Magi pertenece a Shinobu Ohtaka-sama. Escrito en el móvil, errores son sin querer. Gracias a Yayoi y a todos los que leen por el apoyo :3.

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Capítulo 28 Flotan en el mar.

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- Elegiste un mal momento, Arba-san.

Aún si fuese verdad no es como que pueda sentarse a llorar sus penas. Esa mujer ha demostrado en más de una ocasión lo terrible que puede llegar a ser, un enemigo formidable que arrinconó incluso a su padre. Aladdin es el único que puede distraerle en este momento, ya no se piense derrotarla porque sencillamente es imposible. Debe conseguir algo de tiempo, el necesario para que sus amigos puedan escapar. ¿Una misión suicida? En absoluto, aún si Judal no le acepta al menos quiere verle, confesar que el paso de los años solo hizo que le amara más. Se reincorpora y coge el bastón dueño de una determinación increíble. Mira el cielo y confía en sus amigos, sin necesidad de indicaciones sabrán que hacer porque Aladdin no es un titiritero, es un compañero más.

...

Hakuei flota en las afueras del Imperio. Que fácil sería el borrar tan insignificante porción de tierra con un movimiento de sus dedos pero no es idiota. ¿Para qué destruir el fruto de tantos años de esfuerzo cuando puede eliminar los estorbos? ¿No es esa su especialidad? Un par de minutos más tarde tiene ante ella al hijo de Solomon, goza al cruzarse con su semblante tan descompuesto pero muy bien disimulado.

- Tenía la esperanza de que no fueras tú Hakuei-onesan - niega - Arba-san.

- Oh mi pequeño Aladdin, te felicito, tienes muy buenos ojos.

- Onisan ha estado preocupado. No es tarde, ¿no extrañas tener una familia?

- Fue divertido jugar a ser la madre ejemplar, no lo niego pero no llegué tan lejos solo para decepcionar a mi padre. ¿Qué hay de ti? Vives a la sombra de un hombre que no volverá, das lástima - silencio - ¿Has superado lo que hizo David?

- Lo... sabías...

- Eres transparente. No puedes esconder nada, al menos a mi - sonrió satisfecha - Si no se lo he dicho a nadie o me aproveché de ello es porque me encanta ver lo profundo que te hundes solo.

- ¿Por qué escogerle? Jamás fuiste de seguir las órdenes de otro, a menos que fuera parte de tu plan. ¿Qué tiene de diferente ojisan?

- No me trago el cuento de que no sabes. Entrega el poder del Palacio Sagrado y prometo darte una muerte indolora.

- Pero Judal-kun se molestaría por mi cobardía.

- Tenía pensado robarlo de todas maneras pero antes, haré sufrir a todos y cada uno de tus amigos frente a ti.

Intentó pasarle de largo pero el chico le bloqueó el camino.

- No lo permitiré.

- ¿Eres alguna clase de héroe dramático?

- Je je je nop. Pero si alguien que no quiere cargar con más arrepentimiento.

- Patético.

- Lo sé.

Hakuei giró cual lanza su bastón, el que perteneciera a Sheba, presumiendo, recordando que la sangre de aquella mujer alguna vez opacó su brillo. Aladdin respiró hondo y se armó de valor, es ahora o nunca.

- Hadika hadeka.

El mediador del mago comenzó a vibrar a un ritmo vertiginoso, uno de los conjuros más básicos que existen, no parece haber aprendido gran cosa en la famosa academia de Magnostad.

«- No puedo hacerle frente con conocimientos, me supera por mucho. Su habilidad en combate físico es fantástica pero siendo el cuerpo de onesan es imposible que esté sincronizada al cien por ciento, eso me dará ventaja, por muy pequeña que sea. Espero que Hakuryuu-onisan y Mor-san hayan escapado. »

Apenas si esquivó una estocada que le rozó la mejilla.

- No te distraigas - le reprendió.

- Je je je gracias por el consejo.

Ella repitió la agresión chocando con el báculo del magi, la colisión provocó un molesto pitido que resonó algunos segundos. Ambos tienen armas que están a su altura. Hakuei atacó el hombro, el torso, la pierna derecha, giró y se dirigió a la espalda, la nuca, incluso su odiosa trenza. Al frente el pecho, la clavícula, el cuello, los ojos. De costado las costillas y codo. Retrocede y el blanco es un bícep, los riñones, el hígado, su corazón. Pero la mayoría fueron interceptados a excepción de unas pocas cortadas.

- Vaya, parece que has entrenado un poco tu cuerpo.

- Tuve una maestra bastante buena. Se llama Myers, estoy seguro de que se llevarían muy bien.

- Solamente si le gusta verte sufrir.

- Je je je.

Arba siguió con las estocadas, en esta ocasión combinadas con patadas bajas y de mediana altura, encontrándose con una reacción similar. Pero la experiencia hace la diferencia en estas situaciones. Ella logró colar su brazo en el ajeno y tiró de este en una posición forzada, para romperlo. Él sudó frío pero logró liberarse, no sin antes sentir como se le incrustaba en las costillas el codo enemigo, partiendo una.

- ¡Ungh!

- ¿Dolió?

- Un poco - admitió.

- La próxima no seré tan piadosa.

