Magi pertenece a Shinobu Ohtaka-sama. Escrito en el móvil, errores son sin querer. Muchísimas gracias a Yayoi y a todos los que leen por el apoyo :3.
.
.
.
Capítulo 24. La suerte jamás me sonrió.
.
En Rakushou.
- ¿Qué te parece si nos divertimos un poco enano?
- No.
- Je.
- ¡NOOOO!
- ¡Ja ja ja! - prácticamente estalló en carcajadas - ¡Deberías ver tu cara! No seas idiota. ¿Cómo se te ocurre pensar que te violaré en público? Tu trasero desnudo es todo mío.
- ¿Desperdiciaras la oportunidad que te estoy brindando? - su candidato.
- ¿Se supone que me das qué? Puedo cogermelo cuando se me de la gana porque nos amamos. No así, y mucho menos porque te dieron ganas de andar de puto mirón.
- ¡Claro que no!
- Ve a otro con ese cuento. Deja ir a mi enano o no respondo.
- Como quieras.
Alibaba y el cuarto príncipe se reincorporaron hasta quedar de pie. Aladdin continúa tendido, aterrado y consternado. La mano de su pareja fué extendida en su dirección.
- Vamos enano, no te puedes quedar ahí todo el día.
La tomó dubitativo pero el sentimiento duró una fracción de segundo puesto que la calidez y cariño de Judal se extendió de la palma al resto de su ser. Se ruborizó y sonrió con dulzura. En el mundo habrá gente a la que no le interese lastimarlo, que incluso goce con ello pero entre esas personas no se encuentra su amado, aunque disfrute pretendiendo que es así. Ambos se miraron con devoción, aún siendo rivales y enemigos el amor que se profesan es infinito, y esto ofende a Hakuryuu que les envidia.
- ¿Continuamos? - emitió con desagrado.
- No molestes - el oráculo que toma al niño de la cintura con intención de besarle, al ser incapaz de resistir sus rosados labios.
Dicha situación es más que favorable para el príncipe que aprovecha la distracción de ambos y lanza un conjuro a la mente de Aladdin que cae inconciente en brazos ajenos.
- ¿Qué diablos hiciste? - le fulminó con la mirada.
- Algo que agradecerás. Quizá no hoy pero si en el futuro. Estas mucho más confundido de lo que imaginé. No puedes pensar por ti mismo. Aladdin-dono mueve tu mundo y así no me sirves. El amor es un sentimiento que tiene fecha de caducidad. Te lo entrega ahora y mañana lo hará con otro u otra.
- El no es así.
- ¿Qué tan seguro estas de ello?
- Mucho.
- Entonces no hay razón para que interrumpas mi pequeño juego.
- ¿Qué le hiciste?
- Mmm digamos que le mostré algo interesante. Una realidad alterna donde es consorte de Kouen-dono.
- ¿Por qué precisamente él?
- Era uno de mis sueños.
- Eres un enfermo. Todavía crees que me quedaré cruzado de brazos.
- ¿Temes que le guste más?
- Nah.
- Eres libre de hacer cuanto te plazca. No eres mi sirviente, somos cómplices, compañeros. Por ello te hago una advertencia: el hechizo que utilicé es sumamente delicado. Contrarrestalo de manera equivocada y le harás perder la cordura.
- Desgraciado.
- Vamos, no es tan malo. Si lo que siente por ti es suficiente el mismo saldrá del embrujo.
- ¿Cuánto tiempo?
- No lo sé pero considerando la rapidez con que cayó Alibaba-dono no debería ser mucho.
- Tchi - odio esperar.
- Tendrás que hacerlo.
...
En el subconsciente del príncipe de Alma Toran.
Este camina por los corredores del palacio en el Imperio Kou, se desplaza por ellos como si los conociera de toda la vida y sonríe dulcemente al llegar al gran baño real. Toma la perilla, la gira, se adentra y cierra tras de si. Su sonoro andar debido a la humedad del piso alerta al ocupante que sonríe cínicamente sentado en la enorme tina que parece alberca.
- Si tenías la intención de cogerme con la guardia baja, lamento informar que ha sido un rotundo fracaso, mocoso.
- Je je je. Aún si fuera el ser más silencioso del mundo advertirías mi presencia gracias a tu aguda intuición. Me gusta tanto.
- Pervertido.
- Je je je.
- Y, ¿se puede saber que estás haciendo aquí?
- Lo sabes.
- ¿Y qué esperas?
- ¿Es mi imaginación o estás más ansioso que yo?
- Un mes fuera del palacio y de ti por negocios es más de lo que puedo soportar. ¿No te has infiltrado por la misma razón?
- Je je je.
- Dilo.
- Ardo en deseo.
El mayor sonrió de lado, perversamente. Aladdin llevó las manos a la ropa para despojarse de ellas.
- No lo hagas.
- ¿Eh?
- Me apetece hacer algo interesante.
- La tela es costosa, se arruinará.
- Te compro más.
- ¿Y el trabajo de quien la fabricó?
- Algo podrás hacer con tu magia. ¿Me privaras de tan fantástica visión?
El magi negó repetidamente con la cabeza y se ruborizó. Entró de a poco, muy lentamente. Justo como lo imaginara la ropa comenzó a adherirse a su cuerpo, delineando el sutil contorno. Otorgándole un aire exquisito. Llegó hasta su esposo que se encuentra completamente desnudo y tomó asiento sobre su regazo. Alzó las manos hasta tomar el rostro que admiró embelezado, con ojos tan brillantes que parecen joyas.
- Te extrañé tanto ojisan.
- También yo.
Se besaron con suavidad y ternura, en un lujurioso juego que tenía como protagonistas un par de húmedos músculos ubicados en la boca. Que a momentos peleaban, lo que liberó un delicioso elixir que fué tomado por el pequeño al que todo le dió vueltas. Es más potente que cualquier vino que haya ingerido, el único que nubla su razón. Es beber el néctar de la más delicada flor, y Aladdin el hábil pajarillo que llena su piquito de él. Las manos del conquistador se desplazan por el torso, para finalmente hacerlo por la prenda inferior. Los dígitos rozan el diminuto y suave trasero hasta adentrarse a territorio prohibido. El índice toca sin el menor recato su entrada y le penetra sin consideración obligándole a arquear la espalda, ofreciendo sus firmes pezones que logran vislumbrarse a través de la tela.
- ¡Ah~! ¡Judal-kun!
Aladdin abrió los ojos desmesuradamente y sus labios se separaron en lo que pretendía ser un grito. Se paralizó y finalmente las gotas saladas decoraron las tiernas mejillas.
- Judal-kun... ojisan, no lo eres.
Se dibujó una sonrisa llena de amargura en su rostro. Abrazó al mayor por el cuello con gran respeto y cariño desmedido para susurrar casi inaudible.
- A veces me das un poco de miedo sin embargo, me doy cuenta de lo maravilloso que eres, aún si me ofrecieras un mundo perfecto no puedo corresponderte porque estoy perdidamente enamorado de Judal-kun. Por él volveré y sé que tu corazón también tiene dueño. Espero que sean muy felices porque lo eres todo para Kouha-kun.
La imagen frente al magi se tornó cada vez más oscura hasta que no fué capaz de ver más.
...
De vuelta a la realidad.
