Capítulo 5: Celos paternos.

Kagome de inmediato sintió como Inuyasha se tensaba. Liberó el abrazo que le estaba dando y giró sobre sí mismo.

-¿Sucedió algo?

-Nada. Solo me sorprende, se supone que era un viaje de entrenamiento, algo serio, con la famosa Rei, esa entrenadora…

-Y claro que es así, no veo que te incomodo tanto.

El hanyo solo la miro con los ojos entreabiertos. Ella de seguro sabía que lo había perturbado, pero quería que él mismo lo dijera. No le daría gusto.

-Olvídalo, Kagome. Si le respondes a la enana, dile que le mando un abrazo. ¡Y que se concentre!-

Kagome sonrió traviesa, era evidente el click de celos que había sentido su marido.

Kenji suspiró fuertemente y sin darse cuenta. Su maestro estaba especialmente de mal humor. Apenas le había gruñido en señal de saludo...todo al parecer a causa de una carta de Moroha. Se extrañaba la presencia de la chica en la cabaña, era cierto que la monotonía del hogar se mantenía, pero esa característica risa media siniestra y traviesa de la niña bañaba el lugar de alegría. El no podía hacer nada con eso, aun sentía mucho recelo respecto a él por parte de su maestro. Aunque, agradecía al cielo que la señora Kagome no hubiera revelado lo que le había contado antes. No deseaba morir tan joven.

-Bien jóvenes, el día de hoy es un misterio- el monje Miroku era otro individuo curioso, pero de manera distinta a su amigo, siempre parecía de buen humor. Ese día el grupo eran los ya mencionados y Kin'u, la hija del seguidor de Buda que curiosamente también se preparaba para dicha tarea. Sería monja. Kenji se había llevado una sorpresa al ver sus atuendos sueltos, poco comunes en una mujer, además de su cabello corto. La señorita, además, tenía una hermana, que era exactamente como ella pero que llevaba una vida cotidiana de jovencita de veinte años.

-Ay papá, qué pasa, porque no sabes …

-Es que solo nos dieron luces de que cerca de aquí una casa de terrateniente se ha visto cubierta por una "nube de la desgracia".

-¿No es invento tuyo, Miroku?- Inuyasha no hablaba, gruñía.

-No estimado amigo, esta vez es real.

La chica rió de buena gana, su risa era estruendosa pero a la vez femenina, pensó Kenji. Ante eso, él no pudo evitar reírse también. Con el tiempo ya conocía las "mañas" del monje.

-Hey…- la muchacha se acercó a él, haciendo que el adolescente se sonrojara levemente de tenerla tan cerca de su odio de hanyo. - he visto que tío Inu no te da mucha atención...déjamelo a mí, hoy serás la estrella.- la chica le guiñó el ojo.

-Pero señorita...que debo hacer

-Tranquilo

Kenji se quedó en silencio. En su serenidad, le había removido el pecho la cercanía de la monja en preparación, después de todo él nunca había convivido mucho con mujeres más adultas, menos con humanas. "Soy realmente un imbécil" pensó, ya no tenía edad de ponerse como un chiquillo enamoradizo. Ciertamente, si no cambiaba su actitud a una más segura, el señor Inuyasha lo seguiría tratando con desinterés. Tenía que demostrarle de alguna forma su valía.

Cuando llegaron, la joven bramo con alegría, era evidente la gran masa negra sobre la inmensa mansión antigua. De ella, salió un hombre adulto con clara afligida.

-Que bueno que llegó su excelencia, esta presencia nos tiene atormentados hace muchísimos días. Agradecemos inmensamente su atención para con este humilde terrateniente…-

¿Humilde? Pensó el joven semidemonio. La mansión era enorme y el hombre vestía las más caras sedas. Humilde mis patrañas…

-No se preocupe nosotros resolveremos el problema, solo a cambio de un módico reintegro de su parte.- el padre de la gemela era risueño y gentil en su hablar, a Kenji le parecía que era un excelente orador.

El grupo se acercó a la fuente del problema. Los monjes se pusieron a hacer su labor, inmiscuyendo en donde realmente se albergaba dicha fuente de energía. Inuyasha, aun inmerso en su pensamientos y persecuciones respecto a Moroha, refunfuñaba apoyado en un árbol. Kenji lo acompañaba. Podía recordar las historias increíbles de Shiori respecto a su maestro, como con su espada había destruido la esfera donde se reunían los poderes de generaciones de su familia. Imaginaba un sinfín de aventuras, donde aquel semi hombre era protagonista. Y él era su discípulo. Se sentía honrado. Aunque también se sentía inútil, no había aumentado en nada sus conocimientos. ¿Sería su culpa?

