Hola :D
Excelente comienzo de 2023, espero que hayan disfrutado las fiestas, mis mejores deseos para todas(os) :3
Lamento no haber andado por aquí, circunstancias personales y algo de flojera de fin de año me mantuvieron ocupada :P
En cuanto a éste capítulo, confieso que se me dificultó bastante, más que nada porque divagué demasiado en cómo ajustar los eventos de la guerra santa. Tanto así, que me fui a revisar el manga completo de cabo a rabo para tomar notas. Lo que resultó en un documento de más de 13 mil palabras, donde se resumían algunos sucesos con las interacciones de Minos y otros personajes, así como la situación de Anna.
Pero no me convenció al final, ya que me desviaba mucho del tema principal XD Así que fue necesario reescribirlo, reduciendo considerablemente el tema de la guerra con varios saltos de tiempo. Como dije antes, el manga es muy ambiguo en fechas y prácticamente, desde el ataque de Alone al Santuario, hasta la batalla final, todo ocurrió en un mes. Por lo que me vi en la necesidad de ajustar el fanfic XD (Ahora sólo me preocuparé por cómo darle un final).
Es todo por ahora, muchas gracias por leerme y comentar. Lamento que algunos se hayan ido sin avisar, pero bueno, aquí seguimos con el fanfic ;3
Advertencias: No hay Lemon por ahora, únicamente insultos entre personajes y quizás palabras altisonantes XD
Sobre sus comentarios:
LadySirin: Siempre he creído que los jueces tienen el mismo nivel, solo que las técnicas de uno son más vistosas que las de otro. En éste caso Minos, siempre busca estar un paso adelante, por eso los agarró con la guardia baja XD Sí, Alone le tiene consideraciones a él y a Kagaho. Los otros jueces también tienen derecho a tener pareja jaja XD Gracias por tus comentarios.
WienGirl: Me alegra que te guste la versión de los jueces que presento aquí :D Me encantó desarrollar sus historias y quizás todavía haga unos guiños para ellos y sus parejas más adelante. Por otro lado, sí, Minos tendrá sus respectivas reacciones cuando nazca el bebé XD Gracias por comentar.
Leyla: Sí, el pasado de los jueces es triste, ya veré si puedo hacer algo por ellos y sus chicas XD Minos tiene que preocuparse por Anna, recuerda la amenaza del Grifo hacia su familia. Pronto veremos a Minos y Anna juntos de nuevo XD Gracias por comentar.
Natalita07: Que bueno que te gustó leer un poco más de los otros jueces, ya no ahondaré mucho en ellos, pero pensaré en algo para ellos y sus chicas al final. No te preocupes, Minos y Anna se reencontrarán, porque falta lo del bebé :D Gracias por tu comentario.
Hokuto Sexy: Ya me había preocupado al no leerte, pero comprendo perfectamente, a veces el tiempo no alcanza XD Me alegra leer tu opinión respecto al nopor XD ya que soy consciente de que éste fanfic tiene mucho de eso y por un instante pensé que la historia se me iría de las manos. Es bueno saber que les sigue agrandando, eso me motiva mucho. Y respecto a Alone, él sí que fue todo un caso, aquí veremos que sigue haciendo de las suyas y por supuesto que el Grifo seguirá con sus caprichos. Y sí, los jueces tienen que dejar prole, si o si jaja XD Muchas gracias por tu comentario.
Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por capricho perverso :P
Capítulo XVI
Inframundo, Tribunal del Silencio.
Al día siguiente.
Minos ingresó al edificio con paso tranquilo y una expresión bastante serena, lo que indicaba que por fin había descansando lo suficiente para retomar sus actividades de magistrado. Se encontró con Lune preparando el libro de almas para ese día, así que lo dejó trabajando mientras él se encaminaba a la oficina de los jueces.
Tan pronto ingresó al lugar y fue hacia su escritorio, notó el desorden en sus elementos de trabajo. Alzó una ceja, levemente sorprendido, por lo que comenzó a revisar los cajones, encontrándose con un gran revoltijo.
—Esos idiotas anduvieron esculcando mis cosas— murmuró, al mismo tiempo que vaciaba todo para ordenarlo de nuevo. —Al menos no tiraron los frascos de tinta. —
≪ Seguramente buscaban la marioneta ≫ dijo el Grifo. ≪ Pero bueno, eso ya no importa, ahora debemos ocuparnos de arreglar el registro de Pegaso en el libro de almas y enviar a alguien para vigilar a la mujer. ≫
El juez acomodó nuevamente los pergaminos, los frascos y lo demás. Igualmente tuvo que juntar las gemas que estaban regadas en el fondo de la gaveta, ya que sus compañeros no se tomaron la molestia de regresarlas al saco de piel.
—El registro del santo ya debe haberse borrado o corregido por sí solo y eso me recuerda que debo llamar a Fyodor para que me ponga al tanto de lo que pasó. Y en cuanto a quién mandaremos, necesito saber cuántos de mis hombres lograron regresar. —
≪ Revisa el libro rojo, quiero saber qué sucedió con la mujer ≫ solicitó el espectro.
Minos hizo lo indicado, ya que también estaba interesado en conocer la situación de Anna.
Una vez que terminó de ordenar todo, se agachó por debajo del escritorio, tanteando con los dedos un área oculta del mueble, la cual cedió después de un leve empuje. Se trataba de un pequeño compartimiento secreto, el cual guardaba el preciado libro rojo. Tan pronto estuvo en sus manos, lo abrió en una página en blanco, donde las letras comenzaron a manifestarse rápidamente.
Tomó asiento y empezó a leer.
El texto le reveló todo lo que había hecho la monja desde que la dejó, incluyendo su escapada al pueblo de Rodorio y la visita de los otros jueces en su casa. El hombre se molestó por la potencial situación de peligro en la que estuvo Anna, pero también se sintió más tranquilo al saber que ahora se encontraba bien y, además, acompañada por esa otra mujer llamada Elina. No estaba seguro si debía permitir eso, pero también era consciente de que no podía quedarse sola y menos con un embarazo en proceso.
≪ Perfecto, ella está a salvo y, al parecer, no tiene planeado nada extraño ≫ declaró con agrado. ≪ Lo malo es que no podremos seguir disfrutando de la suavidad de su piel por un buen rato. ≫
Su portador rodó los ojos mientras regresaba el libro a su escondite. No dijo nada al respecto, pero sus pensamientos eran los mismos, también extrañaría el dulce aroma de su linda marioneta. Nada se podía hacer, debían obedecer al mocoso y esperar el desenlace de la guerra santa.
En ese momento, se oyó un par de toquidos en la puerta y la voz de un espectro.
—Señor Minos, ¿Puedo pasar? —
—Adelante— contestó el ministro, sonriendo levemente al reconocer la voz de su lugarteniente.
El subordinado entró a la estancia y se acercó para luego hacer una reverencia.
—Byaku de Nigromante reportándose, señor. —
—Vaya, pensé que tú y los demás no regresarían— el juez entrelazó los dedos de las manos, tomando una posición relajada en su sillón. —Dime lo que sucedió luego de que se fueron. —
Nigromante lo hizo, describiendo los acontecimientos: La trampa de rosas blancas que absorbieron su sangre, la posterior resurrección por parte de Hades, la derrota frente al santo de Tauro y, por último, el encuentro con Kagaho de Bennu, quien mató a los santos de plata que habían ido por sus cuerpos.
