Capítulo 5

Una vida en Tomoeda


Técnicamente Tomoeda era una ciudad pequeña, pero los locales aún se referían a ella como un pueblo. Para ellos, la idea de llamarla ciudad sonaba a algo demasiado grande, industrializado y moderno, y todos coincidían en que Tomoeda no cumplía para nada con ninguna de esas características típicas de las grandes urbes. Si, por el contrario, les preguntaban por qué Tomoeda era un pueblo, la respuesta era sencilla. En los pueblos todos se conocen, y en Tomoeda pasaba exactamente aquello: básicamente todos se conocían entre todos, chismes incluidos.

Fue por eso que Sakura no podía evitar dejar de pensar en aquel hombre con el cual había chocado aquella tarde en el Parque Pingüino. Nunca en su vida lo había visto, y no pudo evitar preguntarse quién sería, y que hacía allí en Tomoeda. Si bien era cierto que su rostro la había dejado hipnotizada (se había casi aprendido de memoria su cabello castaño, ojos del mismo color y piel morena), después del pellizco que Tomoyo, su mejor amiga (y prima segunda), le había dado en la mejilla, pudo mirar al hombre por completo: vestía considerablemente elegante, un traje parecido al que solo le había visto usar una vez a su hermano mayor, Touya, cuando se había graduado de la Universidad. Aquello solo podía significar una cosa: el hombre con el cual había chocado era ya un trabajador, uno de esos que se relacionaban con oficinas de cientos de cubículos de tres por tres metros, en altos rascacielos de (no había otra respuesta lógica): Tokio. ¿A caso el hombre era un capitalino que se había cansado de la vida en la ciudad, y acababa de mudarse al tranquilo y pequeño pueblo de Tomoeda?

La verdad es que no podía sacárselo de la cabeza, y lo peor es que aquello no le parecía algo extraño u obsesivo de su parte. A sus ojos, y con su mente inocente (pese a estar a escasos meses de cumplir los dieciocho) era simple curiosidad. Tomoyo había coincidido con ella en que el hombre era atractivo, y también había llegado a la conclusión de que era un foráneo, probablemente proveniente de una ciudad grande como Osaka o el lejano Sapporo, pero la joven de largo cabello negro se había aburrido del tema a los tres días, y así, Sakura había tenido que confinar todos aquellos pensamientos y dudas en su mente, por temor a que alguien leyese su diario, pese a que su molesto hermano acaba de mudarse fuera de casa (y es que las costumbres tardaban en morir).

Así había pasado la última semana de vacaciones de invierno. Había salido un par de ocasiones más con Tomoyo, o de mal tercio cuando su mejor amiga acudía a una cita con su novio, Eriol, esperanzada de volver a toparse en el Parque Pingüino con aquel extraño, pero no tuvo suerte. En su alocada imaginación, inclusive se visualizó a sí misma en un nuevo encuentro cuando ella saliese del supermercado, cargada de las compras para la cena, y tropezase una vez más con el hombre: un par de cosas saldrían de las bolsas, y él sería lo suficientemente amable para detenerse a ayudarla, y entonces, cuando ella se acercase a tomar el frasco de café que por fortuna no se había roto al caer, sus dedos se tocarían, y una chispa electrizante les diría a ambos "!Haz encontrado al amor de tu vida!"

-Despierta Sakura –le dijo Tomoyo una tarde, mientras ambas bebían chocolate caliente en la calientita cafetería que se encontraba en el lado norte del centro comercial-. Y deja de pensar en ese tipo, es como diez años mayor que tú. ¡Prácticamente tiene la misma edad que tu hermano!

Sakura no pudo hacer más que beber en silencio de su chocolate. Y es que Tomoyo tenía toda la razón: sí, estaba pensando en el hombre aquel (leerle la mente era una habilidad que Tomoyo había adquirido, tras sus dieciocho años de amistad, que había iniciado prácticamente cuando nacieron), y sí, estaba segura de que era un hombre mucho mayor que ella. Pero, y aquí empezaban de nuevo sus ensoñaciones, ¡de verdad que era muy guapo!