Judal aún sostiene a su pareja en brazos, han pasado alrededor de quince segundos, podrían ser diez mil y se sentiría de la misma manera. El infante dejó en libertad un par de quejidos sumamente sugerentes.
«- Maldito enano, como te guste lo que estas viendo. Más te vale no ponerme el cuerno, al menos no ahora. Tienes que volver, despierta de esa pesadilla.»
- Judal-kun.
La mención de su nombre erizó su piel, más aún cuando advirtió que permanecía dormido.
«- Sin importar que otro le dé placer piensa en mi. Ay enano, eres el único que me hace sentir imbécil. Si pudieras ver la cara de estúpido que seguro tengo.»
- Uh - el pequeño aturdido - Esos no son mis recuerdos Hakuryuu-onisan.
- Impresionante.
- Tampoco los tuyos Alibaba-kun.
Movió su bastón recitando un conjuro que liberó a su candidato, el que llevó las manos a su adolorida cabeza.
- ¿Qué ocurrió? - confundido - ¡Hakuryuu! ¡¿Cómo pudiste?! ¡ Confíe en ti!
- Así son las cosas, ¿o no?
- ¡Te detendré así sea lo último que haga!
- Bien dicho. Si no peleas carece de sentido. Debo derrotarte para demostar lo equivocado que estas.
- Enano...
- Estoy bien, entiendo.
- Aún no es tarde. Únete a mi candidato - con gran dolor.
- No puedo, ¿y tú?
- Tampoco.
- Eso imaginé.
Hakuryuu se equipó a Zagan, Alibaba hizo lo propio con Ámon. Mientras Aladdin y Judal se aferraron a su mediador frustrados. Queriendo escapar del sitio para vivir en brazos del otro. Sin embargo es imposible huir del destino. No interesa cuanto corras, siempre te alcanzará.
- ¡Entra en razón Hakuryuu!
- ¡Estoy en pleno uso de mis facultades mentales! ¡Kouen es un traidor que ha engañado al mundo entero! ¡Incluso a mi! No es más que una marioneta de mi madre y tú, de ese hombre. ¿Vendiste tú alma a cambio de Balbad? Que decepción, esperaba más de ti.
- ¡Claro que no! ¡Me mantengo firme a mis ideales! Tengo una deuda con el reino.
- ¿Lo sacrificarías todo por él?
- Si.
- Bueno, ha sido demasiada plática. Llegó el momento de pelear.
- Lo mismo...
La frase se vió interrumpida por una estocada dirigida a su torso que logró bloquear con la espada. Le miró anonadado. A pesar de lo que ha dicho le fué imposible creer que en verdad le atacaría. No puede permitirse más dudas. El intercambio de golpes inicia. El menor gira y mueve su lanza con gran agilidad, apuntando a zonas estratégicas. Resulta evidente que herirle e incluso asesinarlo, no le supone un problema. Situación que no aplica a su rival que a cada segundo busca una abertura o error en su defensa. Aprovechar ese fugaz instante y dejarle inconciente es el mejor y único plan a su disposición. Su corazón se llenó de valentía y coraje. Si por accidente llegaba a herirle, utilizaría la técnica aprendida de los Yamabala, en el peor de los escenarios, el apoyo de Aladdin. Sus estocadas se convierten entonces en emisarios de la muerte, el otro retrocede de a poco al verse superado. Hakuryuu le observa con coraje y envidia.
«- Ni todo lo que he sacrificado ha servido para superarle, ¿cómo es posible que exista una distancia tan abismal entre nosotros.»
- Duerme Hakuryuu, y cuando despiertes...
- Que engreído.
- ¿Eh?
- Sentir que has ganado la batalla cuando el enemigo aún respira es signo de un ego gigante.
- ¡No pretendo acabar contigo!
- Como si pudieras.
Temeroso de la reacción del más joven, Alibaba lanzó un potente ataque con el dorso de la espada que se dirigía a la nuca ajena, aprovechando que ambos brazos del muchacho serían incapaces de reaccionar. Los orbes dorados se abrieron al máximo cuando una tercera extremidad superior le arrebató la victoria y tranquilidad.
- Reviste mi cuerpo, Belial.
- También a él... puedes equiparlo - atónito.
Hakuryuu le dirigió entonces una sonrisa burlona.
.
Otro enfrentamiento en el mismo sitio tiene lugar.
- ¡Judal-kun deja de jugar! ¡Toma las cosas enserio!
- No se me da la gana. Mejor aplica el consejo a ti. No pienses ni por un segundo que me derrotarás con hechizos de nivel básico.
- ¿Y tú? No me has lanzado una de tus estacas de hielo.
- Ya quisieras. No pretendo clavar algo, a menos que sea en tu trasero.
- Je je je - se ruborizó.
- Menso, no se supone que te pongas feliz.
- No puedo evitarlo.
Judal se aproximó para tomarle de la cintura y pegarle lo más que pudo a su cuerpo.
- Sigamos perdiendo el tiempo en lo que ellos deciden qué sucederá - mordió el lóbulo del oído para luego chupar - baila para mi enano.
- Mmm ah~ n-no hagas eso.
- ¿Por qué? ¿Te pone caliente?
- Uh - incómodo - si.
- Je je je. Si las cosas se arreglan te cogeré como nunca hasta despedazarte.
- Ah~ .
.
.
Con los candidatos.
El rubio apenas es capaz de eludir los ataques.
«- ¿Qué está pasando? ¿Cómo es posible que me supere con tanta facilidad? Si me distraigo aunque sea un segundo me matará. No puedo permitirlo, y no sólo por todo lo que se pone en riesgo sino por él. ¡No sigas los pasos de Kassim!»
- ¡Aún hay personas a las que les importas!
- No es verdad, incluso mi hermana me dió la espalda.
- Aladdin y yo estamos aquí porque nos interesas, además tienes a Judal.
- Aún me pregunto que espera de mi. Si existe un ser en sus pensamientos no soy yo.
- Te apoyó más que suficiente.
- Para satisfacer sus ansias de una guerra.
- ¿Es así? No me parece que le hagamos falta a un magi, pero si a los amigos.
- Me cansé de tus discursos. La próxima vez que abras la boca será para gritar de dolor.
- Tchi.
- ¡Judal, ya deja de jugar!
- ¡Me vale tu opinión! ¡Nadie, ni tu me interrumpe cuando estoy con mi enano! Sigue con tu puto egoísmo y me largo.
- Me encargaré de tu falta de disciplina más tarde.
Al dueño de Belial no le quedó más opción que emplear sus habilidades más poderosas, siendo correspondido por el otro. Por ser humanos llegaron a un punto donde el magoi comenzó a disminuir de manera peligrosa, situándoles al límite. El metal produciendo un ruido perturbador cada que choca, el que es acompañado por las explosión provocada por los hechizos de la pareja. Aquello rápidamente se convirtió en un caos, más aún si se le suma la desesperación.
«- Todo o nada.» - se dijo a si mismo Hakuryuu.
«- Ahora o nunca.» - pensó con tristeza Alibaba.
- ¡Aaaaaahhhh!
Emitieron al unísono un portentoso alarido que lleva impresa su alma guerrera. Las decisiones y peso de cuantiosos pecados. El filo se encamina certero a la víctima. Un instante de duda provoca que la pierna del mayor sea atravesada por la guadaña.
«- Demonios.»
Y se sorprende al ver que luego de ello continúa en su sitio, sin una sola gota de sangre.