—Tan pronto volvimos a la vida por segunda vez, y viendo que usted aún no resucitaba, Kagaho nos dijo que volviéramos al castillo y que él se encargaría del caballero dorado. De regresó, se nos indicó esperar órdenes— hizo una pausa y luego cuestionó. —Señor Minos, ¿Logró derrotar al santo de Piscis? —
El mencionado asintió e hizo un sutil gesto de desagrado al recordar.
—Sí, lo maté, pero también me costó la vida, ya que el estúpido santo bonito recibió ayuda— dijo con desdén, poniéndose de pie. —Aunque eso ya no importa ahora, así que presta atención, te asignaré una nueva tarea, ajena a la guerra santa. —
El Nigromante asintió con un movimiento de cabeza, sin cuestionar nada más.
—Quiero que vigiles a una mujer— Minos caminó hacia un estante donde había botellas de vino y cristalería. —Se encuentra en la isla de los Curanderos, así que irás de civil, te establecerás con una identidad falsa y la cuidarás a distancia— abrió una redoma y llenó media copa. —Le dejé recursos monetarios para sobrevivir, pero no creo que sea tan fácil para ella estando sola, así que le facilitarás apoyo como mi representante. —
Hizo una pausa y bebió un par de tragos, volteando a ver a su subordinado, quien ahora tenía una expresión de ligera sorpresa.
—Podrás decirle quién eres y tu misión. Me mantendrás al tanto de sus actividades, sin que intervengas en su vida. Su nombre es Anna y está embarazada de mi primogénito— entornó la mirada, subrayando sus siguientes palabras. —No quiero preguntas al respecto, nadie más debe saberlo y si algo le sucede a ella o a mi hijo, te arrancaré la cabeza. —
Byaku tragó saliva despacio y volvió a confirmar en silencio. De sobra sabía que su jefe era de pocas palabras y no tenía caso siquiera pensar en averiguar más acerca de su nueva responsabilidad. Definitivamente, esto no tenía nada que ver con la guerra santa, pero, como subordinado que era, debía obedecer sin rechistar.
El juez regresó a su escritorio, abrió una gaveta y sacó el morral de joyas.
—Partirás mañana como si fueses a una misión y usarás el portal que conecta directo a la isla— le lanzó la bolsita de piel y el rubio la atrapó sin problema. —Ahora retírate. —
Nigromante hizo otra reverencia y se marchó de la oficina. El juez terminó de beber y posteriormente retomó sus labores.
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Isla de los Curanderos.
Anna despertó nerviosa aquella mañana. Apenas había podido dormir después de la inquietante visita de los jueces y no estaba segura de lo que iba a suceder. Le quedaba en claro que debía continuar con el embarazo y buscar la manera de sobrevivir con las joyas y el oro que le dejó Minos. Pero la idea de que él podría regresar en cualquier momento, la mantenía inquieta.
—Vamos Anna, tranquilízate un poco, esto no tiene por qué ser tan complicado— se dijo a sí misma, levantándose de la cama. —Necesito un té para los nervios. —
…
Rato después.
Elina observaba preocupada a la joven, mientras preparaba una infusión de valeriana para intentar calmarla. Desconocía el motivo de su inquietud, a pesar de que estuvo cuestionándola desde que llegó a visitarla. Quizás lo que vieron en Rodorio le había provocado ansiedad.
—Aquí tiene señora Anna, bébalo todo— pidió la mujer mayor.
—Muchas gracias Elina, no te preocupes, voy a estar bien— sonrió, tomando la taza humeante.
La joven no podía decirle nada, a pesar de que tuviera ganas de hacerlo. Era riesgoso que supiera su condición de monja oscura y su estatus como concubina de un juez infernal. Prefería esperar un tiempo y ver cómo se desarrollaban las cosas, ya que no sabía si Hades ganaría la guerra santa.
De lo que, si estaba segura, era de que necesitaría ayuda más adelante con el embarazo, ya que ella jamás había sido madre y no tenía experiencia alguna en esos temas. En cambio, Elina tuvo seis hijos, por lo tanto, su apoyo le sería muy útil.
Y, sin embargo, aún existía otro pequeño problema: Estaba "sola" en ese pueblo, osease, no tenía marido, ni padres, ni abuela, lo cual podría convertirse en un problema a futuro.
Anna decidió que no pensaría en ello por ahora. Se levantó de la mesa y caminó a la puerta posterior para salir al patio trasero, deseaba tomar un poco de sol. Pero grande fue su sorpresa cuando levantó la vista al cielo y vio algo sumamente extraño e inquietante.
—Por Athena, ¿Qué es eso? —
Elina salió detrás de ella, también con un gesto de preocupación.
—Los rumores dicen que apareció ayer en la noche después de que algo sucediera en el Santuario de la diosa Athena, seguramente tiene que ver con la guerra santa. —
El firmamento permanecía iluminado por el astro rey. Pero, entre el azul del cielo y las nubes blancas, cientos de figuras aladas con un extraño matiz dorado, se dibujaban llamativamente. Desde donde estaban, lo único que se alcazaba a distinguir era que se trataba de "ángeles" y que poco a poco se iban acercando a la isla, como un inquietante nubarrón que presagiaba el desastre.
—Es… hermoso y aterrador… — susurró Anna.
No estaba segura, pero casi podía asegurar que aquel extraño fenómeno tenía que ver con el dios Hades.
—Mañana en la tarde habrá junta en la plaza, el alcalde nos informará lo que sepa, después de todo, mantiene contacto con Rodorio y allá se escuchan muchos rumores respecto a los movimientos del Santuario— comentó Elina.
Ambas mujeres regresaron al interior de la casa para retomar sus actividades, quedándose con la inevitable sensación de nervios. El día siguió su marcha sin mayor novedad.
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Inframundo.
Al día siguiente por la mañana.
Byaku de Nigromante abandonó las barracas de los espectros y se encaminó a la zona de portales. Debía comenzar de inmediato con su misión, así que ahora buscaba el camino que lo llevaría directo a la isla de los Curanderos. No estaba seguro de qué se trataba todo esto y la curiosidad se mantenía dentro de él. Sin embargo, el juez Grifo era demasiado volátil y no quería arriesgarse a que le rompiera algún hueso por su falta de discreción.
Atravesó el pasaje dimensional y algunos instantes después, apareció caminando en el túnel de una cueva medio oscura. Avanzó un poco hasta que finalmente salió al bosque, el cual estaba completamente iluminado por los rayos del sol.
—Si no me equivoco, aquí es donde Luco de Dríades tenía asignado su puesto de operaciones— dijo en voz baja.
Chasqueó los dedos y su Sapuri comenzó a vibrar. La armadura negra se desmontó de su cuerpo, ensamblándose en su forma objeto. Posteriormente, resplandeció un poco y luego transmutó a una forma etérea que se adhirió a su espalda como si fuese un tatuaje. Acomodó la ropa de civil que llevaba puesta y se encaminó a la villa.
Tenía varias cosas que hacer antes de buscar a esa mujer llamada Anna.
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Plaza del pueblo, ese mismo día por la tarde.
