Capítulo 3

Nueva identidad


El reloj ubicado en aquel pasillo de la terminal 1 del Aeropuerto Internacional de Tokio, indicaba que eran las 4:10 de la tarde. El trío se dirigió a la parada obligada en los escritorios de migración, donde sus papeles fueron examinados tal cual había ocurrido en Hong Kong. Una vez más, la falsa identidad de Syaoran no tuvo problema alguno en engañar al guardia, y tras un saludo en japonés (al cual Xiao Lang respondió del mismo modo), el líder del Clan Lee y sus dos guardianes procedieron a esperar su siguiente vuelo en la sala de espera número 42.

Tuvieron el tiempo suficiente para parar a comer algo (no habían siquiera desayunado, después de todo), y después de dos horas con catorce minutos, procedieron a abordar su siguiente vuelo.

El viaje se ocurrió en total calma. Una vez más Syaoran se encontró sentado junto a la ventana, con lo que comenzó a cuestionarse si debería de solicitar la ayuda de Kurogane y Fye para encontrar a la persona que ayudaría al Clan, o aquello era una tarea encomendada únicamente para él.

Aterrizaron en Tomoeda cuarenta y tres minutos más tarde, y tras dieciocho minutos de espera antes de poder bajar del avión, procedieron a esperar otros veintidós minutos por las maletas, con lo que finalmente salieron de los controles de seguridad, y de la diminuta terminal única del aeropuerto de Tomoeda, hasta el exterior, cuando el reloj dio las 8:34 de la noche.

Era el primero de enero. Estaba oscuro, un viento frío les golpeaba el rostro, y se encontraban completamente solos en un país desconocido. Syaoran suspiró con pesar, con lo que una bocanada de aire helado escapó de sus labios, en compañía de aquel vapor que ascendió hasta desaparecer.

-¿Y ahora qué? -no pudo evitar preguntar el líder del Clan Lee.

-El Clan cuenta con ayuda donde menos se espera - Fye se apuró a responder, con su suave y delicada voz, capaz de sanar heridas del alma-. Estaremos bien -agregó al tiempo que sonreía.

A la distancia, se escuchó una alegre voz femenina exclamar:

-¡Syaoran!

El líder del Clan se apuró a mirar a su alrededor, y buscar aquella fémina que parecía conocerlo.

La encontró casi al instante.

Se trataba de una muchacha que parecía rondar los veinticinco. Era alta y delgada, de largo cabello negro que en aquel momento se encontraba sujeto en dos coletas. Brincó un par de veces, estirando el brazo en alto, y emprendió la carrera para acercarse al trío de extranjeros. Ahora que se encontraba más próxima al iluminado interior de la terminal única que se encontraba detrás de los recién llegados, los tres hombres pudieron comprobar que la muchacha tenía los ojos castaños rojizos, y una piel morena, muy parecida a la del joven Lee.

Había en ella un aire familiar.

Debido al frío, la joven vestía una abultada gabardina negra, así como una camisa blanca de cuello de tortuga, y medias gruesas de lana, siendo estas de color gris, y combinando con sus botas, con las cuales patinó frente al trío, y tras aventarse a los brazos del muchacho, volvió a decir alegremente:

-¡Syaoran, no puedo creer que seas tú!

Y entonces, aquel recuerdo finalmente hizo click en la mente del joven, con lo que tras responder (torpemente) al abrazo, preguntó:

-¿Meing… Lee Meing Ling? -pero se corrigió al instante-. Meilin.

La joven no pudo evitar chillar de felicidad.

Lee Meing Ling era la única prima que Lee Xiao Lang tenía. La joven, al igual que él, también había nacido y vivido en Hong Kong. A decir verdad, ella y Xiao Lang habían sido muy cercanos hacía veinte años, en sus primeros años de niñez, hasta que él cumplió los ocho y ella cinco, y tuvieron que separarse. La causa: la muerte del padre de Meing Ling, debido a las peleas entre los tres clanes que intentaban reclamar el control de la ciudad. Debido a esto, la madre de la joven había decidido que lo mejor para su única hija sería criarla lejos de aquel conflicto, y con la bendición de su hermana Yee Lang, ambas renunciaron a sus lazos con el Clan, jurando el nunca usar su magia nuevamente, y se marcharon para llevar una vida tranquila en Japón.

La despedida no había sido hostil, ni tampoco fría, pero debido al status del Clan, y a que ellas ya no formaban parte de la vida y costumbres de éste, era preferible que la comunicación muriese, y así, Xiao Lang, al igual que sus hermanas y sus padres, no volvieron a saber nada de su prima y su tía. Hasta ahora.

-Yelán me dijo que vendrías –exclamó la joven en un acento cien por ciento japonés, al tiempo que miraba de reojo al sonriente Fye y al hosco Kurogane-. Vendrían -se apuró a corregirse-. ¿Puedes creer que se quedarán conmigo?