Cuando había pasado una gran cantidad de tiempo, volvieron padre e hija. Kin`u le sonreía cómplice.

-Inuyasha, la fuente viene directamente del salón principal, al parecer el terrateniente tiene una figura animal de manera decorativa, la jovencita a mi lado ha detectado que viene de ahí. Ella misma se hará cargo de extraerlo de su escondite, luego de que lo destruyas, ella lo sellara- Miroku se erguía lleno de orgullo, que su hija participara lo hacía sentir el hombre más grande sobre la tierra, su joven retoña era una gran futura monja, a pesar de que tenía mañas "un poco" similares a las de el.

-Bien melliza- el hanyo Peliplateado , por primera vez en el día, cambió su actitud y le sonrió con cariño a la chica. En cierto sentido, lo enorgullecía también a él, después de todo la había visto crecer.

-Verán lo increíble de mis poderes, confío en mí habilidades. Lo que sí, esta vez quisiera que me ayudara Kenji.

-No, el mira- Inuyasha fue conciso, sin inmutarse.

-Pero tío… es por darme gusto a mi, no seas así.

-Em….

-Bien, nada que decir ¡vamos!- la joven tomó de la mano al joven hanyo que salió arrastrándose, entrando ambos a la vieja mansión.

Tal y como relató el monje, Kin`u con total destreza liberó al ser dentro de la decoración falsa, con un simple movimiento y un pergamino que con gran sutileza dirigió al cuerpo del animal. Kenji se quedó pasmado viendo como una gran figura con forma de lo que le parecía un lobo enajenado revoloteaba enfadado. Era un alma de demonio sin descanso. La monja le indico casi como un susurro cuando debía actuar. El, sin pensarlo más allá, desenvainó su espada y con un certero golpe destruyó al ser, que no alcanzó a acercarse. La chica quedó realmente maravillada del elegante movimiento de espada que dio el chico, se notaba que ya sabía usar el arma. Además, la suerte de coordinación de sus pies lo dejo en una pose propia de un samurai.

-¡Increíble!

-Gracias señorita.

-Ahora sellaré esto y estaremos listos.

Kenji se enderezó, se sentía más vivo que nunca, o que en mucho tiempo. Pero su actitud se congeló cuando noto en la entrada al monje y su maestro. Ambos lo miraban fijo.

-Eso fue genial, Kenji. Tienes una agilidad envidiable- dijo Miroku, abiertamente sorprendido. Inuyasha por su parte no demostraba nada. Aunque su mirada decía muchas cosas.

Esa tarde los dos semidemonios llevaron unas grandes bolsas de especies valiosas, lo que Kenji sospecho serian monedas de oro, ya que el agradecido y "humilde" terrateniente quería, con eso, convéncelos de ser parte de su guardia privada, a lo que obviamente se habían negado. Pero la recompensa no debía rechazarse, según Miroku, eso podía enfadar a los dioses.

—-

En la cabaña alejada de la aldea, Kagome había regresado de sus propias labores, ese día era hermoso, ya que había ayudado a dar a luz a un pequeño bebé. Le gustaban mucho, si algo disfrutaba de ser sacerdotisa era hacer esa tarea. Recibir al recién nacido, lavarlo, arroparlo y entregarlo a la madre...era sublime. Solía recordar su propio embarazo y alumbramiento, lo que siempre la hacía emocionarse. Aunque luego pensaba en los pocos momentos de la infancia de su hijita que había podido disfrutar y algo la hacía enfriarse por dentro de la tristeza tan grande que sentía.

Cuando entraron los dos hanyos que vivían con ella, les sonrió como bienvenida. Inuyasha le respondió con un sonido propio de él y Kenji, sonrojándose levemente.

-Ay Kagome, apestas a guagua...y todo lo que implica- su esposo era nada sutil, arrugando su nariz sin miramientos.

-Hoy nació el hijo de…- Inuyasha claro que no recordaría el nombre de esa mujer ni su casa- de una aldeana.

El hombre no respondió, se alejo de ella dejando las ganancias de ese día en el suelo.

-¡Les fue bien al parecer!

-Sí, era esa clase de terratenientes que les gusta fanfarronear sobre su dinero.

-Un humilde terrateniente- dijo Kenji divertido. Inuyasha dio un gran carcajada.

A los segundos, Kagome se golpeó el cuello, había sentido un fuerte picor. Cuando se dio cuenta, vio al anciano Myoga en su mano.