Anna y Elina caminaban de regreso a sus casas después de la junta general. Casi todos los habitantes habían estado presentes, escuchando las noticias que les trajo el alcalde. Se rumoreaba que el Santuario de Athena había sufrido un ataque sorpresa y que había varios heridos. La información estaba restringida y lo poco que se sabía era por parte de los soldados rasos y santos de bronce que hablaban en las calles de Rodorio. Además, se desconocía lo que era la extraña aparición de "ángeles" en el cielo.
—Estoy preocupada, esa imagen en las nubes me da miedo— mencionó Elina.
—No tiene caso inquietarse por ahora, debemos esperar, no creo que los santos de Athena se queden de brazos cruzados— dijo la joven, tratando de reconfortarla.
—Tiene razón señora Anna… bueno, me despido, nos vemos mañana. —
—Ve con cuidado y hasta mañana— correspondió al gesto, siguiendo ella su propia ruta.
Llegó al domicilio y, de repente, sintió una mirada extraña sobre ella. Volteó, pero no vio a nadie cerca, excepto a una pareja que iba caminando a lo lejos y en sentido contrario. Decidió no hacer caso y continuar, así que cerró la verja de la calle y estaba a punto de abrir la puerta principal, cuando alguien le habló súbitamente.
—¿Tú eres Anna? —
La voz grave le provocó un sobresalto a la mujer, quien volteó lentamente. Un hombre alto, de tez clara, con lentes oscuros y largo cabello rubio la observaba con atención. Vestía formalmente y su apariencia era la de un burócrata.
—Soy yo, ¿Quién eres y qué deseas? — preguntó con recelo, acercándose precavidamente a la verja.
—Mi nombre es Byaku y debo hablar contigo en privado— fue lo único que dijo, bajando un poco las gafas para mostrarle sus oscurecidos ojos.
Anna palideció cuando vio aquellos iris casi blancos rodeados de negro e inmediatamente su instinto se puso en alerta, percatándose de que se trataba de un espectro de Hades.
—N-No puede ser… — murmuró asustada. —¿Por qué estás aquí? —
—No te haré daño, mi misión es protegerte— habló Byaku, colocándose de nuevo los lentes. —¿Podemos hablar? —
Estas no podían ser buenas noticias y una sensación dolorosa le estrujó el estómago al escucharlo. No tenía muchas opciones así que, controlando sus nervios, Anna le permitió el acceso a la casa.
…
En la estancia ambos tomaron asiento y el visitante fue directo al grano.
—Soy Byaku de Nigromante, un espectro al servicio del juez Minos de Grifo y él me ha enviado a cuidarte— explicó, sin dejar de observarla con seriedad.
Anna sintió que un escalofrío le recorría la espalda. Ya esperaba que esto sucediese en algún momento, es decir, Minos no iba a quedarse muerto después de todo. Pero le sorprendía esta inesperada visita, porque no imaginó que el juez mandaría a un subordinado para vigilarla. Quizás lo hizo porque la marioneta ya no funcionaba.
—Él… ¿Él revivió? —
El Nigromante hizo un leve gesto de extrañeza, esa pregunta le dejó en claro que aquella mujer estaba al tanto de las capacidades de los espectros, así que no era necesario disimular ante ella.
—Así es, gracias a nuestro dios Hades, pero me temo que, por sus responsabilidades de magistrado y la guerra santa, no podrá venir a verte por ahora— dio un vistazo rápido alrededor, evaluando el lugar. —Escucha mujer, no voy a preguntar nada acerca de la relación que tienes con el señor Minos, pero mi misión debe llevarse a cabo al pie de la letra. Sé que esperas a su hijo y que te dejó recursos para valerte por ti misma, pero tengo órdenes de servirte como apoyo en lo que necesites, así que seré tu guardaespaldas y contacto con él. —
El asombro se reflejó en el rostro de la joven, quien no podía creer lo que estaba escuchando. El juez Grifo no dejaba de ser impredecible a pesar de no estar presente. Era obvio que, más que cuidarla, el espectro estaba ahí para vigilarla y aunque eso sonaba demasiado posesivo e inquietante, no podía esperar otra cosa diferente por parte de Minos.
—Yo… yo no sé qué decir… — dijo ella en voz baja.
—¿Éste sitio es tuyo? — interrogó el Nigromante.
—Es la casa de mi fallecida abuela, no tengo a dónde ir ni… ni a nadie más— hizo una pausa, realmente no sabía qué hacer de ahora en adelante. —Necesito tiempo para asimilar esto, por favor. —
El espectro asintió y se puso de pie.
—Me retiro por ahora, si necesitas algo, puedes encontrarme en la casa final de la calle sur— dejó un pequeño pergamino doblado en la mesita del centro. —Sé que la idea no es agradable, pero estaré al tanto de tus movimientos, así que sólo ignórame— caminó a la salida.
—No le harás daño a nadie, ¿Verdad? — preguntó Anna. —No quiero que los habitantes se asusten más de lo que ya están. —
Byaku la miró de soslayo.
—Si alguien intenta algo contra ti, tendré que eliminarlo— dijo fríamente. —El juez fue muy claro, si algo te sucede, o a su hijo, a mí me cortará la cabeza. —
—Entiendo. —
Ella lo acompañó hasta la calle. El hombre no dijo nada más, simplemente se alejó hasta perderse de vista.
De regreso a la sala, revisó el papel, donde estaban escritos algunos datos y una dirección. Por lo visto, el espectro se haría pasar por un funcionario o jurista. La mujer se dejó caer en el sillón, mientras se sobaba las sienes y suspiraba con algo de cansancio.
—Vaya suerte la mía, me pregunto qué otras sorpresas me esperan. —
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Castillo de Hades, ese mismo día por la noche.
Alone se encontraba en su taller pintando distraídamente cuando, de repente, levantó la mirada hacia el techo, haciendo una mueca de desagrado.
—Vaya, así que quieren vigilarme más de cerca— pensó, mientras caminaba al ventanal.
El cielo estaba despejado así que, a pesar de la oscuridad, pudo distinguir aquel edificio flotante a cientos de metros por encima de su castillo: El palacio de los dioses gemelos. Tánatos e Hipnos por fin se habían hecho presentes, lo que significaba que ahora debía andarse con mucho más cuidado.
—Kagaho, ven a mi taller— lo llamó a través de su cosmos, retomando nuevamente su actividad con el pincel y la pintura.
Algunos minutos después, el espectro se hizo presente, haciendo su cotidiana reverencia a modo de saludo. Tan pronto estuvo dentro del taller, Alone desplegó levemente su cosmos para aislarlos completamente del exterior.
—¿Sucede algo, señor? — interrogó.
—Kagaho, ¿Qué le pasó a tu Sapuri? — lo miró sorprendido al notar que la armadura estaba dañada y sin un ala.
Bennu guardó silencio por un par de segundos, renuente a contestar.
—Sólo fue un pequeño altercado con el santo de Tauro— dijo al fin.
—Yo no te he dado permiso de ir al Santuario— lo contempló con seriedad, logrando que Kagaho desviase la mirada. —Deja de andar paseando de un lado a otro, no quiero que Pandora o los dioses gemelos empiecen a cuestionar tu comportamiento. —
—Entendido, no lo haré a menos que usted me lo ordene— el espectro confirmó, observando de nuevo al muchacho.
