Capítulo 4

Ciudadano promedio


Aquella mañana, tras recibir cada uno un celular de gama baja (lo suficiente para mensajear o llamar en caso de urgencia), el trío de extranjeros se despidió de Meilin en la puerta del departamento (y prometían que, si se perdían, le llamarían inmediatamente), con lo que aquella cacería de empleos dio inicio. Repasando aquellas habilidades en las que eran buenos, Fye había decidido darse una vuelta por el centro comercial, donde planeaba buscar trabajo en todos y cada uno de los restaurantes de la zona, así fuese de lavaplatos. Kurogane, aprovechando su estamina, decidió probar suerte en la alejada central de abastos, donde estaba seguro que podría soportar las largas jornadas de acarreo de cualquier mercancía que le pusieran enfrente.

Syaoran, por su parte, vistiendo de manera relativamente elegante (una camisa blanca y traje negro, saco incluido) se dirigió a las oficinas de gobierno local, donde esperaba obtener ayuda en las oficinas de búsqueda de empleo. Una alegre trabajadora social lo atendió apenas veinte minutos después de llegar, y tras aplicar un breve examen de aptitudes, y un cuestionario de habilidades, le desplegó una lista de posibles empleos que los que el "ciudadano japonés Li Syaoran" podría estar interesado.

Tomando todas las opciones, Syaoran agradeció el apoyo, y procedió con el siguiente paso de su búsqueda. La lista de opciones eran solo tres: profesor suplente de matemáticas a nivel preparatoria, ayudante de contabilidad en un despacho de abogados, o calculista en una compañía de seguros. Dispuesto a no perder ni una oportunidad por considerarla inferior, el joven leyó la dirección de la primera opción, y preguntando un par de veces a los peatones con quienes se cruzaban en su andar, finalmente llegó a la Preparatoria Seijo.

Había sido una fortuna que entre sus papeles falsificados (los cuales llevaba dentro del maletín) llevase una copia de su título Universitario. Para mentir una vez más haciéndolo pasar como ciudadano japonés, el título no mencionaba para nada la Universidad de Hong Kong (su alma máter), sino que lo presentaba como alumni de la Universidad de Tokio. Fuera de ello (y obviamente la escritura de su nombre), se confirmaba su título de Contador Público, así como su titulación automática por promedio, siendo el alumno de mención honorífica de su generación.

Se presentó frente a la secretaria, anunciando su interés por el puesto de profesor suplente de matemáticas, y mientras esperaba a que el evaluador lo llamase, se preguntó si correría algún riesgo si a los administrativos de la preparatoria se les ocurriese buscar su nombre en la base de datos de la Universidad de Tokio, y descubriesen que en la generación del 2015 nunca había puesto un pie en dichas aulas un tal:

-Li Syaoran –dijo la secretaria, sentándose detrás de su escritorio-. Puede pasar.

Con un ademán, le indicó una de las puertas que se encontraban detrás de ella, y cuya placa la identificaba como la oficina de la consejera escolar.

-Gracias –musitó Syaoran, y tras levantarse de su asiento, le dirigió una corta reverencia, y se apresuró a entrar a la oficina.

Efectivamente, el evaluador resultó ser la consejera del colegio. Una mujer bajita y regordeta, con cabello corto y castaño (igual que sus ojos) sujeto en una trenza, que se presentó como Mihara Chiharu.

El primer pensamiento de Syaoran es que para ser consejera escolar era necesario tener un doctorado en chismes y cotilleos. Mihara inició la "entrevista" explicando de manera detallada como la antigua profesora de matemáticas había quedado embarazada de su novio, y debido a la presión social de los padres de ella, era que la joven pareja había decidido casarse, teniendo ella que dejar su plaza para dedicarse al 100% a la familia que acababa de formar. Prácticamente le compartió todos los datos personales de la feliz pareja: ella, Sasaki Rika, era la única hija del dueño de los supermercados de la ciudad, y él, Yoshiyuki Terada, era el contador de una de las mejores agencias de automóviles de Tomoeda; ella era bajita y tierna, mientras que él era alto y gallardo, y por si fuese poco, se llevaban una diferencia de edad de aproximadamente ocho años. Se habían conocido cuando el padre de Rika la había llevado a rastras a comprar un vehículo pues al señor Sasaki no le agradaba la idea de que su hija usase el metro; habían tenido un noviazgo de aproximadamente dos años antes de que Rika descubriese que se encontraba esperando un bebé, teniendo ahora casi siete meses de embarazo… e iban a tener un varón.