Y les sonrió al tiempo que volvía a deshacerse en brinquitos.

-¿En serio? -preguntó Syaoran, y sin saber qué decir, solo se le ocurrió agregar-: ¿Cómo está tu madre?

Los brinquitos de Meilin se detuvieron, y su rostro perdió aquella amplia sonrisa. Adoptó una expresión melancólica que le duró apenas un par de segundos, antes de volver a sonreír, y como si nada hubiese pasado, respondió:

-Murió hace un par de años -explicó velozmente, como si intentase quitarle seriedad al asunto-. Llevo todo este tiempo viviendo sola. Fue complicado al principio, pero ya me he acostumbrado. Aunque ahora todo va a ser mucho más fácil con ustedes ayudando en el departamento -y reanudó con los brinquitos-. Hablando del departamento, ¿están listos para ir? Seguro que sí, pues deben estar muy cansados. Vamos, es muy bonito, y estoy segura les gustará.

Sin saber que responder ante las palabras de Meilin, el trío asintió, con lo que la joven se apuró a dar media vuelta y acercarse al borde de la banqueta.

-¡Taxi! -exclamó alegremente, con lo que casi al instante, un taxi se detuvo frente a ella.

Fye y Kurogane subieron las maletas, y cuando los cuatro estuvieron ya dentro del vehículo, este se puso en movimiento.

Fue un viaje corto, apenas diez minutos, en los cuales para aligerar la tensión que se había acumulado en los hombros de Syaoran al preguntar por su tía, decidió preguntar esta vez por la vida de su prima. Así, Meilin les contó (con esa personalidad radiante que parecía ya caracterizarla) que se encontraba estudiando su último año en la Universidad (Lenguas Asiáticas), al tiempo que trabajaba de medio tiempo en una librería ubicada en el centro de la ciudad.

-El vecindario es muy bonito, y los vecinos muy amables -dijo la chica, al tiempo que el taxi recorría una calle adoquinada, con un camellón central lleno de árboles, los cuales en aquel momento (debido al invierno) se encontraban completamente desprovistos de forraje, y solo produjeron la curiosidad en Syaoran de saber qué brotes florecerían de ellos al llegar la primavera, la cual se ocurriría en un par de meses.

-¡Hemos llegado! -anunció Meilin, al tiempo que el taxi se detenía, y con ello, la joven procedía a señalar al edificio que los esperaba al otro lado de la banqueta. Se trataba de un edificio de ocho pisos, con una serie de locales ubicados en la planta baja. La mayoría de ellos estaban ya cerrados (era tarde, después de todo), pero había una tienda de conveniencia justo en la esquina, cuyas luces encendidas dejaban ver que se trataba de un local abierto las 24/7.

El grupo, incluido el taxista, se apearon del vehículo, y entre los cuatro hombres (mientras Meilin buscaba dinero en su monedero), se las arreglaron para bajar las maletas. Cuando ya no quedó nada en la cajuela y tras ser cerrada con firmeza por Kurogane, la joven pagó el viaje al taxista, y este se despidió con una sonrisa.

Unos instantes después, mientras los tres hombres arrastraban sus maletas, Meilin se encontraba ya guiándolos por el recibidor de los departamentos, donde tras un corto viaje en el elevador, llegaron al cuarto piso, donde la joven se apuró a abrir la puerta indicada con el número 404.

Syaoran no pudo evitar reír por lo bajo. En lenguaje computacional (una de las materias optativas que había tomado en la Universidad, en su carrera de Ingeniería Matemática), 404 correspondía al error "not found", lo cual lo llevó a sentir que les quedaba de perlas, ya que se suponía que él y sus guardianes habían acudido a Japón a esconderse… Efectivamente, para no ser encontrados.

-Bienvenidos a casa -anunció Meilin, al tiempo que encendía la luz. El trío entró detrás de ella, y tras cerrar Fye la puerta, los tres admiraron el espacioso lugar. Si había alguna duda sobre si cabrían los cuatro bajo un mismo techo, esta había quedado aclarada.

Había espacio de sobra.

Era cierto que Fye y Kurogane deberían compartir habitación (Meilin les había explicado, al tiempo que les daba un pequeño tour por el departamento), pero fuera de ello, Syaoran podría disponer de su propia habitación, así como ella de la suya. También era cierto que los tres varones deberían compartir baño (Meilin podría conservar el suyo propio), pero había un medio baño justo junto a la entrada del departamento, lo cual los salvaría en caso de que ocupasen pasar a hacer sus necesidades, o lavarse los dientes, mientras algún otro se estuviese bañando.