—Bien, ahora escucha con atención, a partir de éste momento, necesito que seas mis ojos y oídos en el castillo… hay ciertas personas que están dudando de mi forma de hacer las cosas— explicó Alone, a la vez que limpiaba su pincel. —Por lo tanto, quiero que estés al pendiente de todo lo que hagan y digan Pandora, Rhadamanthys, Aiacos y los dioses gemelos, además, te coordinarás con el juez Minos de Grifo. —
La expresión de Kagaho reflejó cierta sorpresa.
—¿Minos? —
—Así es, él también me juró lealtad y mantendrá el control en el inframundo mientras yo trabajo en el lienzo perdido, los dos me mantendrán informado de todo, porque presiento que tendré un par de contratiempos en mi meta para otorgar la salvación. —
Bennu seguía dudoso, pero no tenía la intención de cuestionar a Alone y si le estaba pidiendo apoyo, él obedecería ciegamente.
—Como usted ordene, señor— confirmó e hizo un gesto de despedida. —Me retiro ahora para comenzar con mi nueva misión. —
Alone lo observó hasta que salió del taller. Entonces, enfocó de nuevo su cosmoenergía para llamar al juez.
—Minos, necesito que estés atento, los dioses gemelos están husmeando demasiado cerca, así que podría pasar cualquier cosa. —
—¿Desea que haga algo? — respondió el ministro.
—No, sólo encárgate de la administración en el inframundo y repórtame cualquier evento— indicó el joven. —Kagaho tiene la misma encomienda, así que irá a verte y te dará mis mensajes, lo mismo harás tú si en algún momento yo no estoy disponible. —
—Comprendo, pero tengo una duda… ¿Él es confiable? —quiso saber Minos. —Lo pregunto, porque casi desde el principio, cuando llegó al inframundo, pude notar algo raro en aquel muchacho que no congeniaba con el comportamiento de un espectro. —
Alone sonrió sutilmente, al mismo tiempo que retiraba el cuadro finalizado del caballete y colocaba otro marco con un lienzo nuevo.
—Tienes razón, su conducta se debe a que Kagaho no se sometió a la voluntad del espectro, el dolor y la ira que lleva por dentro, son mucho más fuertes que la influencia de Bennu, y eso ha resultado bastante útil para mí, ya que su conciencia humana me ve como el familiar que perdió, por lo tanto, me es totalmente leal. —
—Ya veo, entonces permaneceré atento— fue lo último que dijo Minos, cerrando el enlace de cosmos.
El portador de Hades embadurnó su pincel con tinta y empezó a realizar trazos rápidos, sin dejar de sonreír ladinamente.
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Tribunal del Silencio, esa misma noche.
Minos había estado a punto de retirarse de la Corte cuando Alone lo llamó para informarle de los dioses gemelos y de Kagaho. Se había pasado todo el día juzgando personalmente a las almas que llegaron, como una forma de distracción y para no tener que soportar al Grifo. Y es que, cuando había mucho trabajo, éste permanecía en completo silencio.
Ya se sentía algo cansado, pero tenía que esperar a Kagaho, porque era muy probable que el inestable muchacho fuese a verlo. Minos no tendría por qué darle explicaciones, pero si Alone confiaba en él, lo más conveniente era llevar la situación tranquila también.
≪ Miserable traidor ≫ masculló la bestia en su mente. ≪ ¿Cuánto más piensas seguir con el juego de ese humano? ≫
El juez rodó los ojos, su descanso del espectro había terminado. Tomó los libros de almas y los llevó al almacén.
—Es divertido jugar, ya te lo había dicho, la guerra santa ahora es más entretenida con Alone riéndose en la cara de todos— dijo burlón, colocando los volúmenes en su lugar correspondiente. —Qué importa lo que haga, me da igual. —
≪ No dirás lo mismo cuando el maldito mocoso asesine a todos los humanos, incluyendo a tu familia ≫ respondió mordaz.
El ministro soltó una risita cínica.
—Eso está por verse— empezó a replicar. —Lo que él desea, es pintar un lienzo mortal con el cual le "otorgará la salvación" a vivos y a muertos, ¿No es así?… pero resulta que el niño no conoce la enorme cantidad de humanos que existen en la Tierra, ¿Acaso piensa que es tan fácil dibujar a tanta gente?… y si pudiera hacerlo, eso le tomaría años, por lo tanto, no terminará pronto y dudo mucho que Athena lo permita. —
El espectro gruñó molesto, la rebeldía y cinismo de Minos no tenían límites, él no le era leal a nadie más que a sí mismo.
≪ Cuando el dios Hades despierte por completo, todo éste estúpido circo terminará. ≫
—Si, si, como digas— recorrió los pasillos hasta llegar a un estante específico.
De la parte más alta, tomó un libro negro con símbolos rojos. Dicho compendio estaba asegurado con un cerrojo, el cual se liberó cuando Minos pasó la mano por encima con su cosmos encendido. Era un volumen especial, ya que en sus páginas se registraba la información de todas las personas que servían de vasijas humanas para las Estrellas Malignas, exceptuando a los jueces infernales.
Leyó a detalle la información de Kagaho y luego salió del almacén. Justo en ese momento, se oyó la apertura de las enormes puertas de la entrada y la presencia del portador de Bennu se hizo notar.
≪ Otro maldito humano insidioso, parecen plaga en éste siglo. ≫
El juez no dijo nada, pero le divirtió sentir la frustración de la criatura mitológica. Dado que ya no tenía nada más que hacer en el estrado, se dirigió escaleras abajo. El visitante observó impasible su descenso, sin decir una sola palabra.
Quedaron frente a frente y aunque Minos era más alto, ambos se miraron con relativa seriedad.
—¿Qué haces aquí? — interrogó el ministro.
—Sólo quería confirmar algo, juez Grifo— respondió el muchacho. —¿Cómo sé que tu lealtad hacia mi señor es verdadera? —
—Puedes preguntarle directamente a Alone sobre mi lealtad— sonrió un poco, aunque sus ojos violáceos no dejaban de ser inquietantes. —Él sabe que yo tengo acceso a los registros de sus pecados, a todo lo que ha hecho hasta ahora— acercó un poco el rostro, consiguiendo que Kagaho diera un paso atrás. —Y también conozco lo que oculta tu alma humana y porqué lo sigues. —
Kagaho entornó la mirada e hizo un gesto de desconfianza.
—Tú no sabes nada de mí y ahora mismo me dirás tus motivos para seguir a mi señor Alone. —
Minos podría haber tomado esa contestación como una falta de respeto a su rango, pero como no deseaba que el mocoso volviera a recriminarle por mutilar a otros espectros, lo dejó pasar.
—La guerra santa no me importa, es simplemente un rato de diversión para mi— dijo con simpleza, alzándose de hombros. —Los demás espectros tampoco me importan y mucho menos los otros dos jueces. Me da igual lo que hagan los malditos dioses, que se maten entre ellos si así lo desean— su mirada se afiló un poco. —Lo que no me agrada, es que nos jodan la existencia a los humanos. —
El portador de Bennu hizo un repentino gesto de sorpresa, no se esperaba semejante revelación por parte de un líder del inframundo y tampoco que sus ideas coincidieran un poco con su propia forma de ver las cosas.
