Nota: gracias a los que han seguido la historia, aquí empiezo a abrir un asunto que tengo muchas ganas de escribir pero que recién puedo incorporar jajaja... ojalá sigan leyendo y lo disfruten...un abrazo a todos :) .
Dora.
Capítulo 4: Recuerdos y despedida.
-¿De verdad?. Por un segundo la adolescente quedó paralizada,no se había rendido con ello (no era propio de su personalidad) pero tampoco quiso insistir mucho más.
-Sí…- Kohaku comenzó a titubear de manera obvia, quizá no era algo que debía comentar- si quieres podemos conversar-.
El jefe de los exterminadores le indicó a Moroha que lo siguiera y pidió que nadie fuera, de cierta forma luego de confesar lo que sabía, se dio cuenta rápidamente de su error. De todas formas, también reconocía que era muy tarde para arrepentirse de hablar con ella. Se sentaron frente a frente en la pequeña cabaña donde solían reunirse el hermano de Sango y sus compañeros de labores.
-Bien… creo que me precipite hablando sobre ello. Si bien sé quien fue, nunca me dijo si podría comentarlo contigo Moroha…
-¡No entiendo por qué tanto misterio! Simplemente me gustaría agradecer a esa persona y bueno...saber el porqué.-
Kohaku dudo un momento. Incómodo, se acomodó en su asiento.
-De acuerdo. Te contaré todo.
—-
Kagome decidió ese día preparar algo especial para su hijita. Aunque hace ya varios días había accedido a que saliera de viaje con sus primas, aun le costaba conciliar en su interior la idea. La niña se iría al día siguiente. El viaje consistía, a grandes rasgos, a una expedición de las tres semidemonio junto a Rei, una yokai que había comenzado a entrenar a Towa hacía unos meses atrás y con la que las tres princesas crearon un lazo muy unido. La verdad es que la presencia de Setsuna y Moroha es más que nada con objeto de rememorar las andanzas de antaño: volver a enfrentarse a demonios en el camino y poner realmente en práctica sus avances personales. Setsuna accedía a ir solo porque a su madre le incomodaba menos la idea de que su hija peliplateada estuviera acompañada a que fuera sola y la joven exterminadora nunca podía negarse a los deseos de su madre. Por otra parte, la shinhanyo iba impulsada más por el deseo de la aventura. Kagome no podía culparla, ella misma había extrañado en su juventud sus recorridos por el país con sus amigos. Además su hija era poderosa, sabría cuidarse…
-Señora Kagome, déjeme ayudarla.
Kenji sacó de sus pensamientos a la mujer, el chico de intensos ojos violetas la miraba atentamente. Por primera vez en todos esos días, sus poderes de sacerdotisa le permitieron sentir la fortaleza del poder demoníaco del chico.
-Gracias…- le entregó unas verduras las que el joven procedió a cortar junto a ella en la mesa- Kenji, siento algo muy fuerte provenir de ti...es tu energía…¿Algo te perturba pequeño?
El adolescente se impresionó de la pregunta y volvió a mirar a su emisora. La verdad es que evitaba fijarse en sus ojos, por alguna razón la ternura de la mirada de la miko le producía un sentimiento extraño, que lo hacía sonrojarse inmediatamente. Es que, aunque la señora Kagome tendría casi cuarenta años, no aparentaba más de veinticinco...y todo porque había permanecido sellada por años en una perla mágica que mantuvo su juventud...y su abrumadora belleza.
-Ehh… no, no, no se preocupe.
-No me engañas, es imposible de ignorar tu desorden interior, al menos para mi.
-Emmm…
-¡Confía!- ahora ella le sonreía, intentando distender el ambiente.
-Es que no quiero tener problemas, señora.- por fin el chico se atrevía a hablar...aun metido en su bochorno.
-Bien, te exhorto de lo que sea, puedes hablar conmigo...llevas varios días aquí, necesitas hablar con alguien ¿no? Sé que Moroha aún es arisca contigo, pero debes entenderla, es muy apasionada con sus cosas, pero yo sé que en secreto te estima bastante.
-Sobre eso, yo...sí lo creo, la señorita Moroha a sabido perdonarme y está siendo más amable...pero no es ese el problema.-
Kagome entonces lo supo.
-¿Es Inuyasha?
-Señora por favor, no quiero tener problemas
-Claro que es él, ese terco malhumorado ¿te ha tratado mal?
