había instaurado entre ellos.
La adolescente lo miró, intentando bajar la intensidad de su molestia, le gustaba aquel detalle de su padre.
-Alguna parte de los monstruos estaría bien, papá- le sonrió tiernamente y se despidió con una mano, viendo a los semidemonios salir por la entrada.
—-
Se encontró con su prima de pelo plateado junto a la cabaña de la anciana Kaede. Cuando vio a la vieja sacerdotisa, la chica la saludó con mucho aprecio.
-¿Como has estado pequeña? -
-Bien,gracias. Aunque anoche tuve las peores pesadillas. El maldito que es discípulo de mi papá quemaba montañas de dinero frente a mi.- la niña suspiró, recordarlo la hacía estremecer- luego me acordé de que ya no tengo la deuda con Jyubei y me tranquilicé-
-Es cierto, que gratificante que te librarás de ello…¿supiste finalmente quien la pago?- la anciana preguntó y notó demasiado la cara de desconcierto de la shinhanyo.
-Según se fueron mis padres...eso me dijo el viejo Jyubei.
-Claro que no fueron ellos, cuando tus padres volvieron del sello ya estaba saldada...estoy segura.
-¿Qué?¿ Alguien pagó mi deuda porque si?
-Yo no creo que fuera porque sí, pequeña, pero te aseguro que tus padres no fueron, tampoco tendrían como hacerlo, era muchísimo dinero.
Moroha se quedó en silencio, le sorprendía saber eso, sobre todo porque habían pasado muchos días. Ahora definitivamente el no saber quien lo había hecho la llenaba de curiosidad.
-Increíble… quizás alguien de buen corazón lo hizo- Towa le sonreía a su prima intentando bajar su clara ansiedad. - si te tranquilizas, podríamos ir con Jyubei, yo te acompaño.
-Bien, vamos.- ambas se despidieron de la anciana y partieron rápidamente donde el hombre.
-No tengo permitido decírtelo- el viejo a cargo de la casa de recompensas tomaba su té frente a los chicas- fue parte del pago.
-Me mentiste viejo decrépito-
-Más respeto, yo era tu jefe
-Eras, tu lo has dicho. Ahora dime quien fue, o te corto con mi espada.
-Moroha, no tengo intenciones de pelear contigo, solo comprende que no se me permite…
-Moroha, el hombre tiene razón, no puedes obligarlo, es un negocio.- la adolescente del futuro detuvo a su prima sosteniéndola de un brazo.- te propongo que busquemos al responsable ¿te parece? Podría ser divertido- la niña no respondió, simplemente se dejó arrastrar fuera de la cabaña. El pensamiento de Towa fue que, descartando a la anciana y a Jyubei, quizá los padres de Hisui sabrían algo.
Sango estaba en compañía de Shippo quien había decidido pasar una temporada en la aldea y, como la casa de Kagome estaba muy llena, optó por dicha cabaña.
-Bien, ¿cuál es tu pregunta Moroha? - la ex exterminadora invitó a la primas a sentarse mientras les servía algo para tomar.
-Quería saber si usted fue quien pagó mi deuda...o si sabe quién fue- la niña se sonrojo un poco al preguntarlo, era bastante abochornante.
-Lo siento…me hubiera encantado que fuéramos nosotros con su excelencia, pero lamentablemente no fue así. Supimos de ti y de tu deuda muy tarde y cuando hablamos con el cazarrecompensas, ya no existía-
-Wow, ¿estuviste todo este tiempo sin saber quien te quitó eso de encima, Moroha?- Shippo se metió a la conversación claramente divertido.
-Cállate rata, me dijeron que fueron mis papás y nunca se lo pregunté a ellos.
-No me llames rata, soy mayor que tú. A veces eres bien distraída como Inuyasha...mira que no preguntarlo nunca, que bobalicona.
-Tu no tienes ningún respeto con mi papá no seas sinverguenza. Y no me digas así maldito.
-Tu papá es un retonto Moroha nuestro vínculo se basa en golpearnos e insultarnos.-
Cuando la niña iba a pegarle en la cabeza intervino la dueña de casa.
-Bueno, chicos no peleen. Moroha, yo creo que deberías preguntarle a Kagome, ella debe saber...de todas formas yo intentaré averiguarlo por mi lado- las niñas se despidieron y fueron seguidas por el kitsune, que se ofreció a ayudar.
Cuando ya se marchaban se encontraron de frente con Gyo y Kin'u. Shippo las actualizó rápidamente con el problema.
-Pero Morohita- las gemelas trataban muy tiernamente a la chica- ¿no habrá sido el hombre lobo que te crió?- propuso Gyo.
-Claro, o quizá fue algún pretendiente que tienes por ahí - Kin'u le guiño un ojo.
-No, Koga no maneja dinero, además, pensaría que es mi problema, no se atrevería a intervenir…y bueno, lo otro no es ni posibilidad.- Moroha se rió complaciente de esa tontería.
La gemelas se rieron al unísono y prometieron averiguar lo que pudieran.