-Veo que está muy bien calificado para los temas que se cubren a nivel preparatoria, señor Li –dijo una sonriente Mihara, cosa que aturdió a Syaoran, pues su cerebro se había quedado ligeramente bloqueado por el exceso de información que acababa de recibir-. Sin embargo, veo igualmente que nunca ha trabajado… ¿Tiene alguna experiencia en cuidar grupos de 20 a 25 adolescentes revoltosos?

Syaoran tuvo que negar.

-Es cierto que nunca me he dedicado a la docencia –fue su sincera respuesta-. Pero fui presidente de la sociedad de alumnos durante mis cuatro años de carrera. Supongo que siendo los universitarios en grupos de 30 a 40 suponen un mayor reto, por lo que confío en mis habilidades de controlar e instruir a estudiantes de preparatoria.

Mihara no tuvo de otra más que reír a mandíbula suelta.

-Es usted muy gracioso Li –dijo sonriente, mientras se limpiaba un par de lágrimas que colgaban de sus pestañas-. Mire, haremos esto –agregó, poniéndose ligeramente seria de repente-: el puesto es para un profesor sustituto. Seis meses, de aquí a que termina el ciclo escolar. Le daré el empleo, pues la verdad no hemos tenido muchos aplicantes (es decir, todos quieren la plaza al 100%), y de los que se han presentado, usted es el más preparado… A lo que voy es que, si vemos que sus habilidades de profesorado son igualmente buenas que lo que indica su kardex estudiantil, quizá se le pueda ofrecer la plaza que sigue vacante. ¿Le parece bien?

Syaoran no pudo evitar sonreírle, completamente agradecido por la oportunidad.

Lo que más le preocupaba era que le aceptasen los papeles sin reparo. Sin embargo, tras un par de bromas más con Mihara, Syaoran entregó una copia de sus papeles (título, identificación, seguro social y cartilla médica), y finalmente firmó el contrato por profesor sustituto. Y así, cuando el reloj indicaba que faltaban aproximadamente quince minutos para las dos de la tarde, él ya se encontraba libre de aquella búsqueda de empleo, pero ahora con la prisa de regresar al departamento para revisar la papelería que la consejera escolar le había proporcionado.

Mientras caminaba de regreso a casa, no pudo evitar pensar que las cosas habían salido de maravilla. Había cumplido su objetivo al primer intento (y no se había perdido pese a no conocer el pueblo) y ahora, mientras cruzaba el parque que se encontraba a escasas tres cuadras del departamento (escuchó que los locales lo llamaban "Parque Pingüino"), se preguntó a sí mismo si aquella suerte que parecía tener aquel día podría ayudarle a encontrar a la persona que se suponía ayudaría a su Clan…

-¡Ay!

-¡Discúlpame! –dijo a toda velocidad, visiblemente avergonzado.

Se encontraba pensando en sus ensoñaciones, que no se dio cuenta que, en aquel caminito de ladrillo rojo, y caminando delante de él, pero a un ritmo mucho más lento, se encontraban un par de adolescentes que parecían disfrutar de una tarde de bromas y chocolate caliente, hasta que golpeó a aquella joven en el brazo.

Con la que había tropezado era una muchacha de al parecer dieciocho años. De estatura promedio y delgada, con un corto cabello castaño, clavó sus ojos verdes en los castaños del joven, y lo miró casi sin parpadear. A su lado, una joven de al parecer su misma edad, un poco más alta, de largo cabello negro y ojos violeta (amiga de la primera, pues iban sujetas del brazo) lo miró también, aunque ligeramente menos estupefacta.

