Capítulo 6: Pruebas y caja de recuerdos

Kagome se sentía curiosa aquella mañana. No podía dejar de mirar el semblante tranquilo y - casi- muy alegre de Inuyasha. Lo increíble, es que la noche anterior se había acostado refunfuñando maldiciones en voz baja por la presencia de cierto demonio lobo que se alojaba en la cabaña. Lo cierto es que la miko pudo notar como en la noche Moroha se había levantado con la excusa de ir al baño y, lo primero que pensó, fue que se reuniría con Hiro. Algo dentro de sí la hizo sentir emocionada "un encuentro romántico, que lindo" pero, por otro lado, pudo sentir como Inuyasha salía detrás de la niña. Estaba tan ensimismado que ni siquiera notó que se encontraba despierta a su lado. Rogó que no pasara nada y, cuando ambos volvieron (papá primero, claro) se alivió al no poder identificar restos de una discusión o algo por el estilo.

Inuyasha estaba sentado esperando desayunar junto a Kenji, con quien conversaba de manera cotidiana, ambos en muy buen ánimo. Por otra parte, Moroha había salido temprano sin comer para poder saludar a la anciana Kaede y entregarle algo, lo que también era curioso, considerando que salió al alba en búsqueda de la vieja sacerdotisa.

Cuando Hiroyuki se sentó juntos al resto en la mesa, con su sonrisa y sus dientes blancos decorados con dos colmillos, Kagome aprovechó para saber más de él.

-¿Cómo están tus padres?, ¿Tienes más hermanos, Hiro?, ¿saben que estás aquí?

-Estan muy bien, gracias señora Kagome. Mi padre tiene muchas obligaciones, principalmente cuidar de la unión de los distintos grupos y clanes…-

Inuyasha hizo un resoplido sarcástico.

-Podría apostar que ese lobo sarnoso lo ha hecho pésimo, no me extrañaría con la actitud que tiene…- la sacerdotisa le hizo un gesto para que no molestara. Hiro solo sonrió encantadoramente, sabía que su padre y el de Moroha eran rivales, tanto por sus diferencias de opinión como por el amor de la sacerdotisa que era su anfitriona. Y, por lo mismo, prefería no reaccionar a las palabras del semidemonio.

-Y sí, tengo hermanos, exactamente ocho, yo soy el mayor.

-¡¿Qué?!- Inuyasha se empezó a doblar de la risa frente al chico- ese lobo maldito no perdió el tiempo en la cama, de seguro que la mitad de lo que le quede de clan que lo siga deben ser puros hijos suyos, obligados.

-¡INUYASHA, no seas vulgar!- la mujer lo miró con los ojos impregnados de molestia, le parecía de sumo mal gusto.

-Que tiene mujer, el mini pulgoso no es un cachorro de pecho-

-Tranquila señora Kagome. Somos varios hermanos y nos llevamos todos bien, aunque fuimos separados para ser entrenados, a corta edad dejamos a nuestra madre.

-Lo siento...debió ser terrible para Ayame.- la sacerdotisa dejó su enojo y sintió empatía por la mujer lobo, después de todo aunque ella podría haber criado más a sus hijos a diferencia de ella, finalmente también se había separado de sus niños.

-Yo no siento pena, después de todo por la mala elección de maestra para nuestra hija fue que la vendieron como si fuera un mueble o una esclava- Inuyasha estaba serio, su tono esta vez era duro. Tenía esa espina atragantada en la garganta. Algún día tendría que resolver todas esas dudas con los que fueron los encargados de cuidar a la niña.

-Yo lo lamento, Yawaragi era de las mejores del clan, pero sus problemas personales la superaron y...me consta que mis padres no sabían nada de esto.

-Bueno, Hiro, esto no es tu culpa. Aquí eres bienvenido y esos temas se verán en su momento- aquello era un acuerdo al que habían llegado Inuyasha y Kagome una noche cuando discutían sobre cómo había vivido su pequeña sin ellos y cómo sus decisiones pudieran afectarla.