La mujer rió con ironía, prácticamente desconoce el significado de esa palabra. Si no ha logrado arrancar la extremidad como pretendía se debe a la obstinación del muchacho, ¿qué sentido tiene arriesgarse tanto por otros? En especial por aquellos que le han abandonado a su suerte. Pronto se da entre ellos un excepcional juego de pies entre saltos, patadas y retrocesos. Los movimientos son tan fluidos que difícilmente se recuerda que están en el aire. Los puños femeninos se estampan en las palmas del otro. Giros y piruetas letales pero hermosas. La intensidad en los zafiros de él, locura psicópata en los de ella que tuerce los labios llena de gozo. Una, dos, tres, diez, decenas de gotas escarlata que caen como leve lluvia provenientes de las heridas del magi. Pero Aladdin no se rinde. Emplea varios conjuros que estallan al impactarse en el borg de Hakuei. Respira agitado por el esfuerzo, pensando en la próxima maniobra. De un segundo al otro esto se convierte en un duelo de esgrima por ella y el mejor estilo occidental de él. Las chispas salen disparadas en todas direcciones, ofreciendo así un espectáculo diabólico. Se esquivan, evaden y de improviso Aladdin recibe un golpe en la parte posterior de la rodilla. Él aprieta la mandíbula y hace caso omiso a la onda de dolor. Más fué imposible contener el grito al ser golpeado en la nuca primero y en la garganta después. La visión se tornó borrosa un segundo y comenzó a toser llevando la mano por detrás, notando que sangra.

- Por favor, no dirás que te ahogas con tan poco.

- Cof cof cof...

El joven ofreció su mejor sonrisa y tomó distancia para recobrar la compostura. Entendiendo rápidamente que Arba sólo juega, ¿por cuánto tiempo? ¿Es momento de olvidarse de su amiga y pensar en derrotarla? No, Hakuei le es muy valiosa y no es tan grande su habilidad para soñar con lo segundo. ¡PUM! El borg de Arba apenas si tuvo una cuarteadura.

- Conque un ataque sorpresa. Francamente me sorprendiste, de ser tu intención asesinarme me habrías herido un poco. ¿Sabes? Pensé que esto sería mucho más divertido pero no representas el más mínimo obstáculo. Creí que siendo hijo de Solomon y Sheba serias un oponente decente, que decepción.

Aladdin no tuvo oportunidad de reaccionar, mucho menos de pensar. La princesa le clavó el báculo en el abdomen y se sirvió de el como lo haría con un cuchillo, haciendo una abertura de considerable tamaño que en nada comenzó a sangrar, de manera bastante escandalosa cabe mencionar. El chico flotó varios segundos pero la debilidad le cobró factura. Se desplomó aún consciente, ella le cogió por el cuello, estranguladole. Aún así Aladdin sostuvó su bastón.

- Ah ah ah...

- Mi pequeño e insignificante Aladdin. Tratas de proteger un mundo al que no le interesas. Te arriesgas estúpidamente por ideales que no te pertenecen. No soy yo quien está vacía por dentro - se aproximó para susurrarle al oído - Falta poco para que pierdas la noción de ti mismo, cuando ocurra robaré el poder del Palacio Sagrado. No necesito tu permiso ni cooperación.

- Ah ah... ¿c-cómo... ? - ella arqueó la ceja confundida - ¿c-cómo es posible que continues con vida? Mamá... papá... Ugo-kun...

- Bueno, decírtelo no me causará problemas - sonrió - Al llegar a este mundo vagué como un ser sin cuerpo, recolectando todo el rukh oscuro que me fué posible, adquiriendo conocimientos. No fué rápido ni sencillo pero con los años aprendí a procesionar cuerpos, manipular la genética, crear "muñecos". La familia Ren es el fruto de mi experimento. Humanos si, pero no a la vez. En especial las mujeres tienen algo de mi, lo que nos hace compatibles. En el incendio no asesiné a Hakuei porque era mi repuesto en caso de que Gyokuen se "rompiera".

- ¿Y onisan?

- Con los hombres no es algo permanente.

- Eso significa que una vez tomas un cuerpo, ¿no hay manera de recuperarlo?

- Eres muy curioso, ¿no?

- Si Hakuei-onesan muere...

- Tendré problemas, pero no tienes el valor para hacerlo.

- Ya veo... gracias.

- ¿Qué?

Una estaca compuesta de ramas estuvo a nada de arrancarle la cabeza a Arba que se vió en la necesidad de soltar a la víctima que perdió el sentido debido a la hemorragia, siendo sostenido en brazos por Morgiana.

- Oh Hakuryuu, has crecido tanto. Te queda bien el título de emperador pero dudo lo conserves por mucho.

- ¡No perdonaré que lastimaras a Aladdin-chan!

Ante ella los conquistadores de Zagan y Vinea equipados.

- ¿Qué podría hacer un grupo de chiquillos? No vine en vano, me llevaré lo que deseo.

Contempló al hijo de Solomon, tan dulce y vulnerable.

«- ¡No te acerques a mi hijo! »

La desconcertada mujer buscó a su alrededor a la emisora del mensaje sin encontrarle.

«- ¿Sheba? No, es imposible. »

Sin embargo un inexplicable malestar rompió el hilo de sus pensamientos. La concentración le abandonó. Una mujer tan calculadora como ella no se arriesgaría a ser herida sin razón. Oportunidades como esta se presentarán fácilmente dado el estado anímico del magi.

- Por hoy lo dejaré con ustedes pero no olviden que es mío.

Se retiró empleando un conjuro de transferencia.

«- No cambias madre. »

- ¡Hakuryuu-san, Aladdin no reacciona! - la fanalis.

- ¡La herida en su abdomen es terrible! - Kougyoku aterrada.

- Llevémoslo al palacio para tratarle.

Las chicas asientieron y volaron a toda velocidad. Una vez ahí las asistentes de Kouha limpiaron los cortes, colocaron medicina en forma de pomada, uno que otro conjuro y varias vendas, principalmente en el cuello, cabeza y torso. Le cubrieron con la sábana.

- Será mejor dejarlo dormir - Hakuryuu.

- ¿Puedo quedarme con él? - la princesa.

- Tendrá escoltas por eso no te preocupes. Dudo que mi madre planee algo por ahora.

- P-pero...

- Dale un poco de espacio. A últimas fechas prácticamente le acosamos... no le hacemos un bien. Concuerdo en que nos preocupa pero desgraciadamente no somos los indicados para curar su dolor.

- ¿Dolor? ¿Te refieres a la pelea que tuvo con Judal-chan?

