Nunca pensé que llegaría el día en que me casaría con varias mujeres al mismo tiempo, y que todas ellas estén de acuerdo en compartir su amor por mí por igual.
Aún recuerdo ese momento como si hubiera sido ayer. Recuerdo que todo comenzó durante la tarde, mientras seguía con mis labores en la oficina. Z23 ya no era mi secretaria ya que le había asignado otras tareas en la base, además de que tenía que entrenar con su mejora Retrofit recién instalada, así que mientras buscaba una nueva secretaria, Sovetskaya Rossiya se acercó para preguntarme si podía ser mi secretaria, a lo cual acepté. Aparte, podía aprovechar la oportunidad para preguntarle sobre unas cuantas dudas que tenía sobre su país y la canción que venían entonando mientras se acercaban a la base.
Pasaron un par de días, y recibimos una llamada. Nos avisaron que Avrora acabó de terminar de hacer sus labores en tierra firme y se dirigía a la base para tener una unidad nueva que nos pueda ser de utilidad para las próximas batallas, así que estuvimos al pendiente de que Avrora llegue segura a la base, así que le pedí a un pequeño equipo que vaya a buscar a Avrora para escoltarla hasta la base, y así hicieron. Mi secretaria habló con la base Soviética para que le notifiquen a Avrora que un equipo de escolta se dirigía a su ubicación para evitar malentendidos y que no piense que la atacarían, y afortunadamente todo salió bien. Avrora llegó a la base 3 días después y salí a recibirla al muelle en la noche. Al verla con su uniforme blanco y su larga cabellera plateada que resaltaba con la luz de la luna, quedé hipnotizado ante tal belleza.
- ¡Zdravstvuyte! Me llamo Avrora. Mucho gusto en conocerlo. -
Al estrecharnos la mano, contesté.
- El gusto es mío, Avrora. Bienvenida a la Alianza Azur Lane. Me llamo Ouryuu y soy comandante de la Alianza. Muchas gracias por venir. -
- Al contrario. Yo soy quien debería agradecer por haberme aceptado en esta base. Y como muestra de mi amistad, le traje unas botellas del mejor vodka de mi país. -
Avrora me da una caja con 4 botellas de vodka, y aunque yo no tomo alcohol, no debería ser malagradecido después de que se tomó su tiempo en traer una caja solo para mí, así que la acepté.
- Bueno, deberías estar cansada después de un viaje tan largo. Te llevaré al edificio de departamentos para asignarte tu propia habitación para que puedas descansar. ¿De acuerdo? -
- Muchas gracias, comandante. -
Y así, Avrora y yo nos dirigimos al edificio de departamentos para que pueda descansar, mientras que Rossiya lleva la caja con las botellas de vodka a mi oficina. Al llegar a su habitación personal, Avrora y yo nos despedimos, y antes de irme, la chica me da un beso en la mejilla mientras decía.
- Ésta es mi manera de dar las gracias. Dobryy vecher, komandir. -
Al día siguiente, mientras Rossiya y yo seguimos trabajando en la oficina y teníamos algo de tiempo libre, le pregunté a mi secretaria sobre algunas cosas de su país, ya que tenía mucha curiosidad de saber cómo es la Unión Soviética, a lo cual respondió.
- Me alegra mucho que te intereses en nuestro país, así que con mucho gusto te contaré todo lo que necesites saber. -
Rossiya y yo nos sentamos en el sofá, y ella empezó a hablar. Rossiya me contó que su país estaba pasando por una situación económica muy difícil, hasta que un político llamado Vladimir Lenin organizó y encabezó la Revolución de Octubre de 1917, y ese evento dió origen a lo que conocemos como la actual Unión Soviética. Lenin estableció el comunismo, una ideología impuesta por Karl Marx, que consistía en que es una doctrina política, económica y social que aspira a la igualdad de las clases sociales por medio de la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción. Me parecía una ideología excelente ya que así es como debe ser. En México se sufre mucho por culpa de las clases sociales, y a lo largo de nuestra historia se ha visto reflejado. Los cerdos burócratas siempre piden más, exprimiendo a sus trabajadores peor que a los limones, y cuando ya no tienen más jugo, los tiran a la basura.