-Y sobre lo último...no. Ellos no saben que estoy aquí. Mi encuentro con Morohita fue casualidad, yo me encontraba de viaje y su aroma familiar me atrajo hasta el Templo de Sacerdotisas Guerreras. Posteriormente, pasamos por las cuevas de uno de los clanes, pero no donde habitan mis padres.-

El hanyo sonrió, saber eso era beneficioso para el plan que habían ardid con Kenji muy temprano por la mañana.

Algunas horas antes

-Bien, lo primero que tenemos que hacer es que confiese ante usted su interés serio por Moroha.

-¿Qué? Cómo eso puede ser buena idea- Inuyasha hizo muecas de solo pensarlo, lo atormentaba la posibilidad.

-Maestro, lo que pasa es que, con eso en vista, podremos enredarlo en la trama del engaño.

-Explícate.

-Pues, le diremos que para ser un prospecto real para la chica, debe pasar por una serie de pruebas propias de su clan de los Inuyokai.

-Pero yo no tengo idea de esas cosas, por ser hanyo nunca me vi involucrado en esas estupideces…

-Eso no importa maestro, nosotros inventaremos cualquier cosa. La idea es hacerlo sentir que es lo más difícil de su vida, así lo espantamos, después de todo tiene actitud tan charlatana...no creo que pueda con mucho.- Kenji pudo ver como el rostro de su receptor cambiaba, estaba divertido.

-De acuerdo, me parece ingenioso, pero tu serás mi especie de intermediario, se me da pésimo inventar cosas así…

-No hay problema, maestro. Eso sí, tenemos que actuar de manera más neutral con él, para que no sospeche. Y es fundamental que se esfuerce en actuar convincente...

-Keh...lo intentaré. Lo más importante es que no podemos decir ni insinuar nada frente a Kagome.

Moroha llegó muy temprano donde la anciana, lo primero que hizo fue entregarle un té que traía de regalo. Necesitaba urgentemente hablar con alguien que tuviera poderes espirituales sobre lo que había aprendido en aquel templo y, por la temática, no podría ser su mamá. La mujer la recibió alegremente, invitándole a desayunar con ella. Cuando tomaban té, la impaciente adolescente no pudo esperar más.

-Anciana Kaede, estuve algún tiempo en el Templo de Sacerdotisas Guerreras, así le dicen al menos.

-Los conozco bien, ahí fue donde se entrenó tu madre…

-Si, eso supe al llegar, varias de las sacerdotisas recordaban a mi madre. Bueno, esos días fui parte de algunas clases y conocí mikos de grandes talentos…

-Que bien Moroha, ¿aprendiste algo provechoso para ti? No creo que consideres ser sacerdotisa…

-¡No! No está en mis planes, simplemente quiero aprender a usar bien todas mis habilidades...los poderes espirituales son muy útiles al momento de pelear.

-Es cierto. Tu alma es la de una guerrera, no una miko.

La niña se sonrojo. La anciana Kaede tenía gran fe en sus poderes y siempre la elogió con cariño.

-Gracias..

-¿Algo sucede, pequeña?

-Sí, la verdad...conocí a una miko llamada Suzume. Al inicio ella se sintió atraída por mi dualidad al ser un cuarto demonio y tener poderes espirituales… la cosa es que se ofreció a explorar mis habilidades.

-¿Y en qué concluyó eso?

-Aprendí a desarrollar mejores campos de protección, también los principios para llamar seres espirituales y ...le conté de algo en particular.

-¿Qué cosa? - moroha, por la ansiedad, trago saliva fuertemente. Estaba nerviosa.

-Ehh...le conté a la miko la historia del rosario Kotodama que usted y mi madre colocaron a mi papá.

