Parte 2 Los maestros.
Shmi se encuentra frente a una nave estelar, una de esas que siempre van y vienen a la ciudad, rotando soldados de la nueva república. Solo que esté transporte es más pequeño, apenas lo suficientemente grande para un grupo de personas selectas.
Tiembla por la inseguridad de subir o no, pues jamás había subido a una nave y mucho menos una que obviamente va a salir del planeta. Nunca ha tenido intensión de partir de su hogar en Lothal, aunque eso signifique vivir cómo una huérfana cuya única atención se la da un droide astro mecánico y un oficial de la ley que la quiere encerrar por robar.
El consuelo que la niña tiene es que hay una unidad médica transportando al oficial Delfox hacía la misma nave y su droide la acompaña. Toca la carcasa de Mequi, sintiendo su frío metal pero de alguna manera es reconfortante pues es alguien a quien conoce, a diferencia de aquel hombre rubio que la guía.
─Puedo sentir la duda en ti, es algo natural. ─Comenta Luke al bajar la mirada. Viendo el miedo en sus ojos azules. ─Te propongo algo. Curare a tu amigo en mi nave, pero tendré que partir. Es peligroso que me quede cerca de un lugar donde hubo un ataque imperial.
─ ¡Espere! Delfox es mi único amigo. ─Dice Shmi al pensar que algo le podría pasar en esa nave, aunque las quejas de Mequi la corrigen. ─Bueno, mi único amigo no droide.
─Bajo mí cuidado él está seguro, igual que tú. Pero si temes, tu astro mecanico parece ser un buen guardián.
La niña ve a su droide, sonríe al saber que lo qué dice Luke es verdad pero aun así no confía en que Delfox se vaya por su cuenta. Además recuerda lo que aquel caballero le dijo en su sueño y todas las dudas que eso le genera son algo que no quisiera tener, pues quizá le quiten el sueño el resto de su vida.
─Señor Skywalker. ¿Puedo confiar en usted? ─Cuestiona Shmi al retroceder dos pasos para apreciar a Luke de cuerpo completo, por alguna razón siempre ha sentido el aura de las personas cada vez que las ve en su totalidad.
Luke esboza una leve risa mientras se quita la bata, haciendo que ella tenga una mejor perspectiva de su persona. Respira profundamente para conectar su mente con la de suya, sintiendo él su miedo y transmitiéndole su confianza a ella.
Shmi no percibe malicia en Luke, aunque si algo de dolor pues siente que ha tenido una vida difícil. Su mano tiembla y la estira hacía Luke pero él no devuelve el gesto.
─ No puedo forzarte a venir conmigo pero puedo garantizarte que luchare por tu seguridad. Tú tienes un don que debe ser nutrido, pero no a costa de tu libertad. ─Asegura Luke al volver a ponerse su bata, dándole la espalda a la niña y esperando a que tome la mejor decisión o la que él cree es la mejor.
Al verlo alejarse, Shmi siente un escalofrío recorrer su cuerpo, uno que ni su droide puede curar. Si él aborda esa nave, puede que jamás regrese y al final estaría ella sola, teniendo que escuchar voces que no entiende del todo pero a la vez desea conocer.
─Luke. ¿Soy una jedi? ─Se pregunta Shmi al ver sus manos. Siempre ha podido mover objetos con solo desearlo, pero lo que le hizo a esos stormtroopers cuando lastimaron a Delfox. La furia que sintió al pensar que se lo arrebatarían, la hizo destrozar los huesos de esas personas pero no sintió placer al hacer eso, sino que tuvo pavor de ella misma. Según los cuentos de quienes viven en Lothal, los jedi no deberían hacer eso. ¿Entonces qué es? ¿Un monstruo quizá?
─No. Eres mi padawan. ─Le responde Luke al arrodillarse frente a ella, tomándola del mentón para que se vean a los ojos, viendo las lágrimas salir de los de suyos.
Shmi llora al ver que él no la rechaza aún después de cometer tal atrocidad, su cuerpo entero tiembla todavía pues todavía no sabe si merece esa piedad. Un abrazo otorgado por el maestro le proporciona alivio mientras le corresponde, agradeciendo por no ser abandonada.
Luke mantiene el agarre en la niña, incluso la levanta para así poder llevársela mientras trata de consolarla. Piensa en esas emociones liberadas, en cómo eso fortificara el lazo entre ambos y recuerda los cuentos e historias que los espíritus de la fuerza le han otorgado, percatándose de que quizá si en vez de reprimirlos, los Jedi hubiesen tratado de aprender de sus sentimientos aún seguirían allí. Pues en ninguna de las historias recordaba algún consuelo de parte de los maestros a sus aprendices.