-Anciano, te esperábamos-

-Ama Kagome, disculpe la tardanza, me encontraba lejísimos de aquí, pero recibí su mensaje con el seres ancestrales. Un gran uso de poder espiritual, debo decirle ama, es usted poderosa.

La mujer agradeció levemente. El hanyo de su marido se acerco a la pulga con cara molesta.

-¿Tu lo llamaste? Hola anciano, tanto tiempo.

-Claro amo, siempre vendré si me requieren. ¿Y mi joven ama? La extraño mucho, hace meses que no la veo.

-De viaje de entrenamiento

-Ay mi joven ama, tan esforzada, constante, entre tantas virtudes...a diferencia de uno que conozco yo…-Inuyasha no dijo nada, solo aplastó sin delicadeza al pobre anciano que seguía en la mano de la miko.

-Bastaaaa…Mira Myoga, este es el discípulo de Inuyasha, su nombre es Kenji. Te requerí porque me gustaría pedirte por favor que ayudes en su entrenamiento.- la sacerdotisa era siempre amable con la pulga, sin abusar de su poder sobre el. Lo que el yokai pequeño agradecía con su infinita fidelidad. Myoga se paró sobre el chico y le sacó sangre, sin pensárselo.

-Wow, este joven en un hanyo como mi amo. Y tu sangre...tu familia es grande muchacho, tu energía de demonio es imponente. ¿Quiénes son exactamente tus familiares?

-La verdad no tengo idea, me abandonaron al nacer.- La pulga no insistió, con el conocimiento que tenía ahora de su sangre podría averiguar más luego.

Al día siguiente, Myoga como todo un entrenador guiaba el grupo compuesto por Inuyasha, Miroku, su hija, su hijo Hisui, Shippo y el joven Kenji, justo hasta un sector alejado, donde era bien sabido que en una cueva se alojaban unos monstruos con forma de serpiente come carne que atemorizaban en verano (la temporada cuando no estaban dormidos) a una pobre aldea. No se podría pedir recompensa, pero era buen lugar para entrenar.

-Bien amo, lo primero luego de analizarlo es saber las habilidades de este chiquillo. Debemos hacerlo pelear a solas y bajo condiciones.

-De acuerdo- Inuyasha no estaba muy convencido, pero la advertencia de la noche anterior de Kagome en el dormitorio le había bajado las asperezas.

-Ustedes están de observadores, tenemos que detectar las falencias y virtudes del discípulo de mi amo…- todos asintieron.

-Sabes- murmuró suave Hisui en el oído a su hermana- Setsuna no confía mucho en este tipo. Dice que cuando estaban en la aldea, solía escaparse…

-Que tiene de malo, era adolescente, es normal, que tu seas un aburrido es otro tema hermanito-

-No no, es que se escapa sin decir a nadie, solía volver con alimento, armas, con ropa...todos sospechaban que se venía a secreto con familiares, que tan "huérfano" no era. Nadie confiaba en él. Cuando se marchó, nadie lo extraño.

-No me parece un mal tipo Hisui…

-De todas formas, atenta a él. No me fio.

-¿No estarás un poco celoso de que conociera a Setsuna antes que tú?

Hisui no respondió, se sonrojó hasta las orejas y maldijo a su hermana, que comenzó a reírse de él.

Con un rápido gesto de Miroku, los demonios salieron despavoridos de la cueva. En un instante, Inuyasha le quitó la katana al joven hanyo, que lo miró aterrado.

-Sin espada primero- le sonrió, con malicia.

Kenji, un poco asustado, se acercó como pudo. Los observadores se encontraban lejos de él. Primero, quiso con sus movimientos golpear en la cabeza a los seres, pero cuando una de las serpientes come carne lo mordió, grito como enfermo y se liberó de ella a duras penas. Siguió, pero esta vez con su fuerza la agarro del cuerpo y quiso tirarla, pero otra serpiente se le vino encima y se vio mordido nuevamente, pero en el brazo. A penas logro darle un codazo torpe en cabeza, alejándola. Así estuvo lo que pareció mucho tiempo, una de las serpientes le había incluso sacado un pedazo de carne de la pierna derecha, lo que disminuyó sus movimientos. Su maestro empezaba a impacientarse, aun le quedaban dos serpientes, hasta que le entregó su espada a Kenji quien, esta vez con una destreza envidiable, las mato de un solo golpe. Ya estaba molesto con la situacion, estaba quedando como un idiota debilucho.