-No fui yo quien lo creó, se poco de él, solo sabía como ponerlo y cómo funcionaba…-la anciana ya sospechaba a donde iba esa conversación.

-Sí, lo sé. Sacarlo así como ponerlo tiene un conjuro que es sumamente difícil de realizar… y yo aprendí a hacerlo. Y ya no sé qué hacer con esta información.

—-

Cuando la sacerdotisa marchó a sus labores diarias y el pulgoso se quedó al alcance de los hanyos, Kenji decidió que era momento de actuar. Hizo un gesto a su maestro de que se debía ir, para dejarlos solos. Así lo hizo.

-Que bueno que mi maestro tenía cosas que hacer.

-¿Por qué? -Hiro lo miro curioso, mientras Kenji le indicaba que se sentara junto a él en la mesa.

-Sabes Hiroyuki...no es difícil notar tu interés por Moroha.

-No intento ocultarlo.

-¿Sí? ¿ Y qué pretendes?- Kenji lo miraba con solemnidad, intentado parecer más serio de lo que realmente era.

-Acercarme a ella, claro, y en unos años hacerla mi mujer- el semidemonio hizo una mueca, la perspectiva de ese lobo casándose con Moroha era extraña, después de todo ella aun era una niña.

-Tu sinceridad es admirable- mintió- la verdad esperaba hablar contigo porque intentó ayudarte. Actualmente soy muy cercano a mi maestro, él no confía tanto en alguien como confía en mí, exceptuando su familia claro- volvió a mentir, aunque esta mentirilla lo hacía sentir reconfortado.

-¿Cómo me ayudarías?- ahora el joven lobo parecía entusiasmado. Bien, pensó Kenji. "Será fácil"

-No es nada simple. Ya debes saber que mi maestro y su hija son parte del clan de Inu yokais y además no son cualquier familia, el líder del clan era el gran Inu no Taisho, ahora es el tío de Moroha, Sesshomaru.

-Sí lo sé, aunque no conozco sus costumbres, asumo que tendrán algo que ver con las mías.

-No tanto, Hiro. Este clan es cerradisimo. Si tus deseos son ser un prospecto para la jovencita, debes pasar por el duro escrutinio de mi maestro, como lo mandan las leyes de los…- no sabia que mas inventar aunque la verdad todo eso lo divertía- las leyes de los grandes perros celestiales.

-¿Perros celestiales? Suena intimidante.- "claro que sí" pensaba Kenji "porque no existen"

-Lo eran. Lo son. Mi maestro debe seguir esas ordenaciones divinas o la desgracia caerá sobre ti...sobre él, sobre todos. Ser pareja de un descendiente Inu Yokai no es fácil.

-Muchas gracias amigo, ahora ¿cómo debo actuar?- el lobo parecía concentradisimo, su determinación podía olerse en el aire. Al hanyo eso le parecía hilarante, después de todo era solo un engaño.

-Primero, debes hablar de manera formal con mi maestro. Te organizaré una audiencia con él, para que le cuentes tus intenciones y procedamos a tus pruebas de rigor…

-¿Audiencia? Pero me alojo en su casa…

-Sí, pero para estos asuntos formales mi maestro prefiere las audiencias, además no eres su cercano, debes ser muy formal con él.

-Bueno, supongo que tienes razón, no creí que fuera todo tan difícil…

-Yo igual me sorprendí cuando aprendí todas estas difíciles tradiciones. Ah y...otro detalle- Kenji tenía que morder por dentro sus mejillas para aguantar las ganas de reírse- debes decirle "su magnificencia" cuando comience tu periodo de prueba. Si apruebas, podrás referirte más cotidianamente. Yo te diré cuándo comenzaremos.

-Gracias Kenji, sino fuera por ti hubiera actuado como un estúpido frente al papá de Moroha- el chico le dio una mano. Al hanyo sintió un instante de remordimiento- aunque sé que si no tuviera su aprobación, sólo raptaría a mi cachorrita.