El emperador, cruzado de brazos prácticamente se enterró los dedos en el bícep.

- No le importunemos más.

- Hakuryuu-san - intervino Morgiana para cortar la anterior conversación - Arba-san volverá tarde o temprano. ¿No sería mejor irnos? Aladdin no...

- No escaparé nuevamente. Protegeré el Imperio de Kouen-dono. Además no quiero poner más carga sobre los hombres de Aladdin-dono y si Judal vuelve podrá verlo de inmediato.

- Así que lo haces por ellos - su hermanastra.

- No del todo - sonrió con melancolía - pero fué mi culpa que se alejaran. No más, estoy de su lado.

- También yo - ellas.

...

En la gran falla.

Yunan toma con toda tranquilidad uno de sus famosos tés de cosecha propia cuando una alteración en el rukh le obliga a ponerse de pie, coger su bastón y abrir violentamente la puerta. Apenas lo hizo tuvo que sostener un no tan pesado bulto.

- ¡Qué onda anciano!

- ¡Judal! ¡Volviste!

- No me digas - respondió irónico - Cuida de Alibaba, tengo cosas más importantes que hacer.

- ¿A-Alibaba? - miró de forma inconciente en dirección a donde se haya el cuerpo del esgrimista - ¿Qué planeas... ? - con hostilidad.

- Ey bájale. La cosa que te di tiene su alma pero al dejar el continente oscuro se quedó dormido. No entiendo del todo esos asuntos y no le daré a mi enano más dolores de cabeza. Has tu trabajo.

- Tan amable como siempre.

- ¿Esperabas que trajera flores? Nunca me caíste bien.

- El sentimiento es mutuo - sonrió de lado.

- Perfecto. Ahí te ves.

Sin más el oráculo se marchó. Yunan suspiró pesadamente. Nunca lograra entenderlo. Entró a su hogar y tomó asiento junto al joven rubio para adquirir una expresión bastante dulce.

- Ha sido un largo viaje. Bienvenido Alibaba.

El ente de barro en sus manos emitió un brillo único que le deslumbró, un segundo más tarde un leve quejido escapó de labios adolescentes.

- Parece que hay mucho trabajo por delante - declaró bastante animoso.

...

En el palacio del Imperio Kou.

Aladdin abre los ojos lentamente, aturdido. Se reincorpora para tomar asiento y una onda de dolor proveniente del abdomen le recorre entero.

- Ay...

«- ¿En dónde...? »

Alzó las manos para analizarlas y todo se aclaró de pronto.

- ¡Arba-san!

Cogió su bastón y salió veloz por la ventana, sin prestar atención hasta que su cabeza chocó cual proyectil contra algo.

- ¡Ay ay ay!

Se llevó las manos a la zona para dar alivio y miró al frente. Los zafiros se abrieron en demasía, las lágrimas se agolparon y su boquita se curvó pronunciadamente.

- J-ju... Ju... Judal... kun...

Fue incapaz de contener el temblor en el cuerpo, se abrazó a si mismo y apartó la mirada en dirección contraria.

- Yo... l-lo lamento - apenas si le salía la voz - Perdón... no debí, no tengo derecho. Lo que te hice fué tan cruel que...

- ¿Ah? - el mayor arqueó una ceja - ¿Quién carajo eres y por qué demonios me hablas con tanta familiaridad?

- ¿Que quién soy? - se le fué el aire un segundo -¿M-me o-olvidaste? S-soy Aladdin.

- ¡No me jodas! ¡Si antes estabas bien enano!

- ¡Judal-kun!

La molestia no le duró mucho tiempo pues el sacerdote le estrujó con gran entusiasmo en un poderoso abrazo, como si esperase fundirse con él, señal de lo mucho que le extrañó.

- Estúpido enano, ¿cómo crees que no voy a reconocerte o recordarte? Estuve pensando en ti todo el tiempo. Soy el que debería disculparse, te hice sufrir tanto debido a mis miedos. Me vale si te casas con el unicornio o cualquier otra cosa porque siempre volverás a mí, así tenga que obligarte.

- J-Judal-kun... - se sonroja.

- ¿Seguirás con lo mismo?

- Te eché tanto de menos - se aferró a su espalda - Estaba aterrado, de que me guardaras rencor o no quisieras saber más de mi, de no verte otra vez.

- Menso, nunca pasará algo así. Te lo dije antes, me drogaste con ganas, después de tantos años y aún te amo como loco.

- Je je je.

- Tampoco sería capaz de abandonarte. Me voy un rato y mira nada más como te dejan. ¿Con quién te peleaste?

- Arba-san.

- Condenada bruja, ¿que no se muere? Nah. ya me cobraré esta.

- No es que pretenda fastidiar el momento pero hay algo que me inquieta.

- ¿La paz mundial?

- También.

- ¿Y?

- ¿Qué somos? ¿Amigos, conocidos?

El mayor se aproximó para susurrarle al oído.

- Sabes que mucho más que eso.

- Mmm.

Un calorcito familiar y nostálgico invadió el pecho del hijo de Solomon, al que tomaron de la mano y prácticamente arrastraron de vuelta al palacio.

- ¿A dónde vamos? - interroga al estar en un ala poco visitada - Mi habitación no está por...

- Oh, así que andas de gorrón en Kou. ¿Te convertiste en el magi de Hakuryuu?

- ¡Cuido tu Imperio!

- Por mi, ¿eh? - sonrió travieso.

Una vez llegaron a la alcoba del oráculo cerró la puerta con seguro y lanzó al otro al lecho sin un mínimo de consideración.

- ¡Ay! ¡Estoy lastimado!

- Je, comprenderás que no estoy pensando con el cerebro~ . Te pusiste bien sabroso aunque extrañaré tu regordete trasero.

- ¡Eres un patán! Y... gracias creo.

Judal sonrió perverso y se aproximó con sensualidad, contoneando la cadera lujuriosamente, se deslizó por la cama con la elegancia y certeza de un tigre hasta "aplastar" con su cuerpo al más joven, besó su cuello pero las manos de Aladdin le impidieron llegar a más al posarse sobre su pecho.