«- ¿Cómo es posible?»
- ¿Eh?
El equipo djinn que recubre la zona se ha disuelto, instante en que también nota que no puede mover la extremidad. Lanza una mirada intimidatoria al otro que sonríe cínicamente.
- ¿Qué me hiciste?
- Belial cuenta con habilidades bastante curiosas y muy útiles. Seguramente no sientes dolor y nunca lo harás porque la pierna que has "perdido" no volverá.
- ¿Eh?
- Mi genio destruye ciertos "vínculos" en tu rukh y los envía muy lejos. Sufre, es lo que merece un traidor.
- Hakuryuu - molesto.
- ¿Sabes que es lo mejor de todo? Una vez que te derrote, Aladdin-dono admitirá que siempre fui mucho mejor opción que tú. Al fin se convertirá en mi magi. Bueno, eso ocurrirá lo quiera o no. Con o sin el consentimiento de Judal. Ja ja ja.
- Estas loco.
- Algo tarde para notarlo, ¿no te parece?
«- Hakuryuu es un amigo muy importante, alguien por el que estoy dispuesto a arriesgarlo todo pero Aladdin, siempre será mi primer amor.»
- Lo lamento - emitió con auténtica pena.
Ambos aceros se elevaron en dirección al cielo y luego se precipitaron para sellar de esa manera el destino.
- ¡WAAAAAAAHHHHH!
Un potente grito que parece sacado de las profundidades del infierno llama la atención de los dos magis.
- ¡Desgraciado has cortado las piernas de Hakuryuu! - grita Judal fuera de si.
- ¡Estoy bien! Al menos mejor que Alibaba-dono. He ganado. ¡Ja ja ja!
Anunció con una expresión tan psicópata que el sacerdote no tuvo la menor duda. El príncipe improvisó un vendaje con el poder de Zagan y Aladdin admiraba perplejo a su compañero de aventuras.
- Alibaba-kun.
- Derrotalo Judal, ya no cuenta con una excusa. No permitas que se aleje de ti.
- Je.
Curvó los labios con maldad pero bastó con que viese el rostro del niño para que sintiera el mismo dolor y sufrimiento traspasar su ser.
- Alibaba-kun...
Sus ojos se mueven erráticamente en al menos tres ocasiones, como si le fuese imposible centrarse. Los zafiros pasaron de su amigo a Hakuryuu para detenerse en Judal. En ellos no hay reproche, únicamente angustia. Toma su contenedor con ahínco, como si este pudiera ofrecer una respuesta a la pregunta que jamás formuló. Casi por reflejo colocó la piedra roja de su frente en la muñeca.
- Sabiduría de Solomon.
Emitió mecánicamente. La culpa pesa como plomo en su diminuto pecho. Si no hubiese perdido el tiempo, si se hubiera desecho de las dudas, si no le amara tanto Alibaba aún estaría aquí. Tan joven, con tantas cosas por vivir y que le fueron arrebatadas de tajo, como si su existencia y anhelos no fueran más que un chiste mal contado y de pésimo gusto.
Las imagines, palabras y conjuros aparecieron en su mente, en una secuencia abrumadora, sin embargo no mayor a lo que desgarra el interior de su pecho. Sus labios se mueven y emiten sonidos apagados. Usa la magia de su padre aún consiente de que no puede controlarla, quizá deseando autodestruirse. Es testigo de lo complicada que es y la culpa se hace tan espesa como el fango cuando se ve a si mismo festejando un ataque exitoso, el que terminó impactando el borg del sacerdote.
«- Pero, ¿qué rayos? Aladdin está usando nuevamente esa magia extraña. Una parte de mi pide que le detenga inmediatamente, pero la otra quiere saber qué tan lejos puede llegar. Mendiga curiosidad de los magos.»
«- No, ya no deseo lastimar a nadie. No logro percibir la energía de Alibaba-kun. No soportaré perder a Judal-kun, tampoco pueden quedar en la impunidad los crímenes de Hakuryuu-onisan. Juntos son por desgracia, demasiado peligrosos.»
Un conjuro fué formulado por su garganta y escapó por los labios. Sus ojos llenos de lágrimas se despidieron silenciosamente de su gran y único amor. Jamás pensó que sus manos le obligaran a sacrificar tanto pero ni así se permite soltar su bastón.
- ¿Es enserio enano? Vulgar magia de gravedad no podrá vencerme. No tengo tan mala memoria como para olvidar lo de Balbad, y por lo mismo no cometeré el mismo error - dijo al tiempo que la energía le empuja hacia el cielo. Casi de inmediato se agolparon en su dirección numerosas ramas provenientes del contenedor de Zagan, hiriendo así su orgullo.
- ¿Qué se supone que haces? - le interrogó con desprecio.
- Sé cauteloso, no te confíes. Hay algo extraño en la habilidad de Aladdin-dono. Sujétate de las plantas.
- No.
- Hazlo.
- ¡Que no! ¡No interferí en tu pelea con el unicornio! ¡No arruines los últimos instantes con mi enano!
- No comprendo.
- ¡¿Crees que todo será como antes?! No eres tan estúpido.
- Judal.
- ¡He dicho que no! ¡No te detengas por nada del mundo Aladdin!
«- Así es enano, acabar con mi asquerosa existencia es lo mejor, porque no interesa cuanto me esfuerze, soy incapaz de robar tu libertad. Estoy sumamente enamorado de ti, tanto que no tienes idea. Si la muerte libera mi alma de la corrupción me gustaría mucho encontrarte nuevamente, pertenecer al mismo bando y entregarte todo lo que no pude. Lamento ser tan egoísta, seguramente vas a llorar. Sin embargo eres muy valiente, estarás bien. Haz tu vida, encuentra el amor otra vez. Je, pretendientes te sobran, aunque me enfurece saber que estarás en brazos de otro. Pero lo más importante de todo, nunca me olvides y tampoco lo que sentí por ti.»
- ¡Aladdin! ¡TE AMO!
Gritó con toda su fuerza para desvanecerse en el aire, como el fantasma de algo que jamás existió.
- Judal...
Articuló el dueño de Zagan escéptico ante la derrota de su mayor y más fiel aunque le costara admitirlo, aliado. El niño se acercó a él con la mirada vacía, como si trajera al mundo entero a cuestas, sobre sus diminutos hombros.
- ¿Y ahora qué? - el mayor hastiado - Supongo que solo queda pelear entre nosotros.
- Ya no quiero hacerlo. No más, no me obligues por favor - suplicó y cayó de rodillas al lado de su candidato, del que acarició la mejilla con suavidad - Alibaba-kun.
- No volverá.
- ¿A dónde le enviaste?
- No lo sé.
- Ya veo.
- ¿Judal está muerto?
- No.
- ¿Regresará?
- No - silencio - está lejos, mucho. Solo... para siempre. Aún si muere no pisará este mundo otra vez.
- ¿Hay manera de revertir el conjuro?
- No.
- ¿Aún si mueres?
- No.
- Lo que le hiciste fué... demasiado cruel.
- Lo sé - frustrado y dolido - ¡Estoy consiente de ello! ¡Pero es mucho más fuerte que yo! ¡Era la única manera en que podía derrotarlo! - al borde del llanto.
- Te quedaste sin candidato, yo perdí a mi magi. ¿Qué te parece tomar el lugar de Judal?