—Entonces, ¿Estás de acuerdo con las acciones de mi señor? —
—Si eso incordia a las deidades y a otras entidades mitológicas, sí, estoy completamente de acuerdo— sonrió con cinismo. —Y si el lienzo perdido es su manera de hacerlo, entonces Alone tiene mi apoyo. —
Kagaho relajó su semblante. Quizás él no confiaba en nadie, pero si su señor veía con buenos ojos al juez, entonces no tenía motivos para dudar.
—Bien, no tengo nada más que decir— se dio la media vuelta, dispuesto a marcharse.
—No tan rápido— lo detuvo el juez. —Si Alone te ha confiado una misión, te recomiendo que andes con cuidado, no des motivos para que otros espectros o Pandora sospechen de ti— el aludido confirmó renuente. —Por otro lado, vigila a esa mujer, ha estado mandando a llamar espectros para tenerlos de reserva en el castillo. —
—Lo haré. —
—Y una cosa más— Kagaho rodó los ojos con fastidio, lo que generó diversión en Minos. —Ve con el forjador, es de muy mal gusto andar paseando con el Sapuri roto, pareces vagabundo. —
Bennu resopló molesto, pero asintió nuevamente. Se encaminó a la salida y desapareció tras las puertas.
—Bueno, esto de la guerra santa y las conspiraciones internas se pone cada vez mejor— hizo otra risita burlona.
≪ Jódete Minos ≫ farfulló el Grifo, para luego quedarse en silencio.
Su portador no dijo más, abandonó el edificio y se marchó a su residencia.
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A lo largo de las siguientes dos semanas, Minos se ocupó de sus tareas de juez, auxiliado todavía por Lune, y de los movimientos generales en el inframundo, organizando y redistribuyendo a los espectros restantes en grupos que se repartían las tareas de custodia y vigilancia en las diferentes prisiones. Ya que, al parecer, Aiacos y Rhadamanthys se quedarían asignados permanentemente en el castillo de Hades junto con sus tropas.
En cuanto a los eventos de la guerra santa, estos fueron desarrollándose en esos mismos días y de los cuales, Kagaho lo mantuvo informado: El atentado contra Pegaso por parte de Pandora. El encierro de Alone tramado por los dioses gemelos. Las barreras del bosque de la muerte y el mundo de los sueños, superadas con el sacrificio de unos santos dorados. La fallida invasión del ejército de Athena y todas las muertes que eso trajo. La confrontación con Tenma de Pegaso. La caída del castillo de Hades, y lo más reciente, la nueva base de operaciones establecida en el lienzo perdido.
…
El juez leía entretenido algunos detalles extra de lo que hacía Alone para redirigir la guerra santa a su antojo, como, por ejemplo, fingir que Hades despertaba en él. Dicho movimiento había engañado a Pandora y al ejército nuevamente, quedando registrado como un pecado más en el libro de almas.
—Parece que el mocoso está cayendo en la locura— dijo Minos, cerrando el volumen y colocándolo en su estante.
≪ Maldito Alone, ¿Hasta dónde piensa llegar? ≫ gruñó el Grifo. ≪ Sigo sin comprender cómo logra resistirse a la voluntad de un dios y tampoco entiendo su obsesión con el otro mocoso, incluso parece más insano que el mismísimo rencor expresado por Hades hacia Pegaso. ≫
Minos se rio levemente sin ocultar su diversión.
—Pues parece que el chico tiene un problema de apego emocional, o quizás sólo se trate de la poca influencia que Hades logra sobre él, pero qué importa, sigamos viendo cómo progresa todo— comentó, mientras salía del almacén.
≪ Eres un imbécil Minos, pero lo pasaré por alto mientras sigas ocupándote de la mujer, ¿Por qué Byaku no se ha reportado? ≫
—El libro rojo no ha revelado que Anna tenga algún contratiempo y Nigromante vendrá mañana, así que ya cállate, necesito descansar. —
Abandonó el Tribunal y levantó el vuelo rumbo a Ptolomea.
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Isla de los Curanderos.
Al día siguiente por la mañana.
Anna se encontraba en su habitación, haciendo un conteo de las joyas entregadas por el juez. Los alimentos que le había compartido Elina ya estaban por terminarse, así que era necesario hacer algo al respecto. No podía vivir de la buena voluntad de la mujer mayor, así que era necesario buscar la manera de obtener dinero con esas gemas.
En un principio, la idea se le hizo incómoda, ya que desconocía el origen de dicho "regalo", pero tampoco es que tuviera otras opciones. Apartó las monedas de oro y los anillos engarzados. Desmontó las perlas de los collares y las juntó con los aretes. En cuanto a las demás joyas, las agrupó en diamantes, rubíes y zafiros, para luego guardar todo separadamente.
—Creo que primero venderé un sólo anillo— dijo, observando la pieza ricamente labrada. —Espero que me den suficiente dinero, aunque debo tener mucho cuidado. —
La mujer suspiró con preocupación, ya que no estaba segura si podría vender ese anillo sin levantar sospechas por ser una forastera. Tal vez debería pedirle ayuda a Elina… o al espectro.
…
Era media mañana cuando Anna llegó a la dirección que le dejó Byaku. Esa calle no era muy transitada ya que se trataba de los límites del pueblo y algunas casas estaban en abandono. Quizás por eso escogió aquel sitio, pocos habitantes le prestarían atención a un tipo raro viviendo en solitario.
Tocó la puerta y unos segundos después, el hombre de cabello rubio se asomó. No dijo nada, simplemente le permitió el paso.
La mujer dio un rápido vistazo al interior, comprobando que todo se veía normal como en cualquier otro sitio, con los muebles básicos y un ambiente limpio, además, el espectro vestía de civil, excepto por sus gafas oscuras.
—¿Qué necesitas? — interrogó él.
—Requiero dinero, pero no creo poder vender esto yo sola— sacó el anillo de una bolsita de su vestido y lo colocó sobre la mesa cercana. —¿Podrías ayudarme? —
Byaku tomó la pieza y se bajó los lentes para observarla a contraluz.
—Si, no hay problema, pero te llevaré el dinero a tu casa hasta el anochecer. —
—Gracias— Anna se encaminó a la puerta.
—Mujer— la llamó de repente. —No vayas a salir de la isla y mucho menos viajes a Rodorio… los espectros andan rondando el Santuario y sus alrededores. —
Ella asintió y salió del lugar.
No pudo evitar sentir algo de aprensión con esa advertencia. Anna sabía que la isla estaba a salvo por ahora y sus habitantes continuaban trabajando para ellos mismos y para auxiliar a Rodorio con recursos alimentarios. No obstante, a pesar de que se vivía un clima de tensión, también se podía notar que la gente parecía más confiada, debido a las noticias, buenas y malas, que llegaban en voz de los marineros y comerciantes.
Se hablaba de batallas en lugares alejados, de muertos y derrotas en ambos bandos. Pero, lo cierto era que, la diosa Athena y sus guerreros, estaban en pie de lucha, sin rendirse jamás. Esto era un gran aliciente para todos, entonces, sólo quedaba esperar y confiar.
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Inframundo.
Zona de portales, esa misma noche.
El juez se encontraba frente al pasaje que conectaba con la isla de los Curanderos, esperando la llegada de Nigromante para que le diera su reporte acerca de Anna. En vista de que estuvo ocupado con los temas administrativos en los últimos días, no pudo leer el libro rojo.