Aparte de las habitaciones (que habían podido comprobar eran amplias, e inclusive todas tenían un pequeño balcón), la cocina era lo suficientemente grande como para que tres de ellos se pudiesen mover dentro de ella sin golpearse (en caso de que necesitasen ayudar entre varios a preparar la cena, o los almuerzos), contaban también con un comedor amplio, y una sala acogedora. Inclusive el área de lavado era espaciosa y fresca.

-El lugar nos quedaba grande cuando vivía con mamá -dijo Meilin, tumbada en el sillón de tres plazas, mientras sus nuevos roomies se dirigían a sus habitaciones a dejar sus maletas-. Aún más enorme cuando vivía sola -alzó un poco la voz para hacerse escuchar, cosa que en realidad no había resultado necesaria, pues los tres hombres habían ya regresado a la estancia, y la miraban, de pie junto al comedor-. Pensé en conseguir un perro, pero no tengo tiempo para sacarlo a pasear… -continuó la muchacha con su relato, al tiempo que miraba al techo y extendía por delante de ella sus brazos, jugando a hacer estiramientos-. Aunque quizá ahora que estaremos juntos podamos turnarnos el cuidarlo, ¡será divertido!

Acostada donde estaba (e incapaz de ver la expresión que Syaoran y Kurogane compartieron, y que indican claramente que a ninguno de ellos les interesaba el tener un perro), la joven se apuró a bajar los brazos y tomar su celular, de la mesita de café.

-Deben tener hambre después del largo día que han tenido. ¿Les apetece que pida una pizza?

La pizza llegó diecisiete minutos después. El trío de extranjeros no pudo evitar sorprenderse por la velocidad de respuesta de la comida rápida en Japón, con lo que Meilin tuvo que explicarles que prácticamente vivían en el centro de la ciudad, y todo estaba relativamente cerca. Aprovechando la caja vacía de la pizza (y una pluma que había quedado olvidada en la mesa, cuando había limpiado a toda velocidad sus útiles escolares, producto de una tarea no terminada), la joven se apuró a dibujarles un simple croquis, con lo que los jóvenes prontamente ubicaron el supermercado, el parque, un centro comercial y la Universidad de la muchacha, entre otros puntos de interés, como un par de escuelas, el acuario, el cine y la biblioteca.

Se encontraban recogiendo las sobras de orilla de pizza que Fye se había negado a comer, cuando la conversación se desvió a determinar cómo convivirían en el día a día mientras viviesen los cuatro en el departamento.

-Van a tener que ayudarme con los quehaceres –había dicho Meilin.

Parecía ser que mientras ayudaran a lavar los platos y la ropa, ella estaba dispuesta a perdonarles el alquiler, pero había sido Fye quien había dicho que precisaban de empleos para poder ayudar a pagar las cuentas, y no les vendría mal disponer de algo de efectivo que fuese propiamente suyo.

Era cierto que ninguno de los tres había trabajado nunca (Syaoran se había graduado de la Universidad, pero nunca había ejercido, Fye había vivido una vida similar a la de Syaoran, hasta que su Clan había desaparecido, y ahora él y Kurogane, quien se había dedicado a ello toda su vida, se limitaban a servir a los deseos de los Lee), pero se apuraron a describir sus cualidades más importantes: Syaoran era inteligente, especialmente en razonamiento lógico matemático, Fye era excelente cocinero, y Kurogane poseía una fuerza bruta bastante considerable.

Así, aprovechando el croquis de la caja de pizza, Meilin les indicó ciertos locales alrededor del pueblo donde podían dejar sus solicitudes, así como diversos tablones de anuncios en donde también podrían encontrar así fuese algún empleo de medio tiempo, por si no contaban con tanta suerte. Los muchachos asintieron a todo, y aseguraron que, al día siguiente, a primera hora, se pondrían en marcha para buscar un empleo con qué ocupar sus días mientras durase su estancia en Japón, y así, después de repartirse de la manera más equitativa las tareas del hogar, finalmente se dijeron buenas noches, y cada uno se dirigió a descansar.


Holi~~

Les dejo el comentario de hoy un poco corto y apurado ya que ando super ocupada con el trabajo y no dispongo de mucho tiempo (?

Este capi es un poco de relleno, para que vayamos viendo como la vida de Syaoran va a cambiar (aunque en realidad no hubo mucha oportunidad de ver como vivía antes cuando tenía todo a sus pies), la verdad es que a partir de aquí esto va parecer más un slash of life, espero no se aburran (?

Por otra parte, aquí aparece el primero de varios personajes que nada que ver con TRC sino que pertenece a CCS. Como les dije aparecerán unos cuantos más, más adelante, por lo que quizá si uds. consideran ellos tienen más peso en la trama que Fye y Kuro, probablemente mueva la historia para allá.

Como siempre, quedo al pendiente de sus follow y favorite, así como sus reviews. Un abrazo, y nos vemos el sábado C:

Ribo~