-La conclusiones son claras- dijo la pulga, frente a su amo y el resto de la gente. Kin`u por compasión se encontraba sanando sus heridas. -Necesitas aprender a luchar cuerpo a cuerpo. Es cierto que debes saber usar tu arma, pero ¿qué pasa si quedas sin ella?

-Es cierto- dijo Inuyasha, ahora sentado y mirándolo seriamente. Por fin sentía que conocía el rumbo de este proyecto "discípulo".

-Y quien servirá para dicha tarea...necesitamos de alguien violento e impulsivo que te ayude a pelear - dijo Miroku, sarcástico.

-Si, una clase de idiota que no use mucho la cabeza y que le guste agarrarse a combos...donde- mencionó Shippo, irritando más al hanyo.

-Claro, mi amo sabrá sacar tus habilidades a la luz.

-¡Cállense!- Todos rieron, menos Kenji. Le asustaba.

-Tu tienes otros poderes verdad...note como mareaste una serpiente cuando la miraste.- dijo suspicaz Shippo.

-Si, por lo que sé puedo controlar levemente el sueño de otros yokais… pero no se realmente como.

-Yo me encargare de averiguarlo- Myoga estaba entusiasmado. Todo porque su amo por fin sentaba cabeza definitivamente, el tener un discípulo era el paso final de un gran guerrero, desde su perspectiva.

-Basta, volvamos a la aldea. Tu entrenamiento ahora consistirá en que aprenderás a luchar conmigo, cuerpo a cuerpo. No seré bueno.- Inuyasha se levantó decidido, dirigiéndose a su discípulo quien asintió, por primera vez se sentía emocionado.

—-

Las semanas habían pasado con avidez. Ya hacía casi un mes que la niña de la casa se había marchado con sus primas a entrenar. Habían recibido todas las semanas una carta, que era respondida con rapidez por la madre. La shinhanyo, para pesadumbres de su padre, seguía en compañía de un misterioso amigo. Inuyasha había tenido pesadillas sobre aquello, de un hombre que en su imaginación era viejo, con cara de pervertido y sumamente grande, que llevaba de la mano a su pequeña e inocente hija, la que miraba enamorada a ese engendro.

"No, no Moroha" pensaba en su sueño, que terminó con Kagome sacudiéndolo para salir de su trance.

La inminente llegada de la adolescente tenía ansiosos a los dos padres, Kenji se sentía aliviado por lo mismo, sobre todo porque con cada carta de Moroha su maestro se molestaba a sobre manera y era él quien sufría las consecuencias. Los entrenamientos cuerpo a cuerpo lo tenían exhausto, Inuyasha no le daba espacio a dudas, lo golpeaba como el peor de los enemigos y él, ya después de las primeras veces, realmente daba todo de sí, pero siempre perdía. Al final, con toda la práctica estaba adquiriendo despacio las técnicas bruscas y engañosas de su maestro. De vez en cuando Shippo iba a molestar, metiéndose en las peleas con sus poderes, dificultando más su entrenamiento. Aunque, después de cada día y con sus constantes heridas, el kitsuke era una suerte de amigo. El, junto a Kin `u y Gyo, la otra melliza, solían pasear a divertirse a la aldea vecina. Según el zorrito, a Gyo le gustaba...pero él no podía creerlo, cómo podía él, un hanyo huérfano gustarle a una señorita de familia…aunque sí podía notar la atención de las jóvenes aldeanas, que solían comentar lo caballero y apuesto que era. "Es tu mirada violeta, miras con mucha intensidad" aseveró la aprendiz de monja un día, haciéndolo sentir alagado.

Cada día se sentía más a gusto. En la cabaña igual, Kagome era sumamente maternal con él; se preocupaba de sus comidas, de que no tuviera problemas al dormir, de que vistiera bien...era adorable. Por su parte, su maestro ya no era tan tosco, a veces incluso compartían bromas.

Moroha volvería aquella tarde, con sus primas y su visita. Kagome propuso recibirlos a todos en la cabaña, a lo que Inuyasha accedió, quería rápidamente saber quién era ese famoso "amigo". Cuando la luz del sol daba paso a un atardecer rojizo característico del sector, el hanyo percibió el aroma inconfundible de su cachorra. Se levantó expectante. Kagome lo notó, ya tenía todo preparado en la mesa. Kenji, por su parte, también la había percibido y se acomodó junto a la misma.

-Mamáaaaa- la chica entró gritando alegremente a la cabaña. Kagome la abrazó llena de júbilo, dándole un beso en la frente.- Hola papá.