-De verdad, una disculpa –repitió Syaoran, al tiempo que les ofrecía una reverencia a ambas.

La de cabello negro respondió educadamente del mismo modo, mientras que la primera parecía apenas ser capaz de respirar. Considerando que debía apurarse a regresar al departamento a cumplir con sus labores del hogar, se despidió una vez más de las muchachas y continuó con su camino.

Y entonces, detrás de él, escuchó chillar a la de ojos verdes:

-¡¿Viste lo guapo que era?!


Al final, la distribución de las actividades quedó de la siguiente manera: Syaoran era el encargado de pagar todas las facturas y realizar la compra del mandado, dos veces a la semana, Fye era el encargado de las comidas (incluidos los almuerzos y la cena), con la ayuda de Meilin para limpiar los platos (y también lavar la ropa), mientras que Kurogane era el encargado de la limpieza general del departamento (barrer y trapear, así como sacudir y sacar la basura).

Aprovechando que se encontraba de vacaciones, y había una tienda de baratijas en la plaza que había debajo de los departamentos, Meilin había bajado aquella mañana a comprar una pizarra para apuntar aquellas actividades, en forma de tablón de anuncios.

Así, cuando Syaoran regresó al departamento, se sorprendió de ver que, según el programa, debía comprar el mandado al día siguiente.

-Ya llegué –dijo mientras se quitaba los zapatos, y continuaba mirando el tablón. Al parecer (supuso lo había escrito Meilin) la cena de aquella noche consistiría en guarnición y croquetas de pulpo.

Se quitó también el saco (después de todo, el departamento tenía la calefacción encendida, y allí dentro se estaba bien, a comparación del frío exterior que les recordaba estaban en pleno invierno), y aprovechó para enrollarse las largas mangas de su camisa.

-¡Bienvenido a casa! –dijo una alegre Meilin, al tiempo que su cabeza surgía del otro lado del sillón.

Parecía ser que acostarse en el sillón de tres plazas (y ver la televisión) era una de sus actividades favoritas.

-¿Cómo te ha ido? –preguntó su prima, mientras el joven se acercaba para sentarse junto a ella, pero se detenía al instante al ver a la joven.

Era cierto que la calefacción estaba encendida, pero la muchacha se encontraba vestida como si estuviese atravesando el verano más caluroso en toda la historia de Japón: una camisa de tirantes y un short bastante corto eran su vestimenta de aquella tarde.

-¿Qué? –exclamó la universitaria, al notar como su primo la miraba: el entrecejo fruncido, digno de un padre que considera que su hija está vistiendo "demasiado ligera de ropa".

-Deberías cambiarte –fue la respuesta del joven.

-¿Qué tiene de malo? -arremetió ella, mirando sus piernas.

-Vives ahora con tres hombres -fue la respuesta de Syaoran-. Los vecinos pueden pensar mal.

Meilin se limitó a bufar por lo bajo, al tiempo que ponía los ojos en blanco.

-Que digan lo que quieran. Son viejas chismosas y eso nunca se les va a quitar, no importa cómo me vista yo, o como se vistan ustedes. ¡Ah, pero te preguntaba! -y nuevamente regresó a su sonriente personalidad-. ¿Qué tal te ha ido?

Admitiendo la derrota, a Syaoran no le quedó de otra más que sentarse en el otro extremo del sillón. Entonces, como si la conversación que acababa de sucederse nunca hubiese ocurrido, Meilin volvió a acostarse en el sillón de tres plazas, y como si Syaoran no estuviese sentado del otro lado, dejó caer sus piernas y sus pies, sobre él.

-¿Qué rayos…? –no pudo evitar susurrar el joven. Y es que, en definitiva, la existencia de roomies en su departamento no iba a interrumpir las costumbres de Lee Meing Ling.

Resignándose a admitir que discutir con su prima parecía ser una batalla perdida, Syaoran se limitó a subir los pies en la mesita (para soportar mejor el peso de las piernas de Meilin), y prefirió concentrarse en responder a la pregunta formulada:

-Ha ido bien. Oficialmente soy el profesor sustituto de matemáticas de la preparatoria Seijou.

