Cualquier otro profesor que este fuera, sabrá que los últimos meses del año son nuestro pináculo de estrés. Entre eso, y los otros dos trabajos que tengo, solo quiero comer y dormir. Voy a mantener un horario de actualización constante en cierta manera, haré mi mejor esfuerzo.


Odiaba conocerlo tan bien, porque esa fue la única advertencia que tuvo Scorpius antes que Albus se lanzara en medio de la lucha, como un imbécil.

Las prioridades cambiaron completamente a partir de ese momento, el deseo ferviente de sobrevivir a lo que sin duda era un ataque coordinado, se convirtió en una sed de destrucción. Cualquiera de esos hombres que le pusiera la mano encima a Albus era hombre muerto, fin. Lamentarían haber nacido.

La explosión de poder fue instantánea, Lily y Emma bien podían ser invisibles por todo lo que influyeron en Scorpius sus ojos solo se enfocaban en Albus, que se acercaba a lo que hasta ahora fue una lucha de dos contra diez… y solo duraba hasta ahora porque esos dos duelistas eran formidables.

Delphini Riddle era temible, porque no podía tratarse de otra persona. Scorpius contemplo el retrato de la hermana de su abuela, la infame Bellatrix Lestrange, en un par de ocasiones. El parecido entre madre e hija estaba allí, aunque no era evidente. Especialmente porque el cabello de Delphini era ondulado, de un rubio platinado, con un mechón azul. Lejos de lo que se esperaba de una hija en una familia sangre pura. Que James Potter fuese un buen duelista no era una sorpresa. Era el hijo de Harry Potter, el chico de postal de Gryffindor. Lo que se esperaba es que tuviese cierta habilidad.

Y Albus acababa de lanzarse de cabeza en medio de eso.

Por mucho entrenamiento o ventaja que tuviese como hijo de Harry Potter, para Scorpius, Albus era irremplazable. Esa era una verdad universal que no sentía deseos de cuestionar, Albus era tan necesario como el oxígeno. Un Albus feliz. Y que estuviese saludable era gran parte del trato… si algo llegaba a ocurrirle… ¿Qué se supone que haría con todo lo que nunca llego a decirle? Al borde del agotamiento, Scorpius tomo una decisión.

Todos saldrían de esa situación, se rehusaba a aceptar un resultado que no fuese ese. Ya cuando se encontrarán a salvo, podría golpear a cierto Potter hasta al borde de la otra vida por atreverse a asustarlo de esa manera. Y quizá eso serviría para que en un futuro no lo volviese a hacer.

Aunque lanzarse al peligro sin cuestionar nada parecía ser una cosa propia de los Potter, de los Gryffindor. No era algo que hiciesen los Slytherin. Demonios, no era algo que hiciesen las personas razonables.

Si, estaría seguro de comunicarle a Albus, muy enfáticamente, su punto de vista en otra oportunidad.

En sus posiciones tan alejadas, Ron y Hermione eran incapaces de hablar, pero tantos años de amistad, de matrimonio, te daban cierta ventaja en leer lo que pasaba por la mente del otro, y si Hermione no se encontraba ansiosa, Ron se comería su túnica de trabajo.

Que los secuestradores de James fallasen en mantener la puntualidad de la hora podía significar algo bueno… o no tanto. ¿Si James hizo algo estúpido y estaba pagando por ello? La familia jamás se recuperaría si algo llegaba a sucederle. Tal como estaban las cosas, tenían suficientes problemas sin incluir perder a alguien más.

Nunca se recuperaron del todo de la perdida de Fred… la perdida de James, sería un golpe irreparable para Harry y Ginny… Ron se negaba a que esta misión acabase en otra cosa que no fuese éxito.

Hermione compartía su determinación, y su creciente frustración a medida que transcurrían los minutos, como arrastrándose. Hannah les dedicaba miradas de soslayo entre su ajetreo atendiendo a los clientes, aunque no se acercó a ellos, percibiendo que su presencia en el restaurant iba más allá de un deseo por comer fuera de casa.

Hermione solo podía desear que la situación no afectase a Hannah. En el mejor de los casos, esta espera era para alterar sus nervios, los secuestradores enviarían a su mensajero, este se encontraría con ella y podrían irse a otro lado sin que ocurriese un incidente en el Caldero Chorreante.

En esa expectativa ansiosa transcurrió una hora.