- D-detente por favor...

La frase salió tal cual una súplica, lo que le descolocó por completo. Hizo un poco de distancia, observando, en silencio, con quizá un poco de agresividad en la mirada.

- Y-ya no puedo hacer el amor contigo.

- ¿Por qué?

- Te fui infiel.

- ¿Ah si?

- Es enserio.

- Ve a otro con ese cuento. ¿Qué pasó en realidad?

- ¡Esa es la verdad! ¡Estoy sucio! ¡Tuve sexo con mi abuelo!

Los orbes carmín brillaron terroríficamente, Judal le cogió del mentón con una mano, sus labios casi se tocaban.

- ¿Te violó?

- Ah...

- Maldito hijo de puta. Con mi enano nadie se mete.

- No tuve la fuerza para detenerlo... intento olvidar pero siempre tengo la misma pesadilla. ¡Me doy tanto asco! ¡Si lo hacemos te mancharé también! Uh bu uuuh.

Sus sollozos son algo que fácilmente comprime el corazón, que hace un nudo en la garganta y que también incrementa el odio al ser que le ocasionó tan terrible daño. Los pulgares del sacerdote secaron con gentileza las lágrimas.

- Escúchame bien Aladdin, no fué tu culpa. Si ese imbécil hubiese querido violarme tampoco hubiese podido escapar. ¿Hace cuánto?

- P-poco después de la pelea contigo.

Vaya que si Judal tuvo que hacer empleo de una paciencia infinita y poco natural en él. Saber que le ocurrió algo así es malo pero que fuese tan pequeño es aún peor. Si el pensamiento matara a la gente David, Sinbad o como digne llamarse el imbécil ese hubiese fallecido un millón de veces de forma muy dolorosa. Respiró profundo agradeciendo a madre dragón sus enseñanzas.

- Mira enano. No negaré que me cae en la punta del hígado que ese idiota te tocara en contra de tu voluntad pero me vale madres que otro te cogiera.

- ¿Eh?

- No es como que no piense en arrancarle las bolas pero no te hace menos. Para mi eres el mismo mocoso virgen que me tiré la primera vez.

El rostro de Aladdin se puso completamente colorado.

- Soy un asesino y no has tenido empacho en entregarte a mi.

- Pero tu no...

- Nah, soy una basura pero cuando estoy contigo se me olvida. Me convences de que merezco algo tan bueno como tú. ¿Qué me viste? Quién sabe pero considero que fué el mejor golpe de suerte en mi vida. Ya no me siento desgraciado. Caray que todo se ve en ridículos colores rositas.

- Mmm oh.

- Las marcas de ese sujeto desaparecerán, las borraré lo juro. Curaré toda herida y trauma así me lleve la vida entera. Por eso, no cometamos más estupideces, quédate a mi lado, no me rechaces.

- ¿Está bien si sueño con un futuro juntos?

- ¿No verdad?

- ¿Eh?

- Neh, no me pasa dos veces. Me iré a la segura.

- ¿Uh?

- Dame tu mano.

- ¿P-para qué?

- Hazme caso.

- N-no, que tal que te da por hacer algo raro.

- Como si no me conocieras.

- Es por eso que dudo.

- Enano.

- No.

- Aladdin.

- ¡Que no!

- ¡Bien! ¡Por las malas será!

Judal le cogió por la muñeca pero rápidamente se zafó. Intentó escapar boca abajo pero el sacerdote literalmente se montó sobre su trasero cogiendole de los hombros.

- No seas terco, te vas a lastimar más.

- Entonces déjame ir.

- Ja ja ja no~.

- ¡Judal-kun!

La pelea continuó un buen rato. Intercambiaron posición varias veces, Judal le sometió pero también recibió una que otra patada. Los manotazos se dieron al por mayor y poco faltó para las mordidas. El cabello de ambos se soltó, la ropa se movió de su sitio y finalmente se desplomaron agotados pero Judal logró su objetivo.

- ¿Qué ah ah ah es esto? - el menor hace referencia a la sortija en su anular.

- Un ah ah un anillo de compromiso. Eres mío, por ahora eres mi prometido pero nos vamos a casar.

- ¿En unos años?

- A la primera oportunidad.

Aladdin se giró para quedar de frente al otro, aún recostado.

- Eres libre de elegir a quien sea.

- Exacto. Solo mi enano es digno de ser mi esposo.

- ¿Y no... ? - el índice sobre sus labios le interrumpió.

- No lo arruines con excusas, reclamos ni nada. Estoy bien seguro y consiente de lo que hago.

Aladdin alzó la mano para deleitarse con el símbolo de su amor eterno.

- Menos mal que te quedó, calculé fatal.

- ¿Es un zafiro?

- No, es una piedra del continente oscuro.

- ¡Te la robaste!

- Me la encontré que es muy distinto.

- Si Yunan-onisan se entera.

- Le parto el culo y ya.

- Mmm, ¿no tenías dinero para una?

- ¿Bromeas? Conquisté muchos laberintos, te lo dije antes. Soy asquerosamente rico.

- Ah, es verdad.

- Tu eres el único idiota que desperdicia tan buena oportunidad.

- Eran tesoros de Alibaba-kun y Hakuryuu-onisan. Aunque si tenía pero lo gasté je je je.

- Oh eres un gustito muy caro~. En fin, esa piedra me recordó a ambos, es todo.

- ¿A los dos?

- Ahora es azul pero a veces se pone roja y parece rubí.

- ¡¿Enserio?!

- Si pero lo hace cuando se le da la condenada gana así que no esperes mucho.

- ¿Es mi imaginación o te has vuelto más lindo?

- Y sensual.

- Je je je.

- No voy a presionarte para hacer el amor pero, ¿que tal si nos besamos un rato?