El aludido le sonrió suavemente, se sentía de verdad feliz de ver a su hija. La abrazo también, aprovechando de sentir el olor cálido que tanto le gustaba desprenderse del cabello de su niña. Aunque otro olor se le había colado y lo había opacado…

-Hueles apestoso- todo el cariño de su rostro se fue muy lejos, ahora solo fruncía el ceño. Ese aroma...estaba claro a qué tipo de bestia pertenecía.

-Ay, sí, sabía qué harías drama. Huelo a lobo, lo sé. Estuve de pasada por las cuevas...y bueno, me encontré con mi amigo.

Antes de que el padre pudiera replicar lleno de rabia, Kagome se interpuso con sutileza entre ellos.

-¿Y las chicas?

-Afuera, primero quería entrar yo- era obvio porque- les diré que entren.

Cuando la chica salió a traer al resto de gente, Kagome, que de alguna manera también había notado que el amigo era de la tribu lobo y pudo imaginar lo que se venía por parte de su marido, giró en sí misma mirando con mucha seriedad al demonio perro frente a ella.

-No quiero escándalos, compórtate. Moroha es la adolescente, nosotros los adultos. No quiero que se espante y salga arrancando nuevamente, por favor.- el tono duro de la mujer pasó de confianza a temor en un segundo. Inuyasha, que quería alegar con ímpetu, se dio cuenta que lo mejor era callar, a la miko podía dolerle mucho una actitud así de la niña...y podía entenderlo.

Cuando las adolescentes entraron, detrás de ella entró el famoso amigo. Saludaron los dueños de casa a las niñas y luego todos los habitantes de la misma se quedaron mirando el desconocido.

-No creo que se acuerden sus cabecitas viejas- Moroha no dejaba su característica sonrisa traviesa- ¡es Hiro!.

Silencio. Kagome cerraba los ojos tratando de recordar. Inuyasha no cabía en sí de odio, el olor a lobo salvaje inundaba su casa. Un olor, además, demasiado familiar.

-Diablos...qué mala memoria. Hiro es el hijo de Koga y Ayame.

-Buenas noches, soy Hiroyuki.- el adolescente de sonrisa amplia y blanca le estiro la mano a Kagome quien se veía encantada. Entonces, se hizo muy evidente que delante de ella veía una especie de versión muy joven de Koga, del que ella recordaba de su adolescencia, pero de pelo suelto, más largo, ojos oscuros y una vestimenta más colorida. Pero, en esencia, era muy similar.

-¡Qué alegría! Ahora te recuerdo, eres el pequeñito que vi cuando regresé… ¡estas enorme!

-Si, ya cumplí 22 años. - el chico se veía feliz, su actitud irradiaba confianza. Kenji lo miró con la ceja levantada. Era clara el aura de malestar de su maestro, pero el lobo no se inmutaba "que valiente" pensó.- mi padre tenía razón, su belleza no tiene comparación, señora Kagome.

-Ay, gracias, que lindo eres, Koga siempre fue un poco exagerado- Kagome sintió la respiración molesta de su esposo, así que intentó bajarle el perfil- ¿Te quedarás con nosotros entonces? La cabaña está quedando pequeña...pero por un tiempo acomodaremos la habitación de Moroha para ti y Kenji- la sacerdotisa apuntó al hanyo, este no se inmuto ante la sonrisa del lobo- ella dormirá con nosotros un tiempo.

Inuyasha, que no estaba enterado de nada de eso, gruñó. Su irritabilidad estaba en grados peligrosos. Kenji pudo notarlo y se acercó a él.

-Maestro, siéntese por favor- estratégicamente lo ubico junto a sus sobrinas y al lado de su hija. Hiroyuki, que quería saludarlo de manera solemne, se vio interceptado por su anfitriona que lo invitó a sentarse, junto a Moroha.

-Queremos saber todo de su viaje, pequeñas. Pueden hablar- Kagome sirvió la comida feliz, sentía que estaba con una gran familia, su propia y enorme familia. Procuraba intentar ignorar a su marido con su mirada de ceño fruncido, aunque era difícil. Las niñas se embarcaron en una conversación animada, relatando sus días, el entrenamiento con Rei, la llegada a la cueva de los lobos, la visita al templo … así Kagome supo que su hija estuvo un par de días habitado el templo donde ella se había preparado hace años como miko. Luego, se enfocaron en Hiroyuki. Inuyasha no había abierto la boca en toda la noche, solo se limitaba a comer y dar sonidos como respuestas. Moroha empezaba a ponerse nerviosa, sabía bien cómo sería la reacción de su papá, pero esto estaba un poco más exagerado que sus creaciones mentales, todo porque Hiro era lobo.