Era obvio que nadie aparecería, y aquello solo parecía una táctica, ¿Cuál sería el objeto de separarlos de los demás? Nadie podía saber dónde se encontraban, que el mensaje fuese entregado a través de Hermione no quería decir que debía ser ella quien apareciera en la cita.

_ Regresemos.

Sin una razón válida para no estar de acuerdo con Ron, Hermione abandono su asiento dando una última mirada alrededor del bar. Y con un sabor amargo en la boca.

Aquello parecía sacado de una de esas películas muggles de ciencia ficción que a Hugo le gustaban tanto y que James no soportaba ni, aunque estuviesen formuladas por acción de principio a fin. El ataque era coordinado por dos grupos distintos que al parecer estaban colaborando. Que parte de ese grupo fuesen aurores y que no tuviesen reparos en intentar matarlo, le dejaba en claro a James que esto no era tan fácil como aparentaba serlo. No era toda esa porquería de gente de bien contra mortifagos o magos tenebrosos como querían hacerlo ver.

Si todo lo que atravesó para llegar a este momento no hubiese servido de algo, esto sin duda era el punto final. Se sentía sucio por haber servido a algo tan abominable como eso, aunque fuese de manera inconsciente.

Eso no lo hacía mejor que aquello que había jurado, en múltiples ocasiones, destruir.

Si podía reparar en algo sus errores, este era un buen momento para probar su determinación, estos hombres no pensaban tomar prisioneros, luchar para sacar a todos de allí, ilesos, era tan buena forma como cualquier otra de comenzar a compensar por todas las estupideces que cometió en el pasado.

Incluso Malfoy se encontraba allí. No podía ser de otra manera cuando Albus estaba combatiendo tan cerca de ellos.

Delphini se manejaba bien, aunque estaba herida que fuese capaz de mantenerse en un duelo contra tantos oponentes era impresionante, si James pensaba que era bueno en duelos, esa era una noción que palidecía gracias a lo que estaba contemplando. Si él era bueno, ella era una leyenda.

Toda una amenaza que no debía ser subestimada por ser mujer o estar herida.

Ya tenía un poco más de sentido que nadie hubiese sido capaz de atraparla con anterioridad, podía hacer frente a diez oponentes encontrándose en desventaja. ¿Quién pudo haberla entrenado de esa forma? Aunque de no contar con ese entrenamiento seguramente estuviese muerta.

La evidencia de ello se encontraba en el pandemónium que los rodeaba.

James, cansado como estaba, saco fuerzas de donde no sabía que tenía. Una cosa era luchar por defenderse, una muy distinta era luchar por proteger a los suyos, y si Albus y Malfoy estaban aquí, Lily no debía estar muy lejos, debía sacarlos a toda costa.

Le tomo algo de tiempo, pero localizo a toda la tropa, Lily y otra rubia de Slytherin estaban detrás de Malfoy, lejos de esconderse, estaban incapacitando a todo el que podían apuntar. Y nada pasaba a Malfoy. Los pocos incautos que se acercaban al trio terminaban sucumbiendo ante lo que parecían ser llamas que surgían de la nada. Pese a que era intimidante en todo el conjunto, se notaba que ese truco estaba agotando al rubio, era una táctica efectiva e impenetrable, pero que debía quemar demasiada energía. Y James estaba seguro que, si las miradas matasen, Albus estaría a las puertas del otro mundo, teniendo en cuenta la mirada que Malfoy le estaba lanzando.

Pese que podían defenderse de sus atacantes, James no se hacía ilusiones. No estaban capacitados para derrotar a todo un escuadrón de ataque altamente entrenado. Se necesitaba un milagro para que saliesen de allí sin sufrir daños… incluso perdidas. pero sí que podían causar daño, y por Merlín, eso harían.

Tener que pelear contra algunos de los hombres con los que entreno y trabajo a través de los años en el Departamento de Aurores no era algo que Harry quisiese hacer, pero siendo sinceros, no quedaban muchas alternativas. No si quería salvarlos a todos. Los Malfoy (con excepción de Isabela) tenían experiencia en combate y no le preocupaban en exceso. Ron y Hermione deberían ser capaces de reunirse con ellos en cualquier momento, apenas tuviesen noticia de lo ocurrido. Solo quedaba agradecer que Hugo y Rose se hubiesen quedado en La Madriguera con Molly, porque Harry estaba seguro que, de haberse encontrado en el castillo, ambos estarían aquí con los otros. Francamente, si esta misión y su mente no acaban con él; los chicos lo harían. Así debió sentirse Sirius cuando tuvo que ir a buscarle al Departamento de Misterios todos esos años atrás, aterrorizado, consumido por la preocupación y al mismo tiempo dispuesto a hacer lo que fuese por mantenerlo a salvo.