-¡¿Lo dices en serio?! –brincó Meilin a toda velocidad, quedando de pie-. ¡Eso es maravilloso! ¡Seijou es la mejor preparatoria de todo Tomoeda! ¡Yo estudié allí, y déjame decirte que mi profesor era un maldito ogro! Fue por su culpa que decidí no estudiar en la Universidad algo que tuviese matemáticas en el programa… -fingió que le daban arcadas.

-¿Fue por eso que te decidiste por idiomas?

-Bueno, no… -dijo pensativa, al tiempo que volvía a sentarse en el sillón-. Lo hice porque sabes que mi habilidad mágica especial es poder hablar y leer cualquier idioma, aún sin haberlo estudiado antes. Obtener ese título será pan comido.

-¿No se suponía habías jurado no volver a utilizar tus habilidades mágicas, cuando tú y tu madre renunciaron a formar parte del Clan? -gruñó Syaoran.

-Bueno, no lo uso todo el tiempo, solo en temporada de exámenes...

-Entonces, ¿cómo vas con la tarea?

Meilin le dirigió un puchero.

-¡Son vacaciones!

Syaoran no pudo evitar soltar una carcajada.


Meilin no había retomado la tarea que tenía pendiente, por lo que Syaoran había aprovechado el reclamar para sí todo el espacio, con lo que la mesa del comedor se encontraba llena de aquella papelería que la consejera escolar le había dado: programas anuales, semestrales y trimestrales de los tres grados que impartiría, la lista de nombres y calificaciones de dichos cursos que se convertirían en "su clase", un par de croquis de las instalaciones de la preparatoria, y un programa anual de las actividades extracurriculares (así como festivales) que se llevaban a lo largo de lo que quedaba del año.

Llevaba ya un par de horas estudiando la información, y trabajando en ella, estando en aquel momento revisando sus horarios para lo que sería el siguiente trimestre, cuando se escuchó como la puerta del departamento se abría.

-¡Hemos llegado! –se anunció un alegre Fye, quien venía en compañía de Kurogane.

-Bienvenidos –dijo Syaoran, alzando la vista de sus programaciones.

-¿Qué tal ha ido la búsqueda de empleo? –preguntó Meilin, cuya cabeza surgió desde el otro lado del sillón.

-Un éxito –dijo Fye, sonriente, dirigiéndose a la cocina a tomar un poco de agua-. Tengo un diplomado (falso obviamente) de un curso de repostería francesa, llevado a cabo en la mismísima Paris, y tras realizar un simple tiramisú (ya sabes, mi receta favorita), me ha contratado un restaurante de repostería francesa. Magnifique.

-¿Y Kurogane? –preguntó Syaoran, mientras veía al hombre dirigirle aquella misma mirada que él le había dirigido a Meilin, pero igualmente sin decir nada, se dejaba caer al otro lado del sillón.

-Siempre se necesitan empacadores en la central de abastos –fue su respuesta-. Nunca te faltará fruta y verdura si lo necesitas, Fye –agregó.

Magnifique! –repitió el rubio.

Y para celebrar, Fye comenzó con la preparación de la cena.


Holi a todos, muy probablemente ya los tenga mareados con el tema de cambiar el fic a la etiqueta de CCS, pero creo que ya por fin me decidí (? El cambio lo estaré haciendo en los próximos días (porque la verdad no tengo ni idea de cómo se hace así que básicamente voy a experimentar).

En este capi apenas y se menciona, pero creo ya pueden suponer quienes son las dos chicas que aparecen aquí~ Como les dije anteriormente, los siguientes capis parecerán sacados de un slice of life, pero les juro que por debajo de todo, seguimos buscando a "esa persona".

Sin más me despido, pero les recuerdo que los follow y favorite son super bien recibidos, mismo caso los reviews.

Un abrazo, y nos estamos leyendo

Ribo~