Capítulo 2

Cambio de horizonte


El mantenerlos ocultos era tan importante, que Lee Yee Lang no dijo a nadie a dónde se marchaba cada miembro del Clan. La compra de los boletos de avión ocurrió en tan absoluto secreto, que Fuu Tie no tuvo siquiera la oportunidad de intentar leer la mente de su progenitora, para conocer el destino de sus hermanos, y mucho menos informar a los demás.

Fue tal el secretismo de la matriarca del Clan Lee, que inclusive las fechas de las partidas de cada uno de sus hijos fueron diferentes, con lo que Xiao Lang no tuvo de otra más que escuchar el silencio en el que se habían marchado Xie Fang, Fang Leng y Fei Mei, así como el mar de lágrimas en que Fuu Tie se despidió de Fye D. Flourite.

No era un secreto para nadie que ella lo amaba, a pesar de que su unión era muy poco probable: Fye era miembro de un Clan ya extinto, y en su actual status, su único destino era el servir, con lo que había tenido que renunciar al placer y derecho de formar una familia, pues su existencia estaba reducida a velar por el bien y la seguridad del Clan al cual servía, siendo un imposible el dedicar su vida al bienestar de una esposa y posibles hijos. Por si fuera poco, Fye (al igual que Kurogane) formaba parte de la guardia de la matriarca, y debido a los recientes acontecimientos, ambos estaban destinados a marchar con Xiao Lang, a donde fuese que al nuevo Líder del Clan le hubiese tocado partir.

Yee Lang había mencionado Asia, pero Asia era un continente enorme, con países y culturas bastante diversas, que no ayudaban a reducir las opciones de dónde terminaría escondido el menor de los Lee, aunque podía hacerse una idea: en su juventud, Lee Xiao Lang había aprendido a hablar diferentes idiomas, siendo el japonés, coreano y tailandés varios de ellos. Y así, durante aquellas dos semanas, Lee Xiao Lang no había tenido de otra más que deambular en su habitación, preguntándose en cual de estos países terminaría, y qué clase de lugar sería donde tendría que esconderse, como si fuese un vil criminal.

Y entonces, la última noche del año, ignorando completamente la celebración de año nuevo, Lee Yee Lang dio la instrucción a Xiao Lang de preparar sus maletas, con lo que a la mañana siguiente, con los papeles, documentos y boletos ya listos, sin probar desayuno alguno, sin dar la oportunidad al menor de los Lee de orar una vez más por su padre, de despedirse de su hogar o de desprenderse de sus pertenencias (y sin tener la seguridad de cuándo volvería a verlas), Xiao Lang, su madre y sus dos guardianes, se encontraban dentro de una camioneta negra, siendo llevados al Aeropuerto Internacional de Hong Kong, dispuestos a tomar un vuelo que saldría en menos de cuatro horas.

Todo estaba cambiando tan deprisa.

La camioneta se detuvo en la entrada de la terminal 2, a las nueve quince de la mañana, con lo que Kurogane procedió a abrir la puerta, y todos se apearon; todos menos la matriarca del Clan. Desde su asiento, Lee Yee Lang se limitó a girarse para ver partir al último de sus hijos. Le dirigió una tierna mirada, así como una breve caricia en la mejilla. Una tenue sonrisa. Entonces, con un veloz y discreto movimiento, dio un breve y cariñoso apretón a la mano del joven, y dejó tras de sí aquella estela de amor maternal, así como un par de papeles. Nada más y nada menos que los boletos, y...

-Léelo solo –murmuró sin mover los labios, y con un movimiento de cabeza casi imperceptible, Xiao Lang asintió en señal de entendimiento.

Entonces, la portezuela de la camioneta se cerró, las maletas fueron bajadas a toda velocidad de la cajuela del vehículo, y apenas un par de segundos después, el vehículo arrancó y se perdió entre el tráfico que procedía a regresar a la ciudad. Y así, Kurogane, Fye y el único varón con vida del Clan Lee, no tuvieron de otra más que girarse para mirar a la Terminal 2 del Aeropuerto de Hong Kong.