Comprender ese sentimiento fue lo único que lo impulso a permitir aquello. Porque sabía perfectamente lo preocupado que se encontraban los Malfoy y… Parkinson. Por sus hijos, sería capaz de hacer lo que sea.

James sería algo difícil de alcanzar por su posición, los otros chicos estaban manejándolo bien, en situaciones como esta debían contar sus bendiciones, y que los chicos no se hubiesen separado era una. A juzgar por el comportamiento de los efectivos, esta era una misión de exterminio. Y cuando Harry averiguase quien la había ordenado…

El estallido de poder, crudo a sus espaldas, fue suficiente para que un escalofrió recorriese su espalda, en la magia se percibía la furia. Su primer instinto fue hacerse a un lado ante algo con semejante poder destructivo. Fue momentáneo, pero sintió verdadero terror como no lo experimentara en años, eso, antes de sentirse reconfortado.

Esa energía discriminaba claramente entre amigos y enemigos, más que eso, transmitía calidez y seguridad, al tiempo en que no dejaba dudas sobre su capacidad de destruir todo a su paso sin que nada pudiese detenerlo.

Ningún humano poseía esa clase de poder. Era un claro recordatorio que Draco, ¿Quién más sino el sería capaz de semejante poder? no era del todo humano.

De todas esas cosas en las que Harry no quería detenerse a pensar, porque pensar equivalía a enfrentar todas esas cosas que quería dejar guardadas en lo profundo de su mente. Cosas con las que no podía, (tampoco quería) lidiar.

No mientras todos dependieran de él.

Eran momentos como aquellos en que toda la eternidad parecía estar contenida en un segundo. Donde todo está en juego y parece que no hay nada que hacer para cambiar el balance de las cosas. Aparecer en medio de lo que sin duda era una masacre indiscriminada, con el corazón desbocado, en busca de rescatar a un ser querido y presenciar; precisamente a esa persona que fuiste a buscar cayendo al suelo…

La reacción instintiva de Draco no pudo ser contenida, a esas alturas no le importaba consecuencia alguna.

El estallido de poder tomo a todos por sorpresa, y quienes cayeron no pudieron defenderse. Fue una muerte instantánea, todo pareció iluminarse con el verde que solo esperabas ver después de un Avada Kedavra, los magos visibles que estaban atacando la posición de los chicos, murieron al instante.

Sin tiempo para pensar en los demás, Draco permitió que esos instintos que lucho años por retener, surgieran a la superficie. Vagamente era consciente del campo de batalla. Era fácil distinguir a los atacantes de rango especializados porque eran los que vacilaban al encontrarse de frente con la ira de Harry.

No debería extrañarle, siendo uno de los aurores más prometedores de su tiempo, no solamente por lo que hizo en la guerra contra Voldemort, sino también por los cambios que implemento en el programa de entrenamiento, aquellos aurores que fueron entrenados por Harry, evitaban abiertamente el combate con el pelinegro.

Con solo desearlo, ocurría. Tal poder, era algo que Draco no quería detenerse a considerar, porque de hacerlo, seguramente se intimidaría.

No era el momento para cuestionamientos, debía salvar a Scorpius. A todos.

Al principio, incluso antes de ser desplegados a campo. Tuvo sus dudas en aceptar semejante misión. Una que debía mantenerse en secreto del mismísimo Ministro. Pero, así funcionaban las cosas en los altos estratos.

Los políticos con posiciones de poder aun conservaban ciertas facultades. Cuando dos o más asientos del Wizengamot, especialmente, los ostentados por familias parte o relacionados con los Sagrados 28, eran capaces de desplegar a los aurores.

Lo frustrante del asunto, es que podían dar la orden desde la comodidad del anonimato, lavándose las manos. En el caso que la misión fuese un fracaso, serían incapaces de revelar quien ordeno semejante cosa. Y en el nuevo Ministerio, no encontrarían comprensión por parte de nadie.