Aladdin no dijo nada pero le miró de una manera en que casi se arrepintió de haber nacido. Suspiró pesadamente.
- No es lo mismo.
En un torpe intento de enmendar su error.
«- Oh Judal-kun, ¿qué haré sin ti? ¿Cómo pude ser tan desalmado? ¿A dónde se fué mi corazón?»
El magi tocó con ternura el rostro de su candidato.
- ¿No detendrás tu venganza? Kouen-ojisan es una buena persona. Deberías hablar con él, estoy convencido de que el problema entre ustedes radica en una malentendido.
- En parte es probable.
- ¿Y el resto? - silencio.
El niño bajó la mirada pensativo.
- ¿Fué algo tan horrible como para caer en la depravación? Es muy triste.
- No deberías tenerme lástima. Nunca pensé de ello como una maldición. ¿Poseer un rukh brillante es tomar el camino correcto? ¿El que ese gran rey Solomon controle mi existencia es mejor? Eso no le hace distinto a mi madre.
Aladdin tembló visiblemente.
- Hablé demasiado. Será mejor que te vayas.
El magi se perdió a la distancia, sumido en sus pensamientos. Hakuryuu contempló con pena y rabia el campo de batalla para luego sonreír.
«- Eres el peor magi de la historia Judal, al final elegiste a Aladdin-dono. Ah, tampoco es como que me tomara por sorpresa. Por tus dudas era algo que ya se venía venir. Planeaba divertirme y utilizarte hasta donde fuera posible, estaba preparado mentalmente para ello. Aún así, siento que hoy perdí algo muy importante. Me quedé solo. No me queda más remedio que pedir ayuda a Sinbad-dono. El dijo que me apoyaría cuando lo necesitara. Es la clase de hombre que no da algo sin obtener un beneficio pero si me rindo ahora, tu sacrifico habrá sido en vano. Y por más que intento olvidar me enfurece imaginar que Kouha vive lo que tanto deseé. Si al final del camino me espera la muerte, sin duda me los llevaré al más allá.»
...
Aladdin viajó sobre su turbante, velando el sueño de su mejor amigo, admirando su rostro con la esperanza de que abriera los ojos. Confundido por las palabras de Hakuryuu que no le sentaron en absoluto. Con la frustración de haber guardado las frases que quiso decir cuando nombró al rey Solomon. Y el inmenso dolor de saber que en el mundo ya no está el gran amor de su vida. Se cuestiona en repetidas ocasiones a dónde ir. Sindria solía ser una buena opción pero ahora que Alibaba se ha liberado de Sinbad no tiene pretexto para pedir asilo. En Reim es posible que les reciban, sin embargo podría ocasionar inconvenientes a Titus. Así se la pasa durante varios minutos, hasta que al fin encuentra la respuesta.
- Balbad. Alibaba-kun estaría contento, además Kouen-ojisan es muy amable aunque dé un poco de miedo. También necesito saber su opinión con respecto a onisan. Estoy seguro de que si existe alguien capaz de detener la guerra es él.
...
El sacerdote flota en una gran espacio carente de luz, es como si hubiese sido tragado por la oscuridad. Puede abrir y cerrar los ojos para tener el mismo resultado. ¿Está muerto? ¿No? Imposible saber.
«- Je mendigo enano tramposo. ¿Qué rayos hiciste? Otra vez caí con la magia extraña que usas. Quiero la revancha, es una lástima que no sea posible.»
Le pareció ver la hermosa sonrisa de Aladdin, oler el delicioso aroma de su cabello, sentir la suavidad y ternura de su piel, saborear el dulce elixir que escapa por la comisura de los labios cada que le besa además de escucharle decir su nombre entre gemidos de placer. Cubrió el rostro con los antebrazos.
«- Me siento tan solo.»
-Aladdin. «- ¿Cómo te sientes en este momento?»
- Aladdin. «- ¿Hakuryuu logró vencerte o le has salvado.»
- Aladdin. «- El único, mi adorado enano pervertido.»
Las dudas llegan a su mente. ¿Es posible volver del sitio en que le tiene confinado? ¿Cuánto le llevara? ¿Por qué a pesar del inmenso cariño que le profesa su rukh continúa siendo negro? ¿Por qué al destino le dió la manía de hacerlos rivales y por consiguiente enemigos?
- Solo quería ser tuyo.
Se le quebró la voz. El pecho se llenó de remordimiento, tristeza, frustración, dolor y una infinidad de sentimientos negativos y cálidos a la vez.
- Je, soy bien pinche bipolar. Estúpido corazón, decidete por uno.
Intentó dormir, no estaba seguro de haberlo conseguido, a lo mejor se desmayó en algún punto o como sospecha está muerto. Ríe ligeramente.
«- Si así se siente fallecer es una gran estafa.»
Deseaba encontrar algún interruptor que eliminara su existencia, la que no podía tomar porque Aladdin no pretendió nunca asesinarlo.
«- A pero eso si, el cruel e insensible soy yo.»
Chasqueó la lengua y cayó de bruces.
- ¡Ay!
Se reincorporó sentándose sobre el terreno. Al principio veía borroso a causa del cambio de luz. Se talló los ojos y pudo apreciar un paisaje que le fué completamente desconocido. Arqueó una ceja.
- Ahora resulta que estoy drogado. Nah, a lo hecho pecho. Si este va a ser mi nuevo hogar debo saber a qué me enfrento.
Más importante aún, tiene hambre y como no encuentre nada comestible morirá de la forma más deprimente que existe, una que bien puede ser considerada tortura. Diambuló por varios minutos encontrando cosas sumamente entrañas. A nada le halló forma. Lo que parecía un vegetal clavado en el suelo arrancó sus raíces y se puso a correr. Algo similar a un hongo le aventó varias espinas cuando intentó tomarlo, por fortuna tiene mala puntería. Una roca le cayó encima a otra entidad y se la comió.
- Pero qué carajo...
Si, alimentarse en ese lugar es de las tareas más complicadas que existen. Su estómago gruñe y curva los labios de forma perturbadora. Paciencia no es un adjetivo que le describa.
...
En algún lugar.
- Mmm - un joven despierta de lo que, a consideración suya fué la peor pesadilla de su corta vida - Ese Hakuryuu... - observa el entorno - ¿En dónde estoy?
- El origen.
- ¿Uh?
Volteó hacía la derecha, dirección de donde proviene la voz que le es familiar. Se sonrojó sin poder evitarlo y su corazón a latir cada vez más aprisa.
- ¿A-Aladdin?
- Solomon.
- ¡¿E-el dios de nuestro mundo?!
- El padre de tu mejor amigo.
- Vaya, es más apuesto en persona. ¡Es decir...!
El hombre le sonrió pícaro.
- Pues muchas gracias. Pienso lo mismo de ti. Mmm - centrado en algún punto de la cabeza ajena - De veras que ese pico es muy extravagante.
- ¡Oiga! - ofendido.
- Ja ja ja.
Alibaba quedó hipnotizado con la carcajada, es como escuchar la más bella melodía jamás inventada. Es como ver a su primer amor más maduro, elegante y seductor.
«- ¡Oh por dios! ¡¿En qué estoy pensando?!»
Negó repetidamente.
- ¡Es verdad! ¿Qué ocurrió con la pelea?
- Fué un empate.
- ¿Eh?
- Ese chico, Hakuryuu te venció. Y mi hijo a su novio.