-¡Saludos a tío perrito y a tía Kagome!-
-Uff...creo que si viviera en esta época, papá Sota sería un buen candidato- Towa dijo eso con un tono de dolor en su voz, extrañaba mucho a su padre putativo.
-Después de como use su tarjeta, lo dudo- la niñas se comenzaron a reír recordando aquella anécdota. La siguiente parada fue bastante extraña. La prima, en un momento, propuso que quizá fue su madre quien pagó la deuda. Tuvieron que ir hasta el palacio de la abuela de las chicas, lugar donde vivían las mellizas y Rin. Aunque la mayor parte del tiempo sus primas preferían dormir donde Kaede.
Para alegría de la shinhanyo, su tía la recibió totalmente feliz. Rin era una mujer con rasgos juveniles y dóciles que transmitía mucho cariño. La adolescente había podido convivir esos meses con ella gracias a que su madre continuamente la invitaba a su casa, con objeto de acercarse después de tantos años y darle a las niñas un vínculo familiar estable, dentro de lo posible. La mujer la abrazó, enredando su suave y fino kimono a ella.
-Mi pequeña, que linda estás- su voz y su olor también son cálidos, pensó Moroha. Su prima se acomodó dentro de la gran sala y la dueña de casa con su sobrina y el zorrito la siguieron. Cuando le presentaron la duda, Rin demoró en responder.
-Mi niña, no fui yo quien lo hizo. Debo admitir que cuando salí de mi sueño y vine aquí con mis hijas, supe de tu deuda pero cuando le pedí a Jaken que averiguara, llegó diciéndome que no existía tal. - el rostro de su tía un leve gesto de compasión. - Pensaba pedirle a mi señor que la saldara pero no fue necesario.
Moroha suspiro, era realmente su última buena opción, ya que era sabido que su tío manejaba dinero en grandes cantidades...como, no lo sabía. Pero lo hacía. Agradeció y tomó los alimentos que le ofreció la mujer para luego los tres partir de vuelta a la aldea, prometiendo que volverían a visitarla.
Muy lejos de ahí, Miroku, Kenji e Inuyasha caminaban en silencio por las calles de una aldea. Había sido un día agitado, como siempre el monje atrajo a varios demonios y el hanyo los destruyó. Kenji por su parte, no hizo más que observar y seguir a su maestro, que realmente no le daba mucha atención. El monje lo miraba con un poco de pena y le comentaba de vez en cuando algunas cosas.
-Maldita sea- el peliplateado paró bruscamente.
-¿Qué pasa Inuyasha?-
-Olvide lo que pidió Moroha.
-Vaya, pero seguro te perdonara, mal padre- Miroku se rió pero su amigo no reaccionó de buena manera, solo le gruño.
-Mira, aquí cerca venden cosas, quizá encontramos algo.
Se acercaron los tres a unos puestos de baratijas. Inuyasha se atrajo por uno de juguetes. Cuando se puso a mirar las cosas, vio claramente unas muñecas que recordaba de hacía muchos años. Cuando miro al dueño del puesto, recordó que había estado ahí mismo hace tiempo.
Mes número 8 del embarazo de Kagome
Miroku estaba muy preocupado, ese día debía llevar algo de regalo para sus hijas, se lo había prometido. Pararon con Inuyasha en un puesto viejo lleno de juguetes, el hanyo estaba por su parte ansioso por volver junto a Kagome, que cada día sufría más al caminar.
-Decide rápido, no quiero llegar tan tarde.
-Si,si, creo que me llevaré estas muñecas. Mira, ¿qué te parecen? Son kokeshi. - Inuyasha se fijó en las figuras de madera pintadas a mano, eran toscas pero bonitas-
-Estan bien, supongo.
-Hey, deberías ser más expresivo…¿que harás si es niña?
El futuro padre no respondió nada, la verdad es que en secreto lo aterraba un poco dicha opción. Principalmente, porque le costaba imaginarse teniendo que tratar con una mujercita y no un hombre.
-Keh...cállate, espero que sea niño…
-¿No lo sabes con su olor?- Miroku pagó las muñecas y siguieron caminando en dirección a la aldea mientras conversaban.
-No, puedo sentirlo pero es muy similar a Kagome, Myoga me dijo que sería así hasta que naciera.
-¿Y porque prefieres un niño? Las niñas son igualmente fuertes.
-No es eso. Se me dificulta pensar ya en un bebé y en cómo tratarlo. Y cuando pienso en un bebe niña...es peor- había decidió sincerarse, si no conversaba esas cosas con su amigo…¿con quien lo haría? Kagome el último tiempo estaba muy sensible.
-Estàs cosas se aprenden, no tengas miedo al trato, verás que te es natural.
-También, es difícil tratar con las mujeres. Imagínate con una hija…
-Es distinto, claro, pero es mejor. Las gemelas ganaron mi corazón desde el primer día. Sus miradas dulces y sus comentarios astutos son lo mejor de mis niñas.
-Mmm….
-A lo que voy es que tiene ventajas, las niñas siempre se ganan al papá, tendrías un vínculo con ella que nunca tendrá Kagome.