Demonios, este bien podía ser el final de sus carreras como funcionaros efectivos. Que los seleccionados para esa misión hubiesen sido entrenados por el mismísimo Harry Potter a quien ahora estaban enfrentado, no les compraría simpatías. Todo lo contrario.

La muerte era inevitable. Fue la conclusión que alcanzo Alan Walker cuando se percató de la llegada de los Malfoy. De ser capturados, obligados a hablar en un interrogatorio. La magia se encargaría de silenciarlos, un destino peor que la muerte.

Allí.

Una debilidad,

Isabela nunca fue una duelista estrella. De hecho, le dejaba la lucha a aquellos que fueron específicamente entrenados para ella. Nunca se preocupó por entrenarse en duelo luego de los años que paso en la escuela. Pero sin dudarlo decidió acompañarlos a todos, porque era incapaz de esperar por noticias sola en el castillo.

Al principio pensó que todo terminaría bien, Draco no permitiría que algo le ocurriese a Scorpius. Jamás.

Aunque tan fuerte como era, casi incluso como un dios… Draco no era omnipotente.

En medio de la lucha que ya estaba dominando por su cuenta, se alejó demasiado de la posición de los chicos. El auror Potter estaba centrado en sus hijos, sus suegros… eran formidables.

Estaban concentrados en defender y desviar. Después de esto, era posible que alguien intentase perjudicar a Lucius por usar una varita. Pero la presencia de Harry Potter tendría que servir de algo. Era en lo que todos confiaban. Y aun si no sirviese… Scorpius era el futuro de los Malfoy, para todos, era lo más preciado.

Protegerlo, era prioridad.

Cualquier advertencia que pudiese gritar se perdería en el ruido… el camino estaba claro. Y lo tomo sin arrepentimientos.

En lo que parecieron horas después, cuando los aurores en deber llegaron a la escena, seguidos de cerca por Ron, Hermione y Ginny.

Se encontraron con lo que quedo de lo que sin duda era un escuadrón de asalto elite inmovilizado y mantenido a punta de varita por un grupo de estudiantes de Hogwarts entre los que se encontraban dos de los tres hijos de Harry Potter.

Una mujer estaba a la distancia, atendiendo lo que sin duda era un set de heridas considerables, pero por la mirada que le dedicaba a todos los que intentaban acercarse, no estaba en peligro.

En el otro lado, el clan Malfoy en pleno se encontraba frente a lo que era sin duda el cadáver de la esposa de Draco Malfoy… y a una distancia prudencial, el cadáver de uno de los atacantes, o lo que quedaba de él.

Albus Potter estaba arrodillado un poco a la distancia de la escena, con un Scorpius Malfoy inconsciente entre brazos…

En una escena como esa a nadie se le ocurrió hacer demasiadas preguntas, y los más atrevidos pronto se encontraban enfrentando alguna varita apuntada directamente entre los ojos.

Hermione y Ginny Weasley tomaron control rápido de la situación con los periodistas, Ron por su parte, fue el encargado de lidiar con los aurores.

Nadie cuestiono porque todos los chicos terminaron en la Madriguera, de todos los lugares. Algo que en otros tiempos se pensaba imposible.

Molly Weasley sin embargo no acepto otro escenario. Quería a todos sus nitos en donde pudiese verlos. Y los chicos no deseaban separarse después de lo que acababan de enfrentar, así que los Weasley se encontraron siendo anfitriones de un Malfoy y una Parkinson.

Todos fueron especialmente precavidos con Scorpius, y de ser otra la situación, Albus se hubiese permitido saborear que uno de sus sueños se materializo, que su familia y su persona importante pudiesen encontrarse en el mismo lugar sin que chispas volasen.

Pero… no a ese precio.

Y es que… la muerte de la madre de Scorpius descansaba sobre todos ellos como un peso aplastante. Asfixiante.

Si no hubiesen salido del castillo a la desesperada… ella estaría con vida, no hubiese saltado entre ellos y lo que era sin duda una maldición mortal.

Todos los chicos estaban en el recibidor de la Madriguera, cada uno con una taza de chocolate caliente entre manos, y una bandeja de galletas en medio, llena a rebosar ya que ninguno de ellos se sentía en condiciones de ingerir algo.

Rose y Hugo, si se sintieron incomodos por la presencia de Emma y Scorpius no lo demostraron. Todos esperaban al regreso de sus padres.