-Sí, llevo entrenando muchos años fuera de las cuevas, mis padres me entregaron a un viejo lobo de las montañas a los 6 años. - mientras hablaba, las tres adolescentes lo miraban con detención. Sus ojos, al contar sus anécdotas, irradiaban un leve brillo que sugería un sentimiento de pena que conmovía a las chicas. Incluso a Setsuna.- fueron días duros, lejos de casa, pero siempre podía recordar a mi madre y a la pequeña Moroha, siempre tan alegre de bebé, eso me daba paz.-

Kenji estaba divertidísimo. Le parecía que ese lobo era una especie de charlatán de libro, solo por la forma en que hablaba, queriendo verse vulnerable antes las mujeres. A su lado, su maestro enterraba sus garras en una de sus manos, el olor a sangre no le pasó desapercibido. "Ha de encontrarlo un imbécil también". Luego, el charlatán relataba unas experiencias que parecían de otro mundo. Hasta Kagome lo miraba asombrada. A Kenji le parecía un poco inverosímil, la verdad el tipo no se veía tan fuerte a simple vista, no para matar 100 demonios con sus garras o haber pasado por situaciones tan extremas de clima como contaba tan abiertamente.

Ese día terminó con las gemelas volviendo con su madre luego de una gran cena. Hiroyuki agradeció a los anfitriones, dando una reverencia a un impávido Inuyasha.

-Es un honor conocerlo, mis padres me han hablado mucho de ambos- el muchacho, que miraba directamente y sin miedos al semidemonio, parecía estar siempre risueño. Aunque Koga no estaba especialmente sonriente frente a él cuando se encontraban, la verdad es que físicamente era muy similar. Un instinto muy primitivo le susurraba en la mente a Inuyasha que ese idiota no era bueno, que su cercanía a su hijita, a su mujer, a sus sobrinas, no era adecuada. Era algo animal y arcaico que lo hacía marearse. Para peor, el siguiente movimiento lo desestabilizó más.

El sucio lobo puberto había,aprovechando que Moroha se había acercado, tomado a la adolescente de la cintura acercándola a él. ¿Qué mierda está pasando que yo no sepa? Pensó.

-Saca. La. Mano.- el hanyo lo susurro bajísimo y agarrando por impulso a Colmillo de Acero, ahora era él quien miraba fijo al lobo.

-Hey, Hiro, no me agrada que me agarren- la chica se lo tomó con ligereza, soltándose de él y sin notar la expresión de su padre. A pesar de ello, Hiro alcanzó su mano, sin dejar que lo soltara.

-Disculpe, es que me es imposible alejarme de su hija. Es encantadora y huele muy bien, ¿no? .- la mamá se rió de ese comentario, le daba ternura y la divertía que el chico fuera tan abiertamente coqueto respecto a su hija.

Pero al padre… él solo pensaba que cómo iba a oler bien, olía a lobo sarnoso por la cercanía con el mini pulgoso. Inuyasha estaba ya decidido a perder el control, sacar sus garras y desprenderle el brazo atrevido que había colocado sobre su niña y que ahora la tenía de la mano. Pero, en un segundo, detrás del hijo de Koga, Kagome lo miró. Solo con notar su expresión de grandes ojos cafés entendió lo que quería decirle. No, no podía desmembrarlo… "arg…"

-Suéltale la mano mini pulgoso- ordenó furioso mostrando, sin querer, un colmillo que salía de su boca amenazante. Si no podía cortarle la cara con sus garras al menos podría, con su tono, demostrar quien era el que mandaba en esa casa. "Maldito pulgoso atrevido, lambisco, sonriente e…hijo de Koga…."

Hiro, que ya estaba captando mejor que no debía sobreponerse frente al padre de su amiga, puso entonces su atención en Kenji y, como no habían sido realmente presentados, se le acercó o curioso.

-¿Tu eres hermano de la cachorrita Morohita?- Kenji se detuvo en seco.

-No, soy discípulo del señor Inuyasha- aquella forma de llamar a la adolescente hizo al hanyo tener deseos de tumbarse de risa. Miró de reojo a la aludida, que se sonrojo al notar el porqué de su seuda risa.

-Ah...ya veo, un gusto amigo. - volvió a sonreír de lado mostrando los dientes. "Irritante". Kagome le indico a todos donde dormir, con la casa llena de jovencitos se sentía muy feliz. Su esposo no, claro.