Kenji bufó. No sentiría más remordimiento, esto lo hacía por apoyar a su maestro y por cuidar de la niña, era muy pequeña para ser raptada por lobos.

Sango, luego de varios días en la aldea de exterminadores, había regresado a su hogar original, aquel donde crió a sus hijos y que ahora volvía a ser su lugar de encuentro. Lo primero que hizo al volver fue organizar un almuerzo con su gran amiga, Kagome, la que accedió luego de asegurar que Inuyasha y Kenji verían por ellos y que Moroha saldría con Hiroyuki y los demás adolescentes. La ex exterminadora extrañaba mucho a la miko, a pesar de que hace ya más de un año que había vuelto, las obligaciones de la vida les impedía verse mucho, así que ese día se esmero que esperarla y poder conversar libremente. Además, le tenía una sorpresa.

-Gracias por la invitación, Sango. Es agradable poder hablar contigo...están pasando muchas cosas en mi casa.

-¿Qué cosas?

-Bien, Moroha volvió de su viaje con un amigo...que resulta ser el hijo mayor de Koga ¿ lo recuerdas?

-Claro que sí, lo vimos poco después de que volviera de la época moderna, era un bebé gordito muy lindo.

-Ahora es un hombre adulto, se parece mucho a su padre pero tiene la sonrisa bonita de Ayame. Aunque, siendo sincera...es igual de coqueto que Koga.

-Uhhh… puedo imaginarlo, supongo que te resulta un poco nostálgico.

-Un poco, lo admito. Aunque puedo notar que mi hija no reacciona a sus encantos, creo que su inocencia le impide notar su EVIDENTE interés por ella.

-Moroha es astuta pero muy niña en esos sentidos, Kagome, debes cuidarla…- Sango arrugó las cejas, la verdad es que la experiencia con sus hijas le habían enseñado que con las niñas siempre se debía ser un poco más precavido, sobre todo con los hombres que las cortejaban. Podía recordar los dolores de cabeza que Kin'u les había dado a ella y a Miroku..

-Sí...sé que tienes razón, pero no sé bien cómo tratarlo. Intentaré hablar con ella, ver como piensa.

-Es lo mejor. Y a todo esto ¿cómo reaccionó Inuyasha?

-Horrorosamente, claro. Odio al pobre chico, ayer cuando llegó creí que lo mataría, tuve que pedirle mucho que no se alterara. ¡Lo hubieras visto! Parecía un toro, le salía humo por la nariz y parecía que gruñía en vez de hablar.-

Sango se puso a reír, no pudo evitarlo. Kagome la siguió, ambas sabían que el semidemonio de ojos dorados nunca lo mataría, pero la situación tan "familiar" no dejaba de ser un poco divertida.

-Te invité hoy con un objeto, amiga. Cuando estaba en la aldea encontré una caja que había olvidado por completo y que te pertenece. - a Sango le estaba comenzando a costar hablar, estaba nerviosa.

-¿Cuál?

-Sé que hemos hablado muy someramente de todo lo que sucedió antes de que Inuyasha y tu fueron...dormidos...en la perla negra.

-Sí, discúlpame Sango...no me gusta recordar esas cosas.

-Lo sé, pero hay algo que no te conté en estos meses. Y no lo hice simplemente porque con tantos años, lo olvidé.- Sango estaba inclinada sobre su asiento en la pienso de madera, ignorando su comida. Se veía entre ansiosa y triste.- luego de que desaparecieran, claro que Miroku y yo pudimos entender más o menos las razones...a pesar de que ustedes no hablaran con nosotros.

-Amiga, de nuevo, lo siento- Kagome temblaba ligeramente, miraba llena de arrepentimiento a la mujer frente a ella.

-Tranquila...lo qué pasó fue que con el tiempo, perdimos las esperanzas de que volvieran...se hicieron búsquedas de ustedes, incluso una sacerdotisa pasó por aquí preguntando por ti y por tu bebé…

-Asumo que mi maestra, Seina.