- ¿Qué? N-no me diga que lo asesinó.
- Le envió a otro lugar, es algo similar a lo que ocurrió contigo.
- ¿Y cómo está?
- Muy herido pero confío en su fortaleza.
- Soy un inútil. Se supone que debía convencer a Hakuryuu para que esto no ocurriera. ¡La guerra se aproxima y le dejé solo! Wah morí sin hacer nada.
- Eso no es verdad. Continuas con vida pero el vínculo que existe entre tu alma y el cuerpo se rompió.
- ¿Qué eso no significa que lo estoy?
- No necesariamente pero es complicado de explicar.
- ¿Cree que pueda regresar? Tengo que ayudarlo.
- No puedo enviarte directamente.
- ¿Por qué no?
- Pongámoslo así: vivo en un mundo alterno. Aún cuando influyo en aquel y hasta cierto punto dictó sus leyes no estamos situados en la misma realidad por así decirlo. El palacio sagrado, los genios, Ill Irah, Al thamen y los seres asesinados por mi padre pertenecen a Alma Toran. Como habrás notado es posible llegar a tu mundo bajo ciertas condiciones que además llevan su tiempo. Ni yo puedo quebrantar esa regla.
- Eso quiere decir que... - abatido.
- Existe un método pero te será problemático.
- ¡No importa! Por lo que más quiera, ayúdeme. Estoy muy preocupado por Aladdin.
- Aún te gusta, ¿cierto?
- Si. Pero soy feliz si él lo es al lado de Judal.
- Eres un buen chico.
...
En Balbad.
Aladdin llegó al puerto poco después de los Ren que hicieron el trayecto en barco. La familia real se adelantó a excepción de Kouen que daba órdenes a unos cuantos soldados. El que finalizando miró con increíble seriedad al pobre y prácticamente derrumbado magi.
- ¿Qué le pasó a tu candidato?
- Intentó detener a Hakuryuu-onisan.
- Pelearon y le derrotó - asintió.
- No tengo idea de qué le ocurre a Alibaba-kun, onisan cayó en la depravación y no le convencí de renunciar a su venganza... Judal-kun ya no está aquí. Ojisan... necesito un lugar en el que pueda descansar - haciendo alusión a su candidato recostado en el suelo, aún sobre el turbante.
- ¿Y tú?
- Yo...
- Has hablado de todos pero no has dicho nada de ti.
- Me siento muy, muy mal.
- ¿Crees poder caminar hasta el palacio?
- Si.
- Idiota - silencio - Tú - a un soldado con voz firme.
- ¡A la orden señor!
- Quiero que lleven a ese mocoso - señalando al dueño de Ámon - en carruaje hasta el palacio.
- ¡Enseguida!
- ¡Waaaah!
Gritó Aladdin por la sorpresa cuando el príncipe le tomó en brazos.
- Puedo caminar.
- No me lo parece. Ahora cállate que no estoy de buen humor.
El niño se abrazó a su cuello al no tener alternativa y poco después se desmayó.
«- No quiero ni imaginar lo que estás sintiendo. Si perdiera a Kouha no tendría la fortaleza de ponerme en pie. Eres muy valiente mocoso.»
- Uh... Judal-kun.
«- Te enamoraste de alguien increíblemente problemático.»
...
Con Solomon.
Este moldea algo con ayuda de su magia.
- Disculpe mi insolencia pero, ¿está jugando?
- ¿Te parece?
- Si.
- Pues no -sonrió.
- ¿Entonces?
- Dije que te ayudaría a volver y eso hago. Como verás aquí no hay nada. Incluso el suelo bajo nosotros está y no al mismo tiempo.
- Si, es como flotar.
- Exactamente. Por eso tengo que usar algunos conjuros para crear un recipiente.
- ¿Un qué?
- Algo parecido a los contenedores de djinn pero que te permita la movilidad. Lo que hay de ti en este momento es tu esencia, el alma. No tienes problemas por las cualidades del lugar pero cuando lo abandones será distinto.
- Entiendo.
El hombre continuó modelando la figura. Su rostro se tornó más severo.
- Tengan mucho cuidado con Sinbad.
- ¿Eh? Ah si, en general es una buena persona pero pienso que la ambición no le permite ver lo que es realmente importante.
- Él en si no es el problema.
- ¿Ah no?
- El rukh de David se mezcló con el suyo.
- ¿Eh?
- He intentado decirle a Ugo y Aladdin muchas veces pero por una u otra causa no se ha podido. Ese hombre es aún más ambicioso, no tiene igual y temo que lastime a mi hijo. Judal le maldijo por lo que le era imposible tocarlo. Pero ahora que está lejos también su influencia. Si mi padre encuentra la manera de revertirlo...
- Prometo hacer lo que esté a mi alcance.
- Gracias. Listo - mostró orgulloso su obra de arte, un muñequito de arcilla - ¿Qué tal?
- Ah... supongo que se adelantó a su época ja ja - nervioso.
- Bueno, Sheba era la experta en artes, hice lo mejor que pude.
- No lo tome a mal - preocupado.
- Para nada.
- Ah - suspiró.
- Tu alma se adentrará al muñeco y te enviaré al continente oscuro, es el lugar más cercano al que llega mi influencia. Deberás buscar a Mamá Dragón y pedir su ayuda para que te lleve al otro lado de la gran falla. Es importante que entiendas que ahí no puedes usar magia porque eres humano. Incluso para un magi es imposible, se limita a la propia.
- Entiendo.
- ¿Estás listo para partir?
- ¿Eh? ¿Tan rápido?
- Tienes prisa, ¿o no? Además ya no tengo nada de que hablar. Me saludas a Aladdin. Ojalá encuentres el verdadero amor. Ah, y se más cuidadoso cuando camines por un puente. No te vayas a caer.
- Muy gracioso. Oh- recordó la mano que le salvó en aquella ocasión - ¿Fué usted quién...?
El mayor le sonrió. Pronto fué rodeado por una cálida luz dorada y enviado a su destino.
«- Es mejor de esta manera. Entre más tiempo estemos juntos más difícil me será despedirme. Aún tienes ese curioso encanto. Siempre velaré por tu seguridad y la de nuestro hijo. Debes ser feliz.»
- Sheba.
«- Y por favor ya no intentes violar a Aladdin que es extraño.»
Sonrió con nostalgia y volvió a sus obligaciones.
...
En el continente oscuro.
Judal camina hastiado por decir lo menos. Han pasado varios días, bien quizá una hora pero lo parecía con el hambre que se carga. Y nada más no halla algo apetitoso o que luzca remotamente comestible.
- ¿Acaso un árbol de durazno es demasiado pedir?
Reclamó al aire y dió un fuerte pisotón.
- Tengo ganas de desquitar mi ira con alguien. Supongo que será con el primer rival decente que se cruce en el camino.
Pero solo el silencio más abrumador le rodea. Se encoge de hombros y continúa su recorrido hasta toparse con un gran manzano, aunque el fruto de este luce extravagante.
- Enano.
No pudo evitar acordarse de él. Tocó de tronco por reflejo y una rama le agarró de la muñeca alzandole en el aire. Sorprendido intentó coger su varita pero otra se enredó desde la mano, abarcando también el brazo, torso, piernas y ambos tobillos. Sonrió con maldad.
- ¿Quieres jugar bastardo?