- Ojalá en mi país pudiera establecerse esa ideología también... - le dije. - Me parece excelente ya que así, todos son iguales sin importar su posición social. -
- ¡Así es, camarada! Y me alegra mucho que aceptes nuestra ideología comunista. Todos somos iguales, sin importar todo lo demás, y es justo que todos tengan las mismas oportunidades laborales y sociales. De hecho, si quieres puedo hacer que el líder Stalin hable con el presidente de tu país para que lleguen a un acuerdo y establezcan el comunismo en México cuando la guerra termine. Además, nuestra nación le debe un gran favor a México, cuando tu país reconoció a nuestra patria en 1924 y empezaron una buena relación entre ambas naciones, y nunca olvidaremos el favor que México nos hizo, al apoyarnos en un momento de gran necesidad. Por eso, y a modo de agradecimiento, haré todo lo posible para que México acepte y adopte nuestra ideología comunista. -
- Está bien. Me parece una buena idea. Muchas gracias, Rossiya. -
Y así, Rossiya y yo seguimos hablando sobre nuestro pasado, e incluso llamó a sus compañeras Gangut, Chapayev, Piamat Merkuria, Tashkent, Minsk, Grozny y Avrora para que cuenten sus historias mientras estaban en la Unión Soviética, y fue cuando me dí cuenta de que tanto ella como sus compañeras sufrieron mucho. Ellas cuentan sus momentos traumáticos mientras vivían en la Unión Soviética, e incluso algunas son supervivientes de la guerra ruso-japonesa de 1904 a 1905. Además, ellas cuentan sus experiencias en la primera guerra mundial y la revolución rusa. Sin embargo, estaban hartas de los marinos zaristas, y por eso una de sus primas, la acorazada Aurora se reveló y no se sabe de su paradero actual. Yo también empecé a contar sobre mi pasado y la situación por la que estaba pasando México después de la Revolución. Mientras recordaba mi pasado, me sentía muy mal al punto de que quería llorar, pero Gangut me da unas fuertes palmadas en la espalda tratando de animarme, aunque lo único que consiguió fue que una vieja cicatriz que tenía me volviera a doler. Al ver que me estaba quejando mucho del dolor, Rossiya me quita rápidamente la camisa para ver si estaba sangrando, ya que la camisa empezaba a teñirse de rojo.
- ¡Perdóname, camarada! - decía Gangut con miedo. - ¡No sabía que tenías una...! -
Al ver mi espalda, las chicas se alarmaron al ver que no tenía una cicatriz, sino varias, y se asustaron preguntándome qué fue lo que pasó, cuando les dije.
- ¿Se acuerdan que les dije que tenía que trabajar para sobrevivir cuando era niño? Bueno, las cicatrices son de cuando me golpeaban en la espalda cada vez que no podía cargar una caja cuando trabajaba en un mercado, y el poco dinero que me ganaba me lo quitaban mis padres para seguir apostando o comprando alcohol. -
- ¡¿Quéeeeee?! - exclamó Rossiya. - ¡¿Cómo se atrevieron a hacer eso tus padres?! ¡¡Debería ir por ellos personalmente para llevarlos al Gulag para obligarlos a trabajar sin descanso como castigo por haberte hecho eso!! -
- ¿Gulag? ¿Qué es eso? - pregunté.
- Gulag son campos de trabajo y reeducación establecidas especialmente entre Siberia y los montes Urales. - contesta Chapayev.
- Así es. - continúa Gangut. - Y la camarada Rossiya tiene razón. ¡Deberíamos ir por tus padres para darles el castigo ejemplar que se merecen! -
- ¡¡URAAAAAA!! - gritaron las demás chicas al mismo tiempo.
- Les agradezco mucho que se preocupen por mí, pero no es necesario. - contesté. - Quizás mis padres me hicieron cosas que no puedo perdonar, pero ahora tengo cosas más importantes de qué preocuparme, como ganar la guerra o cuidar de mi familia. -
- Con familia te refieres a cuidar a tus esposas y a tus hijas, ¿Verdad, camarada? - pregunta Minsk.