Se oyeron pasos y en la entrada de la cueva, apareció Byaku.
—Señor Minos— hizo una reverencia.
—¿Qué noticias me tienes? —
El espectro detalló lo que había hecho a lo largo de esos días, crear una falsa identidad en el pueblo, vigilar a la mujer y ayudarla con su solicitud respecto al anillo.
—¿Y por qué no lo hizo ella misma? — inquirió el ministro.
—Señor, gracias a mis habilidades, yo puedo pasar desapercibido para los demás, pero no es lo mismo con ella, dado que se trata de una forastera que casi nadie conoce en el pueblo, todavía la miran un poco raro cuando anda por las calles— explicó Byaku. —Son contadas las personas que la relacionan con su abuela fallecida aparte de la mujer mayor llamada Elina… creo que eso podría ser un contratiempo más adelante. —
Minos alzó una ceja, no comprendiendo del todo el asunto.
—Explícate. —
—No es bien visto que una mujer soltera ande por ahí sola— soltó de pronto. —Se sabe que vive en la casa de su familiar, pero si no hay un documento que la avale como "heredera", la jurisdicción del pueblo podría verlo sospechoso y reclamar la propiedad, dado que ella es una "extraña" en la isla. —
Byaku había hecho bien su trabajo.
Las memorias de su vida como humano le ayudaron bastante para desenvolverse en el ámbito pueblerino y así poder investigar un poco sobre la muchacha, ya que Minos no le había dicho gran cosa. Era poca la información, obtenida en base a los chismes cotidianos de la gente y las conversaciones de la misma Anna con Elina.
—Perdone mi impertinencia señor, pero, ¿De dónde es esa mujer?, ¿Cuál es su historia? — interrogó el subordinado. —Necesito más datos para hacer mi trabajo correctamente, ya que no puedo matar a los pueblerinos sólo porque la miren feo o hablen mal de ella, eso levantaría sospechas y atraería las miradas del Santuario. —
El juez resopló molesto ante el razonamiento tan atinado de Nigromante.
No se había puesto a pensar en todo lo que implicaría dejar a Anna sola en aquella isla. Independientemente de la guerra santa, la existencia cotidiana de la aldea no se detenía y eso significaba que ella debía adaptarse de nuevo y continuar con su vida como antes de ser convertida en monja oscura, lo cual no era tan fácil, dado que ya no tenía a nadie.
Los recursos que le dejó, eran una ayuda y un problema a la vez. El conflicto radicaba en cómo justificar aquello sin que se viese sospechoso en una mujer solitaria, que a leguas se veía, no trabajaba en absolutamente nada. Y cuando el embarazo fuera notorio, el asunto se complicaría aún más.
—Maldición, no había pensado en eso— Minos empezó a caminar de un lado a otro. —Lo resolveré después, por lo mientras, investiga el estatus de esa casa, averigua si dejó testamento su familiar y haz lo que tengas que hacer para asegurar su estadía en el pueblo… lo único que necesitas saber es que su marido la abandonó y ella se fue a vivir con su abuela, la cual murió debido a las actividades de Luco de Dríades— mintió para su conveniencia.
Byaku hizo un gesto de comprensión, sabía que no debía preguntar nada más y atenerse a lo dicho.
—Como ordene, veré qué puedo hacer y lo mantendré al tanto— hizo otra reverencia y se marchó de nuevo por el mismo pasaje.
Minos se sobó las sienes y volvió a renegar.
—Carajo, esto será más complicado de lo que pensé. —
≪ ¡Me importa una mierda!, haz lo que sea necesario para que la hembra no tenga problema alguno ≫ ordenó el Grifo. ≪ ¿Cuál es el maldito problema con que esté sola? ≫
—Se nota que no sabes nada de las dinámicas sociales, una mujer sola puede ser muy mal vista si no está casada con alguien— explicó su anfitrión, abriendo las alas para levantar el vuelo. —Si no trabaja, si no está en un convento o si no tiene a alguien que vea por ella, podrían acusarla de indigente, bruja, prostituta o qué sé yo. —
≪ Vaya, eso no cambia a pesar de los siglos, humanos estúpidos ≫ rumió molesto. ≪ Pues algo tienes que hacer, esa cría debe nacer bien y estar segura. No pienso confiarme, mis estúpidos hermanos todavía podrían sacar ventaja gracias a la permisividad de Alone. ≫
Minos rodó los ojos, hastiado de la avidez que demostraba el espectro a cada rato. Pero era verdad, debía hacer algo al respecto, ya que ahora estaba inevitablemente vinculado con la mujer.
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Una semana después.
Minos seguía recibiendo informes de Kagaho respecto a lo que hacía Alone en su taller y el efecto que eso tenía sobre el territorio de Italia. El número de muertos comenzó a crecer, sin embargo, a la Corte del Silencio solamente llegaban las almas de los que perdieron la vida como daño colateral. Las demás, se quedaban atrapadas en las nubes del cielo por culpa del lienzo perdido.
El juez no estaba seguro de hasta dónde llegaría el plan del mocoso y lo único que supo, es que esos nuevos registros comenzaron a ser redactados por Lune de Balrog y un grupo de monjas oscuras. El portador de Hades lo había mandado a llamar hace un par de días, prácticamente encerrándolo en uno de los Templos Malignos para que hiciese dicho trabajo. Por lo tanto, ahora estaba solo, con la responsabilidad del Tribunal y el control del inframundo.
Y aunque tenía suficientes hombres para delegar actividades, le molestaba el hecho de que ninguno de los otros dos jueces volvió a aparecer por ahí. Kagaho le había revelado que Rhadamanthys y Pandora irían a Bluegrad, siguiendo a dos santos dorados para buscar algo referente al dios Poseidón. Mientras que Aiacos, estaba trabajando a marchas forzadas para finalizar la construcción del Navío Negro.
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El ministro se desperezo en su trono y bostezó largamente. Ya era de noche otra vez y apenas había concluido con las almas de ese día.
—Maldición, odio trabajar tanto— masculló, al mismo tiempo que abría el libro rojo. —Vemos que has hecho, mi querida Anna. —
Se tomó algunos minutos para leer que la mujer había recibido una buena cantidad de dinero por la venta del anillo, el cual fue entregado puntualmente por Byaku. Con dicho ingreso pudo pagar la ayuda de Elina, comprar más víveres y todavía le sobró un buen tanto. Todo bien en ese aspecto y sólo quedaba pendiente el papeleo de la propiedad y las habladurías.
Al juez nada le costaría soltar un poco de oro y comprar dicha vivienda para asegurar que la mujer no tuviese problemas. Sin embargo, eso resultaría demasiado llamativo en éste momento, ya que la gente del lugar seguía expectante de ella. Así que lo mejor era que Anna revisara el tema por sí misma. Obviamente con la ayuda de Byaku tras bambalinas.
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Isla de los Curanderos, esa misma noche.
Anna escuchó que tocaban la verja de la calle. Al asomarse por la ventana, vio que se trataba del espectro nuevamente, así que salió a ver que quería.
—Creo que es mala idea que andes por aquí a estas horas, los vecinos comenzaran a hablar y no quiero problemas— le dijo.