-Sí, ella. Estaba desolada. Te buscó muchísimo tiempo.

-Murió antes de que saliéramos. Me duele recordarla, la quise mucho.- la miko tenia pena pero, recordar a esa dulce sacerdotisa que la entrenó la hizo sonreír levemente.

-Lo lamento, se notaba que era una buena persona. Bueno, la cosa es que insistimos mucho por, al menos, saber de Moroha, pero Koga, que fue uno de los lugares a los que llegamos, la ocultó. Asumo que por petición tuya.

-Sí, el plan era dejarla con el clan y hacerla pasar desapercibida…temimos que si ustedes sabían no aguantarían los deseos de visitarla y, de alguna manera, pudieran enterarse de ella. Ustedes son nuestros mejores amigos, claro que eran la opción más obvia. Perdóname Sango, perdóname. En otras condiciones, hubiera entregado a mi niña con los ojos cerrados en tus brazos.- Kagome rompió a llorar, un lloriqueo suave, un poco ahogado, tomando las manos de su amiga, buscando su comprensión.

-Ay no, de ninguna forma te estoy reprochando, sabemos ambos con su excelencia que fue la decisión mejor pensada...lamento hacerte sentir mal amiga, eres muy importante para mi…-Sango alejó las cosas y abrazó a la sacerdotisa apretandola contra sí misma. Recordó por un instante como Kagome la reconfortaba las noches que pensaba en sus familiares, en su hermano, aquel tiempo cuando aún peleaban con Naraku. Simplemente, ella había sido su luz, su mejor amiga, casi una hermana.

-Ya no sé si fue lo mejor, Sango. Moroha sufrió muchísimo...pero realmente en ese entonces, no sabíamos bien qué hacer. Teníamos miedo, rabia, pena y solo...planeamos eso. Sin involucrarlos. Me angustio solo de pensar que ustedes o sus hijos podrían haber sufrido las consecuencias de cuidar de mi hija, no me lo hubiera perdonado nunca.

-Sea como sea, ahora está con ustedes. Y es maravillosa, Kagome. Es una niña dulce, inteligente y buena. Ya lo demás son heridas que solo tú como mamá podrás curar.

-Gracias, amiga. Disculpa ponerme así.

-No hay problema. Aunque aún no digo lo que quería. Te estaba diciendo que, pasado el tiempo, decidimos que teníamos que ir a su cabaña. Cuando entramos todo estaba igual...sentimos que en cualquier momento entrarían por la puerta de su propia cabaña, Inuyasha y tu, quejándose de que estuviéramos revisando las cosas dentro...Y eso hacíamos, decidimos que por seguridad, fuera de ladrones o de monstruos, lo mejor era sacar las cosas importantes. Y las metimos todas en esta caja- Sango tomó con sus manos dicho objeto, entregándola a su amiga que quedó pasmada frente a ella.

-Creí que todo se había perdido cuando la cabaña se destruyó, por lo que me dijeron. - Kagome comenzó a revisar, muy lentamente, el contenido de la caja. Era de tamaño medio, así que la apoyó en el piso para ver mejor dentro. Lo primero que noto fue una suerte de envoltorio de color café.

-Esta es mi ropa, la que traje cuando cruce el pozo por última vez- sonrió ampliamente, incluso se rió un poco- me da un poco de pena, probablemente ya nada me quede.

Ambas se rieron. La mujer siguió mirando las cosas. Sintió como se le apretaba el pecho levemente.

-Este...es el collar que le di a Inuyasha hace varios años…- lo abrió, costó al inicio, pero dentro del corazón dorado, un poco descuidadas, estabas las fotos de ambos.- Inuyasha solía usarlo, pero cuando me embaracé dijo que mejor lo guardara, así podríamos dárselo a Moroha.