Como Ron no podía hacer un recuento de una situación que no enfrento de primera mano, cayó en Harry hacer un informe que debía ser remitido al Ministro apenas estuviese terminado, aunque tuviese la tinta húmeda. Así de urgente era que lo hiciese. Solo eso hubiese sido capaz de apartarlo de los demás en momento así, una orden directa y a su vez una amenaza del mismo Ministro.

En el departamento de aurores del Ministerio nada cambio desde la última vez que Harry ocupase su oficina, y aunque fuese por solo un par de horas, se sintió como si estuviese de nuevo escribiendo el reporte para alguna de las misiones que lidero en los últimos años.

Aunque ninguna de ellas acabo tan amargamente como esa, llegando tan cerca a producirle una pérdida real.

Todos ellos le debían a Isabela, tanto que jamás serían capaces de pagárselo. Estaban tan concentrados en la batalla, que ninguno de ellos se percató de ese hombre. El único que estaba empeñado en huir y no en enfrentarlos. Y de no ser por ella, las cosas hubiesen terminado mucho peor.

Quizá… el cuerpo en la morgue de San Mungo hubiese sido el de Lily… esa era una posibilidad muy real para Harry.

Scorpius, Lily y Emma Parkinson se salvaron gracias al sacrificio de Isabela.

Que Harry se encontrase aquí, redactando ese informe que le parecía insignificante en comparación a todo lo que quería hacer… le llenaba de ira y frustración.

Pero si quería estar cerca de hacerle frente a los responsables de toda esta situación, debía encontrarse en buenos términos con el Ministro. El único con el poder suficiente para dar una solución verdadera.

Si de esta forma es que se sentían todos los que perdieron a alguien en la guerra, no venía como una sorpresa que gente a la que no conocía lo maldijese con tanta vehemencia.

Sentado en el pasillo de la morgue en San Mungo, Draco no permitía que su mirada se desviase de la forma que debía rellenar para remitir a la secretaria de turno. Todo estaba tan mal.

Desde que entro en ese lugar, la forma en que todos se comportaban a su alrededor, con esa perfecta y acartonada inexpresividad en la que a duras penas podían esconder su regocijo… porque… para ellos, al fin los Malfoy eran castigados.

Nada estaba oculto a sus ojos, a sus sentidos desarrollados y sutiles que los de un humano, con una empatía que le permitía leer todo, incluso la fluctuación más diminuta.

Se sentía asfixiado casi al punto de ser aplastado por el regocijo, la reivindicación que emanaba en oleadas de gran parte de quienes le rodeaban.

Estaba tomando todo su autocontrol disponible el contenerse en tomar el cadáver de Isabela y salir de allí.

Pero no deseaba darles excusa alguna para incordiarlos posteriormente.

Que su padre no se encontrase en una celda y que Scorpius no estuviese en interrogatorio era solo por Harry. No se hacía ilusiones.

En estos momentos debía tener un aspecto deplorable… con los ojos enrojecidos, la garganta cerrada y el cabello en completo desarreglo.

Quería que Harry estuviese allí, tanto como quería tener a Scorpius entre sus brazos. Disculparse una y otra vez por su propia incompetencia.

¿De que valía todo el poder? Vaya que le sirvió para proteger a Isabela.

Y de no ser por ella, bien podría encontrarse llenando esa forma con los datos de Scorpius. Su madre, bendita fuese, había ofrecido llenar la forma por él. Pero no… el forense de turno había insistido en que fuese Draco quien la llenase.

Fuera de escribir su nombre completo no era capaz de escribir algún otro dato sin que su mano empezase a temblar, o sus ojos se empañaran en lo que parecía una fuente inagotable de lágrimas.

Tal como estaban las cosas… se cuestionó a si mismo muchas veces a lo largo de los años si de verdad la amaba. Si era posible amarla al ser lo que era. Al encontrarse irremediablemente anhelando a alguien más, atado a otra persona contra su voluntad desde que manifestase sus poderes. Desde que empezase a comprender lo que era.

La certeza que ella merecía algo mejor era algo que siempre estaba presente en su mente. El velado desagrado de los padres de ella… si, ahora seguramente se transformaría en un odio absoluto.

Y por ella… por ella y tantas otras razones debía poder fin a todo esto de una vez.

Era hora de salir de entre las sombras, al centro del escenario y enfrentarlos a todos.