—No te preocupes por eso, mi presencia no es visible para los demás si yo no lo deseo, es una de mis habilidades— declaró Byaku, para luego entregarle un pequeño papiro. —Revisa esto, es importante que lo hagas pronto, dado que se trata de un testamento que te involucra. —
La mujer hizo un gesto de sorpresa.
—¿De qué hablas?, yo no sé nada acerca de un… —
—Tu abuela lo hizo y debes reclamar la herencia. No puedes quedarte aquí nada más sin hacer nada, la oficina del magistrado local podría investigarte— soltó las palabras sin reparo alguno. —Mi señor Minos no desea que algo interfiera con tu comodidad durante el embarazo, así que no pierdas el tiempo, mujer. —
Tras esas palabras, dio media vuelta y se alejó como un fantasma silencioso.
La joven soltó un suspiro de resignación mientras revisaba el papel.
—Vaya… no me esperaba esto. —
Leyó rápidamente la información acerca de la existencia de un testamento en resguardo del notario, el cual estaba dirigido a ella. Asimismo, se describía el proceso que debía seguir para presentarse en el despacho y reclamar la herencia. Definitivamente, las sorpresas para ella continuaban.
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En la siguiente semana, Minos siguió ocupado con sus actividades y recibiendo más reportes de Kagaho: La misión de Pandora y Rhadamanthys había fracasado y debido a esto, Wyvern suplicó por otra oportunidad, consiguiendo que Alone le regalara unas gotas de su sangre y lo nombrara guardián de uno de los Templos Malignos. Después fue el turno de Aiacos, quien usó el Navío Negro para enfrentarse al barco del ejército de Athena, fracasando también y perdiendo en batalla a su compañera Violeta.
A ojos del juez Grifo, todo esto era un juego perverso por parte del adolescente, ya que no parecía importarle demasiado sacrificar a todos los demás espectros, con tal de que nadie interfiriera con el lienzo perdido y su futuro reencuentro con sus amigos de la infancia. Esto quedó confirmado cuando Athena y su ejército llegaron para enfrentarlo y lo último que supo por parte de Bennu, fue que también había sido nombrado guardián de un Templo y que ya no le reportaría nada más, porque la batalla final estaba desarrollándose en éste preciso momento.
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Minos salió al exterior del Tribunal y levantó la vista al "cielo", donde se podía apreciar que los colores de dicha bóveda "bailaban" inquietos. El ambiente general del inframundo se había vuelto extraño y un poco pesado en esos instantes, generando inquietud en los espectros de todos los rangos.
—¿Qué diablos está pasando? —
≪ Es una simple reacción de éste sitio, por fin el dios Hades va a despertar ≫ explicó la bestia con seriedad.
—No te oyes muy emocionado— señaló el ministro, regresando al interior del edificio.
≪ Esta guerra santa ya se fue a la mierda, todo por culpa de ese maldito humano ≫ bufó con frustración. ≪ Mis hermanos han sido sellados, ya no siento su presencia y sólo permanece vivo el portador de Garuda. ≫
El juez hizo un gesto desconcertado al escuchar eso.
—Carajo, no pensé que Alone enloqueciera tanto, entonces, ¿Qué rayos será de los otros líderes, no se supone que también deben dejar su propia descendencia? —
≪ No lo sé, pero será un verdadero problema si ellos no lo hacen. ≫
La entidad se quedó en silencio, molesta e inquieta, pero sin decirle nada más a su anfitrión. Evidentemente, no quería revelarle dicha información a un simple humano.
…
Más tarde.
Minos permanecía en su escritorio del estrado, concentrado en el trabajo, cuando un cosmos familiar lo llamó de repente. Después de tantos días, Alone se comunicaba de nuevo con él.
—Minos, presta atención— habló el joven. —Mi tiempo se ha terminado, Tenma y Sasha están a punto de llegar para nuestro enfrentamiento final, así que ésta será nuestra última conversación. —
El ministro dejó de escribir y enfocó toda su atención en el muchacho, había una nota de despedida en su voz.
—Comprendo, ¿Cuáles son sus órdenes? —
—Sé que Grifo debe estar furioso conmigo, pero no me arrepiento de nada, tuve mis motivos para hacer todo esto y no espero que lo comprendan— declaró con simpleza. —Pero, a pesar de todo, quiero cumplir mi parte de los tratos que hice, así que voy a pedirte que resguardes las almas humanas de Violeta, Rhadamanthys y Kagaho. —
El hombre levantó ambas cejas en gesto de confusión, pero decidido a seguirle el juego hasta el final.
—Entendido, ¿Qué debo hacer? —
—He lanzado una invocación especial para sus almas, así que plasmarás en el libro las siguientes instrucciones: Kagaho reencarnará de nuevo para que encuentre a su hermano en otra vida. Violeta y Rhadamanthys revivirán dentro de un año y se les permitirá volver con Aiacos y Pandora. Eso es todo. —
Minos tomó nota en un papiro suelto.
—¿Dónde están las almas en éste instante? —
—En la prisión de Fyodor, le ordené retenerlas ahí para que no caigan al Yomotsu, permanecerán en letargo, así que ocúpate de ir por ellas. —
—Bien, yo me encargo— respondió el juez, no pudiendo evitar la curiosidad por tan peculiares mandatos. —¿Puedo saber por qué desea otorgar dichas oportunidades? —
Hubo un breve silencio, como si el muchacho lo meditara.
—Yo sé perfectamente lo que es ser involucrado a la fuerza en algo que no deseas, conozco el dolor que provocan los designios de las estrellas y los caprichos de los dioses, así que… se podría considerar como una pequeña retribución para ellos. —
Su respuesta reveló un dejo de inesperada compasión, algo sumamente extraño a estas alturas de la situación y que, probablemente, se manifestaba como el último resquicio de su humanidad. El juez se quedó en silencio. Ahora no estaba seguro de si el adolescente estaba tan loco como creía, o si todo había sido un engaño casi perfecto.
—Minos, agradezco tu lealtad— prosiguió Alone, empleando ahora un tono críptico. —Y, como recompensa, te diré algo interesante: Tan pronto finalice tu tiempo de servicio, serás libre y los líderes del inframundo retomarán sus puestos nuevamente, tal vez esto no lo sabías, pero de algo te servirá dicha información… adiós. —
Tan pronto se despidió, el enlace de cosmos se cerró, dejando al hombre más atónito que antes.
—Pero qué demonios fue todo eso… —
≪ ¡Maldito Alone, a final de cuentas se saldrá con la suya! ≫ vociferó con ira el espectro.
—¿Qué quiso decir con mi tiempo de servicio? —
≪ ¡No te diré nada en absoluto, maldito perro traidor! ≫ declaró, a la vez que le provocaba dolor en el cráneo intencionalmente.
—¡Maldito bastardo! — masculló el juez, sobándose la frente mientras apretaba los dientes. —Al menos deberías agradecer que verás de nuevo a tus hermanitos y su linaje no se perderá— expresó con sarcasmo.
El Grifo estaba furioso por cómo sucedieron las cosas. No podía creer que los eventos de la guerra santa se habían gestado de esa manera y casi podía jurar que alguien más metió las manos. Lamentablemente, ya nada se podía hacer al respecto y sólo quedaba la resignación. No era la primera vez que perdían contra Athena, pero sí la más desastrosa en el último milenio.