Xiao Lang miró primeramente a los boletos de avión, y tras leer los nombres escritos en cada uno, le dio los suyos a sus acompañantes, quedándose con el suyo propio, así como aquel otro papel que su madre le había confiado.

Léelo solo, habían sido sus palabras. Indicando a Fye y Kurogane que podían adelantarse a documentar su equipaje, Xiao Lang se rezagó un poco, abriendo lentamente el sobre, extrayendo con calma el papel, y procediendo a leer detenidamente.

Querido Xiao Lang

Decía en la hermosa caligrafía de Lee Yee Lang, con una tinta color verde esmeralda.

No temas por tus hermanas, pues ellas estarán a salvo en diferentes lugares del planeta. Tampoco temas por mí: pese a que ha sido confirmado que la casa no es segura, puedes estar tranquilo, pues yo también tengo sitios dónde esconderme.

Debes saber que el permanecer ocultos es solo la primera parte de lo que se avecina. Si queremos salvar el Clan, no podemos permanecer en las sombras para siempre. Deberemos actuar, pero no de manera precipitada. Después de todo, tal como te he dicho que me fue revelado en mi visión, necesitaremos ayuda ajena al Clan. Para que tú y tus hermanas puedan regresar, eso es lo que deberán de hacer: encuentren a aquella persona que nos ayudará a derrotar a los Reed.

Cuando la encuentren, entonces será momento de reuniros de nueva cuenta en Hong Kong. Hasta entonces, permanecer ocultos, y buscar en las sombras, será la misión de todos nosotros. Para lograr esto, he determinado que lo más prudente será que cambiemos nuestros nombres. Al igual que tus hermanas, he reunido documentación falsa que te ayudará a pasar desapercibido en el lugar que será ahora tu hogar. Tal como indican tus credenciales, se te identificará ahora como Li Syaoran, ciudadano japonés. Haz lo mejor para interpretar tu papel, y no tendrás ningún problema en pasar desapercibido, después de todo, puedes estar seguro que después de tu padre, el siguiente blanco de los Reed, eres tú.

Nuestro Clan es pequeño, pero puedo asegurarte que cuenta con ayuda donde menos te lo esperas. Aun así, como te lo he dicho ya, nuestros enemigos igualmente se han puesto en movimiento, por lo que será prudente que no confíes en nadie. Ni en tu sombra.

Mis oraciones están contigo, Syaoran. Mi visión no me ha asegurado un final feliz, pero ha dejado esta posibilidad en nuestras manos. Estoy segura que podremos conseguirlo.

Con amor,

Mamá.

p.d. destruye la carta apenas termines de leerla. Una vez más, no confíes en nadie. Recuerda que estamos en guerra.

No pudo evitar fruncir el entrecejo. Releyó la carta a toda velocidad, un par de veces más, procurando memorizar gran parte de ella (al menos las partes que parecían más apremiantes) y tras asegurarse de que no se le pasaba nada, arrugó el papel con una mano, hasta formar una bola.

-Kurogane –gruñó mientras miraba al frente. El alto y corpulento hombre que iba un par de metros por delante de él se detuvo, y le dedicó una de sus hoscas miradas, tan características de su ruda personalidad. Desviándose un par de pasos, Xiao Lang se acercó a aquel contenedor de basura que se encontraba a su izquierda, y pidió-: tu dedo.

Del mismo modo, Kurogane se acercó al joven, y sin decir nada, extendió su dedo índice por debajo de la esfera de papel arrugado, que esperaba sobre el contenedor. Entonces, surgiendo de la nada, una débil llama se encendió en la punta del dedo de Kurogane, y combustionó la carta, desapareciendo al haber cumplido con la instrucción. En un par de segundos, la bola de papel se había convertido en ceniza, la cual cayó en silencio dentro de la basura, donde su secreto se perdió para siempre.

Antes de que Syaoran pudiese agradecer a su guardián, Kurogane había ya dado la vuelta y reanudado la caminata rumbo a la documentación, donde Fye se encontraba ya presentando sus papeles.