Las mejillas de Aladdin se tornaron de un intenso escarlata, sonrió y pasó los brazos por el cuello del otro. Posando los labios en los contrarios. De esa manera le dió la más cordial y esperada bienvenida. Por fin han vuelto a ser una pareja feliz.

...

Kougyoku da vueltas de un lado a otro de su habitación, poco le falta para sacarle brillo al piso y morder las uñas. ¿Dejarle sólo es lo más indicado? Es cierto que desde aquel incidente en las escaleras se "pegó" en demasía a él pero dejarle a su suerte le sabe mal.

- ¡No soporto la angustia!

Abandonó sus aposentos para llegar a la recámara del magi donde, le saludaron los guardias con el debido respeto. Les pidió se retiraran y entró. Estaba preparada para encontrase con muchos escenarios menos...

- ¡No está!

Salió a buscarle a toda prisa. También debía informarle de la situación a Hakuryuu y Morgiana. Se recriminó tanta irresponsabilidad. Debía protegerle tal y como él lo hizo por ellos. Estaba herido por enfrentar a Arba. Las cálidas gotas saladas corrieron por montones. Hasta que un quejido le llamó la atención. Se detuvo ante la puerta de la habitación del oráculo, supuestamente vacía y lo oyó de nuevo. Sin más abrió y quedó petrificada en el acto.

- ¡Waaaaaaaaaaaaaahhhhh! - se cubrió los ojos dándose un violento golpe con las palmas debido a la velocidad.

- ¡Kougyoku-onesan!

- Qué onda vieja.

- ¡Perdón! ¡No sabía que Judal-chan había regresado!

- Nah, solo lo besaba vieja mal pensada.

- Ah b-bueno es que si y yo... uh...

Ella les observó de nueva cuenta, quizá su imaginación fué demasiado lejos en cuestión de segundos. Aladdin tiene una expresión que hace mucho no ponía, es evidente que se siente muy feliz y protegido entre los brazos de Judal. El corazón femenino dolió, siempre estuvo consciente de que no tenía oportunidad porque Aladdin jamás le dió entrada pero soñaba todos los días con un futuro donde el despertara a su lado cada mañana.

«- Que tonta. Además, ¿pretendía que dejara de pensar en Judal-chan? Que ruin. »

Apretó con fuerza las manos y estuvo a nada de ponerse a llorar pero no por la tristeza sino frustración y asco a si misma.

- ¿Sabes Judal-kun? Kougyoku-onesan me cuido mucho cuando no estuviste. Procuraba que durmiera o comiera bien. Platicamos bastante y nos hicimos muy buenos amigos.

- Amigos, ¿eh?

La joven desvió la mirada un segundo, bastante incómoda. ¿Acaso el sacerdote sospecha? Porque ese gesto fué como la insinuación de algo.

- Ya veo - el oráculo sonrió de lado - gracias vieja.

- ¿Judal-chan?

- ¿Por qué la sorpresa? No soy un desgraciado que no pueda apreciar cuando le hacen un favor. Protegiste lo más valioso, lo único que tengo en la vida.

- En verdad te gusta Aladdin-chan.

- Lo amo. Y créeme que esta vez todo el mundo lo sabrá. Me vale que por ello quieran lincharme, decapitarme o el mundo se vaya a la mierda.

- Vaya - se sonroja - no tengo idea de si fue un comentario dulce o no - sonrie sutil - Bueno, no los interrumpo más. Es un gusto tenerte aquí otra vez. Nos vemos.

La princesa se retiró cerrando tras de si. El sacerdote pasa los dedos por el rostro ajeno que acepta cada una de las caricias con agrado y una hermosa sonrisa.

- Tengo mucha suerte enano...

- ¿Uh?

«- Tuve tanta competencia sin saber y aún así decidiste esperarme. Volviste a escogerme. Te compensaré, juro que lo haré. »

- ¿Judal-kun?

- Eres increiblemente ingenuo enano - se acerca para susurrar sobre sus labios - por eso me encantas.

- Mmm...

- Ay maldita sea, abstinencia con ese nuevo cuerpo tuyo...

- No es nuevo.

- Sabes bien a que me refiero.

- Y tu... no cambiaste nada...

- ¿Qué te digo? Me conservo de maravilla. En una de esas te da por cambiarme por alguien más apuesto y joven.

Los ojos de ambos se encontraron para luego estallar en carcajadas. Se extrañaron tanto que para los dos resulta increíble pensar que resistieron tanto la ausencia del otro, es como si hubiesen vivido para este día. Judal desliza las manos por la prenda superior de Aladdin que abre dejando parte del pecho al descubierto, las mejillas de este se ruborizan al tiempo que intenta detenerle.

- A-aún no...

- Shhhh, no es lo que piensas.

El sacerdote recarga el rostro en la zona, su mejilla se posa gentil sobre la tierna y tibia piel de Aladdin, cierra los ojos concentrado en los latidos del más joven.

- Me gusta mucho el sonido de tu corazón, me relaja enano - este quedó mudo de la impresión - déjame dormir así, fué un viaje demasiado largo.

No obtuvo respuesta pero los pequeños brazos se aferraron como nunca a su espalda, queriendo fundirse en él.

- Te amo Judal-kun.

- Te amo Aladdin.

«- Mi dulce y estúpido enano. »

...

En Sindria.

Sinbad revisa algunos documentos en su oficina, sin mucho interés y bastante hastiado. Le encantaría escapar como antaño pero entonces Aladdin le tomaría la delantera. ¿Cómo y en qué momento se convirtió en un enemigo tan poderoso? Y ciertamente no hace referencia a su habilidad como magi porque, aunque le cueste admitirlo tiene todas las de perder.

- Ah~.