Se quedó en silencio rumiando su frustración, a la vez que dejaba de torturar a su vasija humana. Todavía lo necesitaba, pero no le diría nada acerca de lo mencionado por el mocoso, era mejor dejarlo con la incertidumbre, al menos hasta que naciese la cría.
—¿No hablarás, bestia estúpida? — increpó Minos tan pronto la dolencia retrocedió, pero no hubo respuesta. —¡Púdrete! —
Se puso de pie y bajó la escalinata rumbo a la salida. Aunque estaba molesto, decidió que iría de una vez al Yomotsu por las almas. No es como si le importaran en verdad, pero lo haría sólo por seguir jodiendo al espectro al cumplir la petición final de Alone.
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Isla de los Curanderos, esa misma tarde.
Anna salió de la oficina del notario. Afortunadamente, su abuela no cambió nada en el testamento a pesar de creerla muerta, logrando hacer el trámite completo para reclamar la herencia. Ésta consistía en la potestad de la casa, el terreno y todos los bienes físicos. Además, también existía un pequeño ahorro en Tesorería que sería repartido entre ella y la señora Elina, por sus años de servicio como ama de llaves.
—Menos mal, ahora ya no tendré que preocuparme por no tener un lugar seguro para vivir— suspiró la mujer, volteando hacia el cielo y encontrándose con una inesperada sorpresa. —¡Por Athena, los "ángeles" han desaparecido! —
Apenas se había dado cuenta de ello y sólo podía significar una cosa. De pronto, el sonido insistente de una campana se dejó escuchar por todo el pueblo, lo que se traducía como un llamado urgente a la plaza central. Se encaminó al sitio junto con los demás habitantes, encontrándose de paso con Elina.
—Señora Anna, ¿Ya terminó su trámite? — preguntó la mujer mayor.
—Si, ya pude hacerlo— confirmó alegre. —¿De qué se tratará la junta? —
—Ni idea, acerquémonos para escuchar. —
El alcalde del pueblo subió a la plataforma y usando un cono de metal a modo de megáfono, informó las buenas nuevas.
—¡Estimados ciudadanos, acaban de llegar excelentes noticias! — gritó a viva voz. —¡La diosa Athena ha ganado la guerra santa!, ¡El dios Hades ha sido vencido! —
Un gran alboroto se generó y toda la gente ovacionó alegre al escuchar eso. Algunos gritaron de felicidad, otros lloraron de la emoción y unos más le rezaron a la diosa de la guerra en agradecimiento. Anna y Elina sonrieron, abrazándose también. Por fin el miedo se disipaba, por fin todos podían respirar aliviados, la paz y la tranquilidad volverían a sus vidas.
—Que felicidad, por fin se acabó esta pesadilla— comentó Elina. —Creo que habrá celebración, todos están muy contentos. —
—Es cierto y tienen derecho a estarlo, en especial los que perdieron a sus seres queridos— Anna se mostró melancólica.
Le dolía recordar que su abuela murió de tristeza debido a su desaparición y que su marido ahora la creía muerta. Por un breve instante se quedó pensativa. La guerra santa había terminado, todos podían estar alegres, pero ella no, debido a su muy particular situación. No quiso pensar en ello, así que le pidió a Elina que la acompañara para hablar del dinero que recibiría.
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Ambas platicaban en la cocina, mientras tomaban un poco de té.
—Y así están las cosas Elina, ¿Qué te parece? —
—Es una gran noticia, yo no me lo esperaba, pero un ingreso extra siempre ayuda, su abuela fue muy amable y desinteresada, me alegra saber que ahora usted podrá vivir aquí y sin contratiempos. —
—Si… no tengo muchas opciones— Anna suspiró cansadamente y, de pronto, tuvo una sensación de mareo.
—¿Está bien, señora Anna? — interrogó Elina al verla palidecer.
La joven oyó muy lejana su voz y todo comenzó a darle vueltas. Ya no pudo decir nada más, la vista se le nubló y un desmayo se apoderó de ella.
…
Unos minutos después.
Anna abrió pausadamente los ojos cuando notó un fuerte olor a menta cerca de su nariz, a la vez que sentía el aire siendo abanicado frente a su rostro.
—¿Qué… qué pasó? — musitó.
Su cabeza estaba recostada en el regazo de la mujer mayor y ésta la miraba desde arriba con mueca de preocupación, mientras alejaba la menta que le dio a oler y seguía abanicándola con su otra mano.
—Se desmayó, apenas pude sostenerla a tiempo para que no se golpeara la cabeza— explicó Elina, ayudándola a sentarse despacio. —Con calma, respire lentamente. —
—Aún me da vueltas todo… — se masajeó las sienes. —¿Por qué me miras así? —
Elina entrecerró la mirada, contemplándola con seriedad.
—No quiero ser metiche, pero la he observado desde hace unos días… ha tenido náuseas y mareos, ¿Hay algo que quiera platicarme? —
Anna hizo un gesto de inquietud. No había prestado atención a dichas señales, pero la otra mujer era muy observadora y quizás ya era tiempo de decirle la verdad para desahogarse un poco.
Desde que Minos la dejó en la isla y se fueron suscitando los eventos de la guerra hasta hoy, había pasado poco más de un mes. Era de esperarse que los primeros síntomas del embarazo comenzasen a manifestarse. Además, no podía seguir fingiendo que no recordaba lo que sucedió antes de su regreso al pueblo. Así que optó por confesarlo todo, al menos la parte más comprensible que una persona como Elina, pudiese entender.
Al principio, la mujer mayor se preocupó bastante cuando supo que había sido la sierva de uno de los jueces del inframundo porque, obviamente, intuyó lo que le hizo. Pero, a pesar de todo, se mostró empática al ver que Anna realmente no estaba perturbada emocionalmente por lo vivido, sino que más bien, sólo parecía nerviosa por no saber cómo sobrellevar la gestación.
—Entiendo, señora Anna— la tomó de las manos, indicando con eso su apoyo. —No se preocupe, yo le ayudaré en todo lo que pueda, lo peor ya pasó y ahora sólo debe ocuparse de ese bebé y… — se quedó en silencio cuando la vio hacer una negación con el rostro.
—No Elina, realmente no ha terminado… el juez está vivo y sé que vendrá a buscarme tarde o temprano— sentenció.
Continuará...
Aunque releí todo el manga, el comportamiento de Alone y sus motivaciones siguen siendo un poco extrañas y sólo se me ocurre explicarlas así: Su alma humana si era pura y muy fuerte, por lo que Hades nunca pudo tomar control completo, consiguiendo únicamente influenciarlo con maldad, que fue lo que vimos en su comportamiento malvado.
También pienso que Alone no era el humano correcto que debía ocupar Hades, porque Youma de Mefistófeles intervino en eso para su conveniencia XD Ciertamente Teshirogi tuvo varias inconsistencias en la trama, pero bueno, aquí yo le echo imaginación para tratar de explicarlo :3
En el próximo capítulo retomaré el juego travieso entre Minos y Anna. Recuerden que estamos en el siglo XVIII, las cosas eran muy diferentes para las mujeres en aquella época. La monja no la tiene tan fácil y creo que ya pueden intuir lo que el Grifo le obligará hacer a Minos con tal de asegurar el bienestar de su linaje jaja XD
11/Enero/2023