El siguiente en la fila era Kurogane. Mientras Xiao Lang esperaba detrás de él, y se taladraba mentalmente la nueva pronunciación de su nombre (Syaoran, Syaoran, Syaoran…) no pudo evitar pensar en la carta de su madre. Lee Yee Lang había mencionado que la documentación referente a su nombre y nacimiento había sido alterada, con lo que se apuró a comprobar su boleto de avión: la primera vez que lo había visto, no le había prestado atención (llevaba demasiado tiempo aprendiendo japonés que no se había percatado que su nombre estaba escrito en esa lengua extranjera, y no en chino), pero ahora que lo miraba con detenimiento (así como su pasaporte), pudo comprobar que efectivamente estaba por cruzar los controles de migración con una identidad falsa. Su nombre y nacionalidad habían sido alterados para hacerlo pasar por un japonés ciudadano promedio, que regresaba de sus vacaciones en Hong Kong. Se preguntó si el resto de documentos que llevaba en la maleta también habían sido alterados…

Miró de nueva cuenta a su boleto de avión, preguntándose cuál sería su destino final en el país del sol naciente. Llegarían directamente a Tokio, sin embargo, su itinerario marcaba que la capital japonesa sería únicamente una escala. El destino final: un pueblito del cual nunca había escuchado nombrar, llamado Tomoeda.

Lee Xiao Lang. Lee Xiao Ran. Lee Syaoran. Li Syaoran. La verdad es que el cambio en su nombre no era demasiado notorio. Pensó en ello desde que entregó su documentación en el kiosko de migración, hasta que se encontró sentado en su asiento (numerado como el 33A) y mientras miraba por la ventana, esperando a que el resto de los pasajeros subiesen. Lee Xiao Lang. Li Syaoran. El cambio en su nombre correspondía más bien a la manera en que los japoneses intentarían el pronunciar su nombre chino. El joven Lee no pudo evitar fruncir el entrecejo al pensar en ello. Era demasiado fácil. Así como también era demasiado confuso el hecho de que su destino fuese un país tan cercano. Después de todo, el vuelo entre Hong Kong y Tokio no duraba más de cuatro horas.

No pudo evitar preguntarse qué era lo que su madre se encontraba planeando.

¿El esconderlo a simple vista era una manera de distraer a los Reed? ¿Pensarían ellos que estaría oculto en la distante Yemen, en las olvidadas Islas Maldivas, o en el lejano sur de Indonesia, y no mirarían siquiera al vecino Japón?

Otra parte de sí, había llegado a la conclusión de que la cercanía se debía a que, en caso de que su madre necesitase de su ayuda, él pudiese acudir inmediatamente a su auxilio. Aquel pensamiento sólo lo hizo estremecer: no podía imaginarse el peligro en el que su madre pudiese verse expuesta como para necesitar que su único hijo varón fuese a su rescate. Después de todo, Lee Yee Lang no era ninguna mujer débil. No tenía la necesidad de aprender a usar un arma (debido a sus poderes mágicos) y, aun así, sabía perfectamente como empuñar una katana.

Aproximadamente veinticinco minutos después de encontrarse sentado cómodamente en su asiento, las puertas del avión fueron finalmente cerradas, y mientras las azafatas realizaban la rutinaria muestra de seguridad (a la cual casi ningún pasajero prestó atención), Syaoran continuó repasando lo escrito en la carta de su madre, intentando recordar todo lo que había sido dicho allí.

Su madre había dicho que él y sus hermanas estarían escondidas en diferentes zonas del planeta. A Syaoran, la primera vez que su destino le había sido anunciado, se le había presentado bajo el nombre de Asia, lo cual solo lo llevó a suponer que esta había sido una sutil e inteligente manera de su madre de referirse a los cinco continentes que existían en el mundo. ¿Era ésta una manera en que Yee Lang le dejaba saber a su único hijo, que sus hermanas se encontraban escondidas en Oceanía, África, Europa y América?

No pudo hacer más que suponer que sí. Aunque no tenía ni la menor idea de cuál de sus hermanas se encontraba en cada uno de los continentes, y mucho menos de saber el país o poblado en el cual se ocultarían, suponía que el tener aquella información era un gran avance.