Se removió en un intento de escape pero su captor ejerció presión, a tal grado que escuchó crujir sus costillas.
- ¡Ungh!
Dolió terriblemente pero se negó rotundamente a llorar. No perdería el orgullo por semejante tontería.
- Además no es la primera vez que me hacen algo así. La bruja de Gyokuen tiene mucho más experiencia ja ja ja. ¿Y como para qué te digo si no puedes responder?
Algunas enredaderas comenzaron a enroscarse en su cuerpo, la mayoría tiene espinas que se clavaron y le hicieron sangrar. Entregarse a la muerte pareció sencillo entonces, se ahorraría mucho sufrimiento. Aún así el rostro sonriente de Aladdin llegó a sus pensamientos.
«- Debo estar peor de la cabeza de lo que imaginé. Mantengo la esperanza de volver a tu lado. Desconozco si Hakuryuu fué capaz de cumplir o no con su objetivo. Gracias a él soporté tanto cuando niño pero ya no te debo nada. Hakuyû tampoco puede reclamar, Al Thamen fué destruido. Esta vez seré en verdad todo tuyo enano. Y por eso...»
- ¡No voy a morir!
Mordió al agresor, gracias a ello le soltó por lo que cayó de lleno al suelo. El ente transformó una de sus puntas en una filosa lanza, el tomo su varita y la apuntó en su contra.
- ¡Thalg Al-salos!
Pero la magia no se manifestó.
- ¿Pero qué... ?
Sin tiempo para levantase y evadir le miró con hostilidad. No le mostraría un ápice de miedo. Varios destellos acontecieron después y el árbol fué reducido a simples astillas. Un pequeño muñeco de arcilla de unos treinta centímetros empuñando una espada se giró para encararle, con expresión indescifrable.
- ¿Estás bien?
- Tu voz me suena de algo.
- Soy Alibaba.
- Si claro.
- Así que Aladdin te derrotó.
- ¡Hijo de tú... ! Espera, si lo sabes de verdad eres su inútil candidato.
- ¡Que grosero!
- Y con semejante berrinche infantil me queda más claro.
- No eres más maduro.
- Para lo que me importa. Como sea, no tengo interés en ti. Por mi puedes largarte, si uno de estos engendros te traga mejor.
- Pues no soy la damisela a la que salvaron.
- Imbécil.
- Necesitas ayuda. Aquí no podrás usar tu habilidad como magi. Solo la energía en tu interior y a juzgar por lo de recién no es mucha.
¿Se burló? ¿No? Con esa cara imposible adivinar.
- No ha llegado el día que esté tan desesperado como para pedir tu ayuda.
- ¿No quieres verlo? Conozco la manera de regresar.
- ¿De verdad?
- ¿Qué gano con mentir?
- ¿Y?
- Primero necesitamos encontrar a alguien.
- ¡Usemos mi magia de levitación! ¡No hay tiempo que perder!
- ¿Seguro? Podrías desmayarte.
- Soy el gran magi del Imperio Kou. Puedo con esto y más - sonrió confiado.
Emprendieron el vuelo montados en el mediador del sacerdote. Diez minutos más tarde.
Judal suda como nunca en su vida.
- Me lleva. Es mucho más difícil de lo qué pensé. Dependo demasiado del rukh. Necesito un descanso.
- Te lo dije.
- ¡Cállate! - hastiado - Por lo menos hago más que tú - silencio - ¿Qué? ¿Te vas a poner digno?
- Mira - señaló con su índice a la distancia - Un estanque. Podrás refrescarte, solo necesitamos llegar.
- Uh~.
- No está tan lejos. Bajemos, el resto podemos hacerlo a pie.
- Nah, que flojera.
- ¿No es más agotador hacerlo de está manera?
- Al menos estoy lejos de todo, así no me atacaran.
- Te salvaré las veces que sea necesario así que no te preocupes.
- No luces muy confiable.
- Lo soy, al menos más que tu.
- Si es como pretendes iniciar algo parecido a una amistad, vas por el lado equivocado.
- Pues no.
- Nah.
Los siguientes tres minutos el mayor le ignoró. Decidió centrar hasta la última gota de energía en la magia de levitación. Cuando sobrevolaron la zona, el conjuro se disolvió. Alibaba logró dar un gran salto por lo que cayó con maestría a la orilla. En cuanto a Judal.
- ¡Waaaaaaaaahhhhh!
¡Splash! Fué el sonido que hizo su cuerpo al estrellarse con el agua.
- ¡Está helada!
La mitad de su ser sobresale una vez se levantó. De esa manera la ropa se adhirió ofreciendo un contorno exacto de su figura, además del cabello cuya trenza se deshizo.
- Vaya Judal, eres muy hermosa. Ahora entiendo por qué le gustas a Aladdin. Aunque imagino que le decepciona un poco tu pecho plano.
- Muy gracioso tarado. La ausencia de senos no se compara a lo que tengo entre las piernas. Apenas si le cabe.
- ¡No digas cosas tan vergonzosas!
- Ay por favor. Si bien que te lo querías coger.
- Ungh. Eso quedó en el pasado.
- Como digas - tomó un poco de agua entre sus manos - tengo sed, que aproveche - y lo bebió. Pronto su expresión se descompuso por completo - Está demasiado dulce.
- ¿Eh? ¿Qué con eso? Te gustan los duraznos, ¿cierto?
- ¿Se supone que por eso consuma mucha azúcar? No soy burro.
- ¿Ellos lo hacen?
- ¿Y yo qué sé? No les abro el hocico para ver que tragaron. Tengo cosas más importantes que hacer.
- ¿Como qué?
- Dormir.
- Supongo que es buena idea. Se está haciendo tarde, mañana seguiremos.
El estómago del mayor gruñó.
- Es verdad, no encontramos nada para ti.
- Da igual.
- Esperame, ¿quieres?
- ¿Insinuas que eres más hábil?
- No pero les será difícil detectarme. Soy como un muñeco.
- Y bastante gracioso por cierto.
- Recuperaré mi cuerpo.
- Suerte. A ver si para entonces no se pudrió.
- ¿Te han dicho que eres un patán?
- Hasta el cansancio.
- Pues tienen razón.
- Je.
Alibaba se fué para no continuar con tan absurda discusión. Volvió poco después con algo que parecían raíces. El mayor las miró con asco pues las verduras y productos similares no son de su afición pero decidió ahorrarse el comentario. Lo admita o no, ha salvado su vida.
El ser de barro cogió algunas ramas e hizo fricción con un par de piedras hasta que luego de cinco minutos hizo una fogata.
- Vaya, no eres tan inútil.
- Lo tomaré como un cumplido.
- Lo fué.
«- Mmm Judal puede ser amable si se lo propone. ¿Es lo que enamoró a Aladdin?»
- ¿Bien cocidas o término medio?
- Lo primero. Así sabrán menos feo.
- De acuerdo.
Apenas las raíces fueron lanzadas al fuego el par advirtió un escalofrío en su espina. Debido a los alaridos que callaron casi al instante.
- N-no me d-digas que esas porquerías tenían vida.
- C-claro que no. Fué nuestra imaginación.
- ¿De los dos? - arqueó una ceja.
- ¡Waaaahhhh! - las raíces.
- ¡Con un demonio! - tomó su varita - ¡Thalg Al-salos!
En el sitio quedó un charco y las raíces emprendieron la huida.