Se lo entregó a Sango para que lo mirara, claramente nunca había vuelto a tocar las cosas, por respeto, pensó.

-Ohh… y esto- sacó unas especies de mantas de colores suaves, las que liberó de una amarra, con una expresión nostálgica- era la ropita que le hice a mi bebé, no sabíamos que era ¿ te acuerdas? Así que me decidí por estos colores neutros. Pensar que nunca las usaría...no pude mandarla con sus cosas con los lobos, todo fue muy rápido al final de cuentas. Y...creo, que siempre creí que volveríamos. Que podría ponerle estas ropas mal cocidas por mi misma.

Sango sollozó frente a ella, todo era doloroso y tierno al mismo tiempo. No podía ni imaginar el calvario que sería para su amiga desprenderse de todo eso, sin saber si volvería a sus recuerdos y sus deseos. Notó como Kagome sacaba una caja de madera más pequeña que estaba dentro de la grande. Ahora su amiga se mordió el labio, como recordando y soltó un par de lágrimas.

-Wow, que bueno que conservaron esto. Podría haber parecido basura.

-Miroku sabía que era...o lo sospecho, al parecer.

-Sí...son flores secas. Cuando nos casamos Inuyasha y yo, recuerdo que no quise que la celebración fuera tan grande, pero le pedí a la anciana Kaede que buscara mi flor favorita, la Camelia. Mis deseos eran conservarlas después de la fiesta pero con todo el ajetreo se perdieron. Pero ahí pasó lo más lindo...mi recién coronado esposo se enteró de lo que pasó y en un gesto inimaginable, me trajo al día siguiente de la boda estas flores, diecinueve camelias rojas. Estaba tan feliz Sango..a pesar de todo, estaba con él y podíamos ser felices, incluso después de tres años.

-No sabía, pero supuse que eran un regalo. ¿Por qué diecinueve? es un número curioso.

-Pensé lo mismo, lo normal serían números pares...o significativos. Dijo que eran por todos los años que había pasado hasta ese día. Que en adelante, siempre habrían flores en nuestra casa, que él se encargaría de que yo tuviera mis camelias.- intentó contenerse pero deseaba mucho llorar. Guardo la caja nuevamente con las flores secas dentro, con sus pétalos intactos a pesar del tiempo.

La sacerdotisa decidió que el resto lo vería con su familia, sus emociones eran especialmente elevadas, no sabía porque pero parecía que incluso sentía más deseos de llorar, quizá hacerlo por toda la pena que había contenido ese último año.

-Gracias amiga, de verdad hicieron algo increíble, nunca podré agradecerlo.- volvieron a abrazarse-asumo que fuiste tu quien dejo mi arco en casa de Kaede.

-Sí, queríamos dejarle algo tuyo. Te extrañaba mucho.

Las mujeres continuaron su almuerzo esta vez intentado animarse, conversando de sus hijos, de la vida en la aldea, de sus esposos...como si nunca se hubieran separado. Kagome sentía que la amistad que tenían estaba intacta, su amiga había madurado, se notaba en su gestos, pero por dentro era la misma adolescente con la que vivió su primera experiencia de tener una verdadera mejor amiga

—-

La falsa audiencia había resultado muy divertida, para los ojos de Kenji. Se preocupó de sentar en una piedra muy alta a su maestro, indicando todas las mentiras antes dichas, las que Inuyasha se esforzaba en comprender. El lobo coqueto se presentó muy solemne llamando al hanyo de la forma indicada "su magnificencia",produciendo que Inuyasha luchará con las deseos de reírse. Tenía que verse serio, intimidante. La verdad luego le costó poco, cuando el mini pulgoso (como lo había apodado ya formalmente) se puso a alabar a su hija, diciendo que era hermosa, que era fuerte, que era "suave, con buen olor, cálida" se comenzó a enojar nuevamente, odiaba las palabras que ese niñato usaba para referirse a Moroha, era como si la conociera en demasía y eso estaba mal, obvio, estaba pésimo. Kenji hacía esfuerzos para seguir con el plan, aunque su maestro no cooperara mucho, superado por sus deseos de golpear en la cara a Hiroyuki, sobre todo cuando el chico dijo abiertamente que estaba enamorado de la adolescente y que haría lo que fuera necesario para ser prospecto de comprometido, provocando los gruñidos intensos del semidemonio de pelo plateado.