Durante el vuelo, no hizo más que seguir pensando en la carta. Yee Lang había mencionado (y recordó que inclusive su madre lo había dicho antes, en la oficina de su padre) que había alguien ajeno al Clan que los ayudaría. Era cierto que las visiones de su madre nunca revelaban el desenlace, como si supiesen que el destino pudiese ser alterado por las acciones del presente, pero proporcionaban la suficiente información para moverse de manera inteligente y ordenada, permitiendo la posibilidad de alterar aquel destino no escrito.

Sin embargo, en esta ocasión, la instrucción de su madre había sido simplemente el "ir y buscar" a aquella persona que los ayudaría. No pudo evitar preguntarse si aquella persona sabía que el Clan Lee iría en su búsqueda. Y tanto si lo supiese o no, ¿estaría aquel individuo dispuesto a ayudarlos? En caso de que la respuesta fuese negativa, ¿tendrían que forzar a aquella persona a regresar a Hong Kong con el resto del Clan? Y lo más importante, ¿quién sería la persona que la encontraría? ¿Cómo podrían saber los demás miembros del Clan que la ayuda había sido encontrada, y era ya el momento de volver a casa?

Tres horas y media después, la voz de una de las azafatas anunció que estaban próximos a aterrizar. Mientras el avión descendía sobre Tokio, y se preparaba para el aterrizaje en el aeropuerto de la capital nipona, Syaoran no pudo evitar pensar en la última parte de la carta de su madre.

Lee Yee Lang le había dicho que no confiase en nadie. Se preguntó si realmente debía tomar su significado de manera literal. ¿Era aquello sinónimo de que no podía confiar tampoco en Fye y Kurogane, pese a que había sido su propia madre quien los había encomendado a cuidarlo durante su ausencia? A Syaoran aquello le parecía imposible: ambos habían cuidado del Clan desde que tenía uso de razón; habían servido a los Lee inclusive antes de que él naciera.

¿O todas aquellas palabras eran una forma de protegerse de los ojos chismosos? ¿A caso Lee Yee Lang sabía que habría espías en el aeropuerto, y se indicaban pistas erróneas para confundir a los Reed que pudiesen haber leído también aquella carta?

Respiró de manera agitada. Se estaba volviendo paranoico.

Mientras descendían, pudo admirar parte de la ciudad, y un nuevo pensamiento llegó a su mente: su madre le había dicho que tenían ayuda donde menos la esperaban. ¿Era una forma de decir que siempre sí podría confiar en alguien aparte de sí mismo?

Y su expresión de decir que se encontraban en guerra…

Aquella era la única parte de las palabras de su madre que no le producían duda ni paranoia. Al contrario, le daban un sentido a todos los cambios que se habían ocurrido en aquellas últimas semanas. La muerte de su padre, el ataque de los Reed, la amenaza de destruir al Clan Lee

No quedaba duda de que su padre había sido el primero en caer. Muy probablemente el siguiente fuese él. ¿Estaría preparado? Pensó en el par de pistolas que llevaba escondidas en la maleta (con la mejor tecnología, para no ser detectadas por los rayos X de la seguridad del aeropuerto), y supo que estaría dispuesto a usarlas para protegerse a sí mismo, y a los suyos.

Aunque su madre y sus hermanas no estuviesen en peligro, el haber asesinado a su padre… aquello era motivo suficiente para que Lee Xiao Lang estuviese dispuesto a buscar venganza.


Hola a todxs!

Este capi sigue siendo como una introducción al contexto en que se desarrolla la historia (?

Espero y ciertos detalles (como la mención de habilidades mágicas, las armas y la pelea entre clanes) quede un poco aclarada, para que no les tome por sorpresa el desarrollo en capítulo siguientes (?

Personajes propios de Card Captor Sakura van a aparecer a partir de los siguientes capítulos, así que si consideran postee la historia en la etiqueta equivocada, podemos discutirlo y nos regresamos a CCS (?

En fin, espero hayan tenido un bonito fin de semana, y esta semana los esté tratando bien (? Una vez más, reviews, follow y favorites son bien recibidos, ya saben que no muerdo C:

Con amor,

Ribo~