…
En aquel extenso campo de Naboo, ella conoce bien este campo. A veces su padre la llevaba allí para poder jugar y alejarse de la civilización. En la colina que se asoma, solía sentarse por horas mientras oía voces, no las entendía pero quería escucharlas porqué sentía como la llamaban, le daban un propósito.
─Las voces que escuchabas, no es una coincidencia que se manifestaran en esta pradera. Los espíritus tienden a tener una conexión en lugares cómo este. ─Dice el Zabrak mientras abre los brazos cómo si mostrara algo allí.
Karah no lo entiende, ha visto está pradera miles de veces, conoce cada parte de está. Incluso ha visto el fondo de un lago en las cercanías, siendo la única cosa extraña de allí una pirámide asomada en el fondo, las escrituras en su superficie son algo que jamás entendió, no están escritas en algún idioma conocido de naboo, ni siquiera en el de los gungan. Fuera de eso la pradera es solo eso, un lugar sin interés. Ningún espíritu debería estar interesado en ese lugar.
─¿Por qué aquellos ´´espíritus´´ estarían interesados en una simple pastura? ─Cuestiona Karah al mostrar duda en la actitud del Zabrak. A pesar de su habilidad con el sable de luz, parece ser alguien delirante al hablar de tantos cuentos fantásticos cómo si fuesen verdad. En cierta manera le recuerda a cómo hablaba su padre en sus últimos momentos de vida.
El Zabrak se ríe ante las dudas de Karah, le parece gracioso cómo a pesar de haber manifestado un gran dominio en la fuerza hace horas en este momento se encuentra escéptica por lo que dice. La mente tan cerrada de los humanos es algo hilarante bajo su perspectiva personal.
─Niña, tú punto de vista ve esto cómo una pradera. Pero debes abrirte a la perspectiva ajena, las voces que no entiendes. No las entiendes porque crees que son solo voces cuando en realidad son guías. ─Dice el Zabrak sin alzar la voz, inhala profundamente para mantener la calma y lentamente levanta los brazos, provocando que la tierra empiece a moverse.
Karah pierde el equilibrio, ve a sus alrededores y nota que se está hundiendo. La luz desaparece mientras los dos se sumergen en la oscuridad. A pesar de eso, la sonrisa del Zabrak se mantiene, incluso al punto de reírse por verla temerle al vacío.
─Sheev Palpatine nació en tu ciudad natal, quien se convertiría en en uno de los sith más poderosos. Pero su poder no vino solo de la naturaleza, tuvo que entrenar, forjarse a sí mismo, destruyó su cuerpo y mente una y otra vez para tener su poder y requirió un lugar especial. Un templo donde pudo crecer. Este Karah, es el templo Sith que vio crecer….
─ ¡Al emperador ¡ ─Grito una voz incorpórea en la mente de Karah, provocándole así una jaqueca.
─Siento ira en ella; El potencial que manifiesta es increíble; Si se nutre podría ser nuestra elegida. ─Susurran más voces, resonando en las paredes de aquella habitación oscura y en la mente de la niña. El eco se vuelve cada vez más fuerte, causando que se arrodille y empiece a llorar.
─ ¿Quiénes son ustedes? ─Llora Karah mientras aquellas voces se burlan de ella, de su miedo. Llamándola débil sin tener que decírselo de manera literal.
El zabrak se le acerca, mientras ella trata de luchar contra las voces. Mueve su mano frente a ella para tratar de despejar su mente.
─No luches contra ellas, escúchalas. ─Le susurra a la niña para poder calmarla.
Karah ve los ojos del Zabrak, amarillos e intensos cual sol de Tatooine. Le transmiten una sensación de confianza. Puede que entregarse a él no sea tan malo, podría brindarle seguridad, sabiduría.
….
En el interior de la nave de Luke, Shmi ve a un astro mecánico color azul guiar la nave mientras parece tener una conversación con mequi, aunque en realidad se ve forzada a interpretar sus palabras pues todo lo que escucha son pitidos, aun así parecen llevarse bien.
─Yo confío mi vida a ese astro mecánico, cómo tú lo haces con el tuyo. ─Dice Luke al señalar a esa unidad R2. No importa el paso de los años o dificultades, él siempre ha estado a su lado, aún agradece haberlo comprado en ese desierto en Tatooine pues eso cambio su vida. Los sentimientos de esa niña por su droide son similares a los suyos.