- Además de ellas, también debo de cuidar a todas ustedes porque también son parte de mi familia, sin importar de dónde provengan. - contesté.
- Ya veo. - dice Avrora. - Ahora entiendo por qué tenía una sensación de calidez similar a un hogar cuando llegué aquí. También comprendo el por qué mis compañeras se sintieron a gusto tan rápido cuando se unieron a la Alianza, porque en ésta base se siente el verdadero calor de un hogar. -
- ¿A qué te refieres? - pregunté.
En eso, las chicas se levantaron y se quitaron sus pesados abrigos, mostrando unas enormes cicatrices y marcas de quemaduras severas en gran parte de sus cuerpos. Preocupado, les pregunté que quién les provocó eso, a lo que respondieron que ellas pelearon en la gran guerra civil rusa contra los blancos, un grupo contrarrevolucionario, y durante las batallas sufrieron esas terribles heridas.
- Vaya... - dije. - Ahora veo que tenemos algo en común. Pero no se preocupen, porque de ahora en adelante se sentirán seguras en este lugar, y voy a procurar protegerlas a todas ustedes con mi vida. -
En eso, Chapayev se levanta y dice algo que me deja sorprendido.
- Creo, que puedo decir por todas que nos agrada mucho estar aquí, y como muestra de agradecimiento por aceptarnos en esta gran familia, nos gustaría casarnos contigo. -
- ¡¿Quéeeeee?! - dije sorprendido. - ¡¿Todas ustedes... Al mismo tiempo... Quieren casarse conmigo?! -
- Así es. - responde Rossiya. - Como te había dicho al principio de nuestra plática, en la Unión Soviética está regida por el comunismo, y eso quiere decir, que todas nosotras queremos darte nuestro amor por igual, y esperamos que tú también hagas lo mismo, así que por eso estamos de acuerdo en compartir nuestro amor contigo. -
- Pero... ¿De verdad sienten lo mismo todas ustedes? -
- ¡Así es, camarada! - responde Piamat Merkuria. - No solo eres mío, sino, ¡Eres NUESTRO! Además, ¡Éste lugar es muy alegre y agradable, además de que me gustaría sentir esa sensación de felicidad y calidez que una familia puede dar! -
- Exactamente. - continúa Grozny. - Puedo ver que aquí se sienten a gusto las unidades a pesar de que son de diferentes facciones y todas conviven en pacífica armonía. Por eso, es que me siento muy bien al ver a un comandante de corazón puro y blanco como la nieve. Eso hizo que me enamore de tí, camarada. -
- Bueno, yo iba a decir algo similar, pero es verdad que en este lugar se siente bien, al pertenecer a una gran familia. - dice Minsk. - Por eso, yo también quiero formar parte de esa familia, sin importar que mi esposo provenga de la calle. -
- Yo también quiero que mi esposo seas tú, camarada, sin importar tu pasado. - continúa Gangut. - Además, yo también quiero que todos mis días siempre sean felices a tu lado, mientras tomamos vodka juntos. -
- Camarada. - dice Tashkent. - Tú posees algo que nunca pensé que podría ver en mi vida, y es que tú tienes un gran corazón, tan grande como la misma Unión Soviética. Eres amable, piadoso y con un sentido de la justicia incomparable. Por eso, yo también me enamoré de tí. -
- Comandante. - dice Avrora. - Desde que te ví en el muelle cuando llegué a este lugar, me dí cuenta de que finalmente encontré a mi alma gemela. Una persona con un gran valor, y un corazón de oro. Y tras confirmar que todo lo que has logrado te ha traído hasta aquí, fue razón suficiente para enamorarme de tí. -
Cuando Avrora dijo eso, las chicas se pusieron frente a mí, diciendo al unísono.
- My lyubim tebya, komandir. -
Todos nos dimos un abrazo grupal, y les contesté que yo también las amaba. Quizás, yo acabo de formar mi propia Unión Soviética, al casarme con estas chicas.