- Pues si tenían vida.
- Idiota. Verifica primero.
- Lo hice pero no se movieron aún cuando les hablé.
- Tal vez tenían miedo. Con esa pinta pareces pervertido.
- ¿Y ahora? Dejaste escapar tu cena.
- No voy a torturarlos sin razón - se cruzó de brazos.
Alibaba le miró en silencio.
- ¿Qué? - molesto.
- Solo pensaba que hay muchas facetas de tu personalidad que desconozco. Me gustaría tratarte mejor.
- ¿Para que me confíe y me bajes al enano? No, gracias.
- O me fije en ti - bromeó.
- Je, pirujo.
...
En Balbad.
Aladdin recobró el conocimiento algunos minutos después de haber sido recostado en una cama. Abrió los ojos y los talló ligeramente, agotado.
- ¿En dónde... estoy?
- Que mala memoria mocoso. Nos encontramos en el puerto y te desmayaste.
- Es verdad. ¿Y Alibaba-kun?
- En otra habitación custodiado por mis hombres. El tenerlo al lado no te hará bien.
- Necesito ayudarlo, antes de que sea demasiado tarde.
- ¿Por él o por ti?
- Un poco de ambas.
- El que culpes no arreglará las cosas. Además ese idiota estaba en igualdad de condiciones, el que esté así fué su estupidez.
- No quería lastimar a onisan.
- Entonces no debió ir al campo de batalla. En la guerra siempre habrá sacrificios. Si no estás dispuesto a pagar no eres más que un cobarde.
- Je je je- con tristeza - Eres muy duro con él.
- También contigo.
- ¿Eh?
- ¿Qué piensas hacer?
- No lo sé. Me gustaría detener a Hakuryuu, odio pensar que más vidas serán sacrificadas. No quiero que la tragedia de Alma Toran se repita. Se supone que nací como magi para poder evitarla pero... Onisan me dijo que caer en la depravación no necesariamente es malo. Que así es libre de elegir su camino y no tomar el trazado por el rey Solomon. Si es cierto, si resulta que soy un magi que obliga a otros a hacer lo que no quieren... Judal-kun no está aquí por un egoísmo sin fundamentos. ¿En los argumentos o ideales de quién debería confiar? - abatido.
- ¿Eres idiota?
- ¡¿Ah?! - ofendido y molesto.
- La historia que heredaste de Alma Toran es valiosa y sumamente interesante pero esos deseos pertenecen al pasado. Te dejas influenciar por los intereses de Solomon, Sheba y Ugo. Eso te convierte en una marioneta sin voluntad. ¿Pretendes cambiar un destino que se encamina a la tragedia? No te escudes en otro. Si vas a asumir la responsabilidad que sea de tus errores y no de otros. Te pregunto nuevamente. ¿Qué harás? ¿Qué es lo más importante para ti en este momento?
- Salvar a Alibaba-kun.
-¿Necesitas mi permiso?
- No.
- ¿Y qué estás esperando?
- Gracias ojisan - sonrió.
- Largo.
...
En otra habitación del palacio.
Morgiana contempla sin expresión al dueño de Ámon pero al menos sus orbes la delatan al contener las lágrimas.
- ¿Qué le ocurrió a Alibaba-san? - Brigit - Por más que le llamamos no reacciona.
- Le derrotó Hakuryuu-onisan - informó el magi que va llegando - Intentó detenerlo pero no pudo hacer que entrara en razón.
- Ese tal Hakuryuu - Olba - es el sujeto con una cicatriz en la cara, ¿cierto?
- Si. Ren Hakuryuu, el cuarto príncipe del Imperio Kou.
- ¡Ese desgraciado! ¡¿Qué le hizo?!
- No estoy seguro pero es como si su magoi estuviera en otro lugar.
- ¿Es posible traerle de vuelta?
- No lo sé.
- ¡Voy a matarlo! ¡Seguro se aprovechó de que le veía como a un amigo! ¡¿No piensan lo mismo chicos?!
- Eso no haría feliz a Alibaba-kun. Quería salvarlo porque le es importante. Si le asesinas se pondrá muy triste.
- ¿Se supone que me cruce de brazos y acepte sin más?
- Hablé con Kouen-ojisan. Dijo que debía pensar por mi. En este momento no hay nada más importante que salvarlo. ¿No lo crees?
- T-tienes razón. Lamento haber sido tan impulsivo.
- Tu no impulsivo, solo muy estúpido - Toto.
- ¡Deja de molestar!
Aladdin sonrió y se acercó a su amigo para tocar con suavidad las hebras doradas.
«- Estoy seguro que dónde sea que estés no te has rendido, por eso tampoco yo. Judal-kun, dame ánimo.»
Tomó asiento en el piso y cerró los ojos. Las mariposas de rukh les rodearon rápidamente llenando la habitación de luz.
...
En Sindria.
El monarca revisa con evidente molestia algunos documentos. Poco le falta para atravesar el escritorio con la pluma.
- Es sumamente extraño verte trabajar por voluntad Sin.
- Tengo responsabilidades que cumplir.
- ¿Acaso evitas pensar en Alibaba-kun?
- No.
- Es normal que te afecte. Rompió contigo. Me ocurrió lo mismo cuando, ya sabes.
- Lo siento Jafar pero no estoy de humor para reproches.
- No me estoy quejando y vaya que debería.
El mayor dejó de lado la actividad y le miró intimidante.
- ¿A dónde quieres llegar?
- Solo deseo evitar que sufras lo que yo.
- ¿Por qué no lo intentamos de nuevo?
- ¿Es alguna clase de chiste?
- Lo digo enserio.
- Oh Sin. Para mi desgracia eres consciente de lo mucho que te amo y lo difícil que me resulta olvidarte. Especialmente porque aún trabajo para ti. Pero no soy idiota. Tener una relación contigo fué uno de los más grandes errores en mi vida. Soy tu general, uno de tus súbditos, por mucho que me pese no negaré la realidad. Es por eso que puedes usarme como te venga en gana. Estoy dispuesto a ser un asesino otra vez si con ello protejo Sindria. Pero no sacrificaré mis sentimientos por un hombre que claramente no vale la pena. Con dolor y todo estoy bien así.
- ¿Dices que soy una mal líder?
- Casi nunca estoy de acuerdo con tus métodos pero no me quejaré de los resultados. El ser humano es quien no me convence. Ni Alibaba-kun pudo hacer algo por ti.
- Es egoísta.
- Ese eres tu. Él es muy ingenuo, por eso me agrada. No quería que lo lastimaras, que le hicieras lo que a mi pero decidí cerrar los ojos. Él tenía que experimentar por si mismo. No puedo imponer mi voluntad.
- O no querías que pensara que estabas celoso.
- Claro que lo estaba. Eras mi pareja y me botaste por él. Aún así te equivocas. Tantos años y no terminas de conocerme. Que decepción.
- Pues no leo la mente.
- Jamás utilicé acertijos o adivinanzas. Fui más transparente que el agua.
- ¿De verdad?
- Si aquí alguien oculta cosas, eres tu.
- ¿Qué quieres decir?
- Dime tú.
Ambos se contemplaron con rabia, como si de un segundo al otro fuesen a molerse a golpes. Llamaron a la puerta pero ninguno prestó atención.
- ¿Su majestad?
Este respiró hondo en un afán de recobrar la compostura.