-Pero y luego...cuando crecen...y tenga pretendientes- Inuyasha sentía que se ahogaba en sus propios pensamientos- no se si podré soportarlo, querré matarlos a todos.
Miroku se rió fuertemente, le daba mucha gracia las increíbles historias mentales que se pasaba su amigo sin nisiquiera haber nacido el bebé.
-Sea como sea, esa niña te va a querer siempre más a ti, tanto como tú a ella, estimado celoso amigo mío. Por ahora relájate, cuando nazca te preocupas del futuro.
-Sí…- el hanyo se tranquilizó un poco, el monje tenía razón, si fuera niña, no importaba todo lo que pudiera venir, siempre sería una de las dos mujeres más importantes de su vida y de eso estaba seguro.
—
Moroha no pudo evitar tener un semblante derrotado al llegar a su casa. Su prima se había marchado y Shippo aceptó la invitación a cenar ahí esa noche. Habían decidió comer porque Kenji e Inuyasha ya habían demorado mucho. Cuando llegaron, ya Kagome estaba vestida con su ropa de dormir y conversaba con los niños junto a ella.
-¿Quedó cena o el zorro arrimado se comió todo?
-Gran esfuerzo me tomó que dejara algo- Moroha le siguió la historia a su papá.
-¡Callense! No es cierto, yo como poco.
-Tranquilos, ya es muy tarde para pelear. En la olla queda arroz y carne, sírvanse- Kagome seguía un poco furiosa con su marido y no intentaba disimularlo.
-Keh...muchas gracias
Cenaron los dos hanyos rápidamente y antes de irse a dormir, Inuyasha le habló a Moroha.
-Lo siento, olvide lo que me dijiste. - la niña iba a decirle que no tenía importancia pero su papá la interrumpió- pero...eh… sabes, vi esto en un puesto y pensé que podría ser un buen reemplazo. No puedes venderlo pero me gustaría que lo conservaras. Es una muñeca Kokeshi. Elegí esta porque...eh..bueno, porque tiene una cinta roja- el pobre medio demonio dijo eso con mucho esfuerzo, temía la reacción de la niña y se sentía un poco avergonzado a la vez.
Moroha recibió la muñeca sin decir nada. Le pareció que era muy bonita, de madera y con un diseño que simulaba un kimono con flores rojas. Efectivamente, sobre el pintado pelo negro habia una cinta como la suya. Se quedó pasmada con ella en las manos, no sabia que decir. Estaba emocionada, no podía recordar haber recibido algo así nunca. Kagome a unos pasos de distancia los miraba embelesada y feliz.
-Nunca había tenido una muñeca en mi vida...
-Lo siento, probablemente preferirías un arma o ...no lo sé…
-No, es perfecta. Gracias papá. - Moroha tomó impulso y lo abrazó rápidamente, impidiendo que él se pusiera incómodo. Duró lo suficiente para que ambos sonrieran sin decirse nada más.
—-
Habían pasado unos cuantos días desde la llegada del visitante. La mañana previa a su viaje, la chica de moño rojo salió a dar unas vueltas con Kenji, por pedido de su madre que quería que conociera la aldea. Llegaron ambos a la cabaña de los exterminadores, donde su prima Setsuna, Hisui y el resto recibían información. Luego de presentar al discípulo del padre, su prima quedó mirando al hanyo, había querido hablar con él hace días pero solía llegar muy tarde del entrenamiento con su tío.
-¿Lograste saber quien pagó tu deuda, Beniyasha? - pregunto Hisui llamando su atención.
-Pues nada aun…
En un momento se acercó Kohaku, el jefe del grupo y su sobrino le contó el asunto.
-Oh…- el jefe de los exterminadores se rascaba la cabeza- no creí que no supieras.
-Siempre creí que fueron mis papás
-Pues...yo sé quién fue. Yo lleve a esa persona con Jyubei…
Nota:
Buenooo, estos cap siento que son para contextualizar y dar ideas de lo que sucedió con algunos personas y situaciones de la serie original (hay cosas que, como la serie Hanyo no Yashahime aun no termina, no quiero tocar mucho). Me gusta el incorporar los flashback para presentar cosas que sucedieron en el pasado dentro de relatos cotidianos, para así no tener tampoco que forzar a los personajes a contarlos. La idea de esta historia es meterse precisamente en la vida de la familia y como llega gente nueva (Kenji, que aunque es mi personaje propio es un intento de darle frescura al relato) . También, es como estos tres funcionan con el resto de personajes.
Espero que si estás leyendo esto, te guste la historia...se ve un poco lenta en trama pero es por lo ya explicado c: el conflicto ya se viene (jojo) ojalá pudieran dejarme comentarios sobre todo esto que les comento en esta nota, me sería muy útil. Así como también si tienen alguna idea de quien pago la deuda de mi bebé Moroha.
Especialmente, si ve esto, gracias a Manu, tu mensaje me dio mucho ánimo c:
Gracias por leer!
D.