Inuyasha tuvo que buscar muy dentro de sí su mayor autocontrol, enfocado en que con ese plan lo alejaría eventualmente, sin tener que dejarlo desdentado en el camino, ganándose el odio de las mujeres de su casa. Tuvo que actuar sereno, pero siempre dandole a entender claramente que era solamente una posibilidad, que de ninguna manera significaba que le daba la mano de su hija ni nada por el estilo.

En el fondo, que eran pruebas para saber si valía la pena. "Claro que no la vale" pensaba para sí mismo el padre mientras miraba como Kenji explicaba más cosas "es un lobo pulgoso, sarnoso, atrevido, igual que su padre y no, lo último que permitiría en mi vida es que mi niña se mezcle con esa raza maldita" aunque claro, quizá, en unos 45 o 99 años Moroha podría casarse, para que él pudiera tener nietos...

-Tu primer desafío es la "prueba de la visión". Es la primera dentro de las que conforman los sentidos súper desarrollados. Como sabes, los Inuyokai poseen unos buenos sentidos del olfato, visión, audición... Tu deber será adentrarte en una parte del bosque donde he puesto un elemento difícil de ver a simple vista. Algo similar a esto- Kenji le mostró lo que era una pequeña joya brillante, lo que Inuyasha sabía que era un pedazo de diamante rescatado de su ataque con colmillo de acero.

-Muy bien, no suena difícil.

-Te sentarás ahí hasta encontrarlo o hasta que te liberemos. Sin moverte, sin comer, sin dormir. Nada. Como una estatua, buscando sólo con tu visión el objeto. Obviamente, este está a tu alcance visual, solo que bien escondido.

-Genial, estoy listo.

Kenji se adentro con el muchacho, indicando dónde debía sentarse y dándole entender que su prueba comenzaba, siendo él su "moderador" que lo vigilaría atentamente a la distancia. El joven lobo se acomodo alegremente, buscando con rapidez el objeto, cerrando un poco los ojos. Cuando volvió con su maestro, Inuyasha lo miraba curioso.

-¿No será una prueba muy simple?

-Es la más simple de todas, efectivamente. Pero no le iría bien, maestro.

-¿Por qué?

-Porque no puse el pedazo- Kenji sonrió malvadamente, mostrando que tenía ambos extractos en su mano- se quedará ahí está que...se canse.

El maestro se comenzó a reír fuertemente, era algo malvado... pero entre golpearlo y eso...de todas formas era un demonio, aquello no lo mataría, pero si lo haría aprender algunas lecciones, a ese hijito de papá lobo.

Moroha se unió al grupo que formaban sus primas, Hisui y Kenji,para almorzar con ellos en una de las aldeas vecinas. No solían ir a esa en particular, pero aquel día había comenzado la semana de aniversario y la comida abundaba, justo a juegos y otras actividades. Los muchachos conversaban alegremente entre sí, aunque a la shinhanyo le llamó la atención la falta de alguien.

-Hey Kenji, ¿Y Hiro? Entendía que estaba contigo y papá.

-Así fue pero se encontró con una conocida y salió a pasear.

-¿Una?- Towa se metió, curiosa.

-Sí, una bella demonia debo decir…

Moroha solo hizo un sonido, se sintió un poco contrariada con esa afirmación. ¿Hiro no se había confesado la noche anterior? Entonces, si había sido todo una broma...