Suspira pesadamente. Por si fuera poco cada que han coincidido en algún lugar el magi luce incómodo. Maldito David, estaba en sus planes detener al hijo de Solomon pero no solo no logró su objetivo sino que su cuerpo fue utilizado para herirle de la forma más vil. Una que incluso a él le da asco. Forzarlo a tener sexo... violarle mientras lloraba, tenerle tan vulnerable le recuerda a sus días en manos de Mader, cuando casi dejó de ser él. Si no hubiese sido por Masrur, Rurumu y Jafar a saber que hubiese sido de su futuro. Aladdin en cambio estaba solo, y debido a ello no puede evitar respetarlo un poco, además de envidiar su fortaleza espiritual. Hakuei entra abruptamente interrumpiendo los pensamientos del rey. Su semblante no es el más cordial de la historia por decir lo menos.

- ¿Acaso no te recibieron como esperabas? Te dije que...

- Era mala idea, no me interesan tus parloteos. Estuve cerca, demasiado. El pequeño Aladdin estaba en mi poder.

- ¿Y le dejaste ir?

- Nos interrumpieron.

- ¿Quién?

«- Si, ¿quién? »

- ¿Importa? De todos modos no vas a ayudar. Eres el peor socio que existe.

- Ah si - con ironía.

Arba le contempló con intensidad casi psicópata. Para una magi de su calibre es fácil advertir hasta el más sutil cambio en el rukh, especialmente el oscuro. Judal volvió, es cuestión de tiempo para que se entere de que Aladdin fué ultrajado y conociéndole no se quedará cruzado de brazos. ¿Debería advertir a Sinbad? Bueno, si David no lo hace que debiera estar más interesado entonces, ¿por qué habría de corresponderle a ella tan fastidiosa tarea?

- Que tenga dulces sueños su majestad.

Este arquea la ceja confuso, que mujer, a veces tan educada y muchas otras con sus característicos desplantes y aires de grandeza. Arba se retira, tampoco es que le interese detenerla. Entre más lejos mejor, es una pena que así como la repudia la necesite. Si al menos uno de los magis le hubiese elegido como su candidato... incluso Yunan parece arrepentido de contarle acerca de los laberintos. Niega con la cabeza y vuelve a sus tediosos deberes, ojalá inventaran una pluma mágica que le obsequiara la libertad. De esa manera pasan las horas, lo que no advierte hasta que por su ventana se filtra la luz de la luna, siquiera ha podido darse el lujo de un refrigerio. Se levanta y las vértebras le crujen, recordándole que ya no es un jovencito.

«- Hace un par de años era tan enérgico como Aladdin. »

Es probablemente eso lo que más le desquicia, el tiempo sigue su curso sin importar cuantos laberintos tome o los genios que le sirvan. Pasa por los corredores con lentitud, va directo a su habitación al estar prácticamente molido. No se toma la molestia de cambiarse la ropa y se tira en la cama, entregándose a Morfeo poco después.

Soñaba con gran variedad de cosas, algunas meras tonterías que sin embargo le hacían feliz, rememoraba sus inicios, mucho antes de entender que el mundo es un asco. Vislumbró la sonrisa enigmática de Serendine y abrió los ojos sentándose de golpe. Desde la ventana le contempla una silueta conocida, en completo y perturbador silencio. Traga saliva preguntándose si lo sabe por lo que no atina a saludarle o correrle, mucho menos posar la mano en uno de sus tantos contenedores.

- Hola rey idiota.

El tono empleado por el oráculo resultó inesperado, sensual, como una invitación.

- ¿Qué haces aquí? - le interroga con hostilidad.

- Vamos, siempre la misma cantaleta. ¿Es que no conoces otras frases? Apuesto a que no le hablas igual a tu perro faldero.

- Te he dicho un millón de veces que odio que te dirijas a Jafar de esa manera.

- Algo que nunca entenderé. No negarás que le sienta de maravilla. ¿Y bien?

- ¿Qué?

- ¿Por fin aceptarás ser mi candidato a rey?

- ¿Es una de tus retorcidas bromas?

- Voy muy enserio. ¿Cuánto más tengo que pedir? Hakuryuu acabó con mi paciencia.

- ¿Qué hay de Aladdin?

- ¿Qué con él?

- No le agrado. Dudo que esté contento con tu decisión.

- ¿Y? Ese inútil no tiene voz ni voto.

- Es tu pareja.

- Era. Estuve muchos años en un lugar horrible y para variar con la peor compañía del mundo.

- ¿No le has visitado?

- No.

- ¿No te da curiosidad? Cambió bastante.

- Me tiene sin cuidado. La próxima vez que nos encontremos será para cobrarme lo que hizo. Me encantaría ver la cara de estúpido que pone cuando sepa que eres mi aliado.

- Así que finalmente planeas utilizarme.

- Como si fueras distinto. Nos beneficia a ambos, ¿por qué negarte?

- Es cierto - sonríe lleno de seguridad.

- Además. Ya no me atrae el estúpido cuerpo de un mocoso. Prefiero algo con más consistencia, ya sabes. Atragantarme con tu "cetro real" me parece divertido.

- ¿Acaso propones lo que pienso?

- Je.

Judal guardó silencio, se aproximó con lentitud y elegancia, llegó a la cama y gateó como felino por el colchón. Al llegar a su destino tomó asiento en el regazo del monarca, apoyando la mano sobre el pecho para tumbarle. Con los dedos delineó el contorno de la prenda inferior para tirar de ella y dejar en libertad el palpitante miembro ajeno. El rostro de Sinbad adquirió tonos perversos, se relamió los labios.

- Que delicia...

Suspiró el sacerdote poniendo especial énfasis en cada sílaba.

- Tan distinto a Aladdin... parteme a la mitad.

- Será un placer.

- Pero primero hay que atender a su majestad.

Sinbad cerró los ojos pero los abrió de inmediato al igual que la boca al emitir un potente grito. Un punzante dolor le atravesó cada célula y como reflejo dió una patada que golpeó a Judal en el rostro y le lanzó muy lejos.

- ¡¿Qué diablos me hiciste?!