-Creo que le ha afectado bastante pues es el primer enamoramiento que tiene, déjala que lo disfrute –habían sido las palabras del joven de cabello negro azulado, piel pálida y ojos azules escondidos detrás de unas enormes gafas de montura redonda, y que ahora se encontraba sentado delante de Tomoyo, también bebiendo chocolate caliente.

-¡Eriol! –exclamó una sorprendida Sakura-. ¿Cuándo llegaste?

El aludido rio por lo bajo.

-Hace aproximadamente veinte minutos –fue su respuesta-. El tiempo suficiente para pedir un chocolate –y alzó su taza, como si brindase.

-Y el tiempo suficiente para contarle porqué estás tan distraída, Sakura –puntualizó Tomoyo, con lo que la joven de ojos verdes no pudo evitar sonrojarse.

-En su defensa, Sakura siempre ha sido distraída –dijo Eriol. La aludida no supo si al igual que Tomoyo, Eriol la estaba molestando, o era su manera de salvarla de la pulla de su novia.

-Sea como sea –continuó Tomoyo, tras beber de su chocolate-. Mi madre dice que a la compañía no ha entrado nadie a trabajar con esas características, Sakura. Así que puedes estar segura de que no es empleado en Piffle.

-¿Y si sólo era un turista? –preguntó Eriol.

Sakura se limitó a beber de su chocolate. Sí, era un punto válido, ¡excepto por el traje! Pero prefirió no decir nada, y así, volvió a perderse en sus pensamientos…


Aquel fin de semana, su curiosidad por saber quién era aquel hombre con quien había chocado en el Parque Pingüino, tuvo que pasar a segundo plano: era el último fin de semana antes de regresar al colegio, y no había terminado la tarea de matemáticas. Se maldijo a sí misma por dejarlo para el final (como siempre), pero es que las matemáticas nunca habían sido ni su fuerte ni de su agrado. Así, mientras Tomoyo y Eriol habían ido al cine, Sakura se había tenido que quedar en casa, terminando los problemas de funciones exponenciales, que parecían no tener fin.

Se había acostumbrado tanto a las vacaciones, que la mañana del lunes le fue prácticamente imposible el levantarse de la cama.

-¡Sakura, se enfría el desayuno! –había sido el aviso de su padre, y así, tras desperezarse y comprobar la hora en su despertador, una apresurada Sakura brincó de la cama y se apuró a cambiarse la pijama por el uniforme de la preparatoria: camisa blanca de manga larga , un saco azul marino, y falda del mismo color. Debido a que hacía aún frío, se enfundó un par de gruesas medias de lana, y tras cepillarse el cabello, bajó las escaleras a toda velocidad.

-¡Buenos días! –saludó con una enorme sonrisa en el rostro a su padre (un hombre alto, cabello castaño igual al de su hija, y ojos avellana), el cual le respondió alegremente del mismo modo, al tiempo que ambos se sentaban a desayunar.

El dúo comió en silencio. Su madre, Nadeshiko, había muerto cuando ella bastante joven, por lo que desde entonces en casa siempre habían sido tres. Pero ahora, a una escasa semana de que su hermano mayor, Touya (una réplica exacta de su padre, excepto por su cabello, que era un poco más oscuro) se había mudado de casa, ya solo quedaban ellos dos. Hacía apenas un mes el hombre (pues su hermano era diez años mayor que ella) finalmente había abierto su propio consultorio de veterinaria, y finalmente se había mudado al departamento que se encontraba ubicado justo arriba de dicho local, en el centro del pueblo.

Sakura y su padre, Fuijitaka, habían ayudado con la mudanza. En agradecimiento (y quizá también como burla por dejarlos solos), Touya le había regalado a Sakura un gatito atigrado color dorado, y al cual le había dicho se llamaba Kero.

-¡Que bonito! –había exclamado la joven, al sujetar al minino entre sus brazos.