-No realmente…
-¿Entonces qué sucede?- la miko empezaba a impacientarse, pero intentaba mantenerse serena, siguiendo con sus labores- ¿es por el entrenamiento?
-S...sí- el pobre hanyo estaba totalmente incomodo, no por la mujer, sino por su poca fortaleza.
-Emm…¿ que hacen exactamente? Inuyasha se niega a decírmelo, siempre me evade. Relatamelo.
-Ehh ...bueno, en general vamos de excursión con su excelencia Miroku. A veces nos acompañan la señorita Moroha o su excelencia Kin'u que entrena con su padre. Siempre es casi igual, yo sigo a mi maestro de cerca y…
-Dímelo Kenji, tranquilo
-Es que no hago realmente nada. Mi maestro no me da grandes instrucciones...solo lo sigo y a veces me habla. Dice que es porque debo observar. -
Kagome en medio segundo sintió que le hervía la sangre. Era insólito que un hombre de su edad siguiera actuando de esa manera tan infantil y caprichosa, solo porque se negaba a bajar la guardia y admitir que debía buscar ayuda para entrenar al adolescente.
-Lo sospechaba, este caprichoso de Inuyasha no cambia. Pero tranquilo, porque yo resolveré esto.
-Por favor señora, no le diga a mi maestro, puede molestarse mucho.
-Tranquilo pequeño. Confía en mí- la miko volvió a darle una gran y exquisita sonrisa que hizo temblar levemente al hanyo.
Terminada la comida y en espera de los comensales, la mujer aprovechó de salir de su casa y se encaminó hacia un prado cerca del árbol sagrado, cerró los ojos y concentró su energía en las manos. Hacía muchos años había adquirido la habilidad, gracias a su entrenamiento de sacerdotisa, de invocar a seres del mundo supraterrenal para que le hicieran "favores". Su concentración y evocación atrajo una figura esférica que transmitía una intensa luz, que a pesar de ser día, brillaba con gran potencia. Cuando abrió los ojos y la vio sonrió, hace años que no hacía eso. Tomó en sus manos la forma y, para sus adentros, le pidió por favor a la concentración de espíritus que fuera en busca de alguien… una escurridiza persona que era la única que podía resolver ese conflicto.
—-
-¿Y…?
Kohaku buscaba la forma de contar aquella historia. Recordaba levemente como fue aquel día, solo podía visualizarse a sí mismo en el lomo de Kirara, cuando una figura lo detuvo de improviso. Era un conocido, pero su presencia era siempre intrigante...
Meses antes
Sus compañeros y él habían tenido una semana tranquila. El trabajo de un exterminador podía ser cansado muchas veces, pero Kohaku disfrutaba muchísimo su labor a pesar de sus tristes inicios. Los recuerdos de aquel tiempo lo perseguían, especialmente algunas noches donde las pesadillas lo fatigaban. Pero era cierto que el tiempo y la compañía de su hermana habían mermado aquellos dolores de su alma. Su sobrino, Hisui, era también un gran pilar para el hombre, una suerte de sobrino que era igualmente su seudo hermano pequeño y en ocasiones hasta una suerte de hijo malcriado.
Ese día iba solo volando en la fiel Kirara cuando lo detuvo una presencia en su espalda. Se detuvo, claramente.
-Kohaku, te estábamos buscando por todos lados- un pequeño ser con un báculo en la mano lo miraba sentado sobre un gran animal de dos cabezas que el exterminador conocía muy bien.
-Bueno días señor Jaken… - decidió acompañarlo, era evidente quién lo requería.
Más allá, junto a un riachuelo y sentado se encontraba el yokai más fuerte que conocía.
-Señor Sesshomaru, es un agrado volver a verlo-
El aludido se limitó a mirarlo, sin responder nada.
-Mi amo requiere de tu presencia por algo puntual, esperando tu ayuda.
-Si puedo hacerlo, lo haré-
-Buscamos a un hombre...de nombre Jyubei.
-Sí lo conozco...tiene una casa de recompensas cerca de aquí.
-¿Puedes llevar a mi amo?
-Claro que si- Kohaku se sentía sumamente intrigado con todo eso- Si no es mucha indiscrecion, ¿ para que buscan a aquel hombre?
-Es un asunto de negocios.
Volaron conjuntamente hasta la cabaña del viejo hombre bajo indicaciones del hermano de Sango, en donde Sesshomaru se detuvo en la entrada esperando que Jaken lo antecediera. El exterminador se adelantó y presentó rápidamente al yokai, indicando que querían hablar con él. Luego, prefirió salir del lugar.