─Mequi ha estado para mí desde que tengo memoria, podría jurar que incluso me llego a cambiar los pañales. Es más que un droide.
─Es tu familia. ─Termina Luke sabiendo que esas son las palabras que iba a decir, alegrándose por verla sonreír; Sintiendo también culpa al saber los retas a los que será sometida.
Una señal de contacto se escucha, interrumpiendo los pensamientos de Luke y causando duda en la niña, pues ella teme que sea alguna alerta de proximidad enemiga.
─No te preocupes niña, es solo mi comunicador. ─Pide Luke al sacarlo de su bolsillo, contestando la llamada y revelando un holograma del capitán Jarvin. ─Capitán. Está línea es únicamente de emergencias.
─Mis perdones, Gran maestro Skywalker pero tengo información que usted debe escuchar. ─Anuncia Jarvin pero se calla al ver a la niña. ─En privado.
Luke suspira, le esboza una sonría a su nueva padawan mientras se retira a la cabina de mando para complacer a Jarvin.
─Habla Jarvin.
─En mi inspección de Naboo, mi equipo sufrió bajas gracias a las cenizas del imperio. Solo yo y tres hombres logramos sobrevivir.
─ Asumo que no es únicamente la razón por la que me llamó a esta línea, además le seguiré negándola solicitud de un ataque a escala masiva. No importa lo que me diga. ─Responde Luke, poniendo un tono serio al prever lo que ese hombre lo solicitaría pues conoce las tácticas de Jarvin, las cuales sinceramente le parecen más de un imperial que de un aliado rebelde.
El silencio y rostro del general expresan descontento por la negativa del Jedi, incluso se puede ver la tensión en sus puños cerrados. Pero no desobedece o trata de contradecirlo, simplemente libera un frustrado suspira al tener que resignarse.
─Sí gran maestro Skywalker. El propósito de mi llamada es que algunos de mis hombres fueron asesinados por lo que parece ser un sable de luz. Además, un sobreviviente describió a un ser naranja llevándose a una niña.
La quijada de Luke cae, quienes aún portan un sable de luz estos días son seres escasos y quienes están dispuestos a empuñarlo para matar lo son aún más y son de los más peligrosos. Además de que se trata de Naboo, el planeta natal del emperador, aún puede escuchar su risa en sus pesadillas, cómo si su espíritu siguiera acosándolo.
¿Es una señal acaso? El miedo se manifiesta en el gran maestro pues eso significa que el equilibrio en la fuerza corre riesgo nuevamente. No puede o debe arriesgarse a eso, por la seguridad de quienes juro proteger cual caballero Jedi. Voltea a la niña, pensando en el futuro que ella debe tener.
─No le concedo un ataque a gran escala general, pero le permito enviar un batallón que inspeccione las zonas aledañas. ─Ordena Luke con seriedad, pues por la hora en la que se lo dice no cree que estén lejos. ¿Debería ir a Naboo? Aunque eso pondría en riesgo a su nueva padawan. Rasca su mejilla, tratando de encontrar una respuesta a aquella problemática. Tal vez debería enviar a su segundo al mando.
─Sabía decisión, gran maestro. ─Responde el general al cortar la transmisión.
Luke suspira mientras vuelve con la niña, esperando que no haya escuchado nada de eso.
─¿Está todo bien, maestro? ─Pregunta Shmi al acercársele, poniendo su mano en el pecho de este para tratar de relajarlo pues en su cuerpo hay mucha tensión.
─Cosas de un general, no te debes preocupar joven padawan. ─Le responde Luke al revolver su cabello para calmarla. ─Por cierto, jamás pregunte tu nombre. Creo que fue descortés de mi parte.
─Me llamo Shmi, no tengo apellido. ─Responde la niña al bajar la mirada, sabiendo que es algo ridículo no tener apellido.
Luke queda en silencio al oír ese nombre, nuevamente un eco del pasado resuena mientras le llegan recuerdos de una persona que jamás conoció y sin embargo aún siente en su corazón cómo alguien importante, alguien a quien su padre amo con tal devoción y cuya muerte lo destrozó.
─¿Está todo bien, maestro Skywalker?
─Sí. Es que, Shmi era el nombre de mi abuela. ─Respone Luke con una sonrísa, inconsciente de las lágrimas en sus ojos por oír ese nombre.
Shmi por su parte siente que la coincidencia en sí es un alago, pues significa que comparte nombre con alguien importante para él y ella ahora es parte de su vida. Es casi poético el cómo el destino los unió; alegre le limpia el rostro a su maestro.