No dormiría esa noche. Tenía que velar por Moroha. Daba igual si dormían en la misma pieza, no podía despistarse. Ese lobo maldito expedía un olor a "interés" por su hija que le hacía arder la sangre. Quería matarlo, sí, eso quería. No solo era igual a ese lobo rabioso, sino que tenía una actitud sobre segura muy similar a la de él. Para colmo, Kagome se veía claramente encantada por el pulgoso, pensar que le recordaba con anhelo esos tiempos donde el maloliente la cortejaba le hacía sentir mucho odio. Pero no, ni siquiera podia actuar igual que aquellas veces, alejando al idiota...ni siquiera teniendo más razones para hacerlo, era su hija...tenia, en su parecer, más argumentos a su favor para alejarlo a patadas. Pero, la terca de su pareja se lo impedía, todo porque "Moroha es la adolescente, nosotros los adultos" puras sandeces. Además, el chiquillo se había atrevido a elogiar a Kagome, elogiar a SU mujer frente de él...definitivamente los lobos no tenían escrúpulos, menos un hijo de ese estúpido. Era odio a Koga, a su hijo, a su especie y ese estúpido olor. Hasta el engendro que imaginaba en sus pesadillas parecía mejor opción para prospecto de yerno que ese imbécil que se alojaba en la pieza de al lado. Tenía deseos de agarrarlo de las pieles que lo cubrían y lanzarlo fuera de SU casa. Porque tenía que soportar eso… pero sabía que si hacía algo así ambas mujeres lo despreciarían. Había algo en su actitud que lo irritaba, su mirada brillosa, conquistadora a su parecer, su voz que quería ser gruesa a propósito, su sonrisa poco sincera ¿solo él podía notarlo? Era un engaño. Su hija parecía un poco embelesada, pero no se veía "enamorada". Eso lo tranquilizó un poco. Pero luego, imaginó en ese idiota sabiendo lo mismo e intentado conquistarla. NO, NO, NO. DEGOLLAR, AHORCAR, MATAR. Y lo peor de todo...le decía cachorrita a su hija...que clase de apelativo era ese. Era demasiado íntimo, demasiado tierno…¿la niña le había dado esa confianza? ¿Y qué si realmente tenían algo? No, podría morir. Sus pensamientos se rompieron cuando notó a Kagome ya vestida para dormir justo frente a él, que estaba sentado en modo reflexivo frente al futon.

-¿Qué sucede…?

-Nada.

-Mientes, no te agrado Hiro, ¿verdad? - la miko lo leía con los ojos cerrados.

-No.

-Mientes…

-Bueno, sí. Es un idiota. Huele igual que Koga.

-¿Lo odias por su olor?

-¿Y qué esperabas? Además, es atrevido, toca mucho a Moroha, la mira demasiado intensamente, parece que quiere atrav…- ni el podía decir esa palabra.

Ahora la sacerdotisa sonrió, Inuyasha no solo tenía problemas con que fuera lobo, ni que se tratara del hijo de quien trataba, sino que fuera quien fuera, estaba celoso de la niña.

-No seas injusto...los adolescentes pueden ser así a veces...Considera que, por lo que dijeron, trato bien a las chicas, las cuido y las guío por los distintos lugares. Debemos estar agradecidos con él.

-¿Estás loca mujer? - "antes muerto que agradecerle a un lobo"

-Bien, te invito a cambiar de actitud. Es amigo de Moroha, debemos tratarlo bien. No quiero líos innecesarios.

Inuyasha le gruño nuevamente. No discutiría con esa terca mujer. Cuando la adolescente entró a la habitación luego del baño a la que la obligó su padre, venía con una cara tan expectante que su padre entrecerró los ojos, acusandola.

-Gracias por recibir a Hiro- dijo, dirigiéndose directamente a su papá- él fue importante en mi viaje…

Importante en mi viaje…¿de qué manera? ¿ por qué? ¿Qué había pasado? Todo eso cruzó la mente de Inuyasha en un segundo. Luego vió a su hija, casi una mujer, aunque para él una niña. No, no, simplemente no. Era un infante.

-No quiero a ese maloliente mucho tiempo aquí. Y no quiero que discutan esta decisión, ninguna.- por fin se decidió a hablar. La rabia que lo ahogaba le había permitido decir eso con el tono más ronco y enfurecido que podía entregar, todo a modo de orden. Kagome solo lo miró aburrida, Moroha en cambio se sintió levemente asustada, no podía entender porque aquello era tan terrible.

Kenji, en medio de la noche, se levantó cuando notó que su acompañante de pieza no estaba en su futon. La curiosidad lo superó, buscando al lobo fuera de la cabaña. El aroma lo guió hasta la orilla del río. Se escondió rápidamente detrás de un gran roble, bien lejos del tipo que buscaba. Casi se cae de la impresión cuando de súbito el aroma de su maestro se pegó a su lado. Inuyasha se escondía al igual que él.