Kohaku espero afuera atentamente, no podía imaginar que llevaba al mismísimo Sesshomaru en persona a ir a aquel lugar. Luego de lo que parecieron varios minutos, salieron ambos demonios.
-¿Tuvieron suerte? -
-Por supuesto que sí, nadie podría resistirse a una solicitud de mi amo- Jaken hablo de más, ganándose un pequeño golpe del yokai.
-Señor Sesshomaru, si me disculpa, ¿ usted sabe que su hija trabaja con mi grupo de exterminadores verdad? - después de años y luego de saber la verdad, sentía que era apropiado hacer esa observación.
-Lo sé- por fin, el demonio le dirigió la palabra mirándolo directamente. El joven exterminador sintió que quería decirle muchas cosas con esa mirada.
-Mi amo y yo agradecemos tu entrenamiento a la joven Setsuna- Jaken hablaba por él, eso quería decirle.
-No hay de que, es una poderosa jovencita.
Los demonios no volvieron a hablar. El hombrecito verde se despidió y se fueron ambos volando ante su mirada.
La intriga lo llevó a entrar a la cabaña, Jyubei estaba curiosamente alegre, ordenando una bolsa enorme junto a él. Eso le pareció un poco obvio, algo le habían hecho merecedor de una suma considerable por parte del demonio.
-¿Has quedado muy alegre, Jyubei?
-Y como no, nunca me habían pagado una suma tan grande como si fuera nada- el hombre no dejaba de sonreír.
-Me imagino, el poder adquisitivo del señor Sesshomaru es conocido-
-Si si, yo imaginaba que pasarían años antes de que se saldará esta deuda.
-¿Tan así?- Kohaku intentaba hacer preguntas generales, buscando "pillar" al hombre frente a él.
-Claro que sí, ni en mil años ella lo lograba tan luego
"Ella"… el exterminador se puso a pensar. Solo podía ser una cosa. Decidió que actuaría sobre seguro.
-¿Sabe Moroha que su deuda sería pagada? -
El hombre se detuvo de su andar y palideció. Había sido muy obvio.
-Hey...exterminador...te ruego no cuentes nada, sé que te ha sido fácil concluir sus objetivos, pero el demonio es aterrador y me dijo que yo no debía decir nada.
-Entiendo, tranquilo.
Kohaku salió del lugar totalmente sorprendido. Lo único que podía imaginar era que sus hijas habían convencido a Sesshomaru de hacer eso. O quizás lo hacía por su hermano...no, eso era imposible. O tal vez era por la chica. Aunque era algo difícil también. Definitivamente era un misterio enorme, las pocas actitudes de ese hombre podían ser sumamente sorprendentes, él lo sabía, cuando era niño lo había protegido sin exigirle nada y siempre estuvo agradecido por ello. Era mejor no cuestionar mucho las formas de aquel yokai, simplemente porque su poca expresividad iba de la mano de sus actos sumamente pensados, que lograban que finalmente todo tuviera su sentido. Había que confiar, nada más.
—-
-Wooow- Moroha estaba sorprendida.
-Sí, lo sé, es extraño.
-No puedo creerlo, parece una broma. Debió pegarse en la cabeza perdiendo completamente la conciencia para hacer algo así por mi...no imagino otra razón.
-Si- Kohaku rió por aquel comentario-
-No entiendo porqué haría eso, yo casi no tengo relación con él. Además, ¿ por qué mi tía Rin no lo sabía? No creo que me mintiera.
-No lo sé, como te conté, supe la verdad porque junte los hilos y parecía muy obvio. Sobre Rin, te aseguró que no te mintió, es claro que tu tío no habló con ella de este asunto cuando pudo. Y sobre el porqué...Moroha, las razones del señor Sesshomaru son siempre un misterio, pero siempre tienen un sentido, eso es algo que aprendí hace mucho tiempo.-
La niña lo quedó mirando desconcertada, nada de eso tenía mucho objeto para ella.
-Muchas gracias- la adolescente se despidió rápidamente con una reverencia y se marchó rauda de ahí. El exterminador se quedó en su lugar, dudando si su actuar había sido realmente muy errado o no. Bueno, de todas formas, si había hecho algo incorrecto, pronto lo sabría...