-Comamos algo en ese puesto- Hisui indicó un pequeño local alegremente decorado con banderas de colores. Todos hicieron sus pedidos, pagando en una suerte de ventanilla sus cosas.

-Maldita sea, olvidé mi dinero. Me acostumbré a llevarlo en la mochila.- Moroha se sentía tonta, todas la quedaron mirando.

-Yo pago lo tuyo, tranquila.- Kenji se adelanto y compro las cosas de la niña- y por favor ponte mas despierta, eres cansina a veces.

-Cállate inepto

-Niñita sin respeto

-Baboso- recibió su comida, comiendo rápidamente.

-Te voy a acusar, por atrevida, te pague la comida respétame-

-Ya basta ustedes dos, pelean como peleo con mis hermanas. -Hisui los reprendió.

-Este pesado se cree algo entre mi papá y mi hermano mayor- lo dijo con voz molesta, aunque para sus adentros le causaba un poco de ternura que el chico ya estuviera tan cómodo en su familia.

-Sí cuido de ti, cuido de mis maestros, nada más, les debo mucho.

-Si, si, ahora dilo sin llorar Kenji- Moroha le saco la lengua para irritarlo. El no le respondió.

De la nada, una joven aldeana se acercó a ellos, pero solo a Hisui le entregó un papel que contenía un escrito enorme, luego, se marchó.

-¿Le gustaste o que?- Towa se sonrió, acercándose para leer lo que decía el papel.

-No, es una invitación a una competencia de fuerza.

-¿Y por qué solo a ti? -Setsuna se había sentido levemente molesta por la atención de la joven, especialmente por el movimiento de pestañas coqueto que le dio al exterminador.

-Porque es para humanos. Seguramente noto sus garras- indico a las chicas- y en caso de Kenji...es evidente que no es humano.

-¿Y en qué consiste?- Towa preguntó esta vez, le parecía muy entretenido, podría venir todos a mirar el acto.

-Es una competencia mixta, busca que el más fuerte compita en pequeños test hasta llegar a un ganador.

-¿Cuál es el premio?- ahora Moroha estaba curiosa.

-Un premio en dinero. Oh...es bastante dinero.- la niña de ojos cafés no lo pensó, se acercó pasando a llevar a Kenji que gritó molesto cuando la chica se cruzó sobre él y su comida.

-Es mucho dinero. Emmm….- Moroha comenzó a pensar en silencio. Todos la miraban.- sería muy fácil ganarlo, seguramente serán solo humanos escuálidos.

-¿Qué pretendes?

-Que, sería bueno aprovechar que soy una shinhanyo…

-Estás loca o que te descubrirán.

-No si me disfrazo. A simple vista no me veo como un demonio, ni siquiera una hanyo, será fácil ocultar mis garras y mis colmillos. Y disfrazarme de humana...le ganaré a todos y me quedaré con esa mini fortuna.

Nadie le contradijo más. Simplemente la chica estaba convencida, ya nadie le sacaría esa idea. Se disfrazaría de humana y dejaría de ser una shinhanyo por un día.

Nota: hola! gracias a los que siguen leyendo jeje. Este cap me dio un poco de penita por la parte de Sango y Kagome pero creo que, aunque fue cortita, fue una conversación que todos esperamos ver en HNY...saber que pasó. Sobre el resto, bueno, Hiro me cae bien pero por atrevido le pasan estas cosas jaja :( y pobre Moroha, parece que no le da tanto igual el chiquillo... sobre lo que aprendió Moroha, como la chica es astuta...sabrá que hacer con esa valiosa info jijij.

Eso, gracias por los rw y a Manu que no puedo responderle directo...si! vi Ranma cuando chica, ahora volvi a verla pero no la he terminado. Hace poco me compré un manga recopilatorio con los primeros tomos c: gracias por siempre dejar tus apreciaciones, siempre considero tus ideas cuando escribo :)

Saludos!

Doratina.