Pregunta el rey llevando la mano a su virilidad, luce exactamente igual a como la conoce pero se siente distinta.

- Un poco de magia~ - pasa la mano por el labio roto, limpiando la sangre - De tipo prohibido debo agregar. Eres un cerdo asqueroso, jamás voy a perdonar lo que le hiciste a mi enano.

- Entonces lo sabías.

- Obvio. Teniéndolo, ¿para qué te buscaría?

- ¿Qué hiciste? - repitió.

- Mmm para ser honesto planeaba castrarte, cortar tu cosa y tirarla a la basura, ponerla en el cojín de tú perro también era buena opción pero caray, no me cae tan gordo. Estuve pensando en lo mucho que te gusta coger, si fuera por ti hasta con una piedra entonces... ¿qué mejor que quitarte la diversión? No importa lo que hagas, los remedios que busques o los hechizos que emplees, jamás volverás a tener una erección...

- ¿Qué? - palideció - Eso es...

- ¿Imposible? Oh, pronto sabrás que no. Tus hormonas, libido y todas esas tonterías funcionan con normalidad. ¿Te imaginas la desesperación de no poder satisfacer el instinto primario de un hombre? Especialmente uno como tu.

- ¿Por qué de manera tan rebuscada?

- Aladdin es idiota y si bien le das asco es capaz de perdonar. Así no tienes pruebas, a menos que tengan un encuentro íntimo y estando yo a su lado no sucederá.

- Estás muy seguro.

- Je.

- Digamos que tengo métodos para...

- ¿David? Puft... Ese está tan concentrado en otras cosas que no me detuvo.

- Judal... - su expresión es de oído total.

- Repudiame, piensa en mi todo el tiempo y cae por completo en la depravación. Pierde ante David, alimenta mi magia.

- Te aseguro que las cosas no se quedarán así.

- Exactamente. No soy tan dulce o si quiera lo soy como Aladdin. Ansío que llegue el día en que te retuerzas de sufrimiento, que te arrastres como el vil gusano que eres, que te hundas como el desperdicio que veo. Violaste a mi enano cuando era un privilegio solo verlo. Aladdin cambió mi vida, me salvó y me hizo experimentar algo como el amor. Acercarte una vez más y juro que desearás no haber nacido - los rubíes brillaron con locura - Esto no acaba así como dije pero - sus labios se curvaron perturbadoramente - es un inicio interesante.

- ¡Sin!

A lo lejos se escuchan los gritos de Jafar.

- Je, será mejor que me vaya o echaré por tierra los esfuerzos diplomáticos de mi enano.

- Mis generales sabrán lo que hiciste.

- Lo dudo. Tu gran ego es también tu perdición.

El oráculo posó la mano sobre sus labios y le lanzó un beso para finalmente desaparecer por medio de su círculo de transporte mágico.

- ¡JUDAL!

- ¡Sin!

El visir entró abruptamente en la habitación, encontrando al rey que en un rápido movimiento se cubrió con la sábana, no así pudo disimular su irritabilidad.

- ¿Estás bien? - paseó la mirada por la zona, buscando - Te escuché gritar y pensé que...

- Tenía una pesadilla.

- ¿Con Judal?

- Ni más ni menos.

- Nos hizo mucho daño en el pasado, supongo que es natural pero afortunadamente no volveremos a verlo.

- Ah Jafar, sospecho que las cosas cambiaran para mal.

- Es inusual que seas tan pesimista.

- Estoy un poco cansado, es todo.

- ¿Extrañas a Alibaba-kun?

- Alibaba... kun... ¿Eh? Suena tan lejano que parece hablas de otra vida.

- ¿Es que acaso ya no lo... amas? - perplejo.

- ¿Amar?

- Ah, eres increíble Sin. No sólo me lo hiciste sino que ahora te aburriste de él. ¿Quién será tu próximo juguete?

- Eso me gustaría saber...

El menor se inclinó respetuosamente.

- Con su permiso majestad, no le tolero con esa actitud.

Sinbad se puso de pie para contemplar la luna.

«- Ya me la pagarás. Aunque de cierta manera me siento un poco aliviado. Se puede decir que Aladdin y yo estamos a mano así que no hay más excusas. Es hora de dejar de jugar y robar el poder del palacio sagrado. »

Da la vuelta y se tira en la cama. Coloca el antebrazo sobre su rostro.

«- Recibo lo que merezco. Ya fuera David o yo... no tengo derecho de ver a mis padres en el más allá. Seguro están avergonzados. Papá, te sacrificaste por un inútil. Mamá, le diste libertad a un bastardo. Alibaba-kun... »

- Perdón...

...

En Kou.

Aladdin siente las manos de David recorriendo su piel, desnudandole, amarrando sus muñecas a la cama para no dejarle escapar. Llora, grita y súplica que le libere pero le ignora. Toma por la fuerza la sabiduría de Solomon y tortura a Judal que con trabajo se arrastra para llegar a él, quien finalmente muere. Despierta sobresaltado, bañado en sudor. Los dígitos de su prometido se pasean con ternura sobre su cara.

- No prestes atención a lo que hayas visto. Estoy aquí Aladdin.

- J-Judal... kun.

- Siempre te protegeré así que no te asustes.

- ¿Y si te hacen daño por mi culpa?

- Falta que los deje. No soy el mismo que cayó en tu trampa barata.

- ¡Oye!

- ¿A poco no? Tu y tus juegos infantiles.

- Era un niño - se defendió.

- El que no mojes el pañal ahora no dice mucho.

- ¡No usaba!

- Lo sé. ¿Olvidas que te vi y probé todito?

El pequeño se ruborizó hasta las orejas y refugió en el pecho ajeno.

- Menso.

- Eres muy injusto.

- ¿Qué te digo? Eres mi pasatiempo~.

- Te amo.

- Yo más.

- ¿Cómo sabes?

- Te leo la mente.

- ¿En que número estoy pensando?

- Seis.

- Cinco.