—-
Como Kagome tenía muchas obligaciones impostergables con la gente de la aldea, Inuyasha se vio forzado a ofrecerse para ayudar a Moroha con la preparación de sus cosas para el viaje. La verdad, no debían ser muchas, pero a su mujer le gustaba que todos estos "procesos" fueran familiares. "Tonterías" pensó el hanyo, mientras entraba a la cabaña y se encontraba con las dos mujeres de la casa doblando ropa y revisando objetos varios.
-Que bien que llegaste, debo ir a cumplir con algo muy rápido. Solo nos falta revisar nuevamente la lista de cosas y asegúrense de revisar la habitación nuevamente por si se queda algo. - con eso dicho, se levantó rápidamente.
-¿No llevaras el arco, mamá?-
-No, no, será algo súper rápido.- a la chica le sorprendía siempre que su madre solía salir sin su arma, ahí podía notarse que no había sido entrenada como guerrera. Después de todo, Kagome había aprendido solo por una imperiosa necesidad. Cuando la miko salió de la casa, Inuyasha se arrojó aburrido junto a su hija, mirando sin mucho entusiasmo la lista que se asomaba en el piso junto a la mochila amarilla.
-¿Revisaste esto ya o qué…?-
-Sí, como veinte veces, mamá está exagerando.
-Como siempre.
-Sabes, hoy supe que…-Moroha se cayó, tuvo intenciones de contarle a su papá sobre el descubrimiento del día pero al instante supo que no era buena idea, simplemente porque su progenitor odiaba la sola mención de su medio hermano.
-¿Qué pasó?
-No nada, olvídalo, era algo de mis primas. Estoy aburrida…¿por qué no entrenamos un rato? Porfavooor…- la niña lo miró con la cara más adorable que pudo poner. Inuyasha solo resopló.
-¿Estás loca? Si salimos ahora tu mamá se va a molestar por no hacer lo que nos dijo. Y no podemos estar aquí adentro con las espadas, ni siquiera tocarlas.
-¿No te deja sacar colmillo de acero?
-No, porque hace muchos años destruía la cabaña en la que vivíamos y nunca me ha perdonado por eso. Ni siquiera después de que le hice está mas grande y con todos sus caprichos modernos. - el hanyo al recordarlo frunció el ceño, aun sentía que la reacción de la mujer (quien lo ignoró casi una semana haciéndolo dormir en la intemperie) había sido exagerada. Nunca quiso hacerlo, solo se entusiasmó mucho...
Moroha sonrió. Su papá poseía un pasado bien catastrófico, eso escuchaba siempre por Shippo quien aprovechaba las oportunidades que tenía de contarle todas las barbaridades del pasado. Por lo aburrida que estaba, comenzó a mirar alrededor… observaba con atención las cosas, buscando que hacer ...hasta que..
-Oye, quizá espadas no pero…¿y arcos?
-¿Ah? No se usar el arco- Inuyasha no entendía, solo veía a su hija reírse bajito con cara de travesura. La niña tomó el arco de su madre y sacó el suyo propio.
-Tu usa el mío, yo el de mamá, podemos simular una pelea de espadas para practicar un poco los movimientos, no se dará ni cuenta, cuando sintamos que se acerca nos detenemos- le lanzó el arco y, por impulso, el hombre lo tomó con una mano.
-No es buena idea
-Yaaa, no seas aguafiestas, es un juego solamente.- su padre no se inmutaba, seguía mirándola serio. Entonces era mejor atacar. Con su movimiento con sus piernas flexionadas perfectamente para usar una espada, Moroha movió el arco de su madre dándole un golpe certero en el hombro a su padre que levantó una ceja un poco molesto.
-Beniyasha 1, dios bestia 0.
-¿Dios bestia? ¿Quién te contó eso?
-Shippo- volvió a reírse y esta vez volvió a golpearlo con el arco, que aunque obviamente era muy distinto a una espada, servía perfectamente como juguete para irritar a su papá-
-Basta enana, no seas infantil- con cada golpe que le daba se molestaba un poco más.
-Que malo eres, voy a ganarte, chaaaaaazzzzz- Le dio otro golpe, pero que por un mal cálculo le dio en la cara al pobre Inuyasha que seguía sentado con el arco de su hija en la mano. Sintió como una vena le brotaba furiosa en la frente y, sin pensarlo, se levantó imitando a la adolescente, dándole acto seguido un golpe como los de ella en el hombro.
-Heeey, no avisaste, no me defendí.