El pequeño gatito era demasiado pequeño para la edad que Touya había mencionado que tenía. Se notaba la desnutrición, la cual fue confirmada cuando su hermano mayor le comentó que el gatito había sido rescatado de la calle. Por poco y no la contaba. Si no hubiese sido por su asistente (que de casualidad pasaba por aquella calle, hacía un par de días), el destino del minino dorado hubiese sido el mismo que el del resto de sus hermanos, que en paz descansen.

-Es diminutivo de Kerberos –dijo Touya, como quien no quiere la cosa, al tiempo que se disponía a colocar unos cuantos platos en la alacena-. Significa guardián de las puertas del infierno.

Sakura le dirigió una mirada glaciar, pero no dijo nada más. Después de todo, su hermano era así: dispuesto a molestarla en la más mínima oportunidad. Y, además, si el pequeño era el guardián de las puertas de la inminente muerte, significaba que no podía cruzarlas, y por ende el pequeño no se le moriría. No importase lo que costara, ella lo iba a ayudar a sobrevivir.

Sin embargo, aquellos días de picarse las costillas habían quedado ya atrás. Touya se había marchado de la casa para comenzar a trazar su propia vida (que parecía girar cien por ciento sobre el ámbito profesional, pues pese a estar ya próximo a los treinta, no tenía algún compromiso con alguna fémina), y ahora en casa solo quedaban Sakura, lista para terminar el último año de preparatoria, su padre, profesor de Universidad con más de veinte años de experiencia, y el pequeño minino Kero, de escasas cuatro semanas de vida.

-Ten un agradable inicio de semestre –se había despedido Fujitaka al tiempo que daba el almuerzo a su única hija.

Sakura le sonrió alegremente, y tras despedirse, salió de la cocina y se dirigió al recibidor de la casa a ponerse los zapatos y un bonito abrigo para protegerse del frío matutino de mediados de enero.

Caminó un par de cuadras hasta llegar al Parque Pingüino (en realidad corrió un poco, pues se le había hecho algo tarde), donde en el puente de ladrillo rojo que permitía cruzar el río que atravesaba dicho parque, se reunió con su prima Tomoyo, y así, aquellas dos mejores amigas continuaron con la caminata de escasas cinco cuadras, hasta llegar al colegio.

El letrero junto al acceso principal la indicaba como la Preparatoria Seijo, y así como ellas, un mar de alumnos (protegidos del frío con abrigos, gorros, bufandas y guantes) caminaban rumbo a los casilleros, con paso lento por el triste regreso a clases, pero apurado por el calientito interior de las aulas con calefacción.

Era en el área de casilleros donde se reunían con Eriol. El muchacho de cabello negro azulado, y su novia de cabello negro como la noche, aprovechaban aquellos escasos diez minutos para conversar, antes de llegar a las aulas, donde tras el sonido de la campana que indicaba el inicio de la jornada, Eriol ingresaba a salón A del 3er grado, mientras que Sakura y Tomoyo se encontraban en la clase contigua, en el salón B.

El trío se encontraba caminando por aquel pasillo del tercer piso, dispuestos a dejar las mochilas en sus pupitres (y decidiendo en qué salón reunirse para comer el almuerzo a medio día), cuando una cara familiar asomó por la puerta del salón C del tercer grado, y al ver a sus amigos sonrió alegremente.

-¡Qué bueno que llegan! –dijo el muchacho de ojos rasgados, y corto cabello negro-. Les tengo una noticia.

Chisme, pensó Sakura, pero no se atrevió a decirlo en voz alta, y al igual que Tomoyo y Eriol (quienes habían pensado lo mismo) se limitó a saludar alegremente.

-Buen día, Yamazaki –dijeron los tres a coro-. ¿Ha pasado algo interesante en las vacaciones? –agregó Tomoyo.

-No tienes ni idea… -dijo Yamazaki, con aquella ancha sonrisa en el rostro, y sin preocuparse para acercarse a sus amigos, o bajar la voz para que los demás alumnos no lo escuchasen, finalmente anunció-. La profesora Sasaki ha renunciado.