- Mmm cerca.

- Eres un mentiroso.

- Uno muy feliz.

- Siempre tan astuto - se quejó.

Acortaron la distancia para besarse, tomarse de las manos y suspirar llenos de alegría. Aún más plenos que la primera vez que lo hicieron.

...

Por la mañana.

La pareja camina rumbo a la cocina con intención de tomar el desayuno cuando en el camino se topan con el dueño de Zagan que no puede disimular la sorpresa.

- ¡Judal!

- ¿Por qué el grito? No soy un fantasma.

- Lo sé es sólo que no creí que...

- Pues ya vez.

- Judal-kun, ¿es qué no saludaste a nadie?

- ¿Para qué? Se darían cuenta tarde o temprano. ¿No te alegra ser mi prioridad?

- Je je je - sonrió embelezado.

- Así que eres el emperador - le miró decepcionado.

- ¿Q-qué?

- Nada.

- No parece.

- Esperaba que lucieras menos ordinario.

- Muy amable de tu parte.

- Lo hecho, hecho está, ya ni modo.

- ¿Se supone que lo tome como qué?

- Como se te dé la gana. Ahora solo el enano me interesa.

- ¿Aún le dirás así?

- Si.

- Es casi tan alto como tu.

- Casi, por lo tanto gané.

- No son competencias.

- Eso crees. Por cierto Aladdin ya no es mi novio.

La indignación llenó los pensamientos de Hakuryuu que casi se le va a golpes de no ser por la sonrisa del oráculo.

- Nos vamos a casar - declaró.

- ¿Enserio?

Aladdin mostró orgulloso la inusual sortija ahora rojiza.

- No saben el gusto que me da. Aladdin-dono te extrañó mucho.

- Y yo a él.

Varias aves moradas revolotearon alrededor de los magis ofreciendo un espectáculo conmovedor. Aladdin y Judal se entienden de tal manera que uno podría jurar que han estado toda la vida juntos, y lo que falta.

...

El sacerdote siguió por todos lados a su prometido que lejos de sentirse atocigado sonreía como menso, literalmente. Flotaba sobre nubes rosas que le hacían olvidar todas y cada una de las preocupaciones que no hacían más que torturarle todos los días a cada segundo. De esa manera llegaron al jardín, donde Aladdin revisaba varios documentos concernientes al presupuesto. Judal se recostó en su regazo valiéndole gorro el casi ser enterrado entre pergaminos. Kougyoku y Morgiana se unieron poco después. La fanalis se mantuvo en silencio como de costumbre, en cambio la princesa miraba en todas direcciones sin saber como iniciar con la conversación puesto que tampoco era su intención importunar.

«- Ah~ ¿qué les digo? »

Varias opciones acudieron a su mente estacionandose en el asunto de la boda, de la cual medio Imperio se enteró en pocas horas gracias al orgulloso y comunicativo además de llamativo sacerdote.

- Ah J-Judal-chan...

- ¿Mmm?

- ¿Ya tienen algo planeado?

- ¿Cómo podría? Prácticamente acabo de llegar.

- B-bueno si pero deberías prestar un poco de atención, ¿no te parece? Es un día especial, de esos que ocurren una vez en la vida. Deben escoger a los padrinos, al ministro, el lugar, la comida, ropa, el ramo.

- ¿Ramo? - Aladdin abandonó los deberes para escuchar a la conquistadora - creía que solo las onesan...

- Pues acostumbrate enano que eres mi vieja.

- ¡Judal-kun!

- Nah, da igual. Si te cojo si lo haces tu. Si usas falda o pantalón si tienes vagina o pene...

- ¡JUDAL-CHAN/KUN! - escandalizados y casi fluorescentes.

- Ya ya, el punto es que sigues siendo Aladdin.

- Oh~.

- ¿Y bien? - interesado.

- ¡Me veré muy lindo ese día!

«- ¡Judal-chan es un demonio! ¡Le mete ideas para satisfacer sus extraños gustos! A saber que fetiches tenga. »

- Por cierto enano...

- ¿Si?

- ¿Crees que ese día podrías usar un liguero? Quiero seguir la tradición de lanzarlo...

- ¿Qué es un liguero?

- ¡Suficiente! - la princesa - ¡Eres una terrible influencia!

- No parece mala idea - la fanalis.

- ¿Eh?

- Si nos ponemos de acuerdo todos estarán contentos.

- P-pues si pero Aladdin-chan no es un juguete que...

- Vieja mensa, no lo veo de esa manera. Pero si que me encantaría presumirlo.

- ¿Por qué tan de repente?

- Me harté de ocultarme. Al Thamen pretendía ser mi dueño pero alguien en verdad lo es.

- J-Judal... chan...

- ¿Una tanga es demasiado?

- ¡Ya cállate! - Kougyoku.

...

Un par de días después.

El hijo de Solomon mastica encantado una manzana en compañía de su lapa oscura que hacia lo propio con un durazno cuando, ambos advirtieron una distorsión en el rukh.

- ¿Lo sentiste Judal-kun?

- Si.

- Creo que venía de Sindria...

- Si no quieres ir no hay porque.

- Es mi deber.

- Ah~ ya pues.

El oráculo empleó su círculo de transporte mágico, en segundos ya se encontraban en la costa del país.

- E-esto es...

Aladdin perdió todo color en el rostro y estuvo a punto de caer siendo sostenido por su pareja que le tomó por los hombros y luego le cubrió entre sus brazos para que no continuara viendo aquel escenario. Su pupila se contrajo, no daba crédito a la situación.

- El rey idiota es...

Incluso las palabras eran insuficientes para describir el centenar de cuerpos desmenbrados que flotan en el mar.

.

.

.

Notas finales.

Y la indecisa de mi por fin se decidió (? No pondré Mpreg en este fic (aunque la idea me tiente con locura) Seguiré el concepto original :). Muchas gracias por la paciencia y espero no tardar con la conti :3. Los amo~.