- Adelante Yamuraiha.
La maga se adentró cerrando tras de si.
- Hakuryuu-kun se ha comunicado gracias a la herramienta que le dí. Quiere hablar con usted.
El conquistador sonrió.
- Al fin una buena noticia. Adelante.
Ella le extendió el objeto que finalmente fué colocado en el escritorio.
- Cuanto tiempo sin vernos príncipe Hakuryuu.
- Lo mismo digo rey Sinbad.
- ¿A qué debo el honor?
- Cuando le visité dijo que me apoyaría en la pelea contra Ren Kouen. ¿La oferta continúa en pie?
- No me retracto de mis palabras, especialmente cuando hay un aliado de por medio.
- Me es difícil creer en usted pero no tengo opción. Estoy sólo.
- ¿Judal te traicionó?
- Aladdin-dono le ha enviado muy lejos. Aún si quisiera ayudarme no podría.
- ¿Hay algo que deba saber?
- Asesiné a Alibaba-dono.
Los dos generales quedaron atónitos, poco les faltó para irse al piso de sentón. Pero el rostro de Sinbad no cambió en lo más mínimo. Es evidente que de ser apostador sería uno de los mejores.
- Supuse que tarde o temprano intentaría disuadirte. Es la clase de chico que pretendía solucionar los problemas ajenos.
- Entiendo si me odia y guarda rencor por ello. Incluso si decide convertirse en mi enemigo.
- Él tomó una decisión. Lo que sienta no es excusa para darte la espalda. Ren Kouen es un dictador que se beneficia del caos en el Imperio Kou. El poder en sus manos es un arma demasiado peligrosa que atenta contra la paz mundial. Discutiremos los detalles más tarde, tengo algunos deberes que no puedo postergar.
- Entiendo.
La comunicación finalizó. El par le contempló con pena, sin encontrar la manera de consolarle.
- Sin...
- ¿Podrían dejarme solo? - emitió con tono nada amigable.
- Por supuesto - ella.
El rey bajó la mirada, en sus manos cayeron algunas gotas de agua.
«- ¿De dónde vienen?»
Paseó los dígitos por su rostro.
«- Y pensar que me harías llorar. ¿No tuviste suficiente con dar por terminada nuestra relación? Tenías que ir a un lugar donde sin importar lo que haga podré alcanzarte. Aladdin, ¿por qué lo permitiste?» - inspiró profundo y sonrió - «- Al menos me entregaste a Hakuryuu en charola de plata. Con él en mis manos Ren Kouen no será un estorbo.»
«- Hay cosas más divertidas que pensar en tu estúpida paz mundial.»
«- ¿Qué quieres David?»
«- Cuanta insolencia pero me da igual. Ahora que Judal no está podemos jugar con mi nieto.»
«- ¿Para que hagas lo que pretendías con el rey Solomon? No gracias, aún no estoy tan enfermo.»
«- ¿A qué viene el ataque repentino de moralidad? Lo que hiciste con ese tal Alibaba no es distinto.»
«- Lo amaba.»
«- ¿Ya no?» - divertido.
«- No es de tu incumbencia.»
«- Que miserable existencia.»
«- Al menos yo conocí el amor.»
«- ¿Lo dices por aquella princesa, tu general o el mocoso? Para proclamar amor eterno cambias muy fácil de opinión. Es divertido ver como te hundes.»
«- Mis sentimientos no tienen relación con lo que se avecina. La guerra que tanto odio acabará por fin.»
«- Cuanta ingenuidad. Deberías saber que es un objetivo imposible de alcanzar.»
«- ¿Lo dices por experiencia? No creo que tengas una motivación tan noble.»
Sinbad no encontró repuesta a su pregunta y de todos modos no es algo en lo que tuviera especial interés. Lo único que interesa es que por fin se deshará del único ser que le representa un peligro. Sonrió con maldad.
«- Los más peligrosos son los despechados.»
...
En el continente oscuro dos días más tarde.
Judal y Alibaba continúan con la travesía. Se han encontrado con numerosos obstáculos, más que nada seres que por una u otra razón pretender comerse al ahora indefenso oráculo. Pero el entusiasmo del ente de barro además del enorme deseo del otro para ver a su enano hacen que la fuerza de voluntad se triplique. Además entre ellos comienza a crecer una extraña amistad.
- Conocí a Aladdin en un situación un tanto peculiar. Iba en mi carreta, era transportista y bueno me lo encontré en pleno desierto muriendo de sed.
- Venía de otro mundo, ¿qué esperabas imbécil?
- ¡No me estoy quejando es una anécdota!
- Me da igual. Me sorprende que no te corriera o algo similar, eres terriblemente aburrido.
- Y tu malcriado.
- Como digas.
- ¿Cómo lograste entenderte con Hakuryuu?
- Ah, tengo una idea genial.
- ¿Cuál?
- Pregúntale cuando lo veas. Eso si ten cuidado, en una de esas te mata otra vez. ¡Ja ja ja!
- No es divertido.
- Para ti, para mi sí. A todo esto, ¿cuánto falta?
- ¿Por qué siempre eres tan impaciente?
- Cuestión de carácter y no pienso cambiar solo para darte gusto.
- No pedí que lo hicieras.
- Más te vale. No te creas ni por un segundo que soy tan complaciente como el enano.
- ¿Te desagrada ese rasgo de su personalidad?
- Tendría que ser el mayor imbécil para desperdiciar semejante don. Me encanta tenerlo a mi merced.
- Suena tan retorcido.
- Caí en la depravación. Es algo obvio.
- Supongo. ¿Puedo hacerte una pregunta personal?
- Mientras no pidas mis medidas.
- ¿Piensas que maldecir tu destino fué lo peor que pudo ocurrirte?
- Al principio. Me odié porque no me consideraba mejor que la basura. Pero Aladdin se aferró tanto a mi sin importarle, que estoy seguro de que su amor es verdadero. Ah, ojalá no hubiera arruinado las cosas.
- ¿Qué le dirás cuando lo veas otra vez?
- Eso es algo que solo nos concierne a él y a mi. Pero de algo puedes estar seguro, me lo cogeré como nunca.
- ¡JUDAL! - ruborizado.
- Ja ja ja. Vamos pues, que la abstinencia quema.
El semblante del oráculo destila tanta ilusión que de alguna manera le sabe mal a su acompañante.
- Hay algo que aún no te he dicho.
- ¿Qué?
- Es posible que David, el abuelo de Aladdin intente abusar de él.
- ¿En qué sentido?
- Uno que no te gustará para nada.
- ¿Qué?
- Le herirá como intentó con el rey Solomon.
- ¡Imbécil! ¡Por ahí debiste empezar!
- ¿Te asusta que sea infiel?
- Si el así lo decide me vale. Bien, quizá no. Pero que un cerdo lo toque será lo último que ocurra en el mundo. ¿Dónde demonios está ese tal David?
- En el cuerpo de Sinbad-san.
- Ah, el rey idiota. Oh no - palideció.
- ¿Qué ocurre?
- La maldición que puse sobre ellos se encuentra débil por la distancia.
- ¿Eso significa?
- Que puede acercarse a él sin problemas.
- Con suerte aún no se ha dado cuenta. Es posible que aún no haya recibido la noticia.
- La suerte jamás me sonrió.
- Ungh.
.
.
.
Notas finales.
Nos vemos en la continuación! :3.