-Maes...tro.

-Shh ...nos descubrirán.

-¿Quienes?

Y los vió, Moroha caminaba despacio, aun vestida con su kimono blanco de dormir y, frente a ella, el lobo lambiscon la miraba feliz. Kenji podía sentir la energía de su maestro despedir con fuerza. "Lo va a matar, adiós lobo" pensó para sus adentros.

La escena era extraña para ojos de ambos hanyos. Moroha tan desvestida frente a ese idiota que la miraba tan descaradamente. Y ella, muy relajada.

-¿Para que me hiciste venir? Le dije a mi papá que iba al baño, no me creerá mucho rato- la verdad Inuyasha no le había creído nada- ¿qué quieres que no puede esperar?

-Moroha, solo quería decirte lo feliz que estoy de venir aquí contigo.- el lobo joven se acercó más a la niña, hasta tomarle una mano- Quiero que sepas que tengo sentimientos fuertes y sinceros, volverte a ver después de tantos años me ha dejado así...amarrado a ti.

La niña solo lo miraba, no podía creer nada de eso. Ella no se podía imaginar cómo el objeto de amor de nadie... de seguro era una forma de bromear, a Hiro, por lo que recordaba de su infancia, le encantaba gastarle bromas para hacerla sentir incómoda. Detrás del roble, Inuyasha había hecho desgarros al árbol. Y Kenji temía que se desquitara con él. La shinhanyo solo sonrió tierna ante el comentario, sin deshacerse de su mano. Era mejor bajarle el perfil.

-Mejor volvemos, no es hora de hablar esto ¿no crees? Papá me matará si me ve aquí contigo. Y a ti, no quiero que te lastime.- a pesar de que lo decía en serio, Moroha fue incapaz de notar como aquel detalle de "no quiero que te lastime" despertó algo en la mirada del lobo, que por dentro se sintió lleno de dicha… "ella se preocupa por mí, sí le intereso…"

Por otro lado, el padre en cuestión ardía de odio en su puesto de vigilancia, no podía descontrolarse y matarlo, solo empeoraría todo. Pero las ganas no le faltaban. Lo peor es que claramente Moroha estaba nerviosa, ni siquiera había detectado con su olfato la presencia de los hanyos. Kenji buscaba la forma de bajar su odio…

-Hay que hacer algo con ese lobo fanfarrón- soltó de repente, en un intento de salvación. Inuyasha lo miró, saliendo de su descontrol. Era cierto.

-¿Cómo?- estaba curioso.

-Este tipo es un experto de la labia, algo de él no me agrada, hay que ser inteligentes como él.- la idea del discípulo fue imprevista, pero le parecía brillante para relajar a su maestro- hay que hacerlo alejarse pero de manera planeada.

Inuyasha se quedó en silencio unos segundos. Frente a él, Moroha reía de los comentarios del lobo joven junto a ella. ¿Que podía hacer? No solo era de esa maldita especie, además, era hijo de Koga...su rabia no dejaba que lo olvidara en ningún momento, por eso aquel hecho se repetía constantemente en su cabeza. El verse hipotéticamente emparentado con ese infeliz le carcomía el espíritu.

- Tienes razón, hay que deshacerse de este lobo asqueroso- el semi demonio sonrió ampliamente, le gustaba la idea en general de su discípulo.

-Eso haremos. Yo lo apoyare, maestro. Confíe, tengo una idea

—-

Nota: Holaaa, gracias si sigues leyendo esta historia jajaja fui muy feliz de por fin incorporar a Hiro. Su nombre significa "risueño". La verdad la actitud de Inu no es secreto para nadie, pero me encanta verlo así, soy mala jaja. Solo quiero decir que la idea de Kenji es brillante JAJAJA. Todo sea para que Inu no se desquite con el mientras entrenan. También, Moroha trae varias cosas guardadas de su viaje...el regalo sorpresa y un aprendizaje de índole espiritual que pondra en problemas a sus papás.

Manu si lo lees, gracias por escribir ...y si, amo a Kagome, pero son consciente de que a veces abusa...por eso se viene algo respecto al rosario jijiji.

Gracias por los rw, intentaré responder directo a la gente con cuenta de ff, aun estoy entendiendo como se usa esta página.

Hay fans de Inuchacha y Harry Potter? Se me ocurrió un fanfic crossover pero no sé si existe esos híbridos de gustos como yo jaja.

Gracias c:

Dora.