-¿Qué? –espetaron Sakura y Tomoyo. Después de todo, la señorita Sasaki era no solo su profesora de matemáticas, sino la titular de la clase-. ¿Estás seguro? –agregó Sakura, y es que Yamasaki a veces compartía "noticias" que no tenían ni pizca de verdad, y resultaban ser nada más que mentiras.

-Segurísimo –dijo el muchacho, alzando una mano, como si lo jurara-. Me lo ha dicho la mismísima consejera Miharu.

Aquellas palabras no hicieron más que despertar la curiosidad del trío. Y es que la consejera era la chismosa número uno de todo el colegio, aunque en el buen sentido (si es que eso existía). Los chismes que ella poseía, si bien a veces eran exagerados, siempre tenían una sólida base de verdad, y siempre terminaban confirmándose.

-Y eso no es todo –continuó Yamazaki, al tiempo que su sonrisa se ensanchaba, aún más-. Dicen que se fue porque estaba embarazada…

El grito de sorpresa de los tres muchachos fue ahogado por el sonido de la campana que indicaba el inicio de las clases. Yamazaki se despidió de ellos y en menos de un segundo había ya entrado al salón C del tercer grado. Eriol (quien tenía aún que llegar al fondo del pasillo) se despidió a toda velocidad (aprovechó para darle un fugaz beso a Tomoyo en la mejilla), e igualmente se apuró a entrar a su aula.

Las muchachas hicieron lo mismo rumbo al salón B, salvo que mientras caminaban apuradas, siguieron conversando entre ellas, hablando velozmente.

-¿Crees que sea cierto? Lo del embarazo, digo… –dijo Sakura, al tiempo que se quitaba la mochila para colocarla en el respaldo de su silla.

-Lo que me preocupa más es quién será nuestro nuevo profesor –fue la respuesta de Tomoyo-. ¿Será igualmente el titular de la clase, o se tratará simplemente de un sustituto? Porque entonces necesitaremos un nuevo titular y…

Se sentaron en sus asientos justo en el momento en que la puerta del aula volvía a abrirse.

Parecía ser que su pregunta estaba por ser respondida, pues por allí, sujetando un maletín negro, entró un hombre de cabello castaño claro, y traje oscuro, que se tomó su tiempo para cerrar la puerta tras de sí, caminar rumbo a su escritorio, y mirar a la que sería su clase durante los siguientes seis meses.

Sakura no había necesitado esos ocho segundos en los que había desfilado frente a la clase. Lo había reconocido al instante. ¡Era el mismo hombre con el que había tropezado en el Parque Pingüino hacía un par de semanas!

-Buenos días –dijo el hombre, que, ahora que lo veía detenidamente, parecía más bien un adulto joven-. Mi nombre es Li Syaoran, y seré su profesor sustituto en lo que resta del ciclo escolar.


AHAHAHA Sakurita simp~

Bueno mi gente bonita, al final siempre sí moví el fic de categoría. Espero no se asusten por el repentino cambio, y finjan que la presencia de Fye, Kuro y los Reed es de lo mas normal en este universo (?

Hay bastante tela de donde cortar con el montón de personajes que poco a poco están apareciendo, vamos a seguir a Sakura & Co. durante un par de escenas más, aunque tampoco me voy a olvidar de Syaoran (aunque quizá sí un poco de su encomienda), y nos vamos a enfocar un poco en este día a día de la gente de Tomoeda (? Una vez más, esto parecerá un slice of life donde Sakura está perdidamente enamorada de su profesor, quien lo diría, le gustan mayores (? Por otra parte, Tomoyo y Eriol son un guiño para los que aún querían más de esta parejita (? Se los llevo prometiendo desde hace casi un lustro, así que es lo mínimo que podía incluir en este fic (?

En fin, corto mi discurso, y me despido, no sin antes recordarles la cantaleta de siempre: follow y favorites, así como reviews, son siempre bien recibidos y bastante apreciados.

Les mando un abrazo y un beso, y nos seguimos leyendo.

Ribo~