-En guardia enana endemoniada- el hanyo con ese acto se sintió levemente divertido, olvidando que todo eso era una tontería. Comenzaron a darse estoques de "espada" que eludían con destreza increíble ambos semidemonios, ambos riendo como niños pequeños. En sus movimientos, ambos habían pateado la mochila y empujado las cosas preparadas para ser guardadas, haciendo un desorden del lugar.
En un momento, la chica se detuvo levemente y su padre, que no había notado nada, le dio un toque con el arco justo detrás de las piernas que en una batalla real, era la forma de botar al contrincante.
-¡Ahhhh!- la chica, por la sorpresa y la distracción, se fue hacia adelante doblando las rodillas y alcanzando a detener el golpe con las manos.
-Moroha noooooooooo…- Inuyasha palideció en un segundo. La niña había resistido la caída pero, como precio, se había ido justo con todo su peso sobre el arco de su madre, que yacía entonces bajo ella partido en dos.
-Maldita sea, justo iba a decirte que viene mamá- el dueño de casa olfateó rápidamente y comprobó que era cierto. Algo dentro de él lo hizo estremecer, definitivamente la miko iba a enfurecerse con esa escena.
-Los mismos demonios, por kami, está casi afuera. Escóndelo-
Moroha intentó pararse pero como había caído sobre el arco, se hizo una pequeña pero profunda herida que le impidió ponerse de pie fácilmente. Su padre, en un acto de desesperación, la tomó de la cintura, la cargó en su hombro y rápidamente salió arrancando con ella por la salida que daba al patio posterior de la cabaña. Corrió rápidamente hasta llegar a un lugar con árboles, no muy lejos de la casa, dejando con suavidad a su hija en el pasto. Era cosas de seguirnos, mientras ellos arrancaban, la miko estaba haciendo paso por la puerta.
-¿Por qué hiciste eso papá?
-Tu mamá va a matarnos.
-Pero quizá podemos repararlo
-Eso da igual, va a matarme a "abajos"…
-Pero fui yo….- La cara de terror de su papá sorprendía mucho a la niña, que se sentía confundida respecto a todo.
-Pues te castigará...justo para tu viaje…- eso era cierto, Kagome era conciliadora pero también muy estricta si quería serlo.
-Pero dejamos la evidencia ahí… nos descubrirá igual.
Inuyasha ya no supo qué decir. Se sentó junto a su hija, resignado. Luego notó la herida nuevamente.
-Voy a curarte esper…- se detuvo al escuchar un intenso grito desde la cabaña
-¡INUYASHAAAAAAAA!
Sin pensarlo, otra vez, volvió a tomar a su hija y brinco a un árbol, reteniendo a la niña entre sus brazos e indicando bajito que guardara silencio.
-Pero papá… qué haremos…
-Shhhh….dejaremos que se tranquilice pensando que estamos lejos y le daremos algunas horas de paz, ahora está furiosa.
Cuando pasaron varios minutos, el hanyo liberó a su hija del abrazo y esta se puso frente a él.
-¿Siempre te escondes de mamá así?
-Solo cuando se molesta mucho. Esto fue malo, Moroha. Ese era su arco especial.
-Lo siento- la niña se recostó sobre la rama junto a ella, elevado la vista al cielo y sonriendo para sí misma.- aunque esté enojada, me parece entretenido escondernos de ella.
-A ti todo te entretiene, enana desordenada.
Moroha se quedó en silencio. Sintió de repente la necesidad de seguir hablando con su papá, quizá ayudaría a bajar su actitud tensa.
-Papá...¿puedes contarme algo de cuando era bebé? Alguna anécdota quizás.
Inuyasha, que seguía sobre la rama en silencio se quedó mirándola serio. Era un poco complicado después de todo habían pasado muchos años.
-Ehh… la verdad, recuerdo pocas cosas...fue muy poco tiempo
-Bueno, no importa- el semidemonio se sintió helado con la mirada tristona que puso la niña en un segundo e intentó forzarse a sí mismo en recordar algo...algo...
-Emmm, ahora con el enojo de tu mamá...recuerdo que se enfado conmigo una vez por culpa tuya, enana.
-¿Sí? ?¿Hice algo?- ahora la niña volvió a mirar a su papá, le gustaba escuchar esas cosas… como si trataran de otras personas.
-Recuerdo que, por primera vez desde que naciste, Kagome me dejó quedarme contigo a solas, no era que no confiara en mí...es que ella no quería nunca estar lejos tuyo, era insoportable. Ese día tenía que hacer algo importante, ya no sé qué. Después de darme mil instrucciones, se marchó. Y para mi desgracia te pusiste a llorar como condenada- en su relato, el hanyo miro fijo a su hija, como reprochándole. Ella solo se rió mostrando un colmillito.- me desespere mucho, te alimente como tres veces, te pasee por la cabaña, recorrí la aldea contigo en brazos pero nada. Al final, encontré una caja que tenía tu madre con juguetes viejos de Shippo, esos que le traía ella del futuro. Dentro había una especie … de animalitos que brillaban en la oscuridad. En ese momento recordé que Kagome le sacaba un papel de detrás a las figuritas y las pegaba en las cosas...y cuando no había luz, se encendían.
-Creo que se llaman Stickers, se los colocan a los niños en las piezas para que no se asusten por la oscuridad.- Moroha los recordaba, Mei tenía algunos en su habitación.
-Bueno, esas tonteras, en el acto más estupido de mi vida les saque el papel y me los pegue en la frente...y en la cara entera. Y como ya estaba oscuro, comencé a moverme haciéndote gracias...y funcionó. Comenzaste a reírte de mí, estuvimos un buen rato así hasta que empezaste a cabecear.
-Que tierno- Moroha se reía, no podía imaginar la angustia de su papá para que hiciera eso.
-Cuando llegó tu mamá yo estaba echado en el futon dormido, contigo encima mío pero por el desgaste de llorar y luego reírte tanto me vomitaste encima, ensuciaste todo...y lo peor, es que cuando Kagome me despertó para regañarme, intento sacarme los animales y no salían…
-¿Qué?- la niña comenzó a reír de buena gana.
-Cuando los saco con unas hierbas y una hora de frotar sin cariño, tenía toda la cara marcada con siluetas de animales. Me produjo una reacción rara a la piel, que duró un par de días… Kagome creyó que era por lo viejo de las porquerías y las hierbas fuertes.-
Cuando terminó de hablar, también se comenzó a reír, la verdad es que en perspectiva toda la situación era bastante graciosa, aunque en su momento no tanto. Al final, ambos olvidaron por un rato porque estaban sobre un árbol en pleno atardecer.
Kagome había entrado a su casa y se encontró de frente con las cosas tiradas y , frente a ella, su arco favorito partido en dos. Sintió como desde su nuca un calor lleno de odio la invadía. Solo le había pedido un favor, la última tarea y ahí estaba el resultado: un desastre, como siempre. Gritó el nombre de su marido, sabía que la escucharía, aunque probablemente se encontraba arrancando junto a la niña.
-Son iguales, siempre hacen desastres y quieren que yo no diga nada...
Salió rauda caminando a pasos duros y las manos apretadas en puños. No tenía por dónde buscarlos, pero su rabia la hacía moverse sin parar, paseando los caminos mirando a todos lados en busca de señales. Su cabeza también parecía que ardía de la rabia que sentía, ese arco no era uno cualquiera, Inuyasha sabía perfectamente que aquel arco era el que ella misma creó cuando hizo su entrenamiento en el Templo de las Sacerdotisas Guerreras, aquel lugar donde había pulido sus poderes espirituales y que como prueba final implicaba realizar su propia arma desde cero. Era significativo y emotivo de muchas formas, además de ser una de las cosas que había podido rescatar de su vida previa al caos de los últimos años. Parecía que llevaba muchos minutos caminando, quizá treinta minutos o incluso horas porque el atardecer apareció sobre el cielo y bañaba con el tono rojizo los campos a su alrededor. Con el tiempo, sentía que era más agotamiento que nada lo que sentía y cuando comenzaba a rendirse, vio de frente a Kenji que volvía de recoger leña lejos de la aldea.
-Buenas tarde señora Kag…-
-Kenji, tienes buen olfato verdad, ¿puedes sentir a Inuyasha o Moroha?-
-Ehh…¿sucedió algo con mi maestro o la señorita?-
-Nada de vida o muerte, pero dime porfavor. - el chico se concentró en busca del aroma de los aludidos. Comenzó a caminar en rumbo que su intuición le indicaba seguido de su anfitriona, hasta que pasados unos campos de cultivo y a la altura de unos árboles antiguos cerca del río, se detuvo.
-Si no me equivoco, están por al medio de ese grupo de árboles¿ voy por ellos?
-No, tranquilo. Gracias, puedes ir a la casa- la mujer sonrió triunfante y segura de sí misma caminó hasta donde le habían indicado.
-Maldición, tu madre- Inuyasha volvió a sentir que su estómago se apretaba. De alguna forma había llegado hasta allí pero era probable que no supiera realmente que estaban en un árbol. -Silencio Moroha,ni siquiera respires.-
Kagome intentaba descubrir dónde estaban exactamente, mirada con detenimiento los árboles frente a ella, pero no podía sentir nada. De todas formas, ellos tenían que estar por ahí. Y si Inuyasha estaba cerca, entonces…
-¡ABAJO!
PUUUM, el hanyo se fue hacia abajo dando de cara frente a su mujer. Para lastima de Moroha, su padre aun la sostenía, aunque esta vez en su espalda listos para arrancar, asi que cayó encima de él, dando con todo su peso sobre el.
-Ayyyy, papá lo sientoooo.- la niña estaba sobre él pero por el golpe no podía moverse.
-Argggg….
-Aquí están, así que arrancaron como unas ratas.
-Mamá perdóname, yo fui, inventé la pelea de arcos y me caí sobre el tuyo.
-¿Por qué siempre haces eso, mujer malvada? - Inuyasha seguía sobre el piso, con la cara roja por el golpe y su hija aún sobre el.
-No me digan nada más, sigo enfada. Demás está decirles porque. Levántense, vamos a la casa, van a darse un baño y van a cenar. Ah, tú cocinas Inuyasha. Y tu limpiaras todo el desastre, Moroha.
-Por qué exageras tanto…-el hombre había podido por fin incorporarse, aprovechando de darle apoyo a su hija que seguía con la rodilla herida.
-¿Y a ti que te paso?- la sacerdotisa cambió su expresión de odio a preocupación en medio segundo.
-Fue con el arco…
-Pues que te cure tu papá, pero primero te lavas, los dos están muy sucios- sabiendo que era leve, volvió a su estado de mamá molesta.
Kagome se adelantó a ellos, dando fuertes pasos con los pies y refunfuñando cosas entre dientes. Los dos semidemonios, obedientes, hicieron lo que les indicaron y aquella noche la miko no volvió a hablarles. Da igual, pensó Inuyasha, la espera conversando y la sincera defensa de su hija parecía que lo había salvado de morir con "abajos"...
—
A la mañana siguiente, con una madre bastante menos molesta y ya más emocionada que nada, Moroha puso la mochila en su espalda, revisó su arco y su espada y se salió de la cabaña, esperando despedirse de sus papás, se encontraría con sus primas fuera de la aldea.
-Bien, todo listo, cuídense mucho, nos vemos en algunas semanas.
-Moroha, cuando llegues a tu primer punto, escríbenos porfavor.- Kagome la estrujó en su pecho aguantando las ganas de llorar. La niña se dio cuenta y la abrazó de igual forma, terminando con un beso en la mejilla.
-Claro.
-Cuídate enana. - Inuyasha no tenía mucho que decir, simplemente la abrazo, un corto pero apretado gesto.
-Y tu Kenji, cuida a mis papás, que no peleen mucho.- Moroha le sonrió al hanyo, que la miró agradecido. La relación de ellos ahora era cordial, incluso amistosa.
-Tranquila señorita.
-Te dije que me digas por mi nombre, no soy ninguna princesa-
Finalmente, se despidió con una mano de sus padres y del discípulo, pero al irse, sintió una pequeña punzada en su pecho, le estaba dando un poco de pena marcharse de su casa.
—-
Seis días después
Cuando Inuyasha entró a la casa, Kagome estaba parada dándole la espalda. Tenía la vista gacha.
-¿Pasó algo?
-Kirara trajo la carta de Moroha- el hombre se acercó abrazando por la espalda a la miko, apoyó el mentón en su cuello y miró el papel.
-¿Y cómo está?
-Bien, llegaron a una especie de templo, primero dice que tiene un regalo sorpresa… y mira, aquí dice algo curioso.- el hanyo leyó lo que le indicaba su mujer.
-¿Se encontró con un conocido, un chico?
-Sí, dice que lo traerá a la casa a pasar unos días pero no dice quien es...tan misteriosa siempre. - Inuyasha elevo una ceja… "¿Qué hace Moroha en su viaje de entrenamiento viéndose con amigos ...